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Puedo sentirte (a mi alrededor)

Summary:

—¿Qué sucede con Mimi?

—Se siente sola.

Koushiro entendía el sentimiento a la perfección.

Para Mishiro Futurista 🫡

Notes:

Algunas especificaciones iniciales:
1. Ambientado en 2026. Un año antes del famoso epílogo.
2. Los nombres de los niños provienen de las obras de ChieruCurissu. Nuestra diosa del digi-futurismo. Todos los créditos a ella.
3. No pude hacer un one-shot y se que pagaré muy caro esto 🥹
4. Odio el título 👹

Chapter 1: Volvimos

Chapter Text

—¿Enserio tenemos que ir?

Mimi subió la mirada para encontrar la de su hijo reflejada en el espejo de su tocador. Benjamin Barton tenía apenas un par de meses de haber cumplido nueve pero su madre ya podía ver en aquel rostro el semblante de un preadolescente en cocción.

—Sí —dijo sin dar más explicaciones, intentando sonar firme. Todo el mundo solía decirle que mimaba mucho a su único hijo y que lo pagaría con creces cuando fuera mayor pero cuando fue claro que Ben sería su único hijo, no pudo contenerse—. ¿Por qué? ¿No quieres ir?

—No me muero de ganas.

—Pensé que te gustaría ver a Mayumi o a Zetaro. ¿No son buenos amigos?

—Meh —Ben decidió acostarse, con todo y sus pantuflas naranjas, en la pulcra cama recién hecha de su madre y sacó su celular de uno de los tantos bolsillos de sus pantalones cargo. Cómo buen preadolescente, la única manera en que podía tener una conversación normal con su madre era mientras veía videos cortos de fondo—. Zetaro y yo solo somos amigos de CoD y Mayumi está obsesionada con una cantante pop y no sabe hablar de ninguna otra cosa, me tiene cansado.

Mimi escuchó toda aquella explicación mientras terminaba de aplicarse el maquillaje. Se dió cuenta que no le había respondido a su hijo cuando éste aclaró la garganta.

—No preguntaste por Osen —Ben recalcó, incluso subiendo la mirada de la pantalla de su móvil.

Mimi paró de polvarse las mejillas para volver a mirarle.

—¿Qué sucede con Osen?

—No sucede nada con ella. Solo olvidaste mencionarla.

—Hoy estás muy extraño, Ben. ¿Por qué no intentas llamar a tu padre en lo que yo termino de arreglarme? Te veré en la puerta en quince minutos.

Mimi había intentado darle a su hijo Ben lo más parecido a una familia funcional. Incluso, durante sus primeros años, había cohabitado la misma casa con su padre Michael Barton. Ellos dos habían sido buenos amigos por mucho tiempo, aunque Mimi siempre supo que él quería más que una amistad. Era algo extraño, porque Mimi en realidad no era fanática de la idea, pero le encantaba tener la completa atención de Michael a su disposición.

Una noche de fiesta, varias copas después, y el hecho de que Michael se veía particularmente apuesto aquella tarde, lograron que Mimi accediera a cumplirle un sueño al norteamericano.

Y en aquel momento de debilidad, Ben fue accidentalmente concebido.

Mimi, que para ese entonces ya iba circulando por el final de sus veintes, se dijo que había peores cosas en el mundo que tener un hijo fuera de matrimonio con su mejor amigo que había vivido enamorado de ella por años. Michael supuso que Mimi por fin cedería y ambos vivirían felices por siempre, pero ella le reventó esa burbuja alrededor del séptimo mes de embarazo.

Serían padres pero no serían una pareja. Vivirían juntos por algunos años mientras Ben dejaba los pañales y luego cambiarían a un régimen de visitas cada dos semanas una vez que su pequeño estuviera asistiendo a la escuela.

Había sido el plan perfecto.

Hasta que Michael, un par de años atrás, le volvió a insistir por otra oportunidad. Y a insistir y a insistir. Empezó a ser un problema cuando empezaron a discutir constantemente, al punto de no poder verse ni la cara sin poder lanzarse reproches mutuamente.

Así que, Mimi se divorció de su mejor amigo. Tal vez no legalmente, pero Mimi supuso que así se debía sentir un divorcio real. Llegaron a un acuerdo firmado ante la corte y regresó junto con Ben a Japón mientras él terminaba la escuela primaria. Después, iría a estudiar la secundaria a Estados Unidos, justo como ella lo había hecho.

Pensándolo mejor, podía entender porque Ben no estaba particularmente entusiasmado de asistir a la reunión anual de los ex niños elegidos. Está era una reunión que no se habían perdido jamás. Cada verano aterrizaban en Narita para quedarse la primera semana de agosto en el país de origen de Mimi. Celebraban 01/08 juntos, veía a sus primos postizos, a un par de familiares más y puntuales estaban de regreso en Nueva York unos cuantos días después.

Pero ahora, llevaban poco menos de un año viviendo en el viejo apartamento de la familia Tachikawa. Los padres de Mimi siempre sospecharon que su única hija alguna vez volvería a Japón, por lo que lo conservaron para cuando la ocasión lo ameritara. La situación inmobiliaria de Tokio siempre había sido una pesadilla.

—Te extraño, papá. Te llamo mañana. Bye-bye

Mimi observó a su hijo salir de su habitación al mismo tiempo que se despedía de su padre por videollamada. No iba a mentir, a veces se sentía demasiado culpable por separarles. Sin embargo, la situación con Michael se había tornado insoportable, tanto como para tener que poner un océano de por medio por su sanidad mental.

Así había terminado su plan perfecto.

Ben suspiró al mismo tiempo que escondía sus manos dentro de los bolsillos de su hoodie, mientras su madre se aseguraba de haber colocado todos los cerrojos.

Aquella tarde, primero de agosto de 2026, se celebraría el vigésimo séptimo aniversario de su primer viaje al Digimundo. Para dicho ágape, se había salido sorteada la casa de los Ichijouji, la cual se encontraba en un bonito y tradicional barrio de la ciudad de Tokio, unas cuantas estaciones más allá de Odaiba.

Ben miraba por la ventana del tren, mirando los espectaculares y practicando su japonés en su mente. A pesar de hablarlo y entenderlo perfectamente, la escritura y su lectura no eran sus puntos fuertes. Aquello incluso ya empezaba a causarle problemas en la escuela.

Mimi observaba igualmente aquellos enormes letreros publicitarios, aunque no por la misma razón. Mientras veía pasar la ciudad de una manera borrosa, su mente divagaba entre algunos deberes pendientes que tenía de su tienda en línea, el cual ahora era su principal fuente de ingresos. En Nueva York había asistido a la escuela culinaria, siendo la tienda solo un trabajo de medio tiempo para tener dinero para salir de fiesta. Al graduarse, complementaba sus ganancias realizando caterings para cenas neoyorkinas, las cuales eran muy bien pagadas. Los ricos de Park Avenue tenían dos o tres cenas a la semana, siempre.

Sin embargo, en aquel momento, la tienda en línea apenas y dejaba para cubrir los gastos del mes. Afortunadamente no tenía que pagar renta, sino vivir en Tokio estaría completamente fuera de sus posibilidades, incluso tomando en cuenta la pensión alimenticia que recibía de Michael.

Aquello solo hacía que la integración de Ben a su nuevo hogar solo fuera más difícil y Mimi lo sabía perfectamente.

Y nuevamente la culpa volvió.

—¿Mamá?

Ben la sacó de su trance a tiempo para poder alcanzar a bajarse en la estación correcta. Bajaron del metro y caminaron un par de cuadras hacia la residencia Ichijouji, dónde a nivel de calle, ya podía escucharse el ruido proveniente del patio trasero.

—¡Miyako-chan! —Mimi tuvo que alzar la voz después de estar varios minutos tocando el timbre.

—¡Hey! Sabía que había escuchado algo—. Taichi Yagami asomó la cabeza por la puerta principal unos momentos después—. Está abierto, solo pasen.

—Oh.

Tai le abrazó con fuerza en cuanto la tuvo a su alcance. Mimi aprovechó la oportunidad para destensar un poco el cuerpo, aprovechando los famosos abrazos de oso que su viejo amigo siempre le daba. A veces eran tan fuertes que sentía que sus órganos habían cambiado de lugar, sin embargo, en aquel momento lo agradeció.

—¡Ben! Estás tan grande —le ofreció su puño para chocar. Ben solo lo miró para pasar de él y dirigirse al primer lugar solitario y tranquilo que pudiera encontrar—. Uy, ¿dije algo malo?

—No, está malhumorado, es todo.

—Sé lo que dices. Empiezo a no reconocer a Taiki, mi dulce niño está digievolucionando a un adolescente resongón que sigue mirando caricaturas, entonces a veces no me hace sentido. Y lo peor es que Miyako dice que solo es el principio.

Ben dejó de escuchar la conversación de su madre con su tío Tai cuando logró subir al segundo piso, a dónde los Ichijouji tenían la sala de televisión. Ahí encontró a Zetaro Ichijouji, Mayumi y Kotaro Ishida, y a Yuriko Hida, jugando monopolio.

—¡Hola Ben! —le saludó Zetaro, hijo de los anfitriones de la reunión—. Si hubieras llegado quince minutos antes hubieras logrado entrar a esta partida.

—Hoy no me apetece jugar realmente —le respondió mientras se dejó caer en uno de los mullidos asientos. Empezó a buscar el control remoto a su alrededor.

—Tia Miyako dijo que solo podremos encender la televisión hasta después de comer —Kotaro le dijo, al mismo tiempo que tiraba los dados.

—Genial.



Ya en el patio trasero, dónde Ken estaba intentando encender su nueva parrilla a gas para hacer las hamburguesas, Mimi se encontró con algunos de sus viejos amigos.

—¿Cómo has estado? ¿Qué tal ha sido volver? —Sora le preguntó mientras la acompañaba hacia la mesa donde las bebidas adultas se preparaban.

Mimi no pudo evitar suspirar. No era fanática de ventilar sus problemas, pero el maldito había salido de su pecho casi con vida propia.

—¿Qué pasa Mimi? —Sora insistió, empezando a acariciar su espalda.

—Nada nada, no te lo tomes tan enserio. Las mudanzas siempre son difíciles, más cuando cambias de continente, es todo. 

—De acuerdo, pero sabes que puedes llamarme si necesitas ayuda, ¿verdad?

Mimi asintió mientras se servía una copa de vino.

—Ben no se ha adaptado del todo. A decir verdad, pareciera que yo tampoco. Tal vez solo ha pasado demasiado tiempo.

—¿Demasiado tiempo?

—¿Se vale decir que volví a casa cuando hace más de una década que no vivía en Tokio? —reflexionó mientras le daba el primer sorbo a su copa. Para su desgracia, era un vino bastante seco. Ella prefería los dulces—. Es decir, ustedes están aquí y eso ayuda bastante, pero por lo demás… Incluso mis padres se quedaron en Nueva York. No te lo tomes personal pero en realidad Ben y yo estamos solos aquí.

Sora reprimió el impulso de volver a acariciar la espalda de su vieja amiga. Solo asintió comprensiva. Sabía que lo único que Mimi quería era ser escuchada.

—¡Ya volvimos!

Miyako anunció su entrada a su patio mientras cargaba unas cuantas bolsas de papel en sus brazos. Tras de ella, Daisuke y Koushiro también le ayudaban a cargar más provisiones para la comida.

—¡Mimi, ya llegaste! —la abrazó rápidamente mientras colocaba unas cuantas botellas más de refresco sobre su improvisado bar—. ¿Puedes creer que apenas tuve tiempo de ir al supermercado? Tuve una semana de locos. Iba a ir hoy por la mañana pero Kurumi está en una etapa de no quererse bañar o peinarse, así que ocupé mi mañana en convencer a mi preadolescente de acicalarse. Y ahora en protesta ha decidido no salir de su habitación. Yo pensé que mi hija sería una de esas señoritas vanidosas pero me salió todo al revés.

Mimi suspiró aliviada. Al menos Ben seguía siendo fanático del aseo personal.

—Mimi-san —Koushiro llegó a saludarla, abrazándola también—. ¿Hace mucho que llegaste?

—Unos cuántos minutos solamente.

Koushiro bajó la mirada a la copa en las manos de Mimi, la cual parecía necesitar ser rellenada ya. 

—¿Y tu Ben?

—Arriba con los chicos. ¿Osen?

—También subió —le dijo mientras él también terminaba de servirse un trago.

Aquello le pareció muy extraño a Mimi. Podía contar con los dedos de una mano las veces que había visto beber a Koushiro Izumi y que lo hiciera en una reunión del 01/08 lo hacía más raro aún. Parecía que solo se animaba cuando la presión social era demasiada, lo cual solo había sucedido en bares mientras Tai o alguien más festejaba algún cumpleaños.

Volteó hacia donde Taichi estaba para ver si él también se encontraba bebiendo pero más bien se topó con la imagen de tres hombres adultos tratando de averiguar el funcionamiento de aquella parrilla nueva.

—Creo que iré a ayudarles.

Koushiro asintió mientras le daba un trago a su bebida y siguió con la mirada la figura de Mimi mientras se alejaba hacia donde Ken, Tai y Daisuke se encontraban.

—¿Sabías que ha estado algo decaída? —la voz de Sora de pronto lo sacó de trance, casi haciéndolo brincar en su lugar.

—Me asustaste —dijo un tanto recriminatorio—. ¿Qué sucede con Mimi?

—Se siente sola.

Koushiro entendía el sentimiento a la perfección.