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Summary:

Dante y Nero están enamorados pero ninguno lo sabe.

Aparentemente la única forma de demostrar su amor fue follando en el sofá.

Notes:

Es curioso, tenía pensado que estuviera enfocado sólo en DMC4, pero la locura me ganó e hice una segunda parte

 

Posiblemente la publique mañana porque son las 5 de la mañana xD

Chapter 1: Promise

Chapter Text

“Nero…” Había susurrado Dante, presionando su cuerpo más cerca, buscando ese alivio que solo Nero podía brindarle.

Nero respondió besando su cabello sudoroso, dejando un rastro de besos que entorpecieron aún más a Dante.

No estaba acostumbrado a ser tratado con tanto afecto, pero había decidido que no le importaba, siempre y cuando le dieran lo que querían.

Se encontró temblando cuando Nero raspó la piel de su cuello con sus dientes; Dante había deseado ser mordido en ese preciso momento, pero Nero simplemente lamió y continuó con su camino de besos.

Se estaba desesperando. Dante conocía la historia de Nero con esa chica, y estaba muy lejos de ser una damisela como para que Nero lo tratara con tanta dulzura.

Su polla no pensaba lo mismo, palpitando cada vez que Nero besaba o lamía alguna hendidura de su piel. 

Si hubiera sido más joven, habría obligado a Nero a follarlo sin sentido, joderle los sesos hasta que lo único que pudiera tener en mente fuera el nombre de Nero.

Ahora que era más grande, más sabio, prefirió ser mimado antes del acto principal por más ansioso y desesperado que estuviera. Su cuerpo parecía reaccionar ante el toque de Nero, así que lo dejó ser.

La mano demoníaca que había estado rasguñando sus costillas ahora rompió sus cinturones. Dante resopló cuando tuvo que anotar mentalmente otro gasto más a la cuenta. 

A Nero no pareció importarle, demasiado feliz olfateando su aroma mientras se frotaba contra él.

Dante gruñó una vez que Nero ahuecó su trasero con ambas manos, apretando, amasando como un gato.

Podía sentir su dureza vestida chocando contra él, arrastrándose dolorosamente mientras buscaba alivio, alivio que no recibiría hasta que se follara a Dante como él quería.

Lastimosamente, Dante dudaba que Nero hubiera pasado de besos y abrazos en Fortuna, por lo que follar tendría que ser quitado de la mesa.

Aún así, habían más formas de brindarse placer, y Dante le enseñaría a este niño cómo hacerlo.

Dejó que Nero siguiera explorando, Dante aprovechó para quitarse el resto de cinturones y los dejó a un lado, sintiéndose un poco más libre ahora que sólo tenía su camisa oscura. Quiso levantarse para quitarse el resto de ropa, pero Nero lo detuvo, gruñendo ante el más mínimo movimiento.

Bueno, joder.

“Vamos, chico. Tengo que quitarme esto.” Señaló Dante, subiendo la camisa hasta la mitad, dejando al descubierto su abdomen y parte de su pecho. Nero lo miró con hambre y Dante suspiró con gracia. “Sé que te gusta, así que muévete para que pueda enseñarte más.”

“No.”

Dante parpadeó, sorprendiéndose cuando Nero rasgó y rompió la camisa que tanto había querido quitarse. Su billetera estaba sufriendo en silencio.

Nero no perdió el tiempo, deslizando sus manos en la piel tersa y musculosa, deleitándose con el trabajo de años.

Fue una sensación agradable, casi como un buen masaje. Ronroneando, se derritió en el sofá, olvidando cualquier reprimenda que tuviera sobre su antigua ropa. 

Siempre había sido fácil convencerlo, y ahora que Nero vivía con él, conocía todas las debilidades de Dante, especialmente si se trataba de persuadirlo.

Cerró los ojos cuando Nero presionó un punto en particular, jadeando por lo bien que se sintió y cuando quiso decirle a Nero que volviera a tocar allí, Nero lo mordió, duro y sangriento.

Se le fue el aliento ante el repentino dolor, abriendo los ojos con sorpresa mientras Nero hundía sus dientes en su hombro.

Inconscientemente, alzó las caderas, presionando el adolorido bulto de Nero, a lo que le valió un fuerte tirón en su cabello. Siseó bajo y ronco; el dolor era el estimulante que Dante tanto necesitaba, sintiendo su polla temblar y tensarse aún más en sus apretados pantalones de cuero. Se estaba arrepintiendo de haber dormido con tanta ropa puesta.

Nero se apartó con un chasquido húmedo, con los labios llenos de sangre goteante y fresca. La marca de su mordida se estaba cerrando lentamente, pero Dante no quería que desapareciera, deseando que Nero volviera a morder las veces que hicieran falta hasta que la herida fuera permanente.

No hubo más dolor. Dante se sintió decepcionado, todavía ansiando ese picor. En cambio, sintió alivio. Nero se acercó para lamer la hendidura sangrante, chupando la sangre mientras besaba la herida.

Dante contuvo un gemido, borracho por la mezcla de su olor y el de Nero en el aire. La sangre siempre lo había puesto cachondo, y que Nero estuviera bebiendo de la suya fue todavía más excitante.

Fue incluso más caliente que pelear contra él. Cuando ya no hubo nada más que chupar, Nero se alejó, masajeando la cabeza de Dante, disculpándose por el fuerte tirón de hacía un rato.

Dante gruñó. No quería su amabilidad, quería que Nero lo tratara como una jodida perra. Nero no debería estar acariciando su cabello, debería estar tirando de él, jalando fuerte y apretado.

Su polla palpitó, interesada en esa versión de Nero que Dante tanto deseaba ver. Tuvo que morderse los labios cuando intentó comunicárselo.

Era humillante lo mucho que quería ser maltratado por un niño, un muchacho que hasta hacía poco no había sido nada más que un emisario de la iglesia. 

Qué cambio tan drástico. Ese mismo niño ahora lo estaba tocando de tantas formas diferentes que tuvo a Dante contra las cuerdas. 

Joder, es el mismo Nero que se ponía nervioso cuando Dante coqueteaba con él. 

A Dante le gustaba la dirección que Nero estaba tomando.

Se veía majestuoso así: encima de él, luciendo tan dominante y seguro de sí mismo, con sus ojos azules oscuros y dilatados por la pura excitación mientras seguía frotando su erección contra el trasero de Dante.

Se veía exactamente como en muchas de sus fantasías, solo que ahora era real.

Nero estaba aquí con él, sentado encima suyo, en el sofá de Devil May Cry mientras Dante suplicaba por su vida que finalmente follaran.

Ya habría tiempo para eso más adelante, por ahora, quería ver qué tan lejos podría llegar.

“¿Te gusta lo que ves?” Dijo Nero, encontrándose con la mirada lujuriosa de Dante.

“Sí…” Respondió Dante, con la voz ronca de pura excitación. “Eres precioso, Nero.”

Fue agradable ver lo mucho que se sonrojó. No había esperado que Dante respondiera y mucho menos que le dijera que era precioso.

Dante tuvo que reírse, ignorando los quejidos de Nero. Era muy lindo, tan lindo que le daban ganas de abrazarlo y no soltarlo nunca.

“No es justo.”

“Nada en esta vida es justo, niño.”

“Deja de llamarme así.” Nero apretó los labios, haciendo un puchero que a Dante le pareció terriblemente adorable.

“Lo siento, ¿prefieres que te llame dulzura?” Dante ronroneó, mirando con descaro como Nero estaba más nervioso que antes.

“Eso es mucho peor.” 

“No lo creo, cariño.” Dante giró sobre su cuerpo con cuidado, agradeciendo que Nero se alzara lo suficiente para darse la vuelta y sentarse adecuadamente. Estando en esta posición, tenía a Nero sentado encima suyo, aferrándose a sus hombros como si su vida dependiera de ello. Se acercó a su oído y ronroneó: “En realidad, sé lo mucho que te gusta que te llame así, cariño.”

Nero sintió escalofríos, escalofríos que Dante pudo apreciar ahora que podía verlo con claridad, y se deleitó con lo mucho que Nero se estaba sonrojando ahora.

Era tan fácil jugar con él. Podía tirar de sus cuerdas y ver sus reacciones con tanto amor que nunca podría cansarse. Nero desvió la mirada, demasiado incómodo para verlo a los ojos y Dante aprovechó la oportunidad para olfatearlo.

Olía delicioso. El aroma de un demonio joven y fuerte siempre era un deleite.

Le gustaba el aroma de Vergil cuando eran jóvenes. El olor que Nero desprendía era bastante similar, pero muy diferente a su vez; más dulce, más atractivo. Besó detrás de la oreja de Nero, disfrutando del pequeño gemido que el niño soltó, queriendo aún más. Tenía una voz tan linda, tan dulce, cualquier sonido que Nero hiciera lo ponía cachondo, y su pene junto con su coño reaccionaban agradablemente ante el sonido.

Dio un mordisco amoroso en su cuello, y cuando Nero se giró para confrontarlo, también mordió bajo su mentón, observando como los ojos de Nero se dilataban aún más.

Estaban ansiosos y calientes. No era bueno que un demonio joven como Nero permaneciera tanto tiempo sin complacerse a sí mismo.

Dante todavía recordaba las oleadas de calor insoportables que tuvo que soportar cuando era más joven, y aunque había intentado aliviarse de múltiples maneras, ninguna había funcionado.

Hasta que llegó Vergil.

Dante decidió que Nero no iba a pasar por lo mismo que él.

O eso pensó en un primer momento, porque lo siguiente que pasó después se sintió como un borrón. Nero lo obligó a acostarse en el sofá mientras él se deshacía de sus pantalones.

Dante respiró hondo, dejando que Nero tomara el control. Es más estimulante así; Nero necesitaba demostrarle que podía ser capaz de cuidar de él, que un demonio joven era un candidato perfecto para uno más grande.

Su demonio vibró y Dante se relamió los labios, gruñendo en respuesta ante los gruñidos de Nero.

Conocía este ritual, lo había practicado muchas veces con Vergil.

Nero enseñó los dientes, amenazando, recordándole al demonio mayor que podía crear una nueva herida si Dante se atrevía a desafiarlo. 

Si hubiera sido su hermano, definitivamente habría enseñado los colmillos. En cambio, Dante enseñó su cuello, girando su cabeza para dar más acceso.

No solía ser tan… vulnerable con sus amantes; no solía ceder el control, mucho menos si se trataba de un demonio más joven que él.

Esta era la primera vez que permitía que alguien más lo superara. Con Nero fue tan fácil depositar su confianza, su cariño, su amor . Se sentía seguro en los brazos de este niño, tan querido, tan deseado. 

Se preguntó si Nero se sentía de la misma forma en la que Dante se sentía, con el corazón martillando en su pecho y la polla dura. Quería transmitirle la misma seguridad; la confianza que Dante le tiene a Nero también quiere que sea de la misma forma que Nero con él.

De su boca no salen palabras, solo suspiros, lamentos que no pueden transformarse en palabras porque no lo sabe, no está seguro de que Nero reaccionará de la forma que él quiere y está asustado. 

El tintineo de un cinturón cayendo al suelo lo saca de sus pensamientos y cuando baja la mirada para ver a Nero, puede ver un rastro de emociones pasar por ese angelical rostro en segundos.

Desde miedo hasta excitación, desde temor hasta lujuria. Nero parecía embelesado por el tamaño de su longitud, mirando y mirando todo lo que Dante tenía que ofrecer.

Por supuesto, Dante no es pequeño, y a muchas de sus parejas les gustó su tamaño. A Nero parecía gustarle.

“¿Asustado?” Se burló Dante, riéndose cuando vio que Nero tragaba saliva.

“Cállate, viejo.”

“Oh, vamos, no seas tímido ahora que me tienes a tu merced. Sé que quieres tocar.” Ronroneó Dante, alzando sus caderas ligeramente, dejando que su polla rebotara mientras pedía atención.

Nero volvió a fijar su mirada en su gran pene, deleitándose con el tamaño, con la forma y, muy pronto, con su sabor.

Mientras se inclinaba para observar mejor, no pudo evitar olfatear. A Dante le pareció excitante que Nero se emborrachara con su aroma, porque ahora estaba con la nariz pegada a su pelvis, oliendo su aroma almizclado y caliente.

Su polla tembló de interés, con las venas grandes y adoloridas, queriendo que Nero fuera más abajo y olfateara lo que verdaderamente valía la pena.

Nero lo observó, aún con la nariz enterrada en su vello púbico y simplemente sonrió, bajando más y más hasta que el falo quedó pegado en su mejilla.

Dante se mordió el labio. Esta vista le estaba afectando. Nero se veía tan hermoso así: con su polla descansando contra su mejilla, respirando ese hedor que muy seguramente a Nero le encantaba.

Muy pronto se encontró lamiendo, y Dante ya no pudo seguir reprimiendo su excitación. Jadeó tan pronto como sintió esa lengua arrastrarse en una de esas venas prominentes, y se mordió el puño cuando Nero besó la cabeza rojiza y llorosa de su pene.

Nero parecía interesado en su sabor, lamiendo cada gota de presemen que salía del orificio, dejando limpio e impecable cada vez que una nueva gota aparecía.

Dante se estaba derritiendo en el sofá, hundiéndose hasta lo imposible cuando Nero sacaba la lengua y simplemente le limpiaba la polla. Debería ser ilegal lo bien que se estaba sintiendo. Nero parecía absorto en su misión, todavía lamiendo cada fibra de polla que pudiera encontrar.

No era suficiente. Si Dante quería alcanzar la tan deseada liberación, tendría que ir más lejos. Alzó las caderas nuevamente, metiendo accidentalmente su polla en la boca de Nero cuando había abierto la boca para lamer y lo escuchó atragantarse. 

Tuvo que bajar inmediatamente después, permitiendo que Nero tosiera y respirara antes de dirigirle una mirada de indignación.

“L-Lo siento.” Dijo Dante, un poco aturdido por el delicioso placer que había sentido al tener la boca de Nero sobre su polla.

“Quédate quieto o te dejaré con la polla colgando, idiota.”

Una amenaza. Dante podía trabajar con eso. Después de todo, toda su vida estaba en una amenaza constante.

Dante aceptó, alzando las manos en señal de rendición y permitió que Nero volviera a acomodarse.

Un poco más cómodo, Nero resopló, dejando que su aliento chocara contra el falo humedecido y Dante siseó, odiando esa desagradable sensación de frío.

Era un pequeño castigo por no haberse comportado como debía. Jadeó de incredulidad cuando Nero rozó el glande con sus colmillos, dejándolo al borde mientras los dedos de sus pies se curvaban. Estuvo cerca de tomar el control, de querer tomar a Nero y obligarlo a respetar su posición. Dante se mordió la lengua, mordiendo con tanta fuerza que el sabor metálico inundó su paladar. Estaba seguro de que Nero podía oler su enojo, su frustración. Sus ojos ahora estaban más oscuros que nunca, excitado con el sufrimiento de Dante. 

Estaba jugando con Dante, tentando su autocontrol, probando qué tanto podía soportar hasta que finalmente se rompiera. 

Su demonio gimió de placer, prácticamente rogando que Nero lo torturara aún más. Dante se burló sin humor, respirando entrecortadamente ahora que había descubierto que su demonio era una perra masoquista.

Bueno, ahora entendía por qué le gustaba que Vergil y Nero lo maltrataran tanto.

Nero mordisqueó una última vez, arrancando un chirrido de Dante antes de lamer y besar la cabeza de su polla, ofreciendo el consuelo que Dante tanto necesitaba.

“Eso fue bueno.” Murmuró Nero entre besos, masajeando todos los lugares en donde había puesto sus dientes. “Fuiste muy bueno para mí.”

Dante se encontró ronroneando; no estuvo muy seguro si ese había sido él o su demonio, y era muy difícil pensar en eso ahora que Nero estaba frotando sus mejillas contra él.

Quería que Nero lo siguiera mimando. Amaba ser halagado, que Nero viera lo mucho que Dante se esforzaba para él.

Fue un alivio que su polla ahora las manos de Nero estuvieran sobre él, acariciando la piel tensa y roja que se extendía desde su polla hasta su pecho. 

Sus manos serpentearon entre los cojines, demasiado ansiosas como para quedarse quietas.

La mano de Nero acarició su longitud, probando el tamaño, comprobando el grosor. Las pestañas de Dante revolotearon la primera vez que Nero bombeó su polla, apretó los dientes la segunda vez y la tercera, mierda, su espalda se había arqueado tanto que dolía.

La lentitud lo estaba matando. Dante no era conocido por ser muy paciente, y aunque su demonio estuviera feliz con el trato de Nero, él ansiaba más.

Sus bolas dolían terriblemente, se sentían tan pesadas y llenas de semen que el simple toque de Nero lo ponía nervioso. Nero pareció notarlo, inclinando su cabeza mientras seguía bombeando, observándolo como si fuera el ser más miserable del mundo que debía ser cuidado.

Dante sollozó, aguantando con todas sus fuerzas el querer moverse, tomar la cabeza de Nero y enterrar toda su polla en su boca hasta dejarlo sin aliento.

No podía hacer eso, no cuando Nero le había dicho que había sido bueno con él. Su demonio estaba de acuerdo, aceptando las largas y tortuosas caricias hasta que estuvo insoportablemente duro. 

Nero dio una última lamida a los pesados sacos y volvió a subir, deteniéndose justo en la punta.

Sus ojos azules, ahora inexistentes, observaron con hambre como la gorda polla de Dante palpitaba impaciente, y finalmente, jodidamente finalmente, Nero le dio lo que tanto estaba necesitaba.

Dante no había esperado que Nero tomara toda su longitud de un solo tirón, tomándolo desprevenido cuando un calor insoportable se extendió en toda su polla. Gritó fuerte y ronco hasta que su garganta dolió. Su cabeza cayó hacia atrás junto con sus ojos, demasiado abrumado por todo y a la vez nada.

Nero no la estaba pasando mejor, quejándose de la intrusión mientras luchaba y se aferraba a Dante.

“M-Mierda, tómalo con calma, cariño.” Arrulló Dante, acariciando la suave melena de Nero, alejándolo de su polla hasta que pudo respirar de nuevo. 

“Carajo, no esperé que fuera tan…”

“¿Grande?”

“...Intenso.” Suspiró Nero, relamiéndose los labios antes de volver a bajar sobre esa polla, siendo más cuidadoso esta vez.

Dante cerró los ojos mientras el alivio se extendía y se alojaba en su vientre. Nero lo estaba chupando, todavía no era capaz de llevárselo completamente y era muy descuidado, pero ya trabajarían en eso más adelante.

Joder, ¿siquiera habría un después?

Dante deseaba que así fuera, porque podría enseñarle a este pequeño mocoso a chupar bien una polla. 

Los sonidos obscenos que hacía sólo delataba su falta de conocimiento, absorbiendo más de lo que podía chupar. 

Era un niño muy codicioso, pero estaba bien, era tal como a Dante le gustaba, listo y ansioso por aprender.

“Eso es, justo así, lo estás haciendo bien, pequeño.” Respiró hondo mientras hacía una pausa y, acto seguido, gimió. “Oh, sí, bebé, eres tan perfecto.”

Nero se estaba volviendo más desordenado ahora, queriendo tragar más, siendo detenido por Dante cuando se volvía demasiado complicado. 

Quería que esta primera vez fuera placentera para los dos, lo suficientemente bueno como para animar a Nero a seguir intentándolo más veces.

Dante quería volver a hacer esto con Nero en el futuro.

Nero era un excelente aprendiz, aprendiendo rápidamente todo lo que a Dante le gustaba, de qué forma le gustaba y en qué cantidades le gustaba. Encontró todos sus puntos sensibles y abusó de ellos tanto como pudo, volviendo a Dante un desastre de balbuceos y susurros sin sentido.

Se estaba acercando al borde; la calidez húmeda de la boca de Nero era muy deliciosa, y los sonidos que hacía eran divinos, lo suficientemente excitantes como para tenerlo al borde del orgasmo.

“Mierda, ya casi estoy ahí.” Advirtió Dante, moviendo sus caderas junto con las embestidas de Nero. “Eres tan bueno conmigo, tan buen chico.

Sus movimientos estaban flaqueando. Dante estaba siendo mucho más ruidoso que antes, sollozando cuando Nero gimió y su garganta vibró.

Dante no podía aguantar más. Quiso alejar a Nero de su polla pero Nero se resistió, hundiéndose aún más mientras lo miraba con los ojos llorosos y lo desafiaba.

Lamió una última vez y luego hundió las mejillas, absorbiendo obsceno y duro. Dante se rompió con un profundo gemido, chorreando y chorreando, importando poco o nada si Nero se estaba atragantando con su semen.

Dante estalló en éxtasis, hacía tanto calor que se estaba sofocando. Gimió el nombre de Nero mientras su polla pulsaba en largas cargas de semen que salían como tiras y se desplomó en su desgastado sofá, cansado hasta los huesos. 

Respirar nunca antes había sido tan complicado, jadeando con tanta fuerza que su garganta dolió, como si hubiera sido él el que se había atragantado con una polla. Deslizó su mano en su cabello humedecido por el sudor y quitó los mechones restantes de su frente, todavía sintiéndose absurdamente caliente por las réplicas de su orgasmo. 

Escuchó un gemido abajo suyo que fue reemplazado rápidamente por un “pop” húmedo.

Nero había soltado su polla, un ligero rastro de saliva se conectaba desde la cabeza de su polla hasta su boca, y Dante encontró esta vista como la más caliente que había visto en su vida. 

Había rastros de semen cayendo en la barbilla de Nero, también había un poco goteando desde su nariz, dejando en claro lo fuerte que se había corrido y que Nero no había sido capaz de tragar todo aunque hubiera querido.

Tosió un par de veces, con la garganta reseca y adolorida mientras frotaba su mandíbula, que había permanecido abierta por bastante tiempo por lo grande que era la polla de Dante.

Lo encontró entrañable, y estiró los brazos hacia adelante, queriendo que Nero se acercara a él y le permitiera mimarlo como lo merecía.

Nero no se acercó, pero permaneció inmóvil en su lugar, todavía lamiendo el semen perdido que no había sido capaz de beber, acicalándose como un gato.

A Dante le pareció divertido hasta que notó que Nero todavía seguía duro.

“¿Necesitas ayuda con eso?” Dante ofreció, señalando el bulto que sobresalía de los pantalones de Nero.

“No, estaré bien. Suele calmarse después de un tiempo.”

Dante frunció el ceño. Él más que nadie conoce lo doloroso que es cargar con una erección y no tratarla adecuadamente. Nero no se inmutó, todavía limpiándose y lamiendo el desastre que Dante había causado hasta que el propio Dante se sentó.

“Déjame ayudarte.” Dijo Dante, encontrándose con la mirada cautelosa de Nero. “Puedo cuidarte como te mereces.”

“Dije que estaba bien. Solo dame un momento.”

“¿No quieres que te cuide, Nero?”

“Yo…” Hizo una pausa, tragando saliva mientras su manzana de adán se movía en acto reflejo. Dante lo miró con hambre. “Dije que me des un momento.”

Dante se rehusó a escuchar, besando a Nero mientras ambos caían en el otro extremo del sofá.

Nero respondió con el mismo entusiasmo, mordiendo y tirando de esos gruesos labios, arrancando jadeos y gruñidos de Dante.

Besar a este mocoso se sintió tan intenso como pelear, sintiéndose eufórico y excitado sólo con lamer la lengua de Nero. Se tragó todos los gemidos que Nero pudiera soltar, más aún cuando Dante comenzó a frotar su erección vestida con su mano, apretando y masajeando.

Debía ser aliviante para Nero ser tocado después de tanto tiempo. Podía sentir cada temblor y estremecimiento de Nero, sus pequeños gruñidos y su olor, joder, su olor era lo mejor de todo.

Hundió su nariz en su cuello y olfateó profundo, emborrachándose con el hedor masculino y picante que Nero desprendía.

Su demonio podía sentirlo, Nero era un candidato perfecto para él. Era joven, fuerte y fértil. Ronroneó complacido cuando llegó a la conclusión de que debería ser follado por este otro demonio que se dejaba olfatear por un demonio más grande como él.

“Mi buen niño, tan dispuesto a complacerme y no dejas que yo te complazca a ti.” Dante besó, apretando la polla de Nero con tanta fuerza que Nero no pudo evitar sollozar. “Eres tan egoísta.”

“C-Calláte.”

“¿Por qué, hmm?” Tarareó pensativo, mordiendo los labios de Nero hasta que la tierna piel sangró. “¿Acaso estoy mintiendo?”

“E-Eso no es…”

“¿No soy lo suficientemente bueno para ti, entonces?” 

Dante se alejó, observando la angustia en el rostro de Nero al poner distancia.

No lo había dicho en serio, y aún así, su demonio estaba llorando con la idea de no ser lo que Nero necesitaba. Dante sintió un pequeño dolor en el pecho, pero lo ignoró tan rápido como apareció.

“Eres tan molesto…”

“Respóndeme, Nero.”  

Nero mantuvo su mirada. No había forma de que Nero no lo quisiera de la misma forma que Dante. Podía sentirlo en la forma con la que lo miraba con tanta pasión, en como siempre se había mantenido cercano a él, tan ansioso por complacer a Dante.

“...¿Y si no lo hago?” Nero se lamió los labios, deslizando su lengua entre sus caninos y Dante encontró esa acción jodidamente sexy, sintiendo su polla y su coño palpitar de excitación.

“Entonces me temo que tendré que obligarte a responder.”

Con un giro elegante de su mano, se deshizo del cinturón y del pantalón de Nero, dejándolo en ropa interior.

Podía ver lo dolorosa que estaba esa erección con solo observar la humedad en la prenda.

Pobre muchacho, había aguantado todo este tiempo sin decir ninguna palabra.

Con una pequeña sonrisa juguetona, bajó lo único que lo separaba de esa jugosa recompensa, y a Dante se le hizo agua la boca con la forma y el tamaño que tenía Nero.

Estaba muy bien dotado, incluso parecía ser más grande que Dante, aunque era más largo, no tan grueso como él, pero todavía era lo suficientemente grande como para hacer que los ojos de Dante voltearon hacia atrás.

Su coño se humedeció aún más.

Dante se sentía infinitamente complacido.

“¿Te gusta lo que ves?”

Dante giró la mirada y se encontró con la de Nero, que tenía el descaro de bromear con él a pesar de lo avergonzado que se encontraba.

Qué adorable.

“Oh, así que a mi pequeña nena se le da por bromear conmigo en un momento como este, ¿eh?” Se burló Dante, quitándole el bóxer a Nero mientras lo aventaba en algún lugar que no fuera las piernas de Nero. “Descuida, en realidad, me encanta lo que estoy viendo.”

Nero tragó saliva, nervioso ante la mirada hambrienta de Dante. Si Nero era de este tamaño con esta edad, no se imaginaba lo que sería cuando estuviera más adulto, más experimentado.

Ya podía imaginar lo bien que lo estiraría esta polla, rellenando cada parte de su ser hasta que todo fuera de Nero y solo de Nero.

Su polla se estremeció de interés, queriendo volver a la vida.

Bueno, era momento de que Nero recibiera lo que tanto merecía.

Masajeó con cuidado las dulces bolas de su chico, observando sus reacciones, absorbiendo los sonidos agradables y perfectos para los oídos.

Era tan sensible, temblaba con cada caricia, lo que le hacía preguntarse si Nero alguna vez se habría tocado de esta forma, pero ya había tiempo de consultarlo luego.

Parecía estar en territorio inexplorado; cada zona que tocaba era un nuevo cúmulo de sonidos y gemidos nuevos, acariciando con curiosidad cada lugar que pudiera tocar.

La cabeza parecía ser la más sensible. Sólo deslizó su pulgar para que un pequeño chorro de semen saliera disparado.

Dante siseó de excitación mientras que Nero sollozaba contra el sillón, temblando de placer.

Nero podía correrse con solo unos cuántos toques y Dante lo encontró sumamente caliente, porque eso significaba que podía hacer que se corriera varias veces.

Fue una idea interesante, llenar a Nero de tantos orgasmos hasta que se volviera un desastre viviente. Estaba en la cúspide de la juventud, así que podía eyacular cuantas veces quisiera.

Dante sintió envidia, porque a él también le gustaba correrse muchas veces cuando tenía su edad. No obstante, ahora los orgasmos que tenía eran mucho más intensos y vívidos que hace años, lo cual era una ventaja.

Nero respiró temblorosamente cuando su primer orgasmo roció parte de la mano de Dante y de su cuerpo, gimiendo con cada réplica que sacudía su cuerpo.

Dante lo colmó de besos, de promesas, de futuros planes que los involucrarían a los dos y que podrían llevar a cabo desde ese preciso momento. 

Nero jadeó y asintió sin pensar, sin estar completamente seguro de qué estaba aceptando porque la mano que lo estaba asediado era lo suficientemente agradable como para pensar correctamente.

Un segundo orgasmo llegó mientras Dante besaba a Nero, escuchando cómo lloraba y se arqueaba contra su mano. Dante lo bombeó las veces que fueran necesarias, ordeñando todo lo que tuviera para ofrecer hasta que lo único que quedó fue el alma consumida y destruida de Nero.

El tercer orgasmo también llegó rápido. Dante había estado mamando a Nero cuando lo escuchó gritar, enterrando sus manos en las hebras blanquecinas y suaves de Dante.

“¡Por favor!” Había dicho él, al borde de la locura. “¡Por favor, por favor!”

Dante se hundió más profundo, sabiendo bien lo que Nero quería de él. Se lo llevó hondo y profundo, hasta que su boca estuvo llena de polla y la cabeza colgó en lo más hondo de su garganta.

Nero sollozó desesperado, buscando algún soporte de dónde agarrarse, terminando con las manos de vuelta en su cabello mientras empujaba más abajo de lo humanamente posible y, con un último grito, se corrió duro y fuerte.

Dante tragó todo, hasta la última gota, hasta que Nero se quejó de sobreestimulación y golpeó su cabeza, queriendo alejarlo.

Dante se arrastró lentamente, con los labios pegados al falo con tanta fuerza que podía arrancarle la polla. Dio unas últimas lamidas a la cabeza de la polla antes de soltarla.

El cuarto orgasmo había sido el más intenso de todos.

“¿Ves esto de aquí, Nero?”

Dante ahora estaba encima de él, con Nero echado en el sofá mientras que Dante se frotaba contra la polla temblorosa de Nero. Los dedos de Dante estaban frotando su propio coño, deslizando la humedad a lo largo de los pliegues antes de tomarlos y abrirlos de par en par.

Los ojos de Nero no dejaron de mirar su coño, observando con especial atención los hilos de humedad que se conectaban de pliegue en pliegue. Nero se mordió los labios, con la polla latiendo y palpitando de ansiedad, queriendo meter la lengua y lamer todo lo que Dante tuviera para ofrecer.

“Sí, eso es, mírame con atención.” Ronroneó Dante, acercándose lo suficiente hasta que su calor humeante tocó el falo endurecido de Nero. “Cuando seas más grande, tú entrarás aquí.”

“Dante…”

“Entrarás tan profundo que tocarás mi útero.” Dante sopló temblorosamente ante la idea, y por el suspiro deliberadamente fuerte de Nero, comprendió que a él también le había afectado. “Y cuando estés ahí, oh, joder…”

“Por favor…”

“¿Por favor qué, cariño?”

“Déjame entrar ahora.”

Nero gruñó mientras alzaba sus caderas, queriendo entrar y enterrarse en la calidez que Dante le estaba prometiendo. Dante lo deseaba, también quería que Nero lo follara hasta el punto de tener solo un completo desastre.

Y, aún queriendo todo de Nero, no podía dárselo.

Al menos no ahora.

“Aún no, Nero.” Susurró Dante, sufriendo en silencio mientras frotaba su coño contra la dureza de Nero, aguantando con todas sus fuerzas las ganas de follarse él mismo. “Todavía no puedo dejar que me folles.

“Dante, joder, Dante.”

“Eres tan impaciente.” La expresión de Nero se tornó angustiada, y Dante no pudo evitar reír. “Relájate, pronto podrás tenerme.”

Nero todavía se resistía, gruñendo de impaciencia. Dante sabía lo que estaba haciendo al presentarse así a un demonio joven y fértil. Su interior palpitaba de necesidad, una necesidad que sólo Nero podía llenar.

Las caderas de Nero se movieron, golpeando accidentalmente su clítoris con la dura cabeza de la dureza de Nero.

Dante tembló placenteramente; Nero se estaba comportando muy mal.

“Estás siendo malcriado, supongo que es mi culpa por malcriarte tanto.”

“Qué te jodan.”

Oh, sí, bebé, eso es lo que harás conmigo. Dante se mordió la lengua, sin querer confesar que su coño se estaba apretando ante la sola idea de ser follado por Nero.

Mirando la larga polla entre sus piernas, se convenció de que la espera valdría la pena. Crecería grande y fuerte, más experimentado, perfectamente listo para darle a Dante lo que tanto quería.

Dante podría ser paciente en algunas ocasiones, y esta era una de esas ocasiones.

“Algún día, cariño, algún día podrás tenerme y llenarme de tanto semen como tú quieras.” Prometió Dante, frotando la cabeza contra su adolorido clítoris por segunda vez y aulló. “Mierda, me llenarás de tanto semen que me dejarás embarazado. ¿Eso es lo que quieres, que lleve a tus crías? Respóndeme, Nero.

Nero no pudo responderle, estaba demasiado perdido jadeando y gruñendo como para hacerlo. La promesa de follar a Dante había sido lo último que Nero necesitaba para llegar al orgasmo, y había sido un orgasmo fuerte.

Su polla gastada soltó largas y dolorosas tiras de semen. La vulva rosada fue pintada y Dante no perdió la oportunidad de esparcir el delicioso semen en todas partes, especialmente en su hinchado y gran clítoris.

Tras superar el clímax, Nero terminó hundiéndose en el sudado y maltratado sofá, completamente deshuesado.

Dante estaba satisfecho. Su demonio ronroneaba de satisfacción ahora que había satisfecho todas sus necesidades.

Aún faltaba algo más para estar completo, pero Dante sería paciente y esperaría lo suficiente para tener a Nero.

Miró al chico que alguna vez fue un tierno seguidor de la iglesia estando ahora bajo las garras del mismísimo diablo.

Fue un bello contraste.

Dante acarició el cabello sudoroso de Nero con tanto cariño que le dolió el corazón. No tenía sentido lo mucho que amaba a este muchacho, incluso cuando no habían pasado tanto tiempo juntos.

Sus caricias fueron bien recibidas con una cálida risa que agitó el corazón confundido de Dante.

“Eso fue…”

“¿Espectacular, grandioso, fenomenal?”

“...Genial.”

Dante se echó a reír mientras Nero se quejaba de él, todavía acostado y demasiado cansado como para patearle el trasero.

Y, aún así, a Dante le gustó la forma en la que Nero lo miró, como si fuera la cosa más preciada del mundo, de su mundo.

Dante sabía lo que Nero sentía por él, es casi como cuando Dante lo vio frente a su puerta, pidiendo pasar.

Y él, como el buen samaritano que era, le permitió entrar a su vida.

Chapter 2: Mine

Notes:

Se supone que lo iba a subir ayer, pero terminé jugando Marvel Rivals y el tiempo se me fue volando xDDD

Cualquier error será corregido eventualmente.

Chapter Text

Dante era, en todo el sentido de la palabra, un gilipollas.

Nero apretó la carne suave y tierna que tenía entre sus manos, debatiéndose cómo es que Dante podía mantenerse en forma si el único menú que estaba en su dieta eran las jodidas pizzas.

Chasqueó la lengua cuando Dante jadeó, apretándose contra él, buscando más.

Qué codicioso. Nero aún no olvidó el por qué había comenzado a manosear a Dante.

El fétido olor del tabaco todavía permanecía fresca en el aire, como si no fuera suficiente recordatorio del horrible pasatiempo de Dante. Nero arrugó la nariz.

Esto era un castigo, se recordó. Iba a castigar a Dante por sus malos hábitos en absolutamente todo. 

Tenía una pésima alimentación, una pésima organización, una pésima higiene y, para variar, un pésimo sentido del gusto.

Sus ásperos dedos rozaron el botón rosado con desprecio, importando poco o nada que Dante siseara incómodo. Se lo merecía.

De todas formas, no era como si a Dante le incomodara del todo. No, claro que no.

Dante fingía incomodidad, permitiendo que Nero tomara el control por el tiempo que él quisiese.

Excepto que, en realidad, Nero nunca tuvo el control. 

El cuerpo hirviente debajo de él era un recordatorio de que Dante podría liberarse en cualquier momento. Nero no era y jamás habría sido un rival para Dante.

Y, aún así, Dante meneó su regordete trasero, aceptando la sumisión mientras permitía que Nero lo aplastara contra el sillón.

Fue más caliente de lo esperado. 

Mientras se relamía los labios, Nero dejó de acosar los pezones erectos y delicados de Dante, ofreciendo un pequeño consuelo en forma de una caricia.

El cazador de demonios suspiró suavemente, inclinándose más hacia el toque, esperando más. Nero no lo recompensaría como el quería.

Con los dedos deslizándose a los costados, hundió los dedos hasta dejar manchas moteadas. Daba igual, Dante se regenerará dentro de poco. 

Sus uñas dejaron un rastro rojizo, un recorrido que Nero se grabó en su memoria. Dante tembló de anticipación, siendo tan fiel al dolor desde que nació.

Era tan fácil presionar sus botones, era tan sencillo como presionar un interruptor. Dante era sencillo de leer.

Conocía cada parte de él como si fuera su propio cuerpo. Sabía qué debía tocar para que Dante se deshiciera debajo de él.

Solo bastó un soplido en su oreja para que Dante maullara, enterrando las manos en el antiguo sillón de cuero. 

Qué lamentable. Nero se preguntó cómo es que había sentido admiración por este idiota. Era tan joven, tan ingenuo; ver a Dante en esa iglesia la primera vez lo dejó revoloteando, preguntándose si sus sentimientos hacia Kyrie eran genuinos.

Fue tan idiota.

Y por ser un estúpido, ahora estaba allí, amando a un idiota que era terrible en todo y que muy seguramente no correspondía sus sentimientos.

Nero ya conocía la respuesta. Lo supo cuando Dante prefirió irse al infierno con su hermano (y ahora el padre de Nero, muchas gracias) en lugar de quedarse con él. Su sangre hirvió de cólera una vez más mientras se tomaba una pausa, admirando el cuerpo tembloroso que reposaba debajo suyo. Si hubiera sido más joven, se habría emocionado de tener a Dante justo en donde está, regodeándose de haber conseguido el premio mayor.

Ahora, lo único que le provocaba era indiferencia.

Partículas turquesas brotaron en el aire mientras invocaba sus alas espectrales, advirtiendo, esperando que Dante se moviera. Que terminara de una vez con esta farsa.

No se movió. Dante permaneció tan quieto como la primera vez que Nero lo inmovilizó en el sofá.

Bien, podía continuar con el juego.

Reírse en silencio fue lo más parecido a la aceptación que nunca podría tener de él. Aplastó a Dante contra el sillón, ahogando su odio, desquitando su resentimiento contra el responsable de todas sus desgracias.

Nero podía enumerar todas y cada una de ellas. No podía decidir cuál había sido más decepcionante, y de alguna manera Dante siempre se las arreglaba para encontrar más formas de herirlo, una más dolorosa que la anterior.

Dante nunca lo admitiría. Por supuesto que era un idiota arrogante que moriría esta antes de decírselo a Nero directamente.

Así que, en lugar de hablar como una persona normal, le entregó su cuerpo.

Esta era su forma de disculparse con él.

Qué patético. Se parecía mucho a su padre, igual de inútiles para encararlo y resolverlo con palabras.

No tenía sentido frustrarse por eso; Dante estaba aquí ahora, ofreciendo su cuerpo como una ofrenda de paz por su mal comportamiento. ¿En qué específicamente? No estaba muy seguro, pero Dante parecía muy desesperado. 

Nero respiró hondo y lento, olfateando la mezcla de olores en la habitación, deteniéndose a oler uno en particular. 

Dante olía terrible. Joder, era más que seguro que no se había duchado antes de venir a la tienda. El tabaco sólo lo empeoraba más.

Nero arrugó la nariz por segunda vez ese día, palmeándose mentalmente por no haber obligado a este idiota a darse una ducha.

De acuerdo, él podía con esto.

Tenía un nuevo objetivo en mente. Era cierto que Dante era, en muchas palabras, sexy. Tan atractivo que hasta su propio padre no pudo evitar follárselo varias veces (Nero los descubrió una vez que regresaron del infierno).

Gran parte de ello se debía a sus encantadores tetas y especialmente a ese enorme culo.

Apretar sus nalgas fue otra experiencia. Nero se estaba resistiendo de dar un mordisco, salivaba con solo pensar en marcar la jugosa carne con sus dientes.

Desahogó su frustración de otra manera, de la forma a la que Dante le gustaba.

El primer golpe tomó desprevenido a Dante, tensándose ante el picor en su trasero. Gritó de sorpresa la segunda vez, enterrando las uñas en el sillón después de que Nero golpeara por tercera vez.

Era tan sensible, la carne expuesta se estaba tornando rojiza rápidamente y la deliciosa imagen de un Dante arruinado lo alentó a continuar con los golpes. Dante sollozó de impotencia, escondiendo su rostro entre sus brazos, fingiendo que le dolía , que Nero estaba siendo cruel con él pero, oh, chico, ambos sabían que no era cierto.

Sus sollozos se camuflaron con sus golpes, y aunque a Nero le gustaba infringirle dolor a Dante, también le gustaba escucharlo.

Se detuvo tan pronto en cuanto escuchó a Dante contenerse. Hubo un quejido frustrado; Dante volvió a menear el trasero, pero Nero no lo permitió esta vez, tomándolo de las caderas, manteniéndolo quieto en su lugar.

Volvió a quejarse, suplicando en silencio que se reanudara la tortura, importando poco si se veía patético.

A Nero le gustaba esta versión de Dante, lo desesperado y nervioso que se volvía cuando no conseguía lo que quería.

Era tierno, aunque Nero nunca se atrevería a decírselo.

Fue paciente. No le importaba cuánto tiempo pasara, quería que Dante entendiera que este juego no giraría entorno a las reglas de Dante.

Si quería que se comportara bien, entonces tendría que educarlo con sus propias reglas.

Pasaron largos minutos, minutos en los que Nero era consciente de sus propios latidos, martillando nerviosamente en su pecho mientras esperaba que Dante se tranquilizara y entendiera la indirecta. Sus oídos se agudizaron justo a tiempo cuando Dante resopló, aceptando tristemente su destino.

No era el mejor en ser paciente, y Nero lo sabía muy bien. Adoraba verlo sufrir cada vez que jugaban así, amando lo vulnerable que se mostraba una vez que caía bajo el falso control de Nero.

Esta vez no era la excepción.

Dante quería placer, Nero quería obediencia. Eran conceptos tan diferentes entre sí que resultaba difícil relacionarlos, pero con una base sólida y bien estructurada podría hacerlo funcionar.

Y Nero ya conocía la fórmula perfecta para que eso ocurra.

Esperó unos cuántos segundos más, asegurándose de que Dante no fuera a moverse más y, sin cuidado alguno, reanudó los golpes.

Un gruñido era placentero, acariciaba su ego deliciosamente, pero Nero no era una persona conformista. Quería deleitarse con absolutamente todos los sonidos de su amado Dante.

“Dante.” Dijo Nero, soplando junto a la delicada concha de la oreja del viejo. “Ya sabes cómo va esto, ¿verdad?”

“Más que perfecto.”

“Obedece, entonces.” Gruñó, apretando los dientes cuando una oleada de calor le golpeó en la pelvis, con la polla latiendo adolorida con cada segundo que pasaba. “No seas un imbécil.”

“¿Y si me niego a cooperar?” Mordió, mostrándole a Nero esa hilera perfecta de dientes que ya había visto en diversas ocasiones. 

Era muy valiente para burlarse de Nero en su cara.

“¿Quieres que te deje con la polla al aire, entonces?”

“Puedo buscar a Vergil para que me folle los sesos en tu lugar.”

“No lo harás.”

“¿Cómo estás tan seguro de eso, muchacho?”

“Sí fuera así, ya te habrías ido hace un tiempo.” Recordó Nero, sin olvidar que Dante todavía era mayor que él y, a su vez, más experimentado. Podía barrer el suelo con él fácilmente e irse con Vergil cuando quisiese.

Dante tarareó en respuesta, indispuesto a contra argumentar porque, después de todo, Nero tenía razón. Siempre la tenía, incluso cuando Dante era un idiota encaprichado y nunca aceptaba que Nero era mucho más sabio que él en algunas ocasiones.

“¿Qué te detiene, entonces?” Dijo Nero, acariciando el trasero maltratado, aliviando el dolor de Dante aunque sea por unos segundos, a lo que le valió un pequeño ronroneo.

“Mmm… tal vez me guste estar aquí. Esta es mi tienda, ¿recuerdas?” Nero arqueó una ceja, no tan convencido con su respuesta. Lo dejaría pasar por esta vez, solo porque no podía ignorar el sonrojo en el rostro de Dante y porque le parecía lindo.

Le avergonzaba admitir que Nero era mucho mejor que Vergil en la cama. Era eso o quizás Dante estaba tan desesperado como para entender que ir en busca de su hermanito y tratar de convencerlo para que se lo follara era un caso perdido, especialmente cuando tenía a su jodido hijo con él las veinticuatro horas del día. 

Sea cual sea su motivo, no era de importancia, al menos no por ahora. Nero no presionó más, alejando sus manos del gordo trasero de Dante para pasar a la siguiente parte de su castigo.

Mientras hurgaba en la mesa y encontraba el pequeño plato de cigarros en la desordenada mesa, escuchó que Dante murmuraba algo. Lo habría ignorado de no ser que Dante lucía más avergonzado que antes.

Bien, esto es nuevo.

“Quizás… Quizás sólo quiero estar contigo.” Había susurrado entonces, ocultando sus ojos entre sus mechones plateados mugrientos, demasiado tímido como para enfrentarse a Nero directamente.

Bueno, bueno.

Nero no esperaba eso. En realidad, ni siquiera esperó que Dante continuará hablando. Detuvo su búsqueda por un momento porque, carajo, no todos los días obtenía una confesión sincera de él, ni siquiera cuando Vergil los visitaba y hablaban de vez en cuando.

Lo miró de reojo brevemente, analizando, confirmando si Dante estaba jugando una broma como siempre solía hacer porque, maldita sea, con Dante nunca se sabe. 

Nero decidió que era inútil descubrirlo ahora, especialmente porque tenía una jodida erección entre las piernas y le dolía. Qué, ¿acaso él también se sentía avergonzado? O simplemente era la confesión tan rara y fuera de lugar lo que lo estaba volviendo incómodo.

Fuese lo que fuese, muy en el fondo, Nero se sentía complacido, satisfecho por la elección astuta de Dante al haber escogido a Nero como pareja.

Debe ser su lado demoníaco el que se siente orgulloso, porque Nero moriría antes de admitir que le encantaba este tipo de confesiones.

Por supuesto, Dante hinchó las mejillas cuando Nero no respondió. A Nero le pareció divertido y su risa sería lo único que obtendría de él por el momento. Oh, claro que sí. También era un idiota que no sabía comunicar sus sentimientos con palabras y, para compensarlo, lo demostraría con otra cosa.

Si antes la piel de Dante no estaba roja, ahora estaba ardiendo. Se había vuelto tan roja que Nero podría pensar que tenía fiebre.

Se tragó un suspiro tembloroso por la risa, porque no podía creer que, justo cuando Nero se lo iba a follar, Dante tuviera el descaro de volverse sentimental.

Dejando sus materiales a un lado, escuchó a Dante aclararse la garganta, inseguro de qué hacer o decir en esta situación.

“Oye, sé que lo hice incómodo, pero…”

“Nada de peros. Lo hecho, hecho está.” Respondió Nero, barriendo las inseguridades que alguno de los dos pudiera tener. “Y, para que lo sepas, necesitarás mucho más de eso si es que quieres obtener mi perdón.”

“Ugh, ¿tienes que ser tan insoportable?”

“Es el precio a pagar por haberme abandonado durante todos estos meses mientras te revolcabas con tu querido hermanito en el infierno, Dante.”

Nero no se consideraba una persona celosa. Con Kyrie nunca lo fue.

Ahora las circunstancias eran distintas. Nero había vivido lo suficiente con este idiota para entender que, de hecho, sí, Nero siempre había estado celoso. Esa ira irracional que se sentía cada vez que veía a Dante acostarse con una mujer o con su propio padre le generaba náuseas.

Él debería ser el único que debería tener a Dante. Era fuerte, le había pateado el culo a él y a su hermano en repetidas ocasiones. Era atractivo y, para variar, Nero siempre eligió a Dante. 

Joder, no tenía sentido que Dante asfixiara sus penas con otras personas cuando tenía a Nero a su disposición. Siempre tan servicial y dispuesto a mostrarle que era lo que él necesitaba.

No se lo había dicho a Dante, pero sus caninos crecieron considerablemente desde que se fue de Fortuna. Sus dientes picaban todos los días, en cada momento, queriendo enterrarlos en el cuello de Dante, pidiendo reclamar a ese idiota, saborear la sangre como lo hizo hacía años y luego follárselo hasta que solo saliera el nombre de Nero de sus labios, demostrarle que Nero era lo único que Dante necesitaba.

Podría serlo todo y a la vez nada porque, joder, tal vez Dante nunca lo vio así. No lo sabe. Ni siquiera lo sospechó cuando le había chupado la polla hace años en este mismo sofá, cuando aún era un muchacho inexperto y terriblemente enamorado.

Dante le había prometido algo a Nero, y Nero seguía esperando que Dante cumpliera su promesa.

Promesa que había roto al haberse entregado antes a otros antes que a él.

Respiró profundamente, hinchando sus fosas nasales de rabia sólo de recordarlo, con los ojos fríamente fijos sobre los ojos dilatados y excitados de Dante.

Mirándolo a los ojos, Nero se dio cuenta de que no podría seguir posponiendo más este tema.

Ya no huirá más. Está sería la última vez que hablaría sobre esto, aún si Dante era un idiota inmaduro que no comprendía del todo sus sentimientos.

“Nero…”

“¿Qué, entonces?” Dijo Nero, cruzándose de brazos, todavía frustrado y agonizantemente duro. “¿Lo aceptarás o no?”

“Con una condición.”

“Eres tan descarado que tienes la audacia de darme condiciones, ¿eh?”

Dante se mordió los labios, desviando la mirada por una fracción de segundo, mirando a otro lado que no fueran a los ojos de Nero y dijo: “Quiero que me perdones.”

“¿Ese no es el punto de todo esto?”

“Lo es, pero quiero que me perdones por haber… carajo, no quise llamarte así.”

Ah, casi había olvidado eso.

Casi.

Apretó la mandíbula hasta que sus encías sangraron. Se palmeó la cara mientras permitía que Dante cambiara de posición y se sentara cómodamente en el sofá, aún adolorido y resoplando por la anterior sesión de golpes en su trasero.

“Escucha, Nero…”

“Continúa.”

“¿Estás seguro?”

“¿Prefieres que te deje aquí con la polla colgando entre las piernas y el coño goteando?”.

“No, joder, no.” Siempre tan fácil de leer. Nero resopló con diversión amarga, dejando que Dante ordenara sus pensamientos antes de continuar.

“Nunca quise decir eso, ¿está bien?” Dante se relamió los labios, todavía sin mirar a Nero a pesar de que él no lo miraba del todo. Era lindo pensar que estaba nervioso, pero su enojo era más grande que su obsesión enfermiza por Dante.

“Y, entonces, decidiste que esa magnífica boca tuya hiciera magia.” Odiaba ser sarcástico, le recordaba mucho a su padre, pero Dante era el único capaz de sacarlo de sus casillas y ponerlo así de… enojado.

Ahora entendía el por qué Vergil lucía enojado la mayor parte del tiempo.

“Eso fue porque-

“Siempre fui un peso muerto para ti desde Fortuna, carajo.”

“Fue porque no quería que te pasara nada malo, maldita sea.”

Nero parpadeó una vez, y luego otra, y luego otra, tantas veces que sus párpados dolieron.

Dante quiso tocar a Nero, pero fue empujado contra el sofá con más fuerza de lo usual por las alas espectrales de Nero. 

Necesitaba tiempo, joder. No era tan fácil procesarlo como parecía, y aunque Dante quisiera responder con caricias, Nero no estaba seguro de querer que se acercara ahora.

No obstante, no quería que Dante se sintiera aún más miserable de lo que ya se estaba sintiendo, así que lo soltó. El simple toque quemó, fue como arder en llamas en carne viva. Las alas de Nero temblaron, queriendo atacar, pero Nero resistió el impulso de querer golpearlo.

“Yo morí, ¿lo entiendes?” Dante susurró, acariciando el mentón de Nero con tanto cuidado que Nero se preguntó si Dante realmente lo estaba tocando o si era una ilusión. “No fui tan fuerte como pensé que era años atrás. Era débil.”

“No lo eres.”

“Lo era, ¿qué hubiera pasado si tú morías en lugar de mí?” Nero dejó de apretar la mandíbula, siendo más consciente del dolor pulsante en sus encías. Esta conversación era más dolorosa de lo que esperaba.

“No habría importado.”

“Por supuesto que sí, Nero.”

“Tal vez así dejaría de ser un peso muerto y yo-

“A mí me importas, y deja de llamarte así, pequeña mierda.”

Nero se tragó sus palabras junto con su orgullo. Dante estaba siendo, por una vez en su vida, sincero con él, y Nero no sabía cómo reaccionar.

Había soñado tanto con este día. Desde que se conocieron en Fortuna, desde que llegó a la tienda de Dante y él le permitió entrar.

¿Por qué ahora era tan difícil aceptarlo? El Nero de Fortuna lo habría aceptado de inmediato. El Nero de ahora, sin embargo, le costó creerlo.

No era la primera vez que jugaban con sus sentimientos y creencias. No dolería tanto como esa primera vez, pero algo en la mirada de Dante le decía que esto no era un juego.

Él de verdad…

“Me importas más de lo que crees, niño. No voy a permitir que nada malo te pase y es una promesa. Mi única condición es que me concedas tu perdón, y aunque me odies…”

“No te odio, Dante.”

“...Y aunque me odies , quiero que sepas que mi intención nunca fue herirte.”

Fue protegerte.

Nero permaneció en silencio, debatiendo conmigo mismo, pensando en lo que era verdad y lo que no.

Resultaba que, sin importar si había crecido física y mentalmente, todavía tenía mucho que aprender. Nunca fue bueno leyendo a Dante, ni comprendiéndolo, ni conociéndolo.

Tal vez nunca conoció a Dante realmente y Nero sólo creó una versión totalmente equivocada.

Quizás no era un completo idiota después de todo. Tenía malos hábitos, pero era su forma de superar sus problemas. Tenía la mala costumbre de ser un completo idiota, pero era su idiota.

Un idiota que había aceptado desde el día en que lo conoció.

Dante se removió en el sofá, aún con su dureza goteando líquido preseminal y el coño húmedo, esperando pacientemente a que Nero aceptara lo que él pensaba que era lo que necesitaba. Nero reflexionó mientras lo observaba retorcerse en su miseria, incapaz de afrontar a Nero ahora que se había abierto a él.

Había sido doloroso por mucho tiempo aceptar lo que sentía por Dante. Fue más doloroso cuando comprendió que eran familia y que sus estándares morales estaban en el camino. Pero ahora que tenía a Dante frente a él, ese Dante a quien conocía mucho mejor de lo que pudo haber conocido, Nero no dudó más de sus sentimientos.

No se había equivocado en elegirlo.

Eso no le quitaba que seguía siendo un imbécil.

Las alas emplumadas tomaron las grandes manos de Dante con delicadeza, acariciando las muñecas mientras rasguñaban las venas sobresalientes, deleitándose con los suspiros y gruñidos de Dante.

Una advertencia. Puede huir ahora mismo y olvidar esta conversación o, caso contrario, puede quedarse allí y aceptar los sentimientos de Nero.

Y ser solamente de Nero.

Dante no se movió de su lugar. Permaneció tan quieto como la primera vez que iniciaron este juego, mirando a Nero con la misma intensidad y pasión, deseando esto.

Nero cerró los ojos y se permitió disfrutar de su victoria. El gran cazador legendario , su tío, el gran Dante era, ahora, todo suyo. Era sólo de Nero.

Aplastó las manos de Dante y sostuvo sus muñecas por encima de su cabeza, dejando a Dante en una posición vulnerable. Ahora estaba encarcelado. Dante no pareció intimidado. Sus labios se volvieron húmedos tras lamerlos con interés, respirando hondamente mientras sus tetas se hinchaban con cada respiración. 

Fue un movimiento intencional, perfectamente calculado para el entretenimiento de Nero. Conocía su capricho por sus tetas. Lo había descubierto mirándolo varias veces en Fortuna, mirando sus tetas y lo pesadas que eran.

Nero nunca se arrepintió de habérselas comido cuando tuvo la oportunidad, y ahora podría repetir lo que ese joven Nero había hecho tiempo atrás. 

Nero se permitió deleitarse, mirando con hambre al hombre que había sido  el objetivo de gran parte de sus deseos y codicias. Dante estaba sentado frente a él, jadeando mientras su gorda polla se mantenía erguida, chorreando sobre sus muslos  y pidiendo la atención de Nero. Su coño no se quedaba atrás, luciendo tan dulce como esa vez que Dante se la había enseñado, prometiendo que algún día Nero podría tomarlo.

Dejó que el ahora aroma almizclado abrumara sus pulmones, inhalando el horrible hedor de esa asquerosa polla. Resulta que su propio pene respondió en respuesta, hinchándose en su pantalón mientras se estremecía con interés. 

Oh, bueno, quizás Nero era un asqueroso pervertido con algunos… fetiches muy extraños.

De todas maneras, a Nero le gustaba. Porque se trataba de Dante. Tomaría todo de él, incluyendo sus defectos.

Estaba loco, o así lo había llamado Nico antes. Ahora entendía el significado de sus palabras cuando se atrevió a dar la primera lamida.

Desagradable.

Asqueroso, horrible, horripilante. Su paladar se arqueó y Nero contuvo las ganas de vomitar, intercambiando el asco con la terrible lujuria que la acción le provocaba.

“Joder, Nero, joder…” Exhaló Dante, respirando profundo y pesado cuando las lamidas continuaron con el mismo ritmo, torturando a Dante con la humedad y calidez de su boca. “Basta, Nero.”

“¿No te gusta,  Dante?” Bromeó Nero, bombeando el grotesco pene hasta convertirlo en un desastre resbaloso. “Creí que lo estabas disfrutando.”

“Lo soy, créeme que lo soy, pero tú…”

Nero se detuvo. Sus pestañas revoloteaban con inocencia mientras Nero lo miraba y, wow, Dante parecía completamente destrozado ahora.

Decidió que le gustaba este Dante. Así que, sin previo aviso, se hundió lentamente. Hasta el fondo, sin dejar ni un espacio de polla sin tragar.

Hubo un largo gemido ronco que puso nervioso y más excitado a Nero. El sabor era terrible. Joder, el sudor de hacía días se le pegaba a la lengua y Nero solo quería alejarse y vomitar en el baño.

Respiró hondo, aún cuando todo lo que podía respirar era humedad y polla y sudor y una mezcla desagradable de todo. 

Con la misma lentitud con la que se había metido todo a la boca, se fue retirando, hasta dejar solo la cabeza completamente encerrada en su boca.

El sabor salado del líquido preseminal le hacía cosquillas. Nero lamió y chupó tanto como pudo, disfrutando como si fuera una paleta echada a perder antes de sumergirse y repetir el mismo proceso, una y otra vez.

Dante no la estaba pasando mejor que él. 

Podía verlo resistiendo, el impulso de quitarse las manos espectrales de encima con tal de follarle la boca y los sesos a Nero. 

Dante estaba siendo, por segunda vez en su vida, obediente. Apretó las manos en puños, con las uñas perforando la piel hasta sacar sangre. Quería que Nero volviera a tomar el control. El peso de la confesión aún seguía vigente en el aire, un acuerdo mutuo que no se podía romper.

Casi como un pacto, diría Nero. 

Mientras chupaba y lamía las pesadas bolas acumuladas de semen, Nero buscó a tientas en la mesa hasta que halló lo que tanto estaba buscando.

Una colilla de cigarro.

Dante parpadeó confundido cuando lo vio, mirando incrédulo como Nero traía el cenicero consigo y luego lo dejaba en el sofá.

Tal vez se habría confundido con el lubricante, estando a unos escasos centímetros del pequeño plato, pero entonces Nero tomó uno de esos cigarros y luego…

Dante abrió los ojos cuando cayó en cuenta de lo que haría Nero y se movió en su lugar, nervioso. Esto no estaba en sus planes, podía notar Nero. Esa era la idea, que Dante no fuera capaz de leer sus movimientos.

Seguramente esta era la primera vez que apagaban un cigarro con su coño, por lo que comprendía su desesperación.

Dante sollozó, queriendo alejarse de las malvadas manos de Nero y fallando miserablemente en el intento.

Nero chasqueó la lengua, decepcionado por la incompetencia de Dante.

“¡N-No, no lo hagas!” Dijo Dante, intentando cerrar las piernas y recibiendo un golpe en las rodillas en su lugar, sollozando más fuerte que antes. “Por favor…”

“¿No dijiste que querías mi perdón, Dante?”

“Nero, por favor…”

“Tal vez no quieres que te perdone por todo lo que has hecho después de todo.”

Dante se tragó su sollozo, mordiendo sus labios con tanta fuerza que sangró. Sus piernas temblaron, aún queriendo cerrarse, pero se fueron abriendo lentamente, exponiendo el coño palpitante y chorreante que Nero ansiaba ver.

“Es curioso, pensé que odiabas fumar.” Tarareó Nero, palmeando unas cuantas veces los pliegues rosados, obteniendo un jadeo apagado de Dante. “Quizás sea momento de evaluar cuánto te gusta fumar, ¿no crees?”

En realidad, Dante odiaba los cigarros. Fumar era Inaceptable, pero los tiempos han cambiado. Nero asume que el vicio se debe a la llegada de Vergil, porque Dante nunca había fumado (mucho menos en su presencia) hasta hacía unos cuántos días.

Mientras prendía uno de los cigarros, se preguntó qué expresión pondría Dante cuando comenzara con su castigo. ¿Le dolería o simplemente lo disfrutaría como la zorra que era?

No tenía sentido teorizar ahora que tenía a Dante frente a él.

Cualquier quejido que pudiera tener era reprimido por los labios de Dante, aceptando su cruel destino mientras observaba con horror.

Su clítoris hirvió en fuego mientras Nero aplastaba el cigarro con fuerza, apagando y frotándolo en círculos antes de esparcir las cenizas por toda la zona.

Dante balbuceó mientras sus ojos se humedecían con lágrimas no derramadas, sus piernas se cerraron instintivamente ante el dolor visceral pero Nero no lo permitió, anclando sus piernas con las suyas, anulando cualquier intento de alejarlo.

La segunda vez que apagó el cigarro, Dante aulló. Gritó fuerte y ronco, hasta que su voz no fue más que un sonido tembloroso. 

El tercero fue más doloroso que los anteriores. Dante lloró y lloró, observando impotente como Nero apagaba y prendía un nuevo cigarro, recorriendo el mismo recorrido antes de deslizarlo contra su clítoris y volver a repetir el ciclo.

Nero perdió la cuenta de cuántos cigarros habría prendido y apagado ya, pero sabía que había valido completamente la pena cuando vio las expresiones de Dante.

Tenía un rostro exquisito; completamente humedecido por las lágrimas y enrojecido por todas partes, incluyendo sus tetas.

Dante parecías estar perdido, demasiado atrofiado en el dolor y sin poder decir ninguna palabra clara.

Nero bebió de este Dante incompetente hasta que dio fin al castigo.

Un último cigarro fue prendido, y a comparación de los demás, no lo apagó con su clítoris.

“Abre.” Había dicho Nero, enseñándole a Dante lo que él se llevaba a la boca incontables veces, todos los días y en cualquier momento del día. “Saca la lengua, ahora.”

Con un nuevo rastro de lágrimas pintando su rostro, Dante abrió la boca, deslizando su lengua rosada y húmeda.

El dolor que sintió fue horrible, tan horrible como el que había sentido en su coño. El último cigarro había sido apagado con su lengua, y Dante cerró los ojos ante la oscura mirada de Nero, deseando que fuera el fin de toda esta tortura.

Afortunadamente para él, Nero por fin había terminado.

Retiró el cigarro y lo tiró en el cenicero junto con el resto de cigarros, observando con interés todo lo que había creado.

El coño de Dante hervía en carne cruda. Si pasaba la lengua por su coño, seguramente su lengua herviría en consecuencia. El desagradable olor del tabaco se hizo aún más fuerte, y aunque a Nero le desagradaba ese horrible aroma, parecía hacer juego con Dante.

“¿Lo ves? Puedes ser un buen chico si te lo propones.” Tarareó Nero, acariciando el coño maltratado de Dante mientras lo observaba temblar violentamente, quizás de dolor o de placer, no le importaba

“-N-Ne-Ne…”

“¿Sí, Dante?” Nero colocó su mano en su oreja, intentando escuchar a Dante, pero lo único que podía oír eran balbuceos sin sentido. “No logro entenderte, ¿qué quieres decir?”

“N-Nerooo…”

“Sí, Dante, aquí estoy. ¿Qué quieres, mmm?”

Inclinó la cabeza hacia un lado, mirando a Dante con tristeza fingida, esperando que dijera algo. Dante lucía, definitivamente, muy jodido.

Nero era consciente de lo masoquista que Dante podía llegar a ser. Este “castigo” no había sido más que un alivio para Dante, especialmente para su hinchado y maltratado clítoris que palpitaba con cada respiración.

Escuchó una palabra, solo una, y su sangre hirvió deliciosamente.

“F-Fóllame.”

Dante abrió aún más las piernas, llegando hasta lo doloroso. Su coño se humedeció más e invitó a Nero a colarse entre sus piernas. 

Nero saboreó la vista porque finalmente, finalmente Dante le estaba dando lo que Nero había deseado por mucho tiempo.

La promesa que Dante le había prometido años antes, cuando abrió su coño para él y le dijo que esperaría hasta que estuviera lo suficientemente grande lo había tenido a la espera hasta este día.

Y ahora por fin podía tener ese jugoso coño.

Con mucha rapidez, se deshizo de sus pantalones, dejando que su polla rebotara ahora que se había quitado su bóxer humedecido.

Dante lo miró con hambre aunque estuviera ido en su mayor parte, y Nero no pudo evitar reírse de él.

Sabía que su polla había crecido más desde aquella vez, ansiando satisfacer las necesidades de Dante. Parece ser que estaba cumpliendo sus expectativas correctamente.

Tomó el lubricante de la mesa y sin importar si desperdiciaba gran parte del bote, huntó el líquido por toda su longitud.

Estaba desesperado, no tenía la paciencia suficiente para untarlo y esparcirlo todo. Esta era la solución más rápida.

Y aunque Nero estaba desesperado, no lo estaba lo suficiente como para no jugar con Dante antes de rebanar sus sesos con su larga polla.

Frotó la cabeza de su pene contra el clítoris maltratado y a medio curar de Dante, y él en respuesta aulló, arqueando los dedos de los pies. 

Con la poca fuerza que tenía, empujó a Nero hasta sacarlo de su coño. Con la polla goteando y expectante, Dante ofreció su pecho.

Nero sopló divertido, viendo como la piel se erizaba y los vellos blanquecinos se elevaban en consecuencia de su aliento.

Nero había visto suficiente pornografia en su vida para entender qué es lo que quería Dante y, joder, la idea lo excitaba mucho.

Comerle las tetas a Dante había sido delicioso, pero nunca pensó en follarlas. Mierda, esto era como uno de sus tantos sueños húmedos.

Dante parecía complacido, ronroneando satisfecho ahora que tenía a Nero en donde quería. 

“Vamos, Nero.” Alentó Dante, sacando la lengua mientras dejaba caer una pequeña gota de saliva, goteando en la cabeza rojiza y brillante de su pene. “Jódeme las tetas.”

Quién era Nero para negar semejante petición.

Sin medir su fuerza, apretó el pecho de Dante, hasta que lo único que fue visible fue la cabeza acolchada y terriblemente adolorida de su polla.

Ambos gruñeron, el demonio de Dante ronroneó al unísono con el suyo, y Nero quiso silenciarlos con embestidas superficiales, probando la sensación.

Resultó ser más placentera de lo que esperaba.

Su labio inferior goteó sangre por lo duro que Nero estaba mordiendo, y no se perdió de vista la locura con la que Dante quería probarlo. Chilló frustrado, incapaz de morderle los labios a Nero mientras estaba en esa posición.

Aguantó tanto como pudo, jadeando ante las fuertes sacudidas de las caderas de Nero contra su piel. 

Nero se contuvo la mayor parte, porque ya estaba en el borde y también porque quería follar a Dante como lo merecía.

Detuvo sus embestidas cuando su vientre se calentó lo suficiente como para volverse insoportable. Siente el nudo del orgasmo en la boca del estómago, deseando salirse con la suya.

La idea de pintar la cara de Dante con su semen no era tan mala, considerando que Dante era un fanático de la porquería en la cara.

Sería una idea a explorar más adelante, por ahora, deseaba reclamar a Dante hasta lo más profundo de su ser. 

Tal vez sí lo follaba bien, podría eliminar el rastro de su padre y de cualquier persona que se haya atrevido a tocar a Dante.

Pensar en eso le provocó una deliciosa sacudida, más que dispuesto a poseer a Dante y reclamarlo como suyo.

El mismo Dante parecía desear lo mismo, luciendo inquieto en el sillón, queriendo que Nero volviera con él.

No iba a tener que esperar mucho, Nero no iba a ninguna parte.

La saliva, el líquido preseminal y el poco lubricante que sobró no serían suficientes para entrar en Dante. Y aunque era consciente del rasgo de dolor que a Dante le gustaba, Nero no era de esos amantes que disfrutaban causar dolor o incomodidad. 

Algo de Fortuna se quedó con él después de todo. 

Deslizó sus dedos en los muslos musculosos de Dante, tranquilizándolo mientras lo alentaba a abrir más las piernas. Desde aquí, tenía una deliciosa vista de él, más que preparado para recibir a Nero en todo su esplendor.

Decidió que algún día le tomaría una foto y lo pondría como fondo de pantalla, pensando en las imágenes que sacaría mientras esparcía más lubricante a lo largo de su falo, teniendo cuidado de no acercarse a un orgasmo prematuro antes de tiempo.

Con su otra mano, rodeó el borde de Dante, untando el poco lubricante que sobró de su polla.

Era incómodo, lo sabía, pero era necesario para que Dante no sufriera tanto. Lo ideal sería que le metiera los dedos a Dante y lo preparara adecuadamente para recibir su polla, pero si esperaban más, ambos morirían de desesperación.

Además, Dante siempre se saltaba los juegos previos, prefiriendo pasar al plato principal.

Mientras se acomodaba entre las piernas de Dante, escuchó una pequeña risa que atrajo su atención.

Dante ahora lo estaba mirando con el mismo hambre con el que Nero lo miró tiempo atrás, jadeando y babeando una pequeña cantidad de saliva.

“Vamos, chico, no seas tímido.” Susurró Dante, abriendo sus piernas aún más, invitándolo a pasar. “Lo quiero todo.”

“Ten paciencia.”

“He esperado demasiado.”

“Los buenos chicos siempre obtienen una recompensa al final, ¿no lo crees?” En este punto, el juego que habían iniciado ahora quedó en el olvido, pero Nero quería ver sufrir a Dante.

Las pupilas de Dante se dilataron aún más, con la respiración atascada en la garganta ante el apodo. Nero sabía cómo usarlo contra él y tener efecto, porque Dante se relamió los labios casi al instante, humedeciendo sus carnosos y gruesos labios en un gesto que solía hacer cuando estaba nervioso.

Nero sonrió con sorna.

Alinearse contra Dante fue un calvario. Tenía tantas ganas de hundirse en él, de entrar tan profundo, tan pero tan hondo que quería organizarle las entrañas.

Nero tomó la delantera, volviendo a frotarse contra el coño completamente curado que se contrajo apenas fue rozado, apretando algo que todavía no estaba dentro suyo.

Pobresito, Dante realmente lo quería.

Algo que Nero no tomó en cuenta y que quizás debió pensar con anticipación, fue en lo tramposo y desesperado que Dante podía llegar a ser. En una de esas embestidas ocasionales contra sus pliegues, Dante aprovechó y rodeó a Nero con sus piernas, presionando en el momento perfecto cuando el glande se enganchó con su entrada.

Dante miró una última vez a Nero antes de sonreír y, acto seguido, presionar con toda la fuerza que todavía tenía.

Como resultado, Nero terminó completamente enterrado en Dante, con su polla presionando profundamente dentro de Dante y con la cabeza en las nubes. 

Ambos sollozaron al mismo tiempo. Dante echó la cabeza hacia atrás, golpeándose contra el respaldo del sillón, aguantando la inmensa bruma de dolor por haber sido penetrado tan pronto.

Nero no la estaba pasando mucho mejor. Estuvo en riesgo de correrse varias veces, no habiendo planificado que Dante fuera un idiota codicioso.

Quería eyacular, joder, estaba palpitando tan fuerte que Dante vibraba con él. Su demonio estaba tan silencioso y, sin embargo, tan bullicioso a la vez.

Finalmente estaban dentro de Dante, donde pertenecían, donde siempre habían pertenecido.

Mío, joder, es todo mío, gruñó el demonio en su mente. Nero estaba demasiado abrumado como para pensar lo contrario.

Tomando las piernas temblorosas de Dante, los alzó hasta que quedaron pegados a su pecho, en una posición incómoda pero que le facilitaba el acceso a Nero como él quería.

Dante hipaba, sufriendo de una hipoxia leve ante esta nueva posición, pero aceptándolo de todas formas. 

“Sujétate bien, querido.”

Dante murmuró confundido, abriendo los ojos cuando Nero empujó más, con la polla aplastando fuertemente su cérvix. 

“AH- JODER, NERO-”

“Vamos, nena, puedes tomarlo todo.”

“Ne-rooooo”

No puede, en realidad no puede. Nero conoce perfectamente lo que está haciendo, intentando presionar más y más, forzando a Dante a un orgasmo precoz antes de follárselo correctamente.

“¿Qué pasa, Dante, no me dijiste que querías tener a mis crías?” Resopló contra sus labios, empujando y empujando, presionando fuerte y duro.

Dante se volvió un desastre de lamentos y maldiciones, golpeando a Nero con las piernas, intentando detenerlo, queriendo alejarlo, pero unas piernas temblorosas no harían nada contra él.

Dante quiso suplicar, quería correrse con las embestidas de Nero pero no podía. Dante abrió la boca y gritó, graznando el nombre de Nero cuando la cabeza se introdujo completamente en su útero.

Sollozó una última vez antes de gritar ronco y fuerte, mientras largos hilos de semen eran expulsados de su polla.

Su coño se apretó violentamente y Nero se mordió los labios cuando su polla fue apretada hasta lo imposible.

Dante lloró y lloró hasta que no pudo más, con las lágrimas cayendo a chorros sobre sus tetas y sobre el sofá hasta que ya no había más lágrimas que derramar.

Había sido el orgasmo más fuerte y duro que había tenido en su jodida vida sin necesidad de que Nero lo follara duro como él quería. Su cuerpo deshuesado se hundió en el mueble, aún temblando por las réplicas de su repentina eyaculación, sintiendo todo y nada a la vez.

Nero esperó, se tragó cada grito, gemido, expresión y llanto con la misma paciencia con la que amaba a Dante. Él también deseaba correrse, eclipsando el orgasmo de Dante con pequeños movimientos circulares que lo volvieron loco.

Nero tuvo que soportar su propio orgasmo. El coño de Dante lo estaba apretando deliciosamente, y lo único que pudo hacer para mantenerse ocupado y distraerse fue morder las piernas de Dante, en todos los lugares que pudiera, dejando heridas sangrantes y abiertas.

Esperó hasta que Dante se relajó, su interior comenzó estirarse después de la sacudida y Nero lo tomó como señal para empezar a moverse.

Dante volvió a sollozar, esta vez sin lágrimas, suplicando por piedad, queriendo que Nero se detuviera porque era demasiado, era jodidamente mucho para su cuerpo viejo y decrépito.

Nero besó el rostro de Dante sin importar en qué lugar cayeran sus labios: en la barbilla, en la nariz, en su frente, en las mejillas, en cualquier lugar que pudiera alcanzar, declarando un amor silencioso que, todavía, Nero no estaba dispuesto a confesar.

Era demasiado, sí, pero Dante lo aguantó y tomó todo, cada centímetro de su polla habida y por haber. Se lo tragaba tan bien que Nero reflexionó sobre los dones de Dante mientras se lo follaba.

Dante no había nacido para ser un cazador de demonios, había nacido para tomar pollas. 

Tenía un talento natural para ello. Dante murmuró incoherencias vulgares, Nero podía escucharlo perfectamente, importando poco si el sillón sonaba más fuerte que su voz por la intensidad de la cogida o si el sonido de su trasero chocando contra su pelvis era igual o más fuerte que eso.

Escuchó varios “follame más” y varios otros “quiero tu semen en mí”. Escuchó un jodido te amo pero Nero lo confundió con un quejido, quiso creer que así era. 

Ya estaba en el borde. Podría eyacular en cualquier momento, pero necesitaba algo, un incentivo que lo llevara a correrse. Y como si Dante hubiera escuchado sus pensamientos, se abalanzó contra Nero, besando sus labios con la misma intensidad y pasión de las folladas, y Nero vio blanco.

Su semen salió duro y lechoso, rellenando el cuello uterino de Dante con todo lo que debió ser. Con fuertes palpitaciones, fue soltando su descarga, todo mientras Dante le comía la boca con hambre y sed.

Sintió algo cálido salpicar en su abdomen, y descubrió que era el semen de Dante con un segundo doloroso orgasmo.

Llenarle el útero de semen fue lo suficientemente bueno como para empujarlo a venirse sin sentido. 

Fue bueno, porque Dante se alejó de sus labios y cayó al instante sobre el sofá, dormitando.

Nero se aguantó la risa y, con cuidado, soltó las muñecas de Dante, que ahora estaban rojas por las marcas de sus manos espectrales. Debió haber presionado muy fuerte, por lo que realizó pequeños masajes, favoreciendo la circulación.

Nero odió salir de Dante, pero alguien tenía que limpiar este desastre, y definitivamente no sería Dante. 

Su semen se derramó tan pronto como salió de Dante con un sonido obsceno. Genial, ahora tenía que limpiar el semen de los cojines.

Mientras Nero limpiaba el cuerpo abusado y bien satisfecho de Dante, lo escuchó murmurar entre sueños.

Debía tener un buen sueño, concluyó Nero cuando escuchó su nombre con tanto cariño que le dolió el corazón.

Ya hablarían de sus sentimientos después, por ahora, se aseguraría de cuidar a Dante hasta que despertara.

Y era una promesa.