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ítaca está esperando (Pierresteban)

Summary:

-Regresaste, regresaste- y sin dejarme decir una palabra, acerco sus labios contra los míos, deseo añejo que hoy podíamos probar, por instinto coloque mi brazo alrededor de su cintura y nos fundimos en un beso que conecto nuestras almas, su respiración era una briza fresca de verano y sus labios eran ambrosía para mí, un simple mortal que podía probar el olimpo en la tierra.

Había regresado a casa.

-Te lo prometí mi amor, siempre regresare a ti - dije cuando mi amor se separó de mí, viendo mi rostro cambiado por la guerra, el agua de mar y la ira de un dios enojado.

-Y yo nunca dudé.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Las olas del mar golpeaban la madera que crujía bajo mis pies, las murallas de agua eran tan altas que parecía que en cualquier momento Poseidón saldría de las negras aguas y con sus dedos fríos tomaría nuestra flota y lo partiría a la mitad.

Mis hombres gritaban entre los rayos, sus rostros ennegrecidos por la falta de luz les daba un aspecto macabro, la espuma de mar se coloca en la borda y se quedaba en nuestra piel, la sal en mis labios me recordaba donde estaba, en medio de la nada, bajo la ira de un dios vengativo.

Tratábamos mis hombres y yo en fijar una dirección concreta, aunque entre espuma, rayos y olas de fría naturaleza ¿Donde era seguro? Bajo el tridente del alguien o muertos por mi propia culpa.

Jalábamos la cuerda de la vela, el viento nos las arrebataba haciendo que las manos de mis hombres y las propias se abrieran con ardiente dolor, ardor que llego a incrustarse en mi cráneo al sentir como el agua de mar quemaba cada ápice de piel expuesta.

Volvimos a jalar, con los pies resbalosos contra la madera, mordiendo nuestras lenguas para no llorar a corazón abierto y rogamos para que el agua fuera convertida en cualquier cosa, algunos hombres jalaron de la cuerda, mientras otros trataban de sujetarse de algo, otros pocos rogaban al padre de los dioses que parara esto, que las olas se volvieran vino o algo mejor que esta fría agua que nos cortaba la respiración.

Gritamos buscando ánimo, volviendo a jalar para ver si la vela cedía esta vez. Los hombres jalaron dejando al aire un grito bestial, sabiendo que solo había dos salidas, o moríamos con la espuma de mar entre los labios y la piel azulada, o miraríamos el sol salir otra vez.

Todos nos aferramos del algo cuando un muro de agua se aproximó a nosotros, con el ardor entre las palmas, suspiramos, exhalamos y aceptamos lo que los dioses quisieran para nosotros.

Y la ola golpeo el barco sin piedad.

 

 

Los rayos de sol golpeaban mi cara, por instinto lleve una de mis manos hacia mis ojos para cubrirlas, pero algo había pasado.

Lo que fueron cuerdas húmedas, sal en la piel, ahora se sentía diferente. Áspero y húmedo, desmoronándose ante el toque de mis dedos.

Desperté sobresaltado abriendo los ojos con rapidez para ver lo que no podía creer... Ítaca, estaba en mi hogar, mis manos rojas y mallugadas no importaban ahora.

Había regresado, como mendigo me arrastré por la arena, dejando que se marcara en mis rodillas y que se impregnará en mi piel como deseando que la tierra me reclamara como uno y que el mar se alejara de mí.

Debí haber sido el último en bajar del barco, nuestra bestia de madera antes alta en orgullo ahora yacía sobre la arena puesta con desespero.

La tormenta nos había traído aquí.

Y ahora estaba en casa, el sol de la mañana había comenzado a teñir los cielos con un azul claro, el romper de las olas eran tranquilo y el viento cantaba tranquilo a mi llegada.

Como un crio aprendiendo a caminar me levante a tropezones, cayendo y volviendo a pararme, en dirección a mi palacio, que se alzaba con humildad, sus muros impenetrables de roca eran una advertencia de nuestra naturaleza.

Comencé a correr tanto como pude, mis piernas parecían bendecidas por Hermes mismo, me movía como el viento entre la arena... hasta que vi algo que me quito al aliento.

No algo.

Alguien.

Ahí estaba la razón de mis sueños, mi vida, y mi fuerza, mi razón de regresar.

Esteban.

Esteban usaba su quitón blanco y una clámide de azul profundo, su cabello de tinta se disparaba en miles de direcciones, parecía celestial. Su boca se abrió con sorpresa y sus mejillas se tornaron rojas de la emoción.

Dejando el decoro de reyes, Esteban corrió hacia mí con los brazos abiertos, y con cuatros pasos llego hasta mí.

No podía creer lo que veía, mi esposo, Esteban, fuego de mis deseos, su cabello normalmente corto había crecido y ahora salían mechones que enmarcaban su rostro, su piel pálida había adquirido un tono dorado y sus manos temblaban mientras sostenía mi rostro.

     -Regresaste, regresaste- y sin dejarme decir una palabra, acerco sus labios contra los míos, deseo añejo que hoy podíamos probar, por instinto coloque mi brazo alrededor de su cintura y nos fundimos en un beso que conecto nuestras almas, su respiración era una briza fresca de verano y sus labios eran ambrosía para mí, un simple mortal que podía probar el olimpo en la tierra.

Había regresado a casa.

     -Te lo prometí mi amor, siempre regresare a ti – dije cuando mi amor se separó de mí, viendo mi rostro cambiado por la guerra, el agua de mar y la ira de un dios enojado.

     -Y yo nunca dudé.

Dijo dulcemente mientras volvía a darme un casto beso sobre mis labios.

Y sin más regresamos a nuestro palacio, donde ahora podíamos gobernar como era debido.

La tarde se pasó entre comidas, toques de afirmación por parte de Esteban que no paraba de verme como si en un momento fuera desaparecer.

No era necesario, si Hades mismo abriera las fauces de la tierra para tragarme, encontraría una forma de volver hacia él.

Mis ropajes desgarrados fueron cambiados rápidamente mientras Esteban extasiado mandaba a informar a todos en la isla que daría una cena en mi honor.

Me pusieron un quitón nuevo con hilos de oro, cortesía de Tindáreo, y por último una clámide de color purpura.

     -Ahora me veo como un rey.

Dije mientras Esteban pasaba una mano contra mi barba, me imaginaba que con sus finos dedos tejería un hermoso cuadro que contara la historia del tiempo mismo, y como habría de acabar la tierra que pisamos.

      -Siempre has sido un rey, Pierre rey de Ítaca- dijo riendo por lo bajo

Esteban entre ratos me tomaba de la clámide y me jalaba un beso hasta que le faltaba la respiración y nos teníamos que separar.

La cena empezó hermosamente, había higos y queso fresco, pescado con hierbas, pan aromático. Las copas fueron llenadas con el vino más dulce y las personas charlaban como viejos amigos, este era mi lugar, mi reino al lado de mi esposo.

Esteban me beso la mejilla mientras reía por mi barba que le daba cosquillas, acercando su boca hasta mi oreja para susurrarme algo "Qué bueno que no invitamos a mi padre "dijo con tono cariñoso, pero nostálgico y después como epifanía, tomo de su copa y reía, acomodando su cabello hacia la izquierda.

Las personas dejaron de hablar y mi mirada se posó en Esteban que ahora estaba como estatua sobre su asiento, su mirada taciturna me veía con duda

     -Esto – respire tragando con dificultad - ¿Esto no es real verdad? - mi nariz pico y mis ojos ardieron tratando de no quebrarme en uno de los días más felices de mi vida.

     -Pierre a que te refieres... -

     -Me dijiste que era bueno no haber invitado a tu padre a nuestra unión - trague pesado - el día que nos unimos, comimos pescado con hierbas vino dulce y en las mesas había higos jugosos y... - Mi voz se quebró y la resistencia de llorar parecía que se había roto, mientras una lagrima caliente bajaba por mi mejilla.

Esteban tomo la gota de melancolía y limpio mi mejilla – Es tan real como quieras creerlo amor – Esteban alzo mi rostro para que pudiera verlo –Esto paso mi amor, ese día no unimos a ojos de los dioses y ni ellos pueden sepáranos -

     -No merezco eso, no merezco tu amor – no pude más y rompí en llanto, mientras la escena se volvía fría, no había invitados, solo Esteban y yo contra la soledad de la culpa – No después de todo lo que he hecho -

Esteban bajo su larguirucho cuerpo hasta mi altura y tomo mis manos entre la suyas, mientras besaba mis nudillos - ¿Por qué crees que no te querría? -

     -Porque soy un mounstro - dije como si decir aquello me exhumará de todo lo que he hecho, como si el escarlata de mis dedos se lavara, incluso ahora en este recuerdo los ojos de mi amor son la única luz que necesito, su opinión es la única que quiero – He hecho cosas que-que... los dioses me odian, con eso es más suficiente-

Esteban alejo sus manos de mi cuerpo en un movimiento que quemaba cada parte de mí, pensé que era el final, Incluso en mi cansada mente, Esteban no me creía merecedor del perdón, no lo culpo, ni yo me siento merecedor de ello.

     -Vamos Pierre – Esteban me ofreció la mano, alce el rostro como si el cielo se abriera ante mis ojos –Volvamos adentro.

Él me levanto de mi miseria y nos condujimos a nuestra habitación, nuestro lecho hecho de la madera de un olivo, una promesa que parecía olvidada por todos, hasta por mí, menos por Esteban.

Esteban acaricio mi rostro entre el silencio sepulcral de la noche, me abrazo como si tuvieras miedo de que me fuera otra vez, acerco su fina nariz y aspiro mi aroma, como si pudiera grabarse eso en su memoria. Sonrió con sus dientes de conejo, que aun entre las sombras relucían como perlas.

Después tomo las capas de tela y las paso por afuera de mi cuerpo, hasta que quede como recién nacido, esteban me miro de arriba a abajo y por instinto cubrí mi desnudes de mi esposo, mis mejillas ardieron como si fuera una joven virginal en su noche de bodas.

Esteban se dio la vuelta y sin más ceremonia se quitó los ropajes, su piel tostada brillaba bajo los suaves rayos de luz que se filtraban de la fiesta, después volteo desnudo como afrodita al nacer, su piel se adornaba por vellos esparcidos que creaban un camino hacia se sexo, por primera vez en años me sentí débil de ver a mi esposo desnudo.

Él se acercó a mí con paso seguro hasta llegar hasta mi cara, tomo mi rostro entre sus dedos y después me beso como si pudiéramos fundirnos, el sabor del vino en su lengua me invitaba a ahogarme entre sus labios, después se separó, tomo una de mis manos y la llevo a su corazón.

     -Cuando regreses quiero escuchar todo- Esteban trazo un círculo con mis dedos – Lo bueno, lo malo, tus arrepentimientos... quiero oír todo-

     -No te vas a gusta lo que escuches, no soy el hombre del que te enamoraste- la culpa me carcomía, de haber matado al maldito vástago de Poseidón ahora estaría... quien sabe dónde, baje la cara con dolor, como podrían sus amables ojos, verme y perdonarme, como podría ver su rostro y decirle que todo seguía igual.

     -Eso no te corresponde decidirlo – Esteban arrebato mi mano del pecho y me tomo bruscamente, su rostro reflejaba duda – Cuando regreses, cuando me cuentes te diré que pienso – mi amor se acercó una vez más a mí, besándome como antes y sin darme cuenta una gota de tristeza callo de mis ojos, Esteban atrapo la lagrima con uno de sus finos dedos y lo llevo a su boca –Cuando regreses yo decidiré si te perdono o no... -

     -Esteban yo-

     -Cuando regreses mi amor- él beso mi cuero cabelludo mientras una lagrima volvía a caer contra el suelo –Prométeme que regresaras- Esta vez Esteban no pudo atrapar mi tristeza.

     -Te lo prometo.

     -Cuando regreses tendremos todo el tiempo del mundo- temblé como si aun siguiera en esa cueva – Ahora vamos a la cama.

Esteban tomo mi mano y me llevo hasta nuestra cama, yo estaba como muerto, las manos de mi esposo eran frías, como si ya no fuera real, tomo mi naturaleza desnuda y me deposito en la cama, después se acostó a mi lado, acercándome contra su pecho.

     -Dime que me amas- no se dé dónde salió eso, pero necesitaba escuchar eso de sus labios.

     -Te amo- dijo contra mi oreja, mientras pasaba una de sus manos contra mi abdomen, mi cuerpo se sentía más pequeño y frio.

     -Otra vez-

     -Te amo-

     -Otra vez-

     -Te amo-

 

     - ¡CAPITAN!- mi lengua sabia a sal y mis manos ardían, el cuerpo dolía como si un toro me hubiera pasado encima.

Quería volver a mi hogar, mi espalda contra el pecho de mi esposo en una noche templada vino sobre sus labios y la piel caliente de Esteban contra la mí.

Si los dioses realmente fueran buenos me habrían dejado ahogarme con sal en la boca y una mentira en la mente.

     - ¡CAPITAN! POR FAVOR DESPIERTE -

Abrí los ojos gritando como si regresara a la vida, mis manos aun ardían, levantándome con pesades, el cielo seguía oscuro con nubes de gris, las olas eran monstros y nosotros éramos las ovejas que se querían comer.

     - ¡MANOS A LAS CUERDAS Y TIREN! -

Mis hombres jalaron dolidos tratando de ajustar su vereda entre tierra azul y movediza hacia aguas más tranquilas, mis manos ardían, mis labios sabían a sal y mi mente seguía igual de pesada.

Pero debía regresar a Ítaca, debía de besar las manos de mi Esteban y rogar por perdón, aun si eso significaba que debía matar a Poseidón.

Jalamos una vez más mientras una de las olas se alzaba como un caballo salvaje, listo para atacarme, listo para chocar con el barco.

Apretamos las manos, pasamos fuerza a las piernas, y con rabia en los dientes, cuerpo dolido esperamos el golpe de la ola.

     -¡QUÉ ESTAS ESPERANDO! - grite al cielo y al amar - ¡ATACA REY DEL MAR! - y la ola ataco, y todo en lo que pude pensar fue en los amables ojos de mi Esteban  

 

 

 

 

Notes:

Hola, nuevo one shot, esta vez de una de las parejas que más disfruto leer, Pierresteban, mamones me parece una ship tan infravalorada.

Esta historia nace de tres cosas.

1.mi amiga y yo borrachas, mientras yo le contaba como Pierre y Esteban siempre parecían girar al rededor del otro y como es que están ligados por el destino.

2. Estar recientemente obsesionada con los mitos griegos

3. Escuchar Epic, tantas veces que mi familia se preocupa por mí,

Esos son los ingredientes para crear este fic que ame escribir y que espero que les guste.

originalmente eran 500 palabras, pero nunca se cuando parar

Espero les guste y que le den una oportunidad a la ship.

Los amo byeeeeeeeeeeeee