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Amanecer:
Cuando lo ves, sabes que la oscura, fría y tortuosa noche finalmente termina para darle paso al día. Para muchos, el amanecer es un nuevo comienzo, uno que los despierta de un largo sueño que poco a poco los consume, y lo único que pueden hacer es aferrarse a la esperanza latente de que una nueva oportunidad por fin llegó.
Otros lo detestan porque es la señal que no pidieron para seguir estancados en la aburrida y vacía rutina; para ellos, la verdadera libertad está al anochecer, donde pueden expresarse sin miedo al prejuicio social que los persigue a diario. Y luego están los tibios, esos que ven la noche como su enemiga mental, pero de una manera masoquista lo aman y el día es su carcelero de sueños, aunque igual disfrutan la adrenalina de la segunda oportunidad diaria.
Hasta hace unos años yo era fiel miembro del segundo grupo: el de los melancólicos de la noche. Con mis responsabilidades como príncipe, no tenía tiempo para tener esperanza o segundas oportunidades. Ni siquiera estaba seguro de tener algún sueño o meta que cumplir como los demás; simplemente existía, sin la chispa para vivir.
Todo hasta que la conocí a ella...
No es que ella me salvó de un pozo profundo del cual no podía salir, sino que brillaba tanto que podía mostrarle a cualquiera la capacidad que tenía dentro de sí mismo.A diferencia de mí, ella podía vivir confiando sin entender.Era tan opuesta a mí que se volvió un reto cada vez que estábamos juntos. Si yo dudaba, ella hacía todo lo humanamente posible para confiar por los dos; si yo actuaba con malicia, ella mostraba amor.
Su comportamiento era tan extraño y nuevo para mí... De forma racional podría decirse que fue la diferencia tan grande en nuestra crianza. Ella, criada en una humilde zapatería por su madre, viviendo carencias que todo obrero podría tener, y después escalar abismalmente en la pirámide social hasta llegar a ser princesa para cualquiera suscitaría un cambio. Pero sus padres siempre estuvieron presentes, enseñándole y brindándole amor.
Amor... No le pondría esa palabra a lo que siento por ella.No sé exactamente qué es el amor, pero estoy seguro de que mis sentimientos no encajan con lo que me enseñaron de él.
El amor es bondadoso, paciente, no es egoísta. Amar es darlo todo por alguien, incluso si pierdes la capacidad de pensar. Amar es sufrir, pero incluso en el dolor tienes la dicha de tener paz. Amar es tener fe... es una decisión que no estoy seguro de tomar.
Quisiera poder hacer todo eso por ella, es mi anhelo más grande, pero la sola idea de fallar me pone los cabellos de punta, porque no me perdonaría apagar la luz de alguien tan especial como Sofía, una persona tan pura que compartió su brillo conmigo en el momento que no tenía fuerzas ni para despertar.
"Negación, estás en negación" Eso es lo que me dijo James uno de los tantos días que buscaba su consejo.Algo tonto de mi parte, hacerlo con el hermano de la persona que me quita el sueño desde que la conocí.
Recuerdo el primer día como si fuera ayer, ella intentaba entrar al equipo de Derby, algo que las princesas no deberían hacer... o al menos estaba mal visto hasta que ella llegó. Actué como un idiota durante la carrera. En ese entonces no me cabía en la cabeza como alguien puede esforzarse tanto en algo que todos le decían que no era capaz de hacer. Era erráticamente revolucionaria a su manera.
Fui educado para obedecer todo lo que me dijeran sin cuestionar. En casa nadie podía contradecir lo que padre ordenara; tal vez por miedo, tal vez por costumbre.
Lo cierto es que el mundo de la realeza tiene demasiados protocolos absurdos. Y aunque en ese tiempo era defensor a muerte de las reglas, me alegra haber estado equivocado, porque, Sofía, ese día entraste a mi mente como una dueña regresando a su hogar después de mucho tiempo fuera. Creo que estábamos destinados a conocernos.
A veces pienso que el tiempo es cruel. A veces, lo veo como un enemigo silencioso esperando para atacar en el peor momento.Porque, cuando por fin empiezo a cuestionarme lo que siento, ya casi es tarde.
Diez días... Solo diez tristes días para que cada uno decida su camino y nuestras almas se separen por mucho tiempo... o tal vez para siempre. Diez días para decidir si darlo todo vale la pena o perderlo todo y vivir bajo la costumbre de lo que no se dijo.
