Chapter Text
El camerino huele a incienso, a sudor y a soledad.
Las luces blancas del espejo parpadean como si también estuvieran agotadas, como si todo en esa habitación quisiera apagarse con él. Afuera, miles de personas gritan su nombre, corean letras que escribió llorando en un cuarto de hotel o borracho en la parte trasera de un auto.
Son los gritos de quienes lo admiran, lo idolatran, lo necesitan. Pero Jeno no quiere que lo necesiten.
Quiere que lo abracen.
Quiere que él lo abrace.
Se sienta frente al espejo, con la remera empapada en la espalda, el maquillaje a medio sacar, la respiracion aun agitada por las canciones que acaba de cantar. Su reflejo le devuelve una mirada vacía, de esas que duelen más que un golpe, e intenta sacar una sonrisa.
Y como siempre, falla.
La comisura izquierda de su boca apenas se levanta antes de caerse derrotada y suspira. Agarra el celular y lo desbloquea casi sin pensarlo, como un acto reflejo. Sabe qué va a encontrar y lo hace igual, aunque le pese el corazón.
Jaemin.
Jaemin y Jaehyun.
Jaemin sonriendo como si hace un año no hubiese estado en los brazos de Jeno rogandole que no se vaya. Jaemin, en un viñedo de Italia, con un vino caro y las manos entrelazadas con un tipo que tiene todo lo que Jeno no pudo darle.
—Te ves feliz —susurra, apenas un hilo de voz. Le tiembla un poco la mano, pero sujeta su telefono lo suficientemente fuerte para no tirarlo.
Renjun entra sin tocar la puerta, como siempre. Está acostumbrado a cruzar la línea de lo privado, es el único que puede hacerlo sin que Jeno lo saque a los gritos.
—Están pidiendo otra canción, el estadio está enloquecido —dice, con una media sonrisa. Pero los ojos de Lee están puestos en la pantalla del celular, en la foto.
En él.
—No voy a salir. Deciles que fue la última, que estoy cansado.
Renjun se apoyó contra la pared y cruzó los brazos, él sabe que no es el cansancio. Lo ha visto en este estado antes, con los ojos brillosos y la mandíbula tensa.
Su dolor con nombre y apellido.
—¿Lo volviste a ver?
—Subió una foto. Pero no borró las nuestras, Ren. Después de todo un año, las sigue teniendo ahí.
—Tal vez no puede. Tal vez tampoco te olvidó.
Jeno lo mira y casi se ríe, casi.
—Claro, por eso está abrazando a otro.
Renjun se calla, no hay mucho más que decir.
Lo único peor que perder a alguien es imaginar que la otra persona ya te olvidó, y aún así no poder dejar de pensar en ella.
Afuera, el rugido de los fans sigue, se sienten tan lejos como si estuvieran en otro país. Jeno vuelve a abrir el perfil de Jaemin, aún lo sigue. Lo sigue desde una cuenta privada, una que no tiene su nombre real.
Nunca dejó de seguirlo.
Le da me gusta a todas sus fotos, incluso a las que no debería.
Y Jaemin... Jaemin nunca lo bloqueó.
Como si dejarle la puerta entreabierta fuera mejor que cerrarla.
[...]
—¿Por qué lo dejaste ir? —le había preguntado Mark meses atrás, en un bar con olor a alcohol y sudor. Mark siempre hablaba en voz baja cuando se ponía serio y esa noche lo hizo.
Jeno no respondió enseguida. Lo pensó, lo masticó y lo tragó con el hielo que se derretía en su copa.
—Porque no sabía cómo amarlo y vivir así al mismo tiempo.
Y era verdad.
Jaemin le pedía cosas simples:
Desayunar juntos sin esconderse, ir al cine sin mil flashes cegandolos. Poder caminar por la calle sin que los siguieran, reírse en voz alta sin que lo subieran a Twitter.
Y Jeno ya no podía ofrecerle nada de eso.
Estaba atrapado entre shows, entrevistas, rumores, contratos, escándalos.
No había espacio para lo real.
Y Jaemin era eso: la única cosa real que había tenido en su vida.
[...]
Jeno se cambió la ropa, se puso una campera ancha, una gorra y subio al techo del hotel. Renjun lo siguio con la mirada durante todo el recorrido que hizo, pero no le dijo nada. Sabe que necesita ese espacio.
El viento arriba era más fresco, las luces de la ciudad titilaban. Todo parecia más callado allá arriba, incluso su propio dolor.
Se sentó con la guitarra sobre las piernas, apoyado contra un caño oxidado y tocó unos acordes suaves, sin apuro.
Como si no le doliera.
Como si no estuviera por quebrarse.
Y cantó, bajito, como para él mismo.
"¿Quién estará besando esos labios?
Me tiene pensando, yo antes no era así..."
Cierra los ojos y la voz se le rompe.
Pero sigue.
Porque si algo le enseñó el escenario es que hay que cantar incluso cuando todo arde.
Un año atras...
—¿Viste el TikTok que te mandé? —Jaemin se reia, tapándose la boca con la manga del buzo de Jeno que estaba utilizando.
Se encontraban acostados el uno al lado del otro, pero igualmente el menor le mandaba videos por chat. Las calles de Seul estaban repletas de la fria nieve de diciembre, no habia mejor plan que hacer de estufa humana para su pareja.
—Dios, sos un nene.
—Pero mirá la cara del perro. ¡Decime que no sos vos cuando estás enojado!- El mayor solo pudo sonreirle y asentir a lo que su bonito novio le habia dicho.
Empezaron un tierno beso que hizo que sus frios labios se calentaran un poco. Al separarse, Jaemin solo pudo admirar los ojos de cachorrito de Lee. Y Jeno solo pudo admirar el brillo que emanaban los ojos de su pareja.
—¿Criticamos la ropa de todos los invitados del Met Gala o nos dormimos ya? —preguntó Jeno riéndose.
—¿Qué clase de pregunta es esa? Obvio que criticamos.- dijo y empezaron a buscar en twitter los outfits de los famosos que habian asistido al evento.
Y se quedaron ahí.
En la cama.
En casa.
En su pequeño mundo sin fotógrafos ni escandalos.
Y Jeno solo pudo mirar el cielo.
La canción no lo iba a traer de vuelta, él lo sabia. Pero lo hacia sentir un poco más cerca.
Y eso era suficiente, al menos en ese momento.
