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Sé de algo que puede ayudarte

Summary:

En un mal día, una taza de té puede ayudar mucho más de lo que crees.

Notes:

¡Te doy la bienvenida a este fic!
Para tener contexto de algunos detalles importantes en la historia, por favor consulta la serie completa.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Habían pasado cuatro días desde que ocurrió esa serie de eventos que culminaron dejando a Ike atrapado en una tormenta en la intemperie. La vida había regresado a la normalidad en el castillo de Askr, con las misiones y tareas que Kiran y la Orden de Héroes tenían que hacer diariamente, o dentro de un límite de tiempo determinado.

 

Era un día tranquilo y relativamente normal para casi todos los héroes que habitaban en Askr… menos para alguien que estaba, aparentemente, de un terrible humor.

   - ¡Buenas tardes, Azura! – la saludó alegremente L’Arachel en uno de los pasillos, mientras ambas iban en sentidos opuestos.

   - Hola, L’Arachel. – Azura contestó fríamente, mientras caminaba con una notoria lentitud, casi como si estuviera intentando moverse lo menos posible.

   - Oh, estás de malas. Siento haberte molestado. – la joven de cabello verde pareció haberse ofendido un poco por la actitud de la dama de cabello celeste.

 

Lo que la princesa no sabía era que la cantante no estaba molesta con ella ni con nadie en particular. Ese ceño fruncido y expresión de fastidio no eran causados por el enojo, sino por el dolor físico.

 

Era el primer día del periodo de Azura, el día en que sentía más dolor de todo el ciclo. Aunque el dolor físico era, generalmente, algo que era capaz de manejar, ese primer día había sido particularmente difícil, debido a que sentía inusualmente inflamada.

 

Avanzó unos pocos pasos más a lo largo del pasillo, y cuando ya no pudo más, la dama dejó su lanza recargada sobre la pared y se sentó en uno de los divanes color arena distribuidos a lo largo del castillo. Una vez sentada, puso su mano derecha sobre su vientre bajo, acariciándolo en movimientos circulares.

   - “¿Por qué tenía que empezar hoy?” – pensó Azura para sí misma, sintiendo un fuerte dolor en la parte baja de su abdomen. – “Como ya me había comprometido con Dorothea, Lene, y Phina para una práctica de canto, no podía cancelarles en el último minuto. Pero, la verdad, hoy siento mucho dolor, más de lo normal, y lo único que quiero en este momento es estar en cama y no pensar en esto.”

 

Mientras ella intentaba calmar su dolor, un héroe de cabello y ojos azules pasó a su lado. En cuanto la vio, Ike notó el lenguaje corporal de la cantante, y supo que algo estaba mal.

   - ¿Te encuentras bien, Azura? – le preguntó, con un tono preocupado.

   - ¡Ike! – ella contestó sorprendida, intentando ocultar el dolor en su voz. – ¡Hola! Sí, estoy bien, gracias por preguntar. Hace rato fui a la Torre de Práctica, y me cansé un poco. – cerró sus ojos e intentó sonreír. – Estaré bien, sólo necesito descansar un momento. No te preocupes por mí.

 

Era la primera vez que se veían desde que regresaron al castillo, hacía ya tres días, y aunque ella hubiera preferido encontrarse con él estando en mejores condiciones, no quería preocuparlo con un concepto que, ella pensaba, quizá, tal vez ni siquiera conocía.

 

Aunque estaba forzándose a sonreír, Azura seguía rodeando su vientre con su mano, así que nada de lo que dijo para asegurarle que estaba bien, convenció al héroe legendario.

   - Desde aquí puedo ver que tienes mucho dolor. – declaró Ike, en un tono directo.

   - … No quiero hablar de ese tema, por favor. Mientras menos piense en eso, será mejor. – la dama respondió, resignada, volviendo a lucir miserable.

   - …

   - …

   - …

   - …

   - Espérame aquí, por favor. No tardaré más de 15 minutos. Sé de algo que puede ayudarte. – él le dijo, mientras empezaba a moverse hacia el fondo del pasillo.

   - ¡Ike, espera! ¿A dónde…? – ella intentó preguntarle qué iba a hacer, pero se movió tan rápido que no tuvo oportunidad de hacerlo.

 

La cantante ya había decidido confiar en él desde aquella noche tormentosa, así que lo esperó sentada en el diván. Durante los larguísimos 15 minutos que ella estuvo esperándolo, imaginaba qué era lo que haría o a quién traería. Tal vez le pediría a Mist que aminorara su dolor con su bastón sanador, o quizá le llevaría a alguien que supiera un hechizo para que no sintiera esa incomodidad.

 

Por fin, después de aguardar durante un cuarto de hora, la cantante vio que Ike estaba regresando a su ubicación. Caminaba solo, desplazándose un poco más despacio de lo que normalmente lo hacía, sosteniendo algo con ambas manos. Al acercarse más, Azura pudo ver que el héroe legendario llevaba una elegante taza color blanco, envuelta por una toalla de cocina del mismo color.

   - Disculpa la tardanza. – Ike se puso enfrente de ella. – ¿Puedo sentarme a tu lado?

   - Claro. – ella se movió un poco para hacerle espacio en el diván.

   - Gracias. – él se sentó a su izquierda, y extendió sus manos para acercarle la taza. – Te hice un té de jengibre. No tiene un sabor muy particular, así que le puse un poco de jugo de limón y dos cucharadas de miel para hacerlo más agradable. – suspiró brevemente. – Este té ayuda cuando te sientes inflamada y tienes cólicos fuertes. – sonrió. – Espero que te sirva.

 

Azura estaba anonadada por lo que acababa de ver y escuchar. Ella ya había tomado té de jengibre para aliviar los dolores menstruales en el pasado; la bebida en sí no era lo que la había sorprendido. Su sorpresa venía del hecho de que, de todos los miembros de la Orden de Héroes, Ike fuera uno de los que conociesen las propiedades y usos para esa bebida.

 

Su primer pensamiento fue que él, seguramente, sabía de ese tema por su hermana; ésa era la respuesta obvia. Sin embargo, la creciente curiosidad la invadía, y quería saber más de cómo fue que Ike aprendió sobre ese tema.

   - Muchas gracias. – tomó la taza con ambas manos, todavía impresionada por lo que dijo e hizo por ella. – No quiero parecer entrometida, pero ¿cómo es que conoces sobre esto?

   - Mi madre me enseñó cuando era niño. – le respondió con una sonrisa sincera y un poco de tristeza en sus ojos. – Ella me enseñó que hacer un té, también es una forma en la que puedo ayudar a quien lo necesita.

   - Tu madre… – era la primera vez que Azura escuchaba a Ike hablar de su madre.

 


 

Una delicada figura de largo cabello azul oscuro movía una cuchara dentro de una taza de cerámica, en la mesa de una humilde cocina. Un pequeño niño, con el mismo color de cabello, se le acercó para ver qué estaba haciendo.

   - ¿Qué haces, mamá? – preguntó el pequeño, mientras veía a su madre terminar de mover la cuchara metálica dentro de la taza.

   - Estoy haciendo un té de jengibre, hijito. – respondió con cariño una gentil voz.

   - ¡Ewww, té! – volteó a ver el rostro de su madre. – No me gusta el té. No le encuentro la gracia a tomar el agua donde se hirvieron hierbas y raíces.

   - Sé que no te gusta, y que te parece un concepto tonto, pero los tés pueden ayudar mucho más de lo que crees. – Elena tomó su taza, y se movió para salir de la cocina. – Por ejemplo, voy a beber este té, porque no me siento muy bien hoy.

   - ¿¡Qué sucede, mamá!? – Ike se veía horrorizado.

   - No te asustes, mi vida. – ella intentó calmarlo, mientras se sentaba en su silla del comedor. – Recuerdas que te expliqué sobre el ciclo menstrual y la menstruación, ¿verdad?

   - ¿Lo de la sangre cada mes? – dijo el niño burdamente, mientras se sentaba a su lado. – Sí, me acuerdo de eso, mamá.

   - Qué bueno que lo recuerdas, pero no le digas así, por favor. – la dama dio un sorbo a su té. – Durante los primeros días de la menstruación, algunas personas pueden experimentar fuertes dolores, y tomar un buen té es una forma de ayudarles a calmarlo. A veces a mí también me duele, y por eso hago este té de jengibre, con un poco de jugo de limón y miel para endulzarlo.

   - Entonces, ¿tomar té puede ayudarte a que no te duela cuando te pasa eso?

   - Sí, puede ayudar.

   - ¡Enséñame a hacer té, mamá! ¡Por favor! – Ike le pidió entusiastamente a su madre. – La próxima vez que te sientas mal, yo haré el té para ayudarte.

 

Elena se sorprendió un poco por la inusual petición de su joven hijo, pero le sonrió porque, rápidamente, entendió que el deseo de Ike era ayudarla, y evitarle el dolor.

   - Claro que te enseñaré a hacer té de jengibre, cariño. – ella acarició afectuosamente la cabeza del muchacho. – Y este té no sólo me puede ayudar a mí. Cuando tu hermana crezca, tal vez a ella también le pueda ayudar.

   - ¿A Mist también le va a pasar lo de la sangre?

   - Probablemente sí, cuando sea más grande, pero yo me encargaré de explicárselo en su momento. – asintió con la cabeza. – Es un proceso natural en el cuerpo, y no hay razón para avergonzarse de eso.

   - ¿Les pasa a todas las mujeres?

   - A una gran parte de ellas. – Elena se levantó de la mesa. – La receta de té que te enseñaré le puede servir a otras mujeres que conozcas eventualmente, como a una amiga, a una compañera de los Mercenarios, a una cliente de los Mercenarios, o incluso a una persona muy especial que podrías conocer en el futuro.

   - ¿Por qué esa persona sería muy especial? – el niño no estaba seguro a qué se refería su madre en esa última parte.

   - No te preocupes por eso ahora. Lo sabrás en su momento. – Elena le sonrió. – ¿Estás listo para aprender a hacer té, Ike?

   - ¡Sí, mamá! – una gran sonrisa se dibujó en su rostro. – Cuando haga este té, siempre voy a pensar en este día y en ti.

   - ¡Ah, mi bebé! – ella besó su pequeña frente.

   - Te quiero mucho, mamá. – él la abrazó, y ella correspondió su abrazo.

 


 

Azura contempló al héroe legendario durante todo su relato, y aún sin haber bebido del té, ya sentía una agradable calidez en su interior.

   - Aunque jamás podré experimentar por mí mismo cómo se siente un dolor menstrual, deseo que nadie tenga que pasar por eso. – Ike observó que había una lágrima a la mitad de la mejilla derecha de Azura. – ¡Oh no! No llores, por favor. Yo…

   - Estoy bien, Ike. Es sólo una lágrima. – ella secó la lágrima que seguía bajando por su mejilla. – Tu historia me conmovió mucho. Si ya me sentía agradecida contigo por haberme hecho un té, escucharte hablar con tanto cariño sobre tu madre, así como conocer lo que significa para ti hacer un té de jengibre… bueno… – le sonrió de forma sincera. – Creo que la mejor forma de resumirlo es agradeciéndote desde el fondo de mi corazón.

   - No tienes nada que agradecer. – él le volvió a sonreír. – Ahora bebe tu té, o se enfriará, y el té tibio no sabe muy bien.

   - Es cierto. – asintió. – ¡Salud!

 

Azura acercó sus labios a la taza, y empezó a beber la cálida infusión. Él le sugirió que lo hiciera con cuidado y despacio, porque podría quemarse la garganta o la lengua si lo hacía muy rápido.

 

Cuando terminó el primer sorbo, la cantante suspiró y volteó a ver al espadachín.

   - ¡Qué reconfortante se siente! – ella observó el vapor que salía de la taza. – Tenías razón con lo del sabor. El limón y la miel le ayudan mucho. – volteó a verlo. – ¡Muchas gracias!

   - Me alegra que te gustara. – suspiró con satisfacción. – El té debería empezar a hacer efecto en un rato. Quédate aquí un…

 

Antes de que pudiera terminar de hablar, Ike vio cómo Azura recargaba su cabeza sobre su brazo, con una pequeña sonrisa en su rostro.

   - Ya me estoy empezando a sentir mejor. Estar en esta posición seguro también me ayudará. – una pequeña risa escapó de sus labios.

   - … – él no pudo evitar sonrojarse un poco cuando sintió el peso de su cabeza y su cabello sobre la piel de su brazo. – Termina tu té para que sigas sintiéndote mejor.

   - Sí, me lo terminaré. Pero me quedaré en esta posición hasta que termine. – le dijo en un tono tranquilo.

   - Está bien. – Ike cerró los ojos y sonrió ligeramente. – Toma todo el tiempo que necesites para terminar tu té. – suspiró. – Creo que yo también me estoy sintiendo mejor.

   - No sabía que sentías mal, Ike. – le dio otro sorbo al té.

   - No me sentía mal, pero me estoy sintiendo muy bien aquí. – siguió sonriendo.

   - Yo también. – se acurrucó en su brazo. – Dorothea, Lene, y Phina pueden esperarme un rato más, ¿verdad?

   - Claro que sí. – él la rodeó con lo que quedaba libre de su brazo. – Claro que sí.

 

Fin.

 

Notes:

¡Muchas gracias por leer!
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Ike and Azura, from Fire Emblem, in pixel art. They’re holding red roses in their hands. Suddenly, Azura kisses Ike in the cheek, and he blushes.

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