Chapter Text
Soundtrack
PRISET — Pleasure
El viernes pasó en un parpadeo, como si el día entero hubiera sido apenas un suspiro entre el brillo de los reflectores y el calor de los vestidores. Ya entrada la noche, las tres chicas compartían la cena entre risas suaves, aún con los ecos del estudio vibrando en sus cuerpos: las poses, los vestidos, los nervios, los silencios cargados… y el momento íntimo que Zoey y Rumi habían compartido apenas unas horas antes.
La película de acción que eligieron fue la excusa perfecta para dejarse llevar. Cada explosión, cada derrape, cada salto imposible provocaba comentarios emocionados, risas contenidas y miradas cómplices entre las tres, como si por un instante fueran simples chicas fantaseando con carreras imposibles y no un equipo al borde de una premiación importante.
Después de lavar los platos, con Zoey quejándose cariñosamente de que las alphas no sabían enjuagar bien y Mira acusando a Rumi de ser la culpable, llegó el momento de retirarse, justo cuando Zoey explicó que quería dormir sola esa noche.
Su pre-celo ya se hacía notar: el calor bajo la piel, la irritabilidad, la incomodidad constante. No quería empujarlas sin querer, ni sofocarse entre cuerpos ajenos cuando ni siquiera podía regular su propio sueño.
—No quiero que estén incómodas… y yo tampoco quiero ser una molestia.— había dicho, con esa mezcla suya de vulnerabilidad y terquedad que ambas alphas conocían demasiado bien. —Casi nunca duermo y no quiero quitarles el sueño cuando mañana es un día importante.
Mira y Rumi no protestaron, lo tomaron como rechazo, al contrario, la entendieron, la protegieron con una sonrisa suave y le aseguraron que ella también debía descansar bien teniendo en cuenta que era muy probable que mañana llegará su celo y tal vez estaría mucho más cansada que de costumbre, el primer día siempre era el peor.
—Descansa, peque, intentanlo al menos.— murmuró Mira.
—Cualquier cosa, nos llamas.— agregó Rumi, rozándole un hombro con delicadeza dejando un corto beso en su mejilla.
Cuando Zoey se acomodó en su nido, respirando un poco más tranquila, las alphas se retiraron a la habitación de Mira. Allí, el silencio era un poco diferente, más íntimo, más cálido. Ambas se acomodaron entre cobijas gruesas, revisando videos en sus teléfonos sin hablar, pero compartiendo la misma energía tranquila, era el tipo de silencio que solo nace cuando dos personas se entienden sin esfuerzo.
Mira se quedó dormida primero, como siempre, boca abajo, una mano colgando de la cama tocando la alfombra afelpada, la otra perdida entre las almohadas. Rumi tardó un poco más en rendirse, el cansancio la vencía, pero la mente seguía girando: Zoey, el estudio, la mirada de Mira… y ese gesto pequeño que la omega le regaló antes de dormir, una caricia rápida en la mejilla que parecía insignificante, pero que aún sentía en la piel.
Cuando por fin empezó a relajarse, una de sus manos cayó sobre su propio estómago; la otra quedó cerca de la de Mira, apenas rozando la almohada. Al principio fue un toque accidental, un roce pequeño, tímido, como un suspiro que no quería hacerse oír, pero luego el dorso de la mano de Mira se inclinó apenas, como si su cuerpo durmiendo buscará calor conocido.
Rumi sintió que el corazón le dio un salto, el contacto era mínimo, casi imperceptible… pero suficiente para que algo se encendiera en el centro de su pecho. Sus dedos se buscaron sin abrir los ojos, un toque suave, una pregunta silenciosa.
Un ¿estás aquí?
Y cuando el meñique de una encontró el meñique de la otra, no fue accidente, fue decisión, fue reconocimiento. El pequeño lazo entre sus dedos era cálido, sutil, frágil como una promesa que ninguna de las dos sabía cómo poner en palabras. Mira, aún medio dormida, sonrió sin siquiera darse cuenta y Rumi, ya a punto de rendirse al sueño, sintió que esa diminuta unión le aflojaba el alma como pocas cosas podían.
—Buenas noches…— susurró Rumi, apenas audible.
—Hmmm… buenas noches, Ru.— murmuró Mira, perdida entre sueños.
Los meñiques siguieron enlazados, un gesto sencillo, íntimo, que nadie más vería; una pequeño ancla entre dos corazones que cada vez estaban más cerca de volverse uno solo.
Durante la madrugada, Mira gruñó apenas, un sonido grave y ronco, estirándose como si su cuerpo aún quisiera seguir dormido. Al girarse, lo primero que vio fue a Rumi completamente envuelta en las cobijas, solo su cabello asomando y un pequeño peluche de tigre atrapado entre sus brazos. No hacía tanto frío… pero verla así, recogida y tranquila, le provocó una ola tibia en el pecho.
Con movimientos lentos, casi ceremoniales, acomodó la cobija para cubrir mejor los hombros de la chica. Después, conteniendo la respiración, salió de la cama con cuidado para no mover el colchón, sus pies tocaron la alfombra y avanzó hacia la puerta con paso perezoso.
El pasillo estaba medio iluminado por la luz tenue que provenía de la ventana del salón. Con un ojo cerrado y el otro apenas abierto, Mira bostezó largamente, una mano sobando su nuca y la otra metida bajo su suéter de pijama, rascándose el estómago con movimientos lentos por pura inercia. Le pesaba el cuerpo, la mente, el estrés del día que estaba por venir; gruñó otra vez, flojo, antes de meterse al baño.
Cerró la puerta con suavidad, el agua, el silencio, el breve descanso… y luego volvió a salir igual de somnolienta, arrastrando casi los pies por el pasillo. Iba directa a su cuarto, hasta que se detuvo…
Un sonido suave, apenas un gemido… apagado, contenido, casi ahogado. El origen era claro: la habitación de Zoey. Mira parpadeó, al principio confundida, pensando que la había imaginado, pero entonces llegó el segundo sonido, leve, tembloroso y con él, un aroma delicado que atravesó la quietud del pasillo como un hilo caliente: dulce, húmedo, tibio… omega.
No un olor fuerte, no uno deliberado, sino uno que se escapaba, uno que pedía ayuda sin palabras.
Instinto.
La alpha sintió su respiración frenarse, no por deseo, al menos no solo por deseo, sino por alarma. Zoey estaba sola. Su novia estaba atravesando su pre-celo y estaba sufriendo. En puntas de pie, se acercó, obligándose a mantener su pecho quieto, su feromona neutral, no quería asustarla, no quería cruzar límites.
Solo quería asegurarse.
La puerta no estaba completamente cerrada: había una rendija minúscula, apenas suficiente para ver sombras. Mira se inclinó un poco, cuidando no hacer ruido. Dentro, el nido parecía vivo, un montón de mantas tensas y sueltas, almohadas movidas, telas que parecían respirar. Entre ellas, el cuerpo de Zoey se arqueaba apenas, muy despacio, como si buscara una posición que nunca llegaba a satisfacerla. Sus muslos temblaban bajo la cobija, sus manos se apretaban contra las sábanas, y cada movimiento era una mezcla exquisita de incomodidad y placer involuntario.
Su respiración era irregular, caliente, tormentosa. Los gemidos seguían siendo bajos, casi desesperados por no escapar de su garganta, pero cuando uno se filtró más claro, más frágil, el olor se volvió más nítido y todo lo que Mira podía pensar entonces de su novia se volvió mero instinto.
Omega.
Celo.
Necesidad.
La llamaba, por supuesto que si, después de todo era su novia, la necesidad se desbordaba y Mira cerró los ojos un instante buscando control. La escena era íntima, dolorosamente íntima, algo que ninguna alpha debía mirar sin consentimiento, sin embargo, el instinto de proteger, de asegurarse, pesó más que el pudor.
Se inclinó otro poco, con la respiración sostenida.
Zoey se encogió entre las mantas, presionando su rostro contra una almohada, su espalda curvándose de nuevo en un espasmo tímido. Los gemidos se hicieron aún más suaves, más rotos. La piel de su cuello brillaba ligeramente bajo el reflejo de la luz nocturna, y la manera en que se retorcía hablaba por sí sola: hormigueo, calor, vacío, urgencia.
Mira tragó saliva, no podía entrar, no debía. No importaba si era su novia, Zoey no le había dado su consentimiento, no se lo había pedido, y si había aprendido algo en todos estos años de conocerla, era que la omega siempre debía sentirse en control, de lo contrario, su mente la transportaba a rincones oscuros que no eran sanos caer en celo.
Pero tampoco podía irse sin asegurarse de que no estaba en peligro, su garganta vibró conteniendo un gruñido por la contradicción de sus pensamientos. Un tercer gemido, tembloroso, quebró la línea de su autocontrol alpha. Había dolor ahí, ansiedad, desesperación. Así que, con la voz más baja, suave y controlada que pudo reunir, Mira se acercó un centímetro más a la rendija… y murmuró casi sin sonido.
—Zoey… ¿estás bien?
La respiración de la omega se cortó de inmediato, el aroma cambió y Mira sintió cómo su propio corazón daba un golpe seco dentro del pecho. Entonces se escuchó un ruido, luego un par de pasos, y en un parpadeo la puerta se abrió con presura, Mira se sorprendió tragando el grito de asombro al ver a la omega sudorosa, sonrojada y con solo una camisa holgada cubriendo su pecho.
La siguiente pregunta murió en su garganta cuando ambas manos de la pequeña se cerraron en puños en el cuello de su suéter y con un movimiento rápido la jalo hacia ella besando con hambre los labios secos de la alpha que gimió con sorpresa. Un segundo después Mira cayó en la cama de la omega, quien gruñó al ver a la mayor arruinar su nido.
Mira, abrumada por el aroma y asustada por la mirada de la más pequeña se acomodo en el nido que estaba húmedo y olía profundamente a la esencia de la pequeña, mientras acomodaba las barreras del nido hasta que la más joven bufo satisfecha y entró en el mismo sentándose a horcajadas sobre las caderas de la alpha que volvió a jadear cuando un beso mucho más hambriento le robó el aliento.
—Zoey…— jadeo con esfuerzo la alpha. —¿Estas…?
—Callate…— demandó en un suspiro pesado la omega empujando los hombros de la más alta hasta que chocaron contra el colchón. —No te muevas… alpha.
—Zoey…
—Si lo haces…— ladró con una mirada profunda clavada en los ojos de la alpha que sentía las piernas débiles. —Pasarás el resto de mi celo fuera de mi habitación.
Mira abrió grande los ojos, un quejido lastimero y molesto brotó de sus labios antes de poder detenerlo, y antes de poder decir algo la suave risa de la omega que pasaba sus manos por su cuello y pecho vestido la confundieron, ¿había hecho algo para molestarla?
—La verdad es que…— comenzó la omega dejando cortos y húmedos besos en la mejilla de Mira mientras bajaba hacia su oreja, cuello y hombros. —Muy pronto estaré entre ustedes dos, pero sabes bien que me gusta divertirme…— Mira jadeo ahogadamente cuando sintió que Zoey se presionaba con más fuerza en su entrepierna. —Y ustedes me harán rogar tanto que de imaginarlo me hace excitarme más…— el gemido que golpeó su oreja dejó a la alpha abrumada, su mente ya viajando al mismo escenario. —Así que al menos ahora solo quiero divertirme un poco.
—Eres una omega tan traviesa…
—Lo sé.— la mordida nada suave en su hombro hizo gruñir a la alpha. —Y me amas así.
Mira sintió su cuerpo tensarse mientras la sangre se apresuraba a su entrepierna. La imagen de la omega frotandose sobre una almohada, la misma que ahora estaba a centímetros de ella, mientras con una mano estimulaba su pecho bajo la camisa y la otra sostenía su peso de no caer hacia adelante era algo que podía ver raras veces, pero siempre regresaba a ella cuando terminaban en esa posicion.
Una idea morbosa cruzando su mente.
La omega olió el ligero cambio en la habitación, un aroma picante a canela flotaba bajo de ella que delataba la posesividad y orgullo de la mujer. Zoey se levantó apenas un poco, su mirada dilatada y piel sonrojada, se clavó en los ojos y con un solo gesto ordenó quitar el suéter de pijama, cosa que la alpha hizo con cierto nerviosismo, quedando totalmente desnuda, sus pechos un poco más pequeños en comparación a los de Rumi, quedaron totalmente al aire.
—Buena alpha.
Mira pasó una mano por el muslo derecho de la omega sintiendo la humedad que escurría mientras la otra desapareció debajo de la camiseta por la espalda de la menor. A un paso de decir algo escucho un gruñido molesto de la omega que con el ceño fruncido la hizo detener totalmente sus movimientos.
—¿Qué sucede…?
Sus manos fueron retiradas de inmediato, ambas sujetas a cada lado de su cabeza, las manos de la omega apretaba con fuerza sus muñecas emitiendo el más corto de los gruñidos.
—¿...Zoey?
—Te lo dije ¿no es así?— tarareo la omega mordiendo un pezón de la alpha. —Tengo ganas de jugar un poco.
Subió hasta el cuello de la alpha sonriendo al ver el temblor que recorrió a la mujer. Una idea perversa pasó por su mente al momento en que sujetaba con fuerza parte de la piel del hombro de Mira, tal vez ella no podía marcar como lo hacen los alphas, pero ciertamente puede recordarle a la alpha a quien pertenece.
Y la reacción de Mira fue más que deseosa por ello, si la leve ondulación de pecho y su respiración agitada era delator de ello.
—Parece que debo marcar cada parte de ti para que ningún omega se vuelva a acercar.
—¿Eh?— el gruñido de la omega la hizo tragar saliva. —Oh, si, yo… lo siento, no sabía…
—¿No sabías qué?— una mordida un poco más fuerte en su hombro la hizo exhalar. —Era más que obvio que esa omega quería restregarse contra ti.
—Pero eso no fue…— Mira suspiro pesadamente, entrando rápidamente a este pequeño juego de rol improvisado que la omega había empezado. —No fue mi culpa…
—Eso es lo último que deberías decir…— Zoey gruño apretando con mayor fuerza las muñecas de Mira, la imagen pasajera de su novia atrapada entre dos omegas esa noche en el antro volvió a ella. —Te recuerdo demasiado sonriente esa noche en el antro junto a esas dos zorras.
—...
Mira se quedó sin palabras, su respiración se atascó, si, era un juego improvisado, pero tal parece la omega aún está enojada con ella por esa ocasión.
—Por eso me asegurare de dejar mi aroma en ti…— Zoey comenzó a mover su cadera sobre los abdominales bien definidos de la alpha sonriendo al ver la reacción de la mujer. —Cada parte de ti.
Zoey siguió sus movimientos lentamente esparciendo su lubricante natural sobre el vientre de la alpha. Las manos de Mira se apretaron en puños queriendo recorrer sus piernas con lentitud, pero se resistió cuando Zoey bajó para compartir un beso cargado de deseo y anhelo por poseer.
Zoey comenzó a mover sus manos, bajando por sus brazos, hacia su clavícula mientras continuaba el movimiento de su cadera. Sus besos recorrieron el cuello de la mujer que se flexionaba y levantaba la cabeza permitiendo a la omega seguir con su trabajo. Sus manos bajaron posándose ligeramente sobre las piernas de Zoey.
—Quieta.— gruñó la omega al sentir como Mira comenzaba a mover su cadera queriendo fricción. —O de lo contrario te echaré de mi cama.— la omega sintió el titubeo de la alpha así que susurró sensualmente a su odio mientras volvía a tomar sus muñecas para ponerlas sobre su cabeza. —Sabes que no miento.
—De acuerdo.— murmuró la alpha tragando con fuerza mientras clavaba sus pies a la base de la cama.
—Buena chica.
Zoey miró con orgullo como parecía ser que la alpha se estremeció con ese apodo. Con una mano logró bajar el short de dormir de la mujer empujandolo por sus piernas sin mucho cuidado, viendo el boxer de comprensión de la alpha donde su miembro ya se hacía más notorio.
—Quitalo.
Sin esperar más tiempo y con movimientos rápidos Mira bajo el boxer hasta los muslos antes de patearlo fuera con sus pies.
—Si las bajas me voy a detener, ¿quedo claro?
—...Si.
Zoey seguía meciéndose sobre el vientre de Mira emitiendo gemidos y jadeos excitados. Se echó hacia atrás después de haber besado y dejado cortos mordiscos ligeramente rojos en la piel clara del pecho, cuello y hombros de la alpha.
Con ambas manos mantuvo su vista clavada en la alpha mientras comenzaba a desabotonar uno por uno, iniciando desde abajo, la camiseta que llevaba puesta. Mira trago con fuerza cuando los pechos de la omega aparecieron a su vista, la camisa salió volando quedando colgando del espejo de la cómoda.
Mira clavó sus pies con fuerza en la cama respirando profundamente al apreciar la desnudez completa de la omega. Sus ojos viajando al centro de la omega que escurría lubricante. El ligero movimiento de Zoey echando el cuerpo hacia atrás mientras dirigía una mano a su intimidad y comenzaba a estimular su clítoris dejó a la alpha deseosa de ver más.
—Más.—gruño Mira. —Tócate más para mí.
Zoey no pudo evitar sonreír emitiendo más gemidos cuando introdujo dos dedos dentro de ella y seguía estimulando su clítoris con la palma. Su mano izquierda sosteniendo su cuerpo apretaba con fuerza el muslo de Mira mientras comenzaba a tocarse más rápido.
Su otra mano acariciaba deliberadamente y sin ritmo el miembro descubierto de la mayor que ya estaba en su máximo tamaño y a punto de explotar debido a la excitación de ver a su omega dándose placer.
—Si te corres…— gimió la omega apretando con fuerza el miembro de la mujer viendo el gesto placentero de la alpha que gruñó, acelerando su ritmo. —No te volverás a correr en toda mi celo.
La alpha abrió los ojos perpleja cuando la omega comenzó a jadear con mayor fuerza mientras que ahora se sostenía con la mano izquierda frente a ella. Un clímax intenso casi derribó a la omega sobre el cuerpo de la alpha que solo se mantenía expectante, tragando cada temblor de la omega con codicia.
La esencia quedó esparcida sobre el cuerpo de Mira y con una sonrisa arrogante Zoey comenzó a esparcirlo sobre cada pedazo de piel. Pasando sus manos por los pechos de la alpha rodeando con sus dedos los pezones de la alpha que gimió excitada sintiendo que no podía más.
—No tienes derecho a tener el aroma de otro omega que no sea el mio.— Zoey miró el miembro duro de la alpha y con una mirada depredadora solo bajó lo suficiente para dejar un corto beso en la base antes de subir y susurrar al oído de Mira. —Ahora vete antes de que Rumi despierte y te venga a buscar.
Con incredulidad Mira comenzó a sentarse sintiendo pegajosa y claramente excitada, no entendiendo nada cuando vio a la omega acostarse detrás de ella cubriéndose con una manta.
—¿Qué?— exclamó perpleja la alpha. —¿En serio me vas a dejar así?
—Y más te vale no tocarte ni lavarte.— la mirada que le regaló Zoey detrás de la cobija era sumamente seductora como indiferente. —Lo quiero todo para mi celo, no me vas a quedar mal, ¿o si?
Mira salió del nido con un gruñido mientras buscaba su suéter y su ropa interior, cubriéndose con movimientos pausados intentando no sobre estimular su zona íntima que dolía.
—No… por supuesto que no.
—Perfecto.— la omega le guiño el ojo cuando Mira ya estaba caminando hacia la salida. —Porque deseo que mis dos alphas me consientan como no tienes idea.
La alpha trago saliva y salió de la habitación caminando pausadamente hasta su propia habitación, su mente sumida en sus pensamientos, tanto que no se dio cuenta que Rumia estaba despierta hasta que la escucho bufar divertida. Sus miradas se cruzaron a la distancia, la mirada divertida como emocionada de Rumi la hizo entender una cosa en ese momento.
Zoey le había dado la misma advertencia a la líder.
Y ambas sabían perfectamente que no debían hacer enojar a su omega.
—Será una noche larga… y dura, ¿no Mira?
—Callate Rumi.— la chica se sentó en su lado de la cama escuchando reír a la mayor. —Vamos a castigar a esa omega traviesa después.
—Oh sí, eso es una promesa.
