Chapter Text
•
Richard maldito Grayson se masturbaba con un pantalón de pijama de Hello Kitty mío. Y, según palabras de Stephanie, no sólo él. También los demás. Cuatro vampiros de casi cincuenta años masturbándose con un estúpido pantalón que llegó a mi guardarropa después de que el señor Stark decidió quitarme el traje de Spider-Man por no ser nada sin él.
Con un pantalón mío. Mío. Horas de excitación rotas al inspirar el aroma de un trozo de tela.
No supe si sentirme halagado, asqueado, o, por otro lado, hacerle caso a mi consciencia pecadora como todo un idiota. Me fui más por sentirme asqueado. No por el hecho de lo que hacían con algo mío, sino porque tuvieron que hurtarlo como ratas. Sin ofender a Stephanie.
Deduje que fue a ella a quien vi aquella noche antes de volver a ser Spider-Man. Si su poder era la invisibilidad, entonces muy posiblemente sí fue ella. Con razón Spoiler aparecía en los lugares más inexplicables sin que nadie la viera antes.
Si ella poseía tal poder, ¿cuál sería el de los demás? Bruce Wayne se convertía en niebla, ¿pero acaso su gran fama de señor de la noche le otorgaba más poderes? Fue una lástima que me odiara tanto. Me habría gustado mucho hacerle varias preguntas acerca de su vida vampírica en general, pero supuse que si intentaba acercarme a él me daría otra paliza.
Y por más que sintiera intriga, preferí mantenerme fuera de su radar. Como también me obligué a ignorar las ganas de escribirle a Dick y decirle lo sucio que era.
Por eso, para eliminar cada pensamiento que seguramente me llevaría a cometer una locura, fui a jugar a ser un héroe. Eso siempre servía para despejar la mente.
Los días en Gotham eran mucho más tranquilos que las noches. Supuse que se debía a que la noche invitaba a la gente a pecar con más frecuencia. No es que estuviera bien, pero a las personas no les importaba lo que estaba bien o estaba mal.
Por eso, siempre que realizaba patrullas diurnas me aburría. Los casos seguían existiendo, solo que en menor cantidad. Ese día me había detenido para comer un sándwich (ojalá hubiera un Delmar en Gotham) en la cima de una azotea. Era un día tranquilo de verano, dentro de todo.
La ciudad era la misma. Las personas convivían con normalidad (el tipo de normalidad de Gotham), los animales ladraban, los gatos maullaban. En general, la ciudad vivía. Vivía como jamás lo había hecho hasta mi llegada. Fue refrescante, en cierto punto, saber que por mí las cosas cambiaron.
No es que fuera egocéntrico ni nada, pero bueno, admitir mis obras no me iba a hacer daño.
Mi sentido arácnido se disparó en el instante que una persona se me acercó por la espalda. Di un mordisco. El pan duro (más duro de lo que debería haber sido) se convirtió en una masa dentro del interior de mi boca.
—Hola, arañita —murmuró Black Cat, acariciando mis hombros con sus manos. La calidez de su aliento acarició mi barbilla al ella arrimarse a mi rostro.
Se había vuelto una costumbre. Y la verdad no me molestaba.
—¿Me harás compañía hoy, gatita?
Di un último mordisco al sándwich. No fue el mejor, pero al menos me quitó el hambre que siempre me atacaba a las tres de la tarde.
—Tengo muchas ganas de pasar tiempo de calidad juntos —comentó, sentándose a un lado mío sobre la cornisa —. ¿Qué te parece?
—Genial.
Su compañía no era mala, en lo absoluto. Seguía siendo Felicia, solo que más coqueta y más…ladrona.
Miré hacia la ciudad que retumbaba bajo nuestro: varias patrullas danzaron entre las calles custodiando el vecindario. Eso también se volvió un hábito desde mi llegada. Las patrullas aumentaron. De ese modo los ciudadanos podían vivir con más normalidad. Y la hostilidad que los caracterizada había comenzado a disminuir.
Fue un excelente cambio.
Black Cat balanceó sus pies sobre la ciudad. Deduje que empezaría a sacar temas de conversiones curiosos, porque siempre que lo hacía empezaba a preguntar.
—Así que…¿los murciélagos ya se desprendieron de tus redes?
Mis labios se fruncieron. Ella lo notó, por supuesto que sí, dado que aún no había bajado mi máscara. Me encogí de hombros, restándole la importancia que se merecía.
—Creo que no les gustó convertirse en mis presas.
—Ah, pero yo creo que sí —respondió Black Cat, casi que riendo —. No se habrían arrastrado tanto por ti sino.
—¿Cómo lo sabes?
—Todo Gotham lo sabe, cariño —dijo, barriendo el aire con la mano —. Nightwing prácticamente te rogó para hablar delante de mucha gente. Y ya no te ven a su lado como antes.
Eso era…cierto. Desde el momento que llegó Spider-Man a Gotham se había visto abierto con respecto a los murciélagos. Con todos, no solo con ellos. Con el único que no mostró interés fue con Batman. Y si es que alguien los vio juntos, fue en el momento de aquella paliza monstruosa.
—Soy más independiente.
La risa de Felicia vibró en mis oídos.
—Ni tú te crees esa mentira.
Mentira. Una vez más con eso.
No dependía de ellos para todo. Y me frustraba tanto que la gente no lo viera. O sea, sí, sí los amaba, pero de amarlos a vivir por ellos existía una brecha muy grande. Una cosa no se relacionaba con la otra.
—¿Por qué estamos hablando de esto otra vez?
—¿Otra vez? —inquirió, con una sonrisa inocente en los labios.
No me quité la máscara por completo. No fue necesario.
—Acabemos con los juegos de una vez, Black Cat.
—Es una lástima —suspiró, subiendo los pies a la cornisa hasta sentarse con las piernas cruzadas —. Amo los juegos.
Sí. Lo sabía.
—¿Por qué, Felicia?
—Ya te lo dije. Estoy ahorrando dinero para la universidad.
Y lo entendía, pero no lo justificaba.
Se suponía que yo como héroe debía detener a los criminales como ella, y ahí estaba, teniendo una conversación decente con una ladrona porque era mi amiga. Sí que era mi amiga, tanto en su alterego como cuando era ella misma.
—¿Por qué así?
—Es la salida fácil, Pete —sentenció, centrando la mirada en sus rodillas. Sus dedos tomaron un pelo de gato del pantalón de cuero. No tuve que preguntar de dónde había salido: ella y su tía tenían gatos —. No la buena, ni la correcta. Es fácil. Además, ser Black Cat es parte de lo que soy.
Tanto como Spider-Man era parte de mí. La diferencia entre ambos fue abismal. Porque ella creaba caos y to intentaba remediarlo.
—Me juraste lealtad.
—Y te la di, ¿no? —sus ojos dieron con los míos, tan hermosos y sinceros —. Sigo aquí.
Jamás se fue, al contrario de los chicos.
El susurro del viento alzó su cabello por los aires, despeinado su cola de caballo perfecta. Felicia no se inmutó, permaneció tan serena como antes.
—¿Por qué?
Su encogimiento de hombros me tomó desprevenido.
—Te reconocí un día —soltó, apoyando la barbilla entre sus rodillas —. No me viste, pero yo a ti sí. Estabas distraído en ese momento viendo a la ciudad. Distraído, no sólo. Te acompañaba Robin. Los conozco tan bien como tú, Peter. Desde antes incluso, por mi tía. Sé lo que son.
El corazón me dio un vuelco. Temí porque ellas supieran de su condición vampírica y que eso pudiera afectarles la vida. Ella debió notarlo, porque tomó una de mis manos entre la suya.
—No tienes que negarlo, Pete. Sé que los chicos son justicieros.
Oh. No sabe lo otro.
Fue un alivio, en cierta parte. Aunque eso tenía sentido. Era por eso que les caían tan mal. Lo que no tenía sentido era que Selina no conociera su condición considerando que había tenido algunas aventuras con Batman muchos años antes.
A menos que lo supiera, pero que no se lo hubiera comentado a Felicia.
—Aquel día vi cómo te miraba —continuó Felicia, permitiendo que la brisa acariciara su rostro. No dejó de lado mi mano en ningún momento —. Vi como tú lo mirabas. Solamente quise cuídate de él.
—Batman —deduje, ignorando el estremecimiento que recorrió mi cuerpo.
Ella asintió.
—Sí, él es la peste mayor entre ellos. Sabía que te haría daño. Y no me equivoqué.
—No. Lo hizo.
—Y ellos no interfirieron —soltó, regresando a su posición original. Mi mirada fue atraída por el vaivén de sus pies —. Es algo que podía ocurrir. Jamás han ido en contra de su padre.
Jamás irían en contra de él tampoco. Fue mi error creer que eso podía pasar en algún momento. Batman y ellos eran familia. Era obvio que ninguno permitiría que un extraño se interpusiera entre ellos y lo arruinara todo.
Un extraño como lo era yo.
—¿Entonces por qué me preguntas por nuestra relación otra vez?
—Verlos arrastrarse por ti es algo grotesco —respondió Felicia. Su rostro se transformó en una mueca de asco que duró unos segundos antes de regresar a como estaba antes y mirarme —. No has hablado con ellos.
—No pienso hacerlo.
No quería hacerlo.
Mi decisión quizá podía llegar a considerarse inmadura ante los ojos de los demás, pero para mí era lo correcto. Hablar con ellos no iba a solucionar nada si ninguno tenía la intención de decirme lo que yo deseaba escuchar. Y si me decían lo que deseaba escuchar, todo ese cuento de la dignidad se iría por el cañón.
—Bueno, no puedo hacer más por sus estúpidas caras.
¿Qué?
Alcé una ceja, incrédulo. Felicia era una caja de sorpresas, porque jamás imaginé que ella, la chica que los odiaba tanto, fuera capaz de interesarse por el bien de los chicos y ayudarlos en temas amorosos.
Aunque quizá no se trataba de ellos.
—¿Los estás ayudando?
—Indirectamente, sí —sonrió, llevando su mirada hacia el cielo nublado —. Confío en que no les dirás esto.
—Nunca.
No pensaba hablar con ellos de nada por el momento. Tal vez jamás. La repuesta dependía de mi estado de animo los siguientes años.
El cuero de la ropa de Felicia crujió cuando ella se puso en pie, soltando mi mano. La observé estirarse como si fuera un gato, hipnotizado por sus movimientos. La sonrisa en sus labios se ensanchó al notar que la estaba mirando, y dijo, tan dulce como siempre:
—Anda, arañita. Juguemos un rato.
—¿Al gato y al ratón? —pregunté, poniéndome en pie.
Fue difícil ignorar la penetrante mirada que nos observaba desde el edificio vecino. Fue difícil ignorar el aroma a chocolate que el viento atrajo hasta mí como si supiera exactamente lo que deseaba en ese momento.
Fue difícil, pero no imposible.
Bajé la mascara hasta cubrir todo mi rostro. Felicia lo tomó como señal para comenzar el juego.
—No. A la gata y la araña.
BATBOYS 👾
Damian (15:34 pm): ¿Prefiere a la gata antes que a nosotros?
Damian (15:34 pm): Parecía muy contento jugando con ella a las atrapadas.
Damian (15:34 pm): Peter me está enloqueciendo. Necesito que se detenga ya.
Dick (15:39 pm): no es fácil, dami 🥺
Dick (15:39 pm): básicamente lo dejamos solo en manos de bruce cuando podíamos evitarlo
Tim (16:14 pm): no me tientes a ver qué hace @Damian, me estoy aguantando bastante bien las ganas
Tim (16:14 pm): quieres que me odie?
Damian (16:34 pm): Esto una mierda.
Damian (16:34 pm): Si pudiera hablar con él una sola vez de todo sería feliz.
Jason (16:54 pm): 🙄
Jason (16:54 pm): lo necesitas ahora?
Dick (17:21 pm): 🤔 quieres tenerlo?
Damian (17:34 pm): Joder.
Damian (17:34 pm): Sí, me lo quiero coger. El otro día olía estúpidamente delicioso. ¿Algún problema?
Dick (17:46 pm): nos levantamos bravos eh
Jason (17:52 pm): típico
Tim (17:56 pm): dejen de tentarme a mirarlo! Tengo una racha desde que me amenazó 🥺
Jason (18:12 pm): nadie te tienta a nada
Jason (18:12 pm): pero ya que estamos, desde que bruce lo golpeó huele más rico
Dick (18:23 pm): lo sabía! su aroma es más fuerte
Damian (18:34 pm): ¿Ninguno de ustedes lee? Eso ocurrió porque Peter terminó de madurar para nosotros. Como una fruta. Debía pasar por una situación estresante para volverse nuestro permanentemente.
Jason (18:38 pm): ya veo
Jason (18:38 pm): eso explica por qué no puedo dejar de mirarlo
Tim (18:43 pm): los odio. No voy a caer por ustedes, espero que lo sepan
Tim ha salido del chat.
Entonces, la pregunta del siglo era: ¿por qué los villanos de Gotham tenían que ser tan creativos con sus locuras? ¿Por qué no simplemente decidían robar o crear drogas como villanos normales?
No, no, todos iban por lo fácil.
Convertirse en cosas. Primero estaba el tipo de esteroides, que lastimosamente hacía unos años había partido del mundo. Eso fue lo más normal de todo, porque el tipo ese tenía casi la edad de Batman. Cualquiera que fuera su edad, por supuesto. Luego iba el Joker, que era un loquito bien loquito, incluso con su avanzada edad. El hombre de arcilla. Ese sí que no moriría aunque pasaran los años. Y muchos más.
Y ahora estaba ese, un pulpo, que se balanceaba dentro de la piscina más asquerosa que había visto en la vida como si fuera un rey.
Su tamaño sí que era algo descomunal. ¿Cómo hizo para crecer así? Aposté internamente a que fue por una droga.
—No te metas en mi territorio, araña —gruñó Batman, antes de convertirse en niebla.
El como llegué a estar en un lugar cerrado con él durante una noche cualquiera de verano era interesante, porque ni siquiera yo lo sabía. Ese día decidí cambiar de vecindario, ya que tenía una rutina durante la semana de qué vecindario cuidar o no. Una cosa llevó a la otra y me encontré sobre un galpón abandonado del cual emergían sonidos raros.
No gemidos o así, raros de verdad. Con la ayuda de Karen nos metimos en él, y oh, sorpresa, Batman también había decidido investigarlo. O ya de por sí lo estaba cuidando desde antes. Cualquiera que fuera el caso, decidí dejar atrás las diferencias e intentar trabajar mano a mano con él para ponerle fin a ese loco.
Antes de llegar él se encargó de unos secuaces, pero quedaban otros.
—No quiero ser grosero, viejo, de verdad que no, ¿pero sí he das cuenta que busco ayudarte, no?
Una de mis telarañas cayó sobre uno de los hombres que faltaban. El grito que pegó al ser lanzado al otro extremo del galpón retumbó dentro de este.
—Tengo mis propios compañeros para trabajar.
—Ya —Batman era un hueso duro de roer. Me llevé las manos a la cadera, como si no estuviera viendo la escena más grotesca de la vida desarrollarse delante mío —. ¿Entonces prefieres que te deje solo?
Los tentáculos del villano rebotaron contra el suelo de hormigón en un intento de atrapar a Batman con ellos cuando este tomó forma cerca de la piscina. Su súper velocidad lo hizo moverse antes de que pudieran llegar a tocarlo. De un veloz movimiento, mis telarañas se aferraron a los tentáculos para evitar que continuaran moviéndose, pero la fuerza del hombre-pulpo las rasgó de un solo tirón.
El agua negra por su tinta (o por mugre) bañó el hormigón cuando volvió a sumergirse en ella.
—Olvídate de las diferencias por una vez, viejo —solté, gateando por las chapas del techo. Batman me lanzó una mirada fulminante desde el suelo —. Ni siquiera me he acercado a tus justicieros. Fueron ellos los que me buscaron a mí.
—Eras el pupilo de Ironman —dijo entonces, con tanta neutralidad que me hizo dudar de su inteligencia.
Apunté los lanza telarañas hacia el agua que bailaba en el interior de la piscina con violencia.
—¿Recién lo descubres?
Ni bien lo tuve en la mira, disparé varios hilos de seda hacia sus tentáculos para sostenerlos.
—A él también le encanta meterse en donde no le importa.
Y a ti también.
Porque literalmente se metió en la relación de sus hijos conmigo sin que nadie lo llamara. En ese mismo instante descubrí por qué Dick era así. Aprendió de él.
—Ya sé. Soy como su hijo.
—Y por esa razón no deberías estar aquí. Gotham no es para ti, chico.
Y ahí iba otra vez.
¿Por qué le molestaba tanto que ayudara a la ciudad? Debería estar feliz por eso.
—Te equivocas. Gotham es justamente donde debo estar —respondí, apretando el botón de mis lanza telarañas para crear varias cuerdas. Mientras lo hacía me dejé caer en el suelo lejos de la piscina —. ¿No lo ves, Batman? Es por mí que la ciudad ha mejorado.
Un gesto tan común como el encogimiento de hombros no debería haberse visto tan mal en él, pero sí que le quedó horrible.
—Tu ego me deja mucho que desear.
—¿Y el tuyo?
Cuando terminé de hacer las cuerdas, Batman se acercó a mí. La furia en sus ojos revolvió mi estómago hasta darme nauseas, porque temí que volviera a ocurrir. Temí que volviera a herirme. Y no estuve seguro si lo iba a permitir una vez más.
—He hecho lo que creí correcto —gruñó, tomando el extremo de la cuerda que le ofrecí.
—¿Darme una paliza por tus hijos fue correcto para ti?
Bien podríamos haber hablado como dos personas civilizadas. No le hubiera llevado mucho tiempo hacerlo y preguntarme cosas como un padre preocupado de verdad. Él actuó como un loco. Peor que un…villano.
—Ellos cambiaron desde que llegaste.
—Oye, que sean unos degenerados no es tema mío —repliqué, atando entre sí los extremos restantes de las cuerdas —. Están trastornados que es diferente.
—¡¿Los justicieros son unos sucios degenerados?
Fue en ese momento que me di cuenta que ese ser rarito aún contaba con la consciencia suficiente para hablar y entendernos.
Le tapé la boca con una telaraña, ahogando cualquier otro insulto hacia los chicos que pudiera salir de sus labios violetas. Mientras yo estuviera presente, nadie los insultaría. Nadie más que yo.
—¡No es tema tuyo!
El hombre volvió a atacar casi al instante, intentando tomarme con uno de sus tentáculos. Lo evité por poco en ese momento, pero no llegué a librarme de su agarre por mucho tiempo. Una distracción momentánea me hizo caer en su trampa. La fuerza con la que me envolvió el tentáculo el tirso me quitó el aire.
—Mis hijos no son el problema aquí —respondió Batman.
Uno de sus batarang se enterró en la carne del tentáculo que me apresaba. Luego lo siguió otro, que fue el que logró hacer que me soltara. Me balanceé lejos del villano ni bien tuve la oportunidad de inspirar aire, con cuidado de no caer en esas aguas oscuras.
—¿Y lo soy yo?
—Tu sangre los cambió.
Qué pesado con eso.
Seguí sus movimientos a pesar de que siempre había jurado que no trabajaría con él. Ambos nos complementábamos, de alguna forma, aunque no nos lleváramos bien. Cuando él atacó, yo cuidé su espalda. Cuando yo ataque, él cuidó la mía.
Así fuimos cansando al villano.
—Viejo, hasta yo me tomé el tiempo de investigar lo que soy para ellos.
Batman se detuvo. Deduje que mi comentario logró extrañarlo porque antes de volverse niebla, preguntó:
—¿Y qué eres?
Me tomé el atrevimiento de saborear la respuesta. Cuando supe que ya la había demorado lo suficiente, dije:
—Algo de pareja destinada soy.
Entonces algo cambió en él: el hormigueo que se disparaba en mi interior al acercarme a su lado se desvaneció repentinamente. Batman volvió a su forma humana al llegar al otro extremo de la piscina, cuerda en mano. Sus ataduras ya habían comenzado a molestar al pulpo.
—Eres…¿qué?
Alcé una ceja bajo la máscara. ¿No se suponía que él sabía todo?
—¿De verdad no lo sabías?
—Yo no…No.
Fue sincero. Tan sincero como podía ser él. Viéndolo así, no parecía tan malo.
Tiré de las cuerdas hechas con mis telarañas hasta que el pulpo dejó de retorcerse en el agua. Lo habíamos atrapado.
—Bueno, eso explica muchas cosas —murmuré, comenzando a acercarme al hombre. Iba a subirme sobre las cuerdas de seda cuando él me detuvo.
—Detente, araña.
Solté un suspiro. Tanto él como sus hijos eran alérgicos a la diversión, pero terminé haciéndole caso. Tampoco quería que me diera otra paliza hasta romperme las costillas por no ser obediente.
—¿Otra vez?
—No te acerques a él —sentenció, transformándose en niebla —. Te hará daño.
Seguí con la mirada el bulto nebuloso en el que se transformó hasta que llegó al centro de la piscina. Creé una pequeña plataforma con telarañas donde pudiera pararse sin necesidad de que me lo pidiera. Y no me lo pediría, porque hacerlo seguramente le habría dado una reacción alérgica por ser ayudado.
—¿Más daño del que me hiciste tú?
Al tomar su forma humana, Batman asintió, pero no pareció complacido por su propia respuesta:
—Temo que no hay daño que se asemeje a ese.
No sé por qué, no lo entiendo bien, pero con su respuesta un estremecimiento recorrió mi cuerpo. Su voz sonó muy…triste. Algo distinto a él, al tono que siempre solía usar. Por un segundo, en gran Batman se convirtió en alguien vulnerable ante mí.
Decidí aprovechar el momento antes de que todo volviera a caer.
—¿Qué le ocurrió? —pregunté, acercándome a él. Batman le lanzó una mirada al villano. El tipo de mirada que danza ente la lastima y la ira.
—Se inyectó una droga —respondió, con un tono demasiado solemne para mi gusto. De su cinturón de herramientas (muy anticuado) sacó un pequeño inyectable de color rosado. El hombre pulpo no opuso resistencia cuando se lo enterró en el cuello —. La droga que encontraron Red Robin y tú hace unas semanas, él la creó. Quería convertirse en un súper soldado. Al final acabó enloqueciendo, y unió su cuerpo al de un pulpo. La droga ayudó a que mutara.
—Hizo más cosas que esas —deduje, caminando alrededor del sujeto.
Todo su cuerpo estaba unido de forma precaria con las partes de un pulpo. Las costuras tenían varios días, hechas a las apuradas. Y por el daño de la piel, seguramente fue sin anestesia. Fue algo asqueroso de ver.
—Sí —suspiró —. Intentó el cambio en otras personas antes. Niños mayormente. Todos murieron.
Qué maldito asco. Eso explicaba las desapariciones de algunos niños en los últimos meses, y también por qué el cargamento de droga que encontramos con Red Robin era tan importante para los criminales.
La seda de mis telarañas volvió a rodearlo, solo para estar seguro de que no se movería más. Respetaba la filosofía de Batman de no matar, pero algunos villanos sí que no debían vivir. No si hacían ese tipo de atrocidades. Entendía a Red Hood en ese sentido. Algunos jamás cambiaban.
Sus actos no merecían perdón, fuera un científico que sufrió mucho o no. Aunque lo que quisiera hacer tuviera un buen fin para sí mismo, nada explicaba el daño causado a las personas. A los niños.
Decidí que ya no quería pasar más tiempo en ese lugar, por mi propia salud mental, así que creé una telaraña que se aferró a una de las paredes más cercanas a la puerta de aquel galpón. Claro que iba a dejarle el resto del trabajo a Batman. Habíamos trabajado bien, sí, pero nada me aseguraba que no volviera a atacarme.
Como nada me aseguró lo que dijo antes de irme:
—No trabajas tan mal, Spider-Man.
Me detuve allí, sin saber si debía aceptar su halago o darme vuelta y decirle todo lo que pensaba de él.
Pero, al fin y al cabo, ¿qué era lo que pensaba de él?
—Tú no eres tan malo después de todo, Batman.
BATCHAT
Bat (22:10 pm): Él es su pareja destinada. Destinada. No es un simple capricho humano que huele a pareja para ustedes.
Babs (22:20 pm): Ya lo sabes
Steph (22:23 pm): otra vez con sus simbologías raras 😒
Steph (22:23 pm): es pareja y ya
Babs (22:24 pm): Lastimosamente, sí es importante esa distinción
Cass (22:34 pm): ☝️
Steph (22:36 pm): un momento
Cass (22:37 pm): 🧐
Babs (22:37 pm): 🧐
Steph (22:43 pm): tengo que aprender a no usar el celular mientras estoy de patrulla
Steph (22:43 pm): un tipo me quiso venir a pegar un palazo en la cabeza 🙄
Duke (22:47 pm): y qué hiciste con él?
Steph (22:47 pm): su sangre olía asquerosa así que solo lo até por ahí 🧘♀️
Dick (22:56 pm): lo viste? @Bat
Babs (22:56 pm) siempre te pasan cosas raras @Steph
Cass (22:57 pm): Silencio en el chat. Ellos deben hablar. 🙌
Steph (23:04 pm): pero no lo hacen 🫠
Damian (23:21 pm): ¿Le hiciste daño? @Bat Porque si le hiciste daño una vez más ya no lo soportaré, padre.
Bat (23:34 pm): No. No le hice daño. Él trabajo conmigo. Es hábil.
Bat (23:34 pm): Siempre fue su pareja. Ustedes no dijeron nada
Jason (23:42 pm): se supone que lo sabes, viejo. Tú siempre sabes todo
Tim (23:46 pm): es imposible guardarte algo. Deberías saberlo incluso antes que nosotros
Bat (23:48 pm): No lo sabía. Fue mi ignorancia la que terminó por hacerles daño.
Jason (23:49 pm): ignorancia o ego? 😒
Bat (23:49 pm): Ambos.
Babs (23:49 pm): ¿No creen que sería mejor tener esta conversación en persona?
Bat (23:50 pm): No es necesario. Ya lo entiendo.
Dick (23:51 pm): dices qué?
Bat (23:51 pm): No me interpondré más entre ustedes.
Jason ha salido del chat.
Tim ha salido del chat.
Damian ha salido del chat.
Dick ha salido del chat.
Steph (23:52 pm): eesoooiiiiiiiiiooooo
Steph (23:52 pm): triunfó el amor enfermo!
Steph (23:52 pm): será momento de contarles que le dije a pete que se masturbaban con un pantalón suyo? 🥺
Bat (23:53 pm): ¿Hicieron qué?
Babs (23:53 pm): Que se enteren solos @Steph
Una buena patrullada nocturna me ayudaría a procesar mejor todo en general. Eso fue lo que deduje durante la madrugada del día que trabajé junto a Batman como si fuéramos amigos. Qué irónico, tanto tiempo negándome a él y al final no era tan odioso como parecía.
O sea, sí me dio la paliza de mi vida por algo tan equis como enloquecer a sus hijitos del alma, pero nada más. Y luego de eso me protegió, por decirlo de alguna forma, de un villano loco.
La mejor forma de procesar todo en general fue persiguiendo a un asaltante durante varias cuadras. Siempre servía para despejar la mente, así que me divertía haciéndolo. Pocos minutos después de persecución lo tuve acorralado en el final de un callejón. Era un hombre un poco mayor, un vagabundo sin duda, por su aspecto tan descuidado.
El grito que pegó cuando me dejé caer de cabeza a un lado suyo penetró en mis oídos hasta hacerme estallar los tímpanos.
—Oiga, señor, ¿cree que podamos tener una charla sobre el camino de la bondad?
Nadie me respondía esa pregunta correctamente. Todos siempre soltaban alguna cosa cuestionable que no era lo que quería escuchar. Por supuesto, con él no fue diferente:
—Primero muerto, araña.
—Por favor, ¡será corta!
El asaltante dio un paso atrás al verme bajar al piso. Creo que le dio miedo algo, porque sí que se le cambió el rostro. Pero no había nadie más que yo ahí. Todo fue raro hasta que a mi cuerpo lo estremeció un hormigueo que conocía bastante bien.
—¡Que no!
Robin lo derribó en el instante que el asaltante hizo el amague de golpearme. A mí. ¿Es que no veía las noticias?
Curiosamente, mi cuerpo no reaccionó ante el intento del asaltante. Reaccionó con aquel hormigueo por la llegada de Robin, que se dejó caer desde el tejado de uno de los edificios sobre el hombre. Su aspecto me hijo jadear. Hacía bastantes días no lo veía. Bueno, sí lo vi el día que estuve con Felicia, pero no se arrimó a nosotros, así que no lo vi literalmente.
—Eres una pequeña mierda humana —rugió Damian. El grito del hombre vibró contra el asfalto del callejón cuando él lo apretó contra el piso con un pie —. ¿Pensabas herirlo?
Alcé una ceja, más incrédulo que ofendido porque se metieran en mis asuntos. Yo no iba a sus persecuciones y me metía en ellas para que el mundo girara alrededor mío. Dentro de mí, le di la razón al hombre cuando él gruñó:
—¿Qué te metes tú en nuestros asuntos?
—Vete, Robin —dije entonces, barriendo el aire con la mano. Su mirada verdosa siguió el movimiento de mi cuerpo como si estuviera pegada a él —. Puedo controlarlo.
—Es claro que no, Spider-Man. Iba a hacerte daño.
Como si no me hicieran daño a diario.
Damian era tan raro. ¿Cómo podía gustarme él habiendo tantas personas en el universo? Personas más lindas, más cariñosas, incluso más inteligentes. Pero noooo a mí me debía atraer ese imbécil.
El imbécil que conocía a la perfección mis motivaciones y mi forma de actuar. Trabajé con él y sus hermanos un montón de veces. ¿Entonces por qué exageraba tanto? Ni que fuera el fin del mundo ser dañado por un tipo.
—¿Y? —inquirí, llevándome las manos a la cadera —. No es gran cosa.
—Sí que lo es.
El asaltante dejó de retorcerse bajo Damian en ese mismo instante. Lo notó. Por supuesto que notó absolutamente todo. Desde el tono con el que me hablaba Robin hasta cómo me miraba. Y lo hizo. Hizo la pregunta que más odiaba en el mundo:
—¿Ustedes son pareja o qué?
—No —respondí, tan rápido que la voz me salió rota.
Eso fue lo único que necesitó el hombre para reírse de mí. De lo que era. Y de lo que amaba.
—¡Lo son! —una gran cantidad de baba bajó por sus labios agrietados acompañando su chillido desesperado —. La gente se morirá de la risa cuando se enteren que la araña se convirtió en la puta de los…
Robin no dudó en proporcionarle un golpe en el cuello que lo sumió en el mundo de los sueños. Los gritos del asaltante murieron en ese mismo instante. Una parte de mí se sintió feliz de que él hubiera hecho eso, otra parte temió que continuara relacionándome con ellos porque me defendió.
Al final, cuando Damian abrió su gran bocota, ambas partes estuvieron de acuerdo en que los vampiros eran seres insoportables.
—Malditos humanos.
—¿Si sabes que yo soy uno, no?
—Lo eres —respondió, dejando a un lado al hombre en el suelo para acercarse a mí. La proximidad de su cuerpo contra el mío me hizo entrar en pánico. Parecía una fiera buscando a su presa —. Eres un humano estúpido que se resiste a hablar conmigo.
Él siempre debe arruinarlo todo.
—¿Pero qué te pasa?
—¿A mí? ¿Qué te pasa a ti? —bramó Damian, congelándome la muñeca cuando la tomó en su mano —. ¡Te he estado buscando por todas partes!
—¡Y quizá me he estado ocultando de ti por eso mismo!
Tomé una bocanada de aire. Fue el momento que entendí que era hora de alejarme. De todos. Del hombre que dijo una verdad y de él que solamente pensaba que su vida era mejor que las de los demás. Aquel que siempre pasaba por encima de todos para alcanzar lo que quería.
Aquel que pretendía pasar por encima de mí.
—Adiós, Robin —mascullé, reprimiendo las ganas de darle un golpe en el estómago. A lo único que me limité fue a zafar mi muñeca de su agarre y retroceder —. Este estúpido humano se va.
—No, no. Alto, Spider-Man.
Tarde. Me llamó tarde.
Me alejé tan rápido como pude de él y todo lo que lo rodeaba.
¿Por qué todo debía ser tan difícil con Damian? Nunca ponía las cosas fáciles. Y al final terminaba dañándome más.
Los edificios me ayudaron a alejarme de la escena y de él. Mis telarañas crearon distancia entre nosotros mientras más me alejaba, saltando de azotea en azotea, balanceándome lejos de sus garras. El viento me golpeó en la máscara de Spider-Man, diciéndome lo torpe que era por huir de él.
No tendría que haberlo hecho. Pero lo hice.
Lo hice porque esa seguía siendo mi forma de mantenerme firme.
Al final, cuando me creí a salvo de cualquier murciélago, me detuve en la cima de un edificio. La ciudad brilló en mi mirada una vez que me quité la máscara para poder respirar. Ese tendría que haber sido mi momento de paz. Ese tendría que haber sido mi respiro, el respiro en donde podría llorar por las palabras del hombre, pero no lo fue.
Pocos minutos después de llegar al edificio y comenzar a poner mis ideas en orden, la voz de alguien que conocía muy bien acarició mis oídos.
—¡Spidey, te encontré! —exclamó Nightwing, deteniéndose sobre la azotea con una de sus acrobacias raras.
El suspiro de irritación que solté tuvo que haberlo preparado para mi ataque verbal.
—¿Qué quieres? ¿Vienes a decirme que soy un estúpido humano también?
Si antes Nightwing lucía feliz, de repente la felicidad se convirtió en desconcierto, que poco a poco se transformó en enojo.
—¿Qué? Yo no…¿Quién te dijo eso?
—¡Él!
Robin llegó como anillo al dedo a la cima de la azotea, con esa típica cara de idiota que tanto me gustaba. Lo hubiera lanzado del edificio con mucho gusto. La mirada que le lanzó Richard bien pudo ser para mandarlo a volar a la luna, pero solo le duró un instante hasta que volvió a reparar en mí.
—Deja de correr de una vez.
Oh, no. A mí nadie me daba ordenes. Él no era quien para decirme qué hacer o no hacer. Ya había sufrido mucho por su culpa para continuar soportando sus comportamientos sus cuestionables.
—¡En serio que los detesto!
—Oye, Spidey, cálmate.
—¡No, Nightwing! —exclamé, lanzándole la peor mirada de muerte que conseguí hacer. La tela de la máscara crujió en mi puño cuando lo cerré más —. No me voy a calmar cuando todos me ven como si fuera su…su estúpido juguete. ¡Incluso ustedes me vieron así!
Y, entonces, por arte de magia, Red Robin apareció en la escena. Si no hubiera sido por lo mal que me sentía, seguramente habría hecho algún chiste sobre eso. Pero no pude hacer ni un chiste, no pude hacer nada más que mirarlo avanzar hacia nosotros.
—¿Por qué están discutiendo?
Richard, más calmo que antes, se llevó una mano a la cien y dijo:
—Damian le dijo estúpido a Peter.
—¿Es en serio? —inquirió Tim. Fue una pregunta, por supuesto que sí, pero con el tono que la realizó sonó más como un reproche. Damian se cruzó de brazos, retándolo a continuar —. Esto es lo más estúpido que has hecho hasta ahora.
Ni siquiera me di cuenta del instante en el que Jason apareció de la nada igual que su hermano. Su voz detuvo a mi corazón con una sola pregunta:
—¿No se suponía que íbamos a arreglar las cosas?
—¿Íbamos a arreglar…?
¿Qué?
—¡No pienso arreglar nada con ustedes! Las personas literalmente creen que yo soy su…
Ni siquiera tuve fuerzas para decirlo. Flash también mencionó algo parecido antes. Y era verdad. Era tan cierto. Por eso estaba mal que me gustaran. Por eso temí contárselo a May. Porque no era normal. Al final, yo no era más que…eso. Porque me había entregado en cuerpo y alma a ellos, aunque jamás hubiéramos consumado nada.
Yo lo era.
Y ellos simplemente me veían como todos los demás.
Un juguete. Una…
Comencé a llorar. Las lágrimas se deslizaron poco a poco por mis mejillas, demostrándome lo débil emocionalmente que era. Demostrándome que jamás dejaría de ser así por mucho que fuera a terapia. Mi error fue creer que podía amarlos sin sufrir. Fue pensar que podría vivir sin sufrir.
Mi error fue confiar en las palabras de Ben.
—No eres nuestro juguete, Peter —susurró Dick, intentando tomar una de mis manos entre las suyas. El rechazo de mi parte lo hizo llevarse las manos a la espalda —. Nosotros no somos nada sin ti. Tú comandas nuestro mundo.
Fue mi risa la que logró desconcentrarlo por completo. Su razonamiento sí que fue estúpido, más estúpido que todos ellos y yo.
—¿Quieres decir que ustedes son mis juguetes? ¿Eso te parece mejor?
—Sí. Porque lo somos, Peter —Mi corazón bombeó con más insistencia ante su respuesta. Richard pareció complacido de haber causado eso en mí, ya que sonrió como la primera vez que intercambiamos números en la clase de Biología —. Somos todo lo que tú quieres que seamos.
Pero no yo quería que fueran un algo. Yo los quería a ellos como tal.
May tuvo razón en ese sentido. Cuando yo amaba, lo hacía con todo el alma. Mi forma de querer no era tan sencilla como ellos lo pensaban. Nada de mí lo era. Pero si no podían verlo, si en todo ese tiempo que los conocía jamás pudieron entender que no formaba parte de ese tipo de personas, tal vez lo mejor sería terminar todo de una vez y para siempre.
—Yo no soy de los que usan por placer y tiran sin amar —repliqué, cruzándome de brazos como si no me importara nada. La simple intención de demostrar algo que no sentía me estremeció por completo —. Pensé que lo sabían.
Fue Nightwing el que dio el primer paso hacia mí, con él, los demás lo siguieron, como si necesitaran de la guía de su hermano mayor para hacer algo. Los cuatro parecían, literalmente, un escuadrón esperando la señal para atacar.
—Lo sabemos, cariño. Porque te amamos.
¿Qué…?
Todo se detuvo: las lágrimas que bajaban de una en una por mis mejillas, el viento al danzar y recorrer kilómetros en su propia soledad que chocaba en mi rostro descubierto, e incluso los latidos de mi corazón que rogaba clemencia. El intento por demostrar algo que no sentía murió cuando mis brazos cayeron a cada lado de mi cuerpo, sin nada más que ocultar.
¿Por qué? ¿Por qué estaban haciendo eso? ¿Por qué no se iban y me dejaban atrás como su padre seguramente les había ordenado? Ellos no tenían que estar ahí. Ellos no tenían que haberme dicho que yo era su juguetero, ni tendrían que haber dicho que me amaban como si fuera verdad. Porque no lo hacían.
Desear era una cosa. Amar era otra muy distinta.
Pero entonces ahí estaban, frente a mí. Entonces me miraban como si yo fuera todo para ellos. Como si yo fuera su mundo más que un deseo mundano al que se habían aferrado tanto.
No supe cómo reaccionar. No supe si debía decir algo. El encuentro con el asaltante al que Damian noqueó fue lo suficientemente fuerte como para matar cada neurona de mi cerebro.
Dick fue el primero que se arrodilló ante mí, vestido como el rey que era. Porque era un rey. El rey de la vida, el dueño de todo. Nightwing no dudó un segundo en caer al suelo por mí, un simple meta. La frialdad de su cuerpo, de sus manos, me congeló en el lugar cuando ellas se aferraron a mis piernas.
Y, entonces, Nightwing alzó su rostro: en aquellos ojos cielo no encontré nada más que arrepentimiento y dolor.
—Por favor, Peter, no te alejes más.
El ruego en su voz casi me hizo ceder. Me estaba rogando a mí, Peter Benjamín ordinario Parker. Él. Un vampiro con años de experiencia, un justiciero de los más aclamados en Gotham. Él. El hijo del hombre que me echó de su vida y de la ciudad sin dudarlo.
Recordar que ellos no estuvieron allí para defenderme me dio la fuerza que necesitaba para continuar aferrándome a la mentira de que no los quería en mi vida. Sus manos se aferraron aún más a mí después de mi torpe intento por quitarlas. Por alejarlas de mi cuerpo a sabidas de que las necesitaba ahí.
—Suéltame.
Su negativa casi me hizo reír. Casi, porque me enfureció. Todo lo que sufrí en manos de su padre, todo lo que sufrí internamente por ellos, por nada. Porque los amaba tanto como para esperar cada una de sus palabras y perdonarlos.
Y eso no estaba bien. Ellos me habían dañado de muchas formas distintas por ser lo que eran. Por desearme en vez de quererme como lo merecía. Porque sabía que merecía ser amado.
¿Entonces por qué seguía allí, esperando sus vagas disculpas? Yo era bien capaz de alejarme de ellos. Podía, con un solo golpe, dejarlos a todos en el piso y huir.
Pero ya me había cansado de huir.
Jason fue el segundo en adueñarse de suelo a un lado mío: se postró ante mí sin su casco. Sin nada más que la verdad que revelaba su rostro ensombrecido. Él, que era dueño de todo, me rogó sin emitir palabra que lo perdonara. Sus ojos brillaron.
Brillaron al verme, al grabarme en su mirada.
—Haré lo que sea, Peter —soltó, mirándome con aquellos ojos tan hermosos que poseía. La galaxia en ellos me pidió que los escuchara, me pidió que los viera una vez más —. Haré lo que desees con tal de que no me dejes.
Hice un movimiento, algo tope y nervioso, con la intención de que alzaran del suelo. Ninguno lo tomó en cuenta.
—No tienen que...
Tim fue el tercero. Se desplomó en el piso, y tanto como sus rodillas se adueñaron del sueño, fueron sus manos las que aferraron a la mía. El dolor que encontré en su mirada me tentó a continuar llorando. Me sentí tentado a derramar las lágrimas que él jamás soltaría.
—No es suficiente con verte de lejos, Peter —sentenció, como si no lo supiera —. No pudo soportar saber que estás ahí y no poder amarte como quiero hacerlo.
¿Amarme? ¿De verdad creen que me aman?
—Eso se está volviendo raro, chicos.
La caída de Damian fue la que me quitó el aliento, matando la risa nerviosa que había comenzado a nacer en mi pecho. Nunca pensé que él se arrodillaría ante alguien tan normal como yo. Alguien tan estúpido.
—Por favor, Peter. Por favor quédate a nuestro lado.
Y me rogó una vez más.
Él ya lo había hecho antes. Me rogó cuando quería que le diera consentimiento para caer en su propia locura sexual, me rogó porque quería tener una conversación conmigo. Me rogó ahora porque me amaba y me quería como compañero.
Una parte de mí, la racional, hizo a un lado sus sentimientos y entendió que si ellos estaban ahí, muy posiblemente Batman también lo estaría. Así que no paré de negarlos. No detuve a mi boca que se negaba a ellos y me negaba a mí.
Porque estaba mal. Todo estaba tan mal. Y era tan jodiéndome fascinante saber lo mal que estaba. Lo mal que estábamos.
—Basta, en serio —jadeé, intentando zafarme de sus múltiples agarres. No pude. No pude porque quería estar ahí —. Ninguno de ustedes hace esto porque de verdad me quieren. Ustedes solo...
—Te amo, Peter —rugió Dick nuevamente, ocultando su rostro entre mis piernas —.Te amo más que a mi vida.
Pero él era el rey de su vida. Yo a su lado no era nada.
¿Por qué me amaba? ¿Cómo podía creer siquiera que eso era cierto cuando solo demostraban deseo por mí?
—Eres lo mejor que me pasó en la vida, Pete —soltó Jason. La vulnerabilidad en él fue devastadora —. No podría continuar existiendo sin ti porque te amo.
Y porque él esperaría a que mi corazón se desocupara.
La confesión de aquel día tomó más sentido entonces.
—No hay palabras para explicar lo que siento por ti —comenzó Tim, atrayendo mi atención a él. Lo vi. Lo vi tanto como él vio en mí —. Te adoro. Te deseo. Te necesito. Y te amo más que a mi vida.
¿Y si era así, por qué no lo habían demostrado hasta ese momento? ¿Por qué permitieron que él me dañara?
—No tienen que decir esto por...
—No es por compromiso, Peter —sentenció Damian, observándome como jamás lo hizo. Con amor —. Cualquiera de nosotros podría morir sin ti. Yo mismo me mataría si dijeras que no sientes nada por mí, porque te amo. Y quiero poseerte, y quiero tenerte, y quiero amarte eternamente.
¿Qué podía decir, entonces? ¿Cómo expresar lo que sentía de verdad, cuando las lágrimas me quitaron el habla y a lo único que atiné fue a sollozar?
Lloré por mí. Lloré por las palabras del hombre que aún vagaban por mi mente. Lloré porque no quería ser lo que él dijo. Y lloré porque nunca esperé que ellos, los reyes de todo en varios sentidos, fueran capaces de arrodillarse por mí. Por nada.
Porque me amaban.
Eso era lo que deseaba saber más que nada.
—¿Están dispuestos a dejar de lado a su padre por mí?
Ese día él se había comportado bien, pero nada me aseguraba que no me apuñalara por la espalda después. Batman no era tan malo si lo veías desde su mismo nivel. Por otro lado, si no se tomaba el tiempo de interactuar con nadie como me pasó a mí, seguramente sí parecía la peor persona del mundo.
Quizá lo era. Al fin y al cabo, todos los seres humanos poseían defectos.
—Definitivamente, sí —tardé un poco en entender las palabras de Tim dado lo rápido que habló —. Te seguiré a ti.
—No es eso a lo que me refería.
No quería que se alejaran de su padre, porque era su padre. No quería que se pelearan con él. No quería que su familia se rompiera por mi culpa.
Simplemente deseaba que me eligieran a mí. A mí por sobre todos los peces que nadaban en el mar. Anhelaba ser yo el que moviera su mundo como ellos movían el mío. Quería ser yo en quien pensaran todo el tiempo. Quería que me vieran solo a mí con ternura. Quería…
Sí, lo admito: Quería que me amaran tanto como para robarme otra prenda de vestir incluso siendo consciente de lo que harían con ella. No importaba. No importaba si quedaba hecha jirones o no, eso solamente me haría saber lo mucho que la habían amado.
Lo mucho que me amaban.
—Sí, Pete —respondió Jason, quitándose por fin aquella máscara que por tanto tiempo lo había protegido —. No más Batman. Solo tú y nosotros.
—Eres el que nos da vida, Peter —continuó Dick, izando su rostro al fin. Pese a todo, creo que sí le gustó haberlo enterrado en mis piernas, dado la mueca boba de su rostro —. Por ti somos lo que somos. No podía continuar al lado de alguien que no te acepta.
Mi mirada se dirigió a Damian cuando Richard terminó de hablar. También necesitaba saber su respuesta. Era la más importante, después de todo. Damian no podía simplemente deslindarse de su padre. Tanto porque lo amaba, y porque su vida como heredero se lo impedía.
—Estoy con ellos, Peter. No importa lo que piense él —Y tal como imaginé, el solo tono de su voz al hablar me derritió por completo —. Nosotros somos tuyos. Yo soy tuyo. Eternamente.
Eso era lo que siempre quiso escuchar.
Que me amaban. Que estarían ahí por siempre. Literalmente hablando, considerando su vida vampírica. Lo único que necesitaba saber para rendirme ante ellos al fin era eso.
Y sí, puede que me haya rendido fácil después de todo lo que pasó. Pero no podría haber continuando resistiéndome más. No podría haber continuando negando que no los amaba, porque lo hacía. Y ellos se merecían conocer la verdad.
—Yo también los amo. A los cuatro.
Los amaba. Amaba cualquiera cosa suya, e incluso así…
—¿Pero? —observó Tim luego de que mi voz se cortó.
—No puedo creerles tan fácilmente, Tim —No podía por más que quisiera. No, mejor dicho, no debía —. Yo no...¿Dónde me dejaría eso? ¿Dónde quedaría mi dignidad?
—¿Y dónde queda la nuestra, Peter? —bramó Damian desde su lugar en el suelo, porque no se atrevió a romper con aquella nueva dinámica. Porque quizá, a él también le gustaba estar ahí, a mis pies —. Nos tienes aquí, arrodillados ante ti. ¿Sabes lo difícil que es lograr eso en nosotros?
Pues no.
Eran hijos de Bruce Wayne, sí, pero siempre supuse que lo habían hecho en algún momento de su vida. Fue en ese instante que comprendí que no. Y ser la primer persona que los tenía ahí, se sintió realmente delicioso.
¿En qué me estaba convirtiendo? En un monstruo, seguramente, pero no me molestó ser ese tipo de monstruo si era con ellos.
—No lo sé, por eso les pido que lo demuestren.
Esa sería una buena prueba para saber si todo lo que habían dicho era verdad. Una prueba necesaria para comprender si debía entregarme por completo a ellos.
—¿Qué?
—No entiendo.
—Me perdí.
—¿Todo el problema no fue por eso mismo? —dudó Tim, lanzándome el tipo de mirada que amaba. Tan calculadora y dulce al mismo tiempo.
Por algo era el estratega del grupo. Por algo me conocía más de lo que me conocía a mí mismo.
—¿Me aman? —Di un paso atrás. Sus manos por fin comprendieron que no podían continuar aferradas a mi cuerpo por más tiempo, y en llantos, se alejaron —. Demuéstrenlo.
—¿Cómo?
Fue Dick quien hizo la pregunta, pero supe que habló por todos al realizarla.
La tela de la máscara cubrió mi rostro por completo, embriagándome con su calor. Las lágrimas poco a poco comenzaron a secar.
Ya no más llanto. No por ellos.
—Se los dejo a su elección.
Retroceder hacia la cornisa del edificio sin que ninguno me atrapara fue fácil. Los cuatro se habían sumido en sus propios pensamientos como para reparar en que me alejaba de ellos. Atesoré la imagen que me regalaron como oro.
Mis chicos lo hicieron. Se humillaron de esa forma por mí. Solo por mí.
Qué encantador.
•
