Chapter Text
Yuri Plisetsky de dieciocho años, patinador estrella de Rusia, ganador del Grand Prix Final y dos veces medalla de plata en este mismo, hijo adoptivo (obligado) de su mentor Victor Nikiforov y el esposo de este, Yuuri Katsuki, o Katsudon para los amigos, se había levantado con el pie izquierdo.
Era su primer día de entrenamiento después de sus vacaciones post boda, así que había estado muy expectante porque ese día llegue, ansioso por regresar a la pista.
No había escuchado su alarma, así que no se despertó lo suficientemente temprano para hacer su corrida matutina, por lo que solo pudo prepararse un desayuno simple de cereales, solos, porque se había olvidado de comprar leche.
Cuando buscó su bolso, se dio cuenta que no había lavado ninguno de sus pantalones de práctica nuevos, así que tuvo que ponerse unos viejos que le quedaban cortos y dejaban al descubierto sus tobillos.
Lamentando el descuido con su ropa, fue a buscar sus zapatillas deportivas y patines: sus zapatillas estaban mojadas y con un fuerte olor a orina de gato y las agujetas de sus patines mordidas y deshilachadas.
- ¡POTYA! - chilló Yuri, buscando a su gata.
Al final no la encontró en ningún sitio, debía estar escondida en algún armario alto la muy traidora, así que el joven ruso tuvo que ponerse sus zapatillas viejas y cambiar las agujetas de sus patines.
Peinó su cabello con una sencilla coleta y se dirigió hacia la pista de práctica de mal humor.
Si normalmente no toleraba tonterías, ese día mucho menos.
Efectivamente, cuando llegó, el sitio era una fuente de ruidos y charlas ruidosas.
Recordó que ese día irían los nuevos juniors a patinar y su mal humor aumentó mucho más, especialmente cuando escuchó chillidos de entusiasmo cuando pasó junto a un grupo de chicas.
Al escuchar los gritos de Yakov a lo lejos, decidió esconderse en el vestuario por un rato mientras iba a guardar su bolso en su casillero.
Aprovechó para revisar su teléfono, encontrando varias notificaciones de noticias resaltadas por ser sobre Kazajistán y Otabek Altin.
Otabek, su mejor amigo desde su primer Grand Prix Final en España, su casi novio.
¿Cómo no había pasado nada entre ellos después de su atrevida coreografía “Welcome To The Madness”?
¿Y tampoco durante la boda de sus viejos?
Ni el mismo Yuri lo sabe, aunque sospecha de la caballerosidad del kazajo por la diferencia de edad entre ellos.
Si, eran solo tres años pero como le repetía Otabek a menudo:
- Eres menor de edad, Yura -
Ya tenía dieciocho años, así que por fin era legal, especialmente para salir con otra persona mayor de edad.
Por fin se acabarían los roces tímidos, sentarse uno pegado al otro sin abrazarse, las indirectas…
No pudieron mostrarse abiertamente en la boda de sus viejos pero si se cruzaban en alguna competencia, podrían estar a solas.
Yuri se perdió en su mundo de fantasías hasta que abrió la notificación con el nombre de su amigo.
“El héroe kazajo Otabek Altin es visto en compañía de la hija de un importante empresario”
Mentira.
Fue su primer pensamiento, a pesar de la foto que acompaña el encabezado: Otabek, vestido de negro y con su inseparable chaqueta de cuero, sentado en una cafetería con una joven de piel color aceituna y largo cabello lacio, que le daba la espalda a la cámara.
- Idiotas, debe ser una de sus hermanas - se burló en voz baja, dejando de leer para guardar su bolso y tomar sus patines.
Pero a medida que fue leyendo más artículos periódicos su seguridad empezó a flanquear: Otabek y esa mujer caminando por la calle y hasta en la motocicleta de su amigo, con ella usando el casco morado con rayas de tigre y orejas de gato que su amigo le había comprado para que él use cuando fuera de visita a Almaty.
Para qué él, Yuri Plisetsky, el Tigre de Rusia, lo usará, no una loca cualquiera.
Mientras estiraba, decidió revisar si en algún sitio decían el nombre de la usurpadora de cascos y si, estaba: se llamaba Sheker Tursynbayeva.
Entonces lo recordó.
En una de sus tantas charlas, el patinador kazajo le habló de su primer y, hasta el momento, único amor, una amiga de la infancia llamada Sheker, con quien había tenido una relación fugaz en la secundaria hasta que él decidió mudarse permanentemente a Canadá para perseguir su sueño de ser un patinador sobre hielo profesional.
Ninguno de los dos había querido tener una relación a distancia, ya que no sabían cuando Otabek regresaría al país, así que se habían separado y el corazón de su amigo se había roto.
Sintió la ira subir por su garganta, ¿qué hacía con esa? ¿Por qué estaba con una mujer que no entendía nada sobre lo que es un patinador profesional?
- ¡Yuri! ¡Empieza a practicar! - escuchó que Yakov lo llamaba a gritos.
Decidido a llegar al fondo del asunto, dejó su teléfono dentro de su chaqueta, se cambió de zapatos y entró a la pista.
Por suerte, Victor estaba muy ocupado con Katsudon, así que lo saludaron de lejos y lo dejaron practicar en paz con Yakov.
Dicha paz y concentración duraron hasta el almuerzo, cuando se sentó junto a sus viejos a comer algo y, cuando revisó su teléfono, no tenía ningún mensaje de Otabek, sino otra notificación de noticia.
Y ahí estaban.
Otabek, vestido con un sencillo traje negro, cruzado de brazos y con expresión huraña, acompañado por un hombre parecido a él, pero más alto, sonriendo de oreja a oreja y una mujer bajita, de piel aceituna, cabello negro, pecosa y grandes ojos marrón oscuro aferrándose a su brazo.
¿El pie de foto?
“Otabek Altin, junto a su hermano mayor Aybek y su prometida Sheker Tursynbayeva”
- ¿Yurio? - lo llamó Yuuri - ¿Estás bien? -
- Tu rostro está muy rojo, ¿tienes fiebre? - añadió Victor, que se inclinó hacia él y le puso una mano en su frente.
- ¡Quítate! ¡No me pasa nada! - gritó Yuri, apartándose, dejando de lado su comida.
Están equivocados, esto es un error.
Decidió llamar a Otabek, decidido a obtener una explicación satisfactoria sobre el asunto.
Nada, solo tono.
Probó otras dos veces y luego directamente lo envió al buzón de voz.
Otabek debió haber apagado su teléfono.
Yuri sintió que se enojaba cada vez más, su rostro hirviendo y su cuerpo entero temblando.
Se contuvo para no arrojar su teléfono al suelo, decidiendo mostrar su frustración patinando, hasta que se escucharon sonidos de portazos y varios pasos.
Alzó la mirada y se encontró con una multitud de periodistas y camarógrafos con varias cámaras y teléfonos apuntando a su rostro.
- Señor Plisetsky, ¿es verdad que Otabek Altin está comprometido con la heredera del emporio Blue Eagle? - le preguntó un hombre mayor.
- ¿Es cierto que viajará a Almaty para la boda? - le preguntó una mujer joven, vestida como para ir a una pasarela en vez de perseguir a un famoso.
- ¿Serás el padrino de boda, Yuri? -
La cantidad de preguntas y mentiras lo hizo enfadarse cada vez más. Antes de que pudiera arrojarse sobre un chico joven que casi lo golpea con su iPhone, sintió que alguien ponía una mano sobre su hombro y lo alejaba de la multitud.
- Disculpen, señoras y señores, esta es propiedad privada y Yuri no tiene tiempo para entrevistas - se disculpó Victor, guiñandole el ojo a la multitud de buitres.
El efecto fue instantáneo.
- ¡VICTOR! -
Ignorando la llamada colectiva, Victor tiró de Yuri hacia adentro del recinto, guiandolo hacia la entrada trasera, donde ya los esperaba Yuuri cargando con sus cosas.
- Vamos - le indicó el mayor en voz alta y, por primera vez, el rubio obedeció en silencio.
Lograron escabullirse por la puerta de servicio y correr hasta el edificio donde vivía Yuri sin llamar la atención. Este no podía sacarse de la cabeza las palabras de los periodistas.
- Ser padrino de bodas.
- Viajar para conocer a la novia.
Otabek le debía una explicación muy grande si no quería que Yuri viajará a Estados Unidos para darle una patada en el trasero por irrespetuoso, mal amigo, caníbal, por haberlo ilusionado por casi tres años con que podían ser algo más mientras andaba por ahí con una suripanta.
- ¿Entonces es cierto? - le preguntó Víctor cuando los tres subieron al ascensor. Marcó el número diez y lo miró con curiosidad - ¿Otabek se va a casar? -
- No lo sé - gruñó Yuri y añadió a regañadientes - No contesta mis llamadas -
- Debe estar ocupado con la prensa - lo tranquilizó Yuuri - Ya sabes que inventan cualquier noticia cuando no pasa nada interesante -
El rubio quiso creerlo, de verdad, pero estaba demasiado preocupado.
Victor y Yuuri lo dejaron en su departamento y regresaron a la pista, prometiendo regresar para que cenaran los tres juntos.
Apenas se quedó solo con Potya, quien ya había salido de su escondite, Yuri se dejó caer en su destartalado sofá, tomó uno de sus miles de peluches de gato, y se cubrió el rostro para poder soltar un chillido indignado.
Dejó de lado su berrinche por un segundo para revisar si Otabek lo había llamado o enviado algún mensaje: nada.
Volvió a taparse el rostro con su peluche y soltó otro grito indignado, rodando por su sofá.
No supo cuánto tiempo hizo ese berrinche hasta que por fin su teléfono sonó, mostrando el nombre de Otabek con el logo de una video llamada.
Yuri ajustó su coleta y arregló su ropa arrugada antes de contestar.
- Beka - saludó, listo para ser frontal y regañarlo hasta quedarse sin voz, pero al ver a su amigo no pudo hacerlo.
Otabek lucía cansado y nada pulcro como era usual: su cabello estaba despeinado, tenía unas ojeras grandes y su ropa estaba manchada de sudor.
- Yura - saludó el kazajo, con una leve sonrisa.
- ¿Qué te pasó? - preguntó Yuri, horrorizado.
- He estado haciendo control de daños… - le empezó a explicar el mayor, callándose cuando se escucharon sonidos de golpes y una voz de mujer gritando de fondo.
- ¿Quién es esa? - preguntó Yuri, sintiéndose más confundido que antes.
- Mi tía - le explicó Otabek y se dejó caer sentado en una cama con sábanas moradas - Ha organizado una intervención con casi toda la familia -
- ¿Por qué? -
Yuri hizo un cálculo mental, recordando que la familia de Otabek era muy grande: su mejor amigo, casi novio, era el segundo de siete hermanos. Su padre era el mayor de cuatro hermanos, todos casados con hijos, y su madre tenía dos hermanas, también con sus propias familias.
No supo cuál tía podía ser y que tan grande debía ser el asunto para que llamara a la familia entera: solo podía deberse a la boda.
- Todos creen que estoy enfadado con todo esto del compromiso - le explicó Otabek, suspirando - Cuando en realidad no me interesa en absoluto -
- ¿Eh? - fue lo único que pudo decir el rubio, palideciendo.
- Si, no entienden que no solo no me importa, sino que lo apoyo completamente - añadió el kazajo
- ¿No estás molesto? - repitió Yuri, sorprendido.
¿Acaso el compromiso con Sheker había sido arreglado? Pensó Yuri.
- No y tampoco quiero arruinar los planes - respondió Otabek y Yuri sintió como la bilis le subía por la garganta.
- Entonces, ¿la amas? - tragó duro, esperando la respuesta.
Otabek se levantó de la cama y se acercó a la ventana, abriendola, obviamente en un intento de tapar la voz de su enfurecida tía.
- No puedo decir que la amo pero la conozco de toda la vida, se qué es una buena mujer - le sonrío - Ahora tengo una excusa para que puedas venir a Almaty en medio de la temporada -
Palpitaciones.
Por todos los demonios, estaba teniendo palpitaciones: escuchaba su corazón latiendo en sus oídos, como el mundo empezaba a nublarse y la habitación temblaba como si hubiera un terremoto.
¿Otabek lo estaba invitando a su puta boda?
¿Quería que lo viera casándose con otra?
- Y nosotros… - solo pudo decir Yuri, sin poder terminar la oración.
Su amigo alzó una ceja.
- Solo tenemos que ir a la boda, así que tendremos el resto del tiempo para nosotros, solos - contestó el moreno en tono grave, esa voz baja que ponía cuando sus conversaciones se tornaban en coqueteos.
¡Me quiere como amante!
Yuri palideció aún más y sintió que se desmayaba. Se levantó y abrió la ventana, caminando por su sala para que le dé el aire.
- Has enloquecido, Beka - le reclamó y lo señaló con el dedo - ¡No voy a viajar a Kazajistán para ver como te casas con otra! -
- ¿Casarme? - preguntó Otabek confundido - Pero Yura… - empezó a hablar el chico pero Yuri lo interrumpió al ver un objeto en su mesa de luz.
Si no hubiera tratado de no mirar a Otabek para no perder su resolución, no lo hubiera visto, pero ahí estaba, en la mesa de luz que separaba a las camas, ahora podía ver que habían dos.
Ropa interior femenina, mejor conocida como sostén.
- ¡Eres un pervertido! - gritó Yuri y su amigo se sobresaltó - ¿Qué hace un sostén en tu mesita de luz? -
Otabek se volteó y se apresuró a ir hacia la mesa de luz.
- No, no, Yura. Esto es de mi hermana Dinara, que ahora duerme aquí - se apresuró a explicarle, arrojando el objeto lejos.
- Si, claro. Y tú no estás comprometido con Sheker Salchichas o como se llame - respondió Yuri indignado.
- ¡No! - negó Otabek y Yuri enfureció aún más.
- ¿Vas a negarme que viste a Sheker? - preguntó, cruzándose de brazos.
- No - repitió Otabek, sin perder la calma - Pero tengo una explicación para todo esto -
- Bien, quiero escucharla - asintió Yuri con sarcasmo - Porque toda la prensa mundial está anunciando tu compromiso -
Otabek abrió la boca para responder, volteandose justo cuando la puerta de la habitación se abrió y entró una mujer envuelta en una toalla blanca, que soltó un chillido al verlo.
Yuri la reconoció al instante, la mujer de las fotografías: Sheker Tursynbayeva.
- ¡Beka! - chilló horrorizada, intentando taparse.
Yuri se tambaleó: iba a caer desmayado, se iba a golpear la cabeza e iba a morir. El viejo y Katsudon iban a encontrar su frío y podrido cadáver con su teléfono fielmente a su lado, mostrando la culpabilidad de Otabek al ser el último en hablar con él.
Ya sabía lo que grabarán en su tumba:
"Yuri Plisetsky, gatito amado por todos, muerto por un corazón partido"
A lo mejor Víctor también incluiría la icónica estrofa de la canción de Alejandro Sanz:
¿Quién va a calmar mis emociones?
¿Quién te va a pedir qué nunca me abandones?
¿Quién me va a curar el corazón partió?
- Yura, esto tiene una explicación - se apresuró a decirle Otabek, mientras Sheker retrocedía - Esto no es lo que crees -
- Por supuesto que es lo que yo creo - respondió el aludido con un tono tranquilo - Déjalo así, Otabek. Y no vuelvas a dirigirme la palabra, jamás, en toda tu vida -
- Yuri, por favor, no entiendes, ella es… - empezó a explicar el moreno pero Yuri alejó el teléfono de su rostro y cortó la llamada - ¡Yuri! - fue lo último que escuchó.
Bloquear a Otabek de todas las redes sociales fue rápido y fácil, lo hizo sin pensar. Incluso bloquear y borrar su número de teléfono no le generó sensación alguna más que una sensación de mareo.
Se pasó la mano por la frente y notó que estaba sudando a mares, estaba temblando muchísimo, no sabía cómo seguía parado.
Ni siquiera sentía a Potya caminando y ronroneando entre sus pies.
La habitación dio vueltas otra vez y se dejó caer en su sofá, llorando a mares, sin notar cuando fue que empezó a sollozar.
Sentía que no podía respirar y dio grandes bocanadas, escuchó su corazón latir en sus oídos y se desesperó. Quería calmarse pero su cuerpo no lo obedecía, el aire se escapaba más y más de sus pulmones.
Desesperado, tomó su teléfono y marcó un número cualquiera, sin ver quien era.
- ¡Yuratchka! - lo saludó la voz feliz de su abuelo.
- Ahh… Ahh… - intentó hablar pero solo salieron gemidos agudos.
- ¿Yuratchka? ¿Qué pasa? - preguntó su abuelo preocupado.
- A… Ayuda… - fue lo único que pudo decir antes de que sus ojos se cerraran frente a los ojos azules de su gata.
**********
Yuri se estremeció, sintiendo que estaba acostado en una superficie blanda y varias voces le llegaron, lejanas, como si llegaran desde el televisor de la sala.
- ¿Crees que se desmayó por el estrés? Estaba muy ansioso por volver a entrenar -
- Puede ser, a todos les pasa en algún momento -
- Hay que controlar mejor su dieta, a lo mejor ha estado comiendo de menos -
El rubio gimió al reconocer las voces de Victor y Yuuri, abrió los ojos con lentitud, intentando enfocar su mirada. Logró distinguir los rostros de Victor, Yuuri, Yakov y dos personas desconocidas.
- ¿Dónde estoy? - preguntó confundido, moviendo la cabeza.
Un paño húmedo cayó de su frente y Yuuri se apresuró a ponérselo de nuevo.
- En tu habitación - respondió Yakov, poniendo una mano en su pecho cuando intentó sentarse - Tu abuelo me llamó histérico diciendo que necesitabas ayuda y envié a Vitya a verte -
- Te encontramos inconsciente en tu sofá y llamé a una ambulancia - le explicó Victor, señalándole a los dos desconocidos, qué debían ser doctores - Después llame a Yakov y aquí estamos -
Yuri asintió, sujetando el paño para que no se cayera.
Contestó a las preguntas de los doctores en voz baja:
Si, había tenido todas sus comidas del día.
- Mentira - lo calló Victor - Dejaste la mitad de tu almuerzo y no veo sobras de comida en la cocina o en tu mesa -
El joven se sonrojó de la vergüenza pero, en vez de ponerse a gritar como loco, decidió ignorar a su viejo y prestar atención a los doctores.
Si, esta era la primera vez que se había desmayado sin razón alguna.
- ¿Cómo que sin razón alguna? ¡Acabo de decir que no has comido nada en todo el día, Yurio! - volvió a interrumpir Victor.
Yuri decidió volver a ignorarlo, aunque Yakov parecía a punto de estallar contra él.
No, no había antecedentes en su familia de molestias como vértigos y migrañas.
Y no era su puto asunto si una noticia lo había afectado demasiado, al igual que tampoco lo era su jodida rutina de entrenamiento.
Pero Victor, el viejo traicionero, volvió a meterse en medio de su interrogatorio y les dijo a los doctores cuál era su rutina de entrenamiento y su dieta.
Y Yuuri lo miró con desconfianza cuando dijo que no había ninguna noticia que lo hubiera alterado.
¿El diagnóstico final?
Una lipotimia, causada por la falta de comida y un “disgusto”.
Si, dos profesionales de la salud le acababan de decir que se había desmayado por un “disgusto”.
- Tal vez hayas tenido un ataque de pánico previo al desmayo - añadió el médico que lo interrogó - Estás sudado y tus ojos hinchados, ¿has llorado? -
- ¡No! - gritó Yuri, esta vez sin ocultar su enfado.
¡Él es Yuri Plisetsky, el Tigre de hielo de Rusia!
¡No era un idiota llorón como el cerdo!
¡En su vida había tenido ansiedad o estrés alguno!
Los doctores les indicaron a Yakov, Victor y Yuuri que le dieran algo ligero de comer para que llenara su estómago y que tomara un poco de aire, además de sugerirles buscar atención psicológica si algo como aquello volvía a ocurrir.
- ¡Ni hablar! - chillo Yuri indignado, sentándose de un salto. Potya se apresuró a saltar a su regazo - ¡De ninguna manera iré a lloriquear con ningún psicólogo! ¡Sí el puerco no lo hace, entonces yo tampoco! -
Yuuri se sonrojó, avergonzado, mientras que Victor y Yakov lo ignoraron, acompañando a los doctores fuera de la habitación. El japonés se acercó lentamente a él, alzando las manos, y le tendió su teléfono.
- Le dijimos a tu abuelo que lo llamarías cuando despertaras - le comentó y él le arrebató el aparato de la mano, buscando con rapidez el número de su abuelo - Ah, y Otabek ha preguntado por ti. Dice que no puede comunicarse contigo -
Sé quedó estático y trago con dureza, recordando su charla con Otabek y sintiendo una sensación horrible en su cuerpo, no sólo por escuchar su nombre, sino también por pensarlo.
- No digas su nombre - le ordenó a Yuuri con dureza - No quiero escucharlo nunca más -
Yuuri lo miró sorprendido, sin entender su reacción. Está no era como las otras veces, cuando bromeaba con Victor llamando al mejor amigo de Yuri por distintos nombres como "Beks" o "Becky", cuando éste reclamaba que sólo él tenía el derecho de utilizar el apodo "Beka" para su amigo.
- Yurio, ¿Otabek tiene algo que ver con lo qué te pasó? - le preguntó el japonés, frunciendo el ceño.
- ¡Por supuesto que no! - negó el rubio, intentando sonar enojado, aunque su voz salió con un sollozo. Tomó a Potya y la abrazó.
- Yurio… - empezó a hablar el mayor de nuevo antes de que lo interrumpiera.
- ¡No! ¡No quiero hablar de esto! - rezongó justo cuando Victor y Yakov regresaban a la habitación - ¡Y esto también va para ustedes! ¡No quiero ver ni escuchar o mencionar en mi presencia a Otabek Altin nunca más! - ordenó, rompiendo a llorar.
Yakov mantuvo su expresión en blanco y Victor lo miró con la misma preocupación que Yuuri.
- Como quieras - respondió su entrenador - Pero te tomaras un par de días de descanso por si acaso, no quiero arriesgarme a que te lesiones -
- De acuerdo - aceptó el rubio, cruzándose de brazos.
- Me voy, más te vale no aparecer en la pista o en la casa de Lilia, ¿entendiste, Yuri? - le ordenó Yakov, señalando con un dedo.
- Da - fue la única respuesta del chico.
Yakov se fue apretando los dientes, dejando a los tres patinadores solos. Ninguno habló hasta que escucharon la puerta del departamento cerrarse.
- Ahora que estamos solos, ¿vas a decirnos que te pasó? - le preguntó Víctor, cruzándose de brazos y mirándolo con seriedad.
Yuri dudó, quería hablarlo con alguien pero no sabía si Víctor era la persona idonea: era un idiota y un insensible. Por algo le había costado lidiar tanto con los ataques de pánico de su esposo cuando se convirtió en su entrenador.
- Yurio, Otabek sigue enviando mensajes - le dijo Yuuri, que miraba su celular incómodo - Bloquearemos todas las formas de contacto si quieres pero si vamos a dejar de lado a un colega, merecemos saber porqué -
Detrás de él, Victor asintió con energía.
Resignado, sabiendo que Yuuri tenía razón, decidió hablar.
- Es cierto - murmuró el joven - Otabek se va a casar con esa tal Sheker -
Los dos adultos se miraron entre ellos, Yuuri volvió a mirar su teléfono.
- Pero pensamos que ustedes… ya sabes… - comentó el japonés, incómodo.
- Yo también - lo cortó Yuri - Aparentemente me equivoqué -
Sintió que sus ojos se humedecieron y se los frotó con fuerza.
- Está bien - dijo Victor, manteniendo un tono serio - Bloquearemos a Otabek de todas las redes sociales pero primero le diremos que te deje en paz y que no piense en venir aquí -
- Gracias - asintió Yuri.
Pero no pudo parar de llorar. Yuuri se acercó a él y le dio un abrazo.
