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Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationships:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2026-01-07
Words:
2,398
Chapters:
1/1
Kudos:
1
Hits:
28

Jafn fagr sem tungl (Tan bella como la luna)

Summary:

La rutina puede cambiar repentinamente cuando menos te lo esperas, sobre todo en esta mansión. Algo que Lily pensaba que no le iba a pasar a ella, hasta que una partida lo cambió todo. Bastaron unas cuantas palabras para que se diera cuenta de que no está sola, de que alguien entiende su sufrimiento, su pasado, el dolor de perder a una persona importante de tu vida y con la que compartes sangre, y también la rabia que puedes sentir hacia personas con las que compartes esa misma sangre.
Una presencia que parece entender su dolor mejor que nadie.
Porque a veces, basta con que alguien te comprenda para que todo empiece a romperse.

Notes:

Este es mi primer fanfic, así que me disculpo de antemano por si alguna etiqueta está mal puesta o algo por el estilo. Tanto Ithaqua como Lily son mis dos mains, y estoy intentando hacer lo mejor que puedo para plasmar su personalidad lo más cercana al canon posible. Agradezco a mis amigos y a mi novia, que me impulsaron a publicar esto aquí. Me pegó demasiado fuerte el ship de Ithaqua x Lily, y como casi no hay contenido, tuve que crearlo yo misma con mis propias manos. Algunas cosas no siguen el canon principal del juego porque me gusta poner mis propios headcanons de la mansión eterna, y tanto los ships secundarios como el resto de personajes que aparezcan en la historia son los ships favoritos de mis amigos y sus mains de IDV. Dicho esto, espero que os guste tanto como a mí. <33

Work Text:

1º CAPITULO "PURA Y TRANQUILA COMO UN LIRIO"

Los mismos pasillos, una y otra vez, continuamente; la misma rutina todos los días, las mismas personas y algunas nuevas que llegan cada pocos meses, sin darse cuenta de que se están metiendo en la boca del lobo, sin saber que de aquí no podrán salir nunca más. Esta maldita mansión ya los reclamó como suyos mucho antes de que vinieran. Los mismos partidos dolorosos que nos matan mentalmente, lentamente, porque qué placer sería que nos mataran de verdad, pero esa es otra de nuestras maldiciones: no poder morir, ser fantasmas vagando por este eterno purgatorio hasta el final de todo.

Sįmøń

Y para mí, las mismas voces que resuenan en mi cabeza una y otra vez; las sombras que siempre pasan por mi visión; la sensación de estar volviéndome loca día tras día, noche tras noche.

Cæn yøû hęår mę?

-¿Lily?

Al oír mi nombre, levanté la cabeza rápidamente para encontrarme de frente con un colmillo que sobresalía más que el resto de los labios de esa persona. Mi mirada se elevó poco a poco, fijándose en sus rasgos: rostro circular, unos grandes ojos, uno de ellos dañado.

Luca.

Luca Balsa.

Esa era la persona que estaba delante de mí, meneándome la mano frente a la cara para que me despertara del todo.

Cuando miré mis manos, me di cuenta de que aún sostenía los cubiertos, y un gran plato de comida se encontraba delante de mí. Oh, verdad, era la hora de la comida.

Miré a mi alrededor con nerviosismo. Varias personas aún estaban sentadas en la mesa comiendo; otras ya habían terminado y se encontraban charlando entre sí, y un pequeño grupo estaba dejando sus platos para que, más tarde, quienes tenían que limpiarlos lo hicieran antes de marcharse. A saber adónde: a un partido, a descansar a sus habitaciones, a dar una vuelta por la mansión…aunque no había mucho que ver; siempre era lo mismo.

-¡Lily!

Escuchar mi nombre tan alto hizo que me sobresaltara repentinamente, dando un pequeño salto en la silla en la que me encontraba, acompañado del chasquido que Luca hizo justo delante de mi cara, donde antes su mano se había estado meneando. Cuando mi vista se volvió hacia él, pude ver su mirada molesta y cómo se daba la vuelta rápidamente para dirigirse a la puerta de salida del comedor, murmurando varias cosas en un idioma que no pude reconocer del todo, el cual seguramente era su lengua natal y no el inglés que nos obligaban a todos a hablar para comunicarnos mejor entre nosotros.

Quité esos pensamientos de mi cabeza rápidamente mientras mi mirada se dirigía hacia donde había salido Luca con paso firme. La curiosidad me mataba y necesitaba saber por qué me había gritado de esa manera y por qué me había llamado en primer lugar.

Antes de que pudiera salir del comedor, una mano agarró la mía con rapidez. Conocía ese tacto de memoria. Cuando giré la vista, tres sonrisas extrañamente similares a la mía me devolvieron la mirada.

Mis hermanos…

Sįmøń! Yøû cąn dœ ît!

Me tapé un oído rápidamente mientras mantenía la sonrisa en el rostro; esas voces cada día se volvían más molestas. Noté la mirada de preocupación de los tres al ver cómo mi sonrisa flaqueaba. Me obligué a mí misma a quitarme la mano del oído y a ensanchar aún más mi sonrisa. Ni siquiera sabía por qué me tapaba los oídos, como si eso fuera a impedir que esas voces volvieran a sonar.

-¡Florian! ¡Mike! ¡Bryn!

Dije, mientras correspondía al agarre que Florian había impuesto sobre mi mano. Noté cómo las miradas de preocupación se esfumaban de sus rostros y volvían a sonreír con la misma intensidad que antes.

—¿Se te escapa el novio o qué?

Podría decir con los ojos cerrados quién había dicho esas palabras, sobre todo después de la risa infantil que las siguió. Una pequeña risa se escapó de mí, uniéndose a las otras tres.

—¿Y tú, Mike, dónde dejaste al tuyo?

Bryn habló con su típica voz áspera y ruda mientras se apoyaba en el hombro de Mike, dándole un pequeño golpecito en la cabeza.

—Mi precioso Norty anda en partida, y debo mencionarte, mi querida Briny, que en esa misma partida está tu queridísima nubecita de algodón. Así que yo también debo preguntarte lo mismo: ¿dónde dejaste tú a la tuya?

—Tú y tus apodos tan infantiles…nunca vas a cambiar.

—¡Oh! Pero que yo sepa, tú también eres muy cursi e infantil en ese tema, ¿no es así, solecito?

Y ahí iban otra vez, algo a lo que tanto Florian como yo nos habíamos acostumbrado. Bryn y Mike solían molestarse mutuamente en broma, ya fuera sobre sus respectivas parejas u otros temas. Siempre era muy divertido verlos pelear.

—¿Cómo sabes ese apodo?

—Tengo mis contactos. Me llevo con casi todo el mundo en este infierno, a mí no se me escapa nada.

Dijo Mike, posando una mano en el pecho para presumir, mientras Bryn, aún con la sonrisa en el rostro, le daba otro pequeño golpecito, esta vez en el hombro.

—¿A dónde ibas con tanta prisa?

Me preguntó Florian, aún agarrando mi mano con fuerza, como si me estuviera impidiendo marcharme hasta que respondiera a su interrogatorio. Solía hacer eso muchas veces, acompañado de esa sonrisa tétrica que lo caracterizaba. Ya estaba muy acostumbrada, por lo que no me afectaba…el problema era que su agarre era tan fuerte que, sí o sí, debía contestarle.

A este paso, ya no sabía a dónde se había ido Luca. La opción de ir preguntando a todas las personas que me cruzara no era la mejor; en este lugar, los rumores corren como la pólvora, y a saber qué tipo de cosas se dirían. Alice ya había intentado controlar eso muchas veces, pero no puedes frenar la principal fuente de entretenimiento.

—Entiendo por qué Matthias te tiene miedo y aún no te acepta como su pareja.

—Solo es cuestión de tiempo que lo haga. Debo tener paciencia, solo eso… y es una de mis mejores cualidades.

—No intentes cambiar de tema, hermanita. Te conozco demasiado. Céntrate: ¿a dónde ibas?

El agarre en mi mano se volvió mucho más fuerte y ya me estaba haciendo daño. No quería decirle a Florian que andaba persiguiendo a Luca. Miré a mi alrededor nerviosamente, buscando una excusa lo suficientemente buena para que me dejara ir.

Entonces mi mirada se fijó en dos supervivientes que salían del comedor: la psicóloga y la jardinera, hablando entre ellas sobre el partido que estaban a punto de tener…un partido que recordé de repente que también yo tenía. Se me había olvidado por completo.

—Tengo un partido ahora, Flori. Llegó tarde y por eso iba con tanta prisa.

Dije, sonriendo plenamente, notando cómo su mirada me escaneaba de arriba abajo en busca de mentiras o excusas. Mentira no era. El agarre en mi mano se aflojó por completo, permitiendo que la sangre volviera a circular y que mi mano quedara libre. Solté un suspiro de alivio al notar cómo la tensión desaparecía.

—Espero que tengas un buen partido, Lily. ¡Mucha suerte!

Escuché a Florian decir mientras me daba la vuelta para salir del comedor, seguido de las voces de despedida de Mike y Bryn de fondo.

Al salir, me encontré en la entrada de la mansión. Miré hacia la mesa que se encontraba al fondo, cerca de la estatua que escondía la puerta hacia la biblioteca de la mansión. Nunca había entrado a ese lugar; no era muy fan de los libros y, por lo que sabía, estaba llena de polvo y telarañas. Al parecer, no la limpiaban muy a menudo.

Para mi decepción, una llave se encontraba sobre la mesa. Eso solo significaba una cosa: un nuevo residente llegaría a la mansión dentro de poco. Recordaba que Alice había hablado de ese nuevo superviviente en una de las reuniones que hacíamos cada pocos meses, pero no recordaba nada de esa persona. Lo único que me daba una pista era la decoración del llavero: un pequeño animal con cuernos, seguramente un toro, era lo que más resaltaba.

Pestañeé rápidamente al darme cuenta de que me había vuelto a distraer. La partida seguramente estaba a punto de empezar. No sabía la razón, pero desde hacía meses me sentía y me notaba mucho más perdida, como si de alguna manera mi psicosis se estuviera intensificando.

Con esos pensamientos en la cabeza, aceleré el paso hasta llegar a la sala de espera, donde tanto los supervivientes como el temido cazador esperábamos a que iniciara la partida. Entré a paso lento, fijándome en los alrededores. Por instinto, mi vista se dirigió primero a la parte de la habitación en sombras, donde una cortina bloqueaba la visibilidad. En esa zona era donde siempre se sentaba el cazador. Intenté enfocar la vista para averiguar a quién nos íbamos a enfrentar, pero las sombras se entrelazaban entre sí formando figuras extrañas. Lo único que logré diferenciar fue una especie de…¿zancos?

Cuando levanté la mirada, unos ojos brillantes me observaban fijamente, parecidos a los de un búho. Un escalofrío recorrió mi columna vertebral y aparté la vista de inmediato, dirigiéndome con la mirada baja hacia mi sitio en la mesa, donde se encontraban mis otros compañeros de equipo.

Sabía que dos de ellos eran la psicóloga y la jardinera, pero no conocía al tercero. Levanté la cabeza lentamente para fijarme en la persona a mi lado y mi boca se abrió ligeramente al reconocer ese colmillo.

—¡Luca!

Dije con felicidad, una sonrisa enorme formándose en mi rostro, mientras me acercaba un poco más a él…o mejor dicho, a su espalda, ya que solo me lanzó una mirada de reojo y se movió para darme aún más la espalda, alejando su mirada de mí. Noté cómo las miradas de las otras dos supervivientes se clavaban en mi espalda, pero no me importó. Necesitaba saber qué había querido decirme Luca antes.

—¿Qué me querías decir antes? Siento haber estado tan distraída y no haberte prestado atención cuando me llamaste. Ya conoces cómo soy, Luca. Por favor, dime qué querías decirme, no me dejes con la curiosidad.

Me quejé, notando que Luca aún seguía enfadado conmigo y haciendo uno de sus pequeños berrinches típicos.

—¡Oh! Por favor, increíble inventor, dime la idea que se te pasó por la mente en el momento en que me hablaste.

Dije con un tono teatral, viendo cómo la mirada de Luca se iluminaba y una pequeña sonrisa se formaba en su rostro. Un suspiro de derrota escapó de él mientras se giraba para mirarme, ahora frente a frente.

—Tú y tus dramitas, Lily.

—Mira quién habla.

Apoyé la mano sobre la mesa, sosteniendo mi barbilla con ella, con una sonrisa de superioridad en el rostro y una mirada de competitividad iluminando mis ojos. La misma sonrisa se dibujó en el rostro de Luca cuando me devolvió la mirada.

—Okey, puede que tengas un poco de razón, pero ponte en mis zapatos, Lily. Andaba preocupado por ti y no me prestas atención.

—¿Preocupado por mí? —pregunté con curiosidad, ladeando ligeramente la cabeza.

—Exactamente. Llevas varios días…mejor dicho, ¡semanas! totalmente dispersa. Te quedas mirando puntos fijos de la nada sin prestar atención a tu alrededor, como si estuvieras en tu propio mundo. Te tapas los oídos como si escucharas algo que te molesta y, muchas veces, giras la cabeza rápidamente, como si alguien estuviera detrás de ti o vieras algo. La mayoría lo notamos, y no creas que por luego volver a poner tu típica sonrisa no vimos cómo te flaqueó en su momento…

Dijo Luca, acompañando sus palabras con gestos rápidos y continuos con las manos. Lo miré aún más extrañada que antes. Sí, no negaba que yo también había notado que llevaba tiempo dispersa, que las sombras y las voces se habían vuelto más presentes… pero ¿no era eso algo normal? Emily siempre me decía que las enfermedades mentales son extrañas: hay meses en los que se sienten con menos intensidad y otros en los que se vuelven más violentas.

—Pero ¿no es algo normal? Mi psicosis anda más violenta, seguramente. Emily me dijo que eso es normal, ¿no es así, Ada?

Me giré con una sonrisa en el rostro para mirar a la psicóloga, que se encontraba sentada al otro lado mío junto a Emma. Las dos nos habían estado observando atentamente. Sin embargo, también pude notar otros ojos clavados en mí desde las sombras.

Unos ojos que me ponían tensa, que me provocaban constantes escalofríos. Unos ojos que sentía que me atravesaban el cuerpo entero, que me desnudaban en cuerpo y alma, descubriendo mis secretos más oscuros. Unos ojos que, de alguna manera, sentía que me entendían…aunque aún no sabía en qué.

Ûńtįl thąt møństęr ąppēårëd

Æftêr ąll cørpsęs dō nöt spēâk

-Lily, te doy mis más sinceras condolencias, pero no, no es algo normal. Como dices, tienes razón: las enfermedades mentales son extrañas, pero no debería afectarte de esa manera durante semanas o meses, sobre todo con la medicación que tomas… porque te tomas la medicación, ¿verdad?

Noté su mirada crítica clavándose profundamente en mí. De pronto, todo a mi alrededor pareció detenerse. Oh, oh… se me había olvidado. Hacía ya meses que se me habían acabado mis pastillas y nunca había vuelto a pedírselas a Emily. Bajé la mirada con vergüenza, evitando los ojos de Ada.

—Llevas tiempo sin tomarte las pastillas, ¿verdad? —dijo, suspirando, mientras apoyaba la cabeza en la palma de su mano, decepcionada.

—Lily, debes tener más cuidado con eso… Te puede dar un ataque grave, y tanto a Emily como a mí no nos gustaría verte en ese estado. Cuando termine esta partida, ve inmediatamente a visitar a Emily para que te dé tus pastillas. ¿Me escuchaste?

El tono de voz con el que lo dijo hizo que bajara aún más la mirada, asintiendo lentamente.

—A Simon no le gustaría verte en este estado. Hazlo por él.

Levanté la cabeza de golpe al escuchar esas palabras salir de la boca de Ada, pero no pude decir ni oír nada más. Mi visión se oscureció y el ruido de cristales llenó mis oídos.

La partida estaba a punto de comenzar, y esas palabras seguían resonando en mi mente, sustituyendo casi por completo el sonido de los cristales.