Chapter Text
El viaje de vuelta a la guarida de Norte transcurrió en silencio. Nadie se atrevía a decir ni una sola palabra respecto a todo lo sucedido y la discusión antes de subir al trineo no duro mucho cuando Norte y Sandman finalmente convencieron a Jack de acceder a quedarse un tiempo con ellos hasta haberse recuperado.
En más de una ocasión Meme intento llamar la atención de los más jóvenes a bordo con la intención de animarlos o siquiera levantarles un poco la moral, pero estos se mantuvieron con la mirada gacha aún cuando llegaron al hogar de Norte y todos fueron atendidos entre yetis, duendes, hadas y algunas plantas que tenían vida propia al escupir bálsamo sobre hojas que enredaban con tallos en su cuerpo para cubrir las heridas y dejar paso al reposo.
Los días pasaron más rápido de lo que fueron capaces de calcular, perdieron la cuenta a los diez y siete días. Los guardianes habían dejado de hablar con Jack o Eros y en su lugar los acompañaban en tardes de silencio o interrupciones con comida que los ayudarían a recuperar su fuerza.
A veces estaban juntos sin hablar de nada o separados, explorando el taller del guardián mayor con una tranquilidad y silencio anormales en ambos espíritus incontrolables.
—Sabes— fue Jack quien rompió el silencio en uno de esos tantos paseos que daba por el taller. Aún tenía la voz ronca por no usarla y los daños colaterales que le costaron al empujarse al extremo de exigirse más cuando no podía luchar tanto tiempo. —A Hiccup le hubiera encantado esto.
Eros siguió su dedo que señalaba un extraño juguete de madera que simulaba un ave, otro con forma de mariposa y por último una marioneta que simulaba un vikingo con espada y escudo.
—Si— no se le ocurrió ninguna burla o gesto agraciado que aligerara el ambiente que estaba hundiendo a ambos en un humor miserable y nada confortante para él espíritu que se suponía, representaba el amor.
—Aunque me gustaban más sus inventos, eran más...no se— Jack negó con la cabeza al dejar salir las palabras que estuvieron atoradas por sus labios todos esos días —Se que los mortales tienen una vida más corta que nosotros pero eso fue ridículo. Ni siquiera tuve oportunidad de pasar más tiempo con él, estuvimos hablando por poco tiempo pero fueron los mejores días desde...desde que tengo memoria.
—Lo sé.
Eros se mantuvo a raya, dejando que las lagrimas silenciosas y heladas de su amigo cayeran con discreción mientras se descargaba un poco.
—Y no me arrepiento de haberlo conocido, pero... — prefirió no continuar al perder de nuevo el control de su voz al recordar uno de esos tantos momentos de diversión y paz que pudo pasar con el castaño —Bueno, cambiando de tema ¿cómo sigue tu herida?
—Bien.
Jack enarcó una ceja al percibir las respuestas automáticas que su compañero estaba dándole sin tener la cabeza en el lugar y con la vista fija en un punto ciego.
— ¿No fue grave?
—No. Como originalmente era mi flecha, no me daño demasiado.
—Entonces si te daño— intento ganar un poco la atención del arquero para estudiar su expresión pero lo que encontró volvió a dejarlo con un revoltijo en el estomago.
—Dije que estoy bien Jack. Voy a descansar.
Ahora que sabía la naturaleza del aura que Eros poseía, le era difícil adivinar si esa culpa, tristeza y vacio que veía en sus ojos era algo que sentía por sí mismo o un reflejo de lo que Jack tenía en ese momento. Era confuso y si lo pensaba demasiado su cabeza le gritaba que dejara de hacer esfuerzos inútiles por entender temas en los que no tenía ni siquiera una idea vaga para andar con calma.
A pesar de su cambio radical de humor, Jack agradecía las vueltas que Eros se daba de vez en cuando para revisar su humor e intentar levantarle el animo a su propio modo cuando se ponía a jugar con alguno de los juguetes de madera que debió hurtar de los desechos que Norte tenía.
Lo único bueno era que la relación entre los guardianes y Eros había mejorado un poco en esos últimos días. Y si, eso era lo único bueno que Jack podía encontrar en todo ese desastre que de solo recordar lo podía casi palpar. Más ahora que había descubierto que podía dormir sin necesidad de los polvos que Sandman había prestado la primera vez.
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Del otro lado del mundo, en Berk, Hiccup tenía problemas para despertar debido a la ligera tumefacción que todo su cuerpo tenía por la falta de movimiento en esos largos días donde su consciencia se encontraba reposando tras la batalla que sostuvo junto a su dragón, que esperaba paciente a su lado por su despertar.
No paso mucho para que la paciencia abandonara a Toothless y en un intento por despertarlo con suaves empujones, uno de sus cuartos delanteros termino aplastándolo por accidente. Algo que beneficio un poco a Hiccup por sus problemas para entender su situación, comprender el lugar en el que se encontraba y unir de forma rápida y torpe los últimos acontecimientos que guardaba en su memoria.
Uno de sus primeros reflejos fue ver a su alrededor en busca del albino que, estaba seguro, había logrado poner fuera de peligro antes de lanzarse al ataque y quien ahora brillaba por su ausencia.
<<Quizá esta afuera>>
Con eso en mente se apresuro a levantarse de la cama. Deteniéndose al sentir algo fuera de lugar al momento de moverse y grande fue su sorpresa cuando sus orbes cayeron sobre la prótesis que ocupaba el lugar que debía tener su pie izquierdo.
No iba a mentir, una pequeña parte de él estaba sorprendida por no poder salir ileso de aquel tremendo ataque, pero tampoco podía quejarse cuando sabía que era mejor eso a estar muerto.
—Bueno, aquí vamos— respiro hondo, haciendo lo posible por ignorar el dolor que punzaba en el punto donde rozaba su pierna con la prótesis de madera y cuero. De hecho, agradecía tener a Toothless a su lado o evitar el impacto con el suelo habría sido imposible sin su ayuda —Gracias amigo.
Continuaron su camino a la puerta con Hiccup tragándose los nervios al imaginar que vería detrás de la puerta. Jack nunca usaba las puertas y entraba por donde tenía la oportunidad, pero estaba seguro de que él estaba en peor estado para esos momentos. Lo cual lo dejaba con la duda de si el paradero de su amigo se encontraba en donde los guardianes tuvieran su base secreta.
Aunque su primer intento por salir fue un fracaso, no tardo mucho en ponerse al corriente con lo que su padre tenía para decirle, en aceptar el regalo que Gober le había hecho y recibir el golpe preocupado de Astrid que lo esperaba afuera con los demás. Estuvo a punto de quejarse por tener que recibir los golpes cuando se encontraba adolorido pero los brazos de su amiga lo rodearon en un reconfortante y aliviado contacto que le sirvió como puente a ambos para intercambiar palabras rápidas.
—Tenemos que hablar.
Al separarse, Hiccup no necesito preguntarle a Astrid sobre que trataría la conversación que quería tener. Esperaron a que los otros se dispersaran y los dejaran solos con la excusa de tener que acomodar el equipo con el que Hiccup iba a volar con Toothless, cuando en realidad su objetivo era ponerse al corriente sobre otro tema.
— ¿Qué sucedió después de que caímos?
—Pues no lo sé muy bien— Astrid procuro hablar en voz baja para cuidar que los vikingos curiosos no se acercaran a ver de que hablaban —al principio todos pensamos que estabas muerto, bueno ambos— señalo al dragón que jugaba con un balde vacio de pescado a pocos metros de ellos —el fuego lo consumió todo y Jack estaba hecho una porquería. Con trabajos ayudo a buscarte pero...
Se formo un silencio incomodo que Hiccup no tuvo problemas en romper al darse una vaga idea sobre lo que su amiga quería decir con ese gesto que ahora formaba de manera inconsciente.
—No me encontró ¿cierto?
—Nadie lo hizo. Es que, Hiccup, Toothless te salvo pero como estabas escondido en sus alas no te veías y él estaba inconsciente. Todos creímos que solo él se había salvado.
— ¿Y donde esta Jack?
Ella se encogió de hombros, frustrada de no haber podido distinguir bien quienes eran las personas o entes que habían ayudado a llevarse al albino.
—No lo sé. Fue voluntariamente a la orilla de la isla, pero después de eso no lo pude ver. Eros lo estaba esperando en un trineo de madera, pero los perdí de vista cuando escuche que estabas vivo. Lo siento.
—Nah, está bien— le dirigió una sonrisa a modo de agradecimiento. Y es que escuchar que Jack se encontraba a salvo y descansando al igual que el en algún punto, era algo que lo animaba al punto de querer volar en ese preciso momento solo para comprobar que no se encontraba el espíritu en la isla. —Quizá este en la isla.
— ¿Si?
—No, pero no pierdo nada con buscarlo— se encogió de hombros un poco apenado al recordar las veces que habían llamado a Jack “su novio” y él no se molesto ni un minuto en desmentirlos.
Tenía que encontrarlo y aclararle aquel enorme malentendido que dejo crecer sobre el tipo de trato que los amigos se daban, retarlo a una competencia de vuelo, gastarle más bromas, pasar más tiempo juntos, saber si realmente para él significaba solo un amigo.
Eran tantas cosas las que tenían que hablar y pasar con él, pero primero era encontrarlo. Tendría que buscarlo y si las cosas se complicaban por la ubicación, iba a necesitar ayuda en esa búsqueda que debía ser más fácil acompañado que solo.
Pero valía la pena el esfuerzo.
