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Fantasmas (bkdk)

Chapter 27: Epílogo

Notes:

"Porque nunca pensé que encontraría esa hermosa vida que brilla con luz inocente, como cuando éramos niños"

(Eldest daughter - Taylor Swift)

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

La luz no es una salvación repentina. Nunca lo ha sido en la vida de Izuku Midoriya. Siempre ha sido más como una claridad que le ayuda sin exigir nada a cambio.

Izuku despierta —si esa es la palabra correcta— en un espacio que no tiene bordes, donde no existe el suelo o el cielo. Solo una blancura suave que no ciega. No siente dolor. Tampoco su cuerpo. Solo una extraña sensación de estar completo de una forma que se había olvidado de ella. Una que no tenía desde hace meses.

—Has llegado más lejos de lo que creí posible.

La voz no lo sobresalta. Izuku se gira despacio, sabiendo de antemano quién va a estar ahí. Yoichi Shigaraki lo observa con una profunda calma. Su rostro ya no tiene ese velo del cansancio por cargar con décadas de decisiones ajenas.

—¿Esto es? —empieza Izuku.

—El final de algo —responde Yoichi—. Y el principio de otra cosa.

Izuku baja la mirada hacia sus manos. No consigue ver el verde eléctrico recorrerlas, pero lo siente. No como una corriente desbocada o como un préstamo que podría romperlo en miles de pedazos. Esta vez late con la naturalidad de un pulso propio.

—El One For All —murmura— ya no se siente como antes.

Yoichi deja ver una sonrisa llena de nostalgia.

—Durante generaciones, este poder existió por una decisión—dice—. Como respuesta a mi hermano. Siempre ha sido una herida que nunca se ha podido cerrar. Hasta ahora.

Izuku levanta la vista con el corazón encogido en un puño.

—¿All For One, él...?

—No queda nada de él —afirma Yoichi—. Nada de su eco o su vínculo contigo. Y por eso, One For All ya no pertenece a una cadena de voluntades con el propósito de derrotarle.

Da un paso más cerca.

—Ahora es tuyo, Izuku Midoriya.

Las palabras flotan por el aire, estableciéndose en su mente con un peso que nunca había conocido.

—Lo has reclamado como tuyo —continúa—. Decidiste avanzar incluso cuando no quedaba un futuro.

Izuku piensa en Katsuki. En la oscuridad. En esa chispa naranja que se negaba a desaparecer.

—Tu cuerpo y tu alma cambiaron —añade Yoichi—. El Quirk de Ecos dejó marcas, pero ya no volverá a hacerte daño. Recuerda esto, Izuku: vivir después de la muerte también es una forma de victoria.

La luz empieza a desvanecerse suavemente y supo que era el tiempo de volver al mundo real.

—¿Volveré a verte? —pregunta Izuku, sin saber por qué.

Yoichi niega con la cabeza, con una sonrisa serena.

—No. Y eso significa que todo salió bien.

Antes de desaparecer por completo, deja una última voluntad suspendida en el aire.

—Vive. No como un símbolo. Como humano.

— ✴️✳️ —

El pitido constante le taladra la cabeza. Luego llega el dolor. Izuku inspira bruscamente y el aire le quema los pulmones por el cansancio acumulado. Un gemido se le escapa antes de poder controlarlo.

—¡Está despertando!

La luz es demasiado fuerte. Parpadea desorientado. El techo blanco del hospital —que reconocería en cualquier parte— se ve borroso a través de su visión. Su cuerpo protesta con el más mínimo movimiento.

—Izuku.

Esa voz.

Gira la cabeza con dificultad. Katsuki está en la cama de al lado. Vendado, con el brazo derecho inmovilizado y una expresión cansada. Pero vivo. Mirándolo como si su vida fuese más valiosa que la propia. Algo dentro de Izuku se rompe. Las lágrimas caen sin permiso.

—Idiota —gruñe Katsuki, con la voz ronca—. ¿Vuelves de la muerte y te pones a llorar?

Izuku intenta responder, pero al mover la cabeza nota algo rozar su frente. Un mechón de un color que le da arcadas. Frunce el ceño y levanta una mano temblorosa. Sus dedos se hunden en su propio cabello. No es verde. El corazón le da un vuelco.

—Kacchan —susurra— ¿Mi pelo, de qué color es?

Katsuki lo observa con atención y chasquea la lengua, molesto.

—Así que no era cosa mía.

Izuku gira la cabeza lo justo para verse reflejado en la superficie metálica de un monitor apagado. La respiración se le corta de golpe al verlo. Su cabello es blanco, casi translúcido, con reflejos verdes en las puntas.

—Es el Quirk de Ecos —dice Katsuki en voz baja—. Parece que llegó demasiado lejos.

La puerta se abre. Melissa entra primero, seguida de Mei y un médico que lleva una expresión seria.

—Bienvenidos de vuelta —dice el doctor—. No suele ser literal, pero milagrosamente es verdad.

Melissa se acerca. Tiene los ojos enrojecidos de llorar.

—Habéis estado inconscientes tres días —explica—. Y el daño fue serio.

El médico consulta la tablet que lleva.

—Bakugou Katsuki, tienes una fractura de fémur, dos costillas rotas, y una sobrecarga extrema del sistema nervioso por el uso excesivo de tu quirk.

—Tch —masculla Katsuki—. Pensé que sería peor.

—Midoriya Izuku, cuatro costillas fracturadas, microfracturas en ambos brazos, daño muscular severo en piernas y una alteración en el ADN leve que no es preocupante.

Izuku se tensa por sus palabras. Eso puede significar muchas cosas.

—¿Qué ha pasado con el One For All?

—Sigue ahí —responde Melissa—, pero ya no funciona igual. Aunque sigues pudiéndolo usar.

El médico duda un instante antes de seguir.

—Y el cambio en tu cabello no es algo grave. El Quirk de Ecos dejó una impronta permanente en tu cuerpo como consecuencia, pero es solo eso. Por suerte, las marcas han desaparecido y el arañazo se está curando.

Izuku baja la mirada. Creía que sentiría miedo de que todo volviera, pero solo lo inunda una calma que le sorprende.

Ochako entra despacio cuando el médico, Melissa y Mei se van de la habitación. No corre al verlos ni sonríe, ni siquiera menciona su nombre. Simplemente se queda quieta en la puerta durante un segundo demasiado largo.

Izuku está en la cama, vendado y pálido, pero vivo. Habla con Katsuki todavía sin percatarse de que ella está allí. Las rodillas de Uraraka fallan, pero Shoto es lo suficientemente rápido para atraparla y que no caiga al suelo.

—Es él —susurra ella, como si todavía no lo creyera del todo—. Shoto, es Izuku. Está vivo.

Izuku gira la cabeza al oír su voz. Ese pequeño gesto hace que una descarga de dolor —que intenta ignorar— recorra su espalda.

—Uraraka, Todoroki.

Eso es todo lo que ella necesita oír. Cruza la habitación casi tropezando y lo abraza, intentando ser cuidadosa al principio hasta que deja de poder fingir. Entonces se aferra a él con todo lo que siente, temblando y enterrando la cara en su hombro.

—Eres un idiota —dice entre sollozos—. Un imbécil horrible. ¿Sabes lo que fue ver esas líneas? ¿Sabes lo que fue pensar que...?

La voz se le rompe del todo. Izuku levanta una mano con dificultad y la apoya en su espalda.

—Lo siento —murmura—. De verdad.

Shoto se queda a unos pasos de distancia, totalmente rígido. Sus manos están apretadas en puños tan tensos que los nudillos se vuelven blancos. No llega a llorar, pero algo en su mirada está cerca de quebrarse.

—El laboratorio se quedó en silencio —dice finalmente—. Nadie respiraba. Cuando los monitores se apagaron, realmente pensé que ese era el final.

Izuku traga saliva. Los nervios de lo que ha pasado le carcomen por dentro.

—Kacchan y yo casi no volvemos.

Shoto asiente lentamente.

—Lo sé.

No dice nada más. Uraraka y Todoroki estuvieron ahí. Lo vieron. Vieron como la vida se escapaba de sus cuerpos y cómo una parte de ellos se quedó congelada al instante. Eso es algo de lo que Izuku no se había dado cuenta hasta ahora. Ochako se separa un poco y lo mira a la cara. Mira a ambos.

—No volváis a hacer eso —dice—. No nos dejéis así otra vez.

Izuku asiente, con los ojos rebosando de cariño.

—Lo prometo.

Desde la otra cama, Katsuki resopla.

—Siempre dices lo mismo, nerd.

Ochako ríe entre lágrimas.

—Tú cállate.

El resto de la tarde se esfuma entre risas y anécdotas de la juventud que los cuatro recuerdan. En visitas del resto de amigos que se acaban de enterar de todo lo que ha pasado y del regaño de sus madres por no contarles nada.

— ✴️✳️ —

El apartamento está en completo silencio. Uno cálido, distinto al que está en las salas de espera del hospital. Roto solo por el zumbido del frigorífico y el pasar lejano de los coches en la ciudad. En medio de esa tranquilidad, dos respiraciones se calman por primera vez en mucho tiempo sin que tengan que luchar por sobrevivir.

Izuku está sentado en el sofá, con una manta sobre los hombros. El cuerpo le pesa como si un elefante estuviera sentado encima de él, todo por el cansancio acumulado de los últimos meses. Katsuki está a su lado, descalzo, apoyado contra el respaldo del sofá y con un brazo estirado detrás de Izuku, rodeando sus hombros en un reconfortante abrazo.

Durante un rato no dicen nada. Tampoco hace falta. Bakugou es el primero en moverse. Con cuidado de no forzar ninguno de los puntos de las heridas, toma un mechón del cabello de Izuku entre los dedos. Es blando y suave, los reflejos verdes brillan débilmente bajo la luz tenue del salón.

—Te queda raro —murmura.

Izuku suelta una risa baja.

—Gracias.

—No era un cumplido.

—Lo sé.

Aún así, Katsuki no lo suelta. Pasa los dedos por el cabello una y otra vez, comprobando que es real. Que Izuku está a su lado y no en peligro de desvanecerse si aparta la mirada.

—¿Duele? —pregunta.

—No —responde Izuku—. Solo se siente raro.

Katsuki frunce el ceño.

—Voy a echar de menos tus rizos verdes.

Izuku sonríe de verdad después de mucho tiempo. Se inclina despacio, apoyando la cabeza en el hombro de Bakugou. Nota cómo él se tensa apenas un segundo y luego se relaja, acomodándose para que esté mejor.

—Pensé que no volveríamos —admite Izuku en voz baja—. Hubo un momento en el que ya no sentía mi cuerpo. Solo era la voz de All For One.

Katsuki aprieta la mandíbula, intentando no explotar de ira por todo lo que ha pasado Izuku.

—Sí fue raro, pero estás aquí. Estamos juntos.

Izuku asiente, cerrando los ojos.

—Sí. Todo salió bien porque tú estabas ahí.

Katsuki no responde enseguida. Baja la mirada, clava los ojos en algún punto invisible del suelo.

—Si no hubiéramos salido de ahí—empieza, y se detiene—. Te habría buscado durante toda la eternidad como un fantasma.

Izuku alza la mano despacio y la entrelaza con la suya.

—Lo sé. Toda la eternidad juntos como fantasmas.

Se quedan así, mano con mano, respirando al mismo ritmo. Afuera, el mundo sigue. Adentro, en el apartamento que ya es un hogar, ya no se escuchan murmullos ni ecos de gente pasada.

—Oye —dice Katsuki al cabo de un rato.

—¿Sí?

—Mañana —duda—. Mañana seguiremos aquí. Y podemos quedarnos en la cama todo el tiempo que queramos.

Izuku sonríe contra su hombro.

—Mañana podemos ser solo nosotros.

Katsuki aprieta su mano.

—Mejor.

La luz del salón se apaga a media noche. Ambos se acuestan sin decir nada más. Solo un beso de buenas noches que carga con el peso de todo lo vivido. Ninguno tiene prisa por mañana. Porque después de todo lo que han pasado, todo lo que casi pierden, siguen aquí. Juntos.

En casa.

FIN.

Notes:

Este libro es una metáfora de todos los fantasmas que cada persona tiene que lidiar en su día a día.

La depresión, la ansiedad o cualquier trastorno mental no es un juego ni algo leve. Por favor, si estás pasando por algo así, busca ayuda. Eres querido. Tómate un tiempo, un día o un mes, lo que haga falta.

Recordar que os quiero mucho a todos y muchas gracias por acompañarme en este hermoso proceso.

Nos vemos en el siguiente fanfic.

🌹Red.