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FFXV: El Protocolo de lo Absurdo Real, Temp 2

Chapter 35: Capítulo 3: — El As Bajo la Manga de La Oráculo.

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Interior del Solaria.

La tensión era tan densa que podía cortarse con un cuchillo.


El sonido del motor del “auto genérico de Niflheim” se redujo al ralentí a escasos metros.


Luego, el suave clic de puertas abriéndose.


Las siluetas de cuatro soldados imperiales —según lo que aún mostraban los cristales del Solaria— comenzaron a caminar hacia ellas.

 

—Van a sacarnos—dijo Aranea con voz baja y decidida. Desabrochó el cinturón, ya con la mano en el abridor—. Voy a hacerles frente. ¡No pienso ir a Gralea a enfrentar al alto mando!.

 

—Esperad —dijo Luna con suavidad, sin apartar la vista del parabrisas—. Aún tengo un as bajo la manga.

 

Aranea se detuvo en seco.

 

—¿Un qué..?

 

Luna no respondió. Solo sonrió, misteriosa. La sonrisa de alguien que ya había previsto cada jugada del tablero.

Llevó una mano con elegancia a la consola central, pone la palanca de cambios de N a R y luego, presionó un pequeño botón oculto, al lado de la palanca, se revela un joystick, el HUD encima del clúster, que duplicaba el velocímetro, ahora muestra 4 puntos de objetivos.


Aranea se sorprendió y dijo:


—¿Qué demonios es eso? ¿Un... control?

 

En el exterior, en la parte baja del parachoques delantero del Solaria, se abrió una trampilla.

 

—¿Qué es eso? —dijo Gladio alzando una ceja.


—¿Tiene... cañones? —dice Ignis sorprendido.


—¿Qué caraj- — gritó Prompto.

 

¡ZAAAN-KRSHHH!

Un sonido agudo, vibrante, metálico y alienígena rompió el aire.


Como los blásters de una nave aliengena.


4 disparos de plasma, de un verde radiante y luminoso, surgieron de los cañones ocultos del Solaria.


Interior del Solaria.


Desde su punto de vista, las tres chicas vieron cómo 4 pulsos de plasma verdes salían de la parrilla y explotaban cerca de los "soldados", envolviéndolos en una densa pantalla de humo verde fluorescente.

 

—¡¿QUÉ FUE ESO?! —chilló Iris, abrazándose a Cindy.

—¡¿ESOS ERAN PLASMA?! — gritó Aranea sorprendida.

—¡¿CUÁNDO EL AUTO EMPEZÓ A DISPARAR?! —gritó Cindy.

 

Luna solo sonrió más, sin decir una palabra.

 

Exterior, segundos después.

 

Los Chocobros apenas pudieron retroceder cuando el humo verde los envolvió.

—¡¿Nos están disparando?! —gritó Prompto.

—¡Eso eran armas! —dijo Ignis, tosiendo.

—¡¿Qué demonios es este auto?! —gruñó Gladio, invocando su espada.

—¡Esperen...! —dijo Noctis. Miró al frente.


El auto había desaparecido.

 

—¿Dónde está? —preguntó Prompto, mirando a los lados.

 

Y entonces lo vieron.

 

La pared del callejón sin salida ya no estaba. Era una puerta y está abierta, como si hubiera sido parte del plan desde el principio.

Más allá del umbral, una cornisa se asomaba al borde de la ciudad. se veia todo Lestallum.

 

—No había nada de eso antes — dijo Ignis incrédulo.

 

 —¿Cómo lo atravesó...?— dijo Noctis.

 

—¡Chicos! —gritó Prompto, asomándose desde la corinsa—. ¡Allá está!

 

A lo lejos, en una de las avenidas superiores de la ciudad, un destello negro mate apareció.

El mismo auto de Niflheim (según ellos) se asomaba apenas, haciendo ráfagas con las luces delanteras hacia ellos. Como si se burlara.

 

—¿Nos está provocando? —preguntó Gladio, sin creerlo.

—¿Por qué rayos revelaría su posición? —dijo Noctis.

 

—¡Vamos! —ordenó Ignis.

 

Volvieron al Regalia.

Dieron la vuelta por una ruta inferior y allí estaba.

Esperándolos.

En mitad de la calle. Quieto. Como si deseara que la persecución continuara.

 

Y así fue.

 

El caos en Lestallum resurgió como una tormenta.

Ambos vehículos —el Solaria y el Regalia— cruzaron otra vez entre puestos de comida, estructuras colapsadas, cajas, verduras y gritos.


Interior del Solaria.

La cabina era una mezcla de adrenalina y confusión.

 

—¡¿CUÁNDO LO MODIFICASTE?! —gritó Aranea desde el asiento del copiloto.

—¡¿DESDE CUÁNDO ESTO DISPARA PLASMA?! —añadió Cindy, aún abrazando a Iris.


—¡¿ESTAMOS EN UNA NAVE O UN AUTO?! —preguntó Iris, al borde de las lágrimas.

—¡La Oráculo ha vuelto! —exclamó Iris, señalando hacia adelante con el dedo, como si la revelación fuera el punto culminante de la trama.

 

Luna no respondió. Su sonrisa seguía intacta.

 

—¿Fue Su Majestad Regis, verdad? —dijo Aranea más seria—. Él te lo dio ya preparado…

 

Luna tampoco respondió.

 

Y entonces el Solaria entró en una avenida más ancha.

Delante, dos salidas posibles de la ciudad.

 

—¿A dónde vamos ahora? —preguntó Iris.


—Hay un paso en construcción al sur, podríamos intentar por— dijo Aranea pero fue interrumpida…


Luna giró el volante hacia la izquierda.

La misma salida por la que habían llegado.

 

—¿Volver al túnel? ¡Nos atraparán! —dijo Cindy.

 

—Hora del gran cierre —dijo Luna por primera vez desde que todo comenzó.

 

Y presionó el acelerador.

 

El “motor iónico” rugió, el zumbido agudo se hizo cada vez más intenso.

 

El Solaria aceleró a fondo, con una vibración metálica que hacía temblar los postes y alarmas.

 

Delante, un enorme Chocobo gordo dormía junto a su carreta de verduras. Estaba estacionado justo al borde de la vía, a la derecha.

 

El Solaria pasó a escasos centímetros.

El ruido lo despertó.

 

—¡KWWAAAAAAGH! —graznó el Chocobo, agitando las alas.


Confundido, giró a la izquierda.


Justo delante del Regalia que venía detrás.

 

—¡No no no no! —gritó Prompto.

 

El Regalia frenó con fuerza.


El ABS entró en acción, los neumáticos pararon de derrapar…


Y se detuvo justo frente al enorme Chocobo, que ahora los miraba, confundido y enojado, como si los acusara de haberlo despertado.

 

El Solaria se desvaneció en el túnel.

Y salió al otro lado de Lestallum, hacia Duscae, intacto.


Interior del Solaria.


Las tres chicas exhalaron un suspiro unísono.


No sabían cómo lo habían logrado.


Ni qué acababan de vivir.

 

—Estamos vivas… —murmuró Iris.

 

—Más o menos —añadió Cindy.

 

Aranea se giró hacia Luna.

—¿No vas a decir nada?

 

Luna solo miró el retrovisor.


Y sonrió.


Misteriosa. Tranquila. Casi divertida.

 

No diría nada.


Aún no.