Actions

Work Header

FFXV: El Protocolo de lo Absurdo Real, Temp 2

Summary:

Continuación de la temporada 1.

Tras recibir un cargamento de regalos desde Tenebrae, la paz del campamento estalla en una terapia de choque emocional que obliga a los Chocobros a sanar heridas que ni sabían que tenían. Pero justo cuando empiezan a entenderse, el Misterioso Encapuchado Moguri decide elevar la apuesta y orquesta un "accidente" abriendo un vórtice interestelar que los envia a otro mundo.

Mientras los chicos están en otro mundo, Luna, Aranea, Iris y Cindy y a bordo del Solaria, las chicas emprenden una travesía secreta por Lucis con una misión que la Oráculo solo define con una sonrisa traviesa.

Separados por años luz de distancia pero unidos por el destino, los Chocobros deberán prepararse para lo inevitable: regresar a casa no para cumplir el Canon, sino para destrozarlo.

Notes:

Fanfic no oficial. Personajes de FFXV pertenecen a Square Enix, referencias de otras franquicias pertenecen a sus respectivos creadores.

Chapter 1: Arco 1: Con amor desde Tenebrae… y Llegada de las chicas a Lucis.

Chapter Text

Capítulo 1: – La Gran Apertura de los Regalos.


Planeta Eos, Sistema Astralis, Galaxia Vía Láctea.



5 agosto 756, noche.



Campamento de los Chocobros, en algún lugar de Duscae, Lucis.



El droide ID10 permanecía oculto, cerca del campamento, con su lente azul enfocada en la tienda de Noctis y Prompto. Con un pitido apenas audible, el droide abrió un panel inferior. De allí, emergió un minidroide del tamaño de una araña, ID10-A, que se deslizó rápidamente por la hierba, hacia la tienda y encontró una abertura en la lona, introduciéndose en la oscuridad y observó.



Tienda de Noctis y Prompto.

 

Dentro de la tienda, Prompto y Noctis no se movían, apenas respiraban. Umbra seguía sentado como estatua frente a las cajas, su silueta recortada por la luz lunar que se colaba por la lona.

 

El silencio era absoluto, como si el universo aguardara y esperaba.

 

Noctis tragó saliva. Prompto también. Luego, casi en cámara lenta, el príncipe alzó la mano hacia la caja más grande, la blanca y celeste, la de Tenebrae. La yema de sus dedos rozó la cinta.

 

Y entonces,


¡paf!

 

Una pata firme lo detuvo.

 

—¿Eh...? —murmuró Noctis.

 

Umbra lo miraba serio. Luego negó con la cabeza, con un gesto más humano que canino.


Dio un pequeño sacudón y, desde un compartimiento del arnés, una carta se elevó como si fuera lanzada por una corriente mágica. Dejó un rastro de estrellitas brillantes que parpadearon brevemente en el aire antes de desvanecerse.

 

La carta aterrizó suavemente en la mano de Noctis. En el anverso, una pegatina...

 

Una versión chibi de Luna, con una expresión severa y una mano en alto que decía claramente “No.”

 

Noctis parpadeó. Levantó la vista hacia Prompto, quien solo atinó a darle un codazo juguetón en las costillas.


—Nos tiene calados, ¿eh, Su Alteza? —murmuró el rubio con una sonrisa pícara, como si estuvieran atrapados en un complot familiar.

 

El príncipe abrió la carta..

 

—“No, Amorcito. Mi regalo no será el primero. Será el último.” —leyó en voz alta.

 

Se hizo otro silencio.

 

—¿¡Cómo sabe que iba a abrirlo!? —exclamó Noctis, mirando alrededor como si la tienda tuviera micrófonos.

 

Prompto alzó ambas manos, riendose.

 

—Sin comentarios...

 

Noctis soltó un suspiro y se giró hacia el resto de las cajas. Tomó la más pequeña, envuelta con la bandera del Taller de Hammerhead. Observó la etiqueta, y una sonrisa burlona apareció en su rostro. Le enseñó el cartelito a Prompto, señalando con el dedo una parte en particular.

 

—Mira esto… “De: Cindy. Para: Promp–to.”


—¡Ugh, nooo! —Prompto se tapó la cara mientras se sonrojaba hasta las orejas.

Promp–to —repitió Noctis, dándole varios codazos mientras se reía.

 

Prompto le arrebató la caja con un quejido lastimero.

 

Luego, Noctis tomó la de Niflheim.



—La de Aranea, para ti. —anunció con tono oscuro y divertido.


—Me va a matar, ¿verdad? —dijo Prompto, con un escalofrío.


Noctis soltó una carcajada, una risa de "estoy en esto contigo, pero te lo buscaste",


Luego dejó esa a un lado y tomó las dos que quedaban:

 

Una con el escudo de Lucis, y la otra —aún intocable— de Tenebrae.

 

—Vamos. Que empiece el desfile.

 

Prompto miró la caja de Cindy, suspiró profundo, y la abrió.

 

Dentro, un set de lentes de sol último modelo y un pequeño maletín con cremas solar con aroma a aceite dulce, peines y camisetas sin mangas, de moda.

 

Una nota acompañaba el kit:

 

“Para mantener tu maquinaria tan bien cuidada como tu piel, Promp–to ;) —Cindy”

 

El rubio quedó paralizado.

 

—¡¿Piel?! ¡¿Qué piel?! ¡¿Por qué lo escribe así?! ¡Y esas caritas! ¡Y ese guiño mecánico…!

 

Se revolvía en su sitio, tapándose la cara, girando sobre sí mismo


—¡¡Esto es peor que una dogeza invertida!! ¡Voy a tener que usar esto delante de Gladio! ¡Él me va a bromear! ¡ME VA A BROMEAR MUCHO!

 

Noctis se secaba las lágrimas de la risa cuando le tocó su turno. Abrió la caja de Iris:

Una sudadera negra con detalles en azul y el escudo de Lucis bordado discretamente en el pecho.


Junto a ella, pulseras luminosas tipo festival y una libreta decorada con ilustraciones modernas y mensajes motivacionales con tipografía cómica.

 

La nota decía:

 

Para que te cuides y no te pierdas, incluso cuando la oscuridad te quiera ganar.

 

Noctis la leyó en silencio… y por un segundo bajó la mirada. Luego sonrió. No se burló, ni comentó. Solo se la guardó al pecho.

 

Prompto, lo miró de reojo.

 

—…Eso fue lindo —dijo bajito.

 

Noctis asintió.


—Sí. Iris… siempre tiene buen timing.

 

Pero el momento fue cortado por el sonido de la caja de Niflheim al crujir en las manos de Prompto. El rubio tragó saliva. Se sentó derecho, exhaló con fuerza y abrió con el temple de quien enfrenta a un juez.

 

Dentro, encontró un set de entrenamiento militar:

 

Botas pesadas, guantes con agarre de combate, pequeñas pesas de mano, un misil de peluche y… un kit nuevo para su cámara, de uso rudo.

 

La nota, en tipografía fuerte, decía:

 

Para que por fin dejes de correr como chocobo y empieces a tener espalda, rubio.

 

Prompto se llevó una mano al pecho, con los ojos temblorosos.

 

—...Me está entrenando... para que sobreviva.

 

—Nah, te está entrenando para que no seas un desastre… absoluto. —bromeó Noctis, dándole un codazo y una sonrisa de "ya te lo decía yo".

 

Prompto abrazó la caja como si fuera una reliquia.

¡Senpai! —susurró, con una lágrima dramática rodando por su mejilla, mientras Noctis resoplaba con una risa divertida.

 

Finalmente, Noctis volvió a mirar a Umbra. El perro asintió. El príncipe entendió.

 

Tomó la caja de Tenebrae con cuidado. La acercó a su regazo y, sin soltar una palabra, deshizo el lazo celeste. Abrió lentamente la tapa.

 

Adentro había un kimono bordado con símbolos antiguos de Tenebrae, delicado pero con una fuerza visual antigua.

 

A su lado, un peluche gigante de un Carbuncle, con alas brillantes y una gema roja que centelleaba con luz suave. El peluche vestía una capa azul real y tenía una expresión que combinaba dulzura con una extraña majestuosidad.

Finalmente, una caja musical activada por un pequeño girar de manivela. Al hacerlo, emergía un sonido, mezcla entre canto de cristal y un rugido suave que erizaba la piel.

 

La nota, caligrafiada con cuidado, decía:

 

Espero que esto te dé abrigo hasta que podamos abrazarnos cuando nos econtremos .

 

Noctis no dijo nada. Solo bajó la cabeza. Tocó el kimono con la yema de los dedos, luego abrazó el peluche como quien sostiene un pedazo de hogar.

 

—…Luna…

 

Prompto lo miró, esta vez sin risa, sin vergüenza. Se acercó y puso una mano en su hombro,  transmitiendo un "estoy aquí, hermano"

 

—…Bro…

 

Y en ese instante, el peluche de Carbuncle parpadeó.


Ambos lo miraron.

El Peluche Carbuncle soltó un rugido diminuto, con voz chirriante y mágica:

 

¡Brrr–mrrrk!

 

La tienda se estremeció.

 

—Qué está pasando! … — dijeron ambos al unísono.

 

¡Brrr–mrrrk!

 

La tienda se estremeció como si una criatura de otro plano hubiera soltado un eructo místico en el centro de la tienda.

 

—No… —susurraron al unísono Noctis y Prompto, con los ojos clavados en el peluche gigante de Carbuncle que yacía aún entre sus manos.

 

Pero no yacía del todo.


El peluche... se movió.

 

Primero un temblor leve. Luego una sacudida suave. Las pequeñas alas brillaron con una luz tenue, azulada, que se encendía y apagaba como si respiraran. La gema roja en su frente emitió un ¡píng! agudo, y un suave vapor dorado escapó de su boca cosida.

 

—Eso no es normal —murmuró Prompto, retrocediendo un poco con la lona enrollada como escudo improvisado y y miró a Noctis con una expresión de "esto no es lo que pedimos"

—Eso no es legal —añadió Noctis, aún sujetando el peluche como si esperara que en cualquier momento dijera su nombre.

 

Y entonces, el peluche parpadeó.

 

O lo pareció. Las pestañas de felpa se movieron una vez, y un destello interno recorrió todo su cuerpo, desde la gema hasta la punta de la cola.

 

El aire cambió.

 

Una ráfaga cálida, perfumada con algo entre flores nocturnas y pólvora mágica, envolvió la tienda. Las linternas titilaron, como si sintieran respeto. El perro, Umbra, se sentó recto, en posición de reverencia.

 

—¿Noct...? —susurró Prompto, con una gota de sudor descendiendo por la frente.


—Estoy esperando a que me diga que soy el elegido de algo, no sé de qué —contestó Noctis.

 

Y entonces, sin previo aviso, el peluche se elevó. Lentamente. Como si flotara por pura voluntad lunar.

Un aura suave envolvía su figura: el kimono bordado se extendía, las alas agitaban brillantina y la caja musical, aún abierta a sus pies, comenzó a tocar una melodía…

 

Una mezcla perfecta entre cuna infantil y canto ancestral.

 

El peluche extendió las patitas.


Y habló.

 

—Protocolo de Abrigo Activado. Energía de vínculo reconocida. Iniciando fase de contención emocional...

 

Declaró el Carbuncle con una voz que hizo a Prompto gritar y a Noctis abrir la boca, intercambiando miradas de horror mutuo, como si acabaran de ser sentenciados a una sesión de terapia grupal forzada.

 

El Carbuncle comenzó a girar sobre sí mismo mientras una espiral de estrellitas y símbolos antiguos giraban alrededor. La tienda brillaba como el interior de una constelación hecha a mano.

 

Y entonces…

 

—¡No, no, no! ¡Luna, ¿qué hiciste?! —gritó Noctis, al ver cómo la espiral lo absorbía con una fuerza suave pero inevitable.

—¡Me niego a ser parte de esto! ¡A mí no me abraces emocionalmente, Carbun-lord, No soy de esos!  —gritó Prompto, lanzándose hacia atrás, con un pánico cómico.

 

Demasiado tarde.


Una ráfaga los envolvió a ambos.

Y en medio de la noche… desaparecieron.

 

Solo quedaron el perro, la carretilla, los regalos, un leve olor a canela y magia y el minidroide ID10-A oculto detrás de una maleta, observó todo y preguntándose dónde se fueron los dos chicos.

Chapter 2: Capítulo 2: – La Sala de Contención Afectiva™

Chapter Text

Brrr–mrrrk.

 

Y luego, silencio.

 

Ni grillos. Ni viento. Ni lona. Ni mundo.

 

Solo una oscuridad suave, sin peso ni dirección, como si los hubiesen soltado dentro de una nube inmensa y calentita… con aroma a lavanda.

 

Prompto fue el primero en hablar. O intentarlo.

 

—¿N–Noct...? ¿Estamos...?

 

—Vivos, creo... —contestó Noctis, con voz amortiguada.

 

Ambos flotaban apenas a unos centímetros del suelo, en una vasta estancia circular. El piso parecía hecho de terciopelo celeste, con bordes que ondulaban como si respiraran. Las paredes no eran paredes, sino cortinas de luz estelar que se deslizaban lentamente, y el techo... no existía: encima de ellos se abría un cielo nocturno animado, lleno de constelaciones que formaban figuras de chocobos bailando, Carbuncles dormidos, y una Luna chibi flotante que lanzaba estrellitas pixelados.

 

En el centro, un letrero luminoso flotaba suspendido, como si colgara del aire:

 

 Bienvenidos a la Sala de Contención Afectiva™


Un protocolo de Tenebrae para amortiguar el trauma emocional causado por regalos mágicos inesperados.

 

Noctis y Prompto se miraron, sus rostros reflejando la misma incredulidad atónita.

—Esto... ¿es una broma? —susurró Prompto, tocando el suelo blandito con un pie.

 

—¿Estoy en un spa emocional o en el menú de inicio de un juego de ritmo...? —murmuró Noctis, mirando alrededor.

 

Fue entonces cuando la figura de Carbuncle apareció, no el real, sino una versión gigante, etérea, con alas suaves y corona de estrellas, flotando a unos metros de ellos. Su voz era adorablemente seria y robotica.

 

—Protocolo de Amistad: Activado.


Evaluando niveles de estrés….

Diagnosticando tensión acumulada…..

Calculando déficit afectivo….. calculando….


Resultado: ¡Nivel muy alto!.... Procediendo con tratamiento personalizado….

 

Ambos se miraron con una expresión de horror indignado.

 

—¿¡Déficit afectivo?! ¡¿Nosotros?! —gritaron al unísono, como si les hubieran insultado su virilidad, señalándose mutuamente con un gesto de "¡él tampoco!"

 

Y justo entonces, el cielo proyectó una imagen flotante: el peluche de Carbuncle real, en la tienda, rodeado por runas mágicas. Su ojo parpadeó una vez… y lanzó una pequeña onda de energía que provocó una transformación:

 

El peluche sonrió…

 

—¡¡NOOOOO!! —gritaron Noctis y Prompto aferrándose el uno al otro por un instante de puro pánico cómico al ver la sonrisa picara del peluche que lo empezó todo, como si fuera una promesa de tortura afectiva.

 

En la Sala, una nueva pantalla flotó frente a ellos:

 

 Iniciando…… Sesión de Reacondicionamiento Emocional Nivel 1.
 

Duración estimada: Lo necesario.


Música: Activada.


Mimos programados: Sí.


Snacks reconfortantes: Calentando.

 

Y del aire emergieron pufs flotantes, mantas que se autoadaptaban, y tazas de algo humeante con olor a chocolate estelar.

 

—¿Vamos a morir...? —susurró Prompto, envuelto por una manta con forma de chocobo.

 

—Peor… —dijo Noctis, la voz teñida de un horror tan profundo que Prompto se sintió completamente identificado, mientras una IA avatar de Luna chibi aparecía flotando para guiarlos— vamos a tener que hablar... de sentimientos, Ambos se encogieron, compartiendo una mueca de pánico absoluto.

Ya no estaban en su mundo.


Estaban en el mundo que Luna diseñó para que nadie más volviera a dormirse triste.

 

Y apenas era el comienzo.

 

La voz de Carbuncle resonó una vez más, esta vez con un tono más animado:

 

—¡Muy bien, chicos! Comienza el módulo principal: Terapia de Vínculos Recíprocos™.

 

Y de repente, el entorno cambió.

 

La sala se reconfiguró como un teatro.
Pero no cualquier teatro.

 

Era… celeste.

Con telones brillantes, asientos de peluche, y luces en forma de estrellas que enfocaban el centro del escenario.

 


Donde estaban ellos. Parados. Con focos encima.

 

—¿¡POR QUÉ HAY PÚBLICO!? —gritó Prompto.

 

El "público" eran versiones chibi de Luna, Iris, Cindy, Gladio, Cor, Cid, Talcott, con cara serias, un Ignis tomando notas, hasta el mismismo Bahamut comiendo palomitas. 

 

—Tranquilos, son hologramas emocionales —dijo la avatar chibi de Luna flotante—. Están aquí para acompañar su progreso afectivo.

 

Una pantalla descendió detrás de ellos:

 

 PRUEBA 1: Confesión Obligatoria

Expresa en voz alta tres cosas que aprecias del otro. Sin sarcasmo. Sin escape. Sin evasión.

 

Prompto entró en pánico.

 

—¿Qué clase de tortura es esta?

 

—La peor —dijo Noctis mirando la pantalla y Prompto le dio un codazo suave, como diciendo "nos fastidiamos".

 

Un tic tac comenzó a sonar. ¡Tenían límite de tiempo!

 

—¡¡OK OK!! —gritó Prompto, temblando— ¡Eh…! Noct, aprecio… que me salves siempre que la cago… ¡Y que me dejes hablar aunque no me calle nunca! ¡Y que… que no me miras feo cuando me emociono con las películas! ¿¡Ya está!?

 

Un ding feliz sonó. La audiencia chibi aplaudió. Ignis asentía aprobando.

 

—¿Mi turno…? —dijo Noctis con la voz rota.

 

—¡Sí! —gritó el Carbuncle juez.

 

—Eh… bueno, Prompto, me alegra… que siempre estás ahí. Que haces que las cosas oscuras parezcan tontas. Y… que te importamos más de lo que tú crees que se nota.

 

Silencio.

 

Luego, una lluvia de pétalos.


Y un mensaje flotante:

 

 Vínculo validado.
 

Nivel de sanación: 32%


Liberando prueba siguiente.

 

El suelo se abrió. No cayeron, flotaron hacia abajo, como en una caída de ensueño, hasta llegar a una especie de dojo acolchonado.

 

Una nueva pantalla:

 

 PRUEBA 2: Combate Terapéutico™

Exterioriza tus emociones reprimidas mediante una batalla simbólica entre tú y tus miedos personificados.

 

Aparecieron dos versiones enormes y exageradas de ellos mismos:

  • Mega-Prompto, versión gigante con cámara y ojos llorosos.

  • Sombra-Noctis, envuelto en humo azul con ojos rojos brillantes y capa negra.

 

—¿TENEMOS QUE PELEAR CONTRA NOSOTROS MISMOS? — gritó Prompto.

 

—Peor… contra nuestras inseguridades diseñadas por la avatar de Luna.

 

—¿¡POR QUÉ LUNA TIENE ESTO!? —gritó Noctis esquivando un flash de cámara que lo cegó.

 

Comenzó una pelea… absurda.

 

Prompto lanzaba ataques llamados:


¡No soy suficiente!”, “¡Todo el mundo me supera!”,

Mientras Noctis contraatacaba con:

—“¡Yo no pedí esto!” y “¡No quiero ser el rey!”.

 

—¡¡ES COMO UN RPG DE AUTOESTIMA!! —gritó Prompto mientras rodaba por una colchoneta emocional.

 

Después de sudar existencialmente y una pelea larga, ambos al fin lograron derribar a sus dobles… y luego se abrazan  de alegría al final.


Una voz  lo explicó:

 

—Aceptar tus sombras es parte del protocolo. 

 

La pantalla volvió a iluminarse.

 

Emociones confrontadas.
 
Nivel de sanación: 81%

Activando evento final…

 

Todo se volvió blanco. Brillante. Calmado.

 

Y de repente, están sentados en una sala pequeña, con tazas de té flotantes.
Enfrente, una última proyección, una grabación.

 

Era ella.

 

La Señorita Lunafreya.


Sentada como holograma etéreo, sonriendo.

 

—Si están viendo esto… es que el peluche funcionó, no era solo un regalo, era una prueba de amistad, sé que están cansados. Sé que el camino se vuelve frío.

Por eso… al menos por unos minutos, quería que recordaran:

Ustedes mismos ya son casi hermanos.

 

La imagen flotó hacia el cielo y se deshizo en luz.

La sala también.

De vuelta a la Tienda

El minidroide ID10-A, que había pasado la última hora explorando las cajas y el equipaje, y soltado pitidos como incrédulo, estaba cerca de la colchoneta de Prompto, Había permitido que Umbra le lamiera el lente, y el perro ahora dormitaba al lado de las maletas, sin inmutarse, su cola moviéndose mientras el minidroide jugaba con ella

De pronto...

 

¡POP!

 

De la nada, sobre las colchonetas, reaparecieron Noctis y Prompto, cayendo en un montón de pufs y mantas flotantes que se desvanecían.

ID10-A emitió un agudo


¡Zzzzit!

Se quedó congelado por un segundo, luego corrió con un zumbido de pánico y se deslizó detrás de una maleta.

 

Y los dos estaban tirados en sus colchonetas.


Y el peluche de Carbuncle entre ellos, aún sonriendo.

 

Silencio.

Prompto mira a Noctis serio.

 

—…Noct.

 

—¿Hm?

 

—Nunca vuelvas a abrir algo de Luna sin leer la etiqueta.

 

—Prometo nada.

 

Ambos rieron.
 

—Ni se te ocurra decirle a Ignis… ni a Gladio —dijo Noctis, con la voz grave y solemne, mientras aún contemplaba el peluche de Carbuncle a medio guardar.

 

Prompto asintió con la cabeza como si acabara de recibir una orden militar.

 

—Eso te iba a decir yo… —respondió con igual seriedad, como hermanos en un complot

 

Sin más, ambos envolvieron al peluche gigante con todo el cuidado de quien manipula una reliquia de poder ancestral. Lo acomodaron en su caja original, lo cubrieron con una manta extra y Prompto sacó cinta adhesiva de su estuche de emergencia. Tomó un marcador rojo, respiró profundo, y escribió sobre una hoja:

 

NO ABRIR. EN SERIO!. NO LO HAGAN. NI POR CURIOSIDAD!.

 

La pegó en la caja con una reverencia muda.

 

En cuanto al resto de los regalos, dudaron. El set de entrenamiento militar de Aranea fue empujado cuidadosamente a la par de la colchoneta de Prompto. Las cremas solares y los lentes de Cindy fueron guardados con amor casi reverencial, mientras él murmuraba:

 

—Mi querida Cindy... sabe lo que uno necesita…

 

Noctis, en cambio, miró el kimono, luego al peluche, luego al kimono otra vez.

 

—...No voy a usar esto. Jamás. Nunca. —Pero sus mejillas se encendieron, y acabó doblándolo con delicadeza antes de guardarlo en la maleta, como si fuese un tesoro incómodo.

 

La noche terminó en silencio, durmieron. Soñaron raro, pero al menos no hubo purpurina flotando esta vez.

Chapter 3: Capítulo 3: – Desayuno, sospechas y evasiones y un visitante extraño.

Chapter Text

6 agosto 756, mañana.

Tienda de Ignis y Gladio.

 

El sol no había salido del todo. Las cigarras comenzaban su canto. Pero nada se comparaba con el aura ominosa que aún colgaba alrededor de la tienda de Ignis y Gladio.

 

Noctis y Prompto se detuvieron frente a la lona de entrada. Una pequeña brisa les trajo el mismo olor metálico del día anterior: algo entre tormenta, café muy cargado… y el eco del trauma.

 

—¿Vamos? —susurró Prompto, tragando saliva.

 

—…Sí —contestó Noctis, aunque parecía que sus pies no querían obedecer.

 

Abrieron la tienda apenas unos centímetros.

 

Adentro, Gladio yacía hecho leña literalmente. Su cabello tenía restos de electricidad estática, su camiseta mostraba rastros de quemaduras extrañamente localizadas, y su cara tenía una expresión vacía, como si hubiese visto cosas.

 

Y frente a él, sentando recto, estaba Darth Ignis: gafas oscuras, bata negra impecable, taza de café humeante en mano… y esa aura. Esa maldita aura de control absoluto.

 

Los lentes brillaban.

 

Y sin girarse del todo, con voz calmada, dijo:

 

—Buenos días, caballeros. ¿Han dormido bien?

 

Noctis y Prompto retrocedieron medio paso al unísono.

 

La tensión podía cortarse con un sable de luz.

 

Prompto intentó una sonrisa.

 

—Eh… sí… bien, bien. Todo tranquilo. Cero purpurina, gracias por preguntar…

 

Ignis giró apenas el rostro. Las gafas reflejaron un rayo de sol que acababa de asomarse entre la ventana de la tienda. Prompto casi cae para atrás.

 

Gladio soltó un quejido.

 

—A mí… nadie me avisó… que ese Vader… sabía Karate…

 

Ignis volvió a su taza con dignidad contenida.

 

—Técnicamente, lo aprendió de mis protocolos de defensa personal. Aumentados. Experimentalmente.

 

Noctis susurró al oído de Prompto, pálido:

 

—¿Y tú querías contarles lo del peluche?

 

Prompto movió la cabeza frenéticamente.

 

—¡Jamás!

 

La cafetera portátil soltó un último psshh–click. Ignis, sirvió tres tazas más. Una fue colocada frente a Gladio, quien aún tenía el pelo levemente chamuscado. Se sentó con un quejido grave, como si le dolieran los huesos del alma.

 

—No es justo… —murmuró entre dientes, mientras se frotaba el hombro—..... Y luego dijo: “Simulación superada: Nivel 2 de castigo completado.” ¿Nivel 2 de qué, Iggy?

 

Ignis no respondió de inmediato. Le dio un sorbo a su taza. Luego acomodó los cubiertos frente a cada uno con siniestra parsimonia.

 

—Pronto será Nivel 3 si no terminas tus tareas esta semana.

 

Prompto se sentó con cuidado. Noctis se hundió en su silla. Ambos hacían todo lo posible por parecer naturales, lo cual, por supuesto, los hacía verse aún más sospechosos.

 

—Así que… eh… ¿qué hay para desayunar? —intentó Prompto con voz aguda.

 

—Tortilla de hierbas silvestres, pan tostado con aceite de breguet y jalea de moras azules —respondió Ignis, sin mirarlos.

 

—Y-yo amo las moras —dijo Prompto—. No hay nada mejor que unas moras frescas por la mañana, ¿cierto, Noct?

 

—Sí. Moras. Muy frescas. Nada sospechoso aquí —dijo Noctis, demasiado rápido.

 

Ignis levantó una ceja. Luego bajó la taza lentamente.

 

—Mmm… interesante. Creí haber escuchado un grito anoche. Bastante agudo. Parecía... Gladio, pero más teatral. ¿Pasó algo en su tienda?

 

Ambos se congelaron.

 

Prompto abrió la boca como si fuera a responder, pero solo salió aire.

 

Noctis casi dijo: “¡Fue el peluche mágico de Luna!”, pero en el último segundo lo transformó en:

 

—¡Un ratón! Creo que… había un ratón. En la tienda. Saltó sobre Prompto. Fue horrible.

 

Prompto parpadeó. Luego asintió frenéticamente.

 

—¡S-sí! ¡R-ratón demoníaco! ¡Era como… como un roedor del abismo!

 

Ignis los miró. Muy lento. Luego giró la cabeza levemente, como un búho que evalúa a sus presas.

 

—…Ajá?.

 

Gladio comía sin decir nada, pero fruncía una ceja. Ignis tomó otro sorbo de café. La tensión duró exactamente cuatro segundos más.

 

—En fin. Hoy entrenaremos por la tarde. Aprovecharemos la mañana para revisar el inventario —anunció, como si no se hubiese dado cuenta de nada. Pero lo había hecho.

 

Noctis y Prompto exhalaron al unísono. Demasiado cerca. Demasiado cerca.

 

El desayuno continuó, con cuchillos chocando contra platos, Gladio quejándose en voz baja sobre su dignidad perdida y Prompto murmurando entre dientes:

 

—Ni hablar. Esta vez guardamos purpurina si se activa solo otra vez…

 

El desayuno terminó sin más incidentes eléctricos ni diplomáticos. Gladio se retiró refunfuñando algo sobre “una merecida siesta regenerativa”, mientras Ignis lavaba los utensilios. Prompto y Noctis ayudaron en silencio, como quien teme que el más mínimo sonido active una trampa.

 

Una vez limpias las lonas y ordenados los platos, Ignis se volvió hacia ellos.

 

—Hora del entrenamiento. Zona despejada, nivel del terreno estable, sombra parcial. Perfecto para....

 

—¡Yay... bíceps! —dijo Prompto, con entusiasmo forzado.

 

—Valeee —murmuró Noctis.

 

Ignis solo ajustó sus lentes. Eso bastó como respuesta.

 

Minutos después, los tres estaban reunidos en el claro habitual. Prompto se colocó en posición, sobre una de las lonas de ejercicio, apoyando el codo cuidadosamente. Una brisa ligera movía su flequillo.

 

—¡Ahí voy! —anunció.

 

Y lo hizo. El icónico gesto: el codo fijo, el antebrazo tenso, el puño cerrado, y el bíceps subiendo lentamente hasta formar esa curva que tanto había sido analizada, temida y ovacionada en otras circunstancias.

 

Noctis lo observó. Tragó saliva. Dio un paso. Otro.

 

Extendió su mano.

 

—ok, veamos…  —dijo Prompto, con una risa tensa.

 

—Asi? —respondió Noctis, mientras sus dedos hacían contacto con el músculo en contracción.

 

Ignis apareció junto a ellos como un espectro bien peinado. Bloc de notas en mano.

 

—A ver... presión media. Contacto de 3 segundos. No subas tanto el hombro, Prompto.

 

—¡Sí, Lord Ignis! —respondió el rubio con una mezcla de respeto y terror.

 

Noctis mantuvo sus dedos palpándolo. Luego lo soltó. Ambos se miraron. Una pausa.

 

—Es como... más firme que ayer —dijo Noctis.

 

—Es el amor de Cindy, seguro —respondió Prompto, sonriendo.

 

Ignis alzó la vista.

 

—¿Perdón? ¿Amor?

 

—¡A-al músculo! ¡El amor al músculo! —corrigió Prompto—. Jeje... ¡motivación saludable!

 

Ignis bajó la mirada lentamente al bloc. Anotó algo. Muy despacio.

 

El sol avanzaba por el cielo. El peluche prohibido dormía oculto bajo una manta dentro de la tienda, y los secretos de esa noche aún flotaban en el aire. Pero por

ahora, al menos por un rato, el entrenamiento seguía. Como si todo fuera normal.

 

Aunque nada lo era ya.

 

El claro donde entrenaban aún olía a hierba fresca y a leña quemada. Prompto acababa de bajar el brazo, sonriendo satisfecho tras la última repetición, mientras Noctis limpiaba el sudor de su frente con la manga.

 

Ignis revisaba una hoja de anotaciones, con gesto serio pero concentrado.

 

De repente, un sonido extraño cortó la calma: un clic-clac de botas que se acercaba rápidamente entre los árboles.

 

Los tres se giraron al unísono. Entre la maleza apareció una figura envuelta en una capa oscura, caminando con paso decidido pero cauteloso.

 

No era nadie que esperaran.

 

—¿Quién diablos...? —musitó Gladio, que apareció desde la tienda con el ceño fruncido, como si la presencia fuera un desafío.

 

La figura se detuvo, levantó ligeramente la capucha y mostró un rostro conocido, aunque cambiado: una expresión fría, pero con un destello de urgencia.

 

—Tengo información sobre el peluche —dijo en voz baja.

 

El silencio se volvió denso. Noctis se adelantó, instintivamente en guardia.

 

—Habla —ordenó, su tono firme.

 

Así arrancaba una nueva y misteriosa etapa, mientras los ecos del regalo de Luna parecían expandirse más allá de lo que imaginaron.

Chapter 4: Capítulo 4: – El vuelo de La Oráculo y desayuno en el Madre Perla.

Chapter Text

7 agosto 756, casi medianoche.

 

Puerto de Aequora Sylva, Tenebrae.

 

El Solaria, con el techo duro puesto, descendía por las carreteras de Tenebrae serpenteando entre montañas. El motor V12 sonaba con suavidad, a un lado de la ruta corrían las vías del tren, y más adelante, el mar empezaba a brillar en la distancia con reflejos de la Luna.

 

Luna conducía, En el asiento de copiloto, Aranea mantenía la vista atenta al camino, como una guardiana en tensión aunque los faros dispaban cualquier posibilidad de una aparición de un cadente.

 

En el asiento trasero, Cindy y Iris dormían recostadas, sus respiraciones acompasadas, cabeceando suavemente con los  movimientos del auto.

 

El Solaria entró en la ciudad, primero se detuvo en una gasolinera y minimercado iluminado por luces amarillentas. Luna llenó el tanque, mientras que Aranea fue por provisiones rápidas. Al volver, La Oráculo encendió de nuevo el motor y guió el vehículo hacia el puerto.

 

En el puesto de control, soldados de Tenebrae aguardaban, el guardia recibió los papeles que Luna le entregó con calma, los revisó y tras un saludo respetuoso, comentó:

 

—La nave está lista para partir, Lady Lunafreya.

 

El soldado devolvió los documentos y levantó la barrera.

 

Aranea se giró con un arqueo de ceja.

 

—¿Qué? ¿Una nave? … ¿Luna? ¿No era un barco lo que nos esperaba?

 

Luna, con una sonrisa tranquila y un brillo en los ojos, respondió:

 

—Sí… con eso llegaremos rápido a Lucis, un secretito.

 

Aranea soltó un largo suspiro, recostándose contra el asiento.

 

¿Cuántos secretos tiene esa mujer…? —pensó, llevándose la mano a la frente.

 

El Solaria avanzó hacia un hangar apartado de los demás en la penumbra. Dentro, el lugar hervía de actividad: técnicos de Tenebrae caminaban, luces parpadeaban en paneles de control, y en el centro, reposaba algo inesperado.

 

Una aeronave.

 

No tenía el aspecto militar de Niflheim ni es un dirigible, Su diseño era diferente:

 

Fuselaje blanco de contornos aerodinámicos, líneas verde esmeralda recorriéndolo. A los costados, motores de reacción, un prototipo, una tecnología que ni siquiera los ingenieros imperiales habrían soñado. (como una nave espacial pero solo dentro de la atmósfera)

 

El Solaria se detuvo justo detrás de la nave, cuya rampa estaba ya desplegada.

 

En ese instante, Cindy e Iris despertaron a la vez, parpadeando confusas, hasta que sus miradas se dirigieron hacia adelante. Primero vieron la expresión serena y orgullosa de Luna, luego la boca abierta de Aranea, y finalmente, más allá del parabrisas… aquella nave.

 

Ambas chicas abrieron lentamente las puertas traseras del auto. Cindy dejó escapar un largo silbido de asombro, mientras Iris murmuró con incredulidad:

 

—¡Eso es imposible…!

 

Aranea, por su parte, salió del asiento del copiloto con una lentitud inusual, como si necesitara procesar que lo que veía no era un espejismo producido por el cansancio.


—Ni siquiera en los laboratorios de Gralea he visto algo con este acabado —murmuró Aranea, cruzándose de brazos y soltando un silbido bajo—. Luna... ¿Qué es esto exactamente?


Bajo el chasis trasero del auto, oculto en la oscuridad, el droide ID11 asomó su lente con cautela su lente azul giraron frenéticamente, procesando la magnitud del hangar: las vigas colosales, el ir y venir de los técnicos y la imponente figura blanca del transporte. La escala del lugar era abrumadora incluso para su procesador.


Aprovechando que las chicas abrían las puertas traseras para bajarse, el droide se escabulló con movimientos fluidos y silenciosos por los bajos del vehículo hasta posicionarse bajo el chasis delantero. Allí, su lente captó el brillo de las luces del hangar y la rampa metálica que se extendía como una invitación hacia el interior de la aeronave. El reflejo de la rampa bailó sobre su ojo óptico mientras miraba la nave.


—¿¡Biiip-uuup-wooop!? —soltó el droide en un susurro electrónico apenas audible, una mezcla de asombro y curiosidad técnica.


Luna bajó del coche con elegancia. Caminó un par de pasos hacia la rampa, quedando bajo la sombra de la nave y se giró hacia ellas. El resplandor de los paneles de control del hangar iluminaba su rostro, dándole un aire de autoridad que pocas veces mostraba.


—Es el resultado de años de investigación discreta en Tenebrae —respondió Luna con voz clara—. Una respuesta a la necesidad de movernos sin depender de las rutas imperiales.


Extendió una mano hacia el fuselaje, casi como si estuviera presentando a un viejo amigo.


—Chicas, os presento a El Nuntius.


—¿"El Mensajero"? —tradujo Aranea, arqueando una ceja—. Un nombre muy apropiado para una Oráculo. Aunque, esos motores (a reacción algo que ella nunca habia visto), parece que el mensaje va a llegar rapido.

 

Cindy ya se había acercado a la rampa, ignorando el protocolo, tocando el metal con la punta de los dedos.

—¡Es increíble! ¡El pulido del fuselaje es casi de grado espacial! Luna, ¿esto realmente puede volar a Lucis sin ser detectado?

 

Luna asintió con una sonrisa cómplice mientras el jefe del hangar se acercaba a recibir instrucciones.


—El Nuntius no solo vuela, Cindy. Desafía todo lo que el Imperio cree saber sobre la física. Subid. Tenemos poco tiempo.

 

Mientras hablaba, un técnico se adelantó, entró al Solaria y lo condujo por la rampa hasta el interior de la nave. Una vez estacionado, lo aseguraron con anclajes y la compuerta trasera se cerró con un zumbido metálico.

 

Las chicas subieron detrás de Luna. El interior las dejó sin palabras:

Parecía una mezcla entre el Palacio de Fenestala y una limusina de lujo, solo que a una escala mucho mayor. Paredes de tonos claros, ornamentos discretos, asientos amplios y una suave iluminación.

 

—¡Eso es increíble! —exclamó Iris con ojos brillantes.

 

Pero Luna apenas se detuvo a disfrutar del asombro del grupo. Caminó directamente hacia el centro de la cabina y, con su voz firme, indicó:

 

—Ajusten sus cinturones.

 

Todas obedecieron de inmediato. El piloto encendió los sistemas y la nave vibró suavemente. Desde afuera, las enormes puertas del hangar se abrieron, y la nave avanzó como si fuese un barco, deslizándose sobre el agua. Minutos después, con un rugido de motores, despegó como un avión, ganando altura con un impulso que aplastó a todas contra sus asientos.

 

El estómago de las tres chicas dio un vuelco. Era la primera vez que experimentaban esa sensación de acceleración.


(En Eos no existen aviones, solo dirigibles lentos y pequeñas naves y solo lo usan Niflheim)

 

Iris apretó los apoyabrazos, nerviosa, con los ojos cerrados.

Cindy, en cambio, tenía la boca abierta de fascinación.

 

—¡¿Eso va a 500 km/h?! ¡¿Cuánto empuje genera?! ¡¿Qué clase de combustible usan esos motores?!

 

Aranea, aplastada contra el asiento, apenas podía mover el cuello.

 

—¡Luna! ¡¿Qué tan rápido va esto?! ¡¿Y qué tan alto piensa subir?!

 

La respuesta llegó con una sonrisa calma, como si estuviera recitando el clima.

 

—2.200 km/h, 11.000 mts de altura. Llegaremos a Lucis en menos de cuatro horas.

 

—¡¿QUÉ?! —el grito de Aranea resonó en toda la cabina—. ¡Ni siquiera las naves más rápidas de Niflheim llegan a eso y duran dias en llegar! ¡Luna, ¿qué demonios escondes?!

 

El piloto estabilizó El Nuntius y al poco tiempo, el ascenso se suavizó. La nave quedó nivelada, deslizándose en el aire como si flotara en silencio.

 

Luna se levantó con absoluta naturalidad y, como si nada hubiese pasado, sirvió café en tazas de porcelana para cada una.

 

Después, al pasar junto a Aranea, se llevó un dedo a los labios en un gesto de silencio y le regaló una sonrisa pícarona.

 

Aranea la miró fijo, suspiró por 4ta vez en lo que iba del día y murmuró entre dientes:

 

—Si sus secretos tuvieran peso, esta nave ni despega.

 

Luna, sentada con elegancia, sostenía la taza de café en sus manos. Giró lentamente el asiento hacia las demás. Cindy, Iris y Aranea la miraban mientras tomaban el suyo.

 

—Chicas —dijo con voz suave—, duerman ahora. En cuatro horas llegaremos a Lucis, y será un día largo.

 

Las tres asintieron. Una tras otra, dejaron las tazas y se acomodaron en sus asientos, entregándose al sueño.

 

La nave cayó en un silencio apacible.

 

8 agosto 756, madrugada.

 

Tres horas y media después, la calma seguía reinando.

 

Luna abrió los ojos, serena. Se incorporó lentamente y observó a las tres chicas, dormidas profundamente, caminó con pasos casi inaudibles hacia la cabina de mando.

 

Aranea, medio hundida en el asiento, entreabrió un ojo y la siguió con la mirada.

 

No hay duda… ella planea algo más grande de lo que cuenta.

 

La Oráculo se sentó junto al piloto y comenzó a manipular la consola. La pantalla desplegó un mapa de Eos: la nave cruzaba el inmenso Océano Cygillan, rumbo al este, con un gesto, Luna deslizó el mapa hasta la región de Lucis, buscó zonas de aterrizaje, pero la costa oeste de Lucis es escarpado en su mayoria y tiene pocas playas.

 

—Ni modo… —dijo—. Aterrizaremos cerca del Muelle de Galdín.

 

El piloto giró la cabeza hacia ella.

 

—Sí, pero… serán casi las 5:00 a.m. La gente estará despertando. Verán llegar una nave que no es del Imperio. Sacarán fotos, las subirán a internet… y Niflheim lo sabrá en minutos.

 

Luna permaneció impasible. Señaló con el dedo un punto apartado en el mapa.

 

—Aquí. Al oeste del muelle. Hay unas formaciones rocosas que podrían ocultar el desembarco.

 

El piloto asintió en silencio.

 

—Bien —concluyó ella, levantándose—. Voy a prepararlas para el aterrizaje.

 

En la cabina, Aranea cerró el ojo que había mantenido entreabierto.

 

—Cuatro horas de vuelo, tres secretos nuevos. Si sigo a este ritmo, necesitaré pulmones extra solo para suspirar.

 

Momentos después, Luna regresó y, con calma, llamó a las demás.

 

—Despierten, chicas. Casi llegamos.

 

El sol apareció en el horizonte del océano, y su luz dorada se filtró por las ventanas de la nave, bañando la cabina con un resplandor tibio.

 

—Asegúrense los cinturones —dijo Luna con calma—. Vamos a aterrizar.

 

La nave inclinó el morro y comenzó su descenso, A través de los ventanas, la capa de nubes se dispaba, el mar se extendía como un espejo azul profundo, al sur, en la distancia, aparecieron las siluetas de las islas de Accordo y más allá, la Capital, Altissia.

 

—¡Nunca había visto a Altissia desde el aire! —exclamó Iris con los ojos muy abiertos.

 

—Es impresionante la vista… —añadió Cindy, apoyando la frente contra el cristal.

 

Aranea, sin apartar la mirada, soltó en voz baja:

 

—Y pensar que todo eso es solo un peón más en el tablero político… aunque visto así, parece un sueño.

 

La nave viró hacia el norte, descendiendo más y más. En el horizonte apareció la costa de Lucis, el piloto guió la aeronave, hasta que esta tocó el agua con un impacto violento, sacudiendo a todas contra sus asientos, el casco vibró, la velocidad disminuyó, y poco a poco se acercaron a la costa.

 

En una maniobra cuidadosa, la nave retrocedió hasta quedar entre unas formaciones rocosas que ocultaban el desembarco, la rampa trasera se abrió con un estruendo metálico.

 

Las chicas descendieron, respirando el aire fresco del mar. El piloto liberó el Solaria, lo condujo por la rampa y  Intercambió unas palabras con Luna.

 

—Ten cuidado. —le dijo ella con una serenidad cálida.

 

El piloto asintió en silencio, subió de nuevo a la aeronave, y esta despegó rumbo a Tenebrae, alejándose en el cielo.

 

Iris correteaba cerca de la orilla, jugando con Cindy, mientras ambas observaban la playa y las rocas que habían servido de escondite. Luna subió al Solaria, arrancó el motor y abrió el techo duro y las ventanas para dejar entrar la brisa marina. Con cuidado, el vehículo avanzó sobre la arena.

 

Aranea caminaba delante, guiándola hacia el estacionamiento del muelle. Una vez dentro, el auto se estacionó sin llamar la atención. Luna se colocó un sombrero de verano, sencilla pero elegante.

 

—Iremos a desayunar, ¿sí? —propuso Iris con una sonrisa—. A ver si Coctura inventó algunos platos nuevos.

 

Las tres asintieron, entusiasmadas.

 

—Chicas —dijo Luna suavemente—, tengo que hacer una llamada. Adelántense.

 

Cindy e Iris no dudaron y partieron hacia el restaurante - muelle Madre Perla, Aranea, en cambio, la observó con ojos entrecerrados antes de seguir a las otras dos.

 

Luna se apartó del camino, hasta quedar detrás del puesto de pesca junto al muelle.

Miró a ambos lados, luego detrás de sí, asegurándose de que no hubiera testigos, sacó su teléfono, tocó un botón oculto y un holograma se desplegó en el aire, mostrando el mapa 3D de Lucis.

 

—Bien… veamos dónde está mi querido Noctis y sus amigos.

 

En el mapa brilló un punto verde:

2 km al norte del Puesto de Chocobos de Wiz, en Duscae.

 

—Perfecto.

 

Con un gesto elegante apagó el holograma y guardó el telefono. Sus ojos se alzaron y miró directamente al lector.

 

—No… aún no es el momento para encontrarnos. Todavía no.

 

Asintió con una sonrisa serena, llevó un dedo a los labios en gesto de silencio y guiñó un ojo cómplice.

 

Después, se dio media vuelta y caminó tranquilamente hacia el restaurante.


Restaurante Madre Perla.

 

Luna en la entrada del restaurante, sus ojos recorrieron las mesas hasta que vio a Cindy levantando la mano y sonriendo.

 

Se acercó con elegancia y se sentó junto a ellas.

 

—Y bien —dijo Aranea, apoyando un codo sobre la mesa con aire despreocupado—. Ya que estamos en Lucis… ¿qué hacemos? ¿Nos encontraremos con los chicos?

 

Luna levantó un dedo con refinamiento, aunque acompañó el gesto con una leve sonrisa juguetona.


—No, señorita Aranea Highwind. Aún no es el momento, primero, vamos de viaje por Lucis.

Sacó un mapa de papel de su bolso y lo extendió sobre la mesa, señalando un punto.


—Después del desayuno iremos al Área de Descanso de Cauthess. Quizás hagamos algunos encargos y yo aprovecharé para curar a la gente afectada por la plaga estelar. Luego, iré con ustedes a hacer cacerías. Más tarde llamaré a Cor y le contaré nuestra situación, pero le pediré que no diga nada a Noctis ni a los chicos, será un secretito… —sus labios dibujaron una sonrisa cómplice— Si Noctis y los demás no se encuentran en Lestallum, aprovecharemos para tener allí nuestro encuentro con Mónica, Cor, Jared y los demás, una visita de cortesía.

 

Iris levantó la mano como si estuviera en prepa.

—Pero… yo y Cindy no tenemos armas. Yo solo sé la técnica de patadas que me enseñó mi hermano y Cindy, pues… —miró a su amiga con complicidad—, Cindy no pelea, ella solo arregla maquinaria y esas cosas.

 

Cindy rió nerviosa, encogiéndose de hombros.

 

Aranea bufó con una sonrisa torcida.

—Yo sí sé pelear, claro está. ¿Y tú, Luna?

 

La Oráculo asintió con calma.

—Recibí entrenamiento con los guardias de Tenebrae. Se sorprendieron de mi petición, no esperaban que la Princesa de Tenebrae, La Oráculo, quisiera aprender “defensa”. Les expliqué que era necesario para enfrentar a los soldados de Niflheim. Aceptaron, aunque me advirtieron que contra los Magitek, al ser máquinas, lo mejor era rendirse… o que yo usara mi poder de purificación…

 

De pronto, una voz familiar interrumpió la charla.

 

—¡Oh, lady Lunafreya Nox Fleuret! —Coctura apareció junto a la mesa con una sonrisa cálida.

 

—Hola, Coctura Arlund —respondió Luna con cortesía.

 

—Bienvenida a mi humilde restaurante. Y bienvenida también, Iris Amicitia…

 

Sus ojos se posaron en Cindy, y la chef se llevó las manos a la cintura con un gesto entre pícara y maternal.


—Vaya, vaya… ¡Cindy! ¿Al fin saliste del taller? Hace mucho que no venías. Siempre estabas encerrada allí, y solo aparecías acompañada de tu abuelo y por fin, llegas con una ropa normal, no el uniforme del taller.

 

Cindy se rascó la cabeza y sonrió avergonzada.


—Hehe… pues sí, ya era hora.

 

Coctura miró entonces a Aranea.


—¿Y usted es?

 

—Me llamo Aranea Highwind, encantada. Soy amiga de ellas —respondió la mercenaria con naturalidad.

 

—Ya veo… —Coctura asintió. Luego miró de nuevo a Luna—. Lady Lunafreya, su Alteza Noctis y su séquito vinieron hace 2 dias a comer, si desea, puedo dejarle un mensaje para la próxima vez que ellos lleguen a comer acá.

 

Luna negó con delicadeza.

—No, gracias. Será una sorpresa. Para eso vinimos a Lucis, para sorprenderlos. Jeje.

 

—Entiendo… será interesante, sin duda. —Coctura entrecerró los ojos con complicidad—. Tenemos un plato nuevo: salmón a la mantequilla con salsa de trufas. ¿Lo desean?

 

Las cuatro chicas asintieron al mismo tiempo.

 

—Perfecto. Enseguida lo preparo para ustedes.

 

Coctura se marchó hacia la cocina, dejándolas a solas otra vez.

 

Luna, aún con la elegancia intacta, hizo un guiño de ojo a Iris y Cindy, y luego señaló discretamente a Aranea.

 

Las tres chicas giraron al unísono, poniendo ojos de cachorrito hacia la mercenaria.

 

—Aranea… —dijo Luna con voz suave, casi cantarina—, ¿podrías enseñarnos a combatir?

 

Aranea se quedó mirándolas unos segundos, como evaluando la situación. Después dejó escapar un larguísimo suspiro, llevándose una mano a la frente.

—Bien… —gruñó y las señaló con el dedo—. Pero luego no quiero escuchar quejas si se les rompe una uña o se despeina alguien. Y aviso: el entrenamiento es estricto.

 

Iris y Cindy intercambiaron una mirada emocionada, mientras Luna sonreía satisfecha.

 

Cindy levantó la mano, como si estuviera proponiendo una idea brillante.


—Y creo que yo podría hacer unas armas… quizá un rifle, o incluso un francotirador… si Aranea me da algún plano, jeje.

 

Aranea arqueó una ceja, sorprendida.

—¿Sabes usarlas? —preguntó con un tono medio burlón pero serio.

 

Cindy dudó un instante, rascándose la nuca.


—Bueno… sé de piezas, munición, mecanismos, Prompto me enseñó alunas cosas… pero disparar, disparar, no mucho.

 

La mercenaria entrecerró los ojos y se cruzó de brazos.


—Si lo deseas, puedo enseñarte. Al fin y al cabo, eres la única aquí que no tiene poderes. Iris puede canalizar energía curativa o de apoyo… Luna tiene el don de los Astrales… y yo, pues… —miró de reojo a La Oráculo, que ya sonreía como si supiera la respuesta— un secretito, como diría ella.

 

Luna rio suavemente y asintió con complicidad.

 

La chef regresó con el plato de salmón, humeante y fragante, las chicas lo recibieron con exclamaciones de gusto, y pronto la mesa se llenó de risas, copas de jugo, café y comentarios sobre el viaje y los chicos.

 

Aranea, pese a su fachada dura, terminó relajándose un poco, dejando escapar una carcajada cuando Iris casi se mancha con la salsa.

 

Luna, con elegancia, alzó su copa.

 

—A nuestra travesía en Lucis —dijo, con esa calma suya que sonaba a promesa y misterio.

 

Las tres chicas la imitaron, chocando las copas suavemente.

 

—¡Salud!

 

Las cuatro chicas siguieron compartiendo entre risas y bocados, mientras la brisa marina entraba por las ventanas del restaurante. La escena se quedaba bañada en la calidez del desayuno y en la complicidad recién sellada.

 

Sobre el techo de paja del restaurante, lejos de las miradas de los comensales, el mundo seguía su propio ritmo. Allí, un gato jugueteaba despreocupado con el droide ID11, el droide hacía pequeños giros y zumbidos electrónicos como si jugara con él a propósito.


El felino dio un manotazo torpe y el droide emitió un pitido curioso, casi divertido, antes de apartarse con gracia. Luego, el gato maulló, reclamando la partida, y ambos siguieron en su pequeño duelo.


Desde esa altura, el mar brillaba con intensidad al fondo
, y dejó flotando la sensación de que, aunque todo parecía tranquilo, las chicas aún estaban bajo observación... incluso en los momentos más cotidianos.

 

Chapter 5: Arco 2: La Hermandad Cuestionada y la Campaña en Lucis.

Chapter Text

Capítulo 1: — El Guardián de los Regalos de Amistad Mal Canalizados.

 

6 agosto 756, tarde.



El droide ID10, oculto tras unos arbustos en el perímetro del campamento, emitió un rápido

—bip-zip!

Enfocando la lente al Encapuchado mientras avanzaba hacia los Chocobros.

La figura encapuchada avanzó con calma, envuelta en una capa negra, su cuerpo era delgado y altura mediano-


Bajo la capucha, un par de orejas cortas y peludas asomaban discretamente, y en la cima de la cabeza, apenas visible entre las sombras, una diminuta pelota roja.

 

El rostro estaba casi cubierto, pero la capucha no lograba ocultar del todo su expresión: unos ojos finos como si fueran trazos de tinta y una sonrisa.

Cuando la luz lo iluminó por completo, Prompto cayó de rodillas.

—…Es un Moguri —susurró, entre el asombro, la duda y algo que no lograba nombrar.

 

El Encapuchado Moguri habló con una voz aguda, ceremonial y grave al mismo tiempo.

 

—… Se ha activado una alerta de afecto incontrolado, soy el Guardián de los Regalos de Amistad Mal Canalizados.


—Este objeto —señaló a la caja del peluche Carbuncle con su mano desde la entrada de la tienda— ha sobrepasado los límites seguros de ternura dimensional. Kupo!

 

Noctis no podía ni parpadear.


Ignis sacó su libreta.

Gladio… retrocedió medio paso.

 

El Encapuchado Moguri giró sobre sí mismo, con una miniatura de solemnidad digna de una ópera trágica.

 

—A partir de ahora, este espacio será clasificado como “Zona de Contención Afectiva”. Cualquier muestra de apego, suspiros excesivos, o contacto físico con el Objeto Número Uno deberá ser monitoreado.

 

—¿Objeto… número uno? —repitió Noctis, incrédulo.

 

—El peluche. Lo hemos nombrado así en los protocolos Mogurianos de absorción emocional. Kupo!

 

Prompto alzó la mano.

 

—¿Eh, señor Guardián… qué pasa si alguien lo abraza otra vez…?

 

El Encapuchado Moguri dijo.

 

—Podría abrirse un portal afectivo.
O una madriguera emocional.
O… una zona de confesiones innecesarias.

 

Dramático silencio.

 

Ignis bajó lentamente su cuaderno.

Gladio cruzó los brazos, dudando si golpearlo o aplaudir.

 

Noctis solo se cubrió la cara con las manos.

 

—Esto no puede estar pasando… —murmuró.

 

—Ya está pasando —dijo el Moguri con voz “encantadora”—. Y su responsabilidad… comienza ahora.

 

Y el Moguri lanzó algo al suelo, salió humo y desapareció, como si fueran un ninja


Solo dejó tras de sí una nube con aroma a lavanda, polvo de estrellas… y una pequeña nota flotando en el aire:

 

Primera advertencia emitida. Sigan abrazando bajo su propio riesgo. Kupo!

 

7 agosto 756, mañana.

 

Mañana despejada. La brisa olía a hojas húmedas y humo de café recién hervido. Las aves trinaban sin ironía… lo que contrastaba cruelmente con la tensión que se respiraba en el campamento.

 

Ignis llevaba ya veinte minutos tomando notas con un tono más frío que el acero de sus cuchillos. Su cuaderno estaba desplegado sobre una mesa improvisada, los lentes brillaban con cada rayo del sol que cruzaba su sombra… y cada vez que asentía silenciosamente, Prompto sudaba un poco más.

 

—Muy bien —dijo finalmente Ignis, con un tono sereno y lapidario—. Revisión matutina de mochilas, comida, y estado físico de cada miembro del equipo. Empiezo contigo, Prompto.

 

El rubio casi se atraganta con la tostada a medio masticar.

 

—¿E-estado físico? ¿Pero no dijimos que hoy era día libre?

 

—hoy no. Y tras los gritos de anoche —Ignis miró a ambos con una ceja arqueada—, consideré prudente una evaluación general.

 

Gladio, sentado junto al fuego. Murmuró algo como “hagan caso o verán lo que pasa” y siguió removiendo su café.

 

Prompto y Noctis se miraron. Noctis apretó los labios, como si le costara tragar la culpa… o el recuerdo del peluche. Prompto fue a decir algo… pero solo emitió un ruido nasal.

 

—¿Algo que declarar? —preguntó Ignis, directo, con la pluma ya posicionada para anotar.

 

—¡Nada! ¡Cero! ¡Ningún rugido en la noche ni brillos misteriosos ni nada parecido! —saltó Prompto, luego se tapó la boca—. Digo, jejeje, dormimos como bebés.

 

Ignis entrecerró los ojos.

 

—Ajá?

 

—Ni rastro de… nada —añadió Noctis, cruzando los brazos como si se defendiera de una acusación invisible—. Solo una noche normal. ¿Verdad, Prom?

 

—¡Sí, sí! De esas noches normales donde… te visita un perro diplomático con correspondencia Real. Digo, ¡no! ¡Mentira! ¡Noche normal sin perros! ¡Sin nada!

 

Gladio carraspeó. Ignis bajó la pluma. Y el silencio se volvió letal.

 

—A veces me pregunto si ustedes dos ensayan estas respuestas —dijo el estratega.

 

—Ensayarlas implicaría que planeamos esto —replicó Noctis con media sonrisa forzada.

 

Ignis suspiró. Luego se volvió hacia Gladio y dijo:

 

—Muy bien. Tú sigues.

 

—¿Yo? Estoy perfecto —respondió el grandulón.

 

Ignis lo miró… y anotó sin decir nada.

 

Mientras la revisión continuaba, Prompto se acercó disimuladamente a Noctis y susurró:

 

—Creo que sospecha algo…

 

—Sí. Pero al menos no preguntó por el peluche —dijo Noctis, bajando el tono.

 

—¿Y si algún día se activa solo…?

 

Ambos miraron, en sincronía perfecta, hacia la tienda donde habían escondido al peluche bajo una manta, con la nota de “NO ABRIR” pegada con cinta. A esa distancia, la pegatina de Luna seguía sonriendo con su estrellita traviesa.

 

Ignis los observó. No dijo nada. Solo bajó la mirada hacia su cuaderno… y escribió algo que nadie más pudo leer.

 

El desayuno terminó entre miradas cruzadas, tazas vacías y una tensión que solo se despejaba con el sol directo sobre los hombros. Ignis guardó su cuaderno con un gesto que sonó a sentencia. Gladio se levantó lentamente, estirando los músculos como quien sale de una pesadilla eléctrica.

 

—Bien —dijo Ignis, ya enfundado en tono instructor—. Sesión física liviana para estirar. Gladio, conmigo. Y ustedes dos...

 

Apuntó a Prompto y Noctis como quien señala sospechosos.

 

—...a zona B. Evaluación muscular. Hoy es día de brazos.

 

Prompto parpadeó.

 

—Bíceps, para ser más específico —añadió Ignis, sin perder el ritmo mientras caminaba hacia una zona despejada—. Quiero ver si lo de ayer tuvo algún efecto… colateral.

 

Noctis se giró lentamente hacia Prompto con cara de “¿ves lo que hiciste?”

 

—¿Yo? ¿Qué hice? ¡Tú tocaste el peluche! ¡Y tú lo abriste!

 

—¡Y tú le diste nombre!

 

—¡No se lo di!

 

—¡“Carbun-Lord” no aparece mágicamente en la etiqueta!

 

Ignis ya estaba acomodando unas esteras de ejercicio. Tosió para llamar su atención.

 

—¿Les molesta si seguimos con la evaluación, o desean dramatizar el guión entero de una ópera absurda?

 

Ambos carraspearon, se alinearon. Prompto respiró hondo.

 

—Okay… modo serio activado —dijo, golpeándose las mejillas.

 

—Flexión de bíceps izquierda, luego derecha. Lentamente —ordenó Ignis, tomando una pequeña libreta. Gladio observaba desde su rincón, tomando agua y conteniendo la risa.

 

Prompto inhaló… y flexionó el izquierdo. El músculo se marcó más de lo usual. Noctis parpadeó.

 

—¿Siempre tuviste eso?

 

—¿Qué? ¿Esto? —Prompto flexionó el derecho—. No sé, tal vez es el set de entrenamiento que me regaló mi Senpai

 

—¿Aranea?

 

—Sí, ¡mírame! ¡Estoy progresando!

 

Noctis se cruzó de brazos y se acercó. Lo miró detenidamente… luego levantó una ceja. Luego… sin pensarlo mucho, estiró un dedo y tocó el bíceps flexionado de Prompto.

 

—¿Qué haces?

 

—Es que… se siente raro. ¿Siempre fue tan firme?

 

—¡No digas eso con esa cara! ¿Por qué repites firme"? Ya estás más que acostumbrado.

 

Noctis se encogió de hombros y dijo.

 

—Es la costumbre.

 

Ignis, tomando nota, no alzó la mirada.

 

—Continúen. Evaluación táctil permitida si es con fines comparativos.

 

Gladio se atragantó con su agua.

 

Prompto, ahora avergonzado, giró hacia Noctis.

 

—¡Tu turno! toca tú, vamos.

 

Noctis suspiró… y levantó la mano y lo tocó, Prompto lo miró con los ojos entrecerrados.

 

—¿Eso es por el kimono?

 

—¿Qué?

 

—¡El kimono de Luna! ¡Tal vez te está haciendo avanzar su tecnica para palpar en la noche como un encantamiento pasivo!

 

—No lo usé anoche.

 

—¿Y si el peluche lo activa a distancia?

 

Noctis se cruzó de brazos, claramente abrumado.

 

—No empecemos con eso otra vez…

 

Ignis se acercó, cerrando la libreta.

 

—Ambos tienen una ligera mejoría, no explicable por la rutina actual. Asumo que algo sucedió anoche. No lo confesarán, claro.

 

—Yo… es que… ¡fue tan súbito! —dijo Prompto—. Quiero decir, el motor y la piel y el chocobo…

 

—¿Chocobo?

 

—¡Digo músculo! ¡Quise decir músculo!

 

Ignis suspiró.

 

—Bien. Evaluación completa. vayan a bañarse, luego revisión de suministros y planificación de ruta para esta tarde.

 

Los dos asintieron, se fueron caminando juntos. En voz baja, Prompto murmuró:

 

—¿Crees que si seré muy fuerte, el peluche se activa de nuevo?

 

Noctis lo miró, serio.

 

—Si eso pasa… no le digas nada a Ignis.

 

—Ni aunque me lo pregunte con su voz de Vader.

 

—Menos aún.

 

Ambos desaparecieron entre las tiendas. Mientras tanto, Ignis anotaba algo en su libreta con expresión neutral… aunque sus lentes brillaban con un destello particularmente inquisitivo.

Chapter 6: Capítulo 2: — Protocolo: Amistad Mal Canalizado — Activado.

Chapter Text

El campamento dormía bajo una quietud sospechosa.

 

Las brasas de la fogata chispeaban en su último aliento, y el ulular lejano de un bicho nocturno se detenía bruscamente, como si algo hubiera cambiado en el aire.

 

Dentro de la tienda de Noctis y Prompto, todo parecía normal. O casi.

 

Una manta cubría una gran caja envuelta en cintas azul cielo. Sobre ella, con cinta adhesiva y caligrafía apurada, se leía:

 

NO ABRIR!

(subrayado dos veces).

 

Prompto roncaba suave, en posición fetal, abrazando su almohada como si aún soñara con su entrenamiento de bíceps. Noctis dormitaba bocabajo, medio kimono afuera del saco de dormir, con la cara enterrada en su manga.

 

Entonces, sucedió.

 

—Brrr–mrrrk.


Un zumbido. Una vibración. Una onda apenas audible… pero intensa.

 

El lazo de la caja se elevó, levitando como si el aire dentro comenzara a hervir. Las cintas celestes se tensaron como cables mágicos, vibrando con un sonido musical que no pertenecía a este mundo. La manta cayó.

 

El Peluche Gigante Carbuncle —con su capa real y su gema roja brillando tenuemente— abrió los ojos.

 

No parpadeó.

 

Solo los abrió, como quien despierta con propósito… y sin apuro.

 

Un suspiro leve escapó de su hocico.

Luego, sin previo aviso, la gema roja emitió un destello pulsante, expandiéndose como una ola de energía invisible.

 

Noctis se despertó.

 

—¿Mmmh… qué...? —alcanzó a decir, antes de que el mundo se fracturara alrededor de él.

 

Prompto también se incorporó, pero ya era tarde.

 

El aire se onduló, como agua. La tienda tembló, pero no físicamente. Era una vibración del tejido mismo de la realidad.

Un rugido suave, como el de una criatura antigua, se mezcló con el sonido de un carillón infantil.


La gema roja giró.


Y de un momento a otro… la tienda desapareció.

ID10-A, que había estado oculto bajo la maleta, fue lanzado al aire por el shockwave mágico. El minidroide giró y aterrizó en la lona, sus sensores buscando desesperadamente las firmas de energía de sus objetivos. Solo encontró aire vacío y lavanda. El droide emitió un pitido agudo.

—Zzzit! (¿Otra vez?)

Antes de volver a su modo de registro silencioso, sintiéndose increíblemente solo en la quietud de la noche.

 

Interior — Lugar desconocido

 

Silencio.

 

Luego, un parpadeo de luces.

 

Y después, ellos.

 

Prompto y Noctis flotaban a pocos centímetros del suelo. Cayeron suavemente sobre una alfombra suave, decorada con patrones de estrellas, lunas y constelaciones chibi.

 

A su alrededor, un enorme espacio abovedado, como una cúpula celestial, flotaba suspendido en nada. No había paredes. No había puertas. Solo aire coloreado en tonos pastel, una iluminación cálida como una tarde de verano, y una atmósfera de calma... inquietante.

 

¿Dónde… estamos? —susurró Noctis, poniéndose en pie lentamente.

 

—No tengo idea —dijo Prompto, tocando el suelo como si esperara que desapareciera—. ¿Estamos… soñando?

 

Entonces, apareció el letrero.

 

Flotando en el aire, con letras doradas y decoración brillante, se leía:

 

Bienvenidos a la Sala de Contención Afectiva.

 

(Protocolo: Amistad Mal Canalizado — Activado)

 

Ambos retrocedieron un paso.

 

—¿Sala de… qué? —dijo Noctis.

 

—¿“Contención Afectiva”? ¿Eso suena… a terapia o a prisión? —añadió Prompto.

 

El letrero desapareció con un sonido de campanita.

 

Y en su lugar, surgió un portón de peluche gigante, cubierto de botones. Una especie de arco-nube se abría delante de ellos, y justo en el centro... estaba él.

 

Un ser pequeño. Unos 80cm de alto. Cuerpo redondo, orejas enormes, capa misteriosa cubriéndole la cara.

 


Flotaba. No tocaba el suelo.


Solo sus ojos —dos lucecitas brillantes bajo la capucha— los miraban con una mezcla de juicio y solemnidad.

 

—¿Un… Encapuchado Moguri? —murmuró Prompto.

 

—Esto se está yendo muy lejos —añadió Noctis, retrocediendo.

 

El Encapuchado flotó hacia adelante, lentamente.

 

Con voz grave, distorsionada, habló:

 

—Bienvenidos, Sujetos A y B. Han activado el regalo prohibido. Ahora, deben ser evaluados.

 

—¿Evaluados? ¿Por qué? —dijo Prompto, levantando las manos.

 

—Por sobreexposición emocional no regulada —respondió el Encapuchado—. Y por flexiones inadecuadamente interpretadas.

 

Silencio.

 

Noctis y Prompto se miraron. Luego miraron al peluche. Luego entre ellos. Luego al cielo pastel.

 

—Estamos soñando, ¿verdad? —preguntó Noctis.

 

—Espero que sí —respondió Prompto, encogiéndose.

 

Un gong sonó en la distancia.

 

Y sin más, el piso bajo sus pies se iluminó… y desapareció.

 

Ambos cayeron en caída libre hacia lo que parecía una nueva prueba.

 

—¡Noooooooo! —gritó Prompto.

 

Caían.

 

Caían sin parar.

 

El vacío los envolvía con luces suaves, música instrumental de violines distorsionados y ocasionales “ping” de notificación emocional.

 

Prompto gritaba con los brazos agitando como aspas.

 

Noctis simplemente flotaba boca arriba, con expresión de resignación existencial.

 

—¡¡¡¿POR QUÉ TODO TIENE QUE SER MÁGICO Y EMOCIONAL?!!! —rugió Noctis, mientras pasaba flotando un cartel que decía:

“Bienvenido a la Zona de Reajuste Afectivo de Hermanidad™”.

 

De pronto, se detuvieron en seco. Nada de impacto. Solo... estaban de pie. Iluminados por una suave luz pastel, en un campo abierto de flores que susurraban palabras como “abrazo”, “confianza”, “valida tus emociones”.

 

Prompto se pegó a Noctis, como hermano menor que busca refugio.

 

—No me gusta esto.

 

—Yo tampoco.

 

Un holograma flotante apareció frente a ellos. Tenía forma de Moguri vestido de terapeuta, con gafas y portapapeles. El mismo Encapuchado que los había traído.

 

—Bienvenidos a la Fase II del Protocolo de Regalos de Amistad Mal Canalizados —dijo con voz melodiosa y profesional—. A continuación, accederán a una serie de pruebas que confrontarán sus traumas emocionales mal gestionados.

 

—¿Qué?

 

—¿Eh?

 

Pero el Moguri ya había desaparecido. En su lugar, surgió una puerta. Al abrirla… estaban en la habitación de Noctis, en La Ciudadela de Insomnia. Pero algo andaba raro: las paredes estaban cubiertas de fotos de su niñez, y había un peluche de Carbuncle tamaño humano sentado en el escritorio.

 

—Noct... ese eres tú de niño… —murmuró Prompto, dando un codazo amistoso.

 

Una voz suave habló desde la nada:

 

—Prueba 1: Abandono Paternal e Intimidad Retenida™.

 

—¡¿Qué?!

 

Un Noctis de 5 años apareció corriendo hacia él, con los brazos abiertos.

 

—¡Papi Noctis!

 

—¡¿PAPI?! —Noctis retrocedió de golpe—. ¡Esto es ultrajante!

 

El niño se lanzó hacia él y se abrazó a sus piernas. El Peluche Carbuncle les guiñó un ojo con complicidad surreal.

 

Prompto se encogió detrás de un sillón, horrorizado pero sin poder dejar de mirar.

 

—¿¡Por qué tus traumas tienen dirección artística!?

 

—¡¿Los míos?! ¡¡Esto parece financiado por el Ministerio de la Vergüenza Interna!!

 

Un gong sonó.

 

—Prueba superada —dijo la voz flotante—. Nivel de afecto incrementado un 12%.

 

Ambos fueron absorbidos por otra puerta, esta vez a la habitación de Prompto de su casa.

 

—Oh no… no… no…

 

Un holograma de Verstael apareció, diciendo:

 

—Estoy orgulloso de lo que has llegado a ser,.

 

Prompto, que a menudo se sentía una carga, o que siempre había anhelado una validación que nunca tuvo, chilló como un chocobo bebé, se acurrucó en el suelo y

gritó:

 

—¡NO! ¡Esto es… esto no es real! ¡No me valides!

 

La habitación explotó en fuegos artificiales con palabras como “autoestima”, “aprobación”, “amistad”.

 

Noctis, cubriéndose la cara, murmuró:

 

—Esto es peor que cuando Ignis nos obligó a estudiar matemáticas 3 semanas enteras sin parar, antes del examen de prepa.

 

Tras muchas pruebas absurdas, terapéuticas, e inesperadamente conmovedoras (incluyendo una sesión de terapia de grupo con versiones bebé de ellos mismos que

solo sabían abrazar), la última puerta se abrió con suavidad.

 

Frente a ellos: la caja del peluche, con una etiqueta nueva:

 

Modo Emocional Completo: Finalizado.

 

Y un botón.

 

—¿Lo aprieto?

 

—¿Tú lo trajiste?

 

—No. Fue regalo de Luna.

 

Ambos se miraron.

 

Noctis puso una mano en el hombro de Prompto.

 

—Al mismo tiempo, hermano.

 

—Uno, dos, tres… ¡ya!

 

Presionaron el botón.

 

Un destello blanco.

 

Y luego… silencio.

 

Despertaron en la tienda de campaña.

 


8 agosto 756, mañana.

 

La luz matinal se colaba por las rendijas. Estaban sobre sus colchonetas, cubiertos con sus mantas.

 

El peluche estaba de vuelta en su caja. Inmóvil. Y sobre él, descansaba ahora una nueva nota escrita con caligrafía elegante:

 

Gracias por participar. Recuerden hidratarse. – GdRdAM (Guardián de los Regalos de Amistad Mal canalizados)

 

—¿Fue un sueño? —susurró Prompto, aún desorientado.

 

—No quiero saberlo —respondió Noctis, mirando al techo con mirada perdida.

 

Prompto se giró hacia él, con media sonrisa.

 

—¿Crees que Gladio habría sobrevivido a eso?

 

—¿Gladio? Habría abrazado a su yo bebé y lo habría inscrito en clases de defensa emocional.

 

Rieron, suavemente. Como hermanos que acaban de cruzar juntos una guerra invisible.

Chapter 7: Capítulo 3: — Donde la Curiosidad “mató” al Guerrero y al Sebas.

Chapter Text

La tienda de campaña estaba tranquila. Afuera, los primeros rayos del sol apenas tocaban el borde del campamento. Los pájaros trinaban con una paz que no presagiaba absolutamente nada raro.

 

Gladio entró a la tienda de Noctis y Prompto, con una libreta, haciendo inventario de las cosas, Nadie más estaba dentro. Noctis y Prompto seguían afuera, probablemente leyendo cartas. Ignis había ido por café.

 

Fue entonces cuando lo notó.

 

La caja de Tenebrae 

 

Sobre la mesa, en medio de la tienda, como si llevara horas ahí… o como si acabara de aparecer.

 

Era de cartón grueso, con bordes perfectamente doblados y tenía un peluche dentro: una versión tamaño grande de un Carbuncle, esponjoso, suave, ojos cerrados, sonrisa apacible. Inofensivo. Demasiado inofensivo.

 

Gladio frunció el ceño.

 

—¿Y esta cosa? —murmuró, acercándose.

 

Había una nota encima, con caligrafía elegante:

 

“NO ABRIR.

Gracias por participar.

GdRdAM (Guardián de los Regalos de Amistad Mal canalizados)”

 

—...No abrir, ¿eh? —repitió, arqueando una ceja.

 

Su instinto le dijo que lo ignorara, que saliera, que tomara aire.

 

Pero otro instinto, más antiguo, más primitivo, más profundamente masculino... susurró:


¿Y si pasa algo si lo tocas?

 

—Solo voy a ver si está tan suave como parece —murmuró, encogiéndose de hombros.

 

Extendió una mano. Rozó el peluche.

 

Mal movimiento.

 

Un sonido extraño llenó la tienda, como un “Brrrr-mrrrk!” mezclado con un suspiro satisfecho de nube.

 

La caja se iluminó.

El peluche abrió un ojo.

Gladio alcanzó a decir:

 

—¿Qué demo-

 

Y fue absorbido, sin drama ni gritos, como si alguien lo jalara con una aspiradora emocional al vacío.

 

El aire quedó quieto. La tienda volvió al silencio.

La caja estaba en su sitio. Cerrada. El peluche, de nuevo inerte. La nota, sin alteraciones.

 

Segundos después…

 

Ignis entró a la tienda, con una taza de café en mano. Alzó la vista, esperando ver a Gladio.

 

—¿Gladio? ya esta listo el conte-

 

Nada.

 

Dejó el café en la mesa. Notó que la libreta está tirado sobre la lona. Miró alrededor, alerta.

 

—¿Gladiolus?

 

Avanzó unos pasos. Entonces lo vio.

 

Una pequeña brizna de energía flotante, aún disipándose en el aire, justo sobre la caja.


Como si… algo hubiera desaparecido allí.

 

Ignis entrecerró los ojos. Rápido, sacó uno de sus cuchillos, en guardia.

 

—¿Qué demonios está pasando aquí?

 

Examinó la tienda. Abrió cortinas. Revisó rincones. Buscó huellas, marcas, signos de entrada forzada, cualquier cosa lógica.

 

Nada.

 

Sus ojos se posaron en la caja. Luego en el peluche. Luego en la nota.

 

—No, imposible.

 

Ignis negó con la cabeza y regresó a buscar señales reales de peligro.


El peluche, mientras tanto, parecía más mullido que nunca.

 

El Guerrero, el Oso y la Vergüenza Emocional.

 

Oscuridad.

 

Silencio.

 

Luego, una vibración extraña. Como si lo estuvieran… reensamblando en otra parte.

 

Gladio cayó de espaldas sobre un piso blando.

 

—¡AGH! ¡¿Qué diablos fue eso?! —bramó, poniéndose de pie.

 

Estaba en un campo circular, completamente rodeado de… almohadas. Montañas de ellas. Colores pastel. Todo olía a lavanda y pan recién horneado.

 

El cielo sobre él era violeta con nubes con forma de corazones.

 

—...No. No. NO.

 

Un gong sonó. Y una voz etérea, familiar, surgió del aire:

 

—Bienvenido, Gladiolus Amicitia, a la Sala de Contención Afectiva.™

 

—Fase activa: “Mascando Emociones desde la Infancia”.

 

Gladio retrocedió un paso.

 

—¿¡QUÉ SALA DE QUÉ!?

 

Una figura apareció flotando frente a él:

 

El Moguri Terapeuta. El mismo que había guiado a Noctis y Prompto. Llevaba un chaleco nuevo y un puntero láser.

 

—Hola de nuevo. Bueno, para ti es la 1era vez. Tranquilo. Este es un espacio seguro para confrontar emociones enterradas tras tu fachada de hermano mayor.

 

—¡¿Fachada de qué?! —Gladio invocó su mandoble por reflejo, pero este fue reemplazado por una almohada gigante.

 

—No se puede golpear la vulnerabilidad con fuerza bruta, Gladiolus —le explicó el Moguri, apuntando a una pizarra holográfica donde decía “Fuerza ≠ Sanación”.

 

De pronto, el piso bajo sus pies se iluminó.

 

Iniciando Prueba 1: “Ternura que Rechazaste de Niño”.

 

Frente a él, una figura apareció…

 

Una niña pequeña. Su hermanita, Iris, de unos cinco años, con coletas y un dibujo hecho con crayones.

 

—¡Onii-chan! ¡Hice este para ti!

 

—Oh no…

 

La niña se lanzó a abrazarlo. El dibujo tenía un corazón con su cara y un chocobo.

 

Él intentó huir. No pudo. La alfombra-pastel se volvió viscosa como nube de algodón emocional.

 

—¡Onii-chan! ¡Míralo! ¡Diiiii que está lindo!

 

—¡Puedo pelear con cadentes, ¡pero no con esto! —gritó, atrapado.

 

La voz del Moguri sonó triunfante:

 

—Prueba completada. Nivel de ternura aceptada: 8%.

 

Otra puerta apareció.

 

La siguiente prueba lo lanzó a una sala de espejos, donde se veía a sí mismo… abrazando a todos sus amigos.

Uno a uno. Con frases como:

 

Estoy orgulloso de ti, amigo, Prompto.

 

Gracias por confiar en mí, Su Alteza, Noctis.

 

Eres más que lógica, hermano, Ignis.

 

—¡NO! ¡NO DIGO ESAS COSAS EN VOZ ALTA!

 

—Pero las piensas, ¿cierto? —respondió su reflejo, que ahora tenía ojos brillosos.

 

Gladio jadeó, empezando a sudar.

 

—¡¿Dónde está la salida de esta pesadilla emocional?!


Terapia de exposición completada. 63% de progreso emocional.

 

Y entonces… la caja apareció. Flotando en el aire.
Sobre ella, un letrero:

 

Modo Varón Bravucón con Daño Reprimido™: Finalizado.

 

Había un botón.

 

—...

 

Ni de broma lo aprieto.

 

La caja descendió sola. Lo envolvió en una luz suave.


Y lo tragó de nuevo.

 

De vuelta en la tienda…

 

Ignis aún rebuscaba entre mochilas y mapas, frustrado. Cuando escuchó un suave sonido a sus espaldas.

 

Se giró.

 

Gladio estaba ahí, cubierto de purpurina, con expresión perdida

—...

 

—¿Dónde estabas? —preguntó Ignis.

 

Gladio parpadeó.

 

—No me preguntes.

 

Se sentó en el borde de la lona, cubriéndose el rostro.

 

Ignis alzó una ceja.

 

—¿Fue el peluche?

 

—No me lo preguntes —repitió Gladio, con tono grave.

 

En la caja, el peluche volvió a cerrar los ojos, satisfecho.

 

 

Ignis ajustó sus gafas. Se giró hacia la caja. La observó detenidamente. El peluche yacía dentro, inerte, con esa misma carita adorable que a Prompto le había parecido “tipo tierno-anime-mágico-nivel-alucinación”.

 

Silencio.

 

Ignis se agachó con cuidado y comenzó a examinar el objeto con los instrumentos más precisos que tenía a mano:

 

su cuchillo de cocina, una lupa plegable y el pequeño calibrador digital que usaba para medir proporciones exactas de ingredientes en batalla.

 

—Material suave, pero resistente. Cierre invisible. Costuras selladas con hilo… ¿plateado?

 

Sacó un paño y limpió una pequeña mancha. Notó un patrón oculto: un sello grabado en miniatura entre las fibras de la caja.

 

—Interesante…

 

Tocó el borde de la caja con el mango de su cuchillo.

 

Nada.

 

Tocó la cabeza del peluche con su dedo índice.

 

Nada.

 

—Hmpf.

 

Sacó su libreta y comenzó a anotar:

 

Posible origen: mágico

Nivel de reactividad: impredecible.

Contenido: emocional.

Efectos secundarios: trauma leve, introspección no deseada.

 

Entonces, vio la nota en la tapa:

 

Gracias por participar. Recuerden hidratarse.
– GdRdAM (Guardián de los Regalos de Amistad Mal canalizados)”

 

Ignis levantó una ceja.

 

—¿Un nombre? ¿Una firma? ¿Una entidad mágica responsable del diseño emocional de este… juguete infernal?

 

Releyó la sigla.

 

—GdRdAM…

 

Miró a Gladio, que todavía estaba sentado con una toalla sobre los hombros.

 

—¿Te hidrataste?

 

—¿Qué?

 

—La nota lo indica.

 

Gladio le lanzó una almohada. Ignis la esquivó con elegancia y volvió su atención a la caja.

 

—Si esto reacciona al contacto emocional… es posible que haya un patrón. Un activador.

 

Puso un guante, colocó un huevo duro encima del peluche.

 

Nada.

 

Le puso una taza de café.

 

Nada.

 

Colocó una pequeña foto del grupo, tomada por Prompto.

 

El peluche parpadeó.

 

Ignis se congeló.

 

—...Ajá.

 

El peluche volvió a cerrar los ojos.

 

Ignis se quedó en silencio. Su mente funcionaba a la velocidad de un Chocobo desbocado con café.

 

Tenía una hipótesis.

 

—Este objeto responde a los vínculos afectivos.

 

Gladio bufó.

 

—No me vengas con eso de “responde a los vínculos afectivos” como si no acabara de ser tragado por una dimensión rara que me hicieron recordar cuando Iris me tejió un guante en primaria.

 

Ignis anotó eso también.

 

Nivel de trauma asociado al vínculo familiar: alto.
Estímulo afectivo: peluche mágico.
Comportamiento de activación: contacto emocional genuino.

 

Suspiró profundamente.

 

—Necesito más datos. Pruebas. Testeo repetido. Mediciones.

 

Se ajustó los guantes, y dijo en voz baja:

 

—Lo siento, pero si este objeto es una amenaza o una herramienta emocional, debo saberlo. Por el grupo.

 

Y entonces, miró al peluche directamente.

 

—Activación controlada. Contacto uno.

 

Lo tocó.

 

Un parpadeo.

 

Ignis desapareció en un destello.

 

Gladio abrió la boca. Cerró la boca.

 

Se giró hacia la caja.

 

—Te advertí.

 

El peluche volvió a acomodarse. Plácido.

 

En la dimensión emocional…

 

Ignis abrió los ojos. Flotaba en una biblioteca de té… en el cielo.

 

Una taza le fue servida sola.

 

—¿Qué…?

 

Un coro de voces suaves lo rodeó:

 

—Prueba 1: Perfeccionismo, Expectativas y la Falta de Reposo.

 


—Comenzando sesión emocional intensiva con proyecciones culinarias de tu madre, tu yo de 12 años y una versión de ti mismo que fracasó en una receta de risotto.

 

Ignis tragó saliva.

 

—...Esto será largo.


Ignis flotaba.

 

Pero no como quien se relaja. No. Flotaba de forma vertical, con el cuerpo tenso, el ceño fruncido y una lista mental abierta en su cabeza.

 

—Estoy dentro de una ilusión inducida. Posiblemente emocional. Estímulos suaves. Ambiente estético.

 

A su alrededor: una inmensa biblioteca-bar de té flotante, hecha de cristal y nubes, con columnas decoradas con cucharitas. Un piano sonaba a lo lejos. Cada libro tenía títulos como:

 

“La Guía Científica del Abrazo Sincero”

“Expectativas Familiares vs. Realidad Adolescente”

“Manual de Té para Callar Emociones”

“Cómo Delegar sin Sentirte Culpable Vol. II”

 

Una voz flotó desde las alturas, serena y acogedora:

 

Bienvenido, Ignis Scientia. Iniciando la Fase II del Protocolo de Regalos de Amistad Mal Canalizados.

 

Tema principal: Control, Vulnerabilidad y Té Interior™.

 

—...Lo sabía —dijo Ignis, cerrando los ojos con resignación.

 

Frente a él apareció su primera proyección.

 

Un Ignis adolescente. Con gafas más grandes, corbata torcida, libros bajo el brazo y ojeras del tamaño de un continente. Le temblaba el labio inferior.

 

—“Ignis de 13 años”: Nunca dije que no podía equivocarme… ¡ustedes solo asumieron que yo sabía todo!

 

—Eso no fue culpa de nadie, es una ilusión cognitiva colectiva— respondió Ignis con cortesía, aunque le tembló un poco un párpado.

 

Un gong suave sonó.

 

Prueba emocional parcial superada.

Nivel de autoexigencia: reducido un 4%.

Siguiente: Prueba de Té Afectivo.

 

Una tetera voladora apareció, girando como si fuera una nave de ballet. Sirvió té en una taza de porcelana que flotó hasta Ignis.

 

—¿Qué se supone que debo hacer?

 

Beberlo. Es tu infancia comprimida en sabor.

 

Ignis alzó una ceja. Bebió.

 

El sabor era… complejo.

Manzanilla. Galletas de la abuela. Lágrimas reprimidas. Y un fondo amargo de “nadie me preguntó si quería aprender a cocinar para cuatro personas desde los 12”.

 

—Hmmm. Notas florales con final melancólico. Curioso.

 

La tetera brilló.

 

Aprobado. Emoción validada.

 

Siguiente: Sesión de Equilibrio.

 

De pronto, Ignis apareció… en una cocina.

 

Gigantesca. Flotante. Inestable.

Los utensilios tenían ojos. Las cucharas flotaban y cantaban en coral.

 

Una versión de él mismo —más joven, más rígido— intentaba preparar diez platos a la vez, mientras una figura con silueta de Noctis lloraba en una esquina porque “no sé qué siento, pero sé que lo siento”.

 

—¡No puedo parar ahora! —gritaba el joven Ignis—. ¡Tengo un horario! ¡Un deber! ¡Un nivel de precisión emocional que mantener!

 

Ignis actual se acercó, y por primera vez, dijo con voz calmada:

 

—Déjalo caer.

 

—¿Qué?

 

—Deja caer una cuchara. Solo una.

 

El joven lo miró. Dudó.

 

Y dejó caer una cuchara.

 

Un ding resonó como un piano solucionando una herida de infancia. Las luces bajaron. La cocina flotante desapareció.

 

Prueba de Control Emocional superada.

Nivel de autoexigencia: reducido un 13%.

Tiempo para la prueba final: Validación de lo que no puedes controlar.

 

Ignis apareció ahora en una habitación blanca. Solo una mesa. Encima: el peluche. Sentado. Esperando.

 

Y a su lado, una taza de té que decía:

 

“Te mereces descanso, aunque nadie te lo diga.”

 

Ignis miró a su alrededor. Se quedó muy quieto. Muy callado. Muy, muy serio.

 

—...Qué cruel.

 

Se sentó. Bebió el té. No dijo nada más.

 

Un destello lo envolvió.

 

De vuelta en el mundo real…

 

Ignis apareció sentado con perfecta postura, gafas intactas, sin un solo cabello fuera de lugar. Pero sus ojos estaban húmedos. Y sobre sus rodillas descansaba una cucharita que no traía antes.

 

Gladio se acercó con cautela.

 

—¿Estás bien?

 

Ignis asintió. Solo dijo:

 

—La cuchara cayó.

 

Gladio parpadeó.

 

—¿Quieres… un té?

 

—Sí. Gracias.

 

Ambos se quedaron en silencio un momento. Luego Ignis agregó:

 

—Debemos destruir esa caja.

 

—Totalmente.

 

El peluche parpadeó suavemente en su caja. Plácido. Cómplice. Listo para su próxima víctima emocional.

Chapter 8: Capítulo 4: — Las chicas en su 1era misión: Curación, combate y un misterio…

Chapter Text

8 agosto 756, mediodia.

 

Las olas quedaron atrás de la costa y el Solaria, con su techo abierto, se internó por las carreteras del sur de Duscae. Los campos verdes, las colinas suaves y el canto lejano de Chocobos acompañaron el viaje hasta que llegó al Área de Descanso de Cauthess.


Luna aparcó con cuidado junto a una caravana, apagó el motor y se ajustó su sombrero de ala ancha antes de bajar. Tras ella salieron Aranea, con mirada alerta, e Iris y Cindy que estiraron los brazos tras el trayecto.

 

Luna observó a su alrededor con calma, como quien respira por primera vez la libertad de Lucis.

 

—¿Qué pasa si alguien te reconoce? —preguntó Aranea, con los brazos cruzados y la vista fija en el movimiento de los locales—. Podrían avisar a la policía de Niflheim… y ellos querrán saber por qué estás en Lucis y no en Tenebrae.

 

—Pues no creo —respondió Luna con serenidad, acariciándose el ala del sombrero—. Soy La Oráculo, la gente estará agradecida conmigo… aunque es cierto que puede haber simpatizantes del Imperio.

 

Sonrió, quitándole peso al asunto.


—Pero bueno, vamos a ver si reunimos información.

 

Las cuatro chicas entraron en el Crow’s Nest. El murmullo de platos y cubiertos se interrumpió en cuanto varios comensales reconocieron la figura de la joven de blanco.

 

—¡Lady Lunafreya! —exclamaron algunos, poniéndose de pie.

 

Luna levantó la mano de inmediato.

—No se alerten, tranquilos. Estoy en Lucis por una misión secreta… pero no deben decírselo a nadie. Y menos aún si ven a unos chicos de negro en un auto descapotable.

 

Unas risas suaves brotaron en la sala. Una niña, con los brazos cruzados y una sonrisa pícara, intervino:

—¿Noctis Lucis Caelum y sus amigos, verdad? ¡Todo el mundo sabe quiénes son esos “chicos de negro”!

 

Las carcajadas se extendieron. Iris y Cindy se quedaron paralizadas, mientras Aranea se llevó una mano al rostro.


Adiós a pasar desapercibidas… —pensó con resignación.

 

Luna se inclinó hasta quedar a la altura de la niña, acariciándole la cabeza con dulzura.


—Sí, querida… pero es un secretito, ¿de acuerdo? Será una sorpresita para Noctis.

 

La pequeña asintió encantada, como si guardara un tesoro.

 

De pie nuevamente, Luna habló a los presentes:

—Busco información para ayudar en lo que pueda. Misiones de caza, auxilio a viajeros… o sanar a quienes sufren la plaga estelar. ¿Alguien necesita ayuda?

 

El dueño del restaurante salió desde el mostrador y, con respeto, le tendió a Aranea unas hojas con encargos de caza.

 

Entonces, una anciana se acercó con paso lento, los ojos húmedos.


—Mi marido… fue afectado por la plaga hace 3 días. Aún es leve, pero empeora rápido. Nuestra casa está a dos cuadras.

 

Luna la tomó suavemente de las manos.

—Vamos de inmediato.

 

Se giró hacia sus compañeras:

 


—Chicas, voy a sanar a un paciente. Regresaré en un rato.

 

Las tres asintieron al unísono. Aranea ya hojeaba las hojas de caza con gesto práctico, mientras Iris y Cindy charlaban con curiosidad con los comensales.

 

Luna salió del restaurante junto a la anciana, caminando en la acera, luego sacó su teléfono y llamó a Cor.

 

—Hola Cor Leonis —dijo.

 

Al otro lado, la voz grave, directa y serena respondió de inmediato.


—Señorita Lunafreya… así que es cierto, estás en Lucis.

 

Luna alzó las cejas con sorpresa y una sonrisa divertida.

—Cor, me sorprendes cada vez más. ¿Cómo sabes dónde estoy y eso que llegué esta mañana?

 

—Tengo mis maneras —contestó él con sequedad, aunque en su tono había un dejo de respeto—. Cuando una aeronave misteriosa que no pertenece a Niflheim, aterriza al oeste del Muelle de Galdin, es difícil que pase desapercibida, aunque esté detras de unas rocas y más con una de las pocas playas que hay en la costa oeste de Lucis.

 

Luna suspiró con una leve risa, llevándose un dedo a los labios como si pudiera ver a su interlocutor.

—Un secretito descubierto, entonces, pero no es algo de lo que deban preocuparse, estoy con Cindy, Iris y una acompañante de confianza.

 

—¿Aranea Highwind? —preguntó Cor sin rodeos.

 

Luna quedó en silencio unos segundos.

—Veo que nada escapa a tus ojos. Sí, es ella.

 

—Ya veo.

La Oráculo prosiguió, con voz más firme:


—Escucha, Cor. Quiero que sepas de nuestra presencia en Lucis, pero te ruego que no digas nada a Noctis ni a sus amigos. Aún no es el momento. Será una sorpresita cuando llegue la ocasión.

 

—¿Y qué piensas hacer mientras tanto? —preguntó él, directo.

 

—Viajar —respondió con suavidad—. Ayudar en lo que pueda. Curar a los afectados por la plaga estelar, cumplir encargos con mis amigas… y llegado el instante, encontrarme con ustedes en Lestallum. Me gustaría saludar a Mónica, a Jared, y al resto. Una visita de cortesía, como quien no quiere la cosa.

 

Se escuchó el gruñido leve de Cor, mezcla de desaprobación y aceptación.


—Tus pasos son tuyos, señorita, Pero entiéndelo: El Imperio no tardará en enterarse, aunque haya estado en calma, desde la invasión a Insomnia.

 

—Lo sé —respondió Luna con calma—. Pero créeme, Cor… esta vez, todo debe suceder así.

 

El veterano guardó silencio unos segundos, y luego habló más bajo:

—Muy bien. Guardaré tu secreto… por ahora. Pero si las cosas se complican, no dudaré en intervenir.

 

—Eso es lo que espero de ti —sonrió Luna, bajando la voz mientras veía la casa de la anciana a pocos pasos—. Hasta pronto, Cor.

 

Y sin más, cortó la llamada, guardó el teléfono y recuperó el paso, alcanzando a la anciana con la misma calma con la que todo había comenzado.

 

Luna y la anciana llegaron a la casa. Apenas cruzaron el umbral, la joven inclinó la cabeza y murmuró con suavidad:

 

—Permiso.

 

El silencio denso del lugar la guió hasta el cuarto. Allí, en cama, yacía el anciano, su brazo derecho estaba ennegrecido, consumido por las marcas de la plaga estelar, el hombre intentó hablar, pero apenas logró un murmullo ahogado.

 

Luna se acercó, serena, y dijo con firme dulzura:

 

—Hola, soy La Oráculo, Lunafreya Nox Fleuret, no es necesario que digas nada… voy a curarte.

 

Tomó la mano marcada. Sus propios párpados se cerraron y de su palma brotó un resplandor blanco que bañó la habitación. La oscuridad en la piel del anciano

empezó a disiparse, a quebrarse como cenizas barridas por la brisa, hasta desvanecerse por completo.

 

Cuando soltó la mano, un brillo leve se apagaba aún en sus dedos, el anciano, atónito, se incorporó en la cama. Su esposa corrió a abrazarlo con lágrimas de alivio.

 

Ambos hicieron luego una ligera reverencia a La Oráculo, ella sonrió con humildad.

 

—No se preocupen, es mi deber.

 

La anciana, aún emocionada, buscó una pequeña lata de galletas y se la entregó con manos temblorosas.

 

—Toma… compártelas con tus amigas. Y que los dioses te bendigan.

 

Luna aceptó con una reverencia ligera.

 

—Gracias.

 

Con el regalo en brazos, salió de la casa y emprendió camino hacia el restaurante donde la esperaban las chicas. Mientras avanzaba, el viento movió su cabello y ella alzó la vista al cielo.

 

—Ojalá hubiera alguna forma de erradicar la plaga… de una vez por todas, en todo Eos. —susurró.

 

Siguió caminando, pero pronto llevó una mano a la frente, pensativa.

 

—Ay, olvidé decirle a Cor sobre la situación de mi querido Noctis y sus amigos… ¿Qué estarán haciendo en el campamento?

 

Frunció los labios, reflexionando.

 

—Bueno, esta noche le pediré a las chicas que escriban cartas. Así podremos enviarlas con lo que piensan de los regalos.

 

Se detuvo un instante, mirando la lata de galletas con una leve sonrisa.

 

—Mmm… me pregunto si el peluche estará haciendo bien su trabajo?

 

Entonces, como si percibiera algo invisible, alzó la vista hacia el lector con una sonrisa cómplice, como si supiera que el lector guardaba un secreto que ella aún no conocía.

 

—Pero tarde o temprano voy a descubrir qué esconden esos chicos.

 

Con una risa suave, continuó su camino.

 

Luna llegó al restaurante y encontró a las demás ya instaladas en la mesa, riendo mientras compartían papas fritas y ensaladas del Kenny’s. Cindy, le ofreció un plato con una sonrisa.

 

—Toma, princesa, aquí tienes.

 

Entre bocado y bocado, las chicas le contaron a Luna lo que habían estado planificando.


Aranea, apoyada contra el respaldo de la silla, fue directa:

 

—Bueno, para empezar, ¿qué tal si matamos a unos Voretooth? Yo me encargaré del combate principal y tú podrías intentar algo con tu tridente, aunque dime… ¿qué poderes tienes además de curar la plaga?

 

Luna bajó la mirada, pensativa.

 

—Veamos… he probado a usar ataques con agua y algo de hielo y también un poco de magia elemental.

 

—I perfect! —sonrió Iris—. Yo puedo apoyarte curando y usaré mi peluche moguri para distraer a las bestias.

 

—Y yo, pues… —Cindy levantó las manos— observaré la pelea y veré qué ideas saco para diseñar armas nuevas.

 

Aranea soltó un bufido divertido.

 

—Bien, eso será solo como una prueba. Luego, en unos días, vamos a entrenarte en serio, ¿te parece?

 

Las tres chicas asintieron al unísono.

 

Tras terminar la comida, Luna se levantó primero y ofreció una ligera reverencia tanto al dueño del restaurante como a los comensales cercanos. También se despidió con cariño de la niña.

 

Momentos después, las cuatro subieron al Solaria y partieron hacia el lugar de caza, el viaje transcurrió entre comentarios nerviosos y expectativas, hasta que se detuvieron al borde de un bosque. Bajaron del auto, caminaron un trecho y pronto hallaron la manada de Voretooth descansando.

 

—Bien —murmuró Aranea mientras se ocultaban tras unas rocas—, Luna y yo entraremos al frente. Iris, nos das apoyo. Cindy, observa.

 

Con un movimiento ágil, Aranea hizo invocar su lanza. Luna imitó el gesto, materializando su tridente con un destello azul.

La mercenaria se lanzó de inmediato contra el primer Voretooth, bloqueando sus fauces con la lanza, el Voretooth rugió y levantó su pata para atacar, pero la mercenaria giró en el aire y lo derribó con un golpe seco en la espalda.

 

—¡Ahora, Luna!

 

La Oráculo alzó su tridente y una serie de agujas de agua cristalina surgió en el aire, con un gesto elegante, las lanzó contra otro de los monstruos, atravesándole el costado. El rugido del animal retumbó en el claro.

 

—¡Genial! —exclamó Iris, que ya había lanzado su peluche moguri frente a los colmillos de una bestia. El muñeco rebotó de manera ridícula, pero funcionó: los Voretooth desviaron su atención hacia él. Iris aprovechó para entrar en acción y, con una patada giratoria, golpeó el hocico de uno, haciéndolo retroceder.

 

Cindy miraba desde detrás de la roca, sudando frío, garabateando notas frenéticas.

 

—Ok, ok… la lanza es fuerte, Luna usa magia elemental… Iris… ¿de verdad está usando su peluche de distracción? Esto es oro…

 

El campo se volvió un caos controlado. Dos Voretooth saltaron hacia La Oráculo, que esquivó con un movimiento elegante. Clavó el tridente en el suelo y una onda de hielo estalló, congelando el terreno y haciendo congelar a las patas de las bestias.

 

—¡Magnífico! —rió Aranea, volteando la lanza con destreza—. ¡Así se hace, Luna!

 

—¡Cuidado! —gritó Iris, saltando justo a tiempo para empujar a Luna antes de que un Voretooth la embistiera.

 

El monstruo, sin embargo, terminó recibiendo una flecha de hielo en el rostro, cortesía de Luna.

 

Poco a poco, la manada fue reducida. El sudor perlaba la frente de Iris y Cindy tenía la libreta llena de garabatos incomprensibles. Al final, solo quedaba un Voretooth en pie, herido y tambaleante.

 

Aranea bajó la lanza y la sostuvo frente a Cindy.

 

—Toma.

 

Cindy parpadeó, sorprendida.

 

—¿E-eh? ¿A mí?

 

—Sí. Es tu turno.

 

La rubia tomó la lanza y casi se le cayó por el peso.

 

—¡Uff, Aranea! Esto está algo pesado… ¿cómo demonios peleas con esto?

 

La mercenaria esbozó una sonrisa torcida.

 

—Pues ahora te toca atacarlo.

 

Cindy tragó saliva, sus ojos fijos en la criatura. Respiró hondo, sujetó la lanza con ambas manos y, con un grito más fuerte de lo que nadie esperaba, corrió hacia el Voretooth.

 

—¡Aaaaaaah!

 

El arma le atravesó el torso del monstruo. La bestia soltó un chillido y cayó al suelo, derrotada. Cindy, aún con las manos temblorosas, se quedó mirando la escena con el corazón a mil por hora.

 

—Oh, cielos… —suspiró nerviosa—. No pensé que iba a gritar así…

 

Aranea se acercó, le dio un par de golpecitos amistosos en la espalda y soltó una carcajada.

 

—Vaya, no sabía que gritaras así como toda una guerrera. Jeje… creo que tienes potencial, Aurum.

 

Iris corrió hasta ellas con una sonrisa orgullosa, mientras Luna se acercaba con su calma habitual.

 

—Lo hiciste muy bien, Cindy —dijo La Oráculo—. Ahora, para sellar nuestra primera victoria juntas…

 

Luna levantó la mano, e Iris, Aranea y finalmente Cindy hicieron lo mismo.

 

—¡Chocamos las cinco!

 

Las cuatro palmas se unieron con un clap sonoro. En ese instante, el peluche moguri que Iris había usado de distracción rebotó hasta ellas, como si también quisiera participar.

 

—Bueno… —rió Iris, levantando al muñeco— ¡entonces somos cinco!

 

El grupo estalló en carcajadas, dejando que el bosque resonara con la alegría de su pequeña pero significativa victoria.

 

Las chicas aún reían, recuperándose de la adrenalina de la batalla, cuando en lo profundo del follaje algo se movía.


El droide ID11, oculto entre arbustos, flotaba a apenas unos centímetros del suelo. Sus sensores se enfocaron en un nuevo peligro:


Un Coeurl agazapado, los bigotes tentaculares vibrando con electricidad, listo para lanzarse sobre las jóvenes.

 

El droide no dudó. De su cabeza, se abrió una pequeña compuerta, revelando un minicañón bláster, disparó un pulso de plasma rojo, el plasma impactó en el lomo del Coeurl, que soltó un rugido estrangulado y cayó fulminado al suelo con un golpe seco.

El droide se elevó con rapidez y se posó en la rama de un árbol cercano, ocultándose en silencio.

 

Al mismo tiempo, las chicas, que todavía celebraban su victoria, escucharon un ruido extraño.

pzzzt-KRAK!

Un riguido y luego un golpe seco.

 

De inmediato, Luna y Aranea se tensaron, poniéndose en guardia.

 

—¿Escucharon eso? —susurró la mercenaria, levantando su lanza.

 

—Sí… viene de allá —respondió Luna, señalando hacia un arbusto cercano.

 

Aranea avanzó primero, apartó las hojas con cautela y se quedó petrificada.

 

—¡¿Qué carajos?!

 

Frente a ellas, yacía el cuerpo de un Coeurl muerto, con la piel chamuscada en un costado.

 

—¿Un Coeurl? —Luna abrió los ojos, incrédula—. Esto no tiene sentido…

 

Iris se acercó un poco más, tapándose la boca.

 

—Qué raro… ¿por qué está muerto aquí?

 

Cindy, con menos miedo y más curiosidad, se inclinó hacia la criatura, arrugando la nariz.

 

—Chicas… este olor… —inhaló con cautela—. Carne quemada.

 

—¡Alto! —gruñó Aranea, tensando la lanza otra vez—. Puede que haya más Coeurls cerca.

 

Pero Cindy, incapaz de quedarse quieta, rodeó el cuerpo para examinarlo. En la hierba descubrió un rastro ennegrecido, como una marca de impacto.

 

—Eh… chicas, miren esto.

 

Las demás se acercaron y observaron el costado de la criatura. La piel tenía un orificio irregular rodeado de tejido chamuscado.

 

Aranea lo examinó con ojo crítico, frunciendo el ceño.

 

—Esto no es un agujero de bala, no es magia de fuego, ni electricidad… —golpeó suavemente la herida con el dorso del guante—. Es como… otra cosa.

 

Se incorporó, su expresión endurecida.

 

—No sé qué demonios fue esto… pero algo raro está pasando. Mejor alejémonos de aquí y volvamos al pueblo.

 

Luna asintió con calma, aunque su mirada permanecía fija en la herida misteriosa. Iris tragó saliva y abrazó a su peluche moguri con fuerza. Cindy, aún intrigada, tomó notas rápidas en su libreta antes de marcharse.

 

El grupo se replegó, Luna y Aranea al frente con las armas listas, mientras Iris y Cindy las seguían de cerca. Subieron al auto en silencio y arrancaron rumbo al pueblo, dejando atrás al Coeurl muerto… ignorando que, desde lo alto de un árbol, el droide las observaba en silencio, con su lente azul brillando entre las hojas.

 

Dentro del Solaria, el ambiente estaba denso, como si todas hubiesen escuchado lo mismo. El rugido del V12 apenas tapaba los ecos de aquel disparo extraño.

 

 —¿ustedes también lo oyeron?—dijo Iris mirando a las chicas,

 

Cindy, algo nerviosa, entrelazó las manos sobre sus rodillas.

—Ese sonido... —dijo con un gesto serio—. No sé, pero no se parecía a ningún arma de balas ni electricidad, más bien... ¿no les recordó a esas películas espaciales? Un bláster.

 

Luna, que conducía, la miró un segundo por el espejo retrovisor central.

Iris giró lentamente el rostro hacia Cindy.


Incluso Aranea, en el asiento del copiloto, volteó la cabeza para mirarla con incredulidad.

 

—¿Qué? —Cindy se encogió de hombros— Es solo una teoría.

 

Aranea soltó una risa seca.

—¿Un bláster? ¿En serio? ¿Un arma ficticia? ¿Y con ese disparo mató a un Coeurl de un solo golpe? No sé ustedes, pero esas bestias no caen fácil. Sus bigotes tentaculares cargados de electricidad disipan hasta las balas más pesadas.

 

El silencio volvió a instalarse. Ninguna quiso dar la última palabra. Todas se quedaron con más preguntas que respuestas.

 

Mientras tanto, debajo del chasis, entre los bajos oscuros, un brillo metálico se movió. El droide ID11 se asomó con curiosidad, emitió un pitido agudo y juguetón.

Piiiip-boooup!

Casi como si se burlara de ellas, y enseguida se ocultó otra vez, aferrándose al chasis mientras el Solaria continuaba por la carretera.

Anochecer.


Área de Descanso de Cauthess.



El Solaria se estacionó junto a la caravana. El aire olía a leña húmeda y pasto fresco.


Aranea fue la primera en bajar. Caminó hasta el restaurante, habló con el dueño y volvió con un fajo de billetes de Guils



—Encargo entregado —comentó con algo de entusiasmo.

Luna se encaminó hacia la caravana para preparar algo de comida caliente. Iris se dejó caer en una silla plegable afuera, descansando, mientras Cindy se sentaba cerca, pensativa aún con la imagen de la herida del Coeurl en la cabeza.Luego de un rato de conversación ligera, Luna levantó la voz con dulzura.

—Chicas... ¿qué les parece si escribimos unas cartas para los chicos? Para que nos digan cómo les parecieron nuestros regalos.

Las tres la miraron y asintieron.

Pronto, en la mesa, se extendieron hojas y plumas.

Iris y Luna escribieron con cuidado para Noctis.

Aranea, con su estilo directo, redactó la suya sin rodeos.


Cindy, con las mejillas ruborizadas pensando en Promp-to, apretó los labios antes de escribirle al rubio.

 

Cuando las cartas estuvieron listas, Luna se levantó y silbó suavemente. Desde los arbustos apareció Umbra, moviendo la cola con elegancia.

 

La Oráculo se inclinó y acarició al perro con ternura.

—Llévaselas a los chicos esta noche, por favor.

 

Umbra ladró bajo, como en señal de aceptación, y salió corriendo hacia la oscuridad con las cartas aseguradas en su arnés.

 

La mirada se elevó lentamente, siguiendo el rastro invisible del mensajero hasta perderse en el cielo estrellado que cubría el pueblo, dejando a las cuatro chicas en la calma de la noche.

Chapter 9: Arco 3: El Ascenso de Prom El Plateado y el Juicio Final del Peluche.

Chapter Text

Capítulo 1: Prompto el Plateado y el Látigo del Destino™


8 agosto 756, noche.

 

Ignis se inclinó lentamente hacia la caja.

La observaba con la misma seriedad con la que un cirujano examina un corazón, o peor aún, como alguien que sabe que dentro de esa caja hay caos emocional en forma de felpa mágica con ojos.

Extendió su mano enguantada, decidido a iniciar el protocolo de contención total.

 

Pero no llegó.

 

—¡DETENTE AHÍ, GUARDIÁN DE LAS FORMAS! —gritó una voz dramática desde la entrada.

 

Ignis se giró. Gladio también.

 

Y ahí estaba.

Prompto Argentum.

Con una capa  plateada, un sombrero puntiagudo torcido con una pluma brillosa Y un bastón, decorado con pegatinas de Chocobos,
caminó con la capa ondeando orgullosamente y se paró justo entre la caja del peluche y Ingis y Galdio y anunció con orgullo.

 

—¡Soy Prompto El Plateado! —anunció con voz solemne

 

Levantó el bastón con teatralidad absoluta, y lo clavó con fuerza en la tierra de la tienda.

Una chispa ridículamente pequeña salió volando.

 

Un silencio.

 

La capa ondeó con un viento inexistente.

 

Prompto frunció el ceño.

Muy serio.

Demasiado serio. El grito salió de lo más profundo de su ser, un rugido digno de un héroe (o de un Chocobo con problemas)


—¡Y no pasarás!

Noctis, en la entrada, soltó una risa ahogada.

Y el minidroide ID10-A, oculto en el techo de la tienda y en una esquina, vibró sutilmente y emitió un rápido y casi inaudible.

—bip-bip-bup.

Como si no pudiera contener la risa.

 

Ignis parpadeó. Gladio cruzó los brazos y sonrió.

 

—Muy bien —dijo el escudero con voz grave—. Si quieres juego… lo tendrás.

 

Chasqueó los dedos.

 

El látigo de Gladio apareció entre llamas. Una lengua de fuego le recorrió el brazo como si lo reclamara. El calor se hizo físico, visual, casi cinematográfico. Su silueta se volvió oscura contra el fondo de las antorchas. Era como si el mismísimo Balrog hubiera decidido tomarse unas vacaciones en Eos.

 

ID10-A con un rápido parpadeo, su lente se apagó, Con dos de sus pequeñas patitas mecánicas, cubrió el lente como si se negara a presenciar o registrar semejante batalla épica y absurda que estaba a punto de destatar.

Ignis reaccionó de inmediato.

Sujetó a Noctis por los hombros.

 

—Esto se va a poner peligroso.

 

Y sin más, lo arrastró fuera de la tienda.


Afuera de la tienda, Noctis y Ignis se detuvieron y se giraron para ver el interior desde la distancia.


La tienda tembló ligeramente.


Luces azules, rojas y amarillas se filtraban por los pliegues de la tela como si dentro estuvieran celebrando una batalla épica o un espectáculo de luces muy caro.

 

Hasta que todo se apagó.

 

Silencio.

 

Y entonces…

 

Las cortinas de la lona de la entrada se abrieron de golpe.

 

De entre el humo salió Prompto el Plateado, con la capa ondeando, el sombrero ladeado, el bastón humeando en la punta… y una expresión de orgullo absoluto.

 

Alzó la mirada al cielo estrellado y proclamó.

 

—He cumplido mi destino.

El equilibrio ha sido restaurado.

Y el peluche sigue confinado.

Tú no pasarás, emocionalismo innecesario…

 

Pero antes de que pudiera cerrar su monólogo…

 

¡ZAS!

 

Un látigo rojo salió disparado desde la oscuridad de la tienda y le rodeó la cintura.

 

Prompto bajó la mirada, vio el látigo brillando contra su abdomen y luego subió la mirada lentamente hacia Noctis y Ignis.

 

—¡Corred, insensatos!


Gritó con absoluta convicción como si supiera que el destino ya lo había reclamado, mientras era arrastrado hacia adentro por una fuerza ardiente.

 

Y justo cuando desaparecía, una llamarada final iluminó la entrada…

…y luego se apagó.

 

Noctis se quedó inmóvil.

Su mano extendida.

 

—¡NOOOOOOO, HERMANOOOO!


Gritó, cayendo de rodillas al césped como si acabara de perder a su hermano de alma en Moria.

 

La cámara sube lentamente, por encima de la tienda.

 

Y en el cielo, se formó una imagen mágica, etérea:

 

Prompto sonriendo, guiño de ojo, Pulgar arriba.

A lo meme legendario con bendición emocional™.

 

Noctis lo vio.

 

Y en voz baja, como si entendiera por fin el sacrificio, murmuró:

 

—Así que… eso es lo que querías decir…un F por Prompto.

 

Y bajó la cabeza.

 

Con respeto.

 

Con honor.

 

Con absurdidad mágica.


Con la solemnidad que solo un amigo disfrazado de mago plateado puede inspirar.

 

Con el eco de una chispa azul flotando en la memoria.

 

Con un fondo de la triste flauta de Rivendell que nadie pidió, pero que el universo proveyó.

 

Con un suspiro que decía “no lo entiendo, pero lo valoro”.

 

Con una lágrima que sabía a té de manzanilla y locura compartida.

 

Con todo el corazón... y absolutamente ninguna lógica.


“Y así, en la historia de Eos, quedó grabada la leyenda del día en que un mago plateado salvó un peluche emocional.”

 

Desde su caja, el Peluche Carbuncle había presenciado absolutamente todo.

 

Primero se estremeció. Luego intentó esconderse entre los pliegues de la manta, después, simplemente aceptó su destino.

 

Sus ojitos vidriosos miraban al cielo como preguntando:


¿por qué yo?

 

Cuando Prompto fue tragado por la tienda y gritó su frase final, el peluche lentamente giró la cabeza hacia el lector.

 

Le temblaban las orejitas.

 

Estoy muerto, F por mí?, ¿Hay seguros mágicos para daños colaterales emocionales?

 

Y se dejó caer de espaldas dentro de su caja con un suspirito.

 

5 minutos después del dramático grito de Noctis frente a la tienda, el silencio era espeso, el príncipe estaba quieto, la tienda no se movía, Ignis le ofreció una taza de

té.

Noctis no la aceptó.

Estaba en duelo.

 

Entonces, con un chasquido y una ráfaga de humo naranja, la entrada de la tienda se abrió.

 

Y de allí salió Gladio.

 

Con la ropa aun con restos de quemaduras, el cabello desordenado

 

—Sobrevivió —dijo—. Pero… no sin heridas. Fue muy valiente.

 

Noctis corrió dentro.

 

La tienda estaba hecha un caos. Telas rasgadas, brillos mágicos, marcas de quemaduras, humo en espiral. Al fondo, sobre su colchoneta, yacía Prompto, aturdido, con el cabello lleno de chispas estáticas. la capa plateada desgarrada, el sombrero puesto, marcas de tizne por todo el cuerpo como si hubiese sido alcanzado por el fuego de diez salamandras enojadas.

 

El bastón estaba tirado cerca, partido. El héroe plateado había caído.

 

Prompto levantó una mano débilmente. Sus ojos apenas abiertos.

 

—¿Lo… logré? ¿El peluche… está a salvo?

 

—Sí —dijo Noctis, conteniendo la risa y mostrando una  pero con una mirada firme de apoyo—. Salvamos el peluche.

 

—Entonces… valió la pena —susurró Prompto—. Que se sepa… que lo hice por amistad… por honor… por Eos… por…

 

Cerró los ojos lentamente.

 

—…la estética plateada…

 

Noctis se arrodilló a su lado, sin saber si reír o llorar. Con cuidado, lo cubrió con una cobija.. Le quitó el sombrero chamuscado de la cara, Luego, con una paciencia silenciosa, comenzó a ordenar todo el desastre.

 

La tienda volvió a ser tienda. Más o menos.

 

Fue entonces cuando vio la caja.

 

La caja del peluche.

 

Temblaba.

 

La abrió.

 

Dentro, el Peluche Carbuncle lo observó con los ojos más traumados que podían tener dos botones de felpa.

 

—¿Tú viste todo eso, verdad? —le dijo Noctis, medio en burla.

 

El peluche se estremeció. Literalmente. Se cerró su propia tapa con un clac que sonó como “¡ya basta!”.

 

Noctis se encogió de hombros.

 

—Eso pensé.

 

Salió de la tienda y se acercó a la fogata. Ignis y Gladio estaban sentados en silencio. Ignis sostenía sobres de cartas abiertas.

 

—¿Qué pasó ahora? —preguntó Noctis.

 

—Umbra vino. Trajo cartas —dijo Ignis—. De la Señorita Lunafreya y las chicas.

 

—Cartas… — dijo Noctis, tragando saliva y su rostro ya encendiéndose en señal de vergüenza.

 

Ignis le tendió las hojas cuidadosamente. Gladio no se rió de inmediato, pero su ceño se frunció con curiosidad al ver la letra femenina en los sobres.

 

Gladio tomó un sobre de la mano de Ignis, su tono se volvió de burla al instante:


—¿"Regalos", eh? ¿De qué regalos hablan? Ignis y yo no estuvimos en ninguna "apertura de regalos" el 5 de agosto. ¿Y por qué estás tan avergonzado, Noctis?

 

Noctis tomó los sobres, sus ojos recorrieron las palabras de Luna, Iris y Aranea. Su rostro se puso rojo hasta las orejas. Se cubrió la cara con las cartas y luego soltó un grito ahogado:

 

—¡No los miren! —susurró Noctis, la voz llena de pánico.

 

Gladio sonrió, una sonrisa grande y maliciosa. —¿Preguntas de la Señorita Lunafreya sobre un "kimono con símbolos de Tenebrae"? ¡Y mi hermanita quiere saber qué les parecieron las pulseras que te regalaron! ¡Qué intimidad!

 

—¡Es muy personal! ¡Es la vergüenza de mi vida que vean esto! —gimió Noctis, mirando al cielo estrellado—. ¡Me están pidiendo cuentas! ¡¿Quién le dice a su príncipe que use ese kimono?! ¡Y lo de Aranea es de su kōhai, no para mí!

 

—Lo de Aranea fue muy... directo —opinó Ignis, con tono seco, cerrando la carta—. Parece que nos perdimos una fiesta de regalos.

 

—¡Absolutamente! — dijo Gladio, riéndose con ganas mientras Noctis se abrazaba a las cartas, completamente expuesto.

 

Noctis abrazó las cartas con resignación y se fue a su tienda, dejando a Gladio e Ignis riéndose.


Tienda de Noctis y Prompto

 

Minutos después, ya dentro de su tienda, se dió un suspiro y luego vio a Prompto profundamente dormido. Roncaba muy bajito. Se veía… en paz.

 

Noctis dejó dos cartas sobre la mesita de a la par: las de Cindy y Aranea.

 


—Se los dejo aquí, Prom el Plateado.

 

Se acostó en su colchoneta, sin más palabras.

 

La noche siguió su curso.

 

Y desde su caja, con la tapa entreabierta, el Peluche los observaba a todos.

 

Temblando.

 

Con miedo.

 

Con ternura.

 

Y en voz apenas audible para nadie, pero sí para el lector, murmuró:

 

—Estoy muerto, Un F por mí?

 

Y bajó la tapa.

 

Con respeto.


Con pánico.

Con absurda magia reconcentrada.

Y con la certeza de que el protocolo… aún no había terminado.

Chapter 10: Capítulo 2: – El Despertar del Mago Plateado y el regreso del Encapuchado.

Chapter Text

9 agosto 756, mañana.

 

La luz de la mañana se filtraba tímidamente por la ventana de la tienda, tiñéndola de un naranja suave que rozaba los mechones rubios revueltos de un héroe caído.

 

Prompto parpadeó.

 

El mundo giró.

 

Una punzada en el brazo le recordó que las quemaduras teatrales del día anterior no habían sido tan teatrales. Con un quejido dramático, rodó de lado, sintiendo el crujir de su capa chamuscada aún bajo él.

 

—¿Dónde…? ¿Qué…? ¿Ganamos…? —murmuró, como si aún estuviera en medio de una película épica. Miró su bastón, medio roto, tirado cerca del saco de dormir. Cerró los ojos un segundo más y susurró con solemnidad—: Dieron lo mejor de sí, mis fieles artefactos plateados…

 

Fue entonces cuando las notó.

 

Justo al borde de su mestia, descansaban dos cartas, con su nombre escrito con letra femenina. Una tenía bordes decorados con engranajes y manchas falsas de aceite, la otra estaba sellada con una pegatina en forma de lanza y un escudo negro mate.

 

Sus ojos se abrieron de par en par.

 

—¿Eh? ¿Esto es…? ¿De Cindy… y Aranea?

 

Se incorporó de golpe, y se mareó igual de rápido.

 

—Aaay, no, no, no, despacio, campeón… sigue doliendo la épica…

 

Con sumo cuidado, tomó la carta de Cindy primero. Al abrirla, cayó una pequeña etiqueta perfumada con aroma a auto nuevo. Sus ojos se iluminaron.

 

Para que cuides tu cámara como cuido mis motores. Y tus cachetes del sol también, Promp-to.

 

Dentro del sobre, además, había un pequeño inventario escrito a mano del contenido del maletín que había recibido días antes: cremas anti-UV y piel sensible, lentes de sol último modelo con protección antirreflejo y... un dibujo de Cindy guiñándole un ojo a un Chocobo nervioso.

 

Prompto apretó la carta contra su pecho, con expresión de niño en Día de los Regalos.

 

—¡Cindy, eres una genio! ¡Mi cámara te adora! Y yo… bueno, yo también. ¡En nombre de la luz solar, lo juro!

 

Luego, con delicadeza reverencial, abrió la segunda carta.

 

"Usa todo o ni lo menciones, rubio. Que ese set es para que aguantes más en campo, no solo para que presumas. Aunque, admito, el kit para la cámara es porque te lo ganaste."

 

Prompto soltó una risita avergonzada. Dentro, encontró una pequeña nota adicional con instrucciones para ajustar las pesas a diferentes niveles, y un dibujo… burdamente hecho… de él cayéndose por cargar demasiado peso, con Aranea en fondo riéndose.

 

—¡Ja! Esto es mejor que una poción mágica. —Se dejó caer de nuevo sobre la almohada, abrazando ambas cartas—. ¡Gracias, general del sarcasmo... y mecánica celestial!

 

Afuera, las aves trinaban. El campamento comenzaba a despertar lentamente. Pero en esa tienda, entre capas quemadas, bastones medio rotos, un Prompto feliz sonreía hacia el techo, planeando ya una nueva forma de agradecer esos regalos.

 

Con una cámara.

 

O quizás una nueva pose.

 

Una muy, muy heroica.

 

Y tal vez… con una bandana a juego.

 

Pero claro, Prompto el Plateado no podía simplemente despertar.

 

Debía resurgir.

 

Minutos después, la tienda se abrió de golpe.

 

—¡He vuelto! —gritó, envuelto de nuevo en su capa (parcialmente quemada), con los lentes de sol de Cindy puestos y sosteniendo su bastón roto como si fuera un cetro de realeza mágica—. ¡El mago plateado no ha muerto! Solo estaba… procesando la inmensidad de su sacrificio.

 

Ignis, que estaba sirviendo té, apenas alzó la vista.

 

Gladio ya se estaba riendo.

 

Y Noctis, que intentaba estirarse, murmuró:

 

—¿Otra vez con eso…?

 

—¡El fuego no me consumió! ¡El destino no me venció! ¡La amistad me revivió! —proclamó Prompto, girando sobre sí mismo y señalando al horizonte, que en este caso era un árbol medio quemado por error anoche.

 

Ignis bebió su té con serenidad.


Gladio ya no podía contener la carcajada.


Y Noctis se dejó caer hacia atrás, rodando por el césped como si su alma se hubiese rendido.

 

La escena era perfecta.

 

Cómica.

 

Inolvidable.

 

Pero entonces…

 

Un estremecimiento en el aire.

 

Un susurro mágico.

 

Todos se detuvieron.

 

Incluso Prompto, con su bastón alzado en el aire.

 

Desde entre los árboles, caminando con paso sigiloso, volvió a aparecer la figura encapuchada.

 

Su silueta era inconfundible.

 

El Guardián de los Regalos de Amistad Mal Canalizados había regresado.

 

El Encapuchado Moguri se detuvo al borde del campamento, levantó una mano enguantada y señaló con solemnidad:

 

—¡Protocolo emocional detectado! ¡El Objeto Número Uno ha sido reactivado! ¡Y ustedes, irreverentes mortales, lo han sobrecargado de absurdidad mágica sin las autorizaciones necesarias! ¡¡Kupo!!

 

Un silencio incómodo.

 

Prompto bajó el bastón.

 

Ignis se quedó con la taza en el aire.

 

Gladio murmuró:

 

—¿Otra vez este Encapuchado?

 

Y Noctis, desde el suelo, solo dijo:

 

—No tengo energías para otra locura antes del desayuno…


El Encapuchado Moguri suspiró.

 

—Estoy rodeado de bárbaros, kupo!…

 

Y sacó su brazo y tocó un botón de su pulsera, desplegó su mini mapa flotante otra vez.

El minimapa flotante se iluminó con un brillo holográfico verde, proyectando sobre el campamento una imagen tridimensional tan confusa como innecesariamente compleja.

 

—¿Eso es… un dibujo? —susurró Prompto, quitándose lentamente los lentes de sol para verlo mejor.

 

—No —respondió Ignis, ajustando sus gafas reales—. Es una ofensa cartográfica.

 

El minimapa flotaba temblorosamente sobre la caja, lleno de caminos que se cruzaban, símbolos brillantes que parpadeaban con signos de interrogación, y una ruta principal… que giraba en círculos.

 

En el centro, destacaba un ícono parpadeante: una cabecita de Moguri con expresión alarmada.

 

—Ese soy yo, kupo —dijo el Moguri, señalándose con dignidad trágica—. El Objeto Número Uno activó una anomalía emocional tipo "clímax no autorizado", y ahora los senderos del afecto distorsionado se han abierto otra vez.

 

—¿Los qué? —Noctis ya estaba sentado.

 

—¡Este mapa muestra las rutas ocultas del afecto mal canalizado, kupo! Ustedes han desatado energías tan intensas que… ¡el peluche gigante empezó a brillar de nuevo esta mañana!

 

Los cuatro lo miraron. En efecto, desde la tienda de Noctis y Prompto, en la entrada abierta, asomaba de la caja, un leve resplandor rojo suave, como si el peluche estuviera absorbiendo amistad no resuelto mientras dormía.

 

—Se ve pacífico —dijo Gladio.

 

—Es porque está en fase de hibernación mágica afectiva, kupo —explicó el Moguri—. Pero si vuelve a brillar tres veces seguidas, ¡iniciará la siguiente fase del protocolo! Y créanme… no están listos para eso.

 

Prompto alzó la mano como si estuviera en clase.

 

—¿Cuál es la siguiente fase?

 

—Clasificada, kupo.

 

—¿Puedes darnos una pista?

 

—Implicaría más brillos, más caos… y probablemente otra batalla innecesaria entre ustedes.

 

Los cuatro se quedaron callados.

 

Finalmente, Noctis suspiró.

 

—¿Y qué propone el protocolo ahora?

 

El Encapuchado Moguri declaró:

 

—Deben dividir sus rutas de afecto. Desviar la energía emocional. Repartir el cariño. Diversificar las absurdidades. Y sobre todo… deben evitar que el peluche vuelva a absorber demasiado vínculo intenso de golpe, kupo.

 

Ignis tomó nota mental de todo mientras se servía más té.

 

Gladio preguntó:

 

—¿Y cómo se “diversifica la absurdidad”?

 

El Ecapuchado Moguri sonrió con ojos brillantes.

 

Con una nueva misión.

 

Silencio.

 

—No. —dijo Noctis.

 

—¡Sí, kupo!

 

El minimapa emitió un pitido feliz. Una nueva ruta se iluminó: hacia el norte del bosque, una zona titulada con letras parpadeantes:

 

Área de Interacciones Afectivas Suprimidas.

 

—Deben llevar al peluche a ese punto de contención emocional —dijo el Moguri con solemnidad—. Y dejarlo ahí hasta nuevo aviso. Es un lugar sagrado. Neutral. Tranquilo. Sin emociones extremas. Sin dramatismo. Sin… —miró a Prompto— poses innecesarias.

 

Prompto bajó el bastón. Ofendido.

 

Ignis cerró su libreta de notas imaginaria.

 

—Suena razonable.

 

—Pero si no lo hacemos… ¿qué pasa? —preguntó Noctis.

 

El Encapuchado Moguri abrió mucho los ojos.

 

Apuntó al minimapa.

 

Y todos vieron cómo el ícono del peluche gigante cambiaba de color.

 

De rojo suave… a magenta chillón.

 

Y una alarma pequeña sonó:


¡Nivel de Contención Afectiva al 87%! ¡Estado: En riesgo de evolución!

 

—¡¡F por mí!! —gritó el Encapuchado Moguri dramáticamente, girándose hacia la cámara invisible del lector—. ¡¡F por este mensajero incomprendido!!

 

y se fue corriendo hacia el borde del bosque.

 

Silencio.

 

Los chicos se miraron entre ellos.

 

—¿Desayuno? —propuso Gladio.

 

—Definitivamente —dijeron los tres al unísono.

 

Mientras tanto, el minimapa seguía flotando en el aire, girando lentamente…

 

Y muy lejos, en la tienda de Noctis y prompto, el Peluche gigante de Carbuncle parpadeó una vez más.

 

Rojo.

 

Brillante.

 

Y con una sonrisa misteriosa.

Chapter 11: Capítulo 3: – Regreso a las prácticas, pero…

Chapter Text

El resto del día fue, por alguna milagrosa razón, relativamente tranquilo.

 

Ignis tomó nota de todo lo ocurrido con una calma casi antinatural, mientras el Encapuchado  Moguri se sentaba en el bosque, junto a su caja y murmurando “necesito vacaciones, kupo…”.


Gladio simplemente se fue a cazar algo para la cena, o a entrenar, o a evitar preguntas.

 

El sol descendía con lentitud, y el clima se volvió suave, tibio, como si Eos estuviera tomando un respiro después del caos.

 

—Deberíamos retomar nuestras prácticas físicas —dijo Ignis en voz media, anotando en su libreta con letra meticulosa—. La energía acumulada debe canalizarse de forma productiva, especialmente después de las recientes... exaltaciones afectivas.

 

—Sí, hace rato que no entrenamos —respondió Prompto, estirando los brazos con entusiasmo renovado—. ¡Y este cuerpo no se va a mantener solo!

 

—Estoy de acuerdo —murmuró Noctis, frotándose la nuca—. Y después de todo esto… me siento medio oxidado.

 

 

Ignis los miró con disimulado orgullo. O resignación. Era difícil decirlo.

Tienda de Noctis y Prompto.

 

Así que, sin más, Prompto y Noctis entraron en la tienda.

 

Y ahí comenzó la verdadera sesión.

 

—¡Hora de la lona oficial! —anunció Prompto, ya sin capa pero con los lentes de sol puestos—. ¡Música emocional no autorizada, puesta!

 

Noctis, sin hacer preguntas, conectó su celular al pequeño parlante portátil.

 

Sonó algo épico. Algo glorioso. Algo innecesariamente absurdo.

 

Prompto se acostó bocabajo en su lona, y flexionó el brazo izquierdo  con toda la dignidad de un guerrero de portada de videojuego de los años 90.

 

—¡El músculo resurge como el fénix de la luz solar!

 

—¿Así vas a hablar toda la noche? —preguntó Noctis, dejando caer las “actas” que Ignis les había entregado.

 

—¡No interrumpas el momento! —respondió Prompto, sin dejar de flexionar el bíceps con orgullo.

 

Noctis rodó los ojos, se acercó, Se acostó a su lado, a la derecha de él.

 

Y con el mismo espíritu con el que se inspecciona un cristal mágico en ruinas, posó sus dedos sobre el bíceps tenso.

 

Apretó suavemente.

 

—…¿Desde cuándo esto está tan firme? —susurró.

 

—Desde que el sacrificio por la amistad alteró mi configuración genética, probablemente —dijo Prompto, exagerando el perfil como una estatua mitológica.

 

Noctis lo plapó, con gesto pensativo.

 

—¿Esto es… de verdad?

 

—¡Es 100% real, baby! ¡Y se siente! ¡Y se flexiona! ¡Y se agradece con fotos si es necesario!

 

—Ignis debería anotar esto.

 

—¡Ya lo hice! —gritó Ignis desde fuera de la tienda.

 

Ambos se congelaron.

 

Luego soltaron una risa.

 

Mientras el músculo seguía siendo apretado y flexionado, abrieron por fin las “actas de contención afectiva”.

 

Era un informe detallado de Ignis. Dividido por secciones, con títulos absurdamente formales como:

  • Reacción afectiva espontánea tipo fuego místico nivel 3.

  • Evaluación muscular post-sacrificio pateado.

  • Síntomas de magia emocional latente (ver pág. 7, anexo B).

  • Riesgo de sobredosis afectiva compartida (con emojis).

Noctis leyó un párrafo en voz alta.

 

—“La exposición al Objeto Número Uno ha inducido una mejora muscular no planificada, acompañada de actitudes teatrales impropias del sujeto Prompto Argentum, ahora conocido como Prompto El Plateado.”

 

—¡Me han ascendido oficialmente! —dijo Prompto con una reverencia.

 

—Hay una nota adicional —agregó Noctis, bajando la hoja.

 

—¿Qué dice?

 

—“Aconsejo monitoreo constante. En especial si continúa flexionando de forma ceremonial mientras otro lo observa en silencio. Peligro de desestabilización emocional sin retorno.”

 

Ambos se miraron.

 

Ambos se rieron.

 

Y sin decir más, continuaron con la sesión de entrenamiento más absurda, cómica y emocionalmente reconfortante en la historia reciente del campamento o de Eos.

 

Al final, Noctis se dejó caer sobre su saco de dormir.

 

Prompto suspiró, satisfecho.

 

—Buen entrenamiento.

 

—Sí. Buen músculo.

 

—Gracias.

 

—De nada.

 

Silencio.

 

Ambos estaban a punto de quedarse dormidos.

 

La tienda apenas se mecía con el viento.

 

Todo era paz.

 

Hasta que…

 

¡PUM!

 

La caja.

 

La caja del Peluche tembló violentamente, saltó en el aire por sí sola y se abrió de golpe con una ráfaga de luz azul.

 

De ella salió disparado el Peluche Carbuncle, levitando por primera vez con sus propias orejitas flotando como hélices.

 

Tenía una expresión de escándalo absoluto en su carita bordada.

 

—¡¡TE PILLÉ!! —gritó con voz chillona que llenó la tienda—. ¡¡Así que este es el secreto!!

 

Prompto se sentó de golpe.

 

—¿Qué-

 

—¡¡La Señorita Lunafreya tenía algo de sospechas!! —dijo el peluche, girando como si fuese un detective celestial—. ¡¡Pero jamás imaginó que tú, Prompto Argentum, flexionaras! ¡¡Y tú, príncipe Noctis Lucis Caleum, lo palparas así…!!

 

Noctis, lívido.

 

—¡Es entrenamiento! ¡Con fines estrictamente... físicos!

 

Prompto se puso avergonzado.

 

—¡No tiene contexto esa frase!

 

Pero ya era tarde.

 

El peluche estaba flotando hacia la entrada de la tienda.

 

—¡Esto, debe saberse! ¡¡La Oráculo debe ser informada de la verdad oculta tras el secreto!! ¡¡Debo volar, kupo!! ¡¡EL DEBER ME LLAMA!!

 

—¡NOOO! —gritaron los dos, lanzándose en vano para atraparlo.

 

—¡¡La amistad... será revelada!! —chilló el peluche mientras salía disparado como un cometa bordado—. ¡¡Con cada flexión, se acerca el juicio!! ¡¡Kuuuuuuuuuuuppppooooo!!

 

Y se perdió entre las nubes.

 

Un silencio devastador.

 

—¿Qué… qué acaba de pasar? —susurró Prompto, sudando.

 

—Acaba de irse… ¡A decirle a Luna! —Noctis se desplomó—. ¡Nos va a matar! ¡Nos va a MATAR!

 

Y desde afuera, Ignis con voz serena:

 

—Técnicamente no debería poder volar más de 5 km sin recarga… ni siquiera llegará así a  Tenebrae, tomará días.

 

—¿Y si lo logra? —gimió Noctis.

 

—Entonces… —Ignis suspiró— prepárense para el colapso internacional emocional de proporciones apocalípticas.

 

Y a lo lejos, muy a lo lejos, se oyó un último y diminuto:

 

—¡KUUUPOOOO!


Se suben al auto todos, El Regalia rugió por la carretera como si Ignis hubiese perdido todo respeto por los límites de velocidad.

 

—¿Y si llega al pueblo más cercano y lo llama a Luna? estaré muerto definitivamente. —gimió Noctis.

 

—¿Y si está informando a todos por carta o internet? —dijo Prompto, abrazándose a sí mismo—. ¿Y si eso llega todo Eos? ¿A las redes sociales?

 

—Conduce más rápido, Ignis —ordenó Gladio, sin rastro de ironía.

 

Luego de un tiempo…

 

—¡Allí! —gritó Noctis, señalando al borde del camino.

 

El peluche…

 

El peluche Carbuncle yacía boca abajo, alas semi desplegadas, cuerpo sin brillo.

 

Había colapsado al borde del asfalto como una marioneta que se quedó sin cuerdas.

 

—¿Está... muerto? —preguntó Prompto bajando del auto.

 

—No... solo sin energía. Probablemente alcanzó su límite máximo de vuelo emocional —diagnosticó Ignis con rapidez.

 

—¡Menos mal! —suspiró Noctis, agachándose—. Vamos a meterlo en el auto antes de que-

 

BOOM.

 

Una sacudida.

 

Del bosque cercano emergió una criatura gigantesca.

 

Un  cadente Volfragante, rodeado en llamas, rugiendo con una voz de fuego que hizo temblar el Regalia.

 

—¿POR QUÉ HOY? —gritó Noctis, retrocediendo.

 

Gladio ya tenía el mandoble listo.

 

Ignis activó su lanza.

 

Prompto... abrazó al peluche por reflejo.

 

Pero entonces…

 

¡ZAS!

 

Un rayo de plasma rojo cruzó el aire como una línea de muerte pura.

 

Silencioso. Preciso.

 

Golpeó al Volfragante en la cabeza.

 

BOOM.

 

La bestia cayó con un crujido que hizo temblar la tierra.

 

Muerta.

 

De un solo disparo.

 

El grupo entero se congeló.

 

Noctis parpadeó.

 

—¿Eso fue...

 

—¿Un bláster como esa pelicula espacial...? —dijo Ignis incrédulo.

 

—¿¡Rojo!? —añadió Gladio.

 

—¡Un solo disparo! —dijo Prompto, con la mandíbula caída—. ¡Yo he vaciado balas en uno de esos y apenas lo mareé!

 

Silencio.

 

Una rama se movió.

 

Algo… o alguien… se retiraba entre las sombras del bosque.

 

Ignis dio un paso hacia adelante.

 

—No fue una coincidencia…

 

Noctis se giró hacia el peluche inconsciente que aún tenía Prompto en brazos.

 

—¿Qué clase de protocolo afectivo activa ese tipo de defensas?

 

El viento sopló con aroma a humo.

 

Algo estaba cambiando.

 

Los Chocobros lo vieron desde la carretera, paralizados. El eco del bláster rojo aún resonaba entre los árboles y el cuerpo del candente Volfragante caido, convirtiéndose en cenizas.

 

Una figura apareció del bosque.

 

Inexpresivo.. Letal.

 

—Un Carbuncle y es mediano —dijo Ignis, reconociendo la figura.

 

—¡Eso fue lo más épico que he visto jamás! —estalló Prompto, agitando los brazos—. ¡¿Quién eres tú?! ¡¿Cómo hiciste eso?! ¡¡Te necesito en mi escuadrón de

cacerías!!

 

El Carbuncle Táctico, que llevaba un arnés de comate, no respondió al principio. Solo bajó lentamente su bláster rojo que estaba flotando en su espalda, mientras su visor parpadeaba en tonos escarlata. Luego habló, con voz seria, concisa y grave:

—Soy Carbuncle Táctico, Unidad Táctica. Enviado del Departamento de Equilibrio de las Dinámicas Emocionales Mal Canalizadas. Misión: proteger el flujo estable de las lineas emocionales.

 

—No lo repitan. No pregunten. Y jamás mencionen este disparo en ningún informe, internet, red social, carta ni anécdota familiar, kupo!.

 

Los chicos se quedaron congelados.

 

—¿Es por el arma? —preguntó Noctis, en voz baja.

 

—Sí. está autorizada para suprimir anomalías afectivas, no testigos innecesarios. Si esta información se filtra, el Departamento enviará más como yo.

 

Se giró hacia ellos, apuntando momentáneamente su bláster al suelo, pero dejándolo visible. La amenaza flotaba sin necesidad de enfatizarla.

 

—Y no todos son tan diplomáticos como yo, kupo!.

 

El Encapuchado Morgui apareció desde el bosque en ese instante, pues había seguido el rastro del Regalia desde que salieron del campamento, aplaudiendo suavemente. 

 

—¡Muy bien, muy bien! Procedimiento limpio, técnica impecable. Estoy tan orgulloso… sniff.

 

—¿Tú lo conoces? —murmuró Gladio.

 

—¡Obvio! ¡Es el Agente 10! ¡El Carbuncle Táctico! ¡Un clásico de contención mágica y disparos emocionales precisos! ¡Siempre llega cuando las emociones desbordan al Sistema!

 

Mientras tanto, Prompto, con expresión resignada, sostiene el Peluche Carbuncle.

 

—Supongo que… llegó el momento —dijo, triste, mientras lo pasaba a manos del Agente 10.

 

El Carbuncle Táctico lo  recibió.

 

Noctis dio un paso al frente, como para detener la entrega, pero luego miró el bláster, miró al Carbuncle Táctico, luego al Encapuchado, luego al suelo.

 

—Luna me matará —susurró—. Pero si este es mi Destino… estoy listo. (en relación por haber “perdido” el peluche)

 

Y bajó la cabeza solemnemente.

 

—No estamos solos, Noct —dijo Prompto, poniéndole la mano en el hombro.

 

El peluche tembló levemente.

 

Y de pronto, con una sacudida, se iluminó.

 

—¡¡SEÑORITA LUNAFREYA, HE LLEGADOOOO!! —gritó, con voz aguda y gloriosa, alzando su pequeña pata.

 

Pero entonces notó su entorno.

 

Silencio.

 

Tres chicos con expresiones de burla.

 

El Encapuchado con una risita burlona.

 

Y un Carbuncle Táctico que lo sostenía firmemente por el cuello.

 

—¿Eh…? ¿Qué… es esto…? —balbuceó el peluche Carbuncle.

 

—Carbuncle Inestable detectado —dijo el Agente 10.

 

—No… no… ¡NOOOOO! —gritó el peluche, estirando su patita hacia los chicos—. ¡¡PROMPTOOO!! ¡¡NOCTISSS!! ¡¡IGNIIIIIISSS!!

 

Los tres levantaron una mano, lentamente, como en una despedida dramática.

 

—F —dijo Noctis.

 

Noctis bajó la cabeza con respeto. Gladio se limpió una lágrima que no admitió haber soltado.

 

El Agente 10 lo arrastró al peluche hacia el bosque mientras estiraba su patita y desaparecieron entre los árboles.

 

Silencio.

 

Puro.

 

Misterioso.

 

Increíble.

 

—Bueno —dijo el Encapuchado, ajustándose su capa—, eso fue un final satisfactorio. Procedo a cerrar este asunto con orgullo.

 

Pero Noctis levantó la mano.

 

—Esperad.

 

Todos lo miraron.

 

—¿Y qué pasa con lo del mapa?

 

El Encapuchado Moguri parpadeó.

 

—Ah… cierto ya fue anulado, estaba relacionado al peluche, asunto resuelto.

 

Ignis suspiró.

 

—Esto no ha terminado aún, ¿verdad?

Chapter 12: Capítulo 4: – El entrenamiento de las chicas en la Roca de Ravatogh.

Chapter Text

9 de agosto 756, mañana.

Caravana del Área de Descanso de Cauthess.

 

Los primeros rayos del sol se filtraban entre las montañas. Encima del techo de la caravana, el droide ID11 permanecía replegado como si durmiera. Un pequeño zumbido lo despertó: abrió un panel solar de su cuerpo y lo orientó hacia la luz, cargándose con calma como un gato que toma sol.

 

Dentro de la caravana, las chicas empezaron a desperezarse.

Aranea salió la primera, estirando los brazos hacia arriba y girando el cuello hasta escuchar un par de crujidos.

—Ihh, nada como la mañana para soltar el óxido —murmuró.

 

Iris, con curiosidad, trató de imitar los mismos movimientos. Logró levantar los brazos, pero cuando giró demasiado el torso perdió el equilibrio y terminó en el suelo con un golpe suave.


—¡Auch! —se quejó..

 

Aranea arqueó una ceja y sonrió con burla ligera.

—No te preocupes, soldado, ya dominarás la técnica del “estiramiento básico sin caerte de boca”.

 

Mientras tanto, Cindy había tomado la sartén y el olor a panqueques recién hechos empezó a llenar el aire.


Luna, sentada en la mesa, leía con serenidad un libro mientras desplegaba a un lado un mapa de Lucis, marcando rutas con un lápiz.

 

Cindy salió con los platos.

—¡Desayuno listo! —anunció con voz animada, colocando los panqueques en la mesa.

 

Las cuatro se sentaron juntas, disfrutando entre bocados y risas.

 

—Bueno chicas —dijo Luna suavemente, levantando la mirada del mapa—, ¿qué tal si vamos a visitar la Roca de Ravatogh en Cleigne?

 

Aranea arqueó una ceja.


—¿A hacer turismo? ¿Y el entrenamiento?

 

—Pues allá haremos el entrenamiento —replicó Luna con calma—. Allá solo hay rocas… nada de árboles que incendiar por accidente ni casas que destruir por accidente, ¿verdad?

 

Cindy levantó la mano con una sonrisa nerviosa.

—Sí, pero necesitaré pasar por Lestallum para conseguir materiales para mis armas.

 

—Podemos ir mañana en la tarde —asintió Luna.

 

—Iris intervino, con ojos brillantes—. ¿Y qué hacemos en el volcán? ¿Tomarnos fotos?

 

Aranea se cruzó de brazos.


—No es mala idea. Pero primero entrenamos, luego fotos.

 

El desayuno continuó ligero, entre risas y comentarios sueltos.

 

Dos horas después.


Pueblo al pie de la Roca de Ravatogh, Cleigne, Lucis.

 

El Solaria se estacionó junto a la caravana del pueblo, El aire caliente del volcán se sentía incluso a esa distancia.

 

Iris bajó del asiento trasero y se estiró con alivio.


—Uff, por fin.

 

Luna abrió el maletero y empezó a organizar las maletas.

—Chicas, aquí traje ropa deportiva, cámbiense primero.

 

Repartió conjuntos a cada una y entraron a la caravana para cambiarse.

 

Cuando salieron, se quedaron mirándose con sorpresa: todas vestían el mismo uniforme deportivo celeste con líneas blancas.

 

—¡Luna! —Aranea alzó una ceja con ironía—. ¿En serio el mismo color para todas?

 

—Iris y Cindy la acompañaron en el reclamo con un quejido divertido.

 

Luna se llevó una mano a la frente, fingiendo un gesto de “ups, qué despiste el mío”.


—Vaya, no me di cuenta…

 

Aranea soltó un largo suspiro resignado.


—Bueno… al menos no es negro como el de los chicos.

 

Las tres chicas estallaron en risas.

 

Se dirigieron a un claro detrás de la tienda del pueblo, un sitio rodeado de rocas volcánicas perfectas para entrenar.

 

Aranea dio un paso al frente y estiró el cuello como si se preparara para una misión.


—Bien, hora del entrenamiento. Empezamos con estiramientos.

 

Las guió con movimientos simples:

 

Brazos arriba y entrelazados, inclinándose a cada lado hasta sentir cómo se estiraba la espalda.

 

Torsiones de cintura, con los brazos extendidos y girando lentamente a la izquierda y derecha.

 

Rodillas al pecho, alternando cada pierna, para calentar la cadera.

 

Flexiones de pierna, apoyando una en la roca y bajando el cuerpo.

Finalmente, una serie de saltitos en el mismo sitio, para soltar el cuerpo.

Iris, determinada a no repetir la caída de antes, lo hacía con cuidado. Cindy, aunque torpe, ponía entusiasmo. Luna mantenía una elegancia serena en cada movimiento.

 

Aranea sonrió, satisfecha, como una instructora que veía potencial en sus aprendices.

—Bien, pasemos al combate.

 

Caminó hacia un montón de piedras sueltas y empezó a colocarlas en fila, formando figuras torpes que parecían animales o personas.

—Listo, estos serán nuestros “objetivos”. No muerden, pero imaginemos que sí.

 

Se volvió hacia Luna.


—Tú primero. Saca tu tridente y muéstranos lo que tienes.

 

Luna asintió con calma. Con un gesto elegante, su tridente apareció en sus manos. A su alrededor, dos agujas elementales flotaron: una de agua y otra de hielo.

 

Aranea se acercó con curiosidad, tocó suavemente la punta de ambas.


—Interesante… y bastante afiladas. Dime, ¿puedes moverlas a voluntad? ¿O hacerlas aparecer alrededor del objetivo?

 

Luna cerró los ojos un instante, enfocándose. Las agujas giraron a diferentes ángulos, se desplazaron como flechas suspendidas en un viento invisible. Luego, con un gesto de la mano, las disparó contra una roca.

 

¡ZAS!

El proyectil de hielo la partió en dos y el de agua la deshizo en una lluvia que salpicó a Iris.

 

—Ihhh… ¡fría! —Iris se sacudió el brazo mojado.

 

Aranea sonrió satisfecha.


—Nada mal. Ahora, prueba con varios.

 

Luna respiró hondo, invocó un círculo de agujas que aparecieron alrededor de otra roca como si lo hubieran rodeado en una trampa. Luego, todas salieron disparadas a la vez. El proyectil múltiple pulverizó el objetivo, dejándolo hecho trozos mojados por todas partes.

 

Cindy abrió su libreta y empezó a anotar con rapidez.


—Si esas agujas pueden rodear a un enemigo, lo ideal sería usarlas como cierre de escape. Como una emboscada elemental.

 

Luna inclinó levemente la cabeza, agradecida por la sugerencia.

 

Mientras tanto, Iris había cerrado los ojos con determinación, intentando invocar algo. Alzó la mano con energía y… puf, una chispa tímida apareció en el aire y se apagó de inmediato.

 

—Eh… ¿vieron eso? —preguntó con una sonrisa nerviosa.

 

Aranea se cruzó de brazos.

 


—Sí, fue adorable. ¿Quieres que lo aplaudamos?

 

—Iris se avergonzo—. ¡Oh, vamos! Estoy empezando…

 

Cindy levantó el dedo como si diera un reporte.

—Nota: Iris necesita una fuente externa de canalización, tal vez la magia de Noctis o su mismo peluche Moguri.

 

—¡El Moguri! —dijo Iris, animada, sacando su muñeco y levantándolo como si fuera una reliquia sagrada—. ¡Con esto podré distraer a cualquier enemigo!

 

—Sí, claro —rió Aranea—. Distracción por ternura. Letal.

 

El grupo estalló en risas.

 

Aranea recuperó la compostura y miró a Luna.


—Muy bien. Tus proyectiles tienen alcance y precisión. Ahora veamos qué tal reaccionas cuando te atacan.

 

Colocó más rocas, las empujó para que rodaran hacia Luna como si fueran enemigos cargando.

—Defiéndete.

 

Luna retrocedió un paso, giró su tridente y levantó una barrera de agua que desvió las piedras. Acto seguido, disparó otra aguja de hielo que atravesó la última roca en movimiento.

 

Cindy silbó, impresionada.


—Eso sí que fue rápido.

 

Aranea golpeó la lanza contra el suelo, aprobando.


—Perfecto. Tienes control y velocidad. Ahora falta practicar resistencia y coordinación con las demás.

 

Iris dio un pequeño brinco y levantó la mano.

—¿Puedo intentarlo de nuevo?

 

Aranea asintió con paciencia.

—Dale, pero no incendies el pueblo.

 

Iris tomó aire, abrazó a su peluche Moguri y lo lanzó hacia una de las rocas. El muñeco cayó de cara contra la piedra, rebotó y quedó boca abajo.

—…

 

El silencio fue sepulcral hasta que Cindy no pudo contenerse y se rió a carcajadas.


—¡Dios, Iris, tu peluchei casi no sobrevive!

 

Aranea se tapó la cara, intentando no reírse también.

—Bueno, por lo menos es resistente.

 

Luna, con ternura, se acercó y recogió el muñeco, entregándoselo de nuevo a Iris.


—Tiene más valor del que parece.

 

Iris lo abrazó como si fuera su tesoro más preciado.

—¡Exacto! Él es mi compañero de batalla.

 

Aranea negó con la cabeza, pero una sonrisa divertida se dibujó en su rostro.


—Está bien, chicas, buen comienzo. Esto es solo la primera fase. Poco a poco ajustaremos la coordinación para que cada una cumpla su rol en combate.

 

Aranea alzó la voz con firmeza.


—Bien, ahora es tu turno, Iris.

 

La chica dio un paso al frente, soltó aire y levantó el puño. Luego, con un movimiento ágil, lanzó una serie de patadas veloces y precisas contra una de las rocas.


¡TAC! ¡TAC! ¡CRACK!

La piedra se partió en pedazos, rodando por el suelo.

 

Luna la observaba atenta, seria.


Mmm… esa técnica… Es una manifestación de la disciplina Amicitia, no de la fuerza. Me pregunto cuántos movimientos de su padre Clarus, y de su hermano Gladio, conoce Iris. El legado del Escudo del Rey es profundo, va más allá de las armas. Pero, aun así… estamos en secreto en Lucis. Nyx Ulric me contó algo de la magia: que un rey otorga ese poder y si un Glaive lo usa, el rey no sabrá la ubicación. Pero este tipo de energía pura, la voluntad inquebrantable de los Amicitia… ¿será suficiente para ocultar nuestra presencia?

 

Luna salió de sus pensamientos y habló en voz alta:

—Iris, prueba a concentrarte, ¿sí?

 

—Iris asintió—. Está bien…

 

Cerró los ojos y respiró hondo. Un tenue resplandor apareció entre sus manos, tomando forma de una pequeña esfera de energía. Duró apenas cinco segundos antes de desvanecerse.

 

—¡¿Vieron eso?! —exclamó Iris, jadeando pero sonriendo.

 

Aranea la miró con seriedad, aunque sus labios esbozaron una media sonrisa.


—Eso es solo el primer paso. Vas a aprender con el tiempo.

 

Luego giró hacia la mecánica rubia.

—Cindy, tu turno. A ver qué tienes.

 

—¿Eh? ¿Yo? …Ok. —Cindy tragó saliva, tomó impulso, gritó y lanzó una patada frontal contra la roca.

 

¡PAM!

La roca ni se movió. Cindy cayó sentada con estrépito.

 

Aranea se cubrió la boca para no reír.

—Buen intento…

 

Luna e Iris ya no pudieron contenerse y se taparon la boca riéndose entre dientes.

 

Aranea, con un gesto amable, extendió la mano a Cindy.


—Vamos, arriba.

 

La mecánica se levantó ruborizada.

—Jeje… eso fue vergonzoso…

 

Luna, con un destello pícaro en los ojos, tuvo una idea, se inclinó hacia Iris y le susurró algo al oído. Iris sonrió cómplice, asintió y fue a recoger dos rocas grandes. Con un trozo de carbón las pintó con caras toscas de secuestradores; luego, en una roca más pequeña, dibujó el rostro de Prompto con una lágrima rodando por su mejilla.

 

Cuando todo estuvo listo, Luna se acercó a Cindy y le susurró suavemente al oído:

—¿Qué pasaría si Promp-to fuera capturado por criminales y solo estuvieras tú para ayudarlo? —señaló las rocas pintadas—. Mira… ellos son los secuestradores, y este eres tú rescatando a Promp-to.

 

Los ojos de Cindy se agrandaron, y su rostro pasó de inseguridad a determinación.

—…

 

Aranea, viendo la escena, tuvo que taparse la boca para no soltar la risa.

 

De pronto, Cindy apretó los puños, inspiró fuerte y gritó con fuerza.

—¡¡Promp-tooooo!!

 

Corrió hacia las rocas pintadas y empezó a darles puñetazos y patadas con toda su furia.

¡PAM! ¡PAM! ¡CRACK!

Una de las piedras se partió, la otra rodó varios metros. Finalmente, alzó la roca pintada con Prompto y la sostuvo contra su pecho.

 

Aranea se quedó de piedra por un instante, luego silbó impresionada.

—…Vaya. Eso sí que fue inesperado.

 

Iris y Luna aplaudieron riéndose, mientras Cindy jadeaba orgullosa.


—¡Lo salvé! —dijo con una sonrisa enorme y el rostro enrojecido.

 

Aranea le dio un golpecito en el hombro.

—Perfecto, vas bien, ahi tiene una motivación.

 

Las cuatro se echaron a reír juntas, el entrenamiento convertido en un recuerdo divertido.

 

Mientras tanto, el droide ID11, encima del techo de la tienda, vio a las chicas en plena acción, evaluó el despliegue de magia y resto y de pronto giró su lente hacia el lector, soltando un pitido burlón, casi como si se estuviera riendo.

 

Pasó una hora de prácticas y coordinación. El sol ya estaba alto, casi rozando las 11 de la mañana, cuando Aranea dio la señal de cierre.

 

—Bien, eso es todo por ahora. Otro día seguimos —dijo, girando su lanza sobre el hombro antes de desaparecer rumbo al baño de la caravana.

 

Cada una tomó su turno para bañarse, en un ritual casi militar de paciencia. Ya frescas, almorzaron pollo a la naranja preparado por Luna, quien logró un sabor tan refinado que hasta Aranea, con todo y su severidad, soltó un elogio breve pero sincero.

 

Luego, Luna pasó por la tienda a comprar ropa y equipo de escalada. Con las cuatro equipadas, partieron rumbo al volcán.

 

El ascenso fue duro; el calor y las piedras parecían interminables. Aranea, sin perder el aire de comandante, marcaba el paso:

—¡Vamos, muévanse sedentarias! Esto también es parte del entrenamiento.

Iris, con el rostro enrojecido y jadeando, tuvo que apoyarse en una roca para recuperar el aliento. Cindy, con la respiración entrecortada, murmuró.

—Necesito más cardio, incluso Prompto es más ágil que yo.

Luna, en cambio, subía con una calma pero cansada, Aranea, sin siquiera sudar, giró sobre sí misma.

—¡Más rápido! ¡Hasta un Tomberry es más ágil en esta pendiente! —se burló, antes de girar y seguir subiendo—. ¡Es hora de que se ganen esas fotos de caras derrotadas! ¡No hay descanso hasta la cima!

Casi en la cima, exhaustas, las chicas se dejaron caer sobre las rocas. Aranea, en cambio, seguía erguida. Sacó su teléfono y comenzó a tomar fotos: primero del paisaje, luego de las  tres compañeras con caras derrotadas.

 

—Esto se va directo a mis archivos —rió, guardando las imágenes como trofeos personales.

 

Compartieron snacks y charlaron, dejando que la brisa de la altura calmara su cansancio. Luego, con más calma que prisa, emprendieron el descenso, entre bromas y pequeñas quejas.

 

Al llegar al pueblo, el cielo ya mostraba tonos anaranjados. Se sentaron alrededor de una fogata detras de la tienda. Cindy ajustaba sus notas de estrategias, Iris jugueteaba con su chispa de magia intentando hacerla crecer, y Luna descansaba con una serenidad que contrastaba con las burlas suaves de Aranea.

 

El día cerró con risas, cansancio y la sensación de que, poco a poco, estaban encontrando un ritmo de equipo.

 

En el techo de la caravana, el droide ID11 seguía ahí, grabando con paciencia infinita. Esta vez no pitó: solo giró su lente al cielo como si contemplara la misma puesta de sol.

Chapter 13: Arco 4: El Plan del Misterioso Encapuchado Moguri.

Chapter Text

Capítulo 1: — La Sombra en el Campamento.

 

9 agosto 756, noche.

 

El Encapuchado Moguri subió al Regalia con paso silencioso, acomodándose en el asiento trasero sin decir una palabra. Los chicos se miraron entre ellos, con la curiosidad evidente, pero nadie se atrevió a romper el silencio primero. El viaje transcurrió con un aire tenso, apenas roto por el ronroneo del motor y algún que otro suspiro.

 

—¿De dónde vienes? —Preguntó Prompto mirando hacia atrás a el Encapuchado, incapaz de contener la curiosidad más tiempo. Su voz era baja, pero firme.

 

El Encapuchado no respondió. Sus ojos apenas se distinguían bajo la sombra de la capucha.

 

Noctis, a su lado, decidió intentar otra táctica:

 

—¿Qué quieres? ¿Por qué nos sigues?

 

El Encapuchado finalmente habló, con voz grave y pausada:

 

—No los sigo. Estoy aquí para proteger... y advertir.

 

Ignis viendo el espejo retrovisor central frunció el ceño, intrigado.

 

—¿Proteger? ¿Advertir de qué?

 

Pero el extraño no dijo más. El resto del trayecto continuó en silencio, cada uno sumido en sus propios pensamientos.

 

Cuando llegaron al campamento, el Encapuchado Moguri se bajó sin prisa, sin despedirse, y caminó hacia el borde del claro. Allí, se sentó con la espalda contra un árbol y se cubrió con su capa, dispuesto a pasar la noche en silencio.

 

Los chicos se miraron, sorprendidos, y finalmente decidieron dejarlo en paz. La incertidumbre quedaba flotando en el aire como un manto invisible.

 

Más tarde, alrededor de la fogata, la cena se sirvió mientras los Chocbros intentaban retomar cierta normalidad, pero el tema inevitablemente volvió a la mente de todos.

 

Ignis, como siempre, el analista del grupo, fue el primero en hablar:

 

—Lo que más me inquieta es el arma que vimos hoy. Nunca había presenciado algo así. Ni siquiera en los informes más avanzados que he leído. Un disparo de plasma directo a la cabeza de un cadente... y cayó como si fuera papel y eso que son dificiles de matarlos.

 

Noctis asintió:

 

—Sí, es... impresionante. —dijo, con un dejo de respeto—. Algo que sobrepasa todo lo que conocemos.

 

Prompto no pudo evitar unirse a la conversación, con su habitual entusiasmo y energía:

 

—¡Eso sí que es genial! Si el mundo entero supiera de ese tipo de armas, la noche sería lo de menos. ¡Nada se atrevería a salir!

 

Los tres se miraron y, como si se hubieran puesto de acuerdo, levantaron el dedo índice al mismo tiempo.

 

—¡Cállate! —dijeron al unísono, con una sonrisa divertida—. O invocaremos al ejército de Carbuncles Tacticos.

 

Gladio, que había permanecido en silencio hasta ese momento, dejó caer su cuchillo de cocina sobre la mesa y miró a los otros con seriedad.

 

—¿Y si esa arma... no es de aquí? —dijo despacio—. ¿Y si viene de otro mundo?

 

El silencio se hizo aún más denso. Los tres lo miraron fijamente, sorprendidos por la idea.

No era la primera vez que pensaban en algo así, pero escuchar a Gladio decirlo en voz alta les hizo sentir la realidad de la posibilidad.

 

Noctis fue el primero en romper el silencio:

 

—Si es verdad... entonces estamos en problemas mucho más grandes de los que imaginamos.

 

Ignis asintió, visiblemente preocupado:

 

—Y deberíamos prepararnos para lo inesperado. No solo por el arma, sino por lo que pueda venir junto con ella.

 

Prompto intentó aligerar el ambiente, pero su voz sonó más temerosa de lo habitual:

 

—¿Y qué pasa si ese Carbuncle también es de ese “otro mundo”? ¿O si está ligado a esa arma de alguna forma?

 

Un escalofrío recorrió la espalda de todos, y la luz de la fogata pareció vacilar por un instante, como si el mismo campamento reconociera la gravedad de la situación.

 

Gladio se recostó en su silla y soltó un suspiro profundo.

 

—Esto va a ser más complicado de lo que pensábamos.

 

Noctis cerró los ojos por un momento, respirando hondo.

 

—Mañana tendremos que investigar más. No podemos dejar cabos sueltos.

 

Ignis terminó la conversación con un tono firme:

 

—Todos necesitamos estar atentos. La noche apenas ha comenzado, y el verdadero peligro puede estar acechando en las sombras.

 

El grupo permaneció en silencio un rato, cada uno procesando lo ocurrido, mientras la fogata seguía crepitando y el encapuchado dormía apartado, como una sombra misteriosa en el borde del campamento.

Chapter 14: Capítulo 2: — Doc Prompto Argentum.

Chapter Text

Tienda de Noctis y Prompto.

 

Después de apagar la fogata y acomodarse en sus tiendas, el campamento quedó envuelto en un silencio que solo rompían los sonidos nocturnos de la naturaleza. Prompto se tumbó boca abajo sobre su lona, aún con la energía y la inquietud que lo caracterizaban. y empezó a flexionar su brazo derecho.

 

Quería retomar la práctica de flexionar el bíceps (una rutina que había comenzado más temprano, pero que el peluche interrumpió abruptamente). Necesitaba despejar su mente y concentrarse en algo tangible.

 

Noctis se acomodó a su lado derecho, encogiéndose un poco.

 

—Yo paso, fue un dia largo —murmuró—. Mejor dejo eso para otro día.

Noctis se durmió.

Solo cuando la respiración de Noctis se hizo profunda y regular, Prompto se movió. Con sigilo, sacó de su mochila una bata de laboratorio blanca ¿de dónde la sacó? nadie lo sabe, ni siquiera él y se la puso con un floreo dramático.


Luego, se enrolló la manga de su brazo derecho, como un cirujano preparándose para una operación delicada.


Se colocó un par de lentes de seguridad y obviamente falsos, y finalmente, sacó una plaquita brillante de su bolsillo, que sujetó con orgullo. En letras grandes, decía:

 

Doctor Prompto Argentum.



Abajo, en letras más pequeñas, añadió con un rotulador:

 


Especialidad en Hipertrofia Bíceps Mágica y Flujo Afectivo.

 


Con su nuevo atuendo completo, Prompto volvió a tumbarse boca abajo sobre su lona.

En ese instante, Prompto se giró ligeramente, y por un microsegundo, su mirada pareció conectar directamente con el lector, un brillo travieso en sus ojos detrás de los lentes falsos.

Murmuró con una emoción contenida:

 

—¿Listos para el experimento?

Prompto respiraba profundamente mientras abría un libro que Ignis había dejado con tanto cuidado. La luz de la linterna iluminaba las páginas

Reglas básicas para la activación y control del músculo mediante canalización mágica...

 

Murmuró para sí mismo:

 

—Bien, parece que debo mantener la mano en contacto con el músculo mientras ejecuto la contracción... Pero... ¿qué pasa si la mano no está en el lugar correcto?

 

Con un movimiento cuidadoso, movio su mano izquierda y tomó la mano dormida de Noctis, que descansaba a su lado, y la colocó sobre su bíceps derecho. Sentía el calor de la piel y la ligera presión.

 

—Según esto... la mano debe permanecer firme, pero sin apretar. Hmm, Noct, espero que no te importe ser mi conejillo de pruebas.

 

Sonrió entre dientes y bajó la voz para no despertarlo:

 

—Vamos, no te muevas... solo un poco más acá... perfecto.

 

Luego volvió a leer en voz baja:

 

“Para una mejor respuesta, flexione lentamente y sincronice la contracción con la canalización mental...” Eso suena muy fancy, pero básicamente significa... flexionar y pensar en hacerlo bien.

 

Se concentró, sintiendo el músculo tensionarse bajo la palma de Noctis.

 

—¿Lo sientes? Sí, se contrae. Bien, bien... eso es todo, amigo.

 

La respiración pausada de Noctis apenas cambió, pero Prompto pudo sentir cómo se relajaba poco a poco.

 

—Uf, estás más pesado que un chocobo dormido, ¿sabes?

 

Se permitió una sonrisa mientras continuaba flexionando, y con la mano libre sostuvo el libro abierto frente a él, murmurando:

 

—Ahora, dice que... “mantener la postura sin rigidez para evitar fatiga...” ¿Eso significa que no puedo ponerme demasiado intenso? Vale, vale.

 

Mientras flexionaba, sus ojos iban saltando entre las líneas, tratando de absorber cada detalle.

 

—Esto es más complicado de lo que creía, pero si me sale, quizá hasta pueda impresionar a Cindy.

 

Se detuvo un momento, mirando la mano de Noctis sobre su bíceps.

 

—Aunque tú probablemente prefieres que no te use de soporte para mis prácticas... pero gracias, igual.

 

Sin embargo, el cansancio se fue haciendo notar y su voz bajó hasta casi un susurro.

 

—Voy a intentarlo un poco más... y luego me toca soñar con con el ejército de Carbuncles... 

 

La noche avanzaba lentamente. Todos dormían… menos Prompto.

 

Tendido boca abajo sobre su lona, con el libro abierto frente a él y su bíceps derecho ligeramente flexionado, seguía murmurando en voz baja mientras ojeaba con atención:

 

—"Mantener contacto constante con la palma del sujeto secundario…” Ajá, eso eres tú, Noct. “Evitar interrupciones súbitas de flujo afectivo”… ¿flujo afectivo? ¿Esto es magia o una telenovela?

 

Con una sonrisita cansada, miró de reojo a Noctis, quien dormía a su derecha, completamente ajeno a que su mano estaba siendo utilizada como equipo de laboratorio muscular.

 

—Tranquilo, príncipe. No es nada comprometedor… solo ciencia avanzada y un poquito de vanidad.

 

Flexionó el bíceps con cuidado, como si estuviera en una exhibición de gimnasio para fantasmas.

 

—¿Lo sientes, Noct? ¿Sientes la fibra activándose bajo tus dedos? ¿La tensión armónica del poder oculto? ¿El arte milenario de los gains?

 

Noctis murmuró algo ininteligible, giró apenas, pero no se despertó.

 

Prompto, emocionado, hojeó otra página.

 

—"Para mejores resultados, el sujeto secundario debe estar emocionalmente cercano al canalizador principal"... ¡¿QUÉ?! ¿Eso quiere decir que...

 

Lo pensó un segundo. Luego lo descartó.

 

—Bah!, somos bros. ¡Somos lo suficientemente cercanos para esto! Flexión científica, no afectiva, señor libro. No se haga el dramático.

 

Siguió unos minutos más, leyendo frases cada vez más raras como:

 

La mano también puede reposar suavemente sobre el deltoide anterior como zona opcional de anclaje afectivo.

 

—¿Afectivo otra vez? ¿Quién escribió esto? ¿Una abuela mágica?

 

Soltó una carcajada muda, volvió a flexionar y por un momento se sintió como un verdadero maestro del bíceps.

 

—Lo lograré. Este brazo será leyenda. ¡Y con ayuda de la mano real del heredero de Lucis! ¡Ja!

 

Arriba en el techo de la tienda oculto tras una lampara, el minidroide ID10-A emitió una vibración sutil, un silencioso.

—zuzz-zuzzz!

Como si fuera riéndose.

Finalmente, el sueño lo fue venciendo. Dejó el libro abierto, se acomodó apenas, la mano de Noctis seguia en su bíceps derecho.


Y se quedó dormido.


Mientras el campamento seguía sumido en el silencio, la mente de Prompto ya estaba redactando su informe mental para la posteridad.

Unas últimas "notas del Doc Prompto Argentum" antes de la inconsciencia total:

 

 

Notas de Campo – Experimento 01 – 'Hipertrofia Bíceps Mágica con Canalización Afectiva no Consensuada'.

 

"Sujeto Secundario: Noctis Lucis Caelum,

Estado: Dormido Profundo, inconsciente de su contribución vital a la ciencia de los gains."

"Resultados Preliminares: Contracción muscular detectable bajo contacto. Hipótesis inicial: La 'cercanía emocional' (categoría 'bros' suficientemente probada) parece influir en el 'flujo afectivo', aunque el libro exagera el drama. Se necesita más investigación para desmentir la 'abuela mágica' que escribió esto."

"Observaciones Clave: El sujeto secundario es excepcionalmente pesado en estado dormido. Riesgo de interrupción por movimiento mínimo."

"Plan de Acción Futuro: Explorar el 'deltoide anterior' como 'zona de anclaje opcional'. Considerar sujetos primarios alternativos para futuras fases (Posibles sujetos: Gladiolus - descartado; Ignis - potencial para co-investigación o refutación metódica)."

"Fin del informe por esta noche. El progreso... es inminente."

 

Atentamente, Doctor Prompto Argentum. Firma: un garabato que parecía un chocobo con gafas y bata de lab.


10 agosto 756, mañana.

 

Un rayo de sol entró en la ventana de la tienda y golpeó a Noctis en el rostro, frunció el ceño, movió los dedos… y notó algo raro. Algo... firme. Redondo. Tenso.

 

Abrió un ojo.

 

Su mano estaba sobre el bíceps derecho de Prompto y aún llevaba puesta la bata de laboratorio.

 

Noctis parpadeó una vez. Luego otra. El sueño se le fue de golpe, reemplazado por una expresión de pura incredulidad. Prompto, durmiendo pacíficamente, parecía el más ridículo de los científicos locos.

 

Frunció el ceño, medio dormido aún, y… apretó.

 

—¿HNNGGHHH?! —Prompto se despertó y disparó hacia adelante como si lo hubieran conectado a un rayo de plasma— ¡Noctis, juro que eso fue ciencia! ¡CIENCIAAAA!

 

Se giró para verlo, solo para encontrar al príncipe medio sentado, con el ceño fruncido, mirándolo como si estuviera a punto de dictar una sentencia judicial. Su mirada no se despegaba de la bata.

 

—...¿Dormiste toda la noche flexionando con mi mano? ¿Y con esa... esa cosa puesta? —preguntó Noctis, señalando la bata con la barbilla.

 

—¡No-no-no es lo que parece! Bueno, sí es lo que parece, ¡pero tenía sentido en el contexto del libro mágico de Ignis! ¡Tú no estabas usando tu mano! ¡¡Era energía desperdiciada!!

 

Noctis alzó una ceja.

 

—...¿Mi mano es un recurso energético ahora?

 

Prompto se encogió como un cachorro culpable.

 

—...¿Vas a golpearme como Gladio cuando descubre que me comí su barrita de proteínas?

 

Noctis suspiró. Cerró los ojos. Y extendió la mano hacia él… con resignación.

 

—Hazlo bien esta vez. Pero una flexión. Una.

 

Prompto abrió los ojos, incrédulo. Y luego, con toda la solemnidad del universo, acomodó la mano de Noctis sobre su bíceps.

 

—Gracias, su majestad. Prometo usar su real extremidad con todo el respeto que merece.

 

—Solo una.

 

—¡Una sagrada flexión! ¡Sí, señor!

 

Flexionó. El sol iluminó su bíceps. Una mariposa pasó volando. Ignis estornudó a lo lejos, como si sintiera una alteración en el protocolo.

 

Y Prompto murmuró:

 

—...Esto, es el mejor día de mi vida.


Noctis lo miró fijamente. Un momento de silencio. Luego, con un gruñido bajo, añadió:


—Mira, haz lo que quieras con mi mano mientras duermo. Pero si se me atrofia, es tu culpa.

 

Los ojos de Prompto se iluminaron.

 

—¡Sí, señorito! ¡Prometo que estará más que bien!

Luego de un tiempo, Prompto se levantó, desdoblando la bata de laboratorio y guardándola en su mochila con una rapidez sospechosa.

 

—Vamos, príncipe, el desayuno llama —dijo Prompto, y ambos se dirigieron hacia el resto del grupo, listos para un nuevo día…..

Chapter 15: Capítulo 3: — El Engaño del Encapuchado.

Chapter Text

La brisa matutina olía a pan recién tostado y a café. El campamento estaba tranquilo. El Regalia reposaba cerca, reluciente pese al polvo de las travesías recientes, y los Chocobros desayunaban en calma.

 

Bueno, casi todos.

 

A pocos metros, al borde del campamento, el Encapuchado Moguri dormía en el suelo cerca de un arbol. Su capucha cubría medio rostro, y las orejas asomaban con atención como si fueran antenas. Cuando por fin se incorporó, lo hizo con una energía ritual: espalda recta, mirada determinada, y en sus manos, una caja de metal extraña.

 

Era algo entre lonchera arcana y dispositivo de costura.

 

El Encapuchado Moguri se sentó en una roca plana abrió la caja y comenzó a presionar botones con movimientos calculados.

 

Tiempo de sellar las costuras de la “Afectorrealidad”... kupo. —murmuró en voz baja.

 

Prompto, que rondaba cerca con una manzana en la boca, lo vio y se acercó.

 

—Ey, ¿qué hace el Mogurito con esa caja??

 

—Creo que está jugando a salvar el universo. —dijo Gladio, sin levantar la vista.

 

La caja emitió un zumbido.

 

Concentración... silencio absoluto... —seguía el Encapuchado, sudando levemente.

 

Prompto habló con la boca llena y tocó una parte de la caja.

 

—Apuesto a que es una radio vieja.

 

—¡QUÉ! —saltó el Encapuchado, pero un brillo fugaz cruzó sus ojos bajo la capucha, su dedo, con una precisión, presionó el botón final.

 


¡ZUUUUUUUUUUUUUUUUUUUMMMMMMMMM!

 

Un vórtice circular se abrió en el aire, como si el propio espacio se desgarrara con un propósito...

 

Un portal circular, un horizonte de eventos, morado y con brillitos y estrellitas, rugiente.


Ignis derramó su té.


Prompto soltó un "wéeeeeeeh" de entusiasmo.


Gladio instintivamente invocó la espada.

 

—¡¡CIERRO CIERRO CIERRO!! —gritó el Encapuchado, girando perillas con una teatralidad sorprendente. Sin embargo, el vórtice, lejos de cerrarse, parecía obedecer a una voluntad secreta...

 

Pero esta vez... “no funcionó”.

 

El vórtice succionó primero a Prompto por los pies.

 

—¡NOOOOOO MOGURIIIIIIII! —gritó.

 

Noctis se lanzó para sujetarlo, pero el portal tiró también de él.

 

Gladio intentó jalar a ambos. Fue jalado también.

 

Ignis corrió hacia ellos.


El Encapuchado solo se quedó quieto, observando la escena con una extraña calma y una sonrisa burlona mientras los chicos desaparecían.

 

VOOOOOOOOM.

 

El vórtice los tragó. A los cuatro.

 

Y desapareció, soltando una estrellita final y desapareciendo.

 

Silencio absoluto.

 

El Encapuchado permaneció de pie, inmutable. Miró a los lados, asegurándose de que no hubiera testigos. Sacó de entre sus ropas, un smartphone con una antena satelital:

Llevó el telefono a su oído.

 

—Aquí el Agente 5… sí… confirmado… los Chocobros fueron tragados con éxito… fecha 10 de agosto 756 de Eos… espera confirmación del otro lado… sí, Señor Director… ya veo… Kupo.

 

Se guardó el teléfono y lentamente sacó su pergamino de protocolos. Marcó una X sobre "Traslado completada". Se permitió una leve, casi imperceptible, sonrisa.

 

—Bueno...

 

Levantó la cabeza, observando el punto donde el portal había estado.

 

—Ahora solo queda esperar que cumplan con el protocolo… en su nuevo destino.


Justo entonces, de entre los arbustos cercanos, emergieron dos pequeñas siluetas.

Eran los Droides ID10 y ID11.

Ambos avanzaron flotando hacia el Encapuchado. los dos droides extendieron sus brazos articulados, ofreciendo 2 pequeños dispositivos de grabación que parpadeaba con una luz verde.

El Agente 5 lo tomó con un gesto casi reverencial, lo guardó en un bolsillo oculto, y asintió a los droides. Estos, tan discretamente como aparecieron, se giraron y se perdieron de nuevo entre las sombras de los árboles, volviendo a sus puestos de observación.

Chapter 16: Capítulo 4: — Agente 5.

Chapter Text

El aire en el campamento temblaba aún por la energía residual del portal.

Las lonas se agitaban. Las cajas vibraban. La quietud era tan intensa como una pausa de la realidad.

 

El Encapuchado Moguri caminó hacia la tienda principal con las manos entrelazadas detrás de su espalda.

—Bien… veamos qué dejaron estos chicos…

 

Pero no alcanzó ni tres pasos cuando algo se movió entre los arbustos.

 

De la maleza del borde del campamento emergió una pequeña criatura, tan brillante como serena: un Carbuncle real.


Su pelaje blanco-celeste relucía bajo la luz del día y su gema roja centelleaba con inquietud.

 

El Moguri se detuvo.

—¿Eh?

Inclinó la cabeza hacia un lado, curioso.

—Oh, vaya. ¿Y tú qué haces por aquí, pequeñín?

 

El Carbuncle se acercó sin miedo.

El Moguri se arrodilló lentamente, sacando de su túnica una mano enguantada.

—Vamos, ven…

 

El Carbuncle olfateó con desconfianza. Pero tras un segundo, se dejó acariciar con suavidad.

 

—Ya veo... eres el de Noctis, ¿verdad?

 

El Carbuncle asintió con un pequeño sonido agudo. Pero luego su mirada se desvió.

Sus orejas se movieron inquietas. Soltó un leve  “kyu” hacia el centro del campamento.

 

—¿Mmm? ¿Los chicos? Están bien, tranquiiilo…

 

Pero el Carbuncle repitió el sonido, esta vez más urgente.

 

El Encapuchado parpadeó.

—¿Eh? ¿Dónde dices que están...

Se llevó una mano al interior de la capa y sacó de nuevo su teléfono.

 

—Veamos si esta app de constelaciones tiene a Eos en la lista, Kupo.


En su telefono muestra varios planetas:


Un mundo, enteramente cubierto de luces centelleantes, una única ciudad que abarca todo el planeta, una ecumenópolis.

 

Otro mundo, con vastos océanos azules y verdes masas de tierra y continentes familiares para el lector.

 

Un tercer mundo, densamente selvático, orbitando un gigante gaseoso de un azul vibrante, una luna bioluminiscente, rebosante de vida salvaje.

 

Y un último mundo, con océanos y continentes, pero con extrañas líneas de energía verde que lo envolvían como si fuesen corrientes.

 

Hasta que llega a Eos y lo presiona.

 

A plena luz del día, la cámara del teléfono apuntó al cielo.

La pantalla, sin embargo, revelaba un cielo nocturno cubierto de estrellas. Constelaciones de Eos. Una de ellas brillaba más que el resto.

 

El Encapuchado giró el teléfono hacia el Carbuncle.

 

—¿Aquí? ¿Es esto lo que ves?

 

Y con un gesto pausado, extendió su mano hacia lo alto, apuntando al mismo punto que indicaba la pantalla y al cielo

 

El Carbuncle alzó la mirada.

 

Y entonces, por un instante, pareció entender.

 

[CORTE DE ESCENA]

 

La cámara se eleva del campamento,

 

Sube sobre los árboles. Vuela hacia el oeste.


Cruza bosques, senderos, campos, carreteras.

Hasta llegar al pequeño pueblo cercano a La Roca de Ravatogh.

 

En una terraza de piedra, Luna estaba sentada en una silla.
Un libro abierto entre las manos.

A pocos pasos, Cindy limpiaba con paciencia la brillante carrocería del Solaria..

 

Aranea e Iris estaban más allá, cerca del borde del mirador.

Reían, tomándose fotos con el cráter del volcán de fondo. Iris extendía los brazos dramatizando que iba a saltar al vacío, y Aranea la sujetaba teatralmente por la cintura.

 

Pero entonces...

 

Luna dejó caer el libro.

 

Sus ojos se abrieron, brillantes de inquietud.

 

—¿Qué... fue eso?

 

Cerró los ojos.

 

Una presión extraña la recorrió.


Un presentimiento.. Una certeza repentina.

 

—¿Noctis y los chicos...?

 

El viento cambió. Luna se incorporó despacio.

 

Se fueron de Eos... —murmuró—. Como... absorbidos...

 

Se llevó una mano al pecho.

 

Atravesaron la atmósfera y se fueron al espacio ... y ya no están aquí.

 

Silencio.

 

Pero la angustia se disipó con otra sensación súbita.

 

Una calidez invisible, como una corriente que aún fluía.
Como si, pese a todo, siguieran vivos. Y juntos.

 

Luna bajó la mirada, y luego miró al cielo.

 

Juntó las manos. Oró en silencio.

 

—Que estén a salvo. Donde sea que estén... que encuentren el camino.

 

[REGRESO AL CAMPAMENTO DE LOS CHOCOBROS]

 

El Encapuchado Moguri avanzaba con paso tranquilo hacia la tienda de Prompto y Noctis, A su lado, el Carbuncle de Noctis lo seguía, sus orejas erguidas y su mirada inquisitiva.

 

De repente, el pequeño Carbuncle soltó un sonido breve, una especie de pregunta.

 

—¿Eh? —detuvo su paso el Moguri, y giró la cabeza hacia el Carbuncle—. ¿Quién soy? Oh, disculpa, pequeñín, no me he presentado adecuadamente —miró a los lados, asegurándose de que no hubiera testigos.

 

Con un gesto teatral, se quitó la capucha y luego la capa. Su traje táctico, de un negro mate, parecía sacado de una misión ultrasecreta. Flotando detrás de su espalda, una pieza angulosa de metal verde oscuro, similar a una mochila, y debajo de ella, dos triángulos también levitando.

 

—Soy el Agente 5, del Departamento de Inteligencia y Operaciones Especiales. D.I.O.E., ¡Kupo! —dijo con orgullo, haciendo un pequeño saludo militar.

 

El Carbuncle lo miró de pies a cabeza:

Este Moguri no era como los demás; medía 1.50 metros de alto, era de complexión delgada, con un pelaje blanco y orejas puntiagudas. Sus ojos eran como líneas, y las alas de murciélago que colgaban de su espalda se estiraron al triple de su tamaño antes de encogerse de nuevo.

Luego, el Carbuncle soltó un sonido alegre, casi una risa.

 

—¿Yo? ¿Espía? —se rió el Agente 5, cruzándose de brazos y sonriendo con picardía—. Jeje, más bien… un especialista.

 

El Carbuncle emitió un sonido interrogativo, ladeando la cabeza, como preguntando: ¿Y eso qué es?

 

El Agente 5 hizo un gesto con la mano, negando con los ojos cerrados y una sonrisa de orgullo que iluminaba su pequeño rostro.

 

—¿Departamento de qué Organización o Agencia, dices?  —suspiró —. Jeje, mi querido amiguito, ven aquí.

 

Se agachó con cuidado y acercó su rostro a la oreja del Carbuncle. En un susurro apenas audible, casi un secreto guardado por siglos, dijo:

 

Es un secretito...

El Carbuncle parpadeó, sorprendidísimo, y respondió con un pequeño sonido que parecía un "¡Oh, vaya!" encantado.

 

—Interesante, ¿eh? —rió el Moguri—. ¿Quieres acompañarme, entonces?

 

El Carbuncle asintio y lo siguió.

 

Juntos, se dirigieron hacia el interior del campamento, mientras el Moguri murmuraba para sí mismo:

 

—Tengo la sensación de que hoy será un día... peculiar, kupo!.

Chapter 17: Capítulo 5: — El Misterio del Regalia.

Chapter Text

Tienda de Noctis y Prompto.


El Moguri se detuvo en el borde, manos en la cintura, observando con ojos críticos.

 

—Ajá… Dos colchonetas mal acomodadas, mesitas llenas de cartas de las chicas, maletas abiertas, objetos personales desperdigados… y… ¿eso es purpurina arrinconada en la esquina?


Se llevó la mano al mentón y frunció el ceño.

—Definitivamente, un crimen contra la organización, “mamá Ignis” deberá regañarlos a los dos.

 

El Carbuncle emitió un sonido curioso.

 

—¿Qué qué busco? —repitió el Moguri, girándose hacia él con una sonrisa misteriosa—. Una cosita, amiguito. Solo una cosita…

 

Se dirigió primero a las maletas. De la de Prompto sacó varias camisetas sin mangas y chaclecos sin mangas, agitándolas como si fueran evidencia comprometedora.

 

—Mira esto, ropa para posar sus brazos. Muy de su estilo, ya entiendo porque todo son sin mangas…. 

 

Luego abrió la maleta de Noctis y comenzó a sacar camisa tras camisa.


—Negro… negro… negro otra vez… ¿En serio? ¿No tiene otro color?

 

El Carbuncle hizo un “kyu” que sonó a explicación.

 

—¿Uniforme de la Crownsguard? Sí, lo sé, lo sé… pero igual podrían variar un poco. —Alzó dos camisetas negras idénticas y las comparó con un gesto teatral— O al menos inventarse algo que no los haga destacar como dianas andantes. ¿Cómo crees que los soldados Magitek siempre los encuentran?

 

El Carbuncle soltó un chillido corto.

 

—¿La magia de Noctis? —dijo el Moguri, ladeando la cabeza—. Hmmm… podría ser. O quizá, simplemente, porque se visten todos igual. Misterios de la vida, kupo.

 

Sacudiendo la cabeza, volvió a rebuscar entre el resto de cosas de pronto, se detuvo.

 

—Ajá… ahí está —dijo con voz triunfal.

 

Sobre la mesita lateral, entre otros regalos ya abiertos, descansaba la caja grande de Tenebrae, dentro, habia restos de comida y algunas notas escritas por el Peluche Gigante Carbuncle.


El Moguri sonrió de lado.

 

—Hora de limpiar pruebas.

 

Chasqueó los dedos y de su boca salió un sonido limitando el canto de un pájaro, luego, como si estuviera en plena faena doméstica, comenzó a tararear una melodía mientras acomodaba la tienda.

 

Recogió la purpurina esparcida en la esquina y la echó dentro de la misma caja. Enderezó las maletas, dobló la ropa, Finalmente, tomó la caja de Tenebrae, ahora con purpurina y notas dentro.

 

La miró un instante y leyó en voz alta el mensaje pegado en un lateral:

 

—“NO ABRIR.

Gracias por participar.

GdRdAM (Guardián de los Regalos de Amistad Mal canalizados)”

 

El Moguri bufó divertido.

—Oh, Prompto… qué sutileza.

 

Con un gesto satisfecho, se levantó y cargó la caja. Salió de la tienda caminando hacia el centro del campamento.


La fogata estaba apagada, colocó la caja encima de la leña.

 

Entonces, una de las dos piezas triangulares que flotaban detrás de su espalda se movió suavemente hacia adelante, se abrió, revelando un cañón oculto. Un pulso de plasma rojo, salió disparado y tocó la leña, por un instante, las llamas surgieron de un intenso color carmesí antes de asentarse en el amarillo. La pieza triangular se cerró y regresó a su lugar original detrás del Moguri.

 

y lo observó arder la caja.

 

—Listo. limpieza de pruebas completada, kupo!

 

El Carbuncle lo miraba en silencio, moviendo la cola, con expresión mezcla de sorpresa y aprobación tímida.

 

El Moguri se quedó de pie a la par del fogata, manos en la cintura, observó al campamento, evaluando como un inspector de aduana.

 

—Veamos… —murmuró en voz baja—. La tienda principal, la de Noctis y Prompto, la de Ignis y Gladio, la tienda almacén… y por supuesto, el Regalia.

 

Con paso decidido fue hacia la tienda de Ignis y Gladio. Apenas levantó la solapa de la entrada, se detuvo en seco.


El interior parecía un catálogo de organización militar.

 

—Wow… —dijo el Moguri, asombrado—. “Mamá Ignis” sí sabe cómo organizar… nada que ver con esos dos desastres de al lado.

 

Dentro había dos colchonetas perfectamente alineadas, maletas cerradas, zapatos en fila, cajas con especias y conservas apiladas.


El Moguri pasó el dedo por la superficie de una mesa… y ni una mota de polvo.

 

—Impecable —dijo, casi ofendido—. ¿Cómo lo hace?

 

Se inclinó sobre una maleta abierta de Ignis y vio ropa doblada con precisión. Todas idénticas. La cerró con un suspiro. Luego encontró una maleta pequeña, la abrió… y se quedó mirando incrédulo.

 

—¿Lentes? ¿Más lentes? ¿¡Por qué alguien necesita tantos lentes!? —se rascó la cabeza, divertido—. Qué raro…

 

La cerró rápido, como si hubiera tocado un secreto peligroso. Sus ojos brillaron al encontrar una caja con libros de estrategias y recetarios.

 

—Ahora sí… esto es útil. —Sacó un recetario y lo hojeó con gusto— Me encantaría probar la comida de Ignis… bien, tomaré este libro prestado y haré algo esta noche.

 

El Carbuncle lo observaba sentado junto a la entrada, observando con cruiosidad.

 

—¿Donde está la llave del Regalia? —preguntó el Moguri en voz alta.

 

El Carbuncle emitió un “ kyu” corto.

 

—¿Debajo de la almohada? —repitió el Moguri, arqueando una ceja.

 

Se acercó a la colchoneta de Ignis, levantó la almohada… y ahí estaba:

La llave retangular y redondeada, negro metalizada, decorada con lineas doradas y con el símbolo de Lucis y detrás, los 4 botones.

 

—Qué raro… ¿por qué la esconde aquí? —murmuró, mientras tomaba la llave.

 

Salió de la tienda y se dirigió hacia el Regalia, estacionado con el techo puesto y ventanas cerradas. Pulsó el botón de la llave:

 

BEEP.

 

Las luces parpadearon y el auto respondió con un clic suave.

 

El Moguri abrió la puerta del conductor, buscó la palanca y jaló la perilla del capó. Caminó hasta el frente del auto. Justo cuando estaba a punto de levantarlo, el Carbuncle emitió un sonido inquisitivo.

 

—¿Que qué hago? —dijo el Moguri, sonriendo con orgullo—. Pues unos arreglitos,
ayer yo iba con ellos y escuché un ruido extraño… así que buscaré el origen, kupo.

 

Levantó el capó. El motor reluciente quedó al descubierto.


El Moguri silbó largo y fuerte.

 

—Un V12 biturbo de 7.2 litros,... ¿eh? esos cables naranja conducen a... ¿eso es una batería? wow, un híbrido … impresionante. La tecnología de Lucis de hace 32 años o más atrás, es más avanzada que en La Ti- —se detuvo a mitad de frase.

 

El Carbuncle inclinó la cabeza, confundido.

 

El Moguri tosió, improvisando rápido:


—…más avanzada que en cualquier otro pais del continente. Sí, eso quise decir. Jejeje… kupo!

 

Se pasó una mano por su cabeza, como quien intenta disimular.


El Moguri dejó el capó abierto y se dirigió hacia la parte trasera del Regalia. Pulsó un botón y el maletero se abrió con un clac elegante. Dentro había:

Cajas con herramientas, repuestos envueltos en telas, y hasta un pequeño botiquín que nadie usaba.

 

—Muy bien… —dijo el Moguri, sacando una caja de herramientas con un gesto decidido—. Hora de hacer lo que ni la señorita Cindy pudo.

 

El Carbuncle, mientras tanto, se había encaramado al techo del Regalia, estirándose como un gato al sol. Con un bostezo brillante dejó escapar un sonido suave, casi divertido.

 

El Moguri, en cambio, estaba concentrado. Abrió paneles, revisó válvulas, apretó tornillos y hasta sacó polvo donde no debería haber polvo. Después de varios minutos, levantó la cabeza de golpe, con los ojos brillando de emoción.

 

—¡Lo encontré! —exclamó, sacando de entre los cables, un dispositivo extraño, rectangular, con una carcasa metálica y una pequeña luz roja que parpadeaba lentamente.

 

El Carbuncle soltó un “kyu” inquisitivo, bajando una orejita como si fuera una antena.

 

—¿Qué es esto? —dijo el Moguri, dándole vueltas en las manos—. Ajá… eso, es un bloqueador de flujo de aire dinámico… con resonancia inversa en el canal de ignición, kupo.

 

El Carbuncle parpadeó sus ojos dos veces y soltó un “kyu” largo.

 

El Moguri sonrió orgulloso, agitando el artefacto como un maestro de ceremonias.

—¡Exacto, amiguito! Esto fue lo que causó que el Regalia se detuviera y echara ese humo negro por el tubo de escape al inicio de su viaje y no era culpa de Prompto. Cindy no lo detectó, es demasiado discreto, está hecho para parecer una simple pieza de fábrica.

 

Giró el dispositivo y señaló con una garra la parte inferior. Allí, grabado, estaba un diminuto escudo de Niflheim y una firma escrita a mano del mismísimo Ardyn Izunia.

 

El Moguri abrió los ojos y silbó.

—¿Quién deja su firma en un sabotaje? Aunque sea de Niflheim, ¿a quién se le ocurre? ¿Acaso Ardyn es un villano que quiere ser notado? ¿Qué sigue? ¿Que estampe su cara sonriente en cada trampa que deje?

 

El Carbuncle se incorporó de golpe, erizando su pelaje brillante, como si hubiera sentido un escalofrío. Sus ojitos se clavaron en la frima, sorprendido.

 

—¿Lo ves? —dijo el Moguri, levantando el dispositivo como si fuera una evidencia crucial en un juicio—. Esto no es un simple fallo mecánico. Es sabotaje con firma artística… y muy mala discreción.

 

El Moguri guardó el extraño dispositivo en su mochila con sumo cuidado.

—Amiguito, esto lo guardaré como prueba… algún día se lo enseñaré a los chicos, cuando sea el momento, kupo.

 

El Carbuncle asintió con un sonido suave, casi solemne.

 

—Exacto —dijo el Moguri, poniéndose serio por un segundo—. No todo se revela de golpe.

 

Volvió a inclinarse sobre el motor. Ajustó un par de mangueras, apretó más tornillos y pasó un paño que sacó de la nada. Tras varios minutos, bajó el capó con un clac satisfecho.

 

—Mmm… mejor probarlo mañana. —Miró su reloj, 4:00 p.m. escondido bajo su manga—. Sí, mañana.

 

Abrió la puerta del conductor y se acomodó en el asiento. Sus patas casi alcanzaban los pedales, aunque con cierto esfuerzo lograban presionarlos.

 

—Jeje, mis pies llegan a los pedales… pero la altura… —miró hacia el parabrisas, apenas viendo por encima del tablero—. Mañana pongo algo. Un cojín táctico de infiltración, kupo.

 

Sonriendo, presionó el botón Start sin tocar el pedal de freno. El motor no rugió, pero los accesorios cobraron vida con un zumbido eléctrico. Las luces del cuadro se iluminaron.

 

El Moguri observó con fascinación alrededor de la cabina.

—Veamos… ¿tendrá GPS?

 

Su mirada cayó en un botón de una pantalla, en la consola, Lo presionó, el panel donde están los relojes del turbo y medidores, se hundió, giró sobre sí mismo y emergió una pantalla que se encendió al instante y una animación de una silueta del auto hasta dar con las palabras de Regalia y una pequeña melodia.

 

Los ojos del Moguri brillaron.

—¡Wow! Como un Bentley… ese mecanismo no lo tendrán en la Tie-… digo… en ningún lado...

 

El Carbuncle lo observaba desde el capó, ladeando la cabeza.

 

El Moguri pasó un dedo sobre la superficie. La pantalla respondió con un suave parpadeo.

—¿eh? —susurró incrédulo. Tocó otra vez, y el menú cambió fluidamente—. ¡Es táctil!

 

Se dejó caer contra el respaldo, boquiabierto.

 

—¿Cómo es posible?  32 años atrás, y ya tenían esta tecnología o quiza más atrás… ¡Mucho antes de su tiempo!

 

El Moguri se quedó un momento en silencio, acariciando la pelota roja de su antena mientras la pantalla iluminaba su rostro.

 

—Definitivamente, Lucis es más avanzado, kupo.


El Moguri inclinó la cabeza curioso, repasando con sus ojos la pantalla que emergió del tablero.

—Veamos… ajustes, radio, modos de manejo, GPS… ¿sistema híbrido? —leyó en voz baja.

 

Con un par de toques en los botones, la interfaz cambió y desplegó un modelo 3D del auto.


En la gráfica resaltaban el V12 y a un lado, las baterías internas.


El Moguri entrecerró los ojos.

 

—Ajá… desgaste al 99%. Rango solo en modo EV, 20 km. —Soltó una risita sarcástica—. Lógico… 32 años de uso.

 

Saltó fuera del vehículo, abrió la tapa de carga de batería y de su mochila extrajo un artefacto plegable, compacto, con varios cables Uno de ellos terminaba en un conector flexible, como una membrana traslúcida que parecía viva. Lo aplicó sobre el puerto y la pieza se adaptó con un suave plop.

 

El artefacto proyectó un holograma lleno de datos fluctuantes. El Moguri frotó las manos con orgullo.


—Hora de estimular esos iones, kupo…

 

Presionó un botón lateral, y un zumbido agudo recorrió el Regalia, el holograma mostraba la batería roja hasta ponerse en verde, con un gesto hábil, desconectó la membrana, la plegó de vuelta y guardó el artefacto en su mochila.

 

Regresó al asiento del conductor y volvió a consultar el panel.

—Veamos, desgaste cero, Rango EV, 1.400km. —Sopló un silbido irónico—. Un V12 y ese rango solo en modo eléctrico… ¿y si usa ambos?

 

La pantalla mostró los cálculos: consumo de 5l/100km, El Moguri soltó una carcajada incrédula, moviendo la cabeza con orgullo.

—¡Wow! Muy bajo para un V12… Esto sí que es un juguete adelantado a su tiempo, kupo.

 

El Carbuncle, aún recostado sobre el capó, miraba por el parabrisas al Moguri. Sus orejitas se erguían con sorpresa y soltó un sonidito agudo.

 

El Moguri sonrió con autosuficiencia.

 

—¿Que cómo lo hice? ¿Cómo es que algo tan avanzado puede arreglar baterías en segundos? Jeje… —se inclinó y guiñó un ojo—. Mi amiguito, eso es un secretito.

 

El Carbuncle, intrigado, se deslizó hasta entrar al auto y ocupó el asiento del copiloto, balanceando la colita mientras observaba cada gesto del Moguri.

 

—Veamos… GPS —dijo el Moguri, pulsando el icono en la pantalla. Inmediatamente apareció el mapa de Duscae, con la flechita azul del Regalia reposando.

 

El Moguri entrecerró los ojos.

—¿Tendrá registros? …Ah, ahí está. Veamos… agosto de 756: el viaje de ayer y algunos a la tienda de comestibles. Siguiente… julio… también. —Soltó una risa irónica—. Lógico. Esos dos meses estuvieron centrados en el caos de los bíceps de Prompto, no se movieron mucho, ¿verdad?

 

El Carbuncle asintió con un suave “kyu”.

 

El Moguri deslizó el menú.

—Junio… tres viajes a Lestallum, dos cerca de las Tumbas Reales, y varios al Muelle de Galdin. Claro… les gusta la comida de la chef Coctura. No han pasado por Cabo Caem aún. Perfecto.

Mayo… 1er viaje a Lestallum, otras vueltas por Duscae y Leide. La primera visita al Muelle de Galdin… y el taller Hammerhead, en el 16 de mayo.

 

Los ojos del Moguri brillaron.

 

—Y ahora… Insomnia, el mismo día de la mañana del 16 de mayo: salida del estacionamiento de La Ciudadela al Muro Sur, 14 de mayo, el Regalia salió del taller de la Ciudadela y al estacionamiento.

Estuvo en el taller desde el 3 hasta el 14 de mayo, ahi creo que Ardyn puso ese dispositivo.

Se inclinó más cerca de la pantalla, fascinado.

 

Pasó la lista con sus dedos.

—Viajes internos en Insomnia… 1 año y medio parado hasta el 754. Luego… ajá, aquí:

Viaje de Noctis – graduación preparatoria.

—Tocó la entrada y apareció la ruta marcada desde La Ciudadela hasta la preparatoria y el regreso, de la preparatoria al Hotel Caleum Via, luego a La Ciudadela.

—Wow… interesante. Siguiente: rutas cortas, ida y vuelta de la preparatoria al apartamento de Noctis… algunos a la casa de Prompto… y varios al supermercado para terminar en el apartamento de Ignis y algunos a la casa de los Amicitia.

 

Se quedó pensativo, acariciándose la barbilla.

—Tendré que apuntar la dirección de la casa de Prompto… a ver si sigue intacta y si sus padres adoptivos,  estarán vivos. Esa será mi próxima pequeña misión. —Miró de reojo al Carbuncle—. De Ignis, no se sabe el paradero de sus padres y Gladio y Iris, su padre, Clarus, murió en el ataque a La Ciudadela, kupo.

Deslizó el registro todavía más atrás.

—Secundaria… igual, movimientos similares.

 

Finalmente, bajó hasta el año 725.

—Veamos, hace 31 años… Aquí está: el Rey Regis hizo un viaje con su séquito. —Pulsó la entrada, pero el sistema apareció un mensaje en rojo.

Registro bloqueado. Requiere contraseña.

 

El Moguri frunció el ceño y parpadeó sorprendido.

 

—¿Eh? ¿Contraseña? —repitió en voz baja, mientras el Carbuncle lo observaba con ojos muy abiertos.

 

El Moguri entrecerró los ojos frente al mensaje en la pantalla del Regalia.

—No todo archivo está hecho para abrirse… lo dejaré.

 

El Carbuncle inclinó la cabeza y soltó un “kyu” curioso.

 

—¿Por qué? —repitió el Moguri en voz baja, respondiendo a esa mirada inquisitiva—. Porque eso es mejor que lo descubra Noctis por su cuenta.

 

Guardó silencio un instante, luego sacó una libreta de notas de su mochila y apuntó la dirección de la casa de Prompto.


—Bueno… esto me tomará unos meses —murmuró, guardando la libreta.

 

Apagó el auto, salió del Regalia acompañado del Carbuncle y cerró la puerta.

En el centro del campamento se detuvo, levantó la vista al cielo rojizo y consultó su reloj. El sol se hundía tras las montañas.

Chapter 18: Capítulo 6: — El Protocolo E-47 y una Revelación…

Chapter Text

El Moguri aun observando alrededor.

 

—Bueno… hora de preparar la cena.

 

Con una sonrisa cómplice, sacó de su capa el recetario que había tomado de la tienda de Ignis.

—Veamos… aquí está el plato. —Lo hojeó y eligió el Carpaccio de mero de marea.

 

Entró a la tienda almacén, sacó ingredientes de las cajas, ollas y utensilios, y desplegó una mesa plegable junto a la fogata. Encendió las brasas y comenzó a cocinar, siguiendo al pie de la letra el texto de Ignis, aunque añadiendo algún gesto suyo, improvisado.

 

El Carbuncle se sentó sobre la mesa, con la colita moviéndose, observando fascinado. Soltó un suave “kyu” curioso.

 

El Moguri giró la cabeza y, con media sonrisa, comentó:

 


—¿Eh? ¿Yo, un Ignis 2.0? Jejeje… no soy mejor que él, pero veremos qué te parece cuando pruebes mi plato.

 

Minutos después, el aroma llenaba todo el campamento. Sirvió la comida en dos platos, colocó uno frente al Carbuncle y se quedó mirando cómo el pequeño lo probaba.

 

El Moguri, con gesto teatral, dio un bocado, cerró los ojos y exclamó en italiano:

—¡Questo… è buonissimo!! kupo!

 

El Carbuncle, aún saboreando, dejó escapar un “kyu” de pregunta.

 

El Moguri casi se atragantó de la sorpresa y se rascó la cabeza, nervioso.

—¿Qué… qué dije? Jejeje… Es una frase mía, significa que está rico. Nada más.

 

El Carbuncle ladeó la cabeza, aún masticando, mientras la fogata crepitaba bajo las primeras estrellas.

 

Al terminar de comer, el Moguri se levantó satisfecho, limpió los platos y apagó los restos de la fogata, el Carbuncle lo siguió con la mirada, acurrucado en la mesa.

 

El Moguri se dirigió a la tienda principal —la más grande del campamento— y, al abrir la entrada de lona, soltó un silbido.


Tienda principal.

 

—Vaya, vaya… ¿qué tenemos aquí?

 

Desde el marco de la puerta observó hacia la derecha:

Varias sillas plegables, una pizarra blanca que el título en letras grandes se leía:

 

Protocolo E-47: Operación Integración de Etiqueta con Exhibición.


El contenido de la pizarra era una maraña de notas y croquis, unidos por líneas rojas que conectaban notas y papeles que parecia una conspiración, había dibujos muy elaborados  de Prompto nervioso, flexionando el bíceps y a su lado, Noctis lo palpaba con una expresión de vergüenza. Más allá, se veía un boceto de la Señorita Lunafreya observándolos, con el rostro en blanco y una nota al lado que decía:


Pendiente de reacción.

Al pie de la pizarra una frase estaba subrayada con la caligrafía perfecta de Ignis:

Impacto visual mínimo aceptable: 39 cm de circunferencia.

Al lado, descansaba un maniquí de entrenamiento con brazos hipertrofiados, como si fuese parte de un ensayo ridículamente serio.

 

El Moguri se llevó una mano al hocico y no pudo evitar reírse.


—Jejeje… debí ver esa obra de teatro en vivo en su día. Bueno, ya lo veré en la grabación que hizo el droide ID10. Lo grabó todito, kupo.

 

Dio unos pasos más adentro y giró la vista a la izquierda. Volvió a silbar, sorprendido.

 

Había un cómodo sofá de cuero colocado justo frente a una gran lona blanca. Detrás del sofá, se encontraba un proyector portátil. Bajo la lona, una mesita baja sostenía varias cajas de peliculas con discos de Red-Ray, un reproductor conectado mediante un cable al proyector y a un lado, una pila de controles remotos y a los lados del sofá, dos sillones y el centro, una mesita.

 

El Moguri abrió los brazos con incredulidad (y el lector también)

—¿Pero cómo… cómo cabe todo este campamento en el maletero del Regalia?

 

El Carbuncle, que había entrado detras, miraba todo.


El Moguri miró al fondo de la tienda principal y abrió mucho los ojos:


Había una nevera mediana, un microondas y varias cajas con verduras, frutas y snacks acomodadas sobre una mesa plegable, junto con platos y utensilios.

 

—Bueno, bueno, este campamento es más completo que un motel cualquiera de la zona—dijo con sorna.

 

Se acercó a la caja de snacks, sacó una bolsa de almendras, la abrió con los dientes y empezó a masticar.


—Veamos esa pizarra primero… lo de las películas lo dejaré para otro dia.

 

Avanzó hacia el pizarrón, dándole una mordida más fuerte a una almendra, pero casi se atragantó al leer el texto.

 


—¡¿Qué demonios es esto?! —soltó, riéndose y escupiendo migas de almendra—. Esto parece toda una conspiración.

 

Leyó en voz alta entre carcajadas:

—“Prompto debe flexionar a medias y un ángulo de 90 grados… Noctis debe posar su palma justo entre el hombro y el bíceps, luego moverla hacia el centro del bíceps…” ¡Ufff! Esto cada vez es más absurdo

 

Se inclinó más, revisando las anotaciones de Ignis.

—A ver… “La Señorita Lunafreya entrará y observará”… Reacción pendiente, pero ¡oh! hay opciones:

Seria, sorprendida, incrédula, asombro, rechazo, aprobación… ¡Y debajo un árbol de acciones para cada reacción de Luna!

 

El Moguri se cubrió el rostro con una mano.

—Ignis…  de verdad… eres peor que Ardyn, Sephiroth, el Maou y  Sebas de Black Butler juntos, kupo!

 

El Carbuncle observaba desde un rincón, con las orejitas erguidas, y soltó varios sonidos como intentando explicar.

 

—¿Eh? —el Moguri lo miró con un ojo entrecerrado—. ¿Que Ignis es perfeccionista? ¿Y que hace esto para asegurarse de que no olviden ni un solo detalle? ¡Ugh! Demasiado avanzado para la mente de este humilde Moguri. Ahora sí me dan lástima Prom y Noct…

 

Pero el Carbuncle siguió insistiendo, con sonidos más intensos y hasta un movimiento de patita como “espera, falta lo peor”.

 

—¿Qué? ¿Que esto ya había pasado antes? —el Moguri ladeó la cabeza.

 

El Carbuncle asintió cerrando los ojos y volvió a sonar.

 

—¡¿El “Senpai Ignis”? ¿Con el examen de historia de preparatoria de hace dos años?! —el Moguri se llevó las manos a las mejillas—. ¡¿Me estás diciendo que les ponía libros en la cabeza a Noctis y Prompto y los hacían estudiar duro, desde que regresan de prepa hasta la 1:00 a.m.?! ¿Durante tres semanas seguidas?! ¿Sin diversión?! ¡Ufff! ¡Ya me dio miedo ese Ignis!

 

El Carbuncle confirmó con un chillido corto y contundente.

 

El Moguri se echó hacia atrás, aún con la bolsa de almendras en la mano.

—Así que Ignis es conductor, consejero, estratega, el Sebas personal de Noctis, sabe de artes marciales, combate, ¡y además cocinero de cinco estrellas! —sacudió la cabeza incrédulo—. ¡¿Y me dices que incluso cocinó una vez para la fiesta de graduación de prepa de Noctis y Prompto en el Caelum Via Hotels & Resorts – Insomnia?!

 

El Carbuncle alzó la cola, orgulloso, como si confirmara con gesto solemne esa última revelación.

 

El Moguri dejó escapar un silbido largo.


—…Ese Ignis sí que me da más miedo, kupo!

El Carbuncle bostezó, soltó un último sonido suave y se acurrucó en el sofá.

 

—¿Tienes sueño? Vale, buenas noches —susurró el Moguri—. Yo seguiré buscando unas cositas afuera del campamento.

 

El Carbuncle asintió levemente y se quedó dormido.

 

El Moguri lo observó unos segundos, asegurándose de que respiraba tranquilo y luego sacó su teléfono. Un mensaje brillaba en pantalla:

V01, en posición. En espera para recibir paquetes.

 

El Moguri salió de la tienda principal con pasos sigilosos, miró a ambos lados para asegurarse de que no hubiera testigos y sacó su linterna.
Emitió dos pulsos de luz verde hacia el bosque.

 

La respuesta llegó al instante:

Cuatro pulsos de luz azul, luego, de entre los árboles emergió, caminando con movimientos pesados, un caza droide Vulture-Class pintado en negro mate.


El mismo que había llegado a Eos el 1 de julio de 756, cuando liberó las cápsulas con los droides ID10 e ID11.

 

El caza se detuvo frente al Moguri

—V01, reporte —dijo el Moguri.

 

— Estado de vigilancia a Niflheim completada, movimientos de tropas normales. No hay indicios de  preparativos de invasión, pero están en estado de espera.

Sobre La Anomalía: Continúa en su mansión, viajes esporádicos a teatros, cines, bases militares, restaurantes, y la Fortaleza de Zegnautus, sin movimientos mayores.

 

—Bien —respondió el Moguri—. Ahora entregaré los dispositivos de ID10 y ID11.

 

El caza abrió sus compuertas y desplegó dos brazos articulados que tomaron los dispositivos y los guardaron en su interior. Luego inclinó la cabeza y le extendió otro artefacto al Moguri.

 

—Este es parte de La Orden —explicó—. Además, recibí reporte de que los Chocobros ya están en el planeta destino. Han pasado 5 horas desde su llegada. En los próximos días habrá más actualizaciones.

 

El Moguri se cruzó de brazos.


—¿Y el estado del Agente 2 que vigila a la Anomalía?

 

—Posición asegurada en Gralea, Bláster francotirador apuntando al objetivo. Por ahora, sin movimientos inesperados. La vigilancia continúa.

 

—Perfecto. Eso es todo, gracias.

 

V01 asintió con una leve reverencia, se elevó del suelo, desplegó sus alas en modo de vuelo y ascendió hasta desaparecer en el cielo nocturno. Minutos después, un destello en el firmamento marcó su salto al hiperespacio.

 

El Moguri observó en silencio, luego giró hacia el lector con media sonrisa:

—Grandes revelaciones, ¿verdad? Mañana será otro día interesante…  kupo!

 

Tras eso, volvió a la tienda principal, se acomodó en el sofá y finalmente se durmió.

Chapter 19: Arco 5: Kenny Crow, el Big Boss de Lestallum.

Chapter Text

Capítulo 1: — ¿Kupo? ¡Kupo! ¡Eh niños, soy Kupo! Y este es mi amigo, Kenny Crow.

 

11 Agosto 756, mañana.

 

El Moguri se despertó con un largo estiramiento. El Carbuncle bostezó y lo imitó, sacudiendo las orejas antes de saltar al suelo.

En la mesa, el Moguri preparó un desayuno sencillo:

Tostadas con miel, manzanas, moras y café . Ambos comieron en silencio durante unos minutos, disfrutando de la calma.

 

—Entonces… ¿qué dices si vamos a dar una vuelta en el Regalia? —preguntó el Moguri con entusiasmo.

 

El Carbuncle soltó un sonido corto, casi como una advertencia.

 

—¿Eh? ¿Que la gente vería a un Moguri real conduciendo un auto de lujo de Lucis y resultaría sospechoso? —el Moguri se rió—. Sí, lo sé. Aquí en Eos la especie Moguri solo existe como peluches o al menos eso creo, aunque… no he tenido tiempo de explorar los otros continentes, por si hay más de mi especie, pero bueno, ¡da igual! Vamos a Lestallum a comprar algunas cositas, jeje.

 

El Carbuncle bajó las orejas de golpe. Solo escuchar el nombre de Lestallum lo paralizó.

 

En su mente se Imagnó:

El Regalia estacionándose en pleno centro, las puertas se abren y de él bajando un Moguri encapuchado y misterioso. La multitud enmudecida, Luego, murmullos, gente llamando a la policía de Niflheim, patrullas llegan cerrando el perímetro, el Moguri arrastrado a una instalación secreta… y pruebas que nadie querría imaginar.

 

El Carbuncle soltó un sonido claro de advertencia.

 

—No te preocupes, pequeñín. Tengo algo—anunció el Moguri, abriendo su mochila.

 

De dentro sacó una camisa sin mangas verde con el logotipo del Crow’s Nest y un gorro enorme de Kenny Crow. Se vistió con toda naturalidad; era solo la ropa temática verde que complementa el disfraz oficial, no el corpóreo completo del cuervo.

 

El Carbuncle lo observó de pies a cabeza. Su mirada decía ¿en serio?

 

—Si alguien pregunta, solo diré que es una colaboración especial —dijo el Moguri, poniéndose las manos en la cintura—. Yo digo:


—“¿Kupo? ¡Kupo! ¡Eh niños, soy Kupo! Y este, es mi amigo Kenny Crow.”


Fácil, ¿no?

 

El Carbuncle cerró los ojos, dio un largo suspiro y soltó un sonido que claramente significaba “Espero que no me metan en problemas”.

 

El Moguri tomó la llave del Regalia, presionó el botón y el auto respondió con un suave destello. Colocó un cojín en el asiento del conductor, subió con un salto y el Carbuncle lo siguió hasta el asiento del copiloto. Las ventanas se bajaron y el techo duro se plegó, guardándose en el maletero.

 

El Moguri pisó el freno, presionó el botón Start y el motor V12 rugió con fuerza, ya sin el dispositivo que lo hacía fallar y el sonido metálico llenó la mañana como un rugido de bestia liberada.

 

—¡Sí! ¡Sí! ¡A eso lo llamo música! —exclamó el Moguri con una sonrisa de oreja a oreja.

 

Encendió la radio y seleccionó una pista inconfundible: “Safe at Last” de FFXV. Con un gesto dramático, se puso unas gafas de sol, miró al lector y levantó una ceja como si iniciara una película de acción.

 

El Regalia avanzó, primero suave, luego más rápido, hasta perderse en la carretera abierta.

 

El auto avanzaba por las amplias carreteras de Duscae, subiendo las colinas y serpenteando entre los árboles. El motor rugía con elegancia hasta que el camino los llevó a través de un túnel. Al salir, frente a ellos se desplegó la vista de Lestallum, la ciudad bañada por el vapor de las calderas y el bullicio de la mañana.

 

El Moguri estacionó el Regalia con cuidado en el aparcamiento del mirador, apagó el auto y   se bajó con aire confiado, y el Carbuncle lo siguió con pasos pequeños.

 

Las personas en el estacionamiento se quedaron inmóviles, observando cómo un Moguri con gafas de sol descendía de un auto de lujo.

 

El Moguri tocó la llave y el Regalia respondió con un suave pitido: el techo se elevó, las ventanas se cerraron, Acto seguido, el Moguri cubrió el vehículo con una lona celeste.

 

El Carbuncle soltó un sonido inquisitivo.

 

—¿Eh? ¿Por qué lo tapo? —dijo el Moguri, como si fuera obvio—. ¡Para que no lo reconozcan! A veces patrullan soldados imperiales por aquí.

 

Luego, se ajustó las gafas de sol, giró hacia la gente que lo observaba y levantó una mano.

 

—¡Hola! ¡Soy Kupo! He llegado para una colaboración especial con Kenny Crow, ¡kupo, kupo!

 

Las risas no se hicieron esperar. Algunas personas aplaudieron, otras grabaron con sus celulares, creyendo que era parte de una promoción.

 

El Moguri agitó la mano con una sonrisa nerviosa, mientras el Carbuncle caminaba a su lado, soltando un sonidito resignado. Con solo verle el rostro se entendía: “El disfraz no está funcionando.”

 

—Shhh… vámonos de aquí —murmuró el Moguri.

 

Ambos se escabulleron entre las calles secundarias, hasta ocultarse en un callejón lateral. Desde la esquina, el Moguri asomó solo la cabeza para observar cómo la multitud del estacionamiento se dispersaba.

 

—Bien. Vamos—susurró, saliendo del escondite.

 

Caminaron juntos hacia el Mercado Central de Lestallum, mientras se alejaban, el bullicio de la ciudad parecía engullirlos, dejando atrás otro estacionamiento cercano donde descansaba un vehículo que destacaba sobre todos los demás.

Una berlina descapotable con el techo duro puesto, con pintura celeste metalizada, con brillos dorados en la carrocería y una estatuilla familiar encima del capó, bajo ella, placas que decían TENEBRAE RTX-5080.

 

Al llegar al mercado, se acercó a un puesto de verduras. El vendedor lo observó con una ceja alzada.

 

—Eh, amigo… ¿por qué llevas el disfraz de un Moguri con la ropa de Kenny Crow? ¿Te perdiste el Carnaval Moogle Chocobo de Altissia? Eso fue en la primavera pasada. Aunque debo decir… ese traje está mal diseñado..

 

—¿Kupo? Amiguito, no, no, es para una colaboración con Kenny Crow, kupo. —El Moguri señaló las verduras—. Quisiera comprar esas papas, cebollas y tomates.

 

El vendedor soltó una carcajada.

—Está bien, está bien… —empezó a pesar los productos—. 2kg de tomates, uno de papas, uno de cebollas. Son 1,200 guils.

 

El Moguri pagó y tomó la bolsa, continuaron caminando entre los puestos, hasta que de pronto… el Moguri se detuvo en seco.

 

Ahí, en una pequeña explanada del mercado, la mascota oficial Kenny Crow estaba realizando acrobacias al ritmo de una música alegre. Un equipo de sonido amplificaba su voz y un grupo de personas aplaudía con entusiasmo.

 

El Moguri abrió los ojos como platos y su pelota roja se erizaba.

—¿Qué…? ¡¿Qué hace aqui?!

 

El Carbuncle miró al verdadero Kenny Crow (el humano dentro del disfraz completo de cuervo), luego al Moguri usando la ropa de Kenny Crow y soltó un “kyu” que sonó peligrosamente parecido a una carcajada contenida.

El Moguri se inclinó hacia el Carbuncle y le susurró:

—Cambio de plan, kupo. Nivel de exposición: ¡crítico!


El Carbuncle soltó un sonido que sonó sospechosamente como “te lo advertí”.

 

—Vamos —dijo el Moguri, llevándose una mano al rostro mientras se alejaba a pasos rápidos, intentando no llamar la atención.

 

Cuando por fin se alejó del bullicio del puesto donde Kenny Crow hacía sus acrobacias, soltó un largo suspiro.


Ok… nivel 3 superado.

 

Pero justo cuando se disponía a continuar su camino, sintió una mano grande y negra apoyarse en su hombro izquierdo. Se quedó congelado.

 

Giró lentamente la cabeza…


Y lo que vio fue al mismísimo Kenny Crow, inclinado hacia él, ladeando la cabeza con su pico de felpa a solo centímetros de su rostro.

 

El Moguri tragó saliva y en su mente:

Oh no…  el Big Boss…


—Ku…po? —dijo con una sonrisa nerviosa, levantando una mano como saludo improvisado.

 

Desde atrás, el Carbuncle soltó un “kyu” burlón, como diciendo “te lo dije”, y no pudo evitar una risita contenida.

 

Kenny Crow, sin decir una palabra, lo arrastró amablemente hacia el centro de su puesto, levantando el ala en señal de triunfo, tomó la bolsa de compras del Moguri y la colocó cerca.

 

El público enloqueció.

Un disfraz Moguri (aunque él es real) con la ropa de Kenny la par de Kenny Crow era, sin duda, el espectáculo del día.

 

El cuervo comenzó a hacer gestos para que el Moguri bailara.

El público aplaudía al ritmo de la música.

 

¿Bailar…? —susurró el Moguri, petrificado—. Bien, Agente 5… has fingido ser el Guardián de los Regalos de Amistad Mal Canalizados… puedes con esto. eso es solo otro día en la oficina.

 

Cerró los ojos un segundo, respiró hondo y murmuró:

—Modo Noctis: activado.

 

Entonces comenzó a moverse… rígido, serio, con esa expresión estoica y levemente molesta de Noctis. Hizo un par de pasos torpes, alzó un brazo, giró con lentitud dramática… y tropezó.

 

El Cuervo cruzó los brazos y lo observó, ladeando el pico. Luego miró al público con un gesto de “¿en serio?”.


El público, dividido entre la confusión y la ternura, observaba en silencio.

 

Hasta que el cuervo le señaló los pies al Moguri, indicando que siguiera su ritmo.

 

El Moguri lo intentó, realmente lo intentó, pero cada paso era un desastre coreográfico con entusiasmo heroico.

 

Y fue justo entonces que, entre el público, una voz femenina exclamó con emoción:


—¡Wow! ¡Un disfraz Moguri!

 

El Carbuncle, que observaba sentado entre la multitud, giró hacia la voz.

Sus orejas se erizaron al instante.

 

Era Iris.

 

El pequeño soltó un sonido de sobresalto y se hundió rápidamente entre las piernas del público, ocultándose como si su vida dependiera de ello.

 

El Moguri, aún intentando mantener su “modo Noctis”, notó la reacción de su compañero y giró la vista. Al ver a Iris entre la gente, casi se le cae la gorra.

 

—Iris? —susurró, sin dejar de mover los pies torpemente.

El Moguri respiró hondo y murmuró para sí:


Ok... modo Prompto.

 

(No es que Prompto bailara, pero la confianza lo era todo.)

 

Sus pasos se volvieron más fluidos, casi profesionales. El público comenzó a aplaudir con entusiasmo. Incluso Iris, entre la multitud, sonrió sorprendida.


El Carbuncle, que seguía escondido entre la gente, lo observaba con los ojos muy abiertos, y el Moguri —sin perder el ritmo— le guiñó un ojo.

 

Hasta Kenny Crow pareció impresionado; sus alas se abrieron, tapando el pico en gesto de asombro.

 

El Moguri aprovechó el impulso: giró sobre sí mismo, saltó, cayó en una pose heroica y con una reverencia final, exclamó:

—¡Kupo!

 

El público estalló en aplausos. Kenny Crow se acercó, le estrechó la mano (o el ala) y le entregó unos cupones del restaurante y un peluche del cuervo, levantando ambos trofeos al aire.

 

Pero el Moguri, aún jadeando, sonrió con picardía y señaló al cielo:

—¡Miren! ¡Una nave de Niflheim!

 

Todos miraron arriba.

Nada.

 

Cuando bajaron la vista… el Moguri había desaparecido.

También la bolsa de verduras.

 

Un niño del público señaló hacia la calle.

—¡Miren, está corriendo!

Kenny Crow agitó las alas, exasperado.

—¡Eh! ¡Aún no hemos terminado! ¡Falta la Fase 2!

 

Y efectivamente, a lo lejos, el Moguri se perdía entre las esquinas, con el Carbuncle corriendo tras él.

 

En la siguiente esquina, el Moguri se apoyó contra una pared, respirando agitado.

Eh… distracción mala, pero efectiva, ¿no, kupo? —dijo con una sonrisa entrecortada.

 

El Carbuncle soltó un “kyu” que sonó entre reprobación y risa.

 

El Moguri levantó la mirada.

Al final de la calle, vió una figura femenina envuelta en una túnica blanca con capucha puesta, pasos elegantes, mechones de cabello rubio sobresalían un poco de la capucha.


Miró alrededor, asegurándose de no ser seguida y se internó en un callejón.

 

El Moguri entrecerró los ojos.


—¿Eh? ¿Quién será…?

 

Tomó la bolsa y la guardó en su mochila (que tiene modo invisible) se agachó un poco y, con pasos cautelosos, comenzó a seguirla, junto con el Carbuncle.

Chapter 20: Capítulo 2: — La revelación del Cuervo y el Agente 5.

Chapter Text

El Moguri y el Carbuncle siguieron a la Encapuchada por los callejones, moviéndose entre sombras y cajas apiladas.

El Moguri asomó la cabeza por la esquina de un muro y la vio:

La mujer de túnica blanca estaba detenida frente a un Glaive con capucha y el rostro cubierto por una tela negra. Conversaban en voz baja. Luego ella le entregó un pequeño objeto, envuelto en tela.

 

El Moguri frunció el ceño.


Mmm... eso sí que es raro, kupo.

 

De pronto, un ruido metálico los interrumpió —una lata rodando—. Un gato husmeaba entre la basura.

El Glaive se tensó, asintió a la Encapuchada y en un movimiento ágil, trepó por las paredes del callejón, usando los pies como apoyo, hasta desaparecer por los tejados.

 

El Moguri observó cómo la mujer retomaba el paso y se internaba por otro callejón.

Ven, Amiguito, —susurró— esto huele a misión, no a paseo de compras.

 

El Carbuncle soltó un “kyu” bajito, como de intriga, y ambos continuaron siguiéndola entre las sombras.

Doblaron una esquina:


La Encapuchada apareció entre la multitud, cruzó una calle y volvió a meterse por un pasaje lateral.

 

El Moguri esperó unos segundos y se asomó...


El callejón era sin salida.


Solo ladrillos, polvo y una bolsa rota.

 

—¿Eh? ¿Desapareció? —parpadeó—. La gente no desaparece así sin más.

 

Tocó la pared. Sólida.


Golpeó una vez con los nudillos.


Nada.

 

Suspiró.


—Bueno... volvamos a lo importante: las compras.

 

El Carbuncle soltó un “kyu” resignado, y ambos regresaron a la calle principal, perdiéndose entre los puestos del mercado.

 

Una hora después, todavía no habían hallado rastro de la mujer.

El Moguri, comentó bajito:

Misión cancelada, agente 5, prioridad: vegetales frescos y regreso al campamento.

 

Ambos siguieron caminando entre la gente.

La cámara giró lentamente detrás de ellos...


Y al fondo de la calle, una silueta negra con alas se detuvo, Kenny Crow, mirando a todos lados.

 

—¡Ahí está! ¡Lo encontré! —gritó, apuntando con el ala al Moguri mientras avanzaba a paso normal entre el gentío.

 

El Moguri no se había dado cuenta aún y caminaba tranquilo entre la multitud y el Carbuncle siguiéndolo de cerca, cuando de pronto sintió dos alas grandes posarse sobre sus hombros.

 

Antes de reaccionar, fue girado de golpe y se encontró cara a cara con el pico de felpa del Cuervo, que se dobló al chocar contra su mejilla y quedó pegado a un lado de su rostro, torcido y cómico.

 

El Moguri sonrió nerviosamente.

—¿Kupo...?

 

Kenny Crow lo señaló con una de sus alas.


—¡Vamos a la fase 2!

 

Antes de que el Moguri pudiera decir algo, el cuervo lo empujó suavemente, aún con las alas sobre sus hombros, llevándolo por entre la gente.

El público los miraba reír, creyendo que era parte del espectáculo.

 

Pero en lugar de regresar al puesto, Kenny Crow lo desvió hacia un callejón lateral.


Una vez allí, miró a ambos lados asegurándose de que nadie los siguiera y entonces giró hacia el Moguri.

 

Sus alas lo tomaron de la cabeza, intentando quitarle “el disfraz”.


—A ver… esto sale así… o así…

 

Pero el “material” no cedía.

El Cuervo se detuvo, desconcertado.


Retrocedió un paso, observó con atención… y su voz cambió.

 

—Un momento…¿Usted no lleva un disfraz de Moguri? ¡Usted es un Moguri de verdad!

 

El Moguri se paralizó.


El Carbuncle, también.

 

Entonces, Kenny Crow llevó sus manos a la cabeza y tiró de ella hacia arriba.


El casco del cuervo se separó con un leve click

 

Y debajo, apareció el rostro serio y curtido de Cor Leonis.

 

El Moguri pegó un salto.


—¡¿QUEEE?! ¡¿Cor Leonis, El Inmortal?! ¿¡Cómo-


Cor lo interrumpió rápidamente, poniéndose un dedo en los labios.


—¡Shhh! No lo digas tan alto.


Luego lo observó con una mezcla de asombro y cautela.

—¿Cómo sabes quién soy? Y más importante… ¿Qué eres tú? Solo conozco a los Moguris en peluches, cuentos y archivos antiguos,
aunque… debo decir que hay registros de que existieron, hace siglos, pero tu tamaño… mediano… tu complexión delgada… eres una subespecie, ¿no?

 

El Moguri se rió con modestia.


—Jeje, si, kupo.

 

Cor cruzó los brazos.

—¿Y qué haces aquí? ¿De compras?

 

El Moguri se puso serio, sus orejas se tensaron.


—El tren 245 de las cuatro de la tarde… ¿va hacia...?

 

Cor lo miró con sorpresa.

En su mente, una voz retumbó como un eco del pasado:

Si alguien te dice esa frase, confía. Es de otro mundo… y cambiará el destino de Eos.

Era la instrucción de Su Majestad Regis.

 

Cor bajó la voz, respondiendo con tono grave:


—A… Ginza.

 

El Moguri asintió, extendiendo su mano.

—Bienvenido a bordo.

 

Cor dudó un instante, pero luego apretó su mano.

El gesto fue breve, firme… y extraño: el veterano guerrero y el Moguri táctico, sellando una alianza improbable.

 

El Carbuncle soltó un “kyu” confundido, ladeando la cabeza.

 

Cor lo notó.

—¿Ese es… el Carbuncle de Noctis?

 

El Moguri asintió.


—Apareció en el campamento, me sigue a todos lados, Es mi amiguito.

 

Cor suspiró, cruzándose de brazos.


—Hmph… y yo creyendo que este día no podía volverse más raro..

 

El Moguri, enderezó las orejas y habló con tono sereno:

—Me llamo Agente 5, del Departamento de Inteligencia y Operaciones Especiales, D.I.O.E., de La Orden, no puedo decir mi nombre real, ni el de la Organización completa... ni el del planeta de donde vengo. Por ahora.

 

Cor arqueó las cejas, sorprendido.

—Mi nombre es Mariscal Cor Leonis, comandante de la Kingsglaive del Reino de Lucis. —respondió con solemnidad— Jamás, ni en los registros más antiguos, he leído sobre seres u organizaciones fuera de Eos.


—¿Usted me está diciendo que... existen otros mundos? ¿Con vida inteligente? ¿Y quizás... humanos? Eso suena a las películas que veía la tropa en los descansos… —Se detuvo un instante, con la mirada perdida— El Rey… ¿El Rey siempre supo más de lo que nos dijo?

 

El Moguri levantó una mano, tranquilizador.

—Tranquilo, Mariscal. Y sí, hay humanos… y más especies inteligentes ahí afuera.
Sé que eso cambia tu comprensión del universo, kupo.


—Pero, oye, es secreto. Si la gente de Eos supiera de inmediato que no están solos en el universo, sería un caos absoluto, el equilibrio político, las religiones, la ciencia… todo colapsaría —Lo miró directo a los ojos— Algún día te contaré todo. Cuando sea el momento.

 

Cor suspiró largo, con la expresión de un soldado que acababa de aceptar lo imposible.

—Está bien... No diré nada.

 

El silencio duró unos segundos, hasta que el Moguri lo rompió cruzándose de brazos.

—Y ahora la pregunta importante, ¿Por qué estabas disfrazado de Cuervo? ¿Y esas acrobacias?

 

Cor entrecerró los ojos, incómodo.

—Verá, esto fue un castigo. —Murmuró, evitando el contacto visual—. Hice una apuesta con un equipo. Perdí, y me obligaron a cumplir esa misión del castigo.

El Moguri ladeó la cabeza, con una sonrisa pícara.

—Mmm... ¿Una apuesta relacionada con La Oráculo y sus amigas? ¿Una misión secreta que consiste en divertir a niños e Iris Amicitia?
Aunque debo decir… ella es fan de los moguris, no de Kenny, kupo.

 

Cor levantó una ceja, ofendido pero sin poder evitar una leve sonrisa.

—¡Oye! Eso era parte del encubrimiento, digamos que estaba... en vigilancia.
 

Cor Lo miró con atención.


—Aunque espera… ¿cómo sabes quién es Iris y las chicas?


El Moguri llevó su dedo a sus labios en un gesto de silencio y dio un guiño de ojo a Cor.

—Pues digamos que tengo una vigilancia, para que no les pasen nada.

Cor continua

—¿Y los demás? Noctis, Prompto, Ignis, Gladio…—Su voz se endureció y fue directo al punto— Su Majestad Regis me dijo que tú los conoces quizá desde hace tiempo y después de lo de Insomnia  y desde ayer, Ignis no me ha llamado, no hay comunicación ¿Tú sabes algo?

 

El Moguri se quedó inmóvil. Su sonrisa se puso nerviosa.

El recuerdo del vórtice que lo activó “accidentalmente” ayer como parte de su misión, por la mañana, le cruzó la mente como un relámpago, la luz, el torbellino, los gritos de los Chocobros desapareciendo.

 

Tosió para disimular, se acercó a Cor y le susurró al oído.

 

El rostro del Mariscal se transformó por completo.

Sus ojos se abrieron al máximo.

—¿¡QUEEEEE!? —gritó con una voz que hizo vibrar el callejón— ¡¿Que los enviaste a OTRO MUNDO?!

 

Cor se llevó ambas manos a la cabeza, caminando de un lado a otro.

—¡¡Eso es un desastre!! Si alguien se da cuenta de que el príncipe y sus amigos no están, ¡será el fin! El Imperio lo notará, intentará moverse… ¡y peor aún con la Señorita Lunafreya presente en esta ciudad!

 

El Moguri parpadeó.

En su mente, un torrente de información se encendió:


Luna… y las chicas. El informe de ID11 indicó que llegó a Lucis el 8 de agosto… estaba en la Roca de Ravatogh desde el 9, Iris está aquí hoy… pero aún no he visto a Luna.

El Carbuncle, sentado en una caja, soltó un “kyu” bajo, mirando al Moguri con curiosidad.

 

Cor frunció el ceño.


—¿Qué estás tramando, agente 5?

 

El Moguri levantó la vista y sonrió apenas.

—Nada malo, Mariscal. Solo... verificando piezas del tablero —Levantó un dedo, con un tono más serio— Y no tiene de qué preocuparse por los chicos. Es un mundo seguro, sin Plaga Estelar ni Cadentes, Alguien los acogerá por unos días.

 

—¡¿No existen Cadentes?! ¿En serio? — dijo Cor sorprendido.

 

—Sí. Es como si el Escudo de La Ciudadela cubriera todo el planeta, solo que es sin ese escudo y... oye, esa Plaga Estelar no es natural, ¿verdad? Es como una bacteria que viene de algún lado, ¿no? —dijo el Moguri.

Cor pensativo dijo.

 

—Creo que sí. Los registros decían que aparecieron hace dos mil años. Desde entonces, cada noche teníamos que luchar contra Cadentes y siempre tuvimos la duda de si su origen no era de este mundo, o si fue un castigo de los Astrales.


El viento movió la lona del disfraz del cuervo tirado en el suelo, mientras el Carbuncle bostezaba y el sol de la la tarde empezaba a filtrarse entre las azoteas.

 

Cor se dejó caer en el suelo, las rodillas flexionadas y las manos apoyadas en el suelo, procesando aún de que los Chocobros habían sido absorbidos por un vórtice, su respiración era profunda; la imagen de la desaparición parecía pesarle en el pecho.

 

El Moguri se sentó a su lado, mirando al mar de gente de Lestallum con un gesto serio pero calmado.

—No se preocupe, Mariscal —dijo bajito—. Los chicos estarán a salvo. Volverán cuando tenga que ser; pueden ser días, pero no han sido arrojados al otro extremo de la Galaxia, en términos interestelares, esto es… cercano.

 

Cor alzó la vista, incrédulo.

—¿Cercano? ¿Qué clase de viaje es ese, criatura?

 

—Un vórtice es… un atajo, Rápido. —El Moguri esbozó una sonrisa resignada—. Eso sí: volverán cambiados, Con una determinación renovada. Y no tema: La Orden y yo ayudaremos a Lucis con lo que haga falta tras la guerra. La reconstrucción se podrá acelerar.

 

Cor entrecerró los ojos, sopesando cada palabra.

—¿Un ejército de ese planeta nos vendrá en ayuda contra el Imperio? —preguntó con voz baja, la esperanza y la incredulidad luchando en su tono.

 

El Moguri se rió, suave pero contenido.

—No literalmente, no en uniformes alienígenas marchando por Gralea, más discreto, más eficaz. Ya verá. —Guiñó un ojo—. Pero, bueno… eso es algo para más adelante.

 

Cor suspiró largo, dejando que la tensión se disipara un poco. Se incorporó despacio.

—Está bien, Agente 5. No confío en usted del todo —dijo con una voz grave y honesta—, pero por mi lealtad a Su Majestad Regis, confío en que cuidará a Noctis y a sus amigos. Cuento con usted.

 

Se levantó del suelo con determinación, clavando la mirada en el Moguri.

—Pero si les pasa algo… —su voz se tensó— te encontraré y te haré pagar.

 

El Moguri no se inmutó. Se colocó las manos en la cintura y respondió con un orgullo pequeño pero firme:

 

—¿Quién cree que soy? ¿Del D.I.O.E.? Puedo protegerlos.

 

Cor, con un atisbo de sonrisa, volvió a colocarse la cabeza del disfraz de cuervo. Como gesto de camaradería severa, alzó el ala y le dio al Moguri un golpe amistoso en el pecho.

—Más te vale —gruñó con humor seco.

 

El Moguri asintió solemnemente, como si aceptara el juramento.

 

Cor entonces se volvió, observó alrededor con ojos clínicos y preguntó en voz baja:

—Usted vino con el Regalia, ¿verdad? Está cubierto con una lona, en el estacionamiento del mirador.

 

El Moguri se quedó sorprendido.

—¿Cómo lo supo?

 

Cor puso una ala a la altura de su sien, señalando un gesto como si hubiera pensado la respuesta por sí mismo, y murmuró:

—Porque no quiero que las chicas lo vean partir. Si el Regalia sale de aquí, será una señal, Yo… las distraeré un tiempo.

 

El Moguri asintió con rapidez.

—Perfecto. Haremos eso.

 

Se incorporaron los dos; el Carbuncle, emitió un ligero kyu como si concordara.

El Moguri caminaba entre los puestos del mercado con una cesta repleta de más verduras, hierbas y pequeñas bolsas de especias. El bullicio del mediodía llenaba el aire: vendedores gritando ofertas, aromas de carne asada y música callejera. A su lado, el Carbuncle trotaba oculto bajo una capa de sombras, solo asomando sus orejas brillantes entre la multitud.

 

—Bueno, ya tenemos todo —murmuró el Moguri, ajustando el sombrero—. Ahora al estacionamiento, antes de que nos-

 

Se detuvo.

 

Del otro lado del puesto de comida —entre crepas, risas y aroma a vainilla— Aranea, Cindy e Iris salían justo al paso.

 

El tiempo pareció congelarse.

 

El Moguri quedó petrificado, las orejas tiesas. El Carbuncle, con reflejos, se escondió tras un grupo de turistas que pasaban con helados y desapareció de la vista.

 

Las tres chicas lo miraron.

 

—¡Te encontré! —gritó Iris con entusiasmo—. ¡Chicas, miren! ¡Es el chico del disfraz de Moguri! ¡El que bailaba tan bien como Kenny Crow!

 

Aranea cruzó los brazos, con una ceja alzada.

—Wow… Iris no mentías, es real, y esa complexión… —su mirada recorrió al Moguri con ligera sorpresa— mmm… no está nada mal.

 

Cindy, con su crepa medio mordida, sonrió nerviosamente.

Cor, eso es trampa… no debiste meter al pobre chico en esto, pensó, intentando mantener la compostura.

 

Iris se acercó.


—Oye, ¿cómo lo haces? ¡Ese disfraz está increíble! ¿Lo hiciste tú?

 

El Moguri se rascó la cabeza, riendo nervioso.


—Jeje… pues… con mucha atención, kupo… y un poco de costura avanzada, ¡eh! ¡Nada que un buen hilo de algodón no pueda solucionar!

 

Iris soltó una risita encantada.

 

De pronto, una sombra apareció justo detrás del Moguri, unas alas negras se desplegaron y se posaron suavemente sobre los hombros del Moguri.

—¿Eh? ¡Kupo? —exclamó él, mirando de reojo.

 

Era Kenny Crow, o más bien, Cor disfrazado.

 

El Moguri lo reconoció al instante, pensó alarmado

¿Qué haces, Cor?

 

Pero el cuervo habló con una voz entusiasta, teatral:


—¡Oh, kupo! ¡Has encontrado voluntarias! ¡Perfecto! ¡Vamos, chicas, el espectáculo no puede esperar!

 

Antes de que alguna reaccionara, Kenny Crow tomó de las manos a Iris y Cindy, mientras intentaba convencer a Aranea.

 

—¡Vamos, damas! ¡El público aguarda su destreza en el escenario del baile de los Cuervos Felices!

 

—¿Qué? ¡No, espera! —protestó Aranea, intentando zafarse.

 

Iris, con una sonrisa traviesa, la miró de reojo y susurró:

—Si no bailas, le contaré a Luna que te sonrojaste por un chico disfrazado de un Moguri.

 

—¡¿Qué?! —Aranea apretó los dientes, ruborizada, y chasqueó la lengua—. Bien, pero solo una canción.

 

El cuervo, soltó una carcajada y mientras arrastraba al trío hacia el puesto de baile, giró la cabeza hacia el Moguri y le hizo un saludo militar con el ala, antes de desaparecer entre el publico.

 

El Moguri suspiró, entre divertido y sorprendido.


—Cor… me sorprendes con tu improvisación. Un día te debo una, kupo.

 

Miró a su alrededor.

—¿Y el Carbuncle?

 

Un suave kyu respondió a su espalda, el Moguri giró y lo vio esperándolo en el estacionamiento del mirador, justo al lado del Regalia, que seguía cubierto por la lona.

 

—Ah, ahí estás, bandido. —El Moguri corrió hacia él, tiró de la lona, revelando el reluciente vehículo negro.

 

Saltó al asiento del conductor mientras el Carbuncle daba un brinco al asiento del copiloto.


—Hora de irnos.

 

El V12 rugió suavemente. El Moguri movió el auto y con un parpadeo del direccional derecho, salió del estacionamiento.

 

El Regalia giró hacia la calle principal, rumbo al túnel del este, hacia Duscae.

Chapter 21: Capítulo 3: — El baile de La Oráculo y el Cuervo.

Chapter Text

El droide ID11, flotaba entre las paredes y tejados, su lente enfocando al grupo, Soltó un pitido

bip-biuuup!

Casi emocionado, al ver a Kenny Crow arrastrando literalmente a las tres chicas, cada una con una crepa a medio comer.

 

Ya en el puesto, el cuervo levantó su megáfono y gritó con energía contagiosa:


—¡Damas y caballeros, Ey niños! ¡Tenemos unas invitadas de lujo! ¡Un aplauso para estas valientes damas!

 

El público estalló en vítores y aplausos.

 

Cindy, con una sonrisa forzada, pensó para sí:


—Cor… esto es una venganza, ¿verdad?


El cuervo dio unos pasos ágiles, girando sobre una pierna y chasqueando los dedos (bueno, las alas). Luego se cruzó de brazos, esperando que el grupo lo imitara.

 

Iris lo intentó primero, pero tropezó con su propio pie.

Cindy, más confiada, marcó un paso con las caderas, intentando seguir el ritmo.


Aranea, en cambio, se quedó casi inmóvil, brazos cruzados, expresión de “¿por qué estoy aquí?”, canalizando al mismísimo Noctis en modo pasivo.

 

El público soltó una risa general y algunos niños gritaron:

—¡No se vale, la del pelo blanco no baila!

 

El cuervo agitó las alas en desaprobación y puso cara de juez exigente.

 

Entonces, una voz entre el público murmuró con asombro:


—¿Es… es La Oráculo?

 

Luna, avanzó entre la multitud acompañada de Mónica Elshett y Talcott Hester, Sonrió al ver a las chicas en aprietos y sin dudarlo, tomó la mano de Mónica.

 

—Ven —dijo Luna con serenidad—. No es un mal momento para… fluir con el ritmo.

 

Mónica, completamente desconcertada, alcanzó a decir:


—¿Fluir… con qué? ¡Yo no…!

 

Pero ya estaban en el puesto.

 

El cuervo se congeló un segundo. Luego su cabeza de felpa giró lentamente hacia el público, que contenía la respiración.

—¡Y ahora… señoras y señores… una invitada de lujo! ¡Lady Lunafreya Nox Fleuret!

 

El lugar entero estalló en aplausos.

 

Luna empezó a moverse con pasos elegantes, sencillos, pero precisos. Sus brazos, ligeros como alas, marcaban el compás; su falda giraba con cada giro. No era un baile callejero, era… armonía pura convertida en ritmo.

 

Las otras chicas quedaron atónitas.

Iris fue la primera en seguirla, casi sin pensarlo. Cindy le tomó el ritmo enseguida.

Mónica, nerviosa, intentó imitar los movimientos sin tropezar.


Y Aranea… se rindió, suspiró y terminó siguiéndolas con una mezcla de resignación y orgullo.

 

 —¿Luna bailando? ¿Así? Pensé que solo sabía vals. ¿Y ahora esto? Baile callejero… No es digno de ti, Luna… pero… diablos, se te ve bien.

 

Talcott, desde el público, alzó ambos pulgares y gritó:

—¡Vamos, señorita Aranea! ¡No se rinda! ¡Usted puede!

 

El público reía, aplaudía, y el cuervo se unió con un solo ala en alto.

La música subió de intensidad. Las cinco chicas giraron en sincronía, Luna en el centro. Los pétalos de una maceta cercana —agitados por el aire— volaron brevemente sobre ellas como si fueran confeti.

 

La música siguió sonando. Las cinco chicas (Luna, Aranea, Iris, Cindy y Mónica)  seguían el ritmo con sorprendente sincronía. El público aplaudía, algunos niños imitaban los pasos desde abajo del puesto, y el cuervo, incapaz de resistirse, se unió a la coreografía con su característico estilo exagerado, girando las alas como hélices.

 

El droide ID11, desde un techo cercano grababa cada segundo, haciendo zooms y paneos como si fuera el director de un videoclip e incluso hacía pequeños pasos.

 

La secuencia alcanzó su punto más alto: Luna y Aranea giraron hacia lados opuestos, Iris y Cindy marcaron un paso cruzado, Mónica levantó los brazos al ritmo de la música y el cuervo hizo un salto final con pose triunfal.

 

Por un momento, todo fue perfecto…

Hasta que Aranea, al intentar un giro rápido, perdió el equilibrio y tropezó con Cindy, que a su vez chocó con Iris, que cayó sobre Mónica, y finalmente todas empujaron al cuervo, que dio una voltereta hacia atrás con un “¡Craaah!” antes de caer con elegancia dudosa.

 

La escena fue un dominó glorioso.

Hubo un silencio de medio segundo.


Y luego, risas. Risas por todas partes.

 

El público aplaudió aún más fuerte, gritando y vitoreando. Las chicas no podían dejar de reír, ni siquiera Aranea, que alzó las manos en rendición.

 

Kenny Crow se incorporó, se limpió el polvo del traje y con un gesto teatral, entregó a cada una de las chicas un cupón del restaurante y un pequeño llavero del cuervo.

 

Cindy, con una ceja arqueada, lo miró de reojo mientras lo recibía.

El cuervo se tensó por un instante y, nervioso, aceleró el reparto de los obsequios con un torpe:

—¡Gracias por participar! ¡Vuelvan pronto!

 

Luego hizo una reverencia y se retiró con dramatismo, entre aplausos y niños pidiendo fotos.

 

Mónica, aún en shock, murmuró:

—No puedo creer que Lady Lunafreya me haya arrastrado a esto…

 

Luna le guiñó un ojo con serenidad y respondió:


—A veces, elevar el ánimo también es una forma de fe. Y… es divertido, ¿no crees?

 

Talcott, emocionado, se acercó con la cámara en alto.


—¡Ustedes son increíbles! ¡Noctis y los demás deben ver esto! ¡Nunca pensé que bailarían así! —sonrió con picardía—. En especial usted, señorita Luna… y tú, Aranea… deberías tener mas ritmo al bailar.

 

Las chicas se miraron, exhaustas pero sonrientes.

Luna, con una sonrisa casi traviesa, asintió.

—Tienes razón, Talcott. Aranea tiene que practicar más.

 

Todos giraron lentamente hacia Aranea, que retrocedió medio paso.


—¿Eh? No, no, no me vengan con eso. ¡Un baile es suficiente!

 

Pero Luna, Iris, Cindy y Talcott se reunieron aparte, cuchicheando con miradas conspirativas.


Aranea cruzó los brazos, desconfiada.

 

Unos segundos después, Talcott se giró hacia ella, adoptando una postura solemne.

—Señorita Aranea Highwind, hemos deliberado y tomado una decisión unánime: usted deberá… practicar más el baile.

—¿Qué? Espera, yo-

 

No tuvo tiempo de terminar.

Luna, Iris y Cindy tomaron cada una un brazo.

Talcott, con el aplomo de un juez, dio la orden:


—Chicas, llévensela.

 

—¡Sí, señorito! —respondieron al unísono.

 

Aranea extendió una mano hacia Mónica mientras la arrastraban calle abajo.


—¡Mónica, ayúdameeee!

 

Mónica se encogió de hombros, suspirando.


—Lo siento… órdenes superiores. —Y las siguió, divertida.

 

El grupo caminó de regreso hacia el Hotel Leville entre risas.


Antes de entrar, Talcott se detuvo, giró hacia ellas y levantó la cámara.


—Ah, por cierto… tomé unas fotos. Prompto me enseñó a usarla. ¡Tarán!

 

Les mostró las imágenes en la pantalla: todas bailando, riendo, cayendo una sobre otra.

El pequeño añadió, satisfecho:

—Esto se lo enseñaré a Noctis y a los demás.

 

Y salió corriendo hacia el interior del hotel.

 

Las chicas quedaron inmóviles unos segundos.


Iris murmuró con tono oscuro pero divertido:


—¿Venganza?

 

Las 4 chicas respondieron al unísono:

—Definitivamente.

 

Y avanzaron con las manos extendidas, como a punto de hacerle cosquillas.

 

La cámara ascendió suavemente, elevándose sobre el hotel, luego hacia el cielo despejado de Lestallum.


Desde abajo, se oyó un grito lejano:


—¡¡Noooo!!


Seguido de risas y alboroto.

Chapter 22: Capítulo 4: — La Anomalía y el Continente Oculto.

Chapter Text

El Regalia salió del túnel, su motor rugiendo bajo el sol, El Moguri, con lentes de sol y una expresión de pura concentración, giró el volante con una elegancia casi coreográfica en las curvas. A su lado, el Carbuncle bostezaba, estirando las patas delanteras.

 

—Bueno… hora de exprimir la potencia —murmuró el Moguri, con una sonrisa ladeada.

 

Tocó la pantalla del GPS, buscó una larga recta y señaló con un dedo entusiasmado

 

— Ahí está.

 

El V12 rugió cuando el Moguri pisó el acelerador. El techo duro emergió del maletero y se acopló al marco, mientras las ventanillas se cerraban y el climatizador zumbaba.

—Bien, hora de ver de qué estás hecho —dijo, y giró el selector del volante al modo Deportivo+.

 

El Carbuncle se sujetó con sus pequeñas patas al asiento.

—¡Agárrese! —gritó el Moguri, y el Regalia salió disparado como una bala negra.

 

El velocímetro trepó a 240… 260… 280 km/h.


La gravedad lo aplastó al asiento; los paisajes se disolvían en líneas.


—¡Eso sí que es potencia pura! —exclamó, riendo.

 

Pero la recta se acababa. Frenó, y el rugido del motor se apagó hasta convertirse en un suave ronroneo.


—Perfecto —susurró, quitándose los lentes—. Puro equilibrio entre control y locura.

 

El sol descendía ya hacia el horizonte.

—Uh-oh… —miró el reloj del tablero—. Debo apresurarme. Este auto aún no tiene los faros anti-cadentes instalados… los Chocobros parecen no haberlos conseguido todavía.

 

El Carbuncle lo miró y asintió con orejas bajas.

—Sí, sí, lo sé, pequeñín —respondió el Moguri mientras presionaba el acelerador otra vez—. Prometo no quedarme sin luz.

 

Pero el crepúsculo cayó rápido. En la distancia, las primeras sombras danzaban sobre el asfalto.


A menos de 1 Km del campamento de los Chocobros, algo se movió en medio del camino.

 

Dos Ahrimans, enormes, desplegó sus alas oscuras justo frente al Regalia.

 

El Moguri giró el volante y frenó con chirrido.

—¡Cadentes! —gruñó, abriendo la puerta—. Qué fastidio.

 

Le hizo una seña al Carbuncle.


—Quédate ahí. Yo me encargo.

 

Salió del vehículo con paso firme, tras su espalda, dos módulos triangulares se materializaron desde el modo de invisibilidad, flotando en silencio.


Con un gesto de muñeca, se desplegaron y revelaron cañones.


—¡Toma eso bichos! —dijo.

 

Ambas piezas dispararon ráfagas de plasma rojo, derribando a los dos Ahrimans. Pero del bosque emergieron más Ahrimans alados, deformes, zumbando con un coro infernal.

 

Por los pelos… —masculló el Moguri, tomando los módulos y colocándolos sobre el techo del Regalia.

Los cañones continuaron disparando automáticamente, el Moguri se subió, aceleró, y el Regalia avanzó en línea recta, dejando tras de sí una lluvia de destellos rojos que desintegraban a los enemigos.

 

Cuando por fin cruzó el límite del campamento, redujo la velocidad, Los últimos disparos iluminaron los árboles y uno a uno, los Ahrimans se retiraron hacia la oscuridad.

 

El Moguri apagó el motor, respiró hondo y observó el bosque con una mezcla de calma y advertencia.

—Son insistentes estos cadentes… —dijo, con su tono entre profesional y burlón—. Como si supieran que algo grande está por pasar.

 

Recogió las dos piezas flotantes, las plegó y las guardó.

Luego abrió el maletero, sacó varias bolsas llenas de verduras y especias y miró al Carbuncle.

 

—Vamos, amiguito.


El Moguri llevó las bolsas hasta la tienda principal del campamento, dentro, dejó los ingredientes sobre la mesa y exhaló, rodando los hombros.

 

—Hora de cenar algo decente —murmuró.

 

Lavó las verduras, las cortó y las lanzó todas a una gran olla. Agregó especias, agua y un toque de aceite de oliva que había encontrado en los suministros de Ignis.

 

Luego salió de la tienda. La fogata del campamento estaba apagada, solo quedaban brasas apagadas entre las piedras negras.

—Típico… —susurró.

 

De su espalda emergió una de las piezas triangulares flotantes, ahora con un tenue resplandor rojizo.

—Vamos, da un poco de calor —ordenó.

 

El módulo lanzó un pulso de plasma rojo, en un segundo, la fogata cobró vida, iluminando el campamento con un resplandor cálido.


—Perfecto —dijo el Moguri, sonriendo, colocó la olla sobre el fuego y se sentó junto al Carbuncle a esperar.

 

Durante la cocción, el Moguri observó las estrellas.


El silencio de Duscae era distinto al de cualquier otra región: amplio, respirable, lleno de ruidos de insectos y viento entre las colinas.


—Tranquilo… pero demasiado tranquilo —murmuró, acariciando su pelota roja.

 

El guiso empezó a burbujear. Sirvió dos platos: uno para él, otro para el pequeño compañero.


Ambos comieron en silencio, con la fogata reflejándose en sus ojos.

 

—No está mal —dijo el Moguri—. Ignis aprobaría la textura, aunque tal vez me reprocharía la falta de presentación.

 

El Carbuncle emitió un sonido suave, como si riera.

 

Cuando terminaron, lavaron los platos y guardaron las ollas. Dentro de la tienda principal, el Moguri echó un vistazo al sofá y al proyector de películas de los Chocobros.


—Mañana veré algo. Hoy ya tuve suficiente acción de parte de Cor —dijo, dejándose caer un instante sobre el sofá, luego incorporándose con un suspiro.

 

El Carbuncle se acurrucó junto a una almohada y se relajó.

 

Luego, el Moguri salió al exterior, con las manos en la cintura, mirando el cielo bajo la luz de la Luna de Eos en fase cuarto menguante y el leve brillo del Regalia estacionado.

—Bueno… ¿Qué hacemos ahora? —se preguntó.

 

Sacó su teléfono. La pantalla iluminó su rostro peludo: sin notificaciones.


—Nada del Director… Tal vez mañana —dijo con tono pensativo.

 

Marcó un número. Al tercer tono, una voz profunda respondió:

—Agente 2 al teléfono.

 

—Aquí Agente 5. Estado de la Anomalía —preguntó el Moguri, en tono profesional.

 

La voz del otro lado respondió con calma:

—Sin cambios. Sigue merodeando los sectores habituales de Gralea, el ejército no muestra movimientos. Según el droide ID09 y ID09-A, se extendieron las licencias de descanso: lo usual era un mes… ahora son más largas. Los oficiales están inquietos. Algunos creen que ya no hay nada que conquistar: Lucis está bajo control, inclyendo Insomnia, Solo patrullan.

 

El Moguri apoyó una mano en el mentón, pensativo.

—Hmm… ¿y los rumores sobre el continente al este de Lucis, Ikune?

 

—Confirmados, al menos entre reclutas —continuó Agente 2—. Hablan de conquistar esas tierras, pero no hay órdenes del alto mando, dicen que el viaje por el Óceano Aztlan es peligroso: monstruos acechan en esas aguas, los llaman cadentes marinos pero son rumores, la plaga no entra al agua y son animales normales y el viaje por aire, alguna corriente que hace tambalear las aeronaves de Niflheim.

 

El Moguri entrecerró los ojos, su mirada fija en el horizonte invisible.

—He oído esos rumores… aunque nunca tuve tiempo de explorarlo. Si es cierto que hay otras civilizaciones ahí, tal vez encontremos respuestas, o más problemas.

 

—¿Procederá a investigar? —preguntó el Agente 2.

 

—No todavía, quizá en unos meses, Primero debo terminar este asunto en Lucis, —respondió el Moguri, bajando la voz—. los Chocobros está en el planeta destino… y cuando ellos regresen a Eos, iré a una misión.

 

—Entendido. Mantendremos vigilancia pasiva, fin de la transmisión.

 

La línea se cortó. El Moguri guardó el teléfono y observó el cielo nocturno, cruzado por un tenue haz de estrellas.


—Monstruos marinos, un continente inexplorado, ejércitos aburridos…


El Carbuncle bostezó, mirando al Moguri con ojos somnolientos.

 

—Sí, sí, ya sé, hora de dormir —dijo él, caminando hacia la tienda.

Gralea, Niflheim.

 

La luna se alzaba sobre Gralea, fría y distante, filtrando su luz entre los edificios de la ciudad imperial.

 

En la azotea de un edificio cercano a la mansión del Canciller Ardyn Izunia, una figura oscura permanecía inmóvil.


Era el Agente 2, un Moguri alto, de 1.68 metros, cubierto por una capa negra con capucha.
Bajo ella, su traje táctico negro mate absorbía la luz lunar como si fuera una sombra viva.

 

Su pelota roja lucía cubierta con una crema oscura, camuflaje necesario para su misión.


En su espalda flotaba el bláster francotirador plegado, suspendido por un campo gravitacional.


El visor táctico en tonos azulados mientras observaba a la mansión a través de los binoculares de largo alcance.

 

Acababa de terminar la llamada con el Agente 5.

 

El Agente 2 se fijó la vista en el gran ventanal del piso superior de la mansión.


Allí estaba el Canciller Ardyn, de pie, mirando el jardín bajo la luz plateada.


Permaneció observando por varios minutos… luego se giró lentamente y desapareció en el interior.

 

Minutos después, las luces del garaje se encendieron.

El garaje se abrió y un auto negro salió.

 

—Movimiento detectado… —murmuró el Moguri.

 

Plegó los binoculares, desplegó sus alas de murciélago y se lanzó desde el techo.


El viento silbó mientras planeaba sobre los rascacielos, siguiendo el vehículo a distancia.


A su lado, el droide ID09 lo acompañaba, flotando por antigravedad.

 

El auto del Canciller avanzó por las avenidas de Gralea, hasta llegar a un edificio del gobierno.

Entró al estacionamiento subterráneo y se detuvo.


Ardyn bajó con su sonrisa habitual, su abrigo ondeando, y caminó hacia la entrada principal.

 

El Agente 2 aterrizó suavemente en el techo del edificio contiguo.

Sus ojos seguían cada movimiento, cada guardia.

 

—Fase dos —susurró.

 

El droide ID09 activó su modo invisible, fue hacia el edificio, desde su parte inferior se abrió una compuerta y salió un minidroide ID09-A, con un suave zumbido, voló hasta una rendija de ventilación, la abrió y se deslizó dentro.

 

Por los conductos del aire, el minidroide avanzó entre sombras.

Registró varias salas: despachos vacíos, oficinas, pasillos.


Hasta que… detectó voces humanas.

 

Se detuvo. Giró su lente principal y asomó apenas por una rejilla.

 

Allí, en una sala estaba el Canciller Ardyn Izunia, recostado en un sofá, con una taza de café humeante en la mano, frente a él, otro hombre de bata blanca y rostro cansado:


Verstael Besithia.

 

El minidroide ID09-A registró cada palabra desde la rendija, Su lente vibró apenas al captar la cadencia distante de la sala.

 

Verstael, con el ceño fruncido, comenzó sin rodeos:

—Canciller, el Emperador Ledolas Aldercapt pregunta por qué extendió las licencias de descanso del ejército. Ya llevamos dos meses y tres semanas desde la invasión de Insomnia. Mis unidades magitek están acumulando polvo: producimos 20 mil unidades y la planta está parada. ¿Por qué no conquistamos el mundo?

 

Ardyn, sentado en el sofá, giró la taza entre los dedos y levantó la vista con la calma de quien saborea la última gota de café. Con una sonrisa lánguida dijo:


“Conquistar el mundo.” Qué palabra tan pesada, Verstael.

 

Hizo una pausa medida, dejó la taza en la mesa y se encogió de hombros con elegancia.


—La realidad es simple: no queda nada que conquistar, tenemos a Accordo y Tenebrae como reinos vasallos desde hace mucho tiempo, la caída de Insomnia fue el clímax, la gran cortina. ¿Para qué seguir marchando? El Imperio ya ganó. Ahora… —alzó la taza otra vez, buscando el silencio— dame un minuto más, déjame terminar mi café.

 

Verstael apretó los puños, exasperado.

—¿Ganamos? ¡Canciller, canceló los planes de invadir Accordo y someter al Leviatán en Altissia en julio! Y si me permite, ¿por qué devolvió a esa Oráculo… la Luna-no-sé-qué, desde Altissia hacia Tenebrae a finales de mayo?

 

Ardyn dejó la taza con delicadeza, clavando su mirada en el científico.

—Tenga más respeto por La Oráculo, Verstael, se llama Lunafreya Nox Fleuret —corrigió con un tono peligrosamente tranquilo—. Ya no es necesario más drama, como dije, ya tenemos todo Eos.

 

Verstael corrigió:


—¡Tenemos dos continentes! ¡Pero queda uno más, al este de Lucis, Ikune! ¿Qué hay de esas tierras?

 

Ardyn sonrió con una ironía apenas perceptible, algo en su interior hace que ya no le permite, la ira pura.


—Bah, qué complicación. Ahí no hay nada de valor estratégico. Quizá pueblos y algunas ciudades sin importancia, ahora, si me disculpa…

 

Verstael lo señaló con un dedo acusador.

—Te sacamos de esa isla, te hicimos Canciller. Usted prometió que seguiríamos avanzando, que tomaríamos lo que quedara. ¿Qué pasó con eso?

 

Ardyn dejó la taza con delicadeza y con voz elegante y filosa, replicó:

—No, mi estimado Besithia. Yo dije que te ayudaría a invadir su capital y robar La Santálita para herir a los Lucis, Eso se hizo. Ahora… ya es suficiente. Ya tienes el mundo en la palma de la mano.

 

Se puso de pie con calma y empezó a caminar hacia la ventana. Su figura, recortada por la luz, parecía más un cortesano que un general.

—En unos días me reuniré con el gobierno provisional de Insomnia. Hay planes de reconstruir la ciudad, que anunciarán mañana al público por las noticias, no podemos dejarla como ruinas eternas.

 

Verstael lo miró, incrédulo, notando un cambio que no supo explicar.


—¿Reconstruir? —musitó—. Usted está raro desde hace tiempo. ¿Desde cuándo siente simpatía por una ciudad que dice odiar?

 

Ardyn sonrió con una ironía apenas perceptible.


—No confunda el odio por la idea de una ciudad con la estrategia política. El rencor era hacia los Lucis, no hacia la piedra y el acero.

 

Verstael apretó la sien.


—Uff… esto me está doliendo la cabeza, vete.

 

Ardyn, encantado con la mezcla de poder y tétrico humor, inclinó la cabeza:


—Pronto volveré a visitarte. Me han gustado estas conversaciones.

 

Y con esa frase se marchó de la sala con pasos tranquilos.

 

Verstael se quedó en el sofá, gruñendo entre dientes, haciendo tomar la taza que dejó el Canciller y lo tiró y se rompió.

En la rendija, el minidroide transmitió la grabación al Agente 2.

Sobre el tejado, el Moguri vio el holograma y mostró una sonrisa ligera.

 

El Agente 2 soltó un suspiro contenido y dictó en sus notas de voz:


—Reporte parcial 042. Extensión de licencias y parálisis productiva en plantas Magitek, la Anomalía Ardyn indica intención de reconstrucción en Insomnia; posible estrategia política para consolidar control post-invasión. Se solicita vigilancia continua y corroboración de intenciones.

 

Ardyn salió del edificio, con el mismo paso tranquilo con que había entrado.

Descendió las escaleras, abrió la puerta de su auto y se marchó sin escolta, el reflejo de los faroles deslizándose sobre la carrocería oscura.

 

Desde las alturas, el minidroide ID09-A abandonó las rendijas de ventilación y volvió a acoplarse con su unidad principal ID09, que regresó flotando hacia la posición del Agente 2.


El Moguri observó el vehículo alejarse y extendió sus alas, siguiéndolo a la distancia.

 

El canciller condujo hasta un restaurante elegante abierto, Entró solo, comió con calma y volvió al auto.

ID09 permaneció invisible en un punto de observación, registrando cada movimiento.


Poco después, el vehículo regresó a la mansión.

 

El Agente 2 aterrizó en un edificio adyacente y dictó el cierre de su informe:

—La vigilancia continúa. —dijo..

Chapter 23: Arco 6: Entre Cine y Secretos Estelares.

Chapter Text

Capítulo 1: — Noticias matutinas y la maratón de cine de Eos.

 

12 agosto 756, mañana.

Campamento de los Chocobros, Tienda principal.

 

El Moguri, se despertó lentamente en el sofá.

Con un bostezo breve, extendió las alas y encendió el proyector detras del sofá, la pantalla azul parpadeó antes de sintonizar las noticias matutinas.


A su lado, el Carbuncle apenas abría los ojos, desperezándose sobre el sofá.

 

Mientras en la cocina caía el aroma a panqueques y café recién hecho, la periodista del Gralea Times aparecía en pantalla, frente a las puertas abiertas de La Ciudadela de Insomnia.

 

—Han pasado dos meses y tres semanas desde la invasión de Insomnia, —anunciaba— y el gobierno provisional continúa la limpieza de escombros en el Distrito de La Ciudadela.

 

Las imágenes mostraban un panorama de reconstrucción:


La Ciudadela, aún en pie, con un enorme boquete en la sala del trono y fragmentos del Emisor del Escudo esparcidos por el suelo.

 

En los alrededores, algunos rascacielos caídos, otros quebrados por la mitad y varios aún intactos.


En las calles, cuadrillas de obreros instalaban farolas anti-cadentes, mientras soldados patrullaban y grupos de civiles ayudaban a despejar escombros.

 

La reportera continuó:


—El Consejo Provisional de Reconstrucción ha anunciado los primeros planos para reconstruir la ciudad, Las obras comenzarán una vez finalicen las verificaciones estructurales y la reinstalación de energía estable.

 

El Moguri, con un trozo de panqueque aún en la mano, murmuró:


—Vaya...

 

Luego, mientras el Carbuncle mordisqueaba su propio desayuno,


El Moguri en su mente.

 

¿Será esto el efecto que le implantamos a la Anomalía...? Tendré que contactar al Agente 2 en unos días más, Los Chocobros se van a sorprender cuando vean estas noticias.

Aunque dudo que vuelvan a Insomnia pronto... todavía está llena de soldados.

Bueno... el tiempo dirá.

 

Miró al proyector otra vez.

 

—¿Y las chicas? —murmuró— Tendré que contactar a ID11 más tarde, ver cómo reaccionaron.

 

El Carbuncle soltó un suave kyu.

 

—¿Dudoso, eh? —respondió el Moguri con media sonrisa, dejando el plato vacío— Pues sí… yo también.


El Moguri terminó el desayuno, lavó los platos y al levantar la cabeza, frunció la nariz.


—Oh... huelo feo.


El Carbuncle, curioso, se olfateó a sí mismo y soltó un pequeño kyu.


—Jeje, amiguito, vamos a bañarnos. Pero… ¿no hay duchas en este campamento?

 

Salió de la tienda principal, inspeccionando el lugar.


Cerca de la fogata apagada, nada.


Detrás de las tiendas de Noctis y Prompto, nada.


Tampoco junto a las de Ignis y Gladio, ni en la tienda de almacén.

 

Finalmente, notó una manguera enrollada junto al fregadero portátil. Siguió el rastro entre los árboles, hasta que el sonido de agua corriendo le dio la pista: a pocos metros, un riachuelo cristalino serpenteaba entre las piedras. Una pequeña bomba manual impulsaba el agua hacia la manguera del campamento.

 

—Lógico —dijo, observando el flujo— Se acampa cerca de cuerpos de agua. Pero… ¿Cómo harán en el Desierto de Leide?


Hizo una mueca.

—Uff, deben apestar. Mejor ni pensarlo.

 

El Carbuncle ya no esperó más: dio un salto directo al riachuelo con un plash alegre.


—Bueno, bueno, vamos allá —rió el Moguri, quitándose su ropa.

Minutos después, con el pelaje reluciente y la bola roja brillando al sol, ambos regresaron a la tienda principal.


El Moguri se dejó caer sobre el sofá con un suspiro satisfecho.


—Bueno… hora de pelis.

 

Corrió la lona del proyector y miró a las gavetas de la mesita, donde los Chocobros guardaban su colección de Red-rays.


—Veamos...

 

Sacó la primera caja y leyó el título:

El Señor de Las Coronas – Trilogía Extendida.

—La Comunidad de La Corona, Las Tres Torres, El Retorno del Elegido... —leyó en voz alta.

Silbó. —Esto es como El Señor de los Anillos, ¿eh?


Volteó la caja y se quedó helado.


—¿¡Dieciocho horas!? ¡Imposible! —cerró la caja con una risa nerviosa— Paso.

 

Siguió buscando.

 

Asesinato en el Occident Express.


En la portada, el Tren de Eos cubierto de nieve…


—Creo que vi uno similar… bueno, siguiente.

 

Misión Posible: Protocolo Altissia.


En la portada, una persecución épica en lanchas por los canales de Altissia y al fondo un villano, con un traje elegantisimo.


—Eso suena interesante… —susurró con intriga— Lo tomaré.

 

Volver al Presente.


—¿Como Volver al Futuro? Hmm... curiosidad anotada.

 

Alien: el Séptimo Pasajero.


En la portada oscura aparece un huevo del Alien rodeado con luz celeste pero el aspecto del huevo es diferente.


El Moguri sintió un escalofrío recorrerle la espalda.


—La primera vez que vi El Octavo Pasajero casi me da un infarto. Este debe ser más brutal… ¡siguiente!

 

La Madrina.


Levantó una ceja.


—¿Eh? ¿Como El Padrino? Me intriga. Lo tomo.

 

Universe Trek: KSS Odyssey.


Le dio la vuelta y leyó con voz solemne:


—Reino de Planetas Unidos, K.U.P. —Observó el diseño del platillo ovalado, con tres góndolas y un puente expuesto.


—Vaya… se ve más moderno que Star Trek: Nueva Generación. Y eso que fue lanzado en la misma época que en la Tierra. —Sonrió— lo veré.

 

Finalmente, tomó un último estuche:


Guerra de las Estrellas — Las Precuelas.


La Amenaza Invisible, Guerra contra la Unión de Sistemas Independientes, El Ascenso de los Sith.


Y debajo, otro set con las clásicas:


Una Nueva Expectativa, Niflheim Contraataca, El Regreso del Jedi.

 

El Moguri chasqueó la lengua, encantado.

—Uy… esto sí lo veré. Quiero ver qué diferencias hay.

 

El proyector se encendió . El Moguri se acomodó en el sofá, el Carbuncle en su regazo.

El día apenas comenzaba… y en el campamento, la maratón de peliculas apenas empezaba.

 

El droide ID10, que estaba en el techo de la tienda principal con su paneles solar desplegado y recargando energía, escuchó la voz del Moguri hablando de pelis, Flotó suavemente hacia abajo y se posó en la entrada de la tienda.

 

El Moguri lo vio llegar y dijo con una sonrisa:

 

—Oh, bienvenido. ¿Quieres ver la peli?

 

El droide soltó un pitido agudo, flotó un poco más cerca, y con su garra metálica señaló una de las cajas sobre la mesita: “Guerra de las Estrellas: La Amenaza Invisible”.

 

El Carbuncle de Noctis, sentado en el sofá, soltó un suave “kyu” de confusión, ladeando la cabeza.

 

El Moguri se rascó detrás de una oreja y explicó con un tono casi conspirativo:

 

—Jeje, mi amiguito, ese es un droide de vigilancia. Se llama ID10. Vigila a los chicos... pero shhh, no se lo digas a ellos. —Llevó un dedo a sus labios en señal de silencio y le guiñó un ojo al Carbuncle.

 

ID10 hizo una reverencia corta y formal, emitiendo un bip al Carbuncle en modo saludo, luego se acomodó flotando encima del sofá y se sentó replegando sus patas, con su lente principal enfocado hacia la lona del proyector.

 

El Moguri asintió satisfecho.

—Bien, estamos todos.

 

Abrió la caja del disco Red-Ray, colocó La Amenaza Invisible en el reproductor, y pulsó play.

 

La pantalla se iluminó. Primero apareció el logo de Kageyama Films, de Insomnia Studios:


Dos torres gemelas de La Ciudadela enmarcadas por un anillo de estrellas, Luego, el clásico texto de apertura comenzó a aparecer mientras una fanfarria majestuosa llenaba la tienda:

 

GUERRA DE LAS ESTRELLAS.


Episodio I: LA AMENAZA INVISIBLE.

 

El REINO GALÁTICO está sumido en el caos.

La tributación de las rutas comerciales a los sistemas estelares exteriores ha provocado una disputa con el poderoso GREMIO DE COMERICO.

Con la esperanza de resolver el conflicto, el Gremio ha desplegado un bloqueo de KreditHulks contra el pequeño planeta ARCADIA.

Mientras el Consejo Galáctico debate interminablemente esta alarmante cadena de sucesos, el Rey Supremo ha enviado en secreto a dos valerosos Jedis a negociar un acuerdo...

 

La cámara bajó por el espacio hasta revelar el planeta Arcadia bajo el bloqueo del Gremio y en eso emerge del hiperespacio una nave azul con líneas verdes…

El Moguri silbó, impresionado.

 

—Similar, pero... mira eso, el CGI es muchísimo más avanzado que en La Amenaza Fantasma. ¡Mira esas texturas! La física de la nave, los reflejos del casco… ¡Increíble!

 

El Carbuncle soltó un “kyuu” al ver los destellos de luz.


El Moguri rió con ternura.

 

—Y los Jedis usan túnicas negras con ribetes azules... y las espadas de luz son iguales. Pero esos droides A1... —frunció el ceño, acercándose al proyector— No son los B1 de siempre. ¡Son más inteligentes, una armadura mas grande! ¿Eh? ¿Qué clase de remake es este?

 

El droide ID10 soltó un bip que sonó casi como una risa.

 

—Sí, sí, ya sé —respondió el Moguri— Versión de Eos, universo alterno o lo que sea. Igual quiero ver si también en la trilogía clásica tienen una princesa con peinado raro y a Vader que dice “yo soy tu padre”

 

El Carbuncle chilló divertido, y el Moguri, riendo, se acomodó con unas palomitas

En la lona blanca, los jedis se abrían paso a través de los corredores del KreditHulk mientras la orquesta galáctica llenaba la tienda con su grandiosa melodía.

 

La película continuó 1 hora más.

La nave real de Arcadia, con la Reina y sus guardianes Jedi, se alejaba del planeta bloqueado y saltaba al hiperespacio. A diferencia de la versión de la Tierra, su casco no era cromado sino dorado.

tiempo después.

 

La nave sale del hiperespacio y descendió hacia una gigantesca ecumenópolis de relucientes torres entrelazadas por puentes, plataformas aéreas y jardines suspendidos. Miles de naves transitaban los corredores de tráfico orbital y las avenidas verdes serpenteaban entre los edificios.

 

El Moguri se inclinó hacia adelante, fascinado.

—Como Coruscant, pero más verde y mucho más avanzado… —murmuró— Hasta los árboles tienen antenas solares, jeje.

 

El Carbuncle soltó un “kyu” soñoliento, con las orejas vibrando por la música sinfónica.

El ID10, en modo silencio, grababa cada fotograma para archivarlo en su base de datos.

 

Pasaron varias horas.


El Moguri bostezó, estirando las alas y recogiendo otro panqueque frío.


—Bueno… vamos a la clásica.

 

Sacó el disco de la Trilogía Original y lo colocó.

En la lona se proyectó el texto dorado que comenzaba a flotar sobre el vacío estrellado:

 

GUERRA DE LAS ESTRELLAS


Episodio IV: UNA NUEVA EXPECTATIVA

 

El Moguri murmuró con emoción contenida:

—Vamos a ver…

 

La cámara descendió hacia un planeta desértico.

Una pequeña nave —similar a una corbeta corelliana— huía a toda velocidad mientras disparos de láser azul la perseguían. De pronto, una sombra titánica cubrió la escena:


La inconfundible forma de cuña gris apareció desde la parte superior del encuadre. La bahía de atraque inferior y los motores principales lanzaban fuego rojo, no celeste. 

 

El Moguri se enderezó en el sofá.

—¡El Devastador! Un MK1… se parece más al de Rogue One. ¡De hecho, es igual! ¿Es CGI?

 

Abrió la caja del Red-Ray y encontró un folleto desplegable: mostraba una maqueta de escala gigante del Destructor Estelar Imperial con un nivel de detalle imposible.


—Es increíble… parece real.

 

La secuencia siguió:


Dentro de la corbeta, soldados se preparaban para resistir el abordaje, Pero al romper la puerta, no entraron stormtroopers como en la versión de la Tierra, sino tropas humanas de Niflheim con una versión más avanzada y de su armadura: cota de malla blanca, placas brillantes y cascos con visores negros.

 

El ID10 soltó un bip de sorpresa.

El Moguri parpadeó varias veces.

—Jeje ya me esperaba una version diferente y Vader?

 

Y entonces, apareció el mismísimo Lord Vader.


Mismo casco, misma capa, misma respiración … salvo por un pequeño pin en su pecho con el emblema del Imperio Galáctico Niflheim.

 

El Moguri se llevó una mano a la cabeza.

—¡No puede ser! ¿Cómo? Es igual... ¿y la princesa Leia?

 

La cámara mostró a la prisionera: una joven de rostro firme, cabello recogido con un diseño más elegante y vestido blanco inmaculado, Vader lo llamó Princesa Vélia.

 

El Moguri quedó sin palabras.

—¿Vélia? No Leia... —rió, incrédulo— jeje.

 

El Carbuncle miró con orgullo y el ID10 grabó un fragmento más para su colección.


El Moguri, aún sorprendido, se hundió en el sofá.


—Supongo que en este mundo… hasta las películas tienen versiones paralelas.


la pelicula avanzó mas.

 

Luego, aparece la nave de Han. 

 

El Moguri se enderezó al verla.

—¿Eh? ¿Ese es el Halcón? —parpadeó— No, espera… lo llaman Zu Milenario.

 

La cámara giró mostrando su diseño:

Una mezcla entre un carguero ligero y una nave de asalto, con motores más grandes, una compuerta trasera y una torreta doble mas grande, el fuselaje recordaba a una fusión entre la Ghost de Rebels y la Onyx Cinder de Skeleton Crew.

 

El Moguri soltó un silbido de admiración.

—Ese es mejor que el de Han… más aerodinámico, menos chatarra, y tiene cañones grandes.

 

El Carbuncle soltó un “kyuu” corto, como si también aprobara.


El ID10 grabó la escena y pitó suavemente, registrando en sus notas “Diseño Zu Milenario”.

 

La película avanzó entre persecuciones y túneles láser.


El Moguri ya tenía una taza de café en la mano cuando apareció la Estrella de la Muerte.


—Oh… esa sí se mantiene igual. —comentó con alivio— Mismo nombre, mismo terror esférico… aunque con más hangares.

 

Llegó la Batalla de Yavin 3.


Los cazas X-Wing y Y-Wing mostraban rediseños brillantes:


Alas retráctiles hexagonales, cabinas más curvos y efectos de propulsión más realistas.


Los TIE Fighters, en cambio, mantenían su silbido inconfundible y sus paneles solares, solo que ahora eran negros con líneas rojas.

 

El Moguri soltó una carcajada divertida.


—¡Les cambiaron el look!, jajaja.

 

La escena final iluminó la tienda con reflejos naranjas.

Luego insertó el siguiente disco.

El título apareció :

 


Episodio V: Niflheim Contraataca.

 

El planeta helado llenó la pantalla: un horizonte blanco azulado, ventiscas eternas, y las luces de una base rebelde.


De pronto, un rugido estremecedor sacudió la sala.


Apareció el Wampa, pero era diferente.

 

Era más grande, con placas óseas y tentáculos dorsales que se movían lentamente en la ventisca. Su rostro reptiliano tenía ojos compuestos y un aliento visible que congelaba el aire.

 

El Moguri abrió mucho los ojos.


—¡Wow! Más miedo que el original… parece mezcla de dragón y calamar. —se abrazó a sí mismo, fingiendo temblar— Quién necesita café con eso.

 

La película continuó.

Un ISD apareció, avanzando lentamente por el espacio.

Luego, una silueta aún más gigantesca lo eclipsó lentamente.

 

El Moguri se inclinó, conteniendo el aire.


El Super Destructor Estelar, Wrath, emergió, majestuoso:


Blanco con reflejos azulados, atravesado por dos líneas rojas finas de proa a popa.

 

—¡Increíble! —exclamó el Moguri— Lo llamaron Wrath, no Executor… y es blanco. ¡El contraste es brutal!

 

El Carbuncle lo miró y soltó un “hyuuu” largo, fascinado por los destellos.

 

La batalla de Hoth llenó la lona con explosiones y nieve.

Los AT-AT mantenían su silueta inconfundible, pero sus cabezas eran más modernas, con cañones laterales gemelos y articulaciones más fluidas, se movían el doble de rápido y su andar hacía temblar la proyección.

 

El Moguri se llevó una mano al pecho.


—¡Esto sí es una mejora! Los AT-AT caminan mas rapido—río, mirando al Carbuncle— Si los de Eos se movieran así, nadie escapaba.

 

La escena se extendía más de lo que recordaba: ataques, cazas derribados, torres explotando.


La versión de Eos era más cruda, más larga y técnicamente más pulida.

 

El ID10 grabó en silencio, sus luces parpadeando en tono azul.


El Moguri insertó el disco con emoción renovada.


El título apareció


Episodio VI: El Regreso del Jedi

 

La imagen se abrió sobre los desiertos rojizos de Tatooine, donde una fortaleza se alzaba entre las dunas.

El Moguri ya anticipaba lo que venía.


—Bueno, a ver si esta vez Jabba no es tan babosa —murmuró con una sonrisa.

 

La cámara mostró una criatura….

 

No era el Jabba que conocían de la Tierra.

Este Jabba de Eos era una bestia insectoide colosal, con un caparazón segmentado, seis patas gruesas y una mandíbula doble que chasqueaba lentamente.


Sus ojos compuestos se movían de manera hipnótica, y cada respiración hacía vibrar el suelo del Palacio.

 

El Moguri retrocedió instintivamente en su asiento.


—¡Guau! Ahora sí… ese sí impone respeto. —hizo una pausa, impresionado— Definitivamente mejor que esa babosa que babeaba.

 

El Carbuncle se ocultó parcialmente detrás del cojín, asomando solo las orejas.

 

Y entonces…. apareció Vélia….


La cámara la mostró descendiendo por la escalinata, encadenada, con un traje de esclava plateado que brillaba con la luz rojiza del salón.


Era elegante, pero… el corte del diseño era mucho más atrevido que en la versión terrícola.

 

El Moguri se sonrojó y cerró los ojos de inmediato.


—Eso… eso es más revelador que Leia… ¡el director se pasó un poquito! —exclamó, llevándose las manos a la cabeza.

 

El Carbuncle emitió un sonido curioso  y ID10 giró el lente hacia el Moguri con un pitido.

Biiiiiipp!

 

—No mires, ID10 —dijo el Moguri, tapando la lente con una mano— ¡Por protocolos de dignidad interplanetaria!

 

La película avanzó entre risas y comentarios sarcásticos.


Luego, la acción se trasladó a Endor.

 

El bosque parecía más denso y luminoso, con árboles gigantescos.


Y cuando empezó la Batalla de Endor, la pantalla se llenó de movimiento.

 

Explosiones, escuadrones de cazas, ISDs destruidos y una Estrella de la Muerte parcialmente construida que se desmoronaba en un espectáculo de luces y fuego.


Era una batalla inmensa, con ritmo de Rogue One, pero a una escala aún mayor.

 

El Moguri se inclinó hacia adelante, los ojos brillando.


—Ufff… esto sí es una batalla. —silbó largamente— ¡Mira esos efectos! Hasta los cazas tienen daño dinámico.

 

El ID10 pitó emocionado, moviendo su lente de un lado a otro para grabar cada detalle.


El Carbuncle daba pequeños saltos cada vez que explotaba una nave.

 

Y el Moguri, fascinado, murmuró para sí:


Definitivamente… la versión de Eos sabe cómo hacer cine.

 

El cielo ya se teñía de un tono anaranjado profundo.


Entre las copas de los árboles, las primeras luciérnagas titilaban como si celebraran el fin del maratón de cine.

 

El Moguri estiró los brazos, soltando un pequeño bostezo.


—Uff... eso sí fue un día de pelis —dijo con satisfacción— Esos Chocobros sí saben de buen cine, kupo.

 

Caminó hacia la tienda almacén, revisó los estantes y tomó algunos ingredientes:


tomates , papas, algo de pan seco y una botella de aceite de oliva.


En pocos minutos, frente a la fogata del centro, ya hervían las papas en una olla.


El aire olía a comida casera, a bosque húmedo y a descanso.

 

A su lado, el Carbuncle seguía dormido, hecho un ovillo sobre el sofá.

.
En el techo, el ID10 replegado, su panel solar recogiendo los últimos rayos del atardecer.

 

El Moguri probó un trozo de papa, asintió con aprobación y murmuró:


—Nada como cocinar tranquilo… sin informes, sin protocolos, sin los chicos.

 

Luego se sentó sobre una roca, observando cómo el sol desaparecía del todo.

El fuego crepitó, las luciérnagas bailaron entre las sombras, y por un momento el campamento pareció otro mundo: pacífico, escondido del ruido y las misiones.

 

El Moguri sonrió.


—Mañana será otro día… y seguro algo raro pasará, kupo. —Y soltó una risa baja antes de darle la última vuelta a las papas.

 

La cámara se alejó lentamente, dejando el campamento iluminado por el fuego, el Carbuncle dormido y el Moguri tarareando una melodía suave que se perdió con el canto nocturno del bosque.


Hotel Leville, Lestallum.

 

El bullicio de la ciudad se había apagado. Desde el balcón del Hotel, Luna observaba el cielo despejado, una taza de café humeante entre las manos.

 
El aire tibio traía el aroma del metal y el humo de los talleres, mezclado con la brisa del crepúsculo.

 

Frente a ella, la Luna de Eos se alzaba sobre las colinas, inmensa y pálida. Por un instante, La Oráculo cerró los ojos y sus labios se movieron apenas en un rezo silencioso.

 

Noctis… y todos ustedes… que la luz los guíe, dondequiera que estén.

 

Abrió los ojos y entre las constelaciones familiares, una estrella solitaria brillaba a la derecha de la luna. No era una de las habituales. Su fulgor era cálido, casi dorado, como si tuviera vida propia.

 

—Seano… —susurró— No recuerdo haber visto una estrella tan brillante tan cerca de la luna.

 

Llevó la mano a su pecho. De pronto, una sensación recorrió su cuerpo, un pulso suave, tranquilizador. No era magia… era algo distinto. Algo que le decía que no debía preocuparse, que el destino estaba cambiando, que alguien cuidaba de ellos.

 

Luna sonrió con dulzura.


—Así que no estoy sola en mis plegarias.

 

La estrella Seano (Sol de La Terra) pulsó dos veces, con un brillo intenso que iluminó el balcón por un instante.
 

Luna la observó en silencio, comprendiendo sin palabras, y asintió lentamente con los ojos brillantes.

 

—Gracias… —murmuró, mirando hacia el cielo— Entonces confiaré.

 

La luz volvió a estabilizarse, y ella se recostó en el barandal, mirando hacia la ciudad dormida de Lestallum, con una paz serena en el rostro.

Chapter 24: Capítulo 2: — Una 'Cosita' para el Inmortal.

Chapter Text

13 agosto 756, mañana.

Hotel Leville, Lestallum.

 

El sol apenas comenzaba a iluminar los ventanales del Hotel.

Cor Leonis se despertó con la puntualidad de siempre, Tras una ducha rápida, se enfundó su habitual uniforme de la Crownsguard, ajustó los guantes y bajó al lobby.

 

Al salir a la plaza, el bullicio matutino de Lestallum lo recibió con el aroma de café y tostadas.

 

A pocos metros, en la terraza del restaurante, vio a Luna, Iris, Cindy, Aranea y Mónica reunidas alrededor de una mesa, junto a Jared Hester y su nieto Talcott.

 

Talcott lo divisó primero y levantó la mano, entusiasmado.

—¡Señor Cor, aquí!

 

Cor asintió y se acercó, saludando con una leve inclinación,
pidió un desayuno ligero al mesero y sin rodeos, fue directo al punto:


—Chicas… ¿Qué harán ahora? ¿Vieron las noticias de ayer? ¿Lo de la reconstrucción de Insomnia de parte del gobierno provisional, del Imperio?

 

Luna, con su elegancia habitual, esbozó una sonrisa.


—Vaya, Cor, directo al grano, como siempre. Pero no, eso no cambia nuestros planes. Seguimos igual, ¿verdad, chicas?

 

Todas asintieron con entusiasmo.

 

Mientras llegaba su comida, Talcott preguntó con brillo en los ojos:

—¿Qué harán ahora? ¡Llévenme con ustedes! Ese auto que les regaló Su Majestad Regis debe ser increíble. ¿Será mejor que los de la flota real?

 

Jared le dio un suave codazo.


—Concéntrate, muchacho.

 

Cindy rió.

 
—Mmm… creo que la hiperactividad de Prompto te está contagiando, jeje.

 

Talcott se cruzó de brazos.

 
—¡Eh! No, Prom es como mi hermano mayor. Solo… me contagió su gusto por la fotografía.

 

Iris dio un pequeño golpecito en la mesa.


—¡Oigan! ¿Y si hacemos que Talcott nos tome fotos por toda la ciudad? Con poses y todo. Las guardamos para los chicos.

 

Luna asintió encantada.


—Qué idea tan linda, Iris, así mi Noctis podrá ver mi pose más genial… quizá se sonroje.

 

Cindy bajó la vista, algo sonrojada.

 
Iris, notándolo, arqueó una ceja y sonrió traviesa.
 


—Oh, ya veo… ahora piensas en Promp-to, ¿eh? ¿Qué clase de poses serán adecuadas para él, Cindy~?

 

Alargando el nombre, lo dijo con tono burlón.


Aranea soltó una carcajada, pero al girar la mirada y ver a Luna sonriendo con ternura, se contuvo.


Luna la señaló con un dedo, luciendo ojos de cachorrito.


—¿Araneita, vienes también?

 

Aranea suspiró.


—Bien, pero que quede claro: ni trajes raros ni poses extrañas, ¿oyó?

 

Luna rió suavemente, satisfecha. Luego miró a Mónica.

 
—¿Vienes con nosotras?

 

Mónica miró a Jared, quien levantó las manos en rendición.


—No puedo contradecir a la Señorita Luna.

 

Mónica suspiró resignada.


—Está bien… iré.

 

Cor, mientras tanto, terminaba su desayuno sin levantar la vista del plato.


—Yo tengo que hacer una cosita… digo, una misión.

 

Luna lo miró de reojo, intrigada.


En su mente pensó con una sonrisa apenas perceptible:

 
Mmm… algo trama ese inmortal. Esa palabra ‘cosita’ no suena muy tú, Cor.

 

El viento matutino sopló entre las terrazas, mientras el grupo comenzaba a levantarse de la mesa.


La jornada apenas empezaba.

 

Tras despedirse del grupo en la terraza, Cor se levantó de la mesa

 

 Mientras las chicas —acompañadas por Talcott— se alejaban charlando y Jared regresaba al hotel a su partida de cartas habitual,


Cor giró hacia una calle lateral.



Se detuvo a media sombra, echando una mirada al grupo que desaparecía entre el gentío.

 

Bien… espero que no me sigan.

 

Bajó las escaleras del estacionamiento, se subió al auto  y arrancó rumbo al campamento de los chicos.

Chapter 25: Capítulo 3: — Café, Protocolos y Secretos Galácticos.

Chapter Text

Una hora y media después.

Campamento de los Chocobros.

Cor llegó a las afueras del campamento.

 
El Regalia reposaba junto al camino, reluciente entre el pasto. Cor estacionó a su lado, bajó del auto y se quedó unos segundos mirando el lugar.

 

—Sigue igual —murmuró, con las manos en la cintura.

 

De pronto, desde la tienda almacén salió caminando el Moguri, cargando varias cajas apiladas, mientras el Carbuncle de Noctis descansaba felizmente en una silla.

 

—¡Oh, hola Cor! —saludó el Moguri con naturalidad.

 

Cor levantó la mano en respuesta y se acercó con su paso firme.


—¿Viste las noticias de ayer? —preguntó sin rodeos— Lo de la reconstrucción de Insomnia.

 
Y dime algo, tu Organización… ¿acaso está manipulando al Imperio?

 

El Moguri dejó la caja sobre una mesa y lo miró con una mezcla de ironía y resignación.


—Vaya, directo al grano, ¿eh? Supongo que no esperaba menos de ti.


Suspiró.


 —Eso será largo… ven, vamos a la tienda principal.

 

Ambos entraron, seguidos por el Carbuncle, que se subió a la mesa del fondo junto al microondas, moviendo su colita.

 

Cor observó el interior con curiosidad:


A la izquierda, el sofá de cuero, el proyector portátil, la lona blanca, una mesita llena de películas Red-Ray.


Pero al girar a la derecha… se detuvo en seco.

 

Frunció el ceño.


—¿Qué carajos es eso?

 

Una pizarra gigante, en letras grandes se leía:

 

PROTOCOLO E-47: OPERACIÓN INTEGRACIÓN DE ETIQUETA CON EXHIBICIÓN.

 

Debajo, una maraña de notas, diagramas y líneas rojas conectaban hojas con fórmulas, dibujos anatómicos y croquis tan elaborados que parecían sacados de un archivo clasificado… o de una comedia.

 

En el centro, destacaba un boceto detallado de Prompto: nervioso, flexionando el bíceps, mientras Noctis lo palpaba con expresión de vergüenza.

 
Más al fondo, un dibujo de Lunafreya observándolos con el rostro en blanco y una nota al costado:

 

Pendiente de reacción.

 

Y al pie, subrayada con impecable caligrafía de Ignis, una frase inconfundible:

 

Impacto visual mínimo aceptable: 39 cm de circunferencia.
 

 

Cor se llevó una mano al rostro, soltando un gruñido entre dientes.


—No puede ser…

 

El Moguri cruzó los brazos.


—Sí, lo sé, Es absurdo, ignis es así o quizá una de las facetas ocultas.


Se encogió de hombros.


—Y así reaccioné yo la primera vez que lo vi, Ignis dejó eso… como parte del análisis de campo.

 

Cor lo miró de reojo, sin palabras, mientras el Carbuncle soltaba un pequeño “kyu” que sonó sospechosamente parecido a una risa.


El Inmortal observó la pizarra en silencio.


—Eso es... raro —dijo— ¿Por qué Ignis haría esto? Jamás lo había visto preparar planes tan... elaborados. ¿Y por qué Prompto flexiona y Noctis lo... palpa?

 

El Moguri suspiró.


—Luego de un tiempo lo entendí, Prompto se sentía fuera de lugar, débil al lado de ellos. Empezó con lo de flexionar como una forma de... reafirmarse o algo así y Noctis lo acompañó para que no se sintiera solo, esa parte de “palpar” fue su manera de decirle que era parte del grupo, no una carga.

 

Cor cruzó los brazos y asintió con gravedad.


—Ya veo... así que todo esto nació por empatía, no lo imaginaba, pero tiene sentido.

 

El Moguri caminó hasta la pizarra y señaló el retrato sin rostro de Lunafreya, junto a la nota:


Pendiente de reacción.


—Y mira esto. Tiene anotadas posibles respuestas: enojo, asombro, rechazo, felicidad... incluso un diagrama de “respuestas de contingencia”, creo que Ignis planeaba aplicar este protocolo en la boda de Noctis y Luna.

 

Cor se quedó inmóvil unos segundos.


—¿QUÉEEEEE? ¡Eso es imposible! ¡Sería la mayor vergüenza de todo Lucis... no, de todo Eos!

 

—De toda la Galaxia —corrigió el Moguri con calma.

 

Cor exhaló profundamente y se frotó el rostro.


—Bien, cuando regresen del otro planeta, voy a tener una charla muy larga con Ignis.


 Hizo una pausa, mirando la pizarra con resignación.


—Y voy a necesitar un café antes de eso.

 

El Moguri sacó una cafetera de la caja debajo de la mesa y lo colocó

El aroma del café recién hecho llenó la tienda.


Cor se sentó en el sillón junto al sofá, mientras el Carbuncle se acomodaba sobre la mesita del centro, moviendo la cola con curiosidad.

 

El Moguri sirvió tres tazas: una para Cor, otra para el Carbuncle y una para él mismo, que acompañó con un bol de snacks.

—Aquí tienes —dijo mientras le pasaba la taza a Cor— Caliente, sin azúcar. Te vendrá bien.

 

Cor asintió y dio un sorbo.


—Bueno… entonces, primero: ¿esa Organización tuya manipula a Niflheim? ¿Al emperador?

 

El Moguri lo miró con seriedad.


—Antes de responder, debo advertirte algo. Lo que vas a escuchar te parecerá absurdo, imposible, fuera de toda lógica… casi ciencia ficción. ¿Estás listo?


Y bajó la voz


Es un secreto absoluto. No se lo digas ni a los chicos, ni a las chicas, ni a nadie. ¿Entendido?

 

Cor frunció el ceño.


—Entendido.

 

El Moguri giró hacia el Carbuncle.


—Y eso vale para ti también, orejitas. Nada de contárselo a Noctis.

 

El Carbuncle asintió solemnemente, con las orejas tiesas.

 

El Moguri tosió y continuó:


—No puedo decir mucho aún, pero… vengo de una Organización Galáctica, Su función es salvar mundos con especies inteligentes de la extinción, catástrofes, plagas y cosas que podrían borrar civilizaciones enteras.

Hizo una pausa

— Mi misión aquí, en Eos, es evitar una catástrofe futura causada por una anomalía, No es inminente, pero ocurrirá… con el tiempo.

 

Cor dejó la taza en la mesa y lo miró fijo.

—¿Y esa anomalía… qué es exactamente?

 

El Moguri se inclinó, acercó su boca al oído de Cor y susurró unas palabras.

 

Cor se quedó helado.

—¿QUÉÉÉÉ? ¡Eso es imposible! ¿Alguien de Niflheim? ¡No puede ser!

 

El Moguri asintió con gravedad.


—Por eso debes mantenerlo en secreto absoluto, los chicos no saben quién es, ni su aspecto, todo se revelará a su debido tiempo, cuando yo lo diga.

 

Se recostó en el sofá y dio un sorbo a su café.


—En unos meses, llegará algo que cambiará el futuro de Eos, Y por primera vez en dos mil años… las noches serán seguras, será el fin de la Plaga Estelar y Cadentes.
Eso es todo lo que puedo decirte por ahora. Quizá, con autorización de mis superiores, te cuente más adelante.

 

Cor se quedó pensativo.

—¿Y qué gana tu Organización con salvar Eos?

 

El Moguri sonrió levemente.

—Nada que no sea esencial, asegurar la supervivencia, La Organización existe desde hace milenios, abarca muchos mundos y vela por la estabilidad galáctica, aunque una civilización aún no haya alcanzado el viaje interestelar, si está en peligro, intervenimos en secreto. Siempre fuera del ojo público de ese mundo, a veces con apoyo de sus gobiernos… cuando hay gobiernos que cooperan.

 

Cor bajó la mirada, removiendo el café en silencio.

—No esperaba algo así. Pensaba que eran una fuerza oscura. Tenía mis dudas, sobre todo cuando Su Majestad Regis me dijo aquella frase… y decidió confiar en alguien venido de fuera de Eos.

 

Cor apoyó un codo en la mesa, pensativo.
 

—Bueno… me ha interesado saber qué hay más allá de Eos. Dime, ¿de dónde vienes exactamente? ¿De algún planeta?

 

El Moguri asintió, tomando otro sorbo de café.
 

—Sí. Vengo de un planeta llamado Selvion. Es el mundo natal de mi subespecie:

Moguri Selviano.
 

 

Dejó la taza en la mesa y sonrió con cierto orgullo

 

— Es un mundo con vastos océanos turquesa, bosques inmensos y ciudades tipo ecológica nuestra civilización está en plena etapa espacial; dominamos el viaje interestelar hace cientos de años y somos uno de los mundos miembros de la Orden.

 

Cor levantó una ceja.


—Interesante. Aunque… siempre me he preguntado algo.


Hizo una pausa y añadió con un leve gesto de ironía


—Aquí, los Moguris existen solo en leyendas y en historias infantiles, pequeños, redondos y con pelotas enormes.

Soltó una leve risa


—¿Será que los de este mundo están extintos… o simplemente ocultos? La última vez que se habló de uno fue hace 100 años, en los bosques de Tenebrae y rumores en el continente al este de Lucis, Ikune.

 

El Moguri cruzó los brazos, pensativo.


—Hmm… es posible que haya más de mi especie por aquí. Quizá algunos sobrevivieron y se adaptaron.

Levantó la mirada hacia Cor

—Oye, ¿y no han explorado ese continente?

 

Cor negó con la cabeza.


—Poco.


Su voz tomó un tono más analítico.


—Hace dos mil años, antes de que apareciera la Plaga Estelar, hubo expediciones, pero no prosperaron, el Océano Aztlán es traicionero: huracanes enormes azotan la región, a veces por semanas enteras.


Se acomodó en el asiento


—Cuando iniciamos el programa espacial, hace décadas, logramos ver el continente desde órbita, hay ciudades, estructuras carreteras… incluso luces durante la noche, que significa que si mantiene a raya a los cadentes, intentamos establecer contacto, pero las corrientes aéreas son demasiado inestables para pasar con una aeronave y desde el espacio, desde los satelites, enviamos señales pero no hay respuesta.


Hizo un gesto con la mano

 

— Incluso desde el otro lado del planeta, desde el continente de Tenebrae y Niflheim, hacia el oeste, los vientos son igual de violentos.

 

El Moguri chasqueó la lengua.
 

—Entonces, un continente entero aislado por tormentas… fascinante —Levantó las orejas, intrigado— Si hay Moguris ahí, quizá aún mantienen vínculos con mi especie.

 

Cor lo observó con atención.


—Sería un hallazgo importante.


Hizo una pausa


—Aunque debo admitir, Selvion y esa Orden tuya suenan menos fantasía de lo que esperaba.

 

El Moguri soltó una risa baja.


—Créeme, para mí también fue difícil creer que este mundo Eos, tenga magia basado en ese cristal, profecías de Astrales pasivos y cafés tan buenos.


Cor se reclinó en el sillón y cruzó los brazos.


—Y bueno… ¿a dónde los enviaron?


 Levantó una ceja con sospecha


—No me digas que fue a un mundo lleno de esos seres alienígenas como en las películas… los chicos estarán aterrorizados.

 

El Moguri se aclaró la garganta con suavidad, preparando el ambiente.

 

—Primero que nada... sí, existen otros seres. Muchos.

 

Hizo una pausa dramática, levantando una oreja.

 

—Pero esto cambiará tu perspectiva sobre esa vieja teoría de estar solos en el universo, incluso en lo referente a especies idénticas. Te equivocas, Cor.

 

Se inclinó, bajando la voz.

 

—Hay más mundos habitados por humanos. Siete, para ser exactos... por ahora.

 

Cor se puso de pie de golpe, a punto de derramar su café.

 

—¡¿Qué?! ¿Más mundos humanos? ¡Eso es imposible!

 

Comenzó a caminar por la tienda, llevándose las manos a la cabeza.

—Eso… eso lo cambia todo!. El origen, la historia, la mitología… ¡todo!

 

El Moguri alzó las manos, intentando calmarlo.

—Shhhh, sí, sí, lo sé. Impactante, ¿verdad? Pero tranquilízate, viejo guerrero. No es tan grave como parece.

Sonrió con cierta picardía

—Créeme, en mi mundo, el público tardó meses y algunos años en asimilarlo, cuando se enteraron de que no estaban solos en el universo, justo después de realizar su 1er viaje hiperespacial, hace cientos de años.

 

Cor regresó a su asiento, suspirando con fuerza.

—Necesito más café. Más fuerte.

 

El Moguri asintió y sin decir palabra, fue a preparar otra jarra. El aroma fresco llenó la tienda.

Minutos después, dejó la jarra humeante sobre la mesita del centro. Cor vertió una buena cantidad en su taza y bebió un largo trago.

 

—Entonces… —dijo finalmente— ¿Cómo es ese mundo al que los enviaste?

 

El Moguri se acomodó en el sofá, con las alas ligeramente extendidas.

—Se llama La Tierra. Es un mundo humano, seguro. No hay guerras globales… ni plaga estelar. De hecho, la plaga solo existe aquí, en Eos.

Hizo girar su taza entre las manos.

—La diferencia principal está en su civilización. Es parecida a la suya, pero algunas cosas están más avanzadas… y otras, sorprendentemente, más atrasadas que Lucis. Hay ciudades comparables a Insomnia, incluso son mas grandes.


Levantó un dedo, señalando al techo como si describiera un mapa invisible.

—Las noches son seguras, no existen monstruos. Quizá a algunos animales salvajes, pero nada más. Tienen 195 países y una versión local de la Orden, una Rama Humana que opera en secreto. Se encarga de supervisar mundos humanos.


Hizo una pausa, con tono misterioso


— La Orden sólo se revela al público de ese mundo cuando una civilización logra el viaje hiperespacial por sí misma. Entonces se hace publico y se integra como miembro pleno.

 

Cor lo miró fijamente, procesando cada palabra.

—Entonces… ¿los chicos están en contacto con esa Rama Humana? ¿Y tú perteneces a ella? Siendo de otra especie… ¿eso es posible?—Hizo un gesto con la mano— ¿Existe una Rama de Moguris también?

 

El Moguri asintió.

—Los chicos están bien. Por ahora no han contactado aún con la Rama Humana, primero deben asimilar el impacto cultural.


Sonrió, bajando un poco la voz.


—Están con una familia que los acoge y los cuida, no hay peligro.

 

Luego se apoyó en el respaldo del sofá, mirando el techo. 

 

—Y sí, hay una Rama Moguri, claro, en Selvion, se encarga de mundos Moguri pero ayuda con la Rama Humana, pero La Orden es multiespecie. No importa la forma ni el origen de su mundo, sino las capacidades.

Levantó su taza con orgullo

—Algunos, como yo, servimos como agentes de campo: espiamos, negociamos… otros son oficinistas, ingenieros o médicos —Hizo un gesto divertido— Aunque, si me das a elegir, prefiero mi trabajo actual. Menos papeleo y más café.

 

Cor dejó escapar una leve sonrisa.

—Vaya… así que seis mundos humanos, civilizaciones múltiples y un Moguri que trabaja para una Organización Galáctica.


Se recostó en la silla y murmuró con ironía


— Y yo que pensaba que el Imperio de Niflheim era lo más complicado del universo.

 

El Moguri rió por lo bajo.

—Créeme, Cor. Comparado con la burocracia interplanetaria… Niflheim es un picnic.

 

Cor dejó su taza en la mesa, la mirada fija en el Moguri.


—Y dime algo… ¿cómo localizaron a Eos? ¿Cómo supieron de su geopolítica, de nuestras guerras, de los reinos, del Imperio?


Se inclinó un poco hacia adelante, su voz más baja y cargada de sospecha.


—¿Y por qué Lucis? ¿Por qué a su Majestad Regis? ¿Por qué no Niflheim?

 

El Moguri respiró hondo, girando la taza entre las patas enguantadas.

—Eos… fue detectado por accidente —empezó— Una red de observatorios automáticos de La Orden captó una anomalía energética, un pulso fuera de lo común, en una zona de su cuadrante. Era un eco, una especie de resonancia gravitacional, pero con un patrón que solo se ha registrado en mundos donde existe conciencia colectiva… donde hay civilizaciones inteligentes.


Alzó su mirada, seria, casi científica.


—Eso llamó la atención del Departamento de Supervisión de Mundos en Riesgo. Enviaron sondas no tripuladas y cuando las primeras imágenes llegaron, vimos Eos: Dividido, fragmentado por conflictos y con una tecnología dispar… magia, máquinas, energía rara.. Era un mundo con futuro, pero con grietas peligrosas.

 

Cor lo escuchaba en silencio, los ojos entrecerrados.


El Moguri continuó, con tono medido:


—Al principio se pensó que el Imperio era el punto clave, su expansión y ciencia avanzada los hacía parecer los guardianes naturales del mundo. Pero luego… las sondas detectaron otro tipo de energía, distinta. Una frecuencia más estable, más armónica. Provenía de este continente, Reino de Lucis.

 

Hizo una pausa y bajó la voz, como si lo que iba a decir no debía oírlo ni el viento.


—La Orden tiene una forma de ver más allá del presente. No es magia, ni predicción en el sentido que ustedes entienden. Es una tecnología que interpreta líneas causales… los hilos probables del tiempo. Es como observar una película de un futuro posible, pero sin poder tocarla.


Tomó aire, y continuó.


—En una de esas proyecciones, hace siete años, se vio algo terrible, para el año 756, Una oscuridad que se expandía desde el corazón del mundo y un estallido sobre La Ciudadela de Insomnia.


Sus orejas se inclinaron ligeramente.


—La información fue entregada a Lucis porque fue el único reino cuya línea de sucesión mostraba estabilidad emocional, sentido de deber y… empatía. El rey Regis era el mejor enlace posible. No buscaba poder, sino equilibrio.

 

Cor frunció el ceño.

—Entonces… ¿ese “mensaje” que el rey recibió…?

 

El Moguri lo interrumpió suavemente, girando su oreja como si desviara la atención.

—Digamos que revela más que La Santálita, ¿verdad? Una especie de visión del futuro.

 

Cor se quedó en silencio unos segundos, comprendiendo entre líneas.


—Entonces… el rey sabía. Sabía que Insomnia caería.—Su voz se tensó— ¿Y no hizo nada para detenerlo?

 

El Moguri se enderezó lentamente.


—No es tan simple. Cuando se ve una línea del futuro, no es una sola posibilidad, sino miles.


Tomó la taza y la giró una última vez.


—El problema es que el tiempo se comporta como un tejido elástico: si tratas de evitar un punto, el tejido se estira, pero la tensión lo atrae de nuevo al mismo sitio.


Levantó la mirada, seria y cansada.


—El rey lo entendió. Si intentaba cambiar lo que vio, la catástrofe solo se habría desplazado a otro lugar… peor. Tal vez a todo Eos.


Hizo una pausa y bajó el tono.


—Así que decidió jugar el papel que el futuro le había asignado. No detener el desastre, sino asegurarse de que, cuando ocurriera, alguien pudiera reconstruir lo que quedara.

 

Cor bajó la cabeza, mirando el café ya frío.

—Así que… él lo sabía todo ese tiempo.

 

El Moguri levantó la vista

— En resumen: Regis no perdió la ciudad. La entregó… para salvar el mundo.

 

Cor murmuró.


—Entonces… él lo sabía todo. Incluso que moriría.

 

El Moguri hizo una pausa, tomando un sorbo de café antes de continuar.

—Además, Cor… —dijo en un tono, como compartiendo un secreto— Tengo un holograma que grabé de su rey, antes de la firma del tratado. Mensajes, para Noctis y los demás, e incluso para usted.


Se inclinó un poco hacia Cor.


—Pero no es el momento de entregarlo. Solo se revelará después de que Noctis y sus aliados logren derrotar a la Anomalía.

 

Cor arqueó una ceja, sorprendido, pero no interrumpió.

 

El Moguri continuó, con seriedad contenida:


—Y por cierto… sobre el cuerpo del Rey. Está en una cámara de criogenia segura, en un lugar oculto de Insomnia. Me aseguré de ello tras la retirada de Glauca. Nadie más sabe su ubicación exacta.

 

Cor abrió los ojos, incrédulo.

—¿Criogenia? ¿Eso es real? Pensé que solo existía en las películas... Nosotros no tenemos esa tecnología.

 

El Moguri soltó una pequeña risa nasal.


—Jeje… es una vieja tecnología, muy vieja. Se usaba en los 1eros vuelos interestelares, antes de la invención del viaje hiperespacial. —Apoyó las manos sobre la mesa, con aire de quien comparte algo que no debería— Pero tiene otros usos… y, bueno, uno de ellos fue preservar algo que aún tenía valor.

 

Cor bajó la mirada a su taza, asimilando la idea.

—Entonces... el cuerpo del Rey Regis… sigue ahí.

 

—En efecto —respondió el Moguri con serenidad— En reposo, sin deterioro.

 

Cor exhaló con alivio, una sonrisa tenue escapándosele apenas un segundo.

—Bien hecho… —murmuró— Has salvado el cuerpo del rey. Así Noctis podrá enterrarlo con honores, cuando todo esto acabe.

 

El Moguri asintió despacio.

—Eso sería lo justo.

 

Cor se levantó del sofá, estirándose un poco.

—Bueno… entonces no divulgaré esos secretos. Se queda entre nosotros.

 

El Moguri asintió con un leve movimiento de cabeza.


—Agradecido, Mariscal.

 

Cor cruzó los brazos y sonrió apenas.


—Y un día… quisiera hacer un combate amistoso. Solo para ver si eres capaz de proteger a los chicos.

 

El Moguri se puso las manos en la cintura, inflando el pecho.

—¿Un duelo conmigo? Jeje, cuidado, que no respondo si accidentalmente te dejo sin espada antes del primer movimiento.

 

Cor arqueó una ceja, divertido.

—Ya veremos.

 

Entonces se giró hacia la entrada de la tienda… y se quedó paralizado.


Frente a él, a solo unos centímetros, un lente azul lo observaba con una luz intermitente.

 

Biip-Buop-Zzt!

 

Cor dio un paso atrás.


—¿Qué demonios es eso?

 

El Moguri soltó una risita.

—Eso es un droide, ID10, parecido de sus películas de La Guerra de las Estrellas, vigila a los Chicos.

 

Cor entrecerró los ojos, examinando la pequeña máquina flotando por antigravedad.


—Así que vigila a los chicos, ¿eh? Espera un momento… ¿también a la Señorita Lunafreya y las chicas?

 

El Moguri se encogió de hombros, divertido.


—Jeje, sí… a todos. Es parte del trabajo de supervisión interplanetaria.

 

Cor suspiró, mirando al droide que ahora emitía otro pitido curioso.


—Vaya… el futuro se vuelve más raro cada día.

 

ID10 emitió un parpadeo azul y su lente cambió de tono a un blanco brillante.


—Bip-wiiiiip!

 

Cor lo observó, tenso.


—¿Qué estás haciendo ahora?

 

Antes de que el Moguri pudiera responder, una pequeña compuerta se abrió en la cabeza del droide y de ahí salió disparado un diminuto proyectil metálico que zumbó por el aire y se posó encima de la mano de Cor.

 

—¿Qué…? —Cor levantó la mano instintivamente.

 

El objeto se desplegó como un pequeño ciempiés mecánico, las diminutas patas se adhirieron a su piel y comenzaron a moverse hasta rodear la muñeca. En segundos, el dispositivo se transformó en un brazalete de metal oscuro con líneas luminosas verde que pulsaban suavemente.

 

Del centro se proyectó un holograma esférico: el mapa de Eos, girando lentamente en el aire, con marcadores rojos, azules y verdes distribuidos sobre los dos continentes de Lucis y Tenebrae y Niflheim y el continente de Ikune en el lado nocturno del planeta, con luces de ciudades y mostrando “sin datos”

 

Cor parpadeó, desconcertado.

—¿Qué carajos…?

 

El Moguri, que lo observaba con satisfacción, cruzó los brazos.


—Con eso podemos comunicarnos, se llama ID10-B. Además, te protegerá. Si te atacan, ese brazalete emitirá un escudo defensivo automático. Ni un misil te rozará.

 

Cor se quedó mirando el holograma unos segundos, aún sin procesar.


—¿Ni un misil…?

 

El Moguri sonrió.


—Ni un pensamiento hostil, si lo configuro bien.

 

Cor soltó una risa seca.

 

—Bueno, eso sí que es nuevo… Supongo que ahora oficialmente tengo tecnología alienígena en la muñeca.

 

El Moguri guiñó un ojo.

—Bienvenido al Club.

 

Luego, Cor miró el reloj de pulsera; el sol comenzaba a teñirse de naranja sobre las copas de los árboles.


—Debo irme antes del anochecer —dijo, poniéndose de pie— Ya sabes… cadentes.

 

El Moguri asintió con una leve sonrisa.


—Claro, y cuidado con los caminos.


Cor se colocó los guantes, echó una última mirada al brazalete que aún emitía un débil resplandor verde, y se encaminó hacia la salida de la tienda.


—Nos veremos pronto, Agente 5. No sé cuándo… pero pronto.

 

—Estaré esperándote —respondió el pequeño agente, con una leve reverencia.

 

El sonido del motor del auto. se perdió entre los árboles.


El Moguri suspiró, miró al Carbuncle dormido sobre la mesita —acurrucado, respirando con suavidad— y murmuró:


—Bueno… seguimos ordenando las cajas. Luego la cena.

 

Tomó una de las cajas de suministros, la colocó en su sitio y, mientras lo hacía, el pequeño Carbuncle se removió un poco, dejando escapar un suave sonido en sueños.

 

El Moguri sonrió.

—Descansa, pequeñín.

Chapter 26: Capítulo 4: — Informe Interestelar…

Chapter Text

14 agosto 756, mañana.


Campamento de los Chocobros.

 

El sol se filtraba entre las ramas, pintando de oro las lonas del campamento.

El Moguri —aún con la capucha baja y la mirada tranquila— se desperezó sobre el sofá de cuero.
 

A su lado, el pequeño Carbuncle de Noctis bostezó y se estiró, con la cola temblando suavemente.

 

—Buenos días, pequeñín —murmuró el Moguri, encendiendo la hornilla portátil.

 

El aire pronto se llenó con el olor a pan tostado con mantequilla, tomates, quesos y café.


Ambos comieron en silencio, acompañados solo por el canto lejano de los Chocobos salvajes.

 

Todo parecía calmo… hasta que un leve pitido metálico interrumpió la quietud.

 

Piii-piiiiiiip.

 

El sonido provenía del dispositivo que el caza V01 le había entregado días atrás.


El Moguri giró la cabeza con gesto serio.

 

—Oh… —susurró— Llamada entrante del Alto Mando.

 

Dejó su taza sobre la mesa y se acercó al artefacto, que reposaba sobre la mesita.
 

Se sentó, sus orejas tensas.

 

—Amiguito —le dijo al Carbuncle con tono suave—, debo atender esto. Es privado.

 

El Carbuncle  asintió, soltando un kyu comprensivo, y trotó hacia el riachuelo para bañarse.

 

El Moguri tomó aire, presionó el botón central del dispositivo…


Y un holograma emergió, formando la figura de otro Moguri.

 

El recién aparecido está cubierto por una túnica gris con líneas bronce.

Tenía un pin con tres triángulos en fila.

 

El Moguri se irguió y se inclinó con respeto.

 

—Señor Director Kipus, del D.I.O.E. Agente 5 reportándose, kupo.

 

El holograma lo observó con una calma.
 

Su voz resonó con un eco grave, medido, casi ceremonial:

 

—Agente 5, confirmo recepción de la transmisión. La Jefa me informó que los Chocobros llegaron con éxito al planeta Tierra el 10 de agosto de 2025.

 

Fueron acogidos por la familia de la Jefa desde el día 11.

Actualmente están adaptándose al entorno local. En pocos días serán trasladados a la instalación de Tokio y luego, en unos meses, procederemos a la Fase 5 del Proyecto.


Si todo sigue según los cálculos, el evento decisivo ocurrirá entre diciembre y enero, 757 Eos / 2026 Tierra.

 

Kipus hizo una pausa.


Su voz bajó en tono, inquisitiva:

 

—¿Novedades desde tu puesto, Agente 5?

 

El Moguri entrelazó las manos sobre la mesa.


—Sí, Director. Por una serie de… coincidencias, se expuso mi tapadera ante el Inmortal, Cor Leonis.

 

Kipus se mostró sorprendido.


—¿Cor Leonis? ¿El Mariscal de la Crownsguard?

 

—Así es —respondió el Agente 5— Pero todo bajo control. Pronuncié la frase de seguridad y él respondió correctamente: “A Ginza.”


Por tanto, fue validado como aliado. Mantendrá el secreto y no informará a los demás, ni a las chicas, kupo.

 

El director asintió, aunque su semblante seguía tenso.


—¿Y el cuerpo del Rey Regis?

 

—Está a salvo —replicó el Moguri con serenidad— Lo trasladé personalmente a una cámara de criogenia y lo oculté en un lugar secreto en Insomnia, después de la retirada del General Glauca.

Cuando Noctis derrote a la Anomalía, podrá darle un entierro digno.

 

Kipus pareció relajarse, aunque apenas lo suficiente para dejar escapar un kupo pensativo.

 

—Bien hecho, Agente 5. Continúa.

 

El Moguri apoyó los codos en la mesa, su tono bajó a confidencial.

—Respecto a las chicas… siguen su itinerario normal. ID11 mantiene vigilancia constante. No parecen intentar contacto con los chicos, se limitan a sus viajes por Lucis.

 

Sin embargo, sospecho que La Oráculo percibe algo. Es… difícil de leer. Podría tener planes propios, kupo.

 

Kipus ladeó la cabeza.

 

—¿Consideras que descubrirá la Operación?

 

El Moguri meditó unos segundos, luego negó con calma. 

 

—No. A pesar de su sensibilidad, mantiene la distancia. No ha interferido, solo… observa.

 

—Excelente, ¿Y la Anomalía?

 

—El Agente 2 continúa con la vigilancia —respondió el Moguri— Ayer detectamos un cambio: el gobierno provisional de Insomnia anunció públicamente el inicio de su reconstrucción.

 

El holograma asintió.
 

—Perfecto. La semilla implantada está dando resultado. Ese cambio emocional será crucial para el desenlace final.

 

El Moguri, satisfecho, sonrió de medio lado.
 

—Sí, Director. Las piezas se están alineando.

 

—¿Y el Agente 13? —preguntó El Moguri.

 

Kipus dijo:

 — Está en tránsito, llegará hoy a las instalaciones. La Jefa se encargará de su juicio más tarde.

 

El Moguri bajó la cabeza, pensativo.
 

—Por poco se arruina la operación…

 

—Así es, Agente 5. Pero la situación se estabilizó, tenemos las grabaciones de ID10 y ID11.
V01 llegó al destino hace dos horas y está en proceso de descargar datos del sobrevuelo de Gralea, datos útiles para la Rama Humana de La Orden.


Prepararé la conferencia general con la Jefa y los miembros de La Orden en los próximos días.

 

El Moguri se puso de pie, formal.
 

—Entendido, Director Kipus. A la espera de instrucciones, kupo.

 

El Director asintió, satisfecho.

 

 —Buen trabajo, Agente. Fin de transmisión.

 

El holograma se desvaneció y el silencio volvió al campamento.

 

El Moguri soltó un suspiro.

 
—Bueno… eso fue más tranquilo de lo esperado.

 

Desde el riachuelo, el Carbuncle regresó secándose con su cola, soltando un kyu interrogativo.
 

El Moguri sonrió.

 —Nada importante, pequeñín. Solo… política interplanetaria.

 

Se levantó, estirándose.
 

El viento movía las lonas del campamento, el cielo despejado prometía un día tranquilo.


Gralea, Niflheim.

 

El sol veraniego se reflejaba en los rascacielos de cristal de Gralea, bañando la ciudad imperial con un resplandor dorado que parecía ajeno al peso de la guerra.

Las aeronaves del Imperio cruzaban el cielo con lentitud solemne, proyectando sus sombras sobre las calles atestadas de tráfico y gente.

 

Una de aquellas sombras se desplazó lentamente sobre los bulevares centrales hasta revelar un auto negro, pulido, de líneas elegantes.


Dentro, el Canciller Ardyn Izunia conducía con la tranquilidad de quien disfruta un paseo en un teatro que sólo él comprende.

 

Su mirada vagaba entre los reflejos de los vidrios y el tránsito.


El semáforo se tornó rojo.

 
Ardyn detuvo el vehículo y, con voz baja y tono melódico, murmuró:

 —Ah, Gralea… tan reluciente por fuera y tan podrida por dentro. ¿No es adorable mi Imperio? —río suavemente mirando al lector, el eco de su propia ironía llenando el silencio del coche.

Sus ojos, reflejados en el retrovisor, mostraban la calma de un actor que se prepara para su mejor escena.

El semáforo cambió a verde y el auto avanzó, perdiéndose entre el tráfico de aeronaves y edificios.


A varios kilómetros atrás y en el cielo una silueta surcaba el aire:


El Agente 2, el Moguri francotirador, lo seguía desde la altura de los edificios, con las alas extendidas y su visor táctico encendido.

 

—Objetivo en movimiento —susurró— Rumbo a la Fortaleza de Zegnautus.

 

A su lado flotaba el droide ID09, cuya lente fijos al auto del canciller.


 

El Moguri descendió en picada, posándose en la cornisa de un edificio frente a la fortaleza.
 

La estructura se alzaba como un coloso negro, atravesando las nubes, 

 

Hora de las sombras… —murmuró el Agente 2.

 

Desplegó sus alas una vez más y voló hacia el costado del edificio y voló hacia arriba.


Encontró una rejilla de ventilación, la forzó con un leve destello de su guante y se deslizó dentro del respiradero, sin hacer un solo ruido.

 

ID09 permaneció en el exterior, vigilando.


—Bip uppp!.


Frotaleza de Zegnautus.

 

Dentro, el Moguri avanzaba en silencio por los ductos metálicos, siguiendo las luces proyectadas por el holograma flotante.

 

En el interior, Ardyn subía por el ascensor principal.

 

Ajustó su chaqueta, pasó una mano por su cabello y observó su reflejo en el espejo pulido.

 

—Hora del acto tres —susurró con una sonrisa apenas visible.


Sala del Trono del Emperador.


Cuando las puertas se abrieron en el piso 32, el Canciller salió y caminó por un corredor de mármol oscuro.


Las puertas dobles al fondo se abrieron con un estruendo suave.

 

Un salón majestuoso: columnas negras, lámparas suspendidas y un trono en el fondo donde lo esperaba el Emperador Ledolas Aldercapt, envuelto en su capa rojo.

El eco de los pasos de Ardyn resonó por toda la cámara.

 

—Mi Emperador —dijo Ardyn, inclinándose teatralmente—. Qué honor verlo tan radiante esta tarde.

 

El viejo emperador entrecerró los ojos.

—Canciller, he recibido reportes inquietantes. Me informan que usted ha planeado la reconstrucción de Insomnia y lo has hecho público el 12 de agosto, Besithia está furioso.

Dice que usted… no está en sus cabales —Se inclinó hacia adelante— ¿Cuál es su juego, Ardyn?

 

El Canciller sonrió, un destello en sus ojos que no era humano, Se acercó al trono con pasos lentos, su voz baja y modulada, casi hipnótica.

 

—Mi querido Emperador… ¿de verdad cree que dejar en ruinas una capital conquistada nos favorece?
Reconstruirla bajo el estandarte del Imperio es la mejor forma de demostrar dominio. Un símbolo de poder, no de destrucción.
La gente recordará que fue Niflheim quien la levantó de las cenizas.


El Emperador lo miró con desconfianza.

—¿Y qué dirá Besithia? Has suspendido la producción magitek por su culpa.

 

Ardyn extendió los brazos con falsa modestia.

—Ah, Verstael… tan apegado a sus juguetes, Pero su ejército ya no es necesario, Emperador, el pueblo necesita esperanza, no máquinas. Un enemigo destruido no debe ser humillado, sino reeducado.

 

El tono suave y cadencioso de Ardyn tenía algo de venenoso.

 
El Emperador frunció el ceño, pero su mirada comenzó a perder firmeza, su respiración se volvió lenta.

 

Ardyn se inclinó, su voz casi un susurro.

—Piense, Emperador… reconstruir Insomnia bajo nuestro nombre… usted pasará a la historia como el Emperador que restauró Eos.

 

El silencio llenó la sala.
 

El viejo Emperador se reclinó, como si aquella idea le hubiera sido suya desde el principio.
 

—Quizá… no sea tan mala idea —murmuró, la voz quebrada— Sí, reconstruirla, claro… un símbolo imperial…

 

Ardyn sonrió con satisfacción, inclinando la cabeza.

 —Exactamente, my lord. Usted siempre ve más allá.

 

Desde el respiradero, el Agente 2 observaba cada movimiento.
 

Sus sensores detectaban alteraciones energéticas sutiles alrededor del Canciller.
 

—Confirmado… —susurró por el comunicador— Manipulación psíquica de bajo nivel. La Anomalía sigue usando el “velo” para controlar la voluntad.

 ID09, protocolo de vigilancia ampliado. Si interfiere con el plan de la Orden, actuaré.

 

Bip-du-uip! —pitó el droide.

 

Ardyn dio un paso atrás, con una reverencia impecable.

 

—Mi Emperador, le aseguro que el Imperio de Niflheim será recordado por su generosidad.


Ledolas, ya completamente bajo su influencia, murmuró:
 

—Haz… lo que debas, Canciller.

 

Ardyn sonrió, esa sonrisa serpenteante que nunca alcanzaba los ojos.
 

—Por supuesto. Siempre por el bien del Imperio.

 

Giró sobre sus talones y se marchó.
 

Su capa negra ondeó con la brisa del sistema de ventilación.

 

Desde las sombras, el Moguri siguió la escena hasta que las puertas se cerraron.
 

Luego exhaló despacio.
 

—La Anomalía sigue dentro de los parámetros… por ahora.

Minutos después, Ardyn salió de la sala, sus pasos resonando entre los pilares.
 

El Agente 2 esperó. Cuando el sonido se desvaneció, retrocedió por el conducto de aire y emergió al exterior, desplegando sus alas negras bajo el atardecer rojizo.

 El viento de Gralea rugió en su rostro mientras se elevaba, alejándose de la fortaleza.

 

Informe 045: la Anomalía mantiene su curso. Fase 5 sigue estable. Vigilancia continua.

 

El cielo de la capital se tiñó de escarlata mientras su silueta se perdía entre las sombras de las naves.

 

Chapter 27: Arco 7: ¡El Universo se Rompe en Pedazos!

Notes:

¡NOTA CRUCIAL! ¡antes de continuar al Arco 7!

 

A partir de ahora, se revelaría los sucesos de la novela paralela.

'FFXV: EL PROTOCOLO DE LO ABSURDO REAL: MISTERIOS EN OTRO MUNDO'.

Recomendamos encarecidamente haber leído dicho título para comprender completamente el viaje de los Chocobros a la Tierra y los nuevos personajes.

 

¡No digan que no les advertimos!

Chapter Text

Capítulo 1: — El Regreso de los Chocobros, la Confrontación y el Video del encuentro cercano de 5to tipo.

 

16 agosto 756, tarde.

Campamento de los Chocobros.


El día había pasado tranquilo, tibio, casi perezoso.
 

En la tienda principal, el Moguri lavaba los platos del almuerzo. Pasta con setas y crema de trufas. Nada mal para un agente encubierto en medio de Duscae.

 

El Carbuncle mascaba un pedazo de pan tostado, sentado junto al microondas.

 

El teléfono del Moguri vibró.

 

Una notificación apareció en pantalla con el sello del Departamento de Misiones del D.I.O.E.

 

Paquete entregado a los Chocobros.
 

Ya conocen a la Orden Astrae, solo algunas partes.
Aún no saben del juego FFXV—profecía pendiente.
Se revelará en la próxima visita a la Tierra.

 Misión continúa.
 

Proceda con la fachada de Guardián.
Chocobros en tránsito a Eos.
Tiempo estimado de llegada: 2 horas.

 

El Moguri respiró profundo.

 

—Bueno… llegó la hora de volver al teatro, kupo.

 

Se puso la túnica negra. 

 

Subió la capucha y ajustó las orejas dentro.

 

Luego se giró hacia el Carbuncle.

 

—¿Cómo me veo?

 

El Carbuncle soltó un kyu con una mezcla de ternura y resignación.

 

—Tal cual como la primera vez, ¿eh? —rió el Moguri bajito—. Noctis no debe saber nada, ¿sí? Tú tampoco digas. Confidencial.

 

El Carbuncle asintió con solemnidad de criatura divina.

 

Dos horas después, los árboles comenzaron a temblar.

 

 Un viento extraño rasgó las hojas.


Y a lo lejos, unos pasos, voces…

 Ellos.

 

Noctis, Prompto, Ignis y Gladio. Vinieron caminando 300 mts desde donde se abrió el portal, aún con la ropa que Misaki y Saeko les habían comprado en Tokio. Colores suaves, telas ligeras… el contraste con la ropa negra habitual era evidente.

 

El Moguri con su fachada de Guardián de los Regalos de Amistad Mal Canalizados, salió de la tienda  principal y agitó la mano, exagerado:

 

—¡¡Holaaa amigos!! ¡Bienvenidos! ¡Qué ropa más bonita! ¡Wow, wow, wow, pero qué estilo! ¿Es de algún reino extranjero?

 

Noctis abrió la boca para hablar, pero no hubo tiempo.

 

Gladio rugió.

 

—¡TÚ!

 

En cinco pasos alcanzó al Moguri, lo agarró por la túnica y lo levantó.

 

—¡NOS MENTISTE! ¡Casi nos dejas varados en otro mundo! ¡DANOS UNA BUENA RAZÓN PARA NO APLASTARTE AHORA MISMO!

 

Ignis se cruzó de brazos, frío.

 

Prompto estaba tenso, pero firme.

 

Noctis… bueno, Noctis tenía ese gesto de “te voy a regañar, pero primero entenderé qué pasó”.

 

El Carbuncle, alarmado, le saltó a la cabeza a Noctis.

 

—¡Kyu! ¡Kyu-kyu-kyu!

 

El teléfono de Noctis vibró.

 

 Lo sacó, perguntandose que pasó

 

En la pantalla:

 

¡NO! ES UN ALIADO, !NO LO MATEN!

 

Firmado: Carbuncle (con un emoji de sudor frío).

 

Gladio parpadeó.

 

 Ignis levantó una ceja.

 

Prompto se inclinó hacia Noc:

 

—¿El Carbuncle… te texteó?

 

—…sí —dijo Noctis.— vale, Gladio suéltalo por favor.

 

Gladio soltó al Moguri.

 

El pobre cayó de espaldas con un sonido “POMF” amortiguado por la túnica gruesa.

 

El Moguri se incorporó temblando… actuando, por supuesto.

 

—¡¡Regresaron!! ¡¡Están vivos!! ¡No saben lo preocupado que estaba! ¡Ese vórtice se salió de control, pensé que los había perdido para siempre! ¡Mi-mi-mi dispositivo se sobrecargó! ¡¿Están heridos?! ¿Dónde estaban? ¡Fue horrible, kupo!

 

Gladio lo miró con el ceño apretado.

 

—¿Qué…?

 

Noctis, Prompto e Ignis intercambiaron una mirada.

 

Había demasiada información.

 

Demasiado caos.

 

Demasiado Moguri.

 

Prompto habló primero:

 

—Oye, oye, oye, tenemos muchas cosas que preguntarte…

 

Pero el Moguri ya estaba caminando hacia atrás, sacudiendo las manos como si hubiera terminado un compromiso.

 

—Me alegra que estén bien, sí, sí, todo perfecto. Por cierto, limpié sus tiendas, ah y Prompto, Noctis… ¡ordené la suya! Estaba hecha un desastre, bueno, yo me voy. Tengo… eeeeh… asuntos importantes que atender. Una caja que arreglar. Cosas de Guardianes. ¡Nos vemos luego!

 

Prompto extendió la mano:

 

—¡Ey! ¡No hemos terminado contigo!

 

Pero el Moguri simplemente levantó una mano en gesto de despedida sin girarse.

 

Se metió en el bosque a toda prisa.

 

A los pocos pasos vio al Droide ID10 posado en una rama.

 

El Moguri levantó una mano.

 

ID10 chocó una pata con ella, como un saludo rápido.

 

—Bien —susurró el Moguri mientras ajustaba su capucha—. Hora de mi siguiente misión.

 

Desapareció entre los árboles.

 

ID10 flotando, enfocó su lente azul y se posicionó sobre una roca, enfocando al grupo de los cuatro recién llegados.

 

La vigilancia había comenzado otra vez.

 


De vuelta al Campamento.

El sol ya se había hundido bajo el horizonte cuando Ignis, con la compostura de un maestro de ceremonias y el estrés de un bibliotecario al que acaban de romperle los anteojos, ajustó sus lentes y miró a los tres Chocobros.

 

—Bien —dijo mientras consultaba su reloj—. Son las 4:56 p.m. vayan a bañarse, cámbiense a su ropa normal y vuelvan aquí, después prepararé la cena, luego tendremos la reunión. ¿De acuerdo?

 

Los tres respondieron casi al unísono:

 

—Sí.

 

El Carbuncle saltó del hombro de Noctis, lo miró con ojos brillantes y soltó un suave kyu de despedida

 

Noctis lo acarició detrás de las orejas.

 

—Nos vemos pronto, amigo.

 

Ignis llevó el bolso con los regalos de Misaki y lo dejó sobre la mesa junto al microondas.

 

Una hora después.

 

La noche ya había cubierto el campamento.

 

Los Chocobros estaban recién bañados, despeinados por la toalla y vestidos con su ropa negra habitual, listos para volver al ritmo de Eos.

 

Cenaron la pasta con trufas que el Moguri había dejado preparada; incluso Gladio admitió que “estaba bastante buena”.

 

Ignis terminó de comer, limpió los cubiertos y cerró la puerta de la tienda principal detrás de ellos.

 

—Bien, Iniciemos la reunión.

 

Los tres tomaron asiento en el gran sofá.

 

Ignis permaneció de pie, como quien está a punto de revelar la ubicación de un tesoro o anunciar el apocalipsis.

 

—Primero —comenzó— nada de lo que vimos en la Tierra debe contarse a nadie de Eos.
Ni a Luna —dijo mirándolo directamente a Noctis— Ni Cor, a nadie si?

 

Noctis tragó saliva.

 

—Entendido.

 

—Y ahora —continuó Ignis—, las fotos de sus teléfonos, del viaje.

 

Gladio levantó la mano.

 

—¿Qué hacemos con ellas?

 

—Las guardaremos —dijo Ignis— pero no en sus teléfonos. Saquen sus tarjetas MicroSD.

 

Invocó una laptop y la colocó sobre la mesita.

 

Noctis y Gladio, obedientes, pasaron las fotos a sus MicroSD, las extrajeron y se las entregaron a Ignis.

 

Ignis revisó los archivos, asintió una vez, satisfecho.

 

—Todo correcto. Los SD los guardaremos en un baúl bajo llave. Los aseguraré después.

 

Luego se giró hacia Prompto.

 

—Prompto, tú…

 

Prompto levantó la mano con una sonrisa demasiado nerviosa.

 

—Eeeeh… jeje… verán… en el vestidor de la base, cuando me puse la bata de laboratorio… encontré una maleta con la cámara espía. Así que… me la puse.

 

Noctis levantó una ceja.

 

—Entonces de ahí tomó las fotos del Anillo… y nos las enviaste por LINE.

 

Prompto se aclaró la garganta, pero no negó nada.

 

—No es eso lo que les quiero enseñar, lo que van a ver… les va a romper el universo, literalmente.

 

Noctis palideció.

 

—¿Hay algo más secreto que lo del Anillo, la Orden y Saeko?

 

Prompto conectó el cable de su teléfono a la laptop, abrió la carpeta de grabaciones y presionó play.

 

 

La pantalla se volvió azul. Luego…

 

La cámara espía mostraba un pasillo.
 

El sonido ambiental era tenue: pasos, ventilación, un zumbido distante.


La imagen giró en una intersección.


Y entonces apareció.


Y los 3 contuvieron la respiración.

 

Una criatura. Un ser. Un… algo.

No humano.

No de Eos. 

No de ningún bestiario.

 

Medía 2.5mts, tal vez más.
 

Su rostro era alargado, con mandíbulas inferiores como tenazas. (un Sangheili)


Llevaba una túnica blanco-verde con detalles metálicos y un pin con ocho triángulos. 


En el pecho, un logo:

Un círculo.
Nueve triángulos apuntando hacia adentro.
Y al centro, una A sin base.


De su brazo derecho emergía un holograma lleno de datos en un idioma incomprensible… salvo por un texto, pequeño, claro, imposible:


FFXV.

 

Prompto —el del video— empezó a sudar.

 

Y frente al sofá, Prompto —el de carne y hueso— se rascó su cabeza.

 

Noctis se llevó la mano a la boca.

 

Gladio murmuró:

 

—No puede ser…,No… no puede ser…

 

Ignis se inclinó hacia la pantalla.

 

—Esto… no es… posible…

 

En el video…

Prompto, paralizado, dejó caer la tabla de clip.

—¡TAC!—

El alien se detuvo.

Giró la cabeza hacia él.

Caminó.

Dos pasos.

Tres.

Prompto jadeó en el video.

La criatura recogió la tabla.

La observó.

Miró el dibujo:

Un Chocobo con lentes de sol haciendo el gesto de paz.

Luego dijo algo en un idioma como de rugido.

 

El Prompto del video tartamudeó:

 

—Es… un diseño preliminar… para… un proyecto de movilidad aviar…

 

El alien ladeó la cabeza.

Sus cuatro dedos y dos pulgares pasaron suavemente sobre el dibujo.

Entonces Prompto hizo lo más Prompto posible:

Sacó un llavero de una figurita de acción de un Chocobo naranja.

Se lo ofreció.

El alien extendió ambas manos, lo tomó con delicadeza…

lo giró…

lo inspeccionó…

Y emitió un sonido grave.

Satisfecho.

Se inclinó.
 

Devolvió la tabla.


Y se marchó.

 

Ignis presionó pausa.

Hubo un silencio espeso, Cargado, pesado como una bomba a punto de explotar.


Prompto cruzó los brazos, tragó saliva y dijo:

 

—Entonces… ¿Qué opinan?

 

Los tres explotaron.

 

—¡¡¡¿QUE OPINAMOS?!!!

 —¡¡ESO ERA UN ALIEN REAL!!!

 —¡¡CIVILIZACIONES ENTERAS!!

—¡¡¡EL UNIVERSO SE ACABA DE MULTIPLICAR POR DIEZ!!!
 

—¡¡¡¿PROMPTO, POR QUÉ LE DISTE UN LLAVERO?!!!
 

—¡¡¡EL DISEÑO PRELIMINAR DE QUÉ!!!

 —¡¡¡ESO ERA UN SER INTELIGENTE!!!

 —¡¡¡UN SER PENSANTE!!!
 

Gladio se agarró la cabeza.

 

—¡NO PUEDO PROCESAR ESTO!

 

Noctis estaba blanco.

 

—Prom… PROM… ¡Esto lo cambia todo! ¡Todo! ¡Todo el maldito universo!

 

Ignis, sin lentes —que habían caído sobre el teclado— se paró y fue a tomar la tetera.
 

Se sirvió té.
 

Se le derramó en las manos.

 

—No… necesito café. Mucho café. Café… extremadamente fuerte.

 

Prompto miró el caos que había provocado.

 

El pánico.

 

El existencialismo de proporciones cósmicas.

 

Sonrió nervioso, dándose un golpecito en la frente.

 

—Ups.

 

Detrás de la lona blanca del proyector, se asomó el minidroide ID10-A, observó la reacción al video, el pánico de los 3 Chocobros y el minidroide vibró como si fuera riendo.

 

Ignis respiraba como si acabara de correr un maratón académico.

 

Noctis se había encogido en el sofá, con los codos pegados al torso.

 

Gladio caminaba en círculos como un león atrapado.

 

Los lentes de Ignis seguían tirados junto al teclado, como víctimas colaterales del descubrimiento del siglo.

 

Y en medio de todo… Prompto.

 

Prompto que intentaba calmar a 3 amigos que estaban a un paso del colapso existencial.

 

—¡Cálmense! —exclamó Prompto levantando las manos— ¡Ese alien no me atacó! ¡Ni siquiera me gruñó! ¡Solo… me miró… me habló… me devolvió la tabla y… le di mi llavero!

 

—¡¿ESO ES SUPUESTAMENTE TRANQUILIZANTE?! —vociferó Gladio con voz medio quebrada.

 

Ignis, toma la cafetera … y casi se la vuelca encima otra vez.

 

—Eso… —dijo con la voz más tensa que Noctis y Prompto habían escuchado en su vida— no ayuda en absoluto.

 

Prompto siguió, porque no sabía detenerse cuando las cosas ya estaban fuera de control.

 

—Escúchenme, escúchenme…Primero: sí, esa cosa estaba en la Tierra.


Segundo: sí, estaba trabajando allí.


Tercero: esa ropa no era de humano. Ni de laboratorio. Era como… ¿un uniforme? ¿Una túnica? No sé. Parecía de alto rango o algo.

 

Noctis levantó la cabeza de golpe.

 

—¡¡¿CÓMO QUE TÚNICA?!! ¿Y por qué carajos llevaba… pulgares dobles?

 

Prompto abrió los brazos.

 

—¡Yo qué sé! ¡Así están hechos! Tenía dedos larguísimos y dos pulgares opuestos en cada mano… ¡como si fueran pinzas! Y cuando tomó mi llavero, pude ver que… lo agarraba como yo lo agarrara con facilidad. Y olía a… a…

 

Se detuvo unos segundos y tragó saliva.

 

—A cuero y sentías calor cuando se acercaba.

 

Ignis jadeó.

 

—Cielos… cielos… esto es demasiado. Es… es… demasiado.

 

Gladio lo señaló como si Prompto hubiera cometido un crimen.

 

—¿Y tú te quedaste DE PIE? ¿No corriste? ¿No gritaste? ¡¿No lo grabaste mejor?!

 

Prompto parpadeó.

 

—Porque si corría me tropezará quiza él me ayduará a levantarme o no sé.
Medía como… como dos metros y medio.


Noctis apretó los dientes.

 

—Prom…Prom…PROM…

 

—¿Sí?

 

—Ese ser… ese ser de verdad EXISTE, de verdad está en la Tierra, de verdad te vio, te habló, Te vió con la mirada. Y tú… ¡tú le diste un puto llavero!

 

Prompto se encogió.

 

—Fue un instinto de supervivencia, diplomacia improvisada, un obsequio interestelar, Un regalo de paz inter… inter… ultraespecie.

 

Gladio volvió a caminar en círculos.

 

—¡No puedo! ¡NO PUEDO PROCESAR ESTO! Un ser gigante, con manos de seis dedos… ¡que acepta regalos! ¡¿Qué más nos está escondiendo esa Organización?!

 

Ignis volvió a la mesa, temblando ligeramente, sirvió café, luego más café, luego más.

 

—Esto excede cualquier análisis racional que pueda realizar en este momento —dijo, llevándose la taza a los labios—.Necesito… necesito varios minutos para redirigir mi comprensión del cosmos.

 

Prompto insistió, intentando sonar práctico.

 

—Miren, miren…Lo importante es que no me atacó, ni amenazó, solo analizó el dibujo…¡y se fue caminando como si yo fuera parte de la Orden!


Noctis apuntó con un dedo tembloroso a la pantalla de la laptop y gritando.

 

—PROMPTO,

ESA COSA,

MIDE DOS METROS Y MEDIO.

TIENE MANDÍBULAS DIVIDIDAS.

LEE HOLOGRAMAS.

USA ROPA DE ALTO RANGO.

APARECE POR LOS PASILLOS COMO SI FUERA SU OFICINA. 

¿Y TÚ CREES QUE “NADA PASÓ”?



Prompto abrió las manos.

 

—¡Pues… sí! ¡Porque nada pasó! ¡No me atacó, no me gritó, no me arrancó los brazos, no me convirtió en cena alienígena!

 

Ignis murmuró:

 

—Podría haber hecho todas esas cosas… con absoluta facilidad…

 

Gladio se dejó caer en la silla como si la gravedad lo hubiera traicionado.

 

—Estoy en shock, total, Absoluto, Shock interestelar.

 

Noctis lo imitó, hundiendo la cabeza entre las manos.

 

—Esto cambia todo…Todo…TODO…


Prompto, sin saber si consolar o hundirlos más, añadió:

 

—Ah… y cuando se fue, lo miré sus patas son digitígradas, era real, no era magia, no era ilusión, no era un cadente, era un ser vivo, de carne y hueso y probablemente genial!


Ignis se derrumbó contra el respaldo del sillón.

 

—Prom…, Por el bien de nuestra salud mental…deja de hablar.

 

Prompto cerró la boca y levantó las manos en señal de rendición.


La laptop seguía mostrando la última imagen congelada del pasillo de la base:
ese ser enorme alejándose sin prisa, como si el universo entero no fuera más que un corredor muy bien iluminado.

 

Ignis respiró hondo, recogió sus lentes del teclado, los limpió con manos temblorosas y se los colocó.


Luego ajustó la correa del reloj, enderezó la espalda y con la voz más templada que pudo reunir, declaró:

 

—La reunión queda aplazada, continuaremos mañana, Hoy… ha sido un día demasiado largo para todos.

 

Los demás asintieron, no era para menos.

 

Ignis prosiguió:

 

—Esta mañana fuimos al Ayuntamiento con Saeko y Misaki, vimos las vistas, explicaciones y una situación diplomática que… aún no termino de procesar, luego Prompto decidió, por alguna razón que jamás comprenderé, que era buena idea infiltrarse en los niveles subterráneos del edificio.

 

Prompto levantó un dedo.

 

—¡Esa idea no salió de la nada! El 13 de agosto, en la casa de los Takahashi, estaba viendo las noticias. En una escena salió la entrada del ayuntamiento y vi a un científico salir por la puerta, mirar a la cámara con una cara rarísima… y entrar otra vez. Me pareció sospechoso.

 

Noctis lo miró con expresión de "¿es en serio?"

 

—¿Esa… Esa fue tu señal, tu pista, tu alarma, un científico mirando a cámara? ¿en serio Prom?


Prompto se encogió.

 

—¡Tenía un aura sospechosa! ¡Lo juro! ¡Mi instinto fotográfico me lo gritó!

 

Ignis, exasperado, continuó:

 

—El caso es que bajamos, encontramos el… Anillo Stargate, recibimos amenazas de seguridad, el doctor Takamura, peleamos con los soldados, sorteamos la situación… Saeko intervino y calmó la situación, luego, en la sala, con Saeko y Misaki, hablamos sobre la supuesta “aldea oculta”, la cual dejó de colar en menos de 10 minutos.

 

Noctis levantó la mano apenas.

 

—Fui yo quien dijo lo de Eos cuando ya no daba más.
Sentía que… ya no había necesidad de ocultarlo.

 

Ignis asintió con resignación.

 

—Localizamos Eos en sus registros astronómicos y al final, el Stargate…abrió el portal, Volvimos y ahora estamos aquí.

 

Un silencio largo, espeso y cargado de agotamiento los rodeó.

 

—Necesitamos descansar —concluyó Ignis—. De verdad.

 

—Sí… —murmuró Prompto.

 

Noctis solo asintió, como si todo dentro de él hubiera colapsado y vuelto a ensamblarse.

 

Los Chocobros salieron de la tienda principal. 

 

Gladio e Ignis caminaron hacia su tienda, intercambiando apenas una mirada.

 

Prompto y Noctis entraron a la suya.

 

Tienda de Noctis y Prompto.

 

La tienda estaba ordenada, cortesía del Encapuchado Moguri, encendió la linterna colgada del techo.

Noctis se dejó caer en su colchoneta, soltando un suspiro que parecía venir desde el fondo de su alma.

 

—Esta semana… —murmuró— fue increíble, Pero estoy cansado, aún asustado por ese… alien que viste, Prom, No sé… mi cabeza sigue dándole vueltas.

 

Se frotó las sienes.

 

—Eeeh… necesito… —tragó saliva— Prom, ¿te toco el brazo un rato? ¿Para calmarme?

 

Prompto parpadeó, sorprendido, pero su cuerpo ya sabía la respuesta.
 

 

Se acostó en su colchoneta, levantó el brazo izquierdo y lo puso en la cama y lo flexionó, marcando el bíceps.

 

—Sí… yo también necesito calmarme.

 

Noctis se acercó sin palabras, posó la mano abierta sobre el bíceps de su amigo, despacio, como si necesitara confirmar que ese músculo era real, que el mundo seguía siendo tangible.

 

La tensión del día se disolvió en ese gesto simple.
 

La respiración de Noctis se estabilizó.
 

Prompto lo sintió, y sonrió apenas.

 

Pasó un rato.

 

La linterna seguía encendida, la tienda quieta salvo por el murmullo suave del viento afuera.

 

Noctis fue cerrando los ojos.

 

Sin quitar la mano de donde estaba.

 

Sin pensar demasiado.
 

Solo dejándose caer en sueños.

 

Cuando finalmente se durmió, su mano quedó posada sobre el bíceps flexionado, cálida y ligeramente tensa, como sosteniéndose a algo que evitaba que el universo se fuera al caos.

 

Prompto lo miró de reojo, divertido.

 

—Buenas noches, hermano…

 

Dejó el brazo inmóvil, tal como estaba, como si fuera un escudo más para Noctis.
 

Luego él también se quedó dormido.

 

Y la tienda quedó en silencio, con dos amigos respirando acompasados en un mundo que se había vuelto inmensamente más grande de lo que jamás imaginaron.

 

Chapter 28: Capítulo 2: — La Crisis Cósmica.

Chapter Text

17 agosto 756, mañana.

 

El cielo sobre Duscae estaba cubierto por nubes tenues, casi plateadas, que anunciaban un día cálido.
 

El campamento, después del caos emocional de anoche, despertaba lento, como si la realidad necesitara unos minutos extra para recomponerse.

 

La cremallera de la tienda de Noctis y Prompto se abrió.

 

Uaaah… —Noctis se estiró con los brazos en alto, la camiseta negra arrugada y el cabello peor que de costumbre.

 

—Bro… creo que dormí como una roca —murmuró, frotándose un ojo.

 

Prompto salió detrás, bostezando tan fuerte que asustó a un pájaro cercano

 

—Dormiste con su mano sobre mi biceps, príncipe… pero no me quejo, ¿eh? —sonrió— Creo que también necesitaba eso.

 

Ignis ya estaba inclinado sobre la mesa plegable, sirviendo cereal infantil con leche.
 

Sus movimientos, había una ligera rigidez en su mano derecha: el impacto del video de ayer todavía le latía en los nervios.

 

Gladio, recién bañado tras su corrida matutina, los saludó con un gesto de la mano.

 

—Ustedes dos parecen zombis —bufó—. Y eso que yo llevo despierto desde el amanecer, intentando… procesar eso.

 

Noctis se acercó a la mesa.

 

Vio el plato frente a él.

 

Un tazón de cereal.

 

—¿Cereal? ¿En serio? ¿No somos niños?

 

Gladio soltó una carcajada áspera.

 

—Hace años que no como esto. Desde que Iris insistía en prepararlo “para que sea alto y fuerte”, creo que… —miró el tazón con una mezcla de nostalgia y resignación— …lo necesito.

 

Prompto tomó su tazón antes que cualquiera.

 

—¡Genial! ¡Hace siglos que no desayuno algo así!

 

Ignis acomodó sus lentes, la voz más seria que de costumbre.

 

—La revelación de anoche fue… significativa, debo admitirlo: ver prueba irrefutable de vida extraterrestre cambia la percepción del universo, mi pulso aún no vuelve a la normalidad.


Prompto, ya comiendo, señaló con la cuchara hacia la lona donde estaban las películas.

 

—Y lo dije ayer: ese alien no atacó. No se movió como un monstruo, ni como un cadente con resaca. Nada de lo que muestran las pelis de “primer contacto terrorífico”. Eran… civilizados. ¡Como la “Guerra de las Estrellas”! —señaló otra vez el proyector—. Esa que vimos hace unas semanas y oye… su aspecto es totalmente diferente al de las pelis y aceptó el llavero, un llavero, chicos, eso significa algo, ¿no?

 

Ignis, de brazos cruzados, asentó lentamente.

 

—Su comportamiento demuestra racionalidad, incluso curiosidad, ese detalle del llavero me intriga, además, exhibía… modales y su voz… un patrón fonético complejo. ¿Rugidos controlados? Quizá un idioma con resonadores o quizá un traductor apagado accidentalmente.—Ignis exhaló— El hecho es innegable: no estamos solos en este universo.

 

Gladio tomó una cucharada y habló entre dientes.

 

—Sí, era enorme, daba miedo… pero no tenía postura de ataque.
Más bien… parecía como del gobierno o algo no sé, de dos metros y medio.


Noctis se dejó caer en la silla, su tazón casi olvidado.

 

—Vale, Aliens existen, el universo es gigante y… esperen. Las películas, Ignis… ¿y si los directores sabían algo? ¿Y si esas pelis existen para prepararnos? Digo… todo encaja demasiado.

 

Ignis negó suavemente con la cabeza.

 

—El primer filme sobre extraterrestres se filmó hace 70 años, 5 años después del inicio del Programa Espacial de Lucis, no creo que haya relación alguna, más bien refleja imaginación colectiva…

 

—Imaginación que resultó ser real —interrumpió Noctis, retorciendo un mechón de cabello—. Según la hora del video, eran las 10:52 a.m. y nosotros estábamos en el observatorio, viendo las fotos del holograma de la Galaxia que tú, Prom, nos enviaste por LINE y hablando del pánico, de que si te capturaron los trajeados de negro con lentes oscuros y mientras tanto, tú estabas frente a un alien.

Solo.

En un pasillo.

 

Prompto tragó saliva y sonrió tímido.

 

—Y nada me pasó, bueno… el susto del siglo, mi corazón se aceleró como si hubiera corrido tres maratones seguidas, pero seguí adelante y entonces encontré el Stargate.

 

Noctis puso su mano en el hombro de Prompto.

 

—Si ese alien te hubiera atacado, Prom, eres mi mejor amigo, no sabría qué hacer.

 

Prompto ladeó su cabeza, haciendo el mismo gesto.

 

—Tranquilo, Noct, no soy tan frágil como parezco, me adapto, soy resistente y ahora que sé que existen aliens de verdad… —sonrió con orgullo nervioso— …creo que puedo sobrevivir casi a cualquier cosa.

 

Se recostó un poco en la silla, aún con la cuchara en la mano.

 

—Además… quien diría que el primer contacto oficial de Eos con vida extraterrestre sería yo, aunque fuera en la Tierra.


Prompto Argentum: fotógrafo, pistolero, amigo fiel… y aparentemente, embajador accidental interestelar, oh, “Prompto Argentum, Embajador de Eos”, imagínate lo genial que sonará.

 

Los 3 Chocobros lo miraron un momento.

 

Y por primera vez desde que el horror y la sorpresa del video los golpeó…

 

Rieron.

 

Rieron de verdad, rompiendo al fin esa tensión cósmica que les había apretado el pecho desde anoche.

 

El día podía comenzar.

 

El universo podía ser más grande e imposible de lo pensado.

 

Pero seguían siendo ellos.
 

Los cuatro juntos.
 

Y eso bastaba para enfrentar cualquier cosa.

 

Ignis, con el temple más recuperado pero aún sensible al recuerdo del alien, respiró hondo.

 

—Bien… —dijo ajustándose los lentes—. Sigamos, Prompto, pon el archivo de la galaxia.

 

La laptop seguía abierta sobre la mesa plegable. El aire de la mañana entraba desde la abertura de la tienda, moviendo apenas la lona del techo.

 

Prompto se inclinó junto a Ignis, abrió su teléfono, extrajo la microSD y la colocó en la PC.

 

Movió el ratón,  hasta llegar a la carpeta correcta.

 

—Listo —susurró con una mezcla de orgullo y nervios.

 

La pantalla de la laptop se iluminó de azul cuando presionó play.

 

Avanzó el video hasta la selfie frente al holograma, y luego lo dejó correr desde allí.

 


El video comienza

 

El Prompto del video aparece boquiabierto, caminando alrededor del holograma como quien descubre la magia misma.

 

Whoa… esto parece sacado de una película de ciencia ficción… —dijo en voz baja.

 

El holograma flotante de la galaxia completa, girando en tonos azules y blancos, proyecta destellos sobre su rostro.

 

Debajo de la imagen aparece el texto:

 

Vía Láctea.

 

¿Así le llaman a esta galaxia? Interesante… veamos si esto reacciona al tacto…

 

Tocó la proyección.

 

Círculos de luz envuelven sus dedos.

 

¡Funciona! ¡Es como en las pelis!

 

Hace zoom con los dedos y la galaxia respondió.

 

Seleccionó un brazo espiral.

 

Brazo Orión.

 

Allí, un punto verde. Lo toca.

 

Aparece un sistema con nueve planetas.

 

Sistema: Sol.

 

Ok… tercer planeta… éste.

 

Tocó la Tierra.

 

Mundo natal de la especie: Humana. 

 

Presidente de la Rama: [Datos clasificados]

 

La imagen del presidente aparece pixelada.

 

¿“Rama”? ¿De qué? ¿Y quién es ese tipo pixelado? Qué rarísimo…

 

Hizo zoom out.

 

Otro punto, ahora naranja.

 

Lo toca.

 

Aparece:


Sistema: Astralis.

Estrella: Altair.

Proyecto de Intervención: FFXV.

Fecha de inicio: 29 Noviembre 2016.

Última actualización: 26 Marzo 2019.

Fecha de Intervención: 4 Febrero 2017.

Estado: En proceso…

 

El Prompto del video se rascó la cabeza, confundido.

 

¿FFXV? ¿Qué es eso? ¿Algún proyecto militar? ¿Una operación interplanetaria? ¿Y esas fechas? … que serán?

 

Continúa.

 

Encontró otro punto con icono azul.

 

Un sistema con diez planetas, todos sombreados.

 

Imagen: una criatura escamosa, reptiloide.

 

¡¿Qué es eso?! ¿Un lagarto bípedo? ¿Un alienígena?

 

Lee lo que entiende.

 

Mundo natal de la especie: [ilegible] 

 Presidente de la Rama: [ilegible]

 

¿Otra Rama? ¿De quién es todo esto? ¿Un mapa galáctico? ¿Colonias? ¿Espionaje?

 

Hizo zoom out nuevamente.

 

Otro punto parpadea en verde con un icono naranja giratorio encima.


Lo tocó.


Sistema: Gea.

Estrella: Aether.

 

—¿Aether? Suena místico…

 

Hizo zoom al cuarto planeta. Una imagen de un planeta verdoso y azul con grandes masas continentales.

Planeta: Gaia.

 

Al tocarlo, el holograma resalta unas líneas subterráneas verdes, entrecruzándose como venas y otras rojas convergiendo en un punto en la superficie.

 

—¿Qué es eso? ¿Redes de energía? ¿O… raíces? —susurró.

 

Tocó el punto de concentración. El holograma muestra una ciudad circular desértica, con ocho estructuras cilíndricas gigantes en los bordes, humeando con un vapor verde.

 

—Eso… eso no es natural. ¿Son reactores aliens? ¿Una planta energética? ¿De este planeta?

 

Proyecto de Intervención: FFVII.

Fecha de inicio: 10 Abril 2020.

Última actualización: 10 Junio 2021.

Fecha de Intervención: Por definir…

Estado: Analizando…

Datos analizando, requiere autorización.

 

El Prompto del video retroceció un poco.

—¿Otro proyecto? ¿Qué son estas letras? FFVII… FFXV… ¿Están conectados? ¿Son códigos? ¿Tecnologías? ¿Lugares?

 

—Y… ¿qué rayos es un “VII”? ¿O una “XV”? —dijo confundido, sin saber de números romanos.

 

Otro punto, dorado, con un icono de anillo girando.

 

Lo toca.

 

Sistema: Valinorian.

Estrella: Eärendil.

 

El tercer planeta es resaltado.

 

Planeta: Arda.

 

Hace zoom.

 

Encuentra un enclave circular, con murallas blanco, fortificado.

 

Whoa… ¿una colonia antigua? ¿Una fortaleza?

 

Aparece:

 

Proyecto de Intervención: Tierra Media.           

Fecha de Inicio: 29 Julio 1954.

Actualización: 20 Octubre 1955.           

Fecha de Intervención: 18 Febrero 1956.            

Estado: Completado

 

El Prompto del video titubea.

 

¿Completado? ¿Completado qué?

 

Sigue tocando.

 

La galaxia giró, alrededor de su mano.

 

Estoy tocando una galaxia… con las manos… esto es de locos…

 

Y entonces…

 

clic

 

El picaporte.

 

El Prompto del video queda petrificado.

 

Rápido, retrae el zoom, vuelve a la vista general, respira como quien acaba de ver a Ifrit materializado.

 

Nadie vio nada. Nadie tocó nada. Yo no estuve aquí. Fue un chocobo invisible…

 

Agarró una tabla, garabatea cosas al azar como loco.

 

La puerta se abró.

 

Dos científicos entraron, hablando de café y calibraciones.

 

Ni lo noto.

 

Él finge ser parte de la decoración.

 

Caminó hacia la salida con seriedad profesional impostada…

 

Cierró la puerta…

 

Y colapsó contra la pared del pasillo.

 

¡Nunca más! Bueno… tal vez una vez más… pero solo si es por una buena selfie.

 

Prompto hizo pausa al video.

 

Silencio.

 

Un silencio denso.

 

Ignis se quitó los lentes y se frotó la frente.

 

Gladio apoyó un codo en la mesa, inmóvil.

 

Noctis abrió la boca y la cerró dos veces.

 

Prompto… solo tragó saliva.

 

—Bueno —dijo al fin, levantando un dedo— ¿Qué opinan?

 

La reacción fue un estallido simultáneo:

 

—¡¡¡NOOO!!! —los tres Chocobros gritaron al unísono.

 

Gladio agarró su cabeza.

 

Noctis se levantó abruptamente.

 

Ignis casi tiró la laptop.

 

Era pánico puro, sin filtro, del tipo que solo se ve cuando tu mejor amigo te muestra que el universo entero está lleno de civilizaciones ocultas y proyectos interplanetarios con nombres codificados.

 

Prompto dio una sonrisa nerviosa.

 

—Eso… eso era lo que quería mostrarles.


Ignis respiró profundo, como si necesitara estabilizar el universo … otra vez.

 

—Hay algo que debemos considerar —dijo, recuperando un poco de compostura—. Lo que vimos en el video de Prompto y lo que el Dr. Suzuki y Saeko nos dijeron… no coinciden del todo.

 

Gladio abrió las manos.

 

—Eso pensaba. El doctor decía “60 mundos descubiertos” y “algunos peligrosos, otros no”. Pero lo que vimos ahí… —señaló la laptop— es mucho más grande. Decenas de sistemas. Civilizaciones completas. Proyectos enormes, aunque Pormpto solo tocó unos pocos puntos, creo que esa Organización abarca toda la Galaxia. 

 

Prompto levantó un dedo.

 

—Exacto. Eso… eso es lo que no entiendo. Si allá tienen esa tecnología loca, ¿por qué nos dijeron que solo conocían 60 mundos muertos y con fauna agresiva?

 

Noctis se pasó la mano por el cabello.

 

—¿Saeko… nos mintió?

 

Ignis negó con la cabeza, tajante.

 

—No. Saeko no nos mintió, Nos dijo lo que podía decir.

 

Los demás lo miraron.


Ignis prosiguió, con calma firme.

 

—Piensen en esto: todo lo que nos revelaron era suficiente para ayudarnos a volver. Pero no lo suficiente como para exponernos a verdades más pesadas… o ponerlos a ellos en problemas con su propia Organización.

 

Prompto abrió los ojos.

 

—Como… niveles de autorización.


Ignis asintió.

 

—Exacto. Lo que viste en ese holograma… tú no debiste verlo. Fue un accidente.
Y ellos, en su posición, no están autorizados a contarnos nada que vaya más allá de su propio nivel de acceso.


Gladio apoyó un codo en la mesa.

 

—Entonces… no fue mala intención.

 

Ignis negó otra vez.

 

—Fue protocolo.


Noctis bajó la mirada, luego sonrió con cierta melancolía.

 

—Saeko nos ayudó. Nos cuidó. Nos dio hogar.
Si nos ocultó cosas… debió ser porque no puede decirlo todavía.

 

Prompto soltó un suspiro.

 

—Bueno… eso sí tiene sentido, La Orden esa… funciona como algo militar, científico, diplomático y galáctico al mismo tiempo. No es como pedirle a algún científico que revele secretos así porque sí.


Ignis recobró su postura usual.

 

—Exacto. Y por lo que vimos ahí, esta “Orden Astrae” opera a una escala que… no entendemos todavía.

 

Gladio tragó saliva.

 

—Mundos. Ciudades aliens. Proyectos que llevan décadas y Prompto ahí… metiendo las narices.

 

Prompto rió nerviosamente.

 

—Oye… literalmente invadi su servidor galáctico holográfico sin querer, es un milagro que sigo vivo.


Noctis, finalmente calmado, dijo:

 

—No estamos solos, Pero tampoco estamos en peligro.

 

Ignis asintió.

 

—Y eso es lo importante ahora.


Prompto cerró la carpeta de videos, se pasó una mano por el cabello y suspiró con esa mezcla suya entre orgullo y nervios.

 

—Bueno… esos eran los archivos que quería mostrar —dijo, apoyándose contra la mesa—. El resto ya lo saben: el Stargate, Saeko como la Oráculo, la Orden Astrae, todo eso. Ah, y la cámara siguió grabando después: sus caras cuando vieron el Anillo, la pelea con los soldados, la charla con Misaki y Saeko y la despedida


Sacó la diminuta cámara espía del bolsillo de su chaqueta, desenroscó la cubierta lateral y retiró la microSD. Conectó su teléfono, movió los últimos videos, los verificó y luego sacó la segunda microSD.

 

—Listo —dijo—. Esto y la cámara… para el archivo de secretos ultramegaclasi… eh… ¿ultra-clasificados? Bueno, ya me entendieron.

 

Ignis extendió una mano.

 

Prompto depositó la cámara y ambas tarjetas.


Ignis asintió.

 

—Bien. Lo guardaré en el baúl bajo llave más tarde. A partir de este momento, esto se considera información de Estado. Solo nosotros cuatro o yo podremos ver el contenido… y únicamente en privado.

 

Los tres Chocobros asintieron al unísono.

Chapter 29: Capítulo 3: — Los Ecos de la Promesa.

Chapter Text

Prompto se levantó un poco de su silla.

 

—Oh, olvidamos el bolso con los regalos de Misaki.

 

Ignis dirigió la mirada al objeto en cuestión: el bolso color crema estaba justo al lado del microondas. Lo tomó con ambas manos y lo puso sobre la mesa.

 

—Muy bien… veamos.

 

Abrió la cremallera y sacó cuatro paquetes envueltos. Pero entre ellos… algo más llamó su atención. Un pequeño envoltorio adicional, más delgado, con una etiqueta elegante escrita con caligrafía japonesa suave y clara:


De: Misaki

Para: Noctis


Feliz Cumpleaños.


Abrir el 30 de agosto 756.”

 

Ignis lo observó detenidamente por dos segundos. 

 

Una ceja se alzó con sutileza.

 

¿Cómo… supo su fecha?

 

No dijo nada. Cerró el envoltorio especial entre sus manos y lo deslizó discretamente al fondo del bolso. 

 

Noctis lo notó.

 

—¿Eh? ¿Hay otro más?


Ignis sacudió la cabeza con suavidad.

 

—No es nada urgente. Te lo entregaré cuando corresponda.

 

Noctis le creyó sin mayor complicación; conocía ese tono, cuando Ignis decía “cuando corresponda”, era mejor no presionar.

 

Momento de las Cartas

 

Ignis volvió al bolso. Además de los paquetes, Misaki les había entregado las cartas de despedida en la Tierra.

 

—Oh, casi lo olvido. Las cartas que Misaki escribió —dijo Ignis, dándole los sobres. Eran cuatro sobres con los nombres escritos en el frente. El sobre extra que Misaki le había dado a Noctis en privado lo dejó aparte


—¿Leemos?

 

—¡Sí, por favor! —exclamó Prompto, ansioso, extendiendo la mano.

 

Gladio asintió, con una seriedad inusual.

 

—Quiero saber qué fue eso que me susurró.

 

Noctis tomó su sobre, Ignis le entregó el de Prompto y el de Gladio y él abrió el suyo.

 


Carta de Misaki para Gladio:

Solo nos conocimos por poco tiempo, pero se necesita menos de un día para ver lo que eres: la roca, la fuerza, el hermano mayor. Todos en el grupo dependen de ti, pero sé que a veces eso es una carga pesada. Recuerda que no necesitas llevarla solo. Y recuerda que el Príncipe te necesita, pero tú también necesitas al hombre que hay detrás del título.

Tienes una gran misión por delante. Confía en Noctis, confía en Ignis y, sobre todo, confía en el chico que te hace reír incluso cuando el mundo se rompe. Su corazón es más fuerte que cualquier espada. Por favor, sé su apoyo más fuerte. Siempre. En cada decisión. Él está destinado a mucho, y tú eres su ancla.

Con todo mi respeto y gratitud.

Misaki.

 

Gladio terminó de leer, se enderezó y dobló el papel. Una emoción compleja, mezcla de orgullo y confusión, cruzó su rostro.

 

—¿El hombre detrás del título? —murmuró, pasándose la mano por la barbilla.

 

Carta de Misaki para Prompto:

Tú eres la razón por la que nadie se rinde. Tu energía, tu sonrisa, tu capacidad de hacer una broma en el momento más oscuro… es un regalo que te trajo hasta aquí. No pienses ni por un segundo que eres la debilidad. Eres la resistencia. Lo que importa no es lo que fuiste, sino la valentía que tienes ahora, hoy. Sigue tomando fotos, sigue riendo, sigue siendo tú.

Vas a enfrentarte a algo que te hará dudar de tu lugar en el mundo. No lo hagas. Eres más importante de lo que crees. Mucho más.

Nunca, nunca te detengas. El príncipe te necesita, y él te necesita completo.

¡Hasta que volvamos a vernos!

Misaki.

 

Prompto dejó caer la carta, sus ojos brillaban un poco.

 

—Ella… ella de verdad me entendió. Lo de la debilidad… y la resistencia. Wow.

 

Carta de Misaki para Ignis:

Gracias por tu visión, por tu calma. Eres la mente que los mantiene a salvo. Sé que estás preocupado por las verdades a medias y por lo que no te dijimos. Pero, por favor, confía en el camino que eligió Saeko. Todo tiene un propósito. Lo que registras, lo que escribes, lo que piensas… todo es vital. Hay un camino que tú debes ver, y tus ojos y tu intelecto son los únicos que pueden descifrarlo.

Hay un futuro muy oscuro que se acerca. Para evitarlo, tus decisiones serán clave. No te culpes si fallas una vez, pero no te rindas jamás. La esperanza no es una táctica, es un ingrediente. Sigue cocinando, sigue pensando, y sigue cuidando a tu Rey.

Con sincero aprecio.

Misaki.

 

Ignis ajustó sus lentes, con el ceño fruncido en profunda concentración.

 

—¿Un futuro muy oscuro? ¿Cómo puede… 


Carta de Misaki para Noctis:

Tu corazón es el más pesado de todos. Tienes la carga de Eos, la de tu padre, la de los dioses… y pronto, la carga de tu propia vida. Pero escúchame bien: no estás solo.

Tu valor no está en lo que sacrificas, sino en la fuerza que encuentras para vivir. La batalla es dura, pero el camino no termina donde crees. Hay otro mañana. Hay otra luz. Mira a tus amigos: ellos no son solo tu séquito, son tu salvación. No los dejes. No te rindas. Si dudas de tu fuerza, mira a Gladio. Si dudas de tu alegría, mira a Prompto. Si dudas de tu mente, mira a Ignis.

Recuerda la promesa que me hiciste. Vuelve. Vive.

Misaki.

 

Noctis miró el papel, y luego a sus amigos, con una expresión de pánico y realización.

 

—¿Por qué? —preguntó en voz baja, apenas audible—. ¿Por qué cree que voy a… sacrificarme?

 

Los tres se miraron. La idea era insoportable, incluso para el tono de fantasía que había tomado el día.

 

Ignis, recuperando el temple, habló con firmeza:

 

—No lo sabemos, Alteza. Pero Ignora la palabra 'sacrificio'. La parte importante es 'vuelve' y 'vive'. Y tiene razón: tus amigos somos tu salvación.

 

Gladio asintió, palmeando el hombro de Noctis.

 

—De eso estoy seguro.

 

Prompto secó sus ojos.

 

—Ya ves. Somos tu equipo, Príncipe.

Noctis asintió, doblando la carta y lo guarda en su chaqueta. El sobresalto cósmico y existencial de anoche no era nada comparado con el peso de esas palabras.

 

—Vale. Ya… ya entendí.

 

Ignis volvió al bolso y tomó el primer paquete.

 

Para: Gladio

 

Gladio lo arrancó con la emoción de un niño abriendo su primer regalo de invierno.
Dentro había un cilindro metálico, elegante, pesado, con un acabado azul mate.

 

—¿Qué es esto? —lo levantó, ladeando la cabeza.

 

Ignis leyó la pegatina.

 

—Una botella termo aislada al vacío. Mantiene líquidos fríos por 24 horas y calientes por doce. Bastante útil para tus entrenamientos y maratones.

 

Gladio arqueó una ceja.

 

—He usado cantimploras, botellas militares… pero esto… —la giró— esto es de otro nivel.
¿Y cómo diablos supo Misaki de que entreno?

 

Prompto rió.

 

—Bro, Misaki sabía todo. Nos observó como 20 minutos antes de hablar contigo.


Ignis sonrió apenas.

 

Para: Ignis

 

Ignis tomó el siguiente paquete. Lo abrió, dentro había un estuche rígido, negro. Lo abrió.

 

Cuatro cuchillos japoneses, hoja de acero damasco, ondas como agua en movimiento.

 

Diseño imposible en Eos.

 

El mundo se detuvo un momento.

 

Ignis dejó escapar un suspiro sorprendentemente profundo.

 

—Este patrón… jamás lo había visto.

 

Tomó uno de los cuchillos, lo probó en silencio con una berenjena gruesa, la hoja se deslizó como si la verdura fuese mantequilla.

 

Gladio lo vio como si Ignis hubiera recibido una reliquia sagrada.


Prompto silbó.

 

—Ignis… creo que esos cuchillos te aman.

 

Para: Prompto

 

}Prompto prácticamente saltó sobre su caja.

 

—A ver a ver a ver…

 

Rasgó el papel sin delicadeza alguna, por un instante se quedó inmóvil.

 

Una cámara negra, pequeña, robusta.

 

Sin visor.

 

Con una lente gigante como ojo de pez.


GoPro HERO 13 Black.

 

Prompto quedó pálido de emoción.

 

—¿Qué… qué… QUÉ ES ESTO? ¿Cómo es tan pequeña? ¡¿Y GRABA EN 5.3K?! ¿5.3 QUÉ?!

 

Ignis hojeó el manual.

 

—Cámara de acción. Ultra resistente. Sumergible diez metros. Estabilización avanzada. Ideal para… bueno, para ti.

 

Prompto casi lloró.

 

—!!MISAKI… TE AMO!!

 

Gladio le dio un codazo amistoso.

 

—Recuerde grabarme cuando nos enfrentamos a monstruos. Va a quedar legendario.

 

Para: Noctis

 

Noctis abrió su caja.

 

Dentro había una chaqueta verde oscuro, ligera, suave, con cremalleras plateadas y diseño urbano.

 

Moderna. Atemporal.

 

De otro mundo.

 

Pasó la mano por la tela.

 

—Es… muy suave… y fresca, no pesa nada.


Prompto sonrió de oreja a oreja.

 

—Noct… esa chaqueta es tan tú, que si te viera caminando por Tokio con eso, pensaría: “Ahí va Noctis… pero en HD”.


Noctis la sostuvo contra sí, con una sonrisa tímida pero sincera.

 

Una vez que la euforia por los regalos cesó y los paquetes vacíos se apilaron en una esquina, Ignis se ajustó los lentes, la señal inequívoca de que la conversación seria había vuelto.

 

—Hay algo que debemos abordar —dijo Ignis, mirando directamente a Noctis—. Estos regalos y sobre todo, las cartas de Misaki, demuestran un nivel de conocimiento de nosotros que va más allá de la amistad de una semana. Ella nos advierte de un destino.

 

Gladio frunció el ceño.

 

—¿Y eso es malo? Nos ayudaron a volver.

 

—No es si es bueno o malo —intervino Noctis, poniéndose de pie y mirando la cámara de Prompto— Es el holograma de Eos que vimos. Ignis, lo dijiste bien en la sala del Stargate.

La Orden Astrae creo que tiene satélites orbitando Eos. creo que ellos datos más recientes de nuestro mundo, no el que nos mostraron. La imagen de Eos que nos mostraron fue la primera que obtuvieron o eso creo. Ignis vio el Hotel Caelum Via en renovación y fue finalizado en diciembre de 748, ademas vi rastros de nieve, lo que ignis vio en la pantalla de una de las consolas, mostraba noviembre de 2016. Nos ocultaron la verdad de que estaban vigilados.

 

Prompto se rascó la nuca.

 

—Entonces... ¿Saeko nos mintió de nuevo? ¿Y nos está vigilando?

 

—Nos dijo lo que le estaba permitido decir —corrigió Ignis con firmeza. Su mirada denotaba la lucha interna—. Nos ayudó a regresar a Eos, pero no nos dijo que ya nos estaban observando antes de que llegáramos. Hay un conflicto de lealtades, Príncipe.

 

Noctis respiró hondo, ajustándose la chaqueta nueva sobre su ropa negra.

 

—Es difícil. Sus regalos y cartas son de amigos, su holograma es de espías. Pero el holograma es de la Orden, no de Misaki y Saeko. Y no estoy dispuesto a dudar de ellas todavía.

 

Miró a sus tres amigos, que esperaban la conclusión.

 

—Recuerdan que cuando Saeko me susurró en la sala y salí haciendo una reverencia de 90 grados a ella... solo puedo decirles esto:

Nos van a ayudar en el futuro, no se, pero creo que habrá algo malo que pasará en el futuro, el resto... es un secreto que aún no puedo compartir. Pero confíen en eso.

 

Ignis, Gladio y Prompto intercambiaron una mirada de escepticismo, pero asintieron ante la autoridad final de su Príncipe.

 

—Entendido, Su Alteza —dijo Ignis.

 

El aire de la mañana todavía cargaba ese frescor, y sobre él se elevó la voz emocionada —casi electrificada— de Prompto.

 

—Entonces… ¿qué tal si probamos la cámara? —levantó la GoPro con ambas manos, como si la hubiera encontrado en un altar sagrado—. A ver… instrucciones de la GoPro 13 Black…

 

Ignis ajustó los lentes.

 

Gladio cruzó los brazos.

 

Noctis se inclinó curioso, con esa sonrisa lenta que le sale cuando algo lo intriga de verdad.


Prompto desdobló el manual y lo leyó

 

—Ok, dice… batería extraíble… aquí… —la insertó— …encender manteniendo presionado el botón de modo.

 

Un beep agudo.

 

Una lucecita azul.

 

La pantallita frontal y trasera se iluminó.

 

Prompto abrió los ojos como si acabara de presenciar magia.


—ESTA COSA ENCIENDE MÁS RÁPIDO QUE MI TELÉFONO.

 

La movió a un lado, a otro.

 

La imagen en la pantalla trasera era estable, nítida, como si flotara.

 

—¡No vibra! ¡Tiene estabilización! ¿Cómo… cómo hace eso?

 

Los otros tres se acercaron de inmediato.

 

Prompto grabó unos segundos dentro de la tienda principal.

 

Luego conectó la cámara al teléfono vía WiFi, y en la pantalla del móvil apareció el video recién grabado.

 

La calidad era absurda.

 

—¡Holy…! —susurró Prompto, tocando la pantalla y haciendo zoom—. Se ven los poros… ¡los poros! ¡Miren mi chaqueta! ¡Se ve demasiado bien!

 

Gladio, sorprendido, se miró a sí mismo reflejado en la pantalla.

 

—No sabía que mi pelo se veía tan bien…
Es como verme en un espejo, pero… nivel dioses.

 

Noctis rió suave.


Ignis asintió con una mezcla de interés científico y genuino asombro.

 

—La nitidez es… extraordinaria. Esto supera cualquier cámara de Eos por un margen absurdo.


Prompto, sin poder contener la emoción, enganchó el clip en su propia chaqueta, ajustó la GoPro y salió con paso ligero hacia el exterior.

 

—¡Oigan! ¡Vamos a dar una vuelta en Chocobos! ¡Hay que probarla en acción!


Noctis con entusiasmo.

 

—Buena idea. Necesitamos desestresarnos después de la reunión de ayer y hoy.

 

Noctis silbó.


Cuatro Chocobos amarillos emergieron del bosque con ese trote alegre que parecía rebotar.

 

En menos de un minuto, los cuatro estaban montados, avanzando en fila entre los árboles, con el viento levantando mechones de pelo y el sonido de los pasos resonando con ritmo alegre.

 

Prompto tocó la camarita que grababa desde su pecho.

 

—¡Wow! No vibra NI UN POCO. Todo está nítido… ¡miren esto! —tomó la cámara un segundo, revisando la pantalla pequeña—. ¡Hasta los movimientos del Chocobo salen fluidos!

 

A lo lejos, entre árboles y rocas, una manada de Escualodontes avanzaba.

 

Prompto señaló.

 

—¿Luchamos?


Gladio ya estaba sonriendo de oreja a oreja.

 

—Creí que nunca lo preguntarías.

 

Ignis preparó los guantes tácticos.

 

—Será un buen calentamiento matutino.


Noctis estiró la mano. 

 

Brote de luz azul.

 

Su espada apareció.

 

Y la lucha comenzó.

 

Los Escualodontes cargaron, rugiendo.

Los Chocobros se dispersaron con coordinación.

 

Gladio invocó su mandoble, girando en un arco que levantó un torbellino de polvo.

 

Ignis lanzó dagas, cortando tendones sin esfuerzo.

 

Prompto invocó su pistola con un destello celeste, disparando mientras esquivaba.

 

Y Noctis…

 

Noctis desapareció.

 

Prompto levantó la GoPro justo a tiempo, apuntándola hacia donde Noctis había estado de pie.

 

—¡Cámara lenta, cámara lenta! —presionó un botón.

 

La magia ocurrió.

 

En la pantalla se vio:

 

El cuerpo de Noctis diluyéndose en partículas. 

 

Primeras chispas de luz celeste.

 

Una onda mínima de distorsión en el aire. 

 

Luego, en la distancia, la figura reapareciendo sobre el lomo del Escualodonte, espada alzada.

 

Ignis se acercó por detrás, fascinado.

 

—La estabilización captura incluso la transición… observen… —señaló con un dedo—. Antes del destello completo, hay un instante donde el cuerpo de Noctis se desmaterializa sin luz.

 

Como si la energía reuniera la forma antes de transformarla.


Noctis caminó hacia ellos, limpiando la espada.

 

—¿Eso… soy yo?


Prompto puso el modo repetición. 

 

La pantalla lo mostró desapareciendo otra vez en cámara lenta.

 

—Noct… —Prompto lo miró, casi sin poder creerlo—. ¡Eres increíble grabado a 120 fps! ¡Pareces un personaje de videojue-  digo… de… anime épico!

 


Gladio soltó una carcajada.

 

—Pone todo más dramático. Me gusta.

 

Prompto, entusiasmado, enfocó la pistola en sus manos y lo hizo desinvocarlo.

 

La GoPro capturó el destello celeste.

 

Pero también capturó algo más.

 

Un instante antes del brillo, la pistola se volvió translúcida, como si estuviera compuesta de múltiples capas superpuestas.

 

Prompto y los demás observaron fascinados.

 

—¡Miren eso! —dijo Prompto—. Se desmaterializa antes de la luz.


Gladio se cruzó de brazos, sonriente.

 

—Nunca había visto tan claro cómo funcionan nuestras armas mágicas.
Esto sí que es impresionante.


Ignis anotó mentalmente cada detalle.

 

Noctis miró la GoPro con una mezcla de respeto y asombro.

 

—Misaki… en serio nos dio algo de otro nivel.


Los Chocobos resoplaron detrás del grupo, como si también quisieran ver la pantalla.


Prompto todavía tenía la adrenalina en el pecho, el entusiasmo metido en la sangre como chispa eléctrica.

 

—¡Aún falta algo! —levantó la GoPro, con esa sonrisa que siempre anuncia caos controlado—. ¡Prueba de carrera! ¡Vamos a hacer un sprint hasta aquel árbol, cambio de cámara, salto, giro, vista subjetiva! ¡Así que… CORRAN!

 

Los otros tres lo miraron.

 

Un segundo.

 

Dos.

 

Y luego Gladio gruñó divertido:

 

—¡No me vas a ganar, palillo!

 

Los cuatro salieron disparados con los Chocobos entre las hierbas altas, era divertido, porque la vibra del grupo siempre contagiaba.

 

Prompto gritó “¡MODO HERO!” sin tener idea de si existía, pero la cámara lo entendió como si fuera lenguaje universal: captó el temblor mínimo del suelo, el movimiento del aire, la sombra de Noctis teleportándose un metro por encima del pasto “solo porque podía”.

 

Grabó risas, tropiezos, a Gladio saltando un tronco como si fuera una plataforma de gimnasio, y a Ignis —que se había unido por un instante — murmurando un “esto es absurdo” mientras igual lo hacía.

 

La GoPro registró todo.

 

Regresaron al campamento justo cuando el sol marcaba el mediodía exacto.

 

Los Chocobos se agitaron, felices de haber corrido con los humanos un rato más; luego se alejaron con suaves “kweh”, perdiéndose en la hierba.

 

En la tienda principal, el silencio parecía normal… excepto por un pequeño hecho que ninguno vio.

 

El minidroide ID10-A estaba flotando frente a la pizarra del PROTOCOLO E-47.

 

Y vibraba de risa.

 

Literalmente.

 

Sus paneles hacían un trrrrrr de humor mal disimulado mientras contemplaba la obra maestra de conspiración absurda que Ignis había dibujado semanas atrás.

 

Con su pata metálica, tomó un borrador, borró el número 39 cm del “Impacto visual mínimo aceptable”…

 

…y, con un bolígrafo robado de la mesa, escribió:

 

42 cm

 

Satisfecho, se alejó un poco para observar su obra.

 

Entonces oyó pasos.

 

Muchos pasos.

 

El droide soltó el bolígrafo como si quemara, dio una voltereta nerviosa en el aire y se escondió detrás de la mini nevera, emitiendo un bipuuuuup bajito, como si dijera “¡yo no fui!” en idioma binario.

 

Momentos después, la cortina de lona se abrió y Prompto entró.

 

—Uff… ¡qué buena grabación! A ver… —se dejó caer en el sofá.

 

Noctis y Gladio se sentaron a cada lado, como tres espectadores en un cine portátil.

 

Prompto conectó la GoPro a la laptop de Ignis.

 

Se abrieron las carpetas, Tomadas desde su pecho, desde su mano, desde un sprint, desde un salto, desde una caída, esa era culpa de Gladio empujándolo “sin querer”.

 

Los tres se inclinaron hacia adelante al ver el combate en pantalla grande.

 

La laptop era FullHD, pero la calidad igual era absurda.

 

Cada escama de Escualodonte. 

Cada destello azul de teleportación. 

Cada piedra, la textura de la ropa y las plumas de los Chocobos.

 

—Prom… —susurró Noctis—. Esto parece grabado por un documentalista profesional.

 

Prompto se acomodó orgulloso.

 

—¡Y eso que solo es el primer día!

 

Gladio asintió, sorprendido.

 

—Daría lo que fuera porque las cámaras de entrenamiento militar tuvieran esta calidad.

 

Entonces Noctis tomó el manual de la cámara, hojeándolo.

 

—Dice aquí que es sumergible… diez metros… —alzó el manual—. ¿Deberíamos probarla cuando vayamos a pescar otro día?

 

Gladio y Prompto asintieron al instante.


Prompto ya tenía la mente cien metros por delante:

 

—¡Imagina grabar bajo el agua! ¡Noctis pescando desde abajo! ¡Las burbujas! ¡Los peces huyendo! ¡El momento exacto en que el anzuelo-


Noctis se rió.

 

—Está bien, Prom. Probaremos esa función.

 

Gladio miró hacia el exterior, donde el bosque susurraba bajo la luz del mediodía.

 

—Será… un buen día.

 

Mientras tanto, detrás de la nevera, ID10-A espiaba, orgulloso de su mejora al PROTOCOLO E-47, esperando que nadie notara su acto emocional clandestina.

Chapter 30: Capítulo 4: — El entrenamiento con espadas y los secretos de Ignis. (y Saeko)

Chapter Text

El aroma cálido de la paella con Barramundi llenó toda la tienda principal cuando Ignis entró equilibrando cuatro platos. El vapor olia a hierbas aromáticas que hicieron a Noctis parpadear del gusto anticipado y a Gladio relamerse como si llevara días sin comer.

 

Ignis colocó los platos en la mesita frente al sofá, con esa elegancia fatigada que solo él podía proyectar después de casi una semana donde el universo entero se había puesto patas arriba.

 

—Disfruten.

 

—Sabes, Iggy —Gladio tomó la cuchara—, esos cuchillos nuevos… no sé qué demonios son, pero se nota que cortan diferente. La textura de este barramundi… impecable.

 

Ignis ajustó los lentes


—Patrones ondulados. Un acero que jamás había visto. Literalmente desliza más que corta. No tuve que ejercer fuerza.

 

Noctis, ya devorando la primera cucharada, levantó el pulgar.


—Está Buenismo.


Prompto, que nunca podía quedarse quieto, ya tenía la GoPro en la mano.

 

—¡A ver, a ver… enfoque extremo…!


Acercó la cámara al plato.


La pantalla mostró los granos de arroz como si fueran cristales blancos bajo un microscopio.

 

—¡Vaya! —le brillaron los ojos—. Se ve hasta la textura del grano de arroz.

 

Noctis rió.


—Prom… ¿vas a usar esa cámara hasta para dormir? Espera… no me digas que vas a grabar tus músculos, ¿verdad?


Prompto abrió la boca.

 

—…esa es…


—Una excelente idea —se adelantó Ignis antes de que el rubio se embalara—. Pero no para hacerlo en serio. Solo una prueba, una vez y luego lo borras. Hay mejores usos para esa cámara: tomas subacuáticas cuando pescamos, escalar rocas, grabar entrenamientos, tomas desde el Regalia… oh y Talcott. Si él la ve, querrá una igual y tú, Prompto, eres incapaz de decir “no”.

 

Prompto bajó el dedo que estaba levantando orgullosamente.

 

—Ese…..


Noctis se rió con él.


Entonces Gladio frunció el ceño. Estaba mirando la pizarra de PROTOCOLO E-47.

 

—Iggy… ¿cambiaste el número? Antes decía 39 cm. Ahora dice 42.

 

Ignis parpadeó.

 

—¿Qué? No.

 

Se giró hacia Prompto.

 

—Yo no fui —alzó las manos—. ¡Lo juro!


Noctis negó con la cabeza.


—Yo tampoco.


Ignis suspiró.

 

—Entonces… debió ser el Encapuchado Moguri.


Gladio soltó un resoplido.

 

—Ese tipo es… extraño. Llegó de la nada hace dias nos habló como si nos conociera, desapareció como si nada. Y ahora edita pizarras de Ignis.


Ignis cruzó los brazos.

 

—Aun así, no noto coincidencias claras con la Orden que encontramos en el Ayuntamiento de Tokio. Puede estar conectado… o puede no estarlo.


Noctis intervino, pensativo:

 

—Ese Moguri… apareció de pronto. Sin auto ni montado en Chocobo. Se metió al bosque como si conociera el lugar. Y su túnica… negra, sospechoso.

 

Prompto levantó la mano como maestro de mitología.

 

—Pero, ¡miren! Los Moguris de los cuentos, libros, animes, leyendas, son bajitos, peludos, con alas pequeñas y magia rara. Ese tipo era más alto, más humanoide, ¿1.50 metros? Sus ojos eran líneas como el de las leyendas y tiene la misma pelota roja pero más pequeña. Su comportamiento era… extraño. Podría ser una subespecie nueva de Ikune o de otro mundo.


Ignis meditó un instante.

 

—Miles de años para una evolución tan radical… no cuadra. Yo diría que sí, que pertenece a otro mundo. O a otra civilización de Moguris que nunca vimos.

 

Noctis soltó aire.

 

—¿Eso significa que… hay mundos habitados por Moguris? ¿Como Eos y la Tierra, pero… moguri-centrales?


Ignis miró la laptop apagada en la mesa.

 

—Después de lo que vimos en ese holograma galáctico… y de lo que captaste ayer con ese alienígena… no descarto nada. No estamos solos. Ni Eos lo está.


Un silencio denso, pero no pesado, cayó sobre los cuatro.

 

Entonces Prompto tragó saliva.

 

—Oigan… si hay otros mundos con vida inteligente… ¿qué pasa con nuestros Astrales? ¿Qué son? ¿Son… aliens también?


Ignis negó con serenidad.

 

—No lo sabemos. Los Astrales existen desde antes de los reinos. Su naturaleza está ligada al Cristal y a Eos. No tenemos evidencia para compararlos con civilizaciones de otros mundos y si los Astrales intervienen en esos mundos.


Gladio apoyó el codo en la mesa.

 

—¿De dónde venimos nosotros? ¿Somos la misma especie sembrada en varios mundos, traídos en naves arcas, de hace miles de años, como en esas películas?

 

Ignis lo miró.

 

—Es evidente que el origen de los humanos de Eos es más complejo de lo que creíamos. Y sí… ver a los humanos de la Tierra confirma que no es coincidencia. Somos la misma especie. Independientemente de cuántos mundos haya.


Prompto se pasó la mano por el cabello.

 

—Y pensar que… desde el 10 al 16 de agosto… caímos en otro mundo, comimos con una familia que ni nos conocía, nos adoptaron como si nada, vimos tecnologías similares, descubrimos un Stargate, una Orden Secreta, Saeko siendo una especie de Oráculo jefa y luego regresamos como si nada… —rió nervioso—. Y encima volvimos con regalos. ¡REGALOS! ¿Qué clase de aventura fue esa?

 

Ignis tomó aire hondo.

 

—Una que cambió nuestra comprensión del universo y no es la última, sospecho que habrá más.

 

Entonces Noctis bajó la mirada al plato.

 

Su voz salió más seria, más profunda.

 

—Cuando Saeko me susurró al oído en esa sala… dijo que hay un sacrificio que no será necesario. Que hay un futuro para Eos que no será como estaba escrito. Que hay esperanza.


Levantó la mirada, firme.

 

—Y yo juro, aquí, frente a ustedes… que no pienso sacrificarme. Ni ahora, ni nunca. Si hay una batalla futura, si hay algo que nos espera afuera… no me voy a entregar como en esas profecías antiguas. Lucharemos juntos.


Gladio apoyó su mano en el hombro de Noctis.


Prompto también.


Ignis asintió.

 

Noctis bajó la mirada apenas, pensando.

 

—Aun con todo... lo siento. Hay algo más esperándonos, algo que tal vez Saeko... o esa Orden... nos pedirá que ayudemos a resolver algo…


Prompto vibró de emoción.

 

—¡Quizá sea épico! ¡Como en una película espacial!

 

Ignis resopló.

 

—Esperemos que no involucre aliens gigantes persiguiéndonos.

 

Gladio rió, profundo.

 

—Mientras estemos juntos… que venga lo que tenga que venir.

 

Y Noctis, mirando la luz que entraba por la lona de la tienda, murmuró para sí, con una mezcla de ansiedad y emoción:

 

—Lo que venga… será grande.

 

Después del almuerzo, Gladio se estiró hasta oír crujir sus hombros.

 

—Oigan… ¿qué tal si hacemos un entrenamiento? —alzó una ceja, divertido—. Y de paso vemos cómo graba la cámara de Prompto.

 

—¡Sí! —responde Prompto al instante, casi dando un brinco—. Vamos, vamos.

 

El rubio agarró la GoPro y salió casi trotando al exterior. Noctis le siguió con un bostezo ligero, acomodándose el guante.

 

En el claro, Gladio invocó su escudo con un destello contundente. Noctis invocó su espada.

 

Prompto levantó la GoPro y miró a Noctis con una idea iluminándosele en la cara.

 

—Noct, ¿qué tal si pongo la cámara en tu ropa?

 

—Ahí sí. Dale —respondió el príncipe con una sonrisa suave.

 

Prompto se acercó, ajustó la cámara en el pecho de Noctis, retrocedió unos pasos y sacó su teléfono. Abrió la app, ya lista para grabar, y presionó…

 

—¡Esperad! —gritó de golpe.


Noctis ladeó la cabeza.

 

—¿Qué?

 

—Antes de la lucha… prueba un warp strike, ¿sí? Para ver si la cámara sigue ahí.

 

—Pero mis cosas se teletransportan conmigo.

 

—Sí, pero esta no es “una cosa de Eos”. Es tecnología de la Tierra —dijo Prompto, moviendo el índice.

 

Noctis parpadeó.

 

—Ah… ya veo. Bueno, lo pruebo.

 

Noctis inhaló y lanzó un warp strike corto. Se desmaterializó hacia un punto a unos metros a la izquierda, envuelto en un destello azul. La cámara permaneció firmemente sujeta al pecho.

 

Prompto revisó su teléfono.

 

—Ah… la señal se perdió un momento. Y volvió. ¡Bien!

 

Noctis se miró la cámara.

 

—¿Pero siguió grabando…?

 

Prompto corrió hacia él, revisó, y en la pantalla vio el movimiento abrupto: la teletransportación parecía un fogonazo celeste que desplazaba todo el encuadre.

 

—Vaya… ¿así ves usted, señorito warp?


Noctis soltó una risa.

 

—Así, más o menos.


Gladio golpeó el escudo con el puño.

 

—¿Qué esperan? ¿Vamos?

 

—Ah, sí —dijo Noctis, invocando la espada con un giro.

 

El entrenamiento comenzó. Gladio avanzó con fuerza; Noctis esquivaba, teletransportándose con destellos breves. Prompto, con su teléfono en mano, veía la transmisión en vivo de la GoPro y sus ojos se agrandaban cada segundo.

 

—¡Ustedes dos parecen efectos especiales reales! —murmuró, maravillado.

 

Mientras los otros se movían entre golpes y luz azul, Ignis los miró desde la distancia. Luego se dio vuelta, caminó con calma y rodeó la tienda, colocándose fuera de la vista de los tres.

 

Miró a ambos lados para asegurarse de que estaban distraídos.

 

Su mano bajó hacia la chaqueta, al bolsillo interior.

 

Allí dentro seguían las tres cartas que Saeko le había depositado con sigilo días atrás, en la Tierra. Ignis las deslizó hacia afuera. Cada una sellada con cera. En la cera:


El símbolo de la Orden Astrae y justo abajo, el logo elegante de La Oráculo de La Tierra, acompañado de la firma manuscrita de Saeko Takahashi.Ignis giró las cartas al reverso.

 

La primera decía: “Abrir en cualquier momento.” Para: Ignis, Gladio y Prompto.

La segunda: “Abrir 25 de diciembre 756.” Para: Ignis.

La tercera: “Abrir enero 757.” Para: El Grupo y sus aliados.

 

Ignis sintió un estremecimiento leve bajo las costillas.

 

—Saeko… ¿qué escondes? —susurró.

 

Recordó el juramento que había hecho: Noctis sobrevivirá. A toda costa.

 

Ignis suspiró, como si el aire pesara, y murmuró:

 

—Bien. Veamos el objeto.

 

Metió la mano al bolsillo y sacó el pequeño dispositivo que ella también le había dejado. Era como una tableta fina, sin botones, gris mate, metálica.

 

La pantalla se encendió sola.

 

Analizando…

 

De la parte superior emergió un pequeño escáner que proyectó una luz sobre él, recorriendo su rostro, su pecho, sus manos. Luego se elevó unos centímetros y apuntó al cielo, aunque el sol de la tarde aún brillaba con claridad.

 

El escáner terminó y la tableta proyectó un holograma tridimensional:


La Galaxia Vía Láctea, se acercó, zoom sobre un punto. Más zoom… hasta un planeta conocido: Eos.

 

Abajo, letras blancas:

 

Ubicación confirmada.

Duscae, Lucis, Eos, Brazo Orión.

Analizando fecha…

 

La pantalla mostró un parpadeo. Luego:

 

Datos bloqueados.

Apertura: Enero 757.

Datos actualizados.

 

El holograma se disolvió lentamente.

 

La tableta quedó en silencio.

 

Ignis permaneció ahí, solo, con la tableta en la mano y las tres cartas en la otra. La brisa movió su chaqueta.

—… 

 

Sus ojos, tras los lentes, tenían un brillo que nunca mostraba frente a los demás, era el brillo de alguien que sabe que, desde ese instante, está caminando sobre un guion invisible… escrito desde otro mundo.

 

Y que su deber dejó de ser solamente proteger.

 

Ahora también debía comprender.

 

Ignis permaneció ahí, solo, con la tableta apagada entre los dedos. Luego levantó la vista… directamente hacia el lector.

 

—¿Qué secretos esconde Saeko…?

 

Se ajustó los lentes y un destello se reflejó en los cristales, delatando que su mente hervía. Exhaló un suspiro largo, cerró la mano alrededor del dispositivo y con calma, guardó todo.

 

—Ignis… concéntrate —murmuró apenas para sí mismo—. Esto ya no es solo logística. Es… otra clase de responsabilidad.

 

Envainó sus pensamientos, se dio media vuelta y caminó hacia la tienda principal.

 

Al entrar, vio la mesita, al lado de la laptop: las cartas de Misaki y las microSD. Ignis las tomó, revisó los sobres, el estado de las tarjetas y se dirigió a la tienda que compartía con Gladio.



Tienda de Ignis y Gladio.

 

Allí, junto a la cama, jaló un baúl de metal. Lo acercó, introdujo un código numérico y el candado se abrió.

 

El contenido se abrió ante el lector como un pequeño tesoro secreto de Ignis:

 

Libros de cocina con tapas gastadas y anotaciones al margen hechas a mano.

 
Recetarios prohibidos que jamás dejaría cerca de Gladio, “para evitar experimentos destructivos”.


Un frasco con especias raras etiquetado no abrir sin supervisión.

Un par de notas manuscritas de su padre, guardadas.

Y una caja mediana de madera donde guardaba objetos que no debían ser vistos por cualquiera, ni para el lector...

 

Ignis colocó las microSD dentro de una cajita para MicroSD. Luego puso encima las cartas de Misaki, cerró el baúl y lo deslizó bajo la cama, donde quedaba oculto entre sombras y polvo.

 

Después sacó de su chaqueta las tres cartas de Saeko y el dispositivo.

 

—Muy bien, Ignis… —susurró mientras alineaba mentalmente cada pieza—. El dispositivo y las dos cartas… secretos. Por ahora.

 

Extendió la mano. Dos de las cartas —la de diciembre 756 y la de enero 757— y el dispositivo se desinvocaron, volviéndose una ráfaga de luz y disipándose hacia su inventario.

 

La tercera carta, la de “abrir en cualquier momento”, la volvió a guardar en el bolsillo interior de la chaqueta.

 

—Eso será para otro día —dijo, como si estuviera posponiendo una conversación importante consigo mismo.

 

Ignis salió de la tienda. Su rostro retomó automáticamente la compostura profesional de siempre, pero la sombra de la curiosidad seguía detrás de sus lentes.

 

Regresó con los demás.

 

A unos metros, Prompto movía el brazo enérgicamente.

 

—¡Ignis! ¡Ven, ven! ¡Mirá esto!

 

Ignis caminó con elegancia y se inclinó un poco para ver la pantalla del teléfono en las manos de Prompto.

 

Apenas la vio, se ajustó los lentes… y el brillo volvió a aparecer.

 

La GoPro transmitía en vivo: la perspectiva del pecho de Noctis, la lucha simulada con Gladio, el movimiento fluido, los destellos azules, la vibración mínima, la nitidez increíble.

 

—¡Esto es increíble! —exclamó Prompto, fascinado.

 

El príncipe giraba, teletransportándose en pequeños destellos celestes que la cámara captaba como si fueran remolinos lentos de luz comprimida.

 

Gladio bloqueaba, avanzaba, retrocedía, todo visto desde un ángulo imposible.

 

Ignis respiró una vez, guardó su análisis para más tarde y dio un paso adelante.

 

—Supongo que no estaría de más… participar un momento.

 

Gladio se rió.

 

—¿Vas a entrar sin avisar?

 

—Considera esto mi aviso.

 

Ignis invocó sus dagas en un destello. Noctis se giró sorprendido; Gladio alzó el escudo; la GoPro captó todo con un pequeño temblor cuando el príncipe retrocedió para tomar distancia.

 

—¿Preparados? —preguntó Ignis, con esa serenidad que siempre precedía al caos táctico.

 

—¡Dale! —gritó Noctis.

 

Y comenzó el combate simulado: pasos que cortaban la tierra, destellos triangulando posiciones, la voz de Gladio tronando órdenes improvisadas, Ignis moviéndose como un cálculo perfecto, Noctis riendo al intentar alcanzar ángulos imposibles mientras la GoPro vibraba en su pecho.

 

Prompto grababa con ambas manos temblorosas.

 

—Chicos… ¡es la mejor toma que he hecho en mi vida! ¡Noct, la cámara te ama!

 

El príncipe se teletransportó detrás de Ignis. La cámara captó la ráfaga de luz azul y el giro que seguía. Gladio lo bloqueó con el escudo. Ignis deslizó un contraataque exacto.

 

—¡Uff! —bufó Prompto— ¡eso quedó demasiado épico!

 

Los tres Chocobros rieron, respirando duro, disfrutando ese rato que por fin tenía gusto a simple vida.

 

El sol comenzaba a bajar sobre Duscae, pintando la hierba de naranja.

 

La cámara grababa, las espadas brillaban.

 

Y entre árboles distantes, algo más observaba el droide ID10 flotaba parcialmente oculto entre ramas altas. Su lente azul enfocando a cada uno de los chicos. Grababa. Analizaba. Comparaba tonos de energía. Midiendo ritmos, voces, el destello único del warp.

 

El droide se movió unos centímetros y fijó la mirada en Noctis.

 

Luego en Ignis.

 

ID10 emitió un pitido.

Boop-bip-uip!

 

Y se quedó ahí, vigilante, como un testigo mecánico del día más tranquilo antes de lo que venía.


El combate concluyó con risas cansadas, polvo en las botas y Prompto gritando:

 

—¡Esa toma va directo al documental del viaje, papi!

 

Ignis guardó sus dagas.

 

Noctis se ajustó la GoPro en el pecho y sonrió.

 

Gladio se estiró, crujió los hombros y dijo:

 

—Bueno. Eso estuvo bien.

 

El cielo bajó un tono más.

 

El campamento concluyó el día en un ambiente de calma. Sin embargo, mañana será un día de mucha acción que tomará por sorpresa a los Chocobros.

Chapter 31: Capítulo 5: — Un Milagro con Chatarra (y el panico de los Droides)

Chapter Text

17 agosto 756, mañana.

Hotel Leville, Lestallum.

 

Afuera del hotel, el calor veraniego pegaba con ese brillo ondulante del asfalto. Cindy caminaba con paso decidido, cargando una caja que parecía tener el peso emocional de un chocobo adulto. Aranea venía a su lado cargando otra, y detrás de ellas, Mónica con una tercera que decía “Componentes frágiles” aunque cada paso hacía que algo dentro tintineara peligrosamente.

 

Subieron hasta el segundo piso.
Habían sudado más que en una carrera de media maratón, pero no protestaron.

 

—De verdad espero que esto valga la pena —murmuró Aranea mientras empujaba la puerta de la habitación.

 

La habitación de Cindy estaba en su estado natural: caos creativo. Papeles por todas partes, planos abiertos en la cama, herramientas regadas como si hubieran caído del cielo, tres tazas de café abandonadas en distintas fases de extinción y en un rincón, una caja de Red-ray con la portada de La Guerra de las Estrellas: Una Nueva Expectativa, mirando al mundo como si cuestionara su propia existencia.

 

Cindy dejó su caja en el suelo con un suspiro triunfal.

 

Mónica la miró con cejas arqueadas.

 

—¿Cindy, en serio vas a hacer ese “bláster”?

 

Aranea señaló la caja de la película, incrédula.

 

—Desde que yo, Cindy, Luna y Iris escuchamos ese sonido raro y vimos la herida del Coeurl durante la batida de caza de hace dias… no se lo saca de la cabeza. Pensé que hará un arma de balas, como la gente normal. Pero no: va a construir una como la de la película. Y no solo eso, una pistola. ¿Y esos materiales? ¿Eso es para un rifle francotirador?

 

Cindy sonrió con la chispa peligrosa de quien no ha dormido bien y está llena de ideas.

 

—Es que ese sonido… ese sonido no era normal.

 

La puerta se abrió de golpe y entraron Luna e Iris.

 

—¿Y cómo va tu avance? —preguntó Luna, curiosa.

 

Cindy señaló la mesa saturada.

 

—Pues… aún lo estoy armando. Me falta un combustible. Según la película usa un gas comprimido, pero acá no tenemos algo tan pequeño y estable. Estoy atascada.

 

Iris levantó la mano como si estuviera en clase.

 

—¿Y si usas un fragmento del meteorito?

 

Cindy abrió los ojos como si acabara de ver la luz.

 

—¡Es buena idea!

 

Aranea se pasó la mano por la cara.

 

—Esto se está volviendo cada vez más absurdo.

 

Mónica intervino.

 

—En el lobby del hotel hay muestras pequeñas como decoración, ¿te acordáis? Tal vez abajo-

 

Cindy ya había desaparecido por la puerta, dejando confusión atrás.

 

Luna, Iris, Aranea y Mónica se miraron.

 

Esto va a terminar mal —pensó Luna, —pero no tengo valor de detenerla.

 

Minutos después, Cindy regresó con el brillo de la victoria.

 

—¡Miren! ¡Tres piezas!

 

Aranea cruzó de brazos y la observó con sospecha.

 

—¿Las robaste?

 

—No, mujer. Las compré. 3 mil Guils cada una… estaban en oferta por ser “decoración temática”.

 

Se sentó, colocó las piezas y comenzó a ensamblar a velocidad preocupante. Sus dedos bailaban en el metal y los cables con la gracia de quien nació para eso.

 

15 mins después levantó la herramienta terminada.

 

—Listo.

 

Aranea se atragantó con su propio aliento.

 

—¿Qué? ¿Lo hiciste?

 

—Pues… se encendió, ¿ven? Y por ahora es una pistola. Solo falta probarla. Veamos…

 

—¿Espera, lo vas a probar? ¡Cindy!...

 

Pero Cindy ya había levantado el arma y apuntado hacia la maceta en la ventana abierta.

 

¡¡PEWMM!!

 

El sonido fue exactamente ese: PEWMM, rudioso, casi musical.

 

Un pulso de plasma celeste salió disparado: una línea luminosa que dejó un rastro azul brillante en el aire.

 

Impactó la maceta.

 

La maceta explotó en pedazos, dejando una nube de tierra suspendida en el aire y una lluvia de cerámica cayendo hacia el exterior. El borde de la ventana quedó tiznado con partículas chispeantes que parpadearon antes de apagarse.

 

Las chicas quedaron inmóviles.


Ni un parpadeo.

Ni un respiro.

 

Cindy, con ojos enormes, miró la pistola.

 

—¡Lo logré!

 

Se levantó de golpe, tiró la silla hacia atrás y comenzó a hacer un baile irreproducible que combinaba pasos de victoria con movimientos de alguien que pisó una cucaracha invisible.

 

Las demás seguían petrificadas.

 

Cindy se detuvo apenas un segundo.

 

—¿Qué? ¿Nunca han visto un baile de victoria?

 

Y siguió bailando…

 

Luna y Mónica intercambiaron una mirada perdida. Iris parecía preguntarse si estaba soñando.



Aranea, con la mandíbula casi en el suelo, finalmente consiguió articular palabras:

 

—Eso… es imposible.

 

La habitación, en silencio absoluto, parecía estar de acuerdo con ella.

 

El universo, probablemente también.

 

Y sin embargo… ahí estaba el bláster y funcionaba.

 

Como siempre, con Cindy: lo absurdo se había vuelto real.

 

El minidroide ID11-A, oculto detrás del ventilador de techo, llevaba largos minutos observando la escena desde su escondite. Cuando el pulso celeste estalló contra la maceta y la convirtió en una nube de terracota, tierra y chispas, su pequeño procesador entró en algo parecido a un colapso nervioso electrónico.


El minidroide vibró y luego entró en pánico.

 

Salió disparado del escondite, flotando por antigravedad con un temblor agitado:


tik-tik-tik-tik-tik.


Cruzó la habitación sin que ninguna de las chicas lo notara —estaban demasiado ocupadas contemplando la destrucción y el baile absurdo de Cindy— y cruzó la ventana abierta.

 

Se elevó hasta el techo del hotel.

 

Allí estaba ID11,con sus paneles solares extendidos para tomar el sol de la mañana. Un gato jugueteaba con una de sus patas mecánicas, mordiéndola.

 

ID11-A aterrizó bruscamente, casi chocando con el gato y ese maulló y se acercó a ID11.

ID11 giró su lente azul hacia él y emitió un pitido:

 

—¿Bwooop?

 

ID11-A respondió con una ráfaga de pitidos frenéticos:


pi-pi-pi-pi-pi-ooow!

 

Relatando con exactitud robótica cada detalle del desastre tecnológico que Cindy había desatado abajo.

 

ID11 congeló procesos por medio segundo, luego replegó sus paneles solares rápido y se levantó sobre sus patas, flotando.

 


Descendió a toda velocidad hacia la ventana de la habitación de Cindy.

 

Desde afuera, observó:

 

Las chicas petrificadas.

 

Cindy bailando como si hubiera ganado la liga de chocobos profesionales.

 

Los planos tirados por todas partes.

 


El arma, todavía humeante.

 


Los restos de la maceta como evidencia del crimen científico.

 

Se acercó a los fragmentos, activó su lente analítico y emitió un zumbido de procesamiento.


Su lente pasó de azul a rojo.

 

ID11 entró en pánico.

 

Subió de nuevo hasta el techo, donde ID11-A esperaba con ansiedad y el gato bostezaba como si nada de esto importara.

 

ID11 agarró con sus patas a ID11-A y empezó a sacudirlo desesperadamente y soltó un Chirrido.

 

ID11-A levantó una patita.


Bzzzz-piiip-uuip Un pitido de avisar al agente 5.

 

ID11 reaccionó y lo soltó, recomponiéndose lo mejor que podía un droide aterrorizado.

 

De la parte superior de su cabeza emergió un holograma circular proyectado al aire. Un patrón de ondas se formó, como una llamada cifrada.

 

Y luego apareció el Encapuchado Moguri, miró a los 2 droides.

 

—ID11, ID11-A. Reporte. ¿Ha pasado algo urgente?

 

Los dos droides emitieron una ráfaga rápida de pitidos, un caos de tonos ascendentes y descendentes:


—Pi-pi-BWIP-BWIP-pííí-pio-bip-buup-PWIP!

 

El agente 5 se quedó quieto.

 

Su pelota roja se sacudió en un tic nervioso.

 

—¿Que… QUÉ? ¿Qué Cindy hizo un bláster?

 

Un silencio cargado de incredulidad.

 

—Eso es imposible en Eos. ¡Imposible! Ese tipo de armas no se desarrollarán hasta dentro de muchos, muchos años. ¿Y encima usando un fragmento del meteorito? ¿El mismo que alimenta toda Lestallum?

 

El Moguri respiró hondo… o lo más equivalente que un Moguri encapuchado puede hacer..

 

—ID11… ID11-A… cálmense. Esto no es el fin del mundo, no. No entren en protocolo de pánico absoluto, no. Escuchen: sigan vigilando. No intervengan, no hagan ruido, no alerten a nadie. Necesitamos observar antes de actuar. Comprendido.

 

Los dos droides emitieron un pitido obediente y simultáneo.


Biiiiip.

 

El agente 5 continuó, bajando un poco la voz, como si temiera que incluso el viento pudiera oírlo.

 

—Si esa humana… Cindy… puede crear eso con piezas de chatarra y un fragmento del meteorito, necesitamos saber si fue suerte, genialidad o pura locura divina. Nada de alarmas hasta entender el alcance. Mantengan vigilancia absoluta. Transmisión continúa. No se acerquen al arma, ni por curiosidad… ID11, te estoy viendo.

 

El droide grande bajó su lente con una especie de vergüenza mecánica.

 

El holograma se desvaneció.

 

ID11 y ID11-A quedaron inmóviles sobre el techo, observando a la humanidad de Eos que estaba a un paso de la ciencia ficción, mientras el gato a la par siguió bostezando como si no le importara nada.

 

La cámara, descendió lentamente desde el techo hacia la ventana abierta de la habitación.


La música invisible del baile de Cindy parecía hacerse más fluida, casi coreográfica, mientras las otras chicas seguían en estado de shock absoluto.

 

Las manos de Aranea, sin embargo, reaccionaron primero.


Se sacudió el trance como quien despierta de una pesadilla absurda, dio dos pasos firmes y agarró a Cindy por los hombros.

 

—Esto no lo puedes decir a nadie —su voz salió con una mezcla de autoridad militar y miedo muy real—. Ni en sueños. Ni en broma. Si Niflheim llega a enterarse de este chisme… te van a arrastrar a un laboratorio secreto y no te van a dejar salir hasta que inventes diez mil unidades. Y eso si tienes suerte.

 

La expresión de Aranea era puro pánico estratégico.

 

—Solo úsalo si es necesario. En una batida, en una emergencia, y siempre lejos del público. ¿Entendido?

 

Cindy Asintió con los ojos bien abiertos.

 

—Lo sé, no soy tonta. Sé las consecuencias. No quiero terminar como conejillo de indias.

 

Aranea respiró profundo, soltando un peso invisible.

 

—Bien. En cuanto al arma… yo la guardaré por invocación. Así nadie la encuentra por casualidad. Te la daré cuando sea el momento y sobre el rifle francotirador, ¿lo vas a hacer?

 

Cindy sacó pecho, orgullosa como siempre.

 

—Claro que sí. No voy a ser una carga en las batidas, tengo que aportar algo más que ajustes de motores.

 

Iris, Mónica y Luna intercambiaron miradas tensas, sorprendidas, medio divertidas, medio aterradas por lo que acababan de presenciar.

 

Luna dio un paso al frente, más pensativa que alarmada, sus ojos tenían ese brillo suave, como si calculase algo que no había terminado de comprender, pero ya intuía.

 

—Cindy… —su voz era un susurro educado pero firme— ¿y si me haces una… pequeñita? Una versión más sutil. Para protección personal —dijo mientras su pensamiento quedaba en suspenso— —¿por qué siento que esto será importante…?

 

Cindy parpadeó, procesando la petición.

 

—¿Eh?

 

Aranea alzó una ceja, una mezcla de incredulidad y resignación.

 

—Luna… amiga… ¿estamos comenzando una revolución armamentística patrocinada por la realeza? Porque si es así, por lo menos avísenme para ir puliendo mi lanza.

 

Luna sonrió con suavidad, aunque en el fondo de sus ojos había una intuición extraña, como un eco de algo que todavía no entendía del todo.


Iris levantó una mano, aún con el temblor.

 

—¿Y Cor? —preguntó—. ¿Deberá saberlo? Si esta tecnología sirve para enfrentar a Niflheim… quizá podríamos…

 

El aire se tensó un poco.

 

Como si el nombre de Cor Leonis arrastrara consigo la gravedad de una sentencia.

 

Mónica cruzó los brazos.

 

—Incluso si usáramos balas o esas armas energéticas… —miró la pistola improvisada de Cindy con una mezcla de respeto y miedo— la situación seguiría igual. La Crownsguard tiene pocos miembros desde la caída de Insomnia. No tenemos un ejército y recordemos que estuvimos a la defensiva durante años. Ni siquiera en aquella época, cuando el Imperio usó magitek por primera vez, podíamos pensar en una fuerza ofensiva.

 

A menos que Cindy, por algún milagro, construyera una nave como esos cazas que salen en las pelis… —señaló la caja de “Una Nueva Expectativa”— habría cero posibilidades de equilibrar el campo de batalla, quizá al menos unos cuantos derribos de aeronaves de Niflheim.

 

Cindy abrió la boca, lista para decir “Bueno, podría intentarlo…”, pero Aranea le dio un leve codazo en las costillas.


Ella se aclaró la garganta.

 

—Tampoco es que pueda hacer todo, ¿saben?

 

Luna dio un paso suave hacia adelante, como si su sola presencia calmara la electricidad del ambiente.


Tenía ese brillo sereno en los ojos que siempre aparecía cuando hablaba de alguien muy importante.

 

—Cor… —dijo con un tono reflexivo, lleno de respeto— no busca milagros. Ni armas imposibles. Él siempre ha valorado la disciplina, la estrategia y el deber.
Si se lo contamos antes de tiempo, lo interpretará como una invitación a un conflicto que aún no podemos sostener y Cor no es alguien que avance sin estar seguro de proteger a todos.

 

Miró a Cindy. Luego a la arma energética en la mesa.

 

—Pero si demostramos que esto puede ser una herramienta para proteger, no para atacar… quizá lo acepte cuando llegue el momento, Cor no carga el peso del poder, carga la responsabilidad de la gente. Si algo amenaza su seguridad, él se pondrá al frente… aunque eso signifique caminar solo.

 

Aranea respiró hondo.

 

—Iba a decir lo mismo. En otras palabras: no se lo digamos aún.
Cuando tengamos algo estable, algo probado, algo que no vaya a explotar en nuestras caras… entonces lo hablaremos con él. Cor se merece tener información real, no una chispa peligrosa.

 

Iris bajó la mirada, pensativa.

 

—Supongo que sí…

 

Luna añadió con suavidad, como si su intuición la guiara:

 

—Cor siempre entiende las decisiones que nacen de proteger a los demás. Y cuando llegue ese día… será él quien decida cómo actuar.

 

Luna sacó su teléfono, leyó un mensaje breve —uno que le hizo curvar los labios con una sonrisa casi secreta— y lo guardó.

 

—Bien… —dijo con una calma que contrastaba con el caos reciente— entonces, ¿nos vamos? Podemos seguir viajando y volvemos otro día.
Aún es temprano. ¿Qué tal si vamos a la estación de Coernix en Alstor, Duscae? Podríamos probar el arma contra alguna criatura por allá… o esperar fuera del pueblo hasta que aparezca un cadente esta noche.

 

Aranea se estiró un poco, chasqueó el cuello y murmuró:

 

Preferiría no esperar a que un monstruo con fuego venga a vernos la cara. Mejor un objetivo controlado, una criatura menor. Nada que pueda achicharrarnos si Cindy apunta mal.

 

Cindy abrió los ojos, indignada.

 

—¡Ey! Apunto bien…

 

Todas la miraron con la misma expresión: “ni tú te crees eso”.

 

Mónica esbozó una sonrisa suave.

 

—Yo me quedaré aquí en Lestallum —dijo mientras acomodaba su flequillo—. Debo hacer unas cosas con la Crownsguard, papeleo, rutas ya saben. Nos vemos cuando vuelvan.

 

Luna le dedicó un gesto de agradecimiento sincero.

 

—Gracias por todo, Mónica. Y por confiar en nosotras. Volveremos pronto.

 

Aranea tomó el bláster recién creado, lo sostuvo unos segundos y lo desinvocó en un destello leve.

 

—Mejor así. Si no existe físicamente, no cae en manos equivocadas.

 

Las chicas asintieron. Cada una regresó a su habitación para alistarse.


Cindy guardó los planos, papeles, dibujos y garabatos en su maleta, Incluso metió la caja de “La Guerra de las Estrellas”, porque —en sus palabras— “la inspiración es sagrada”.

 

Unos minutos después, se reunieron todas en el lobby.


Junto a la entrada estaban Cor, Talcott, Mónica y Jared, listos para despedirse, como si las cuatro fueran parte de una expedición formal.

 

Cor cruzó los brazos, con su típica postura imponente pero serena.

 

—Chicas —dijo, firme— tengan cuidado.

 

Luna hizo una leve venia, elegante.

 

—Volveremos en unos días. O semanas, depende.

 

Iris lo despidió con energía. Cindy agitó las manos con entusiasmo. Aranea solo inclinó la cabeza, lo cual, en su lenguaje, equivalía a un abrazo.

 

Salieron al estacionamiento, donde el Solaria el color celeste metalizado con tonos dorados brillaba bajo el sol de la mañana.

 

Abrieron el maletero, acomodaron las maletas y subieron:


Luna al volante, Aranea de copiloto, Iris y Cindy en el asiento trasero.

 

El techo duro del auto se abrió y se plegó hacia el maletero, mientras tanto, algo se movió en los arbustos cercanos… una pequeña sombra metálica.

 

El droide ID11 (con ID11-A guardado dentro de su compartimento interno) corrió sobre sus cuatro patas mecánicas, cruzó el asfalto a toda velocidad y se enganchó al chasis del Solaria. Lo hacía de forma tan natural que parecía parte del ritual del viaje.

 

Se ocultó como siempre.

 

El V12 rugió.

 

El Solaria salió del estacionamiento y tomó rumbo hacia el camino que conectaba Lestallum con el resto de Duscae.

Chapter 32: Capítulo 6: — La Prueba del Arma y el Secreto de La Oráculo.

Chapter Text

El Solaria avanzaba por la carretera rural de Duscae, con el gran lago extendiéndose a un lado como una placa de vidrio azul que respiraba con las brisas del mediodía. La luz se reflejaba en las colinas, y a lo lejos la estación Coernix parecía una pequeña mancha amarilla en medio del verde.

 

Aranea, con el codo apoyado en la ventanilla, giró la cabeza hacia el asiento trasero. Su expresión era una mezcla curiosa entre sospecha y genuina incredulidad.

 

—Cindy… explícame cómo demonios hiciste para crear esa cosa y encima dispararla. El imperio lleva décadas intentando algo parecido, soñando con energía pura y jamás se les ocurrió usar fragmentos de meteorito como combustible porque, ya sabes, solo sirven para electricidad. Física básica. En las películas usan gas comprimido y lo venden como “realista”, ¿no? Pero tú… tú lo armaste en dos días y le pusiste el fragmento en 15 minutos con algo que ni debería funcionar así. Cindy… ¿en serio eres solo una mecánica?

 

Luna soltó una pequeña risa mientras mantenía la vista en la carretera, como si estuviera escuchando una comedia particularmente buena.

 

Cindy se acomodó el pañuelo y levantó la barbilla, ofendida pero orgullosa.

 

—Bueno, miren… ese sonido que escuchamos hace días, durante la batida, cuando encontramos al Coeurl muerto con esa herida extrañísima… yo pensé que alguien nos estaba protegiendo desde las sombras. No sé quién, pero alguien con un arma avanzada y pues… me inspiré. Y con la peli en la cabeza… lo hice. ¡Tarán!

 

Aranea se inclinó hacia atrás, cruzándose de brazos.

 

—Tarán, dice. Me das miedo… pero del bueno. Aunque sigo pensando que hay un loco suelto con tecnología imposible rondándonos.

 

Iris apoyó la barbilla en el respaldo del asiento.

 

—Ahora que lo dices… si alguien nos protege… ¿Quién sería? No creo que sea Cor escondiéndose en los arbustos como un ninja. Y ni siquiera él tendría un arma así.

 

Luna intervino con voz suave.

 

—Cor no puede seguirnos a todas partes… ¿o sí?

 

Ella frenó lentamente, guiando el Solaria hacia el borde del camino. Encendió las luces de emergencia.

 

Las chicas se miraron unas a otras, atrapadas en un silencio extraño.

 

Diez segundos.

Detenidos.

Ni un pájaro, ni una hoja moviéndose, ni un suspiro.

 

Era el tipo de pausa dramática que en las películas suele terminar mal… o en una revelación absurda.

 

Cindy parpadeó, respiró hondo y soltó:

 

—Bueno, si es Cor… mínimo podría avisar. Porque entre monstruos, armas energéticas y ustedes mirándome raro, ya necesito un refresco.

 

Todas estallaron en risas. La tensión se desmoronó como si nunca hubiera existido.

 

Luna apagó las luces de emergencia y retomó la marcha, el Solaria rugiendo de nuevo mientras el camino se abría ante ellas hacia Alstor.

 

Entre los bajos del auto, un pequeño destello metálico asomó.

 

El droide ID11 vibró, produciendo un pitido mínimo, casi inaudible.

 

Se estaba riendo.


Estación de servicio Coernix, Alstor, Duscae.


Mediodía.

 

El Solaria se estacionó bajo el toldo metálico. Las cuatro puertas se abrieron a la vez, como si fueran protagonistas de un comercial muy caro. El techo duro permaneció plegado en el maletero, respirando aire fresco.

 

Luna fue directo al mostrador del motel y pidió cuatro habitaciones. Tomó las llaves y las repartió.

 

Todas bajaron sus maletas y se dirigieron a sus cuartos. Unos minutos después, ya más cómodas, caminaron hacia el Crow’s Nest, atraídas por el olor a salmón y papas fritas.

 

Se sentaron en la barra. Cindy apoyó los codos con una sonrisa orgullosa.

 

—Entonces… ¿probamos el arma con una batida menor? ¿O esperamos a que salga un cadente esta noche?

 

Aranea le dio un golpecito suave en la frente con un dedo.

 

—Te dije: mejor una batida menor. No sé cuántos disparos aguanta esa cosa ni cuánto resiste ese fragmento del meteorito antes de hacer boom. Y no quiero estar cerca cuando pase.

 

Se volvió hacia la pizarra del tablón de caza.

 

—Aquí hay una de Yellowtooths. Pagan poco, 2.330 guils, pero sirven para probar.

 

Luna bebió un sorbo de agua.

 

—Pagan poco, sí. Pero lo importante es ayudar a la gente. Los guils sobran.

 

Iris sonrió.

 

—Y además… no todos los días tenemos la oportunidad de probar un arma que técnicamente desafía las leyes de la realidad.

 

Comieron como si no hubieran probado un plato caliente en un mes. Porque nada recupera energías como el salmón de Kenny.

 

Luego caminaron hacia el bosque, 20 minutos entre árboles altos, Localizaron la manada de cinco Yellowtooths merodeando entre los arbustos.

 

Muy arriba, en una rama gruesa, el droide ID11 observaba. Quieto. Atento. Oculto.

 

Aranea invocó su lanza con un destello y también materializó la pistola bláster de Cindy para entregársela.

 

—Si esta cosa falla, lucharemos a la manera tradicional. No te preocupes.

 

Cindy asintió con nervios. Apuntó al primer Yellowtooth que se acercaba… y disparó.

 

Un pulso celeste atravesó el aire y el bicho cayó muerto de un solo disparo.


Iris gritó:

 

—¡Dispara! ¡Vienen más!

 

Cindy entró en pánico, cerró los ojos y apretó el gatillo de nuevo. Y de nuevo. Y de nuevo.

 

Los Yellowtooths cayeron uno tras otro… y también varias rocas, arbustos y troncos quedaron marcados con quemaduras. Un cráter pequeño empezó a humear a la izquierda de ellas.

 

Las tres chicas miraron a Cindy.

 

Lentamente.

 

Muy lentamente.

 

Como si estuvieran contemplando a la nueva emperatriz accidental del caos energético.

 

Cindy abrió un ojo, luego el otro.

 

—¿…Les atiné?

 

El bosque decidió no responder, por miedo.

 

El olor a plasma seguía en el ambiente, como si la pistola todavía quisiera presumir su existencia absurda. Aranea examinó el claro chamuscado con la precisión de alguien que había visto muchas cosas imposibles… pero ninguna tan insolente como esa.

 

—Sí, disparaste al azar… —dijo mientras caminaba entre las marcas del suelo—. Y esos bichos se murieron de un solo disparo a pesar de que les tiraste más. Mira las ramas, las rocas, la hierba; todo chamuscado, pero sin fuego. Eso ni siquiera es físicamente consistente y… oye… no sé cuántos disparos fueron, pero ¿cómo está el meteorito?

 

Cindy, aún con el temblor de la descarga adrenalínica, tocó un pequeño botón en la empuñadura. Una tapa se abrió con un clic seco. Dentro, el fragmento del meteorito reposaba como si nada, atravesado por cables, chips y pequeñas piezas mecánicas improvisadas que no deberían funcionar juntas… pero lo hacían.

 

El cristal brillaba igual de fuerte.

 

Cindy lo tocó con la punta del dedo.

 

—Está frío… —dijo—. No tiene desgaste. No veo rajaduras ni señales de calor. No tiene sentido.

 

Aranea cruzó los brazos.

 

—Es raro. Y si disparas seguido… ¿revienta? ¿implosiona? ¿abre un agujero espaciotemp-

 

Se interrumpió sola, horrorizada por su propia línea de pensamiento.

 

—No. Mejor pruébalo. Pero lejos de nosotras.

 

Cindy apuntó a una roca. Disparo. La roca tembló con una fractura interna que la partiría en un minuto. Apuntó a otra, disparó de nuevo. Y así varias veces más, mientras Aranea contaba bajo la respiración.

 

Cuando llegó cerca del disparo número 30, levantó una mano.

 

—Suficiente. Revísalo.

 

Cindy abrió nuevamente la tapa. El fragmento brillaba igual.

 

—Esto es... imposible. ¿No me digas que es infinito?

 

Iris tomó la pistola para examinarla por fuera.

 

—Tal vez no es infinito… —dijo pensativa—. Tal vez está… regenerando o consume poca energía, no se.

 

Luna se inclinó para verlo ella también.

 

—Sea lo que sea, no deberíamos confiar en que seguirá así eternamente. Pero tampoco vamos a ignorarlo. Esto podría ayudar a mucha gente.

 

Aranea guardó la lanza.

 

—Del cadente para esta noche… mejor otro día. Volvamos al motel antes de tentar al destino.

 

Cindy asintió aliviada y le entregó el arma. Aranea la desinvocó y el aire hizo un pequeño pop.

 

De vuelta a la estación Coernix.

 

Aranea entró al Crow’s Nest y cobró la recompensa de la batida, mientras las demás se acomodaron en la terraza exterior con una baraja.


Las cartas golpeaban la mesa con suavidad. El sol ya empezaba a inclinarse, pintando todo con tonos naranja.

 

El teléfono de Luna vibró. Ella miró la pantalla, sonrió apenas, y lo guardó.

 

—Bueno chicas, nos vemos en la cena. Voy a descansar un rato.

 

Las demás asintieron y siguieron su partida.

 

Luna caminó hacia su habitación. El cuarto olía a madera recién barnizada y a calma. Se sentó en la mesa y tomó papel y pluma. Empezó una carta… la arrugó. Escribió otra… la dejó a medias. Se quedó pensativa, con la mirada hundida en la ventana abierta.

 

Respiró hondo.

 

Escribió la versión final, la leyó y sonrió con un toque dulce.

 

—Está perfecto.

 

Llamó a Umbra. El perro apareció por la ventana del primer piso con una naturalidad que solo un mensajero veterano podía tener.

 

Luna se inclinó y le ofreció la carta.

 

—Entrégasela a mi Noctis esta noche, ¿sí?

 

Umbra ladró suave, tomó la carta y salió saltando por la ventana.

 

Luna se quedó allí, apoyada en el marco. Luego giró la cabeza hacia el lector, llevó un dedo a los labios, le guiño un ojo y pidió silencio con una sonrisa traviesa y cerró la ventana lentamente.

 

La cámara subió hacia el techo del motel. El sol marcaba el atardecer..

 

En el borde del techo, el droide ID11 observó todo. Giró su cabeza hacia el lector, inclinándola como si intentara descifrar el misterio recién presenciado.

 

Se rascó la cabeza con una de sus patas.

 

El gesto decía claramente:

 

¿Qué está tramando Luna?

Chapter 33: Arco 8: La Gran Obra de La Oráculo.

Chapter Text

Capítulo 1: — Una transformación inesperada.

 

 

18 agosto 756, mañana.

Estación de servicio Coernix, Alstor, Duscae.

El sol comenzaba a bañar los pinos con sus primeros resplandores del amanecer. Los cadentes que se acechaban cada noche, desaparecían con el contacto de los rayos solares.
La luz emergente hacía retroceder las sombras del motel, el estacionamiento, los toldos y el capó frío y cubierto de rocío del Solaria.


El droide ID11, que estaba en el techo, encima de la habitación de Luna, abrió sus paneles solares para recargarse. miró al lector y emitió un pitido, como un saludo de buenos dias.


Bip-booop!


La cámara baja del techo y entra en la habitación de Luna.

 

La puerta del baño se abrió con un susurro de vapor disipándose tras ella. Luna emergió con pasos elegantes, secándose las manos con una toalla. Pero no era la misma de la noche anterior. Su silueta había cambiado.

 

Vestía un uniforme completo de chofer imperial:

Lucía una chaqueta negra y entallada, camisa blanca y corbata. Su atuendo se complementaba con una enagua corta, zapatos negros de tacón y un sombrero de visera rígida que llevaba ligeramente inclinado.

Un pequeño pin de Niflheim brillaba sobre la solapa izquierda.

 

Frente al espejo, ajustó el sombrero con un movimiento sutil. Se miró. Se evaluó. Sonrió.

 

Luego, se giró hacia el lector.

 

—La función está a punto de comenzar.

 

Y con un guiño de ojo, cruzó la habitación y salió sin mirar atrás.

 

Afuera, las demás ya estaban listas. O algo parecido.

Desde el techo, ID11 giró su lente para enfocar a La Oráculo en el estacionamiento. Con un pitido rápido, replegó sus paneles solares.

 

—¿Bop-buuup-biiip?—fue el sonido, extrañado, a modo de pregunta ante el traje imperial de chofer.

 

Iris se dió media vuelta al verla aparecer por la puerta y se quedó congelada. Señaló con el dedo, confundida:

 

—Oye, eso no es...

 

—¡Shhh!

Cindy la interrumpió poniéndole una mano en la boca, con una expresión traviesa y ojos bien abiertos, como si tapara una revelación prohibida.

 

Iris infló las mejillas y murmuró en tono infantil:

 

—Promp-to…


La palabra bastó. Cindy soltó un leve vapor y se puso roja.


¡Te mataré!

Mientras salía corriendo. Iris, sin dudarlo, fue tras ella entre risas, zigzagueando ágilmente entre los autos estacionados. La persecución las llevó en círculos, convirtiendo el estacionamiento en un campo de juego personal donde cada auto era un obstáculo y cada carcajada, un punto anotado.

 

Aranea observó la escena de lejos. Con los brazos cruzados y una ceja arqueada, deslizó la mirada lentamente de las chicas al auto... y de regreso a La Oráculo.

 

—¿Ese traje...? —empezó, con cautela.

 

Luna no respondió. En vez de eso, desplegó un mapa de Duscae sobre el capó del Solaria. Lo aplanó con ambas manos y comenzó a explicar:

 

—Hay movimientos imperiales en esta zona. Patrullas pequeñas, pero regulares. Grupos de reconocimiento. La ruta secundaria 23 ha sido bloqueada. El camino largo, por el norte, está despejado… por ahora.

 

Aranea asintió, aunque su atención seguía dividida entre el mapa... y la inesperada presencia del pin del emblema de Niflheim sobre la chaqueta de La Oráculo.

 

Luna entonces dio un paso atrás, cerró el mapa sin apuro y con una sonrisa pícara, se giró hacia el Solaria.

 

Se acomodó tras el volante. Un gesto firme. El V12 rugió al primer toque como una bestia legenaria recién despertada.

 

Pero no era suficiente.

 

Su mano fue directo a un botón, discreto pero diferente, ubicado en el centro de la consola. Sobre él, un extraño icono:


Una esfera unida a dos barras verticales, como la silueta frontal de una nave desconocida y lo presionó.

 

El Solaria... cambió.


ID11, que seguía en el techo, se paró lentamente con sus cuatro patas mecánicas y se acercó al borde, observando la transformación del coche con su lente.
De su panel lateral izquierdo, se abrió una compuerta y el minidroide ID11-A se asomó su lente, observando el Solaria transformarse. Ambos droides emitieron una ráfaga de pitidos simultáneos, de absoluta sorpresa.


¡BIP-BIP-BUUUP!

 

En el exterior del Solaria, placas metálicas comenzaron a deslizarse, encajando unas sobre otras. Los faros giraron, los contornos se agudizaron. La carrocería se transformó ligeramente y la pintura celeste con tonos dorados metalizada, dió paso a un negro cubierto por bandas rojas que recorrían la silueta lateral del auto.

 

La estatuilla del escudo de Tenebrae, hasta entonces orgullosa en la parrilla frontal, descendió lentamente hasta quedar oculta, revelando en su lugar el símbolo imperial de Niflheim, frío e imponente.

 

Mecanismos rotatorios se activaron bajo los parachoques delantero y maletero. Las matrículas cambiaron en un instante: la de TENEBRAE RTX-5080 dio paso a GRALEA RX-7900-XT al frente, mientras la trasera replicaba el cambio.


El techo duro, almacenado en el maletero, emergió por encima de la cabina y se cerró.


Y entonces... el rugido del V12 se apagó..

 

Fue reemplazado por un sonido agudo, vibrante, casi alienígena:

El silbido continuo de un motor de iones gemelos, como el zumbido de una nave en plena ignición.

 

¡CHIAAAAUUUUUUUUUUUUUUUUUM!

 

Iris y Cindy se detuvieron en seco. Se taparon los oídos al instante, encogidas. El escalofrío les recorrió la espalda, como si el auto acabara de volverse un arma.

 

Desde dentro del vehículo, Luna observaba la reacción. No dijo nada. Solo sonrió.

 

Aranea, todavía al lado, exhaló por la nariz.

 

—Eso...

 

Luna levantó el dedo índice, gesto de silencio, sin dejar de sonreír.

 

Aranea desvió la mirada y pensó en voz alta:

 

—Espero que no me maten por esto.


Momentos después, Luna abrió el maletero. De su interior, extrajo tres bolsas, cada una con el logo de una tienda de ropa muy reconocida de Altissia.

 

—Camuflaje —dijo Luna, entregando una bolsa a Iris y otra a Cindy.

 

Las chicas se miraron extrañadas.


—¿Camuflaje? —preguntaron casi al unísono, abriendo las bolsas.

 

Luna solo sonrió, señalando con la cabeza hacia el interior del motel. Iris y Cindy, curiosas y aún algo nerviosas, se dirigieron hacia el baño del motel para cambiarse.

 

Regresaron unos minutos después, con un aire completamente diferente.

Iris vestía un elegante uniforme de oficial gris, con detalles pulcros, propio de una Jefa de Enlace Diplomático de Niflheim, con un porte sorprendentemente sofisticado..

Cindy, por su parte, lucía un traje blanco impecable de corte moderno, con una capa blanca flotando dramáticamente sobre sus hombros, propio de una directora de Investigación y Desarrollo de Armamento Avanzados de Niflheim, con un aire de autoridad que no le era habitual..

 

Finalmente, Luna extendió una tercera bolsa hacia Aranea. Esta la tomó con recelo, arrugando la nariz.

 

—¿En serio, Luna? —murmuró Aranea, pero al ver la sonrisa inquebrantable de Luna, suspiró y se dirigió a su habitación cambiarse.

 

Cuando Aranea regresó, lo hizo con una expresión de resignación. Vestía una elegante combinación de saco y corbata, con pantalon y zapatos negro, como si fuera una guardaespalda del Servicio Secreto de Niflheim, aunque su ceño fruncido delataba su descontento.

ID11 e ID11-A observaron las transformaciones, escaneando los trajes de Niflheim. ID11 se giró hacia su compañero y emitió un pitido largo, como si intentara registrar la locura del momento. ID11-A solo respondió con un temblor de su pequeño chasis.

 

Luna, con una sonrisa que apenas cabía en su rostro, sacó un trípode pequeño de su propio bolso de mano. Lo montó, colocando encima una cámara digital.

 

—Bien, equipo —dijo Luna, sus ojos brillando con entusiasmo—. Un último detalle antes de la acción. Necesitamos una imagen para el informe. Un recuerdo de nuestra... operación.

 

Aranea resopló, pero Iris y Cindy, ya completamente inmersas en el juego de Luna, se acercaron con entusiasmo. Las cuatro se posicionaron frente al Solaria, que ahora se veía aún más imponente y amenazador con su nuevo aspecto Niflheim. Luna les dio instrucciones con la precisión de un fotógrafo profesional.

 

—Aquí, Iris. Tú, al frente, con un aire de ingenua determinación. Cindy, a su lado, la mente brillante detrás de la operación. Aranea, a la derecha, la fuerza imponente y letal. Y yo, aquí en el centro, la mente maestra que lo coordina todo. El auto, por supuesto, nuestro co-protagonista.

 

Luna activó el temporizador de la cámara con un último toque. Rápidamente, se unió al grupo, posicionándose con su propia postura elegante. Con una cuenta silenciosa de tres con los dedos, las cuatro chicas adoptaron la pose perfecta:

 

Las cuatro levantaron sus manos, pulgares hacia arriba, dedos índices extendidos, simulando pistolas listas para la acción. Justo en ese instante, el dispositivo de Luna emitió un suave pitido.

 

¡BOOOOM!

 

Detrás del Solaria, al fondo del estacionamiento, donde antes solo había un viejo contenedor de basura oxidado, una explosión controlada surgió de la nada. Una llamarada naranja y una nube de humo se elevaron dramáticamente, enmarcando a las cuatro chicas en sus uniformes de Niflheim y al ahora formidable Solaria. Nadie vio de dónde vino la explosión, pero el efecto fue impecable, como sacado de un gran éxito de taquilla.


ID11 capturó el momento de la explosión y la pose. Luego, bajó un poco su lente y emitió un pitido


—¡boop-bip-boop!

 

Luna asintió con satisfacción.

—Excelente. Ahora sí.

ID11-A  volvió a entrar al droide mayor y el panel se cerró. ID11 se despegó del techo con un leve zumbido, flotó por antigravedad hacia abajo y luego se impulsó a toda velocidad sobre sus cuatro patas mecánicas. Cruzó el asfalto en segundos, se deslizó bajo el Solaria y se enganchó al chasis trasero, quedando oculto bajo la carrocería del vehículo.

 

Todas tomaron sus posiciones. Luna al volante. Aranea, en el asiento del copiloto. Iris y Cindy, riendo nerviosas ante sus nuevos atuendos, subieron por las puertas traseras y todas se pusieron sus cinturones.

 

Las chicas, transformadas y con una determinación recién adquirida, miraron directamente al lector y al unísono, se pusieron unas gafas de sol oscuras y se cerraron las ventanas y se tiñeron. 

 

El Solaria, irreconocible, se fundió con el color del asfalto.

 

Y partieron.

Hacia el corazón de Duscae.

Chapter 34: Capítulo 2: — La Gran Persecución y un Caos en Lestallum.

Chapter Text

La mañana era ya clara, las carreteras rurales serpenteaban entre praderas y matorrales, cortando el paisaje como cicatrices de asfalto.

 

Y por una de esas cicatrices avanzaba un auto negro con bandas rojas, su silueta elegante y afilada brillando débilmente en la luz oblicua. El sonido de su motor —un zumbido agudo, sintético, casi ajeno al mundo natural— era la única nota discordante en aquella calma bucólica.

 

El Solaria.


Disfrazado.

 

Dentro del vehículo, la atmósfera estaba enrarecida por el contraste entre la tranquilidad del paisaje y el desconcierto de las pasajeras.

 

—¿Creen que ese botón de antes también prepara café? —dijo Cindy acomodando sus lentes de sol, medio en broma, medio nerviosa.

 

—Yo creo que ese botón nos va a meter en problemas —murmuró Iris, abrazando su mochila como si fuera un escudo.

 

Aranea, desde el asiento del copiloto, mantenía los ojos en la carretera, pero lanzaba miradas de reojo constantes hacia Luna. La Oráculo no había dicho una palabra desde que salieron. Ni una. Solo ese silencio afilado, cargado de intenciones.

 

La recta llegó de pronto, entre dos lomas y cubiertos de pinos. El camino se abrió como una pista y el Solaria se deslizó hacia ella.

 

Y entonces, Luna lo vio.

 

Allí, en la distancia, a la izquierda, en la carretera un punto negro que se hacia grande…

El Regalia.

Inconfundible.

 

Un destello le brilló en los ojos.

 

Con suavidad, como si se tratara de bajar el volumen de la radio, presionó un botón oculto a la izquierda del volante. Apenas visible, apenas audible:


click.

 

Las ventanas del Solaria parpadearon con un destello mínimo.

 

Y en un instante, la realidad para las otras tres ocupantes cambió.

 

—¿Eso es…? —Iris se incorporó, frunciendo el ceño.

 

—¿un auto imperial? —dijo Cindy, bajando la voz.

 

—Espero que no sospechen  —agregó Aranea.

 

Desde el punto de vista de todas, excepto Luna, el Regalia ahora parecía un auto genérico de Niflheim:

Aspecto diferente, pintura igual de negra, ventanas tintadas, placas militares. No se veían los chicos, ni los detalles familiares. Solo una amenaza.

 

Y entonces ocurrió.

 

Cuando los autos se cruzaron (el Solaria por la derecha, el Regalia por la izquierda), este hizo un giro brusco, chirriando los neumáticos y derrapó. El vehículo entero se ladeó y en el mismo movimiento, cambió de dirección y comenzó a seguirlas.

 

Las chicas gritaron.

 

—¿¡Nos están siguiendo!? —chilló Iris.

 

—¡¡Nos van a emboscar!! —dijo Cindy, mirando hacia atrás.

 

Aranea no habló, pero su mano estaba a punto de invocar su lanza, a pesar de estar dentro del auto.

 

Luna, en cambio, no se inmutó.

 

Apretó los labios en una sonrisa suave y elegante.


Luego, giró su rostro hacia el lector.

 

Que empiece el espectáculo.

 

Y pisó el acelerador.

 

El Solaria se disparó por la recta como una flecha negra y roja. En cuestión de segundos, los dos autos estaban envueltos en una coreografía feroz, desafiando cada curva de la carretera rural.

 

Desvíos evitados por centímetros.


Curvas tomadas sin frenar y derrapes.


Rebotes en puentes estrechos.


Aves que alzaban vuelo al paso de los motores.

Oculto bajo el chasis trasero, ID11 capturó toda la acción. Su lente enfocó el Regalia en pleno derrape, grabándolo como si fuera una escena de pelicula. El droide pareció vibrar con una emoción mecánica, como si disfrutara del caos.


Bip-bup-dwep!

 

Cindy se sujetaba a las manillas del techo como si fuera una nave espacial.

Iris tenía los ojos bien abiertos, entre asustada y fascinada.

Aranea no paraba de mirar a Luna.

 

Y Luna...


Luna conducía como si hubiera nacido para ello.


Con una calma desarmante. Como si jugara ajedrez con la carretera.

 

El Solaria atravesó un tramo de doble curva con guardarraíl oxidado. El Regalia lo imitó, sin perder terreno. Entonces, una señal apareció en el margen derecho de la vía, casi escondida por los arbustos:


Lestallum – 3 km.

 

Los ojos de Luna se afilaron.

Hizo un pequeño giro de muñeca.


El Solaria tomó la curva larga hacia el norte, luego al oeste, rumbo al túnel.

 

—¡Vamos a entrar a la ciudad! —gritó Iris desde atrás.

 

—¿Y si ellos también? —Cindy parecía sudar.

 

—Eso depende—murmuró Aranea.

 

Pero ya era tarde para preguntas.

El Solaria se sumergía en el túnel, y las luces intermitentes del techo reflejaban en la pintura negra como relámpagos.

 

El Regalia no estaba muy lejos.

Apenas comenzaba.

Lestallum, Cleigne.

 

El zumbido del motor iónico rebotaba por las paredes del túnel como una amenaza sin rostro. Los transeúntes al borde de Lestallum, en su mayoría comerciantes, niños y ancianos que abrían sus puestos con calma, alzaron la mirada cuando el ruido se volvió más nítido, más cercano, más... antinatural.

 

Y entonces el Solaria irrumpió de la penumbra del túnel, negro, con líneas rojas, las ventanas completamente tintadas, como los ojos sin alma de un dragón dormido. La bestia artificial se deslizó, derribando una señal de trafico al salir del túnel sin perder velocidad.

 

¡VRRRRRMSSSSHHHH!

 

Una nube de vapor y hojas secas se elevó detrás del vehículo.

 

La ciudad vibró.

Gente giró la cabeza.


Y luego, apenas unos segundos más tarde…

 

El Regalia también emergió.

 

Brillante, regio, inconfundible. Para los ojos de los ciudadanos, era el auto oficial del príncipe Noctis Lucis Caelum.


Su sola presencia encendió las alarmas.

 

—¡Es el auto del Príncipe!


—¡¿Qué hace aquí?!


—¡Está persiguiendo a alguien!


—¡¿Está atacando un auto de Niflheim?!


Inicio del Caos

 

El Solaria viró a la derecha, entrando directamente en el Mercado Central de Lestallum.

La calle era estrecha, llena de puestos, frutas, joyas, ropa colgante y niños jugando entre cajas de madera.

 

—¡¿Estás LOCA?! —gritó Cindy desde el asiento trasero.

 

—¡Vamos a atropellar a alguien! —Iris se cubrió la boca, espantada.

 

—¡¿Por qué demonios estamos en un mercado!? —Aranea se inclinó hacia adelante, pero Luna no respondió.

Con ambas manos al volante, desvió el vehículo entre los puestos.

 

Desde su punto de vista, las tres chicas, aún veían al Regalia transformado en un  auto genérico de Niflheim.


Por la ilusión visual que Luna había activado antes, los cristales del Solaria aún falseaban lo que veían.

 

La ilusión no afectaba ni al exterior…ni al resto del mundo.

Desde el Regalia

 

—¿Ese es el auto del alto mando del Imperio?? —dijo Prompto.


—La matrícula era correcta, es de Gralea —añadió Noctis.

 

—¿Qué hace un vehículo de alto perfil corriendo por Lestallum como si nada? —preguntó Gladio.

 

—No lo sé —dijo Ignis, apretando el volante—. Pero vamos a averiguarlo.

 

El Regalia rugió, y se lanzó tras el sedán negro con líneas rojas que zigzagueaba como una sombra sobre el empedrado.

 

Y para el resto de Lestallum…

 

Lo que se veía era aún más preocupante.

 

Ignis, conduciendo, persiguiendo a toda velocidad un vehículo imperial por el corazón de la ciudad.

Era un Caos en proceso.

 

El Solaria arrolló cajas, carpas, y una glorieta entera. Pasó entre dos columnas decorativas, sin respar

 

El Regalia derrapó detrás, sin piedad.

 

Civiles corrieron. cajas de pescado salado explotaron al impacto. Cajas de tomates explotaron bajo las ruedas, naranjas rodaron…

Un vendedor gritó: “¡Mis naranjas!” mientras se dispersaban por el suelo.

 

Desde el interior del Solaria, el pánico crecía.

 

—¡¿Por qué nos siguen?! —chilló Iris.

 

—¡Yo solo quería ir al baño! —gritó Cindy.

 

—¿Estás disfrutando esto? —Aranea le dijo a Luna, sin recibir respuesta.

Luna tenía una sonrisa muy leve, y el ceño tranquilo de una reina que juega ajedrez.

 

Esto no es solo conducción… —pensó Aranea. —Esto es un maldito Caos.

Finalmente, Luna observó una señal:


Lestallum - Distrito Antiguo. Y más abajo: Desvío 200 mts.

 

Su sonrisa se intensificó.

 

El Solaria viró bruscamente hacia la primera intersección de un callejón. Era un cruce angosto, de tres ramales, Luna entró velozmente y giró a la derecha, tomando la segunda bifurcación, al fondo, esperaba el Regalia, parado en mitad de la salida, como si los hubiera anticipado.

 

—¡¿Cómo nos encontraron tan rápido?! —gritó Iris.

 

Luna detuvo el auto con suavidad, lo puso en reversa. Parecía lista para escapar… pero entonces, en lugar de girar a la derecha y regresar por donde vinieron, guió el Solaria de espaldas hacia el ramal izquierdo: un callejón sin salida.

 

—¿Eh? ¿Por qué fue ahí? —preguntó Cindy confundida.

 

Las chicas no entendían. No era lógico. ¿Por qué no retroceder hacia la salida? ¿Por qué ir directo a una trampa?

 

El Solaria se detuvo. Su parte trasera tocó casi la pared final del callejón sin salida. Justo entonces, el Regalia comenzó a avanzar lentamente, bloqueando la única vía de escape.

 

El sonido del motor del Regalia fue lo último que se escuchó antes de que sus puertas se abrieran. Los cuatro chicos descendieron, con expresiones serias, y comenzaron a caminar hacia el otro vehículo.

 


Interior del Solaria.

 

—I-Iris, ¿estás bien? —preguntó Cindy apretando su brazo. —¡Nos van a sacar del auto! ¡Nos van a llevar a Niflheim! ¡Nos van a-

Iris, con los ojos muy abiertos y una expresión de horror digna de una película de serie B, interrumpió a Cindy, con la voz temblándole por la emoción (o el pánico).

—¡Estamos acorralados! —exclamó, casi para sí misma, con un tono que pretendía ser dramático—. ¡No hay escape! ¡Las Heroínas de Tenebrae están atrapadas! Se giró hacia sus compañeras, con los ojos brillando.


—¿Saldrán de esta? ¿Será este, el fin de La Oráculo!? ¡Nuestras heroínas están en grave peligro!

 

Cindy parpadeó. Aranea se cubrió la cara con una mano, soltando un suspiro exasperado. Incluso Luna giró ligeramente la cabeza, con una ceja alzada, la sonrisa apenas perceptible. Las tres chicas miraron a Iris con una mezcla de desconcierto y una pizca de vergüenza ajena.

 

—Silencio —susurró Luna con dulzura, aún mirando al frente.

 

Las chicas seguían viendo soldados del Imperio acercándose desde el parabrisas. El engaño visual aún estaba activo (y todo el tiempo). El pánico se apoderó de ellas.

 

Aranea miró a Luna. Esta vez, no pudo quedarse callada. Algo no estaba bien.

Chapter 35: Capítulo 3: — El As Bajo la Manga de La Oráculo.

Chapter Text

Interior del Solaria.

La tensión era tan densa que podía cortarse con un cuchillo.


El sonido del motor del “auto genérico de Niflheim” se redujo al ralentí a escasos metros.


Luego, el suave clic de puertas abriéndose.


Las siluetas de cuatro soldados imperiales —según lo que aún mostraban los cristales del Solaria— comenzaron a caminar hacia ellas.

 

—Van a sacarnos—dijo Aranea con voz baja y decidida. Desabrochó el cinturón, ya con la mano en el abridor—. Voy a hacerles frente. ¡No pienso ir a Gralea a enfrentar al alto mando!.

 

—Esperad —dijo Luna con suavidad, sin apartar la vista del parabrisas—. Aún tengo un as bajo la manga.

 

Aranea se detuvo en seco.

 

—¿Un qué..?

 

Luna no respondió. Solo sonrió, misteriosa. La sonrisa de alguien que ya había previsto cada jugada del tablero.

Llevó una mano con elegancia a la consola central, pone la palanca de cambios de N a R y luego, presionó un pequeño botón oculto, al lado de la palanca, se revela un joystick, el HUD encima del clúster, que duplicaba el velocímetro, ahora muestra 4 puntos de objetivos.


Aranea se sorprendió y dijo:


—¿Qué demonios es eso? ¿Un... control?

 

En el exterior, en la parte baja del parachoques delantero del Solaria, se abrió una trampilla.

 

—¿Qué es eso? —dijo Gladio alzando una ceja.


—¿Tiene... cañones? —dice Ignis sorprendido.


—¿Qué caraj- — gritó Prompto.

 

¡ZAAAN-KRSHHH!

Un sonido agudo, vibrante, metálico y alienígena rompió el aire.


Como los blásters de una nave aliengena.


4 disparos de plasma, de un verde radiante y luminoso, surgieron de los cañones ocultos del Solaria.


Interior del Solaria.


Desde su punto de vista, las tres chicas vieron cómo 4 pulsos de plasma verdes salían de la parrilla y explotaban cerca de los "soldados", envolviéndolos en una densa pantalla de humo verde fluorescente.

 

—¡¿QUÉ FUE ESO?! —chilló Iris, abrazándose a Cindy.

—¡¿ESOS ERAN PLASMA?! — gritó Aranea sorprendida.

—¡¿CUÁNDO EL AUTO EMPEZÓ A DISPARAR?! —gritó Cindy.

 

Luna solo sonrió más, sin decir una palabra.

 

Exterior, segundos después.

 

Los Chocobros apenas pudieron retroceder cuando el humo verde los envolvió.

—¡¿Nos están disparando?! —gritó Prompto.

—¡Eso eran armas! —dijo Ignis, tosiendo.

—¡¿Qué demonios es este auto?! —gruñó Gladio, invocando su espada.

—¡Esperen...! —dijo Noctis. Miró al frente.


El auto había desaparecido.

 

—¿Dónde está? —preguntó Prompto, mirando a los lados.

 

Y entonces lo vieron.

 

La pared del callejón sin salida ya no estaba. Era una puerta y está abierta, como si hubiera sido parte del plan desde el principio.

Más allá del umbral, una cornisa se asomaba al borde de la ciudad. se veia todo Lestallum.

 

—No había nada de eso antes — dijo Ignis incrédulo.

 

 —¿Cómo lo atravesó...?— dijo Noctis.

 

—¡Chicos! —gritó Prompto, asomándose desde la corinsa—. ¡Allá está!

 

A lo lejos, en una de las avenidas superiores de la ciudad, un destello negro mate apareció.

El mismo auto de Niflheim (según ellos) se asomaba apenas, haciendo ráfagas con las luces delanteras hacia ellos. Como si se burlara.

 

—¿Nos está provocando? —preguntó Gladio, sin creerlo.

—¿Por qué rayos revelaría su posición? —dijo Noctis.

 

—¡Vamos! —ordenó Ignis.

 

Volvieron al Regalia.

Dieron la vuelta por una ruta inferior y allí estaba.

Esperándolos.

En mitad de la calle. Quieto. Como si deseara que la persecución continuara.

 

Y así fue.

 

El caos en Lestallum resurgió como una tormenta.

Ambos vehículos —el Solaria y el Regalia— cruzaron otra vez entre puestos de comida, estructuras colapsadas, cajas, verduras y gritos.


Interior del Solaria.

La cabina era una mezcla de adrenalina y confusión.

 

—¡¿CUÁNDO LO MODIFICASTE?! —gritó Aranea desde el asiento del copiloto.

—¡¿DESDE CUÁNDO ESTO DISPARA PLASMA?! —añadió Cindy, aún abrazando a Iris.


—¡¿ESTAMOS EN UNA NAVE O UN AUTO?! —preguntó Iris, al borde de las lágrimas.

—¡La Oráculo ha vuelto! —exclamó Iris, señalando hacia adelante con el dedo, como si la revelación fuera el punto culminante de la trama.

 

Luna no respondió. Su sonrisa seguía intacta.

 

—¿Fue Su Majestad Regis, verdad? —dijo Aranea más seria—. Él te lo dio ya preparado…

 

Luna tampoco respondió.

 

Y entonces el Solaria entró en una avenida más ancha.

Delante, dos salidas posibles de la ciudad.

 

—¿A dónde vamos ahora? —preguntó Iris.


—Hay un paso en construcción al sur, podríamos intentar por— dijo Aranea pero fue interrumpida…


Luna giró el volante hacia la izquierda.

La misma salida por la que habían llegado.

 

—¿Volver al túnel? ¡Nos atraparán! —dijo Cindy.

 

—Hora del gran cierre —dijo Luna por primera vez desde que todo comenzó.

 

Y presionó el acelerador.

 

El “motor iónico” rugió, el zumbido agudo se hizo cada vez más intenso.

 

El Solaria aceleró a fondo, con una vibración metálica que hacía temblar los postes y alarmas.

 

Delante, un enorme Chocobo gordo dormía junto a su carreta de verduras. Estaba estacionado justo al borde de la vía, a la derecha.

 

El Solaria pasó a escasos centímetros.

El ruido lo despertó.

 

—¡KWWAAAAAAGH! —graznó el Chocobo, agitando las alas.


Confundido, giró a la izquierda.


Justo delante del Regalia que venía detrás.

 

—¡No no no no! —gritó Prompto.

 

El Regalia frenó con fuerza.


El ABS entró en acción, los neumáticos pararon de derrapar…


Y se detuvo justo frente al enorme Chocobo, que ahora los miraba, confundido y enojado, como si los acusara de haberlo despertado.

 

El Solaria se desvaneció en el túnel.

Y salió al otro lado de Lestallum, hacia Duscae, intacto.


Interior del Solaria.


Las tres chicas exhalaron un suspiro unísono.


No sabían cómo lo habían logrado.


Ni qué acababan de vivir.

 

—Estamos vivas… —murmuró Iris.

 

—Más o menos —añadió Cindy.

 

Aranea se giró hacia Luna.

—¿No vas a decir nada?

 

Luna solo miró el retrovisor.


Y sonrió.


Misteriosa. Tranquila. Casi divertida.

 

No diría nada.


Aún no.

Chapter 36: Capítulo 4: – ¡Esto no estaba en mi obra!

Chapter Text

Mediodia.

 

La carretera secundaria serpenteaba entre las colinas de Duscae, tranquila, casi vacía, como si el mundo hubiera decidido tomar un respiro.


El Solaria, aun transformado, con su silueta sobria en negro mate y líneas rojas, avanzaba con un zumbido suave, disfrazado todavía de vehículo imperial de alto mando.

 

En el interior, las chicas mantenían un silencio tenso. No por miedo, sino por acumulación.

 

—Iris… —murmuró Cindy, con un hilo de voz—. No quiero alarmarte, pero creo que… tu cosplay de diplomática está empezando a sudar azul.

 

Iris la miró con el ceño fruncido, mientras ventilaba con torpeza su elegante cuello rígido.

 

—¡Esto no es un cosplay! Es camuflaje táctico.

 

—Ajá —asintió Aranea sin mirarlas, desde el asiento del copiloto—. Táctico como una pasarela de moda en el infierno.

 

Luna no dijo nada. Con las manos firmes en el volante y la mirada fija en el horizonte, guardaba ese silencio que ya se había vuelto costumbre. No era distante. Era cálculo. Precisión. Improvisación en tiempo real.

 

Pero entonces, a unos 100 mts, la carretera cambió.

 

—¿Qué es eso? —preguntó Iris, incorporándose.

 

Al final del tramo recto, justo antes del desvío a un viejo camino rural, un bloqueo militar de Niflheim se alzaba como una trampa, Torres de observación móviles, soldados armados y una patrulla de blindados ligeros.


El tipo de despliegue que no se veía desde la ocupación oficial.

 

—¿Un retén…? —murmuró Cindy.

 

—No puede ser casual —agregó Aranea, frunciendo el ceño—. Esta vía ni siquiera es estratégica.

 

Lunafreya alzó una ceja, muy levemente. En sus labios apenas se formó un susurro inaudible y miró al lector:

 

Esto no estaba en la obra.

 

El Solaria comenzó a reducir la velocidad.

 

Desde la distancia, los soldados miraron al auto, entonces, uno de los oficiales hizo un gesto y se acercó.

 

—No nos van a dejar pasar —dijo Iris en voz baja.

 

—¿Y si sí? —preguntó Cindy.

 

—¿Y si no…? —respondió Aranea, aferrando con disimulo el costado de su asiento.

 

El Solaria se detuvo. Una ráfaga de viento levantó algo de polvo, Lunafreya tocó un botón que hace desteñir las ventanas.

 

El oficial tocó el costado del auto con los nudillos. Luna bajó el cristal. El sonido eléctrico fue el único que se oyó por unos segundos.

 

—Vehículo RX-7900-XT, Gralea. Autorización visual confirmada —dijo el soldado mirando a Cindy, con voz firme pero educada—. Señora Directora, la zona está restringida por maniobras internas del Alto Mando. Se le autoriza el paso directo a la base.

 

Cindy parpadeó.

—¿Eh?

 

—¿Directora…? —murmuró Iris.

 

—No respondas —dijo Luna, suave, casi musical.

 

El soldado asintió con respeto.

—Puede continuar. Le acompañará un guía hasta el puesto de ingreso.

 

La barrera se abrió sin más.

 

—¿Qué demonios acaba de pasar? —susurró Aranea mientras el Solaria avanzaba.

 

Lunafreya giró el volante y mientras doblaban hacia la base militar, apenas musitó:

 

—Improvisamos, actuemos como si fuéramos oficiales de Niflheim.

 

Iris echa un vistazo nervioso por la ventanilla.

 

—¿Improvisamos… qué?

 

Lunafreya no respondió.

 

Frente a ellas, la base imperial aparecía tras una curva: austera, gris, estructurada como una caja de secretos que no debería estar allí.

 

Y ahora estaban entrando a la base.

Chapter 37: Capítulo 5: – Una Entrada Triunfal.

Chapter Text

Base secreta de Niflheim, Duscae.

 

El portón metálico de la base imperial se abrió a los lados, dejando ver un complejo frío, funcional y más grande de lo que parecía desde afuera. Torres de vigilancia, hangares, soldados que marchaban en formaciones estrictas… y todo, bajo un cielo gris.

 

El Solaria avanzó lentamente, flanqueado por un vehículo guía.

 

—Ok… esto ya no parece una casualidad —murmuró Aranea.

 

—Nos están invitando a un teatro sin libreto —dijo Luna, muy bajo.

 

A medida que se acercaban a la entrada principal del edificio de mando, un segundo control los detuvo. Esta vez, no bastó con las placas.

 

Un soldado de mayor rango, con un comunicador en la oreja y una carpeta en la mano, se acercó a la ventanilla del conductor.

 

Luna bajó el cristal.

 

—Identificación personal, por favor.

 

Luna sonrió con gentileza diplomática.


—Por supuesto.

 

Hizo una pausa. No tenía nada que mostrar.

 

El soldado esperó.

 

—¿Identificación visual secundaria? —repitió él, con leve impaciencia.

 

Aranea, sin pensarlo, se inclinó desde el asiento del copiloto.

 

—Disculpe, teniente. ¿Está sugiriendo que impidamos el paso a una directora del Alto Mando de Investigación por falta de una tarjeta física?

 

El soldado entrecerró los ojos.


—Es el protocolo, señora.

 

Aranea suspiró, lentamente. Luego extendió  el pulgar hacia el asiento trasero… y apuntó con el dedo directamente a Cindy.

 

—¿Quiere que llame a su superior? Porque puedo hacerlo ahora mismo. O puede hablarlo con ella.

 

La pausa fue inmediata.

 

Las tres miradas se clavaron en Cindy.

 

Iris frunció los labios como conteniendo la respiración.

 

Luna giró muy lentamente la cabeza, como si todo hubiera sido previsto, y le lanzó una mirada sugerente que decía es tu turno.

 

Incluso Aranea, aunque lo había provocado, no se esperaba gran cosa.

 

Luna abre el cristal de la puerta del lado de Cindy y el teniente se dirige hacia ella.

 

Cindy tragó saliva. Su reflejo en el espejo retrovisor parecía el de una civil aterrada.


Pero entonces… tosió una sola vez, se acomodó los lentes oscuros, cruzó una pierna sobre la otra con aire altivo.

Y habló con un tono que ninguna de las otras jamás le había oído antes.

 

Frío. Cortante. Autoritario. Como si fuera una versión imperial de sí misma.

 

—Teniente.


Su voz rebotó dentro del auto como una orden de arresto.

 

El soldado se irguió.

 

—¿Usted cree que una operativa de nivel estratégico, en un vehículo encriptado y con acceso prioritario, necesita mostrar una tarjeta física para verificar su identidad… en una base auxiliar de protocolo medio?

 

El silencio fue absoluto.

 

—¿Sabe cuántas irregularidades he reportado esta semana? —añadió Cindy, con tono pausado, deslizándose en cada palabra como un bisturí.

 

El teniente abrió la boca para hablar, pero Cindy lo interrumpió con elegancia imperial:

 

—Y si me va a mencionar “protocolo”, espero que tenga la Edición 9.7.3 del Manual de Control Noreste. Porque si aún están con la 8.4.2, eso explicaría muchas cosas.


Pausa dramática.


—Pero no se preocupe, teniente. No anotaré esto, hoy.

 

El soldado se cuadró como si un rayo lo hubiera atravesado.

 

—N-no, señora Directora Rhendrak. Pase adelante.

 

Se apartó de inmediato. El portón interior se abrió.

 

El Solaria reanudó la marcha. Cindy exhaló, se encogió en el asiento… y casi colapsa hacia un lado.

 

—Oh, ¡me temblaban los riñones! —casi grita.

 

Las tres chicas la miraron.

 

Luna estaba sonriendo con admiración silenciosa.

 

Iris tenía la boca abierta, como si acabara de ver un eclipse desde un baño portátil.

 

Aranea, por su parte, soltó un leve gruñido entre risa y resignación.

 

—...No estuvo nada mal, directora…. Rhendrak —murmuró.

 

—¿En serio? ¡Sentí que iba a explotar! ¡¿Qué fue eso que dije de un manual?! ¡Me lo inventé todito!...... ¿y qué es eso de Rhendrak?

 

—Te creemos —dijeron Iris y Luna al unísono.


— ¿Rhendrak…? voy a buscar....... —dijo Aranea mientras buscaba en su teléfono— Aquí está...


—Existe, la Directora Rhendrak. —murmuró Aranea, sus ojos fijos en la pantalla.

 

—Solo dice que es la Directora de Investigación y Desarrollo de Armamento Avanzados y... la mayoría está bloqueado como alto secreto debido a mi nivel de autorización.

 

— Y... ¡¿Por qué se parece tanto a Cindy?! —exclamó Aranea, mostrando la foto en la pantalla, que era una imagen notablemente similar a Cindy, aunque algo más mayor, con un peinado más formal y el traje imperial blanco de Directora.

 

El Solaria se internó entre los edificios, con las chicas procesando lo imposible:


Cindy había desbloqueado una personalidad imperial secreta que ni ella misma sabía que tenía.

 

Y Luna, desde el volante, solo susurró:

 

—Es aún mejor cuando la obra se escribe sola.

 

El Solaria rodó lentamente por el corazón de la base auxiliar, dejando atrás las torres y contenedores hasta estacionarse al lado derecho del hangar principal, una estructura gris de proporciones monumentales, flanqueada por estandartes del Imperio.

 

Apenas se detuvo, dos filas de soldados salieron de los flancos del hangar y se posicionaron en formación perfecta a ambos lados del vehículo.


Tac-tac. Tac-tac.


Las botas resonaban con sincronía. Nadie habló. Nadie respiró más de la cuenta.

 

Fue entonces que Luna habló, sin girar la cabeza:

 

—Actuad… normal.

 

Cindy tragó saliva.—Define “normal” —susurró Iris.

 

Lunafreya abrió la guantera y sacó 4 auriculares y los configuró y una por una, los fue entregando a las chicas dentro del auto.

 

—Colocadlo en la oreja—dijo en voz baja— Si algo sale mal… improvisad.

Aranea se baja del auto, colocándose al lado derecho del Solaria con una mirada afilada y una mano descansando sobre su cinturón, como si fuera parte de un escuadrón de contención silenciosa. Escaneaba con la mirada cada torre, cada soldado, cada gesto sospechoso.

 

Luna salió del auto, entonces caminó con pasos medidos hacia la puerta trasera derecha del Solaria. Con un gesto lento, y una postura digna de una película, abrió la puerta de Cindy desde afuera, como una chofer ejecutiva con entrenamiento diplomático.

 

Cindy asintió con un gesto contenido. Luego respiró hondo y salió.

 

Su capa blanca flotó en el aire como si fuera el clásico villano entrando a una base, el viento suave de la explanada ayudando a su causa como si el mismo clima se pusiera al servicio de la escena.

La luz oblicua rebotaba sobre el borde de sus lentes de sol. El traje blanco imperial elegante, no tenía ni una arruga.

Y lo más sorprendente: su rostro estaba sereno. Inexpresivo. Profesional.

 

Iris salió de la otra puerta, también elegante, imitando sin saber a los enlaces diplomáticos que solía ver en las películas.


Puso un dedo sobre su comunicador con naturalidad fingida.

 

—Grupo Delta confirmado, trayectoria uno… ¿eso se dice, verdad?

 

—Shhh —le susurró Luna.

 

Aranea tomó su lugar al lado izquierdo, a la altura de Cindy, pero un paso atrás. Como buena "agente de seguridad", no se permitía ni una sonrisa.

 

Entonces, desde las sombras del hangar, emergió el coronel a cargo de la base: un hombre, alto, con uniforme pulcro y gris, guantes negros y una placa que decía:


Coronel Michael Draegus.


Caminaba con manos cruzadas a la espalda, como alguien que esperaba a una autoridad muy superior.

 

—Bienvenida, señora Directora Rhendrak —dijo, con un tono más ceremonial que amistoso—. Es un honor recibirla con tan poco aviso.

 

Cindy se detuvo con elegancia. No respondió de inmediato. Miró al coronel con lentitud, como quien evalúa un informe defectuoso.

 

—Informe de estado actual, Coronel. Áreas activas, protocolos vigentes y personal presente.

 

El hombre se irguió aún más.

—Sí, señora. La base se encuentra en protocolo naranja bajo orden del Alto Mando. laboratorios uno y dos operativos. Hangar de transporte en mantenimiento. Personal científico presente: 12. Seguridad total: 200 efectivos activos. Código de vigilancia vigente: Sector Delta 6.

 

Cindy asintió levemente. Luego, alzó la mano con naturalidad y señaló hacia atrás, hacia las tres figuras que la seguían con distancia estratégica.

 

—Mi chofer, mi oficial de comunicaciones… y mi agente de campo. ¿Pueden acompañarme?

 

—Ese… bueno, el protocolo requiere que solo el personal con-

 

Cindy levantó la mano con un gesto sutil pero cortante, interrumpiendo al coronel sin necesidad de una palabra más. Luego, alzó el dedo índice sin girar la cabeza. Las tres chicas avanzaron y se posicionaron justo detrás de ella.

 

Y entonces, Cindy giró lentamente su rostro hacia el coronel, con una expresión fría y elegante.

 

—Coronel… ¿me veo como una señora?

 

Las tres chicas —como si hubieran ensayado— negaron con la cabeza al unísono, con una expresión de desaprobación casi ofensiva hacia el coronel.

 

—Nop —dijo Iris.

 

—Definitivamente no —agregó Aranea.

 

—Ni en sueños —remató Luna con voz suave.

 

El Coronel Draegus tragó saliva. Sudó por primera vez desde que recibió la misión.

 

—Ese… no. Disculpe… Señorita….

 

Cindy alzó la barbilla con satisfacción.

 

—Muy bien. Vamos.

 

Y sin mirar atrás, se dirigió al hangar.

 

Un nuevo viento sopló. La capa blanca se elevó una vez más.

 

Y así, con un escuadrón improvisado, una identidad falsa y una elegancia nacida del caos, la falsa Directora de Investigación y Desarrollo de Armamento Avanzados de Niflheim, entró al corazón de una base imperial con paso firme y mirada letal.

Chapter 38: Capítulo 6: – Proyecto Stardust.

Chapter Text

Dentro del hangar.

 

El hangar se abría ante ellas como un corazón metálico, latiendo con actividad. Máquinas zumbaban en los flancos:


Estructuras, cajas, PCs, mechas MA-X Patria en reparación y técnicos vestidos bata de lab que corrían de un lado a otro con tabletas y herramientas.

 

—...¿Esto es normal en una base? —murmuró Iris con voz tensa, manteniendo un dedo en el comunicador para disimular su asombro.

 

—Solo si por “normal” entendés ilegal, peligroso y potencialmente apocalíptico —susurró Aranea, sin mover los labios.

 

Luna no decía nada, pero su mirada iba de terminal en terminal, con una frialdad inusual. Sabía leer símbolos imperiales. Sabía que algo aquí no calzaba. Sin embargo, se mantenía recta.


Su postura era la de una mujer que conoce el libreto, aunque ese libreto se esté reescribiendo frente a sus ojos.

 

Cindy caminaba un paso por delante, capeando el torbellino de señales, nombres y ruido con una concentración sobrehumana… y con el terror trepándole por la nuca. Su capa ondeaba con cada zancada, como si la autoridad la acompañara aunque por dentro tuviera ganas de salir corriendo por una puerta de emergencia.

 

A su lado, el coronel Michael Draegus hablaba como si la base fuera su ópera personal.

 

—Hemos logrado avances notables en el rendimiento de los motores Magitek, señora…. señorita, Los núcleos híbridos pueden sostener ciclos de 12 horas sin sobrecalentamiento, y los niveles de inestabilidad se han reducido a menos del 4%. El equipo de la Dra. Kaess, confirma que el protocolo de ignición remota ya no genera alteraciones en las articulaciones de los mechas.

 

Cindy frunció el ceño con concentración. En realidad, no había entendido ni una palabra.

 

—Iris —murmuró Aranea por el comunicador interno—. ¿Anotás eso por si tenemos que destruirlo después?

 

—Si. —respondió Iris, sin mover un músculo del rostro.

 

—Perfecto.

 

Draegus, sin notar nada, se detuvo finalmente frente a un ascensor de seguridad doble, con escáner ocular y un panel de autenticación antiguo.

 

—Señorita Directora —tosió con nerviosismo—, ¿desea supervisar el… Proyecto Stardust?.

 

Cindy parpadeó.

 

Luna, que iba medio paso detrás, le da un codazo suavemente.

 

—Actúad.. normal —susurró.

 

Cindy inhaló, enderezó los hombros y se giró hacia el coronel con expresión seria.

 

—Por supuesto. ¿Acaso cree que vine hasta aquí para revisar el aire acondicionado?

 

El coronel asintió rápidamente, abrió el panel de seguridad y presionó una secuencia. Las puertas del ascensor se deslizaron.

 

Los cinco entraron. El coronel se ubicó al frente, Cindy a su derecha. Luna, Aranea e Iris formaban un semicírculo de escolta detrás.

 

El ascensor descendía en silencio.

 

—¿Qué es el Proyecto Stardust? —susurró Iris.

 

—Si estamos bajando a un lugar subterráneo, con múltiples niveles de autorización, seguro es algo que no debería existir —dijo Aranea.

 

Luna no respondió. Solo cerró los ojos brevemente, como si tratara de leer un guión invisible frente a ella.


Piso B4 del hangar principal.

 

Ding.

 

Las puertas se abrieron.

 

Y lo que vieron al otro lado… no se parecía a nada.

 

Un enorme hangar se extendía ante ellas, con una bóveda semitransparente que mostraba un núcleo flotante de energía sostenido por cuatro brazos mecánicos.


Parecía una estrella artificial, pulsante, contenida con fuerza bruta y tecnología.


Alrededor, decenas de científicos con batas blancas trabajaban en terminales con símbolos rojos. Algunos llevaban guantes de plomo, otros, con trajes de aislamiento parcial.


Las chicas se quedaron paralizadas, Bocas abiertas. Pupilas dilatadas.


ID11-A quien estaba siguiendo a las chicas con su modo invisible, su procesador emitió un silencioso.


Buuump. De alarma ante la magnitud de la energía que flotaba en el núcleo.

 

Entonces Iris, sin moverse ni un centímetro, dijo con voz seria, casi ceremonial:

 

—¿Te quedaste cegadas por su magnificencia? ¿Paralizadas? ¿Estupefactas?

 

Las otras tres giraron lentamente la cabeza hacia ella, con expresiones de “¿en serio?”.

 

—No! —respondieron al unísono.

 

Pausa.

 

—Bueno, yo sí —añadió Iris, bajando los ojos con una mezcla de vergüenza y maravilla.

 

Cindy resopló. Luna sonrió. Aranea cerró los ojos como para resetear su paciencia.

 

—Eso no es… —murmuró Luna.

 

—…Un simple motor —completó Aranea.

 

—¿Qué estamos viendo, coronel? —preguntó Cindy con voz firme, aunque sus pupilas temblaban.

 

Draegus dio un paso al frente con orgullo:

 

—La primera versión funcional de un generador de implosión estelar artificial. Capaz de desmaterializar estructuras enteras a nivel molecular. Diseñado para neutralizar amenazas “demasiado grandes para combatir con magia tradicional”.

Pausa.

—Nosotros lo llamamos al arma…Starfall.

 

Iris se atragantó con su propio aliento.

 

—¿Neutralizar qué tipo de amenazas exactamente? —preguntó Luna, cruzando los brazos.

 

—Pues, los informes apuntan a... Leviathan, Titan... y el convoy del Príncipe Noctis Lucis Caelum, en caso de necesidad.

 

Las chicas se congelaron.


ID11-A, interpretando la amenaza directa contra los Chocobros y las chicas, que debía protegerlos, abrió una pequeña compuerta lateral en su chasis. Un microbláster emergió, apuntando directamente a la nuca del Coronel Draegus, Estuvo a segundos de disparar, su lógica interna dictaminando que la amenaza debía ser neutralizada ahora.

 

El silencio lo cortó Cindy.

 

—Coronel.

 

—¿Sí?

—¿Ese botón rojo que parpadea allá en el fondo… activa algo?

 

—Sí, Señorita. El protocolo de ignición de prueba local.

 

—Anótelo.

 

Cindy giró sobre sus talones.


—Voy a necesitar una inspección completa del sector, acceso a las terminales, y una lista de personal presente.


ID11-A, al escuchar la voz de Cindy y notar que el Coronel giraba su atención lejos de la amenaza Starfall, retrajo el microbláster de vuelta a su compartimento. Había abortado el disparo. El droide se mantuvo en silencio y invisible.

 

—¿En serio? —murmuró Iris por el comunicador.

 

—¿Vamos a fingir hasta el final? —preguntó Aranea.

 

Luna, con una media sonrisa, solo murmuró:

 

—El tercer acto… comienza ahora.

 

Apenas salieron de la sala de observación del Proyecto Stardust, Cindy se giró sobre sus talones y levantó una mano hacia el coronel Draegus.

 

—Coronel, necesito una pausa operativa.

 

El hombre arqueó una ceja, confuso.

 

—¿Disculpe?

 

—Mi oficial de comunicaciones —Cindy señaló con firmeza a Iris— necesita acceso urgente a un baño. Y mi chofer también. Y mi agente de campo. Y... yo también.

 

Iris se quedó helada, pero luego asintió enérgicamente, poniéndose una mano sobre el estómago.

 

—Confirmado. Urgente. Nivel... fisiológico.

 

Aranea solo gruñó.

 

—Podría haber dicho que queréis hablar.

 

El coronel parpadeó.

 

—Ah… claro. Hay un baño en el corredor lateral. Puedo escoltarlas.

 

—No es necesario —interrumpió Cindy con una voz dulce pero glacial—. Confío en la orientación de mi agente.

 

Draegus asintió, tragando saliva.

En ese instante, ID11-A siguió a las chicas, flotando invisiblemente detrás de ellas.

 

Las chicas caminaron rápido hacia la dirección señalada. Al llegar a la pequeña sala de baño — sin cámaras—, Aranea revisó dos veces las esquinas, cerró la puerta con seguro y luego, como si fuera una alarma latente… reventó la tensión con un solo bufido.

 

—¡¿Qué demonios fue eso?! —dijo en voz baja pero intensa, golpeando una pared con el puño—. ¡Ni el emperador Ledolas Aldercapt me mencionó jamás una instalación como esta!


—¿Y eso qué significa? —preguntó Iris, temblando un poco.

 

—Significa que esto está tan fuera del radar que ni siquiera las altas esferas lo reconocen. Ni el Canciller. Ni el Consejo. Nadie. Esto no es parte de Niflheim. Es una... operación fantasma.

 

Hubo un silencio.

 

Luna cerró los ojos un instante.


—Y esa operación fantasma apunta directamente a los chicos.

 

—A Noct.—añadió Iris.

 

—Exacto —Aranea se enderezó con una firmeza renovada, como si su cuerpo recordara de pronto a quién respondía ahora.

 

—Muy bien —dijo—. Esto no debería existir.

 

Las otras tres la miraron.

 

—Vamos a destruirlo.

No fue una sugerencia. Fue una declaración de intenciones.


ID11-A flotaba cerca del techo, su lente enfocado en las voces. Registró cada palabra. Cuando Aranea declaró "Vamos a destruirlo", el droide emitió una vibración silenciosa de asentimiento.

 

Luna asintió con calma.

 

Iris alzó la mano tímidamente.


—¿Primero nos secamos las manos?

 

—Sí, Iris —dijeron todas al unísono.

 

Unos minutos después, el grupo salió del baño y ID11-A lo siguió.


El coronel los esperaba junto a un técnico que parecía haber estado ahí de pie sin moverse.

 

Cindy caminó directo hacia él.

 

—Coronel, he decidido que quiero presenciar una demostración funcional del arma. Algo controlado. Quiero ver su “eficiencia”.

 

El Coronel alzó las cejas.


—¿En serio?

 

—¿Parece que estoy bromeando?

 

—No, señorita Directora. Lo organizaré de inmediato.

 

—Además —añadió Cindy, girándose un poco hacia Iris—, mi oficial de comunicaciones necesita acceso temporal a una sala segura. Para transmitir actualizaciones al... comité de control de evaluaciones tácticas.

 

Iris asintió rápidamente, sin saber qué acababa de inventar Cindy.

 

—Claro. El comité. De... control.

 

—Protocolos e informes deben ser enviados al alto mando—añadió Luna, uniéndose sin esfuerzo a la mentira. Su tono era puro mármol.

 

El coronel Draegus dudó, pero al final asintió.

 

—Concedido. Le generaré un pase temporal de autenticación. Usted —miró a un soldado—, acompáñela a la sala Alfa-Cero. Códigos y claves están en el panel izquierdo. No toque nada más.

 

Iris saludó torpemente y se marchó.

 

Luna la siguió sin decir una palabra.

 

Cindy y Aranea se quedaron solas con Draegus.

 

—Muy bien, coronel. Lléveme a la sala de demostración.

 

La capa blanca se elevó otra vez mientras Cindy comenzaba su caminata imperial con un propósito muy distinto al original.

 

Y en otro pasillo, lejos ya de oídos ajenos, Luna e Iris caminaban juntas en silencio.

 

—¿Tenemos un plan? —preguntó Iris.

 

—Vamos a tenerlo.

 

—¿Y va a funcionar?

 

—No.


Luna sonrió.

—Pero va a parecer que sí.

 

El salón de demostración era más bien una cúpula blindada, con vidrio reforzado y hormigón de 4 mts de espesor. Dentro, el núcleo del arma flotaba con pulso silencioso, como un corazón detenido a punto de estallar.

 

Cindy y Aranea se mantuvieron firmes mientras el coronel Draegus se dirigía a la consola de activación.

 

—Comenzando la demostración técnica: Protocolo Starfall nivel 1 —anunció el operador.

 

Un zumbido profundo sacudió las paredes.

 

Un objetivo de prueba —una columna de piedra artificial grande— apareció en el centro del domo.

 

—Ejecutando ignición—.

 

El núcleo vibró una vez.

 

Y luego…

 

CHHHHHHRRRMMMMMM

 

Una explosión sin fuego. Una implosión silenciosa. El objetivo se deshizo, no en llamas, sino en polvo suspendido, reducido a átomos flotantes que desaparecieron lentamente en el aire.


ID11-A, flotando cerca de Aranea, su lente que grabó todo, Sus sensores intentaron analizar el fenómeno, registrando la disrupción molecular del objetivo. Era una energía de destrucción limpia y absoluta.

 

Aranea soltó un leve jadeo.

 

Cindy dio un paso atrás, en su mente:


¿QUÉ DEMONIOS FUE ESO?

 

Aunque por fuera, su mandíbula se mantenía tensa, profesional, imperial.

 

—El sistema no deja rastros físicos —dijo el coronel con orgullo—. Disrupción molecular total. Perfecto para... intervenciones “limpias”.

 

—Limpias —repitió Aranea, entre dientes.

ID11-A activó su antena de comunicación al detectar una frecuencia interna encriptada y que el droide lo desencriptó con facilidad..

 

En ese momento, el comunicador de Cindy hizo un pitido.

 

Era Luna.

 

—Cindy. Las bombas están listas. Reunión en punto 3E seguro en cinco minutos. Tienen una salida libre.

El droide procesó la palabra: "bombas". Su lógica de protección se disparó. No solo estaban en una misión de improvisación, ¡sino que la habían convertido en una misión de demolición! ID11-A se movió en el aire, inclinándose sobre su eje invisible para mirar fijamente a la espalda de Cindy, como si se preguntara si esta humana era una genio táctica o simplemente estaba loca.

 


[CORTE RÁPIDO]

 

Interior del pasillo de mantenimiento.

 

Luna e Iris están agachadas detrás de una consola de distribución. Iris sostiene una caja con C4.

 

—¿Estás segura que esto no va a explotar al tocarlo?

 

—No.


Luna coloca la última bomba y se pone de pie.


—Iris, activa el retardo y vámonos.

 

—¡Retardo de qué!

 

—De la explosión.

 

—¡Ah! —Iris corre.

 

[FIN DEL CORTE]

Chapter 39: Capítulo 7: – Un escape glorioso.

Chapter Text

De vuelta en la cúpula, Cindy miró al coronel con una expresión tan imperial que incluso Aranea le echó una mirada de respeto.

 

—Muy bien, coronel —dijo Cindy—. La inspección ha finalizado. Me llevaré mis conclusiones al consejo correspondiente.

 

—Entendido, señorita Directora —respondió Draegus—. Su escolta la conducirá a la salida, pero... hemos tenido una falla menor en las rutas internas. Proceda sin escolta.

 

Cindy asintió.


—Preferimos movernos solas de todos modos.

 

Ella y Aranea giraron en sincronía y entraron al ascensor.

 

Ya en movimiento, Aranea presionó el comunicador.

 

—Vamos hacia arriba. ¿Están listas?

 

—Frente al ascensor. Sin testigos. Hora del acto final —respondió Luna.

 

Ding.

 

Las puertas se abrieron.

 

Luna e Iris estaban ahí, perfectamente ubicadas, serenas. Las cuatro no dijeron una palabra. Solo se alinearon con precisión.

 

Y caminaron hacia la salida del hangar.

 

Cuando cruzaron el umbral, el cielo se abrió con un resplandor súbito.


Las nubes se disolvieron como si hubieran tenido miedo. El sol brilló directamente sobre ellas, como si supiera lo que venía.

 

Y entonces…

 

Las chicas se pusieron sus lentes de sol. Al unísono.

 

La capa de Cindy ondeaba con orgullo absoluto. Aranea caminaba ajustando los lentes y mirando a un lado. Iris levantaba el mentón como si supiera qué estaba haciendo. Y Luna…


Luna tenía esa sonrisa.

 

La del guión secreto.

 

Al llegar a mitad del camino, Luna presionó un botón oculto en su reloj.

 

Click.

 

El techo del Solaria se abrió ligeramente. Una cámara emergió, girando suavemente hasta apuntar hacia el hangar.

 

Primero una foto.

 

¡CHACK!

 

Luego, video. La cámara comenzó a grabar a las chicas caminando con elegancia, justo cuando una enorme explosión sacudió el hangar detrás de ellas.

 

¡KRRRRR–SHHHHHHH—BOOOOOOMMMMMMMM!

Una segunda explosión. Luego una tercera.


Fragmentos volaron por los aires. Torres colapsaron.

 

Y las chicas no se giraron.

 

La cámara las captó con fuego a sus espaldas mientras seguían caminando hacia el Solaria. El auto las esperaba como un actor de reparto entrenado.

 

La cámara se replegó.

Click.


Se ocultó.

 

Todas subieron al vehículo en silencio.

ID11-A descendió silenciosamente por antigravedad. Flotó hasta el chasis trasero del auto donde lo esperaba ID11, abrió su compuerta y ID11-A desactivó su modo invisible y se deslizó de vuelta a su lugar de almacenamiento dentro de ID11.

 

Luna tocó el botón Start.


El Solaria rugió con su “motor de iones”.

 

—¿Hora de irnos? —preguntó Iris.

 

El Solaria (es blindado) rugía con su zumbido agudo, y las ruedas deslizaban sobre el asfalto, desde los flancos de los edificios, vehículos ligeros imperiales y torretas automáticas giraban en dirección al auto negro mate que acababa de volar su hangar principal.

 

—¡Tenemos fuego cruzado! —gritó Aranea, mirando el HUD —. ¡Seis torretas, tres SUVs, una patrulla blindada y un maldito mecha!

 

—¡Y todo eso nos quiere matar! —chilló Iris.

 

Luna no dijo nada. Giró el volante a la izquierda, se metió por un callejón entre 2 hangares, y presionó el botón principal de armamento frontal.

 

¡ZAAAN—KRRRSSSHHH!

 

Los cañones bálster del Solaria se desplegaron desde la parrilla frontal. Un enjambre de proyectiles verdes se disparó hacia adelante:

 

Un auto explotó.


Una torreta colapsó.


Una pasarela metálica se dobló sobre sí misma.

 

Las luces de alarma se multiplicaban. Los soldados corrían en desorden. Las cámaras de seguridad caían en cascada. Una antena de comunicaciones entera se partió en dos.

 

—¡Nos están bloqueando la salida! —anunció Cindy.

 

—¡A la derecha! —ordenó Luna.

 

La defensa trasera del Solaria liberó trampas dignas de una pelicula de agente secreto:

Un manto de humo espeso, clavos inteligentes con imanes, una microcarga de luz cegadora.

 

¡BRSSHHHHHH!

Dos vehículos que los perseguían derraparon y se estrellaron entre sí.

 

—¿Quién eres tú?! ¿Biggis, Jessie y Tifa juntos?! —gritó Iris, completamente perdida entre adrenalina y emoción.

 

—Silencio —dijo Luna, con una leve sonrisa.

 

El Solaria giró la última curva, y allí estaba el obstáculo final:

 

Un tanque imperial clase Medusa, bloqueando la única vía de salida.

 

Los soldados gritaban. El tanque giraba lentamente su cañón.

 

—¡Ese tanque va a disparar! —gritó Aranea.

 

Luna frunció los labios.

 

Presionó el botón rojo.

 

Cindy, desde el asiento trasero, miró el gesto... y palideció.

 

—No... espera…


Demasiado tarde.

 

De los lados del auto emergieron dos compartimentos ocultos.

 

Misiles de protones.

 

¡SHHHHHH—WOOOOSH!

 

Los dos misiles se dispararon con un rugido grave y luminoso, dejando estelas azules en el aire. Impactaron directamente bajo el tanque, entre las orugas.

 

¡BOOOOOOMMMMMMMMMMMMMM!

 

El tanque se elevó por la explosión, como una marioneta metálica. El suelo tembló. Piezas salieron volando. Chispas en todas direcciones.

 

El Solaria pasó justo por debajo del tanque aún en el aire, como una flecha negra surcando la gloria.

 

Iris gritó como si estuviera en una montaña rusa.

 

Cindy tenía los ojos cerrados.

 

Aranea soltó un grito de guerra que se pareció a una risa nerviosa.

 

Y Luna... mantuvo ambas manos firmes en el volante. Tranquila.

 

El tanque cayó con estrépito detrás de ellas, reventando el asfalto y levantando una nube de polvo que cubrió toda la entrada.

 

Habían escapado.

 

Interior de la base – minutos después.

 

Entre el humo y los escombros, el Coronel Draegus emergió tambaleando como un espectro ahumado. Su uniforme estaba chamuscado. Su sombrero había desaparecido. La insignia colgaba torcida de su pecho.

Tosió una vez. Tosió otra. Se apoyó en una viga carbonizada.

 

Observó en silencio lo que quedaba de la base. Una torre aún chispeaba. Una pasarela se cayó sin aviso.

 

—Mi carrera… mis informes… mi hangar… —murmuró, casi para sí mismo.

 

Entonces, un soldado joven corrió hacia él, tableta en mano, temblando.

 

—¡C-Coronel…! ¡La Directora Azulia Rhendrak acaba de confirmar que llegará en diez minutos para la inspección sorpresa!

 

El coronel parpadeó una vez.

 

Giró la cabeza lentamente…

 

Y miró al lector.

 

Directamente.

 

Sus ojos estaban abiertos como platos, su labio inferior temblaba.


Una única lágrima bajaba por su mejilla tiznada.

 

—…yo estoy muerto.

 


Carretera.


El Solaria avanzaba con suavidad. El motor volvía a su zumbido bajo. Atrás, en el horizonte, el humo negro de la base destruida se alzaba como el final de una obra.

 

—¡¡SIIIIIIII!! —gritó Iris, alzando los brazos por la ventana.

 

—¡dioses, lo hicimos! ¡LO HICIMOS! —Cindy golpeaba el techo interior del auto con euforia—. ¡¿Viste eso, Aranea?! ¡¿VIS-TE ESO?!

 

Aranea exhaló profundamente y se recostó en el asiento. Por primera vez en el día, sonrió con sinceridad.

 

—Eso… eso fue glorioso.

 

Las tres celebraban, reían, gritaban y soltaban toda la tensión acumulada.

 

Menos Luna.

 

Ella seguía al volante, serena, con el viento en el rostro y el reflejo del cielo despejado sobre el parabrisas. Una sonrisa. Pero nada más.

 

—Tendré que poner más atención, la proxima vez y sin imprevistos. —susurró.

 

El Solaria siguió su camino hacia el este.

 

El sol ya había caído sobre los campos al este de Lestallum cuando el Solaria, finalmente, se detuvo frente a un modesto motel de carretera con luces cálidas y un cartel que anunciaba:


Termas de Liede – Agua natural, comida casera, descanso garantizado.

 


El auto volvió lentamente a su forma original. El negro se pasó al celeste, las líneas rojas desaparecieron y la parrilla frontal se cerró como si jamás hubiera ocultado cañones. Las puertas se abrieron, y del interior emergieron 3 figuras sudorosas y exhaustas.

 

—¡NECESITO bañarme! —exclamó Iris, alzando los brazos al cielo como si invocara una deidad de las aguas termales.

 

—¡Yo también! —añadió Cindy, soltando una carcajada y siguiéndola con pasos rápidos hacia la parte trasera del recinto donde se veían los vapores de las termas.

 

Luna descendió en último lugar. No tenía una gota de sudor visible, pero sus ojos estaban llenos de satisfacción. Cerró la puerta tras de sí sin mirar atrás.

 

Aranea, sin embargo, no la dejaba escapar tan fácilmente.

 

—Muy bien, alteza —dijo acercándose mientras estiraba los hombros—. ¿Me vas a decir qué demonios fue todo eso?

 

Luna la miró con una sonrisa serena, casi maternal.

 

—Tenebrae tiene algunos de los mejores ingenieros y mecánicos del continente. Muchos son leales al linaje de La Oráculo, y colaboraron discretamente en la modificación del Solaria.

 

—¿Y esos cañones? ¿Y la transformación completa? ¿Y las armas, esos misiles raros??

 

—Todo diseño personalizado. Aunque... no puedo hablar de todo —dijo Luna con un destello pícaro en los ojos.

 

—Ajá. —Aranea cruzó los brazos—. Bueno, tengo otra pregunta. ¿De dónde conseguiste las matrículas de Gralea?

 

Luna levantó una ceja.

 

—Le eché un vistazo al teléfono. El auto verdadero está en el garaje de la mansión del mismísimo Canciller Ardyn. No se ha movido en semanas.

[CORTE RÁPIDO]


Gralea, Niflheim.

 

En el garaje privado de la mansión, el Canciller Ardyn se acercó a su auto personal con su habitual calma. Tenía planes para una noche tranquila. Sin embargo, al bajar la mirada hacia la parte delantera de su vehículo, sus pasos se detuvieron abruptamente.

 

El espacio donde deberían estar las placas su auto estaba vacío, sin una sola huella, ni un tornillo suelto. Como si nunca hubieran estado allí.

 

Ardyn, el maestro de la manipulación, frunció el ceño. Se inclinó, pasando un dedo por el espacio vacío.


Su expresión, por primera vez en mucho tiempo, era de genuina perplejidad. Abrió y cerró la boca una vez, sin que saliera sonido alguno.

 

—Esto... no es posible— pensó, su voz apenas un susurro inaudible.


Miró a su alrededor en el impecable garaje, luego va corriendo a su cuarto de vigilancia. Las cámaras de seguridad que él mismo había diseñado, en los videos no mostraban anomalía alguna, nada, solo se veían que las placas desaparecian como arte de magia.

 

Abrió y cerró la boca una vez, sin que saliera sonido alguno. El silencio del garaje, que solía calmarlo, ahora le parecía burlón.

 

—¿Qué... caraj- —murmuró, extrañado, incapaz de comprender—. Alguien... ¿me ha jugado una broma? ¿A mí? ¿Por unas simples placas...?


[REGRESO A LA ESCENA]

 

—Es un secretito—respondió Luna y suelta una pequeña risa, caminando con toda la calma del mundo hacia la entrada del motel.

 

—¿Un secretito? —murmuró Aranea, siguiéndola con la mirada—. Esto ya no es una operación de escape. Esto es una obra de teatro.

 

Un par de horas después, las cuatro estaban reunidas en una mesa junto a la cocina del motel, cada una con una taza caliente en la mano y un plato humeante frente a sí. La comida era simple, pero reconfortante. Aranea cocinado una pasta con queso derretido, carne seca, y un toque de pimienta.

 

—¿Entonces... todo ese show fue para distraer a los soldados? —preguntó Iris mientras enrollaba un tenedor de pasta.

 

—Ni siquiera sé si eran soldados de verdad... —dijo Cindy, frunciendo el ceño—. Nos perseguían como si fuéramos criminales.

 

—¿Soldados? —replicó Cindy, con una sonrisa sarcástica y los ojos todavía abiertos por la adrenalina—. Nos metimos en una base secreta que no debería existir, fingí ser la Directora Azulia Rhendrak de Niflheim, saboteamos un arma capaz de borrar montañas... ¡y luna le disparó a un tanque con misiles!

 

Aranea alzó una ceja, sonriendo :

 

— fue increíble.

 

Iris soltó una carcajada, apenas logró contenerse para no escupir la pasta.

 

—Y ese tanque… ¡voló! Literalmente voló. Como en las películas.

 

—Fue glorioso —admitió Aranea con voz baja, casi con respeto—. Pero si el Alto Mando se entera de esto, nuestras caras van a estar en cada cartel de “Se busca”.

 

—Y ni hablar si descubren que fue el Proyecto Stardust lo que saboteamos de verdad —añadió Cindy, su sonrisa se atenuó un instante.

—¿Quién sabe qué catástrofe cósmica podríamos haber evitado, o causado sin querer, si ese juguete se activaba en las manos equivocadas?— dijo Iris.

 

—Me quedo con mi título de “Directora por accidente” —suspiró Cindy, estirando los brazos—. Al menos hasta que mi adrenalina baje en... tres semanas.

 

Luna, con su expresión más serena, bebía su infusión sin intervenir.

 

—¿Luna? —preguntó Iris, entre mordisco y mordisco—. ¿Tú sabías de todo esto desde el principio?

 

Luna sostuvo la taza con ambas manos, y luego respondió con voz suave y perfecta dicción:

 

—Solo lo suficiente para actuar con prudencia. lo de la base no se nada y fue improvisación… artística.

 

—Artística, dice —repitió Aranea, rodando los ojos—. Esto no fue una operación de infiltración. Fue una… ópera espacial explosiva dirigida por una deidad con complejo de directora de escena.

 

—¿Contar qué? —dijo Luna, con una sonrisa que no era culpable, sino victoriosa—. Solo escapamos. Saboteamos un arma secreta. Sobrevivimos.
Y eso ya es bastante para celebrar.

 

Las chicas la miraron en silencio un segundo… y luego brindaron.

 

—¡Por nuestra loca infiltración!

 

—¡Por los misiles que nadie pidió!

 

—¡Y por el tanque volador! —gritó Iris.

 

—Y por las termas —cerró Aranea, alzando la taza.

 

Ya entrada la noche, cuando las demás se van a dormir a sus habitaciones, Luna entró a su habitación. Cerró la puerta con cuidado, encendió una lámpara.


Miró directamente al lector, exhaló una bocanada de aire, no de cansancio, sino de pura descarga. Sus labios se curvaron en una sonrisa, no solo victoriosa, sino ligeramente sorprendida.


—Eso… fue intenso —murmuró, con un brillo en los ojos que delataba la adrenalina aún latente— Y para ser honesta… lo de la base no estaba en mi obra.


De ella escapó una risa suave, casi inaudible.

 

Luego fue al baño a ducharse y, ya con su ropa habitual, se sentó frente a una mesa que cubría un sinfín de papeles, cuadernos y demás objetos que había sacado de su maleta horas antes.

Y se sentó frente a una mesa cubierta de papeles, cuadernos, etc, que ella desempacó horas antes de su maleta.

 

Había mapas detallados de Lestallum con rutas marcadas en rojo, bocetos de maniobras, esquemas del sistema de escape del Solaria, coreografías de bloqueos y desvíos.

Y hasta un pequeño plano que decía:

Momento de giro dramático, entrada del Regalia aquí, retroceder el Solaria en reversa a la posicion deseada y apertura del botón de la puerta del callejón sin salida No. 5.

 

Era un laboratorio de escena, no una guarida criminal. Un estudio para una representación caótica. Organizado.

 

En medio de los papeles, reposaba un borrador de la misiva que había enviado a Noctis ayer. Escrito a mano, con letras limpias pero firmes, decía:

 

Querido Noctis, Mis fuentes me informaron que un vehículo que viene desde Gralea, transporta gente de alto rango, pasaría por las cercanías de Lestallum, mañana. Estoy segura de que tú y tus amigos sabrán qué hacer al respecto. Solo les pido que no se conte-

 

Luna lo tomó. Una sonrisa fugaz cruzó sus labios; la carta había cumplido su propósito. Luego la dobló y la colocó sobre una pila de borradores descartados.

 

Miró hacia el lector

 

Con un gesto suave, puso un dedo sobre sus labios, pidiendo silencio.

 

Abrió un diario personal, escribió unas pocas líneas en silencio. Luego se levantó.

 

Y bailó.

 

No un vals. No un ritual. Fue una danza suelta, libre, entre las sombras y la luz amarilla de la lámpara. Un movimiento breve, expresivo. Una celebración muda de su victoria perfecta.

 

Se sentó en el sillón rojo, junto a la ventana. Extendió ambos brazos al frente, palmas abiertas, como una directora presentando su obra.

 

Miró directamente al lector, sonrió y dijo:

 

—Esto, es Cine Absoluto.

Chapter 40: Arco 9: — Entre Ruinas, Mentiras y el Secreto Expuesto.

Chapter Text

Capítulo 1: — El mapa de Saeko y el atajo secreto de Las Ruinas de Pitioss.

 

19 agosto 756, mañana.


Campamento de los Chocobros, Duscae.

 

Con la llegada del amanecer, el campamento cobra vida. El aire, aún frío por el rocío nocturno, se llenaba con los sonidos cotidianos: el rasgueo de las cremalleras de las tiendas, bostezos a destiempo y el sonar de pasos pesados en busca del desayuno.

 

Los Chocobros salieron de sus tiendas casi al mismo tiempo. Noctis con el cabello revuelto, Prompto medio dormido arrastrando los pies, Gladio en modo “montaña pre-café”, e Ignis, impecable, a pesar de la persecución de ayer que perdió de vista el auto de “alto rango de Niflheim” en Lestallum por culpa del Chocobo gordo que tapó la vía.

 

La tienda principal olía a café y a pan dulce. Pronto el desayuno estaba servido:

Panqueques con moras y café. Durante unos minutos solo se escuchó el sonido de tenedores raspando.

 

Cuando el último plato quedó vacío, Ignis se limpió las manos con una servilleta, se ajustó los lentes y habló:

 

—Hoy partimos a otra ubicación. Desmonten todo. Y… tengo algo más —sacó un sobre del bolsillo interior de la chaqueta—. Una carta. Una que Saeko me entregó.

 

Los otros tres giraron al unísono. Se notaba la tensión curiosa en sus miradas.

 

Ignis sacó la carta y dijo:

 

—Prompto, Gladio. Vengan.

 

Noctis levantó las manos.

 

—¿Eh? ¿Y yo?

 

—La carta dice: “para Ignis, Gladio y Prompto”. Solo eso.

 

Noctis torció la boca y murmuró algo entre infantil y teatral:

 

—Ya veo cómo es… el príncipe solo es decoración, ¿no?

 

Gladio bufó una risa; Prompto le dio un golpecito en el hombro para consolarlo.

 

Ignis abrió la carta. Los tres se acercaron a leer en silencio. Dentro, doblado, había un mapa del continente de Lucis, marcado con una veintena de símbolos… las ubicaciones exactas de todas las Tumbas Reales.

 

—¿Saeko… sabe las ubicaciones exactas? —Ignis levantó una ceja.

 

Gladio cruzó los brazos.

 

—¿Recuerdas el holograma de Eos en la instalación de la Orden? Apostaría mi espada a que lo sacó de ahí.

 

Ignis asintió lentamente.

 

—Tiene sentido. Desde mayo hasta finales de junio, encontramos tres tumbas y espadas. Sin embargo, debido a la... situación del 1 de julio con los bíceps de Prompto, tuvimos que pausar nuestra misión.

 

Prompto levantó ambas manos en señal de rendición.

 

—No fue mi culpa que mis brazos decidieran volverse... más notables.


Gladio soltó una carcajada breve.

 

Noctis, sonriendo lo observó un instante.

 

—La verdad… no importa. Pasó de todo, sí. Pero terminamos más unidos. Como… casi hermanos, ¿no?

 

Prompto se inclinó sobre él y puso su brazo por los hombros de Noctis.

 

—Pues claro. Somos la unidad más valiente y disfuncional de todo Lucis.

 

Ignis y Gladio asintieron, cada uno a su manera.

 

Con eso, comenzó el ritual de desmontar el campamento.

 

Noctis y Prompto entraron a su tienda para desinvocar colchonetas, mesitas, libros, alfombras, sillas de campaña… todo en un parpadeo de luz celeste gracias al poder de La Santálita y de Noctis, Las maletas de ropa fueron directo al maletero del Regalia.

 

Gladio e Ignis hicieron lo mismo en la suya, compartiendo ese orden que solo ellos podían ejecutar sin que se les cayera nada.

 

La tienda almacén desapareció por completo una vez que se desinvocaron todas las cajas.

 

La tienda principal fue la más lenta: Ignis retiró la pizarra, los sillones, el sofá, el proyector, microondas, nevera, películas red-ray, mesa, sillas. Las cajas de comida fueron al auto. 

 

Una hora y media después, al final, solo quedó la hierba aplastada y seca, donde antes había un campamento entero luego revisaron el perímetro y satisfechos, subieron al Regalia.

 

Y allí, justo cuando las puertas se cerraban y el V12 biturbo rugía, un pequeño brillo metálico emergió entre la hierba.

 

El droide ID10, observó el campamento inexistente. Observó cómo las huellas se borraban con el viento.


Bipuuup!


Y luego, con una agilidad inesperada, corrió a cuatro patas por la hierba, dio un salto y se enganchó al chasis trasero del Regalia.

 

El auto avanzó.

 

El Regalia avanzaba por la carretera con ese ronroneo suave que siempre parecía prometer aventura. Iba con el techo duro abierto, lo que dejaba entrar el aire fresco de la mañana.


Y Prompto tenía la GoPro 13 montada en un estabilizador, girándola de un lado a otro mientras comentaba como si estuviera grabando un documental para la posteridad.

 

—¡Miren esto, miren esto! —dijo moviendo la cámara para captar a Ignis desde un ángulo dramático—. “El estratega al volante, guiando el destino del mundo… y del tráfico.”

 

Ignis no se distrajo. Solo ajustó los lentes.

 

—Agradecería que no convirtieras mi conducción en un tráiler —murmuró.

 

Gladio, en el asiento trasero, soltó una carcajada. Noctis bostezaba, con la cabeza recostada contra la ventanilla, medio dormido con el viento golpeándole el cabello.

 

La carretera avanzaba sin contratiempos, hasta que Ignis alzó una ceja.

 

A la derecha, una señal indicaba:

 

← Roca de Ravatogh — 4 kms.

 

Ignis redujo la velocidad y giró hacia la izquierda en la intersección.


Prompto levantó la vista del teléfono donde llevaba el registro de las grabaciones.

 

—¿Nos vamos al volcán? —preguntó.

 

Ignis no respondió. Solo continuó adelante y frenó cerca de un grupo de rocas imponentes, a unos 2 kms del pueblo al pie del volcán.

 

Ignis salió del Regalia, miró su reloj, las 9:00 a.m. sacó el mapa de la carta de Saeko comparaba coordenadas con el GPS de su telefono.

 

—Aquí es —anunció.

 

Noctis parpadeó desde la puerta del coche.

 

—¿Eh? ¿Aquí qué? Solo hay piedras. La tumba está en el volcán, todavía falta.

 

Prompto y Gladio salieron estirándose, ya estaban acostumbrados a los planes secretos de Ignis… aunque nunca dejaban de intrigarles.

 

Ignis revisó la pared rocosa, caminando alrededor de ella como si estuviera buscando una entrada oculta. Se detuvo, observó el mapa, observó el GPS… y marcó una X con un marcador rojo.

 

Luego se alejó varios pasos.

 

—Prompto, saca tu bazuca y dispara allí.

 

Prompto dio un salto de alegría. Nunca necesitaba que se lo pidieran dos veces.

 

—¡Sí, señor táctico! —invocó el arma, apuntó con cuidado y gritó— ¡Fuego!

 

El misil salió disparado con un chillido metálico y explotó contra las rocas, levantando polvo y fragmentos.

 

Noctis frunció el ceño.

 

—¿Esto es… un entrenamiento de destruir cosas?

 

Cuando el polvo se disipó, quedó a la vista algo que no debía estar allí: una entrada.

 

Un camino despejado.

 

Noctis abrió la boca.

 

—¿Qué…?

 

Ignis solo caminó hacia adelante.

 

—Vamos.

 

Mientras tanto, bajo el Regalia, el droide ID10 vibraba, como si estuviera riéndose,  observando a Noctis con su lente azul radiante, luego miró hacia el lector, levantó una de sus patas delanteras metálicas y la colocó bajo el lente como si pidiera silencio antes de la broma que estaba por venir.

 

Los chicos entraron al camino oculto. Y al otro lado… la sorpresa fue mayor.

 

Una pista de aterrizaje: larga, de grava gris, lisa y construida, se extendía en medio de la nada.


Su peculiaridad radicaba en la pared de roca que se alzaba justo al final, sugiriendo un diseño para un despegue y aterrizaje imposible.

 

Los Chocbros se quedaron helados.

 

—…¿Qué es esto? —musitó Gladio—. ¿Una pista para aeronaves de Niflheim?

 

—No hay registros de instalaciones imperiales aquí —murmuró Ignis.

 

Noctis apretó los labios y lo confrontó:

 

—Ignis… ¿qué estás tramando?

 

Ignis respiró profundo. Una leve sonrisa se asomó en su rostro mientras ajustaba sus lentes, ese brillo peligroso que siempre anticipaba planes absurdos.

 

—Confía en mí, Su Alteza. Llame a los chocobos.

 

Noctis suspiró y los llamó con un silbido.

 

Cuatro chocobos aparecieron desde el camino recién abierto, agitando las plumas y emitiendo sonidos alegres. Montaron enseguida y siguieron un camino ascendente hacia el este.

 

Todo iba bien… hasta que aparecieron Kingatrices, gallinas gigantescas, agresivas y coloridas como un quetzal.

 

—Uy… enemigos fuertes —comentó Gladio al invocar su espaldón.

 

La batalla fue intensa y las bestias se movían con rapidez. Sin embargo, los Chocobros demostraron ser aún más veloces. Justo cuando pensaban que el enfrentamiento había concluido, retomaron la marcha solo para encontrarse con una nueva oleada de enemigos, y la emboscada se repitió cuatro veces más.

 

Noctis terminó con el cabello pegado a la frente y la respiración acelerada.

 

Una hora y media después, subiendo la colina, apareció una estructura familiar en el horizonte: una entrada de ruinas antiguas.


Se bajaron de los chocobos y caminaron.

 

Ignis miró el reloj.

 

—Son las 12:02 p.m. Hemos llegado. Las Ruinas de Pitioss. Comamos algo. Noctis, usted deberá entrar.

 

Noctis lo miró horrorizado.

 

—¿QUÉ?

 

Ignis invocó cuatro cajas metálicas pequeñas y se las entregó.

 

Prompto abrió la suya con emoción.

 

—¿Bentos? ¡Como los que vi en Tokio!

 

Ignis solo inclinó la cabeza.

 

—Me inspiraron.

 

Cada caja contenía arroz, pescado sazonado y manzanas. Comieron y conversaron mientras Noctis trataba de encontrar excusas.

 

No existían.

 

Finalmente, Noctis entró a las ruinas.

 

Tres eternas horas después, salió tambaleándose, sudado, despeinado, con mirada perdida.

 

—…esas ruinas son horribles —jadeó—. Me caigo y reaparezco y me caigo y reaparezco… ¿Qué clase de magia cruel usan ahí dentro?

 

Pero se detuvo al ver a los tres.

 

Ignis, con una sonrisa amable y ofreciéndole una botella de agua.

 

Prompto, intentando no reírse.

 

Gladio… ocultando algo detrás de la espalda.

 

—¿Qué están tramando? —preguntó Noctis con voz cansada—. Gladio, ¿qué escondes?

 

Gladio trató de mantener dignidad.

 

—Algo que… te ahorraría un buen rato.

 

Y mostró una escalera plegable de aluminio.

 

Noctis lo miró, boquiabierto.

 

—¿…Para las ruinas? ¿Pretenden que entre de nuevo? ¡No voy a regresar a esa pesadilla!

 

Ignis negó con calma.

 

—¿Quién dijo que volvería a entrar?

 

Gladio extendió la escalera frente a la entrada. La apoyó, la aseguró… y sonrió.

 

—Listo, su alteza. Suba.

 

Noctis estaba demasiado cansado para discutir. Subió.

 

En la parte alta había una ventana oculta. Y adentro, en una plataforma que no debería ser accesible… un objeto oscuro.

 

Una capucha negra.

 

Noctis la tomó.

 

Tras la exploración, descubrió lo increíble: pasadizos, plataformas, e incluso el lugar al fondo, donde había estado maldiciendo durante tres horas...


¡todo ese tramo era accesible desde aquella ventana!

 

Regresó bajando la escalera, con una expresión de asombro e incredulidad.

 

—Oigan... ¿estas ruinas...?

 

Prompto no pudo contener la risa.

 

—¡Si hubiera cámaras para grabarte ahí dentro, sería un espectáculo! Te caes con estilo, ¿sabes?

 

Gladio estaba casi llorando de la risa.

 

Ignis respiró hondo y habló con ese tono suavecito que anticipaba un remate.

 

—Su Alteza, según la carta de Saeko, si lograba superar la prueba, no era necesaria la escalera. Pero… —una sonrisa apenas curvó sus labios— decidimos dejarla lista por si acaso.

 

Noctis recogió una piedrecita y se la lanzó a Ignis. Él solo giró la espalda en el segundo exacto, recibió el golpe y volvió con absoluta serenidad.

 

—Una reacción bastante predecible.

 

Noctis cruzó los brazos.

 

—Grrr!

 

Ignis miró el cielo ya teñido de tonos naranja.

 

—Son las 5:00 p.m. Hay aguas termales cerca. Sugiero acampar.

 

Noctis lo pensó un microsegundo.

 

—¿Aguas termales? ¡Vamos!

 

Se dirigieron al lugar indicado, donde el vapor blanco se elevaba entre las rocas. Se desvistieron hasta quedar en ropa interior y se sumergieron en el agua caliente.

 

Noctis soltó un suspiro de puro placer.

 

—Esto es... perfecto.

 

Prompto, juguetón, chapoteó y salpicó a Noctis en el hombro.


Gladio respondió con una ola que parecía un pequeño tifón.

 


Ignis, intentando en vano mantener la compostura, cedió a los tres segundos, esquivando las salpicaduras con una sonrisa.

 

La cámara, elevada y ahora ligeramente empañada por el vapor denso, flotaba sobre la escena como un testigo silencioso. Las risas se entrelazaban con el murmullo del agua, mientras el atardecer pintaba el cielo con fuego y sombra sobre la silueta del volcán.

 

El día terminaba así: descansando, riéndose, sanando un poco más.

Chapter 41: Capítulo 2: — Un paseo con el Zu y la llamada de Cor...

Chapter Text

20 agosto 756, mañana.

Claro cerca de las Ruinas de Pitioss.


El aire de la mañana era fresco, cargado del aroma a azufre, las termas y vegetación que rodeaba las ruinas.

En lugar de las tiendas enormes que usaban para campamentos largos, esta vez tenían dos tiendas pequeñas, lo justo para pasar una o dos noches. De una salieron Noctis y Prompto, todavía despeinados; de la otra, Ignis y Gladio, ambos ya con el porte más firme.


Ignis no perdió tiempo. En cuestión de minutos ya estaba arrodillado junto a una fogata encendida, preparando huevos, pan tostado, quesos variados y café. El aroma envolvió el campamento mientras los demás regresaban de un baño rapido en las termas, sacudiéndose el agua de la piel antes de vestirse.

 

Desayunaron entre comentarios dispersos sobre lo que había pasado el día anterior en Pitioss, replegaron las tiendas… y los desinvocaron.

 

El camino de regreso hasta el Regalia fue mucho más tranquilo que el descenso del día anterior. Sin hordas de Kingatrices. Sin sobresaltos. Solo el crujido de las botas en la grava y el canto ocasional de algún bicho raro entre los arbustos.

 

Mientras tanto, ID10 —que había recargado sus paneles solares desde temprano— estaba pegado al salpicadero del auto, leyendo el GPS, tomando datos, cualquier cosa mínimamente interesante… aunque nadie le había pedido que lo hiciera.

 

Los Chocobros, en su emoción por ver las ruinas, habían dejado el Regalia con el techo duro plegado dentro del maletero. El droide notó unas pisadas acercándose y se elevó apenas unos centímetros, mirando hacia el muro derrumbado. Los Chocobros aparecían por ahí, conversando sobre Pitioss y teorizando acerca de la misteriosa pista de aterrizaje.

 

ID10 emitió un pitido corto y nervioso:

Boop-Bzzzt!

 

Acto seguido, descendió, presionó el botón de ocultar la pantalla del infoentretenimiento —que se apagó y se contrajo dentro del tablero— y luego se giró para revelar un panel de  indicadores de temperatura, presión del turbo y voltajes, como los de un Bentley actual.

 

Después apagó los accesorios del automóvil, saltó por la puerta del conductor … y se deslizó hacia el chasis trasero, ocultándose.

 

Los Chocobros llegaron al coche y subieron sin sospechar nada.

 

Camino al volcán, el viaje fue corto. Al llegar al pueblo, Gladio bajó un momento a por provisiones frutas, agua y carne y regresó de inmediato. Tomaron el sendero hacia la cima, con Ignis al frente, sosteniendo el mapa de Saeko.

 

Ignis marchaba adelante, con el mapa en una mano y el GPS en la otra. El sendero era empinado, pero las vistas eran amplias y limpias.

 

Al llegar a la cima, Ignis declaró:

 

—La Tumba del Feroz.

 

Noctis se adelantó, tocó la puerta y esta se abrió. El interior era oscuro y silencioso. Al fondo, el poder antiguo se activó, formando una aurora celeste.

 

La Maza del Feroz apareció en forma etérea en la mano de Noctis.

 

Prompto silbó.

 

—Con eso van cuatro armas reales.

 

Gladio cruzó los brazos.

 

—Bueno… solo te faltan nueve más.

 

Salieron… y la sombra los cubrió.

 

Un Zu gigantesco, de casi 93 metros, desplegó las alas y aterrizó frente a ellos.

 

Gladio retrocedió un paso.

 

—…¿Qué?

 

Los Chicos invocaron sus armas. El aire se llenó de tensión.

 

El Zu inclinó su enorme cabeza hacia el grupo. No atacó. Solo… olió a Gladio. Lo tocó con el pico. Lo examinó como si sospechara.

 

Los demás lo observaban con cara de “esto no puede estar pasando”.

 

Ignis murmuró:

 

—No me digas… que robaste el huevo.

 

Gladio abrió la boca para negar, pero el Zu lo agarró de la camisa, lo levantó en el aire y

 

Todos esperaban que lo comiera.

 

Pero lo depositó sobre su propio cuello, como si fuera… un invitado.

 

Prompto gritó:

 

—¿Pero qué-

 

El Zu repitió el proceso. Tomó a Ignis, lo elevó y lo dejó detrás de Gladio. Luego a Noctis, que aterrizó delante.

 

Prompto, con la GoPro 13 en el pecho, registró todo.

 

—¡Esto es oro puro! ¡Oroaaaaa-

 

El Zu lo tomó. Lo sacudió un poco. Luego lo lanzó hacia arriba y cayó entre las alas, exactamente sobre un hueco seguro.

 

Y entonces, despegó.

 

Los cuatro se aferraron a las plumas del gigantesco animal mientras este ascendía hacia el cielo y tomaba rumbo hacia la zona más alta del volcán.

 

Cerca del Regalia, ID10 y el minidroide ID10-A, se encontraban jugando y practicando tiro con sus miniblásters, apuntando a las rocas. De repente, una sombra inmensa cubrió la zona y el sol se ocultó por un instante.

Ambos droides levantaron sus cabezas y miraron al ave gigantesca.

Booop-buuuuuup-Zzzzzzt!.

ID10 abrazó a ID10-A en modo alarma. Luego hizo zoom con su lente y vio a los Chocobros encima del cuello del Zu, sacudidos por el viento y completamente aterrados.

 

ID10 entró en pánico.

 

ID10-A, en cambio, levantó una patita y emitió un sonido calmado, como si dijera “tranquilo”.

 

ID10 lo miró, luego miró al Zu alejándose.

 

El minidroide respondió con un gesto tranquilizante:


Tranquilo, regresarán… probablemente… quizá… bueno, seguro sí.

 

El Zu aterrizó en un nido enorme, todavía dentro de la zona volcánica. El viaje había durado unos cuatro minutos de pura tensión.

 

Los Chocobros bajaron y miraron hacia abajo del nido.

 

Un polluelo recién nacido, pequeño, débil, tembloroso.

 

Ignis respiró hondo.

 

—¿Acaso… pide nuestra ayuda?

 

El Zu emitió un sonido grave, profundo. Una mezcla entre súplica y advertencia.

 

Ignis invocó su botiquín. Se arrodilló, sacó vendas, ungüentos, herramientas. Curó al pequeño Zu.

 

Después invocó carne fresca y se la dio. El polluelo comió. Luego balbuceó un sonido feliz, apoyando la cabeza en el pico de la madre.

 

El pequeño, curioso y sin miedo, se acercó a Prompto y lo tocó con su pico y él, dio un brinco.

 

Prompto se puso rígido.

 

—¿Uh… esto es… bueno? ¿Malo? ¿Me va a comer?

 

Noctis se rió.

 

—Tócalo como si fuera un chocobo.

 

—¡Pero no es un chocobo, es un Zu! —protestó Prompto, aunque igual lo acarició.

 

Entonces el Zu madre volvió a acercarse. Sin previo aviso, tomó a Ignis y lo colocó sobre su cuello. Luego a Noctis. Luego a Gladio. Luego a Prompto.

 

Cuando los cuatro estuvieron acomodados…

 

El enorme Zu extendió las alas y emprendió vuelo de regreso.

 

Cuatro minutos después, aterrizó cerca del Regalia.

 

ID10-A se escondió dentro del comportamiento de ID10 y se ocultó bajo el chasis.

 

Los Chocobros se bajaron del Zu. El viento levantó las plumas del gigante, que inclinó la cabeza hacia Noctis… y realizó una reverencia.

 

Luego alzó vuelo y desapareció entre las nubes.


Los Chocobros se quedaron mirándolo.

 

—Esto… —dijo Noctis— no entra en la categoría de “mañana tranquila”.

 

Prompto rió.

 

—¡Pero la GoPro lo grabó TODO!

 

Gladio se cruzó de brazos, mirando el cielo.

 

—No robé ningún huevo. Creo.

 

Noctis bufó.

 

—Esto será imposible de explicar.

 

Y los Chocobros se quedaron ahí, en silencio, sabiendo que ese día, a pesar de todo, había sido… sorprendentemente bueno.

 

El teléfono vibró en la mano de Ignis.

 

Una sola mirada a la pantalla bastó.

 

Cor Leonis.

 

Ignis tragó saliva. Un sudor frío le recorrió la nuca.

 

Gladio, Noctis y Prompto se acercaron casi al mismo tiempo, formando un semicírculo alrededor de él. Los cuatro miraron la pantalla como si fuera una bomba a punto de detonar.

 

—No… —murmuró Prompto—. No, no, no, no…

 

—Ignis —dijo Noctis en voz baja—. Han pasado… ¿cuántos días?

 

—Casi una semana fuera de Eos —susurró Prompto—. Y cuatro días desde que regresamos. Olvidamos llamar a Cor. No podemos decir nada de la Tierra. Nada.

 

Ignis cerró los ojos un segundo.

 

—Correcto. Necesito una excusa. Una sólida. Alguna opción racional.

 

Gladio se rascó la barbilla.

 

—Eeee… ¿días sabáticos?

 

Ignis lo miró con una expresión tan plana que casi dolía.

 

—¿Hablas en serio?

 

Noctis alzó un dedo, como si acabara de tener una revelación.

 

—Espera. ¿Y si fingimos que estuvimos en una mazmorra profunda? De esas donde no llega la señal. Una semana y media atrapados. Y “acabamos” de salir.

 

Ignis meditó medio segundo.

 

—…Es imperfecto —dijo—. Pero plausible dentro de los estándares de Eos.

 

El teléfono seguía vibrando.

 

Ignis suspiró, se aclaró la garganta… y contestó.

 

—Soy Ignis.

 

Silencio. Luego la voz grave de Cor atravesó el altavoz como una espada desenvainada.

 

—Sí… —continuó Ignis—. Estuvimos en una mazmorra profunda, por eso no había señal. ¿Ha pasado algo?

 

Los otros tres se inclinaron, conteniendo la respiración.

 

—…¿Qué?

 

Ignis parpadeó.

 

—¿Usted llegó al campamento hace días y solo estaba el Regalia? Ah… sí, nos movimos en chocobos.

 

Prompto abrió la boca en pánico.

 

—¿La pizarra? —dijo Ignis, su pánico elevándose.

 

Los tres Chocobros se miraron.

 

—Oh no… —susurró Prompto—. El Protocolo E-47. Cor lo sabe. Estamos fritos.

 

—Estamos fritos —añadió Noctis—. Cor se lo contará a toda la Crownsguard y a Luna. Basta una llamada y ella vendrá desde Tenebrae…


(Las chicas, en realidad, llevan ya varios días en Lucis; sin embargo, los Chocobros todavía no lo saben.)

 

—…Estamos muertos —concluyó Prompto.

 

Gladio murmuró.

 

—Bueno… al menos moriremos juntos.

 

Ignis seguía escuchando.

 

—¿Lestallum? —repitió—. ¿Ahora?

 

Se enderezó.

 

—Entendido. Iremos de inmediato.

 

Ignis hizo una reverencia ligera automática, incluso sabiendo que Cor no podía verla y colgó.

 

Silencio.

 

—Entonces… —dijo Prompto—. ¿Qué tan mal estamos?

 

—Debemos ir a Lestallum —respondió Ignis—. A enfrentar el juicio de Cor.

 

—¿Qué? —protestó Noctis—. ¡Pero si fue culpa de todos!

 

Prompto levantó la mano.

 

—En realidad… fui yo. Flexioné y le dije a Noctis que me tocara el bíceps…

 

Ignis lo interrumpió con firmeza.

 

—No.

 

Prompto parpadeó.

 

—Nadie es culpable. Lo de Prompto nace de su inseguridad. Y la validación táctil es una forma legítima de sentirse seguro y parte del grupo. No hay falta en eso. ¿Entendido?

 

Prompto dudó… y asintió.

 

Noctis también.

 

—Bien —dijo Ignis, ajustándose las gafas—. Vamos a Lestallum.

 

Subieron al Regalia. El V12 rugió.

 

Bajo el chasis, el droide ID10 se asomó apenas. Su lente azul brilló un segundo y proyectó un pequeño holograma:

 

F.


—Buuup!

 

Luego volvió a ocultarse.

 

El Regalia siguió su camino.

Chapter 42: Capítulo 3: — La Tensión en el Leville: Un Secreto a la Espera.

Chapter Text

El Regalia se alejaba de la Roca de Ravatogh.



El paisaje cambiaba poco a poco: el gris volcánico quedaba atrás, los pinos reaparecían y el aire perdía ese olor a roca caliente.

 

Ignis conducía con ambas manos firmes en el volante.

 

—Chicos —dijo sin apartar la vista del camino—. Recuerden la fachada. Mazmorra profunda. Sin señal. Nada más.

 

Prompto, en el asiento del copiloto, suspiró exageradamente.

 

—Sí, mamá Ignis…

 

Ignis estiró el brazo y le dio un golpecito seco en la coronilla.

 

—Concéntrate.

 

—¡Ay! Vale, vale… —Prompto hizo un puchero infantil mientras desinvocaba la GoPro.

 

Cruzó los brazos y miró por la ventana, ofendido.

 

 

Noctis iba atrás, apoyado contra el asiento, mirando el paisaje pasar. Frunció un poco el ceño.

 

—Oigan…¿Y yo qué?

 

Ignis levantó ligeramente una ceja.

 

—¿A qué te refieres, su Alteza?

 

—A esto. —Noctis se señaló a sí mismo—. Ya no estoy… como antes. No tan callado. No tan cargado. Cor, Mónica, Jared… nos han visto meses iguales. Y ahora…

 

Se quedó en silencio un segundo.

 

—…esto fue de golpe.

 

Prompto giró la cabeza y lo miró.

 

—Sí. Eso no fue gradual, Noct.

 

Ignis redujo la velocidad y orilló el coche a la derecha, un momento, puso las luces de emergencia, se giró hacia atrás y lo observó con atención.

 

—Tienes razón —dijo—. La gente no cambia así de rápido sin levantar sospechas.

 

Noctis se removió.

 

—Puedo intentarlo —murmuró—. Actuar como antes.

 

Lo intentó. Endureció la expresión. Bajó la mirada. Se quedó quieto.

 

Duró tres segundos.

 

Prompto lo miró, luego miró a Ignis.

 

—No. —Negó con la cabeza—. Eso ya no eres tú.

 

Ignis exhaló despacio, ajustándose los lentes. El brillo habitual cruzó el cristal.

 

—Entonces no lo forzaremos —dijo—. Diremos que el viaje nos afectó. Cansancio. Claridad después del peligro. Nada concreto.

 

Gladio, desde el asiento trasero junto a Noctis, se rascó la nuca.

 

—Oigan… —intervino—. ¿Y si usamos eso?

 

Los tres lo miraron.

 

—El Protocolo E-47 —continuó—. Cor vio la pizarra. Vio los dibujos. ahi tiene los detalles del cambio de Prompto y Noctis… puede asumir que todo eso nos removió la cabeza.

 

Prompto parpadeó.

 

—¿O sea que… mi bíceps nos salva?

 

—Nunca pensé decir eso —gruñó Gladio—, pero sí.

 

Noctis soltó una risa corta, nerviosa.

 

—Genial. Mi evolución emocional explicada por el brazo de Prom.

 

Ignis pensó un segundo. Luego asintió.

 

—Funciona. Es una verdad parcial. No mentimos del todo.

 

Volvió a encender el Regalia.

 

—Recuerden —añadió—: tranquilos. Nada de detalles extra. Cor es listo… pero no adivino.

 

El coche retomó la carretera rumbo a Lestallum.

 

Prompto miró al frente, ya sin bromas.

 

—Bueno… —murmuró—. Si salimos vivos del juicio de Cor, Ignis deberá ocultar la pizarra y nuestros datos, cualquiera lo verá si alguien se aventura a mirar y asumo que el Encapuchado Moguri también lo vio mientras cuidaba el campamento.

 

Gladio sonrió de lado.

 

—No prometas cosas imposibles.

 

Noctis apoyó la cabeza contra el asiento, mirando el cielo por el techo abierto.

 

Sea lo que sea que nos espere —pensó—, ya no estamos solos.

 

El Regalia avanzó, perdiéndose entre la carretera y el polvo dorado del mediodía.


2 horas de viaje después.

Lestallum, Cleigne.

 

El Regalia llega a la ciudad.


Ignis aparcó en el mirador, el maletero se abrió, y el techo duro se deslizó del maletero a la cabina.

 

Los Chocobros se bajaron del Regalia.


Prompto se estiró con un largo gemido, arqueando la espalda.

 

—Ufff… Lestallum otra vez.

 

Sacaron cuatro mochilas: ropa limpia, artículos de higiene, nada de equipo de campamento.

 

Caminaron por la plaza central entre el murmullo constante de Lestallum, puestos de comida, risas, pasos. El ritmo se sentía distinto tras su viaje a la Tierra y el caos de revelaciones galácticas de hace dias.


Hotel Leville.

 

En el lobby, Jared levantó la vista y sonrió al verlos. A su lado, Talcott abrió los ojos con entusiasmo.

 

—¡Hola chicos! ¡Prom!

 

Talcott salió corriendo y abrazó a Prompto.

 

Prompto se agachó de inmediato y le revolvió el cabello con cariño.

 

—Hola, Talcott.

 

Noctis se acercó y, casi sin pensarlo, apoyó también la mano sobre la cabeza del chico, con una sonrisa breve.

 

—Hey.

 

Ignis se adelantó hacia Jared.

 

—Buenas tardes. ¿Está Cor?

 

Jared negó con la cabeza.

 

—Salió hace como una hora. Dijo algo de practicar defensas… volverá en otra hora, más o menos.

 

Ignis asintió.

 

—Perfecto. Nos quedamos hoy y mañana. Luego volveremos a acampar. Antes pasaré por el mercado central a reabastecer.

 

Gladio cruzó los brazos.

 

—Yo me encargo del hotel.

 

Ignis ya iba en dirección a la salida.

 

—No se retrasen.

 

Prompto miró alrededor y se frotó el estómago.

 

—Tengo hambre.

 

Noctis ladeó la cabeza.

 

—Claro que tienes hambre, hiperactivo. —Luego suspiró—. Aunque… yo también.

 

Jared sonrió.

 

—Vengan. Los invito a comer en la terraza.

 

Talcott levantó un puño.

 

—¡Y quiero postre!

 

—Eso ni se discute —respondió Prompto.

 

Gladio tomó las mochilas.

 

—Yo iré después. Pediré las habitaciones. Dos, como siempre.

 

Noctis le pasó la suya y lo corrigió al instante.

 

—Cuatro habitaciones esta vez, por favor. Quiero silencio por una noche. Llevo casi tres meses y 4 dias compartiendo tienda y cuarto con Prom.

 

Prompto le entregó su mochila a Gladio, ofendido a medias.

 

—¡Eh! Soy silencioso… aunque —se rascó la mejilla— me falta la costumbre. Ya sabes. Lo de… eso.

 

Noctis bajó la mirada al brazo de Prompto, apenas un segundo.

 

—Sí, lo sé. Tranquilo.

 

Gladio resopló, cargando las mochilas al hombro.

 

—Mientras no lo digan en voz alta delante de nadie. Recuerden la dignidad pública.

 

Se giró antes de irse.

 

—Igual… prepárense. Tenemos que tratar con Cor.

 

Los caminos se separaron en el lobby: unos hacia la comida, otros hacia los preparativos.

 

Noctis, Prompto, Talcott y Jared salieron del lobby y caminaron hacia la terraza del restaurante. El murmullo de la ciudad quedaba abajo, mezclado con el olor a comida.

 

Tomaron una mesa con vista a la plaza.

 

Un mesero llegó enseguida, dejó los menús y aguardó con la libreta lista.

 

—Pizza de cuatro quesos —pidió Noctis, sin dudar.

 

—Hamburguesa con papas —añadió Prompto.

 

—Un frappé de chocolate con avellanas… y un pastel de limón —dijo Talcott con una sonrisa.

 

—Café y panecillos —cerró Jared.

 

El mesero asintió y se llevó los menús.

 

Hubo unos segundos de calma. El ruido lejano de Lestallum llenó el silencio.

 

Entonces Jared apoyó los codos en la mesa y miró a Noctis con atención.

 

—Su alteza… ¿has cambiado? —dijo con tono neutral—. Lo noto más expresivo. Menos melancólico.

 

Prompto se quedó completamente paralizado.

 

Noctis alzó la vista, luego miró a Jared. Tragó saliva.

 

—Ah… ese… —balbuceó—. Bueno, es una cosita que me pasó después del luto por mi padre y… lo de enfrentar al imperio, durante esos meses después de la invasión. —Hizo un gesto vago con la mano—. Resulta que ser mañoso y estar siempre así no es bueno. Decidí ser más unido… compartir más. ¿No cree?

 

Noctis pasó un brazo por los hombros de Prompto.

 

Prompto asintió con demasiada energía. Una gota de sudor le bajó por la sien.

 

—¡Sí! ¡Sí! —dijo rápido—. Ahora es mejor que antes, más expresivo y… eseee… ahora compartimos su afición por la pesca. Digo, anoche pescó un bagre… morado.

 

Noctis lo miró de reojo.

 

Su pie se deslizó sin aviso y aplastó el de Prompto bajo la mesa.

 

—¡Au! —se quejó Prompto la voz temblándole—. E-ese digo… ¡Un salmón de la Gran Nebulosa! ¡Sí! Ese fue impresionante.

 

Noctis retiró el pie. También quitó el brazo de los hombros de Prompto como si nada.

 

Jared arqueó una ceja.

 

—¿Ah, sí? —dijo—. Espero que no sea algo forzado. Tengo entendido que su afición es la fotografía. Y que usted no es muy de pesca. —Sonrió levemente—. Según Gladio, una vez, su Alteza pasó cuatro horas pescando en el Muelle de Galdin… y usted caminaba de un lado a otro, desesperado por hacer algo.

 

Prompto tragó saliva.

 

—B-bueno… uno cambia… con el tiempo… ¿no?

 

Talcott, que había estado observando en silencio, entrecerró los ojos.

 

—Mmm… sospechoso.

 

Se inclinó un poco hacia adelante.

 

—¿Por qué se ponen nerviosos? Son solo aficiones. —Miró fijo a Prompto—. Y Prom… cuando te pones nervioso, balbuceas. Algo escondes, ¿eh?

 

Noctis y Prompto sudaron al mismo tiempo.

 

Genial —pensó Noctis—. Detective Talcott ha despertado.


Los platos llegaron y se acomodaron sobre la mesa.

 

—¡Eh…! —Talcott frunció el ceño—. Ese asunto no se ha terminado. Te vigilaré.

 

Tomó el tenedor y atacó el pastel de limón sin quitarles los ojos de encima.

 

Noctis y Prompto se miraron un segundo.

 

—Estamos jodidos —murmuró Prompto apenas moviendo los labios.

 

Comieron en silencio durante unos instantes. La comida sabía bien, pero la sensación de estar siendo observado no desaparecía.


Talcott alternaba entre su pastel y mirarlos por encima del plato, como si intentara encajar piezas invisibles.

 

Jared tomó un sorbo de café.

 

—Bueno, mi nieto juega a ser detective —dijo con tranquilidad—. Déjalo, que descubra algo. Al final solo son juegos.

 

¿Juegos? —pensó Prompto, sintiendo cómo se le tensaban los hombros—. Si descubre que Noct me palpa el bíceps cuando flexiono y se lo dice a su abuelo… y él es el chambelán real… y luego se lo dice a Mónica… estoy muerto.

 

Noctis cortó un trozo de pizza, pero no lo llevó a la boca.

 

Al menos pedí habitaciones separadas —pensó—. No habrá sospechas… tengo que ser cuidadoso.

 

Gladio apareció entonces y se sentó con ellos. El mesero volvió con el menú.

 

—Un bistec a la pimienta —pidió Gladio.

 

Mientras esperaban, Gladio miró a Noctis.

 

—Noctis… lo siento. Solo hay tres habitaciones disponibles. Ignis y yo tomaremos las individuales. Ustedes dos compartirán una.

 

Noctis se quedó quieto.

 

¿Qué?

 

Se inclinó ligeramente hacia Prompto.

 

—Actúa normal cuando vayamos a la habitación —susurró.

 

Prompto forzó una sonrisa y miró a Talcott.

 

—E-eh… ¿te gusta el batido?

 

Talcott tomó un sorbo largo.

 

—Sí —dijo—. Y eso lo hace más sospechoso todavía. Ustedes traman algo.

 

El plato de Gladio llegó. Él miró a Talcott, luego a Noctis y Prompto, que sudaban apenas.

 

Oh no —pensó Gladio—. Lo de los bíceps de Prompto. Tengo que inventar algo.

 

Sonrió ampliamente.

 

—Oye, Talcott —dijo—. Más tarde, ¿quieres que juguemos a algo? Eh… dibujar con papel y lápiz.

 

—¿Eh? —Talcott frunció el ceño—. No soy un bebé. ¿Tú tramas algo?

 

Jared soltó una risa suave.

 

Gladio miró a Noctis. Noctis hizo un gesto exagerado con las manos, como contando una historia invisible.

 

Gladio asintió y volvió a Talcott.

 

—O si no… puedo contarte sobre un monstruo que enfrenté hace poco.

 

—¿Eh? —Talcott alzó la cabeza—. Ya me sé todas las criaturas del bestiario.

 

Gladio negó con la mano.

 

—No, no. Este era distinto. Grande, gris, con colmillos enormes… y una trompa que agarraba todo.

 

Talcott se quedó pensativo.

 

—…Vale. Eso sí me interesa.

 

Volvió a comer.

 

Noctis y Prompto se miraron y al mismo tiempo, movieron los labios sin emitir sonido:

 

—¿Un elefante de la Tierra?

 

Gladio levantó el pulgar.

 

Noctis se llevó una mano al rostro y dijo en voz baja.

 

— Pero es herbívoro… bueno, lo que sea.

 

Continuaron comiendo en la terraza, el ruido lejano de la plaza mezclándose con el murmullo de sus propias conversaciones, mientras cada uno terminaba su plato entre bocados tranquilos y miradas ocasionales a Talcott, quien seguía observándolos con esa mezcla de curiosidad y sospecha infantil.

 

Cuando finalmente levantaron los cubiertos, Gladio se recostó en su silla y dijo:

 

—Vamos al lobby y te cuento.

 

—Sí, vamos —respondió Talcott, dejando el batido a un lado.

 

Jared se levantó con una sonrisa tranquila:

 

—Yo iré a una tienda, tengo que comprar materiales para un encargo.

 

Se despide con un gesto y se pierde entre la gente.

 

Noctis y Prompto se levantaron y regresaron al hotel.

 

Bajo una sombrilla cercana, discreto, ID10 observaba. Su lente azul enfocaba al grupo.

 

Subieron por la escalera al segundo piso. Prompto se detuvo un instante en el balcón y miró hacia abajo:

Gladio estaba sentado en el sofá del lobby, contando con entusiasmo las “hazañas” que había enfrentado a un elefante sin decir el nombre del animal.


Talcott escuchaba atentamente desde un sillón al otro lado de la mesita, ojos abiertos y curiosos, aunque con un ligero ceño de desconfianza juguetona.


Prompto se gira, entra al pasillo y abre la puerta de la habitación 11.

 

Noctis entró y miró su reloj.

 

—3:20 p. m.

 

Se dejó caer en la cama.

 

—Voy a dormir un rato. Despiértame si llega Cor.

 

—Sí… —dijo Prompto, dudando—. ¿Y puedo tomar tu mano? Para… ya sabes.

 

Noctis giró la cabeza y lo miró con calma.

 

—¿Qué te dije el 9 de agosto? Antes de que ese Encapuchado Moguri abriera el vórtice y nos tragara llevándonos a la Tierra al día siguiente. Te dije: Haz lo que quieras con mi mano mientras duermo. Pero si se me atrofia, es tu culpa.”
Hace casi un mes y 19 días que flexionas y yo te palpo a sus bíceps y sigues pidiendo permiso a veces. No te preocupes. Hazlo. Somos mejores amigos.—Se detiene un momento, esbozando una leve sonrisa.— Lo de actuar como científico… en el campamento.

 

—Gracias… —dijo Prompto tranquilizandose.


Se sentó en la alfombra, apoyando la espalda contra la cama de Noctis. Colocó el brazo derecho en el borde de la cama, flexionó y apoyó la cabeza en el puño derecho.


Noctis,detrás, colocó la mano izquierda sobre el bíceps de Prompto, ajustó la almohada y se durmió


Prompto, ya más relajado, sacó el teléfono y revisó las noticias mientras la luz de la tarde entraba por la ventana.

 

40 mins después, un toque de puerta resonó. Prompto, aún en su pose, giró la cabeza:

 

—¿Quién es?

 

—Ignis —respondió la voz de él desde el otro lado—. Cor ya llegó. Está abajo en el lobby, vamos.

 

Prompto movió suavemente el hombro de Noctis con la mano izquierda libre.

 

—Noct, despierta, Cor llegó y está abajo, vamos.

 

Noctis soltó la mano, se frotó los ojos y murmuró:

 

—Mmm… ¿una hora más?

 

—¡En la noche dormirás! —dijo Prompto mientras se ponía los zapatos—. ¡Vamos!

 

Abrió la puerta y salió primero.

Noctis se levantó, se puso los zapatos y salió.


Noctis bajó las escaleras hasta el lobby.


El cambio en el ambiente fue inmediato: una lluvia torrencial empezó a golpear los ventanales del lobby.


El cielo había pasado del naranja a un gris oscuro y tenso y el primer trueno resonó, un rugido sordo que hizo vibrar las ventanas del Lobby.


Cor estaba allí, brazos cruzados y mirada firme. Ignis sudaba una gota, Gladio mantenía las manos en los bolsillos y Prompto, un poco nervioso, ajustaba su postura como si contuviera toda la tensión del mundo en sus hombros.


Noctis observó la escena, sus ojos recorriendo cada expresión, cada gesto.

 

Se acercó, Noctis habló primero

 

—Esee… hay algún problema?

 

—Vamos a una sala de eventos privada —respondió Cor directo—. Hay asuntos que debemos tratar.

 

Los Chocobros siguieron a Cor, atravesaron el lobby y entraron a la sala. La puerta se cerró tras ellos, dejando fuera la luz del día y cualquier posibilidad de escapar de la conversación que se avecinaba.

Chapter 43: Capítulo 4: — La Fachada de la Mazmorra y el Juicio del Inmortal.

Chapter Text

Sala de eventos del Hotel Leville.



La sala tenía un aire demasiado cómodo para lo que estaba a punto de ocurrir. Los sillones bajos formaban un semicírculo alrededor de las mesitas de vidrio y afuera, la lluvia golpeaba los cristales en ráfagas intermitentes. Cada silencio en la conversación era invadido por el estruendo de los truenos y el resplandor breve de los relámpagos, una banda sonora de juicio ineludible que contrastaba con la tensión invisible en el aire.

 

Cor estaba al fondo. Apenas entraron, se había girado para cruzarse de nuevo de brazos.

En su muñeca izquierda, el microdroide ID10-B permanecía oculto, convertido en un brazalete negro con lineas de luces verdes bajo la manga que Cor deslizó con naturalidad. El droide ciempiés emitió una vibración.

 

—Bien —dijo Cor con esa voz que nunca se alzaba, pero que tampoco permitía réplica—. ¿Qué ha pasado? Ignis, me dijiste algo de una mazmorra sin señal durante la llamada. Chicos... estuvieron un tiempo sin contacto. Ignis, recuerda que hay que enviarme mensajes de estado cada dos días. ¿Por qué están nerviosos?

 

En su mente, Cor cavilaba.


—Veamos si mencionan la Tierra... o si tendré que fingir ignorancia. La promesa con Su Majestad Regis y el Agente 5 sigue vigente.

 

Los Chocobros tomaron asiento. El cuero de los sillones crujió suavemente.

 

Ignis tosió, acomodándose las gafas con un gesto ensayado y mintió con naturalidad.

 

—Bueno, verás… el 9 de agosto recibimos un “encargo” por parte de Ezma Auburnbrie, de la Liga Meldacio. Al día siguiente entramos en una mazmorra profunda. Resultó que no tenía señal. Iba a enviarte un mensaje, pero había cadentes dentro… por todas partes. Lo admito: olvidamos avisarte.

 

Noctis inclinó un poco el cuerpo hacia adelante. Tenía las manos juntas entre las rodillas.

 

—Sí, y bueno… cuando nos dimos cuenta —añadió, con una sonrisa claramente forzada—, había pasado como una semana y media.

 

Prompto asintió con demasiada rapidez.

 

—¡Exacto! Y luchamos contra cadentes gigantes. Unas… rarísimas. Como eeeh… criaturas tipo Garula, pero con pelo corto, orejas redondas y una boca llena de colmillos…

 

Hablaba con entusiasmo nervioso, gesticulando, describiendo sin querer animales perfectamente reconocibles para cualquiera que hubiera pisado el Zoológico de Ueno de Tokio, aunque jamás pronunciara sus nombres a Cor.

 

Noctis asentía, intentando encajar con la mentira, añadiendo pequeños “ajá” y “sí, algo así” cuando podía.

 

Gladio estuvo a punto de soltar una risa al recordar las escenas, pero la contuvo apretando la mandíbula. Sus hombros temblaron apenas.

 

Ignis solo ajustó las gafas y esbozó una sonrisa mínima, calculada.

 

Prompto se secó el sudor de la frente con el dorso de la mano.

 

—Y el Big Boss… —continuó—. Una criatura colosal. Orejas enormes, gris, con una tropa que escupía fuego y unos colmillos blancos que… que disparaban rayos de hielo.

 

Noctis giró la cabeza hacia un costado, fingiendo observar la ventana, luchando por no reírse.

 

Cor no se movió. Seguía con los brazos cruzados.

 

—¿Ah, sí? Esa exploración debió ser muy productiva. Pero fueron sin preparación, sin frascos de recuperación y sin comida. Mientras ustedes estaban en la mazmorra, revisé el campamento, estaba intacto, el Regalia seguía ahí y hasta donde sé, por teléfono me dijiste que habían ido con chocobos.

 

Ignis abrió la boca.

 

—Bueno, la logística fue un poco-

 

—Y además —interrumpió Cor con calma—, el campamento no estaba solo. Me encontré con un Moguri. No me lo esperaba. Pensé que solo existían en leyendas… y en peluches. Estaba ahí, con un traje de túnicas negras y más alto que el de los cuentos. Le pregunté qué hacía. Me dijo que cuidaba el campamento mientras ustedes estaban en la mazmorra.

 

El aire se volvió más pesado, el siguiente trueno fue más cercano, un chasquido seco y potente que hizo saltar a el rubio.

 

Noctis tragó saliva. Una gota de sudor le recorrió la sien.

 

—Ah… ese. Bueno… es un “amigo”. Nos lo encontramos en uno de los viajes. Me pidió que no dijera a nadie que estaba por aquí.

 

Prompto asintió de inmediato, casi como un reflejo.

 

El Inmortal los observó uno por uno, sin prisa.

 

—¿Amigo, dices? Si claro. El mismo “amigo” que los mandó a la Tierra por motivos que prefiero no escuchar de sus bocas… todavía.— pensó Cor levantando una ceja.

 

Sus ojos se detuvieron un segundo más en Noctis. No con dureza, sino con algo distinto como evaluación.

 

—Está cambiado. Más abierto. Más… vivo. Algo pasó allá. Y no fue en una supuesta “mazmorra”.

 

La lluvia se intensificó, ajena al juego de verdades a medias que acababa de comenzar.

 

Cor sonrió apenas. No fue una sonrisa amable, sino esa curva mínima que aparecía cuando algo no cuadraba… o cuadraba demasiado bien.

 

—¿Amigo, dices? —repitió—. Noctis, estás hablando de un Moguri. Una especie que no se ha visto en casi 100 años. La última vez que se registró uno fue en los bosques de Tenebrae. Hay rumores, además, de que podrían existir en el continente oriental, Ikune… territorio inexplorado. ¿Y ahora resulta que uno aparece, muy distinto a los cuentos y se topa casualmente con ustedes? Un príncipe, un amigo del príncipe, un estratega, el escudo del rey, esas cosas no pasan por suerte.

 

El silencio cayó como una manta pesada.

 

Noctis giró apenas la cabeza hacia Ignis.

 

—¿Le decimos?

 

Ignis respiró hondo.

 

—Yo le diré.

 

Tosió, acomodó las gafas. Por primera vez desde que entraron, su postura perdió un grado de rigidez.

 

—Verás… sí. No fue casualidad. Ese Moguri dice ser el “Guardián de los Regalos de Amistad Mal Canalizados”. Afirma pertenecer al “Departamento de Equilibrio de las Dinámicas Emocionales Mal Canalizadas”.

 

Cor estuvo a punto de reírse. Se contuvo.

 

—¿Guardián? ¿Departamento? ¿Qué clase de treta absurda armó el Agente 5 para los chicos?— pensó Cor aun manteniendo su mano en su boca.

 

—Y ese tal guardián… —dijo—, ¿qué hace exactamente? ¿Alguna clase de terapia?

 

Ignis miró a Noctis, luego a Prompto, luego a Gladio, como si pidiera permiso sin palabras.

 

—Nos sometió a pruebas —respondió—. Enfrentamientos simbólicos. Situaciones diseñadas para confrontar inseguridades. Cosas que… no solemos verbalizar. No se lo dijimos porque resultaba vergonzosos.

 

Los otros asintieron. Sus expresiones no eran de miedo puro, sino de algo más extraño: terror mezclado con ternura, el eco emocional del mundo-bolsillo del Peluche Gigante Carbuncle, el arresto del mismo por el agente 10 antes que le avisara a Luna y luego, el vórtice que se los había tragado a los cuatro y los había escupido…a la Tierra.

 

Prompto tragó saliva.

 

—Sí… ese guardián está un poco loco.

 

Gladio se recostó en el sillón, cruzando los brazos.

 

—Pero como puede ver, estamos algo cambiados. ¿Verdad, chicos?

 

Los demás asintieron, nerviosos.

 

Cor los observó con atención.

 

—Vale. Pero entonces…¿por qué sudan? ¿Por qué están tan tensos? ¿Será por algo que vi en el campamento?

 

Ignis parpadeó esperando lo obvio.

 

—¿Qué… cosa?


Un relámpago fugaz iluminó la sala, seguido de un trueno estruendoso.


El Inmortal no se inmutó, pero el resplandor se reflejó en sus ojos mientras revelaba la clave del misterio.

 

—Una pizarra Escrita con tu letra, Ignis. Decía: “Protocolo E-47: Operación Integración de Etiqueta con Exhibición.” Estaba ahí, lo vi junto con el Moguri.

 

Cor hizo una pausa deliberada.



Otro relámpago iluminó la sala, esta vez más intenso.

 

El tiempo se estiró.

 

Los Chocobros se congelaron.

 

Ignis inspiró con dificultad. Esta vez no hubo toses que lo salvaran.

 

—Bien… —empezó, incómodo—. Eso se refiere a una dinámica de validación táctil que inició en julio. Prompto… flexiona y Noctis lo palpaba. Es una forma de reforzar su pertenencia al grupo. De evitar que se sienta débil o inseguro, una señal silenciosa de aceptación.

 

El silencio que siguió fue espeso.

 

Prompto bajó la mirada, avergonzado.

 

Noctis se removió en el asiento, incómodo.

 

Cor asintió lentamente.

 

—Ya veo. Es… poco convencional. Pero lo entiendo. —Alzó la vista hacia Noctis—. Eso explicaría por qué estás más expresivo. Menos melancólico. ¿Verdad?

 

Noctis dejó de tensarse. Sonrió, esta vez sin forzarla.

 

—Sí. Soy más expresivo ahora, ¿verdad, amigo?

 

Prompto asintió con una sonrisa nerviosa.

 

—Ojalá se crea eso —pensó Noctis aun manteniendo la sonrisa y mirando a Cor—. Y no diré sobre aquella conversación que tuve con Saeko… en esa sala, en la Tierra.

 

Cor no respondió de inmediato.

 

—No me lo creo —pensó entrecerrando los ojos hacia Noctis—. Si eso empezó en julio, el cambio habría sido gradual. No un giro tan brusco en menos de una semana y media en una supuesta “mazmorra”. Algo pasó en la Tierra. Exactamente como dijo el Encapuchado Moguri, ellos volvieron distintos.

 

El rubio tragó saliva.

 

—E-entonces… ¿terminamos?

 

Gladio ya estaba a punto de levantarse. Noctis se movió en el sillón. Ignis apoyó una mano en el apoyabrazos.

 

Una mano de Cor se alzó con calma.

 

—No, Argentum, no hemos terminado, falta un asunto, Siéntense todos.

 

Un relámpago resonó a lo lejos, seco, como si hubiera estado esperando su turno.

 

—¿Eh? —murmuró Prompto.

 

Los Chocobros volvieron a sentarse, cruzando miradas rápidas, tensas. El cuero volvió a crujir.

 

Cor sonrió apenas y comenzó a caminar. No con prisa. Dando vueltas alrededor de la sala. Rodeó el sofá donde estaban Gladio, Noctis y Prompto, pasó detrás del sillón de Ignis, como un depredador paciente… o un juez que mide el peso de cada palabra antes de soltarla.

 

Se detuvo. Se giró hacia ellos.

 

—En la tienda donde estaba la pizarra del Protocolo E-47, al lado izquierdo había un maniquí de entrenamiento.

 

Otro relámpago iluminó las ventanas.

 

—Con brazos hipertrofiados —continuó—. Y en la pizarra había un texto muy concreto: Impacto visual mínimo aceptable: 39 centímetros de circunferencia.

 

El trueno llegó después, profundo, vibrando en los cristales.

 

Los Chocobros empezaron a sudar. Ignis ajustó las gafas con más fuerza de la necesaria.

 

Noctis se quedó rígido, Prompto sintió un nudo en el estómago.

 

Gladio abrió la boca.

 

—Eso es para un entrena-

 

El gesto de la mano de Cor lo cortó en seco.

 

—No, no es tuyo, Gladio. Es de Ignis.

 

Ignis no respondió.

 

—Si han estado forzando a Prompto y a Noctis a repetir esa dinámica —prosiguió Cor—, como si uno tuviera que flexionar mejor y el otro tocar con… elegancia… asumo que no es solo por autoestima. Asumo que es para la coronación de Noctis. Frente a todo el mundo.

 

Noctis se removió.

 

—Es… sí. En el campamento Ignis hizo una simulación —admitió—. Dibujos de papel en las sillas. Decían “dignatarios de Accordo”. Había uno que decía “Luna”. Y en el estrado… yo tenía que tocar el bíceps de Prompto frente a todos. Luego me entregaban la corona y el cetro. Fue… sumamente vergonzoso.

 

Prompto señaló a Ignis, indignado.

 

—¡Sí! Muy vergonzoso. ¡Y nos van a obligar a hacerlo!

 

Gladio apretó los labios, conteniendo una carcajada que amenazaba con escaparse.

 

Cor los observó con una ceja apenas levantada.

 

—¿Ah, sí? Admito que sería… raro.

 

Ignis se aclaró la garganta.

 

—La intención era normalizar el gesto. Reducir el impacto social. Convertirlo en una señal simbólica de unidad del grupo real.

 

Noctis y Prompto bajaron la cabeza al mismo tiempo.

 

—Lo entendemos… —dijeron casi al unísono.

 

Cor dio un paso más cerca.

 

—¿Eso entienden? —preguntó—. Bien. Entonces explícame otra cosa.

 

Miró directamente los brazos de Prompto, normalmente descubiertos bajo la chaqueta negra sin mangas.

 

—¿Por qué 39 centímetros?

 

El rubio reaccionó tarde. Intentó taparse los brazos cruzándolos, pero el gesto solo llamó más la atención.

 

—Porque, a simple vista diría que estás en unos 37cm. Tal vez un poco más. Pero no 39.

 

Ignis habló rápido.

 

—Es una cuestión de estética y visualización. Desde lejos, el público-

 

—No —interrumpió Cor con suavidad—. Eso es la explicación oficial.

 

Se enderezó, cruzando de nuevo los brazos.

 

—La real es que alguien calculó una cifra ideal. No simbólica. Concreta. Una medida que no se alcanza sin forzar entrenamiento, dieta… o algo más.

 

La tormenta rugió afuera.


Cor continuó.

 

—Y eso, Ignis ya no es protocolo social. Es planificación corporal con fines políticos.

 

El silencio cayó de golpe.

 

Cor los miró uno por uno.

 

—Ahora sí, explíquenme por qué están jugando con el cuerpo de uno de ustedes como si fuera parte del decorado de una coronación.

 

La luz del relámpago volvió a entrar por las ventanas, y esta vez no iluminó la sala: los dejó expuestos.

 

Cor permaneció en silencio unos segundos más.

La tormenta afuera se había calmado apenas, dejando un murmullo distante de lluvia.

 

Se llevó una mano al mentón.

 

—Bien Ya entendí suficiente… por ahora.

 

Los Chocobros se miraron entre ellos, como si una señal invisible hubiera sido dada. Se levantaron casi al mismo tiempo.

 

—Entonces… —empezó Prompto.

 

—Pueden irse —dijo Cor.

 

Dieron un paso hacia la puerta.

 

—Ignis —añadió Cor sin elevar la voz—. Ven un momento. Cierra la puerta. Tengo otro asunto.

 

Ignis se detuvo.

 

Miró a Noctis a Prompto y a Gladio.

 

—Chicos —dijo Ignis, ajustándose las gafas—, deséenme suerte.

 

—¿Qué? —alcanzó a decir Gladio.

 

La puerta se cerró.

 

El sonido fue seco, definitivo.

 

El tiempo pasó lento, demasiado lento. minutos que se estiraron, nadie hablaba ni respiraba del todo tranquilo.

 

Finalmente, la puerta se abrió.

 

Ignis salió con paso controlado, el rostro impecable… salvo por una sonrisa que luchaba por no escapar. Ajustó las gafas una vez más, como si eso bastara para recomponer el mundo.

 

—¿Qué pasó? —preguntaron Noctis, Prompto y Gladio casi al mismo tiempo.

 

Ignis siguió caminando, ya alejándose del grupo, rumbo al lobby y a las escaleras que llevaban al segundo piso.

 

—Asuntos políticos —respondió, sin detenerse—. Nada fuera de lo común. La cena es a las 7:00 p.m. Nos vemos en el restaurante.

 

Y se fue.

 

El eco de sus pasos se perdió.

 

Unos segundos después, Cor salió de la sala. Cerró la puerta tras él con calma. Su mirada se posó en los 3 Chocobros.

 

—Bueno, chicos —dijo señalando con un dedo—. Ese asunto está zanjado. Hagan lo que quieran… pero manténganlo en secreto por ahora.

 

Se detuvo frente a Noctis.

 

—Y tú, es bueno verte cambiado.

 

Luego se dio la vuelta y se fue, dejándolos ahí, en medio del pasillo del hotel, con el corazón aún acelerado.

 

Los tres se miraron.

 

Suspiraron al mismo tiempo.

 

Prompto alzó la vista hacia el techo.

 

—Eso… eso casi me mata.

 

Noctis se pasó una mano por el cabello.

 

—Fue muy tenso…

 

Gladio soltó una carcajada corta, grave.

 

—Sí y aun así, siento que Iggy ganó algo ahí dentro.

El silencio volvió a caer.

 

Pero esta vez, ya no pesaba igual.

Chapter 44: Capítulo 5: — Dos Caras de una Verdad: El Príncipe y el Mariscal.

Chapter Text

Los 3 Chocobros subieron al 2do piso, la tormenta había quedado atrás, pero seguía lloviendo.

 

Noctis se detuvo un segundo, se olió a sí mismo y frunció el ceño.

 

—Bueno… voy a bañarme. Ese juicio fue demasiado tenso.

 

—Sí —dijo Prompto—. Yo también.

 

Gladio miró el reloj del pasillo y asintió.

 

—Son las 5:00 p.m. Aún hay tiempo para la cena.

 

Caminaron juntos unos metros más. Gladio se desvió y entró en su habitación.

 

Noctis y Prompto entraron a la suya.


Habitación de Noctis y Prompto.

 

—¿Me toca o le toca a usted, Su Atleza? —preguntó Prompto, medio en broma.

 

—Ve tú —respondió Noctis, dejándose caer en el sillón.

 

Prompto fue al baño. La puerta se cerró.

 

Noctis sacó el teléfono y abrió King's Knight. Los sonidos del juego llenaron el cuarto por unos minutos, mecánicos, tranquilizadores.

 

La puerta del baño se abrió.

 

Prompto salió con otra camisa sin mangas, casi idéntica a la anterior. Se secaba el cabello con una toalla, distraído.

 

—Todo tuyo.

 

Noctis entró al baño.

 

Prompto se dejó caer boca arriba en la cama. Miró el techo, respirando hondo.

 

—Eso estuvo cerca… demasiado cerca. Ese Cor…

 

El agua dejó de correr. Minutos después, Noctis salió y se sentó en su propia cama, todavía con el cabello húmedo.

 

—Oye, Prom… ¿Tú también sentiste que Cor sabía más de lo que decía?

 

Prompto giró la cabeza lentamente.

 

—¿De qué? ¿De que se abrió un vórtice morado con brillitos y estrellitas que nos tragó y nos mandó a la Tierra por culpa de un Moguri con una tunica negra y se creía Palpatine?

 

Hizo un gesto amplio con la mano.

 

—Imposible. Las posibilidades son 0%. No hay pruebas. A menos que le mostremos los regalos de Misaki… mi cámara GoPro, los cuchillos de Ignis con esas líneas onduladas, las fotos de Tokio con Misaki y Saeko, lo del alien, el mapa de la galaxia… —se detuvo—. Y las microSD las tiene Ignis.

 

Noctis apretó los labios y murmuró.

 

—Aun así… Su forma de mirarnos no era normal.

 

Prompto abrió los ojos un poco más.

 

—O… a menos que el Moguri se lo haya dicho a Cor.

 

—¿¡Qué?! —Noctis se incorporó de golpe.

 

En ese instante, afuera, la lluvia se detuvo de golpe.

 

Prompto se quedó en silencio unos segundos.

 

—Bueno… Si yo fuera un Moguri misterioso con promesas raras y protocolos secretos… Cor sería exactamente la persona a la que le diría algo. No todo. Solo lo suficiente.

 

Noctis luego miró hacia la ventana.

 

El cielo estaba quieto.

 

Demasiado quieto.

 

Noctis, luego miró a Prompto con el ceño fruncido. No dijo nada de inmediato. Se levantó y comenzó a caminar lentamente por la habitación, dando vueltas cortas, como si el piso fuera un tablero donde las piezas empezaban a encajar… o a complicarse más.

 

—Veamos…. Ese Moguri llegó el 6 de agosto al campamento diciendo que tenía información sobre Carbun-Lord, digo, el peluche Gigante Carbuncle de Luna. Se presentó como el Guardián y  mientras el peluche nos hacía esas… terapias, él se mantenía al margen. Cerca. Vigilando, más que participando.

 

Prompto se incorporó un poco en la cama.

 

—Sí… ahora que lo dices, después de mi increíble actuación como Prompto el Plateado — hizo el gesto de no pasarás!—. Ese Moguri nos dio una misión rarísima. ¿Te acuerdas? En ese mapa holográfico decía “Área de Interacciones Afectivas Suprimidas”. Había que llevar el peluche a un punto específico. Luego el Moguri se fue.

 

Noctis asintió, siguiéndole el hilo.

 

—Y entonces el peluche nos descubre…. A mí, tocándote a su bíceps. Se alteró, Iba a escaparse para decírselo a Luna.

 

—Exacto —dijo Prompto haciendo gestos como de una conspiración—. Y ahí viene lo raro. Cuando lo encontramos tirado al borde de la carretera… apareció un Carbuncle real. Con un bláster flotando sobre la espalda y  el Encapuchado Moguri dijo que ese era el Agente 10 del “Departamento de Equilibrio de las Dinámicas Emocionales Mal Canalizadas”. Se llevó el peluche a quién sabe dónde… y luego, dijo que la misión del mapa quedaba cancelada.

 

Prompto frunció el ceño.

 

—Pero no se fue. Se quedó con nosotros y al día siguiente… activó el portal.

 

Noctis se detuvo frente a la ventana y murmuró.

 

—Entonces… ¿cuál es la conexión? Luna, el peluche, el Moguri, el portal a la Tierra y luego, cuando regresamos a Eos, el Moguri actuó como si estuviera preocupado… y se fue rápido hacia el bosque.

 

Se giró hacia Prompto y dijo.

 

—Si él le contó todo eso a Cor… suena a conspiración. Pero ¿con qué propósito?

 

Prompto se quedó pensativo.

 

—No suena a algo malo, suena a… preparación. Como si nos estuvieran entrenando emocionalmente. Eso de “reforzar la amistad”, las terapias, lo absurdo… todo parecía una excusa, pero también una prueba.

 

Noctis asintió lentamente.

 

—Sí. Como si nos estuvieran preparando para algo que viene. Todo ese discurso, la actuación, guardian y el departamento sonaba ridículo… pero funcional. Nos empujaron a enfrentar cosas que normalmente evitaríamos.

 

Se llevó una mano al pecho, pensativo.

 

—¿Crees que tenga que ver conmigo? Con lo de ser el Elegido de La Santálita, desterrar la plaga estelar y los cadentes. —Hizo una pausa—. Prom… en esa sala bajo el ayuntamiento de Tokio… la conversación privada con Saeko… me dijo algo, que no me preocupara. Que me ayudarían.

 

Prompto abrió los ojos.

 

—¿Qué? ¿Ayudarnos? —se incorporó más—. ¿La Orden Astrae? ¿Cómo? Aunque… tengan el Stargate y sea secreto para la Tierra… ¿cómo harían algo así sin cambiarlo todo?

 

Negó con la cabeza.

 

—Noct, el impacto de que existan más humanos fuera de Eos es enorme. Más grande que hacer retroceder a Niflheim. Si Eos se entera de que no estamos solos en el universo… aunque solo digamos que hay otros humanos y no los aliens… cambiaría todo.

 

—Lo sé —respondió Noctis con un suspiro—. Por eso no creo que sea algo directo. Nada de ejércitos ni revelaciones públicas, algo discreto, pero sí… creo que hay una conexión entre La Orden y el Encapuchado. Saeko se negó a dar detalles, pero no sentí hostilidad. Era más… protección.

 

Prompto apoyó la espalda en la cama.

 

—Entonces no somos peones, somos… piezas que están tratando de que no se rompan antes de tiempo.

 

Noctis sonrió apenas.

 

—Eso, suenas muy a Ignis y a Cor.

 

Miró el reloj.

 

—Bueno… Es demasiado para asimilar ahora. Descansemos un poco antes de la cena de las siete.

 

El cuarto quedó en silencio.

 

Momentos antes.



Habitación de Cor.

 

Cor entró y cerró la puerta tras él. Apoyó la espalda un segundo contra la pared y suspiró.



Luego miró el reloj de mesa, 5:01 p.m.

 

Se arremangó la muñeca izquierda. El brazalete negro quedó expuesto, sus líneas de luz verde pulsando con suavidad.

 

—Ese… ¿ID10-B?

 

El brazalete se movió. La cabeza del microdroide se despegó de su cola y se irguió, mirándolo. Luego desplegó sus patas, desenrollándose hasta adoptar la forma completa de un ciempiés metálico sobre la mano de Cor.

 

—¿Biip-buup-boop?

 

Cor sonrió, un poco tenso.

 

—No entiendo tu idioma… pero ¿podrías llamar al Agente 5?

 

ID10-B inclinó la cabeza hacia un lado.

 

—Buup-bip!

 

Sus tres lentes azules parpadearon. El microdroide se elevó por antigravedad, aterrizó suavemente sobre la mesa y proyectó un holograma.

Letras flotantes aparecieron:


Llamando…

 

Cor se cruzó de brazos, observando.

 

El holograma tomó forma. Una proyección en 3D mostró la cabeza del Encapuchado Moguri.

 

—Parezco Vader hablando con Palpatine…—Pensó Cor recordando las peliculas de Guerra de las Estrellas.

 

—¿Sí, Mariscal? —dijo el Moguri.

Cor puso las manos en la cintura, directo al punto.

 

—Los chicos están de vuelta en Eos. Llegaron bien, y tenías razón, Están cambiados. En especial Noctis. ¿Pasó algo? ¿Qué hicieron para provocar un cambio tan grande en la Tierra?

 

El Moguri se acomodó la capucha.

 

—Sí, los recibí en el campamento el 16 de agosto. Hablé un poco con ellos… bueno, Gladio casi me mata porque creyó que yo los había enviado a “propósito. Logré convencerlo con mi fachada de guardián ignorante y salí de ahí rapidito.

 

Cor negó con la cabeza, exhalando.

 

—Eso suena… absurdo, pero creíble para ellos.

 

—Sobre Noctis —continuó el Moguri—, no tengo acceso a las conversaciones privadas con mi jefa. Solo puedo decirte esto: el futuro del príncipe implicaba sacrificarse para erradicar la plaga estelar.

 

Cor abrió los ojos y soltó las manos de la cintura y los colocó sobre la mesa.

 

—¿¡QUÉ!? ¡Su Majestad Regis nunca me dijo eso! ¿Se llevó algo así a la tumba? ¡Oh no!

 

El Moguri levantó ambas manos, calmándolo.

 

—Tranquilo. El futuro fue alterado hace tiempo. Tenemos medios para erradicar la Plaga Estelar sin ese sacrificio.


Cor no respondió de inmediato. Se quedó inmóvil, con la mirada fija en el vacío de la habitación, procesando que el hijo de su mejor amigo había nacido con una sentencia de muerte que él desconocía. El silencio se prolongó varios segundos, un momento de pesadez interna donde su lealtad a la Corona de Lucis se transformaba en algo más personal: una misión de rescate para un destino que ya no tenía por qué cumplirse.

 

—Eso es… —murmuró finalmente, bajando el tono de voz pero manteniendo la intensidad—. Eso lo cambia todo. Absolutamente todo!.

 

—Bueno Cor, tranquilo, no hay que preocuparse, lo que tenemos es un artefacto que erradicará la plaga en todo Eos —explicó el Moguri—. La producción comenzará en septiembre. Pero deberán prepararse. Lo que viene no es la plaga, es la Anomalía, la que causa la plaga, La ventana de finalización se abrirá entre diciembre de 756 y enero de 757. En ese periodo deberán estar listos para recibirla.

 

Cor guardó silencio unos segundos.

 

—Entonces no es solo Niflheim… Es algo más grande.

 

—Mucho más —respondió el Moguri.

 

Cor frunció el ceño.

 

—¿Y Lady Lunafreya? ¿Y las chicas? No se han topado con ellos. No hubo cartas durante el tiempo que los chicos no estuvieron en Eos. Tampoco encuentros. ¿Qué están planeando?

 

El Encapuchado Moguri se encogió de hombros.

 

—No lo sé. ID11 mantiene vigilancia. En este momento están en un motel, en Leide. Si se topan con los chicos… bueno, conociendo a Noctis y Prompto, será una escena muy incómoda. Intentarán ocultar el secreto, ya sabes.

 

Hizo una pausa breve.

 

—Y Cor… mejor no te metas en asuntos de chicas…. Ya sabes cómo son las mujeres.

 

Cor dejó escapar una risa corta.

 

—Eso sí lo sé.

 

—Bueno —dijo el Moguri—. Nos vemos.

 

El holograma se desvaneció.

 

El silencio volvió a la habitación.

 

Cor se sentó en la cama y suspiró. ID10-B se acercó al borde de la mesa, inclinando la cabeza hacia él.

 

—Lady Lunafreya… —murmuró Cor—. Pobres Noctis y Prompto. Lo que les espera… ¿y Gladio e Ignis?

 

—Boop-bip-du-uip!

 

El microdroide movió la cabeza frenéticamente de un lado a otro, como diciendo no.

 

Cor rió un poco.

 

—Je. Eso sí lo entiendo, amiguito. Estarán jodidos los cuatro.

 

Se recostó en la cama.

 

—Despiértame antes de la cena, ¿sí?

 

ID10-B asintió. Luego descendió hasta un tomacorriente bajo. De su cola se extendió un cable que se transformó en un enchufe estándar de Eos. Lo conectó.

 

Las luces verdes del droide parpadearon con ritmo constante mientras comenzaba a cargarse.

 

La habitación quedó en calma.


Cor cerró los ojos, pero su mente no descansó. La frase del Moguri.


"El futuro fue alterado"

se repetía como un eco. Durante años había servido al Rey Regis sabiendo que la guerra era inevitable, pero descubrir que la paz costaba la vida de Noctis le dejó un sabor amargo que ninguna cena podría quitar.

 

Se obligó a respirar hondo, visualizando su responsabilidad. Tenía que bajar a ese restaurante y mirar a Noctis a los ojos sin revelar que ahora era el guardián de un destino reescrito. Se levantó, se ajustó la chaqueta y se aseguró de que su rostro fuera, una vez más, la piedra inamovible de Lucis. Si iba a proteger este nuevo futuro, empezaría por no arruinar la cena con su pesimismo.

Habitacion de Noctis y Prompto.

 

La habitación estaba en luz baja, cuando el teléfono de Noctis vibró.

 

Abrió un ojo, estiró la mano y apagó la alarma.

 

6:50 p.m.

 

Giró la cabeza. Al otro lado del cuarto, Prompto estaba sentado en su cama, despierto, jugando en su teléfono con concentración.

 

Prompto levantó la vista.

 

—¿Listo?

 

—Sí —respondió Noctis, incorporándose.

 

Ambos se levantaron, se pusieron los zapatos sin demasiada prisa y salieron de la habitación.

 

En el pasillo se toparon con Talcott.

 

—¿Vamos? —preguntó.

 

—Vamos —dijeron Noctis y Prompto casi al mismo tiempo.

 

Bajaron juntos. En el lobby atravesaron directo hacia la salida. Afuera, la lluvia había cesado hacía unos 15 mins. El aire estaba fresco, limpio. Cerca del hotel, el restaurante tenía mesas en la terraza, algunas ya ocupadas.

 

—¡Aquí! —dijo Gladio, levantando la mano desde una mesa.

 

Se acercaron. Ahí estaban Cor, Ignis, Mónica y Jared. Tomaron asiento.

 

El mesero llegó de inmediato.

 

—Pasta Alfredo —pidió Cor.

 

—Pollo a la naranja —dijo Mónica.

 

—Chuleta empanizada con tomate —añadió Gladio.

 

—Sopa de Quillhorn —pidió Talcott.

 

—Risotto de trufa —dijo Prompto.

 

—Teriyaki de salmón nebulosa —pidió Noctis.

 

—Guiso de champiñones —dijo Ignis.

 

—Cangrejo Cygillan dulce y picante —cerró Jared.

 

El mesero apuntó todo con rapidez y se fue. Trajeron agua.

 

Mónica miró a Noctis con una sonrisa curiosa.

 

—Hola, Su Alteza. Lo noto cambiado. ¿Qué lo trae de nuevo a Lestallum?

 

Noctis se rascó la nuca y sonrió.

 

—Je… pasaron varias cosas. Cor nos llamó por un “asuntito”. Y sobre mi cambio… ser estoico no era muy bueno para mi salud, así que decidí ser más amable. ¿Verdad, chicos?

 

Prompto asintió con entusiasmo.

 

—Ajá.

 

—Sí —dijo Gladio.

 

Ignis asintió también, discreto.

 

Talcott, en cambio, observaba a Noctis y a Prompto con los ojos entrecerrados, como si midiera algo invisible.

 

Ignis tosió suavemente.

 

—Algún tema para aligerar el ambiente, Talcott, ¿cómo va el mercado de Lestallum esta semana?

 

Talcott parpadeó.

 

—Eh… estable. Los precios subieron un poco por la lluvia.

 

La conversación fluyó. Llegó la comida. Comieron, hablaron de rutas, de encargos menores, de trivialidades cómodas.

 

Hasta que Noctis empezó a ponerse nervioso, dejó los cubiertos a un lado.

 

—Y bueno… ¿Nada de cartas de Luna y las chicas? La última que recibimos fue el 8 de agosto. Siguen en Tenebrae, ¿no? Dijo que serían unas semanas, pero… no sé. ¿Avisaron si venían en camino? ¿Alguna llamada?

 

El tiempo se detuvo.

 

Talcott, Mónica, Cor y Jared se quedaron inmóviles por una fracción de segundo. En sus mentes, la misma imagen:



Luna y resto en Lucis desde el 8 de agosto.

La llegada de las chicas al hotel.

La partida… de hace dos días.


Talcott se rascó la nuca.

 

—No… nada.

 

—Sí —añadió Mónica rápido—. Nada.

 

Cor tosió.

 

—Solo una llamada —mintió con naturalidad—. Hace 6 días. Dijo que estaba planeando llegar a Lucis en unas semanas. Quizá recibas una carta pronto.

 

Noctis con una sonrisa nerviosa, asintió lentamente.

 

—Ah… ya veo, bueno, esperaré entonces.

 

Ignis ajustó las gafas.

 

—Mañana volveremos a acampar —dijo—. Tendremos que retomar el entrenamiento.

 

Prompto levantó la ceja.

 

—Uy, sí… estamos un poco oxidados, ¿verdad?

 

Noctis asintió.

 

—Un poco.

 

Cor los observó con atención.

 

—¿Entrenamiento? —dijo—. Bien. Y si llega la señorita Lunafreya… denle mis saludos.

 

Talcott observaba en silencio.

 

¿Entrenamiento? ¿De qué? —pensó—. Nunca antes lo habían mencionado en visitas anteriores. ¿Por qué ahora? —Sus ojos se afinaron apenas. —. Ignis y Gladio están de acuerdo… cómplices, algo están ocultando, ¿Será de Prompto? ¿O de Noct?

 

Volvió a mirar a Noctis.

 

Ese cambio no ocurre de la noche a la mañana, sí… definitivamente pasó algo. ¿Y por eso Luna y las chicas han evitado encontrarse con ellos?—Frunció el ceño con decisión.—Tendré que reunir pruebas y descubrir qué traman Prom y Noct.

 

Prompto sintió la mirada del “detective Talcott” clavada en él. Sonrió nerviosamente.

 

Noctis lo notó, miró a Talcott y también sonrió con incomodidad. Entonces le dio un codazo ligero a Prompto y susurró:

 

—Prom… inventa algo para quitar este ambiente…

 

Prompto tosió.

 

—Je, je… Talcott, ¿deseas algo? ¿Quieres que te pida un postre?

 

Ignis y Gladio alzaron la vista.

Jared soltó una carcajada.

 

—Anda, nieto. Prompto te está invitando.

 

Talcott suspiró.

 

—Vale… pero esto no se termina aquí —murmuró—. Veamos…

 

Tomó el menú.

 

—Tarta de queso con moras.

 

Prompto miró el menú… y el precio.

 

—¿¡2.300 guils!? Es caro…

 

Talcott arqueó una ceja y se rió.

 

—¿Eh? ¿Caro dices?. Prom, estás rodeado de la realeza de Lucis: un príncipe, el estratega, el escudero, el mariscal, una oficial de la Crownsguard, el chambelán real y su nieto. El dinero no es problema. Además… ¿no te pagan?

 

Ignis ajustó sus gafas.

 

—Sí. Lo dividimos entre los cuatro con el dinero de cacerías y misiones. Prompto, tienes 14 mil guils ahora mismo.

 

Prompto parpadeó.

 

—Bueno… cuando lo dices así…

 

Pidieron el postre. Luego llegaron más platos dulces para todos. Comieron entre comentarios ligeros y risas contenidas.

 

Cuando terminaron, se levantaron. Pagaron y regresaron al hotel.

 

Gladio se quedó en el lobby, tomando un libro.

Jared y Talcott subieron a su habitación.

Cor y Mónica se quedaron conversando en el lobby.

 

Ignis se dirigió al segundo piso.

 

Noctis y Prompto fueron a su habitación.


Habitación de Noctis y Prompto.

 

Dentro, Prompto cerró la puerta.

 

—Ese Talcott sospecha —dijo en voz baja.

 

Noctis suspiró.

 

—Sí… y no es tonto. —Se sentó en su cama—. Tendremos que ser más cuidadosos.

 

Prompto asintió y fue al baño. Al salir, llevaba una pijama verde de manga corta.

 

—Bueno, me voy a dormir temprano. Buenas noches. Ha sido un día largo.

 

Se metió bajo las cobijas.

 

Noctis rió suavemente.

 

—Wow, Prom. Pensé que ibas a querer que te tocara el brazo, pero bueno.

 

Prompto asomó la cabeza.

 

—Hace dos horas ya me tocaste, ya tengo mi dosis —bromeó—. Y ahora estoy cansado… entre el estrés del juicio de Cor y el “detective Talcott".

 

Noctis negó con una sonrisa.

 

—Está bien. Yo voy a jugar en silencio. Buenas noches, Prom.

 

La cámara comenzó a retroceder, alejándose lentamente de la habitación. Atravesó la ventana y se elevó por la fachada hasta alcanzar el techo del hotel.

 

Allí, en la quietud de la noche, descansaba ID10. Tenía el lente apagado y las patas metálicas plegadas bajo su cuerpo inmóvil.

A su lado, dos gatos callejeros dormían acurrucados contra el metal tibio del droide, totalmente ajenos a las conspiraciones y secretos.

 

La toma continuó su ascenso hacia el firmamento, dejando atrás las luces de Lestallum, hasta mostrar la luna de Eos en fase creciente, observando el mundo en un silencio absoluto.

Chapter 45: Capítulo 6: — Bajo la mirada del bosque.

Chapter Text

21 agosto 756, mañana.

 

Pasillo del 2do piso, Hotel Leville.

 

Noctis y Prompto salieron de su habitación con las mochilas colgadas al hombro. Unos pasos más allá, Gladio salió de la suya, ajustándose la correa y bostezando.

 

Avanzaron por el pasillo y bajaron al lobby.

 

Allí estaban Cor, Talcott, Jared, Monica e Ignis, este último con su mochila ya puesta. Cor hablaba con voz baja pero firme, brazos cruzados, postura recta. Ignis permanecía erguido, escuchando, con la expresión perfectamente controlada… demasiado controlada.

 

Al notar la presencia de los 3 Chocobros, Ignis se enderezó aún más. Cor también giró la cabeza.

 

—¿Iggy, pasó algo? —preguntó Gladio, arqueando una ceja—. Parecía que te estaban castigando.

 

Prompto sonrió, ladeando la cabeza.

 

—Vaya… el estratega reducido a alumno regañado.

 

Ignis se ajustó los lentes con calma.

 

—Una leve reprimenda, al parecer no estábamos lo suficientemente preparados para la mazmorra que visitamos.

 

Noctis tosió de inmediato y mintió.

 

—S-sí… esa Ezma Auburnbrie nos apuró para entrar y… bueno…

 

Un escalofrío le recorrió la espalda.

 

Ese vórtice que nos tragó…

 

Talcott entrecerró los ojos, cruzándose de brazos.

 

—¿De verdad?

 

Noctis sonrió, rígido.

 

—Sí.

 

Cor carraspeó, cortando el aire antes de que Talcott pudiera profundizar.

 

—Bien….. Talcott, los chicos deben marcharse. Tienen entrenamiento y necesitan buscar sus espadas reales de las tumbas.

 

Talcott suspiró, resignado.

 

—Está bien.

 

Se acercó uno por uno y los abrazó. Cuando llegó a Prompto, aprovechó para jalarle suavemente una oreja.

 

—Me enseñarás más de la cámara, ¿sí?

 

Prompto soltó una pequeña risa nerviosa.

 

—Ah, sí, tranquilo. En la próxima visita.

 

—Tengan cuidado —dijo Monica, levantando una mano a modo de despedida.

 

Jared asintió.

 

—Y no se olviden de comer bien en el camino.

 

Los Chocobros se despidieron y avanzaron hacia la salida.

 

Cor los observó alejarse. Una sonrisa ladeada apareció en su rostro.

 

Bueno, chicos… prepárense para el juicio de las chicas —murmuró y una sonrisa ladeada apareció en su rostro—. Buena suerte… o un funeral.

 

Los Chocobros bajaron las escaleras de la entrada y se dirigieron al estacionamiento del mirador.

 

Prompto soltó un largo suspiro.

 

—Oigan… estos secretos me están pasando factura.

 

Noctis le dio una palmadita en el hombro.

 

—Prom, tienes que aguantar. Lo de la Tierra es el secreto más grande que tenemos los cuatro… y lo de tus bíceps también. Así que aguántese, ¿sí?

 

Ignis caminaba unos pasos detrás. Habló sin levantar la voz.

 

—La discreción es una forma de supervivencia. Y ustedes, sorprendentemente, lo están haciendo… aceptablemente bien.

 

Prompto lo miró de reojo.

 

—¿Eso fue un cumplido?

 

—No te acostumbres —respondió Ignis.

 

Llegaron al estacionamiento.

 

Mientras tanto en el techo del hotel.


ID10 había terminado de recargar; sus paneles solares ya estaban replegados. A su lado, indiferentes, descansaban los dos mismos gatos de anoche.

 

El lente azul se giró y se enfocó a los Chocobros alejándose.

 

Luego, al Regalia.

 

—¿Bip-buuup-boopp?


Como si preguntara por qué se iban tan pronto.

 

La cabeza del droide giró hacia los gatos.

 

—Biiip-bip-du-uip!

 

Los michis maullaron alegremente.

 

ID10 se elevó por antigravedad, saltó entre techos y postes, descendiendo al estacionamiento, el Regalia arrancó y comenzó a moverse hacia la salida.

 

El droide aceleró, corrió unos metros… y se enganchó al chasis trasero.

 

El Regalia salió del túnel con el techo abierto, tomando primero rumbo al este y luego al sur. El viento golpeó suave, limpiando el aire cargado del día anterior.

 

—¿Dónde acamparemos? —preguntó Noctis, apoyando un brazo en el borde del asiento.

 

Ignis consultó mentalmente el mapa.

 

—¿Qué tal el lago de Alstor, en Duscae?

 

—Perfecto —respondió Noctis—. Hace mucho que no pesco. Necesito algo así después del juicio de ayer.

 

Prompto levantó el pulgar.

 

—Y yo tomaré panorámicas del lago con la GoPro 13.

 

Una hora y media después.


Lago de Alstor, Duscae.

 

El Regalia se desvió de la carretera y entró en un camino de tierra flanqueado por pinos altos. El bosque se abrió en un claro amplio: en el centro, un santuario que proyectaba pequeños huecos de energía, líneas suaves como escudos flotantes que mantenían alejados a los cadentes. Más allá, la playa del lago brillaba bajo el sol, y en el agua se distinguían las siluetas lentas de varios Catoblepas gigantes.

 

El coche se detuvo. El V12 se apagó.

 

Los Chocobros descendieron, estirándose.

 

Ignis puso las manos en la cintura y observó el lugar con aprobación.

 

—Sí. Aquí acamparemos.

 

Invocaron las tiendas una a una: la principal, la de almacén, la de Noctis y Prompto, la de Gladio e Ignis. Dentro aparecieron colchonetas, mesitas, el sofá, el proyector, la nevera, el microondas. En la tienda de almacén, todo lo que no era comida.

 

Del maletero del Regalia sacaron ropa, provisiones, utensilios. Cada cosa encontró su sitio.

 

Dos horas después, el campamento estaba completo.

 

Ignis se giró hacia ellos.

 

—Bien. Noctis, Prompto. Entrenamiento.

 

—Vale —respondió Prompto, ya colocándose.

 

Se situaron en el claro, cerca de la tienda principal, junto al borde del bosque.

 

Prompto flexionó, tal como en los entrenamientos anteriores. Noctis colocó la mano con cuidado sobre el bíceps. Gladio daba instrucciones, corrigiendo posturas.

 

Ignis ajustaba la posición de la mano de Noctis.

 

El tiempo pasó.

 

Una hora después, seguían entrenando.

 

Entonces, un ruido.

 

Un leve crujido, hojas moviéndose.

 

Prompto fue el primero en notarlo.

 

—¿Eh…? ¿Escucharon eso?

 

Las cabezas giraron al unísono hacia el arbusto.

 

Las armas se materializaron en sus manos. Avanzaron despacio. Ignis iba al frente, levantó la mano y estuvo a punto de apartar las hojas….

 

Cuando, desde la derecha, se asomó entre el follaje un Chocobo rojo, alto.


—Kweh!

 

Ignis retiró la mano.

 

Todos bajaron la guardia.

 

—Falsa alarma —dijo Gladio—. Solo era un chocobo.

 

Prompto se acercó y lo llamó con un gesto. El chocobo salió del arbusto y Prompto lo tocó con cuidado.

 

—Prompto —advirtió Ignis—. Ven. Ya casi termina el entrenamiento. Luego juegas con él.

 

El chocobo volvió a mirar el arbusto durante unos segundos, como si algo le llamara la atención… hasta que Noctis se acercó. El ave le dio un picotazo leve a él y se alejó hacia el lago, donde bebió agua y terminó sentándose cerca del grupo.

 

El entrenamiento continuó.

 

El claro volvió a llenarse solo del sonido del viento, el lago… y la respiración controlada de los chicos.

 

Sin saberlo, ya no estaban solos.

 

La cámara se elevó lentamente, dejando atrás el campamento, el santuario y el lago…
y se detuvo en el borde del bosque.

 

Entre las hojas, algo —o alguien— observaba en silencio…

Chapter 46: Epílogo.

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

La cámara mostraba el bosque extendiéndose hasta el horizonte. Al fondo, el lago de Alstor reflejaba el cielo como un espejo inmóvil. Descendió lentamente hasta el suelo.

 

Una manada de Kujatas cruzó el claro con prisa, perdiéndose entre el follaje. Segundos después, una lluvia de agujas de hielo se clavaron en la tierra y los árboles cercanos.

 

La cámara giró.

 

Aranea apareció con su lanza, Iris con el peluche atrayente moguri, Luna con su tridente y Cindy con su bláster.

 

Aranea iba al frente, siguiendo el rastro de la manada.

 

De pronto, Cindy se detuvo y giró la cabeza hacia la izquierda, donde el bosque se abría apenas en un claro oculto.

 

—Chicas… ¿escuchan eso?

 

—¿Qué? —murmuró Aranea.

 

Luna sonrió levemente.

 

—Esos son…

 

—¿Eh? —Iris parpadeó.

 

—Agáchense —ordenó Aranea.

 

Avanzaron despacio hacia la fuente del sonido.

 

En el borde del bosque, ocultas tras un arbusto, lo que vieron les abrió la boca… y no poco.

 

—¿¡Qué!? —susurraron Luna y Cindy al mismo tiempo, mirándose entre sí.

 

—No puede ser… —murmuró Aranea.

 

Iris se tapó la boca.

 

Ante ellas, en todo su esplendor, estaba el campamento de los chicos.

 

Y ahí estaba Prompto, flexionando.


Noctis palpándolo con atención.


Gladio y Ignis, de brazos cruzados, supervisando y dando instrucciones.

 

—¿Qué carajos…? —susurró Aranea, incrédula.

 

—Eso es absurdo —murmuró Cindy—. ¿Qué hace mi Prompto flexionando? Ese brazo se ve-

 

Luna le tapó la boca de inmediato.

 

—Shhh.

 

Aranea estuvo a punto de asomarse un poco más cuando una rama crujió bajo su pie.

 

La cámara giró hacia los chicos.

 

—¿Eh? —dijo Prompto, mirando directo al arbusto.

 

Las armas se materializaron al instante. Los Chocobros avanzaron con cautela.

 

Luna, aún cubriendo la boca de Cindy, tapó también la de Iris y le hizo gestos de silencio a Aranea. La mercenaria asintió, tensa.

 

La mano de Ignis se acercó lentamente para apartar las hojas.

 

Las chicas cerraron los ojos.

 

—Kweh!

 

La mano de Ignis se detuvo.

 

Abrieron los ojos poco a poco.

 

Un chocobo rojo estaba allí.

 

Los chicos bajaron la guardia. Prompto le hizo señas para que se acercara. El ave dio unos pasos… y luego miró directamente hacia el arbusto donde ellas se ocultaban.

 

Las chicas sudaron frío.

 

Aranea hizo gestos desesperados al chocobo, como diciéndole vete, vete.

 

Entonces Noctis se acercó. El chocobo le dio un picotazo leve a él y se alejó hacia el lago.

 

Las chicas soltaron un suspiro largo y silencioso.

 

Luna hizo un gesto claro: retrocedan.

 

Se movieron lentamente… y luego caminaron rápido, mirando atrás de vez en cuando.

 

Desde una rama alta, ID10 y ID11 habían observado toda la escena. Al mismo tiempo, levantaron una pata e imitaron el gesto de limpiarse el sudor (aunque fueran droides)

Luego ID11 chocó su pata con la de ID10.

ID11 emitío un pitido

 

—Bip-boop-bip-du! 

 

ID10 asintió.

 

ID11 descendió por antigravedad y siguió a las chicas.

 

La cámara retrocedió, como si rebobinara una cinta, hasta el momento en que ambas partes estuvieron a punto de descubrirse.

 

ID10 observaba desde una rama cercano al campamento cuando su antena detectó a ID11. Giró la cabeza. ID11 se asomó frente a él, ID11 emitió un pitido

 

—¿Bip-douu-uip?

 

ID11 respondió con un sonido similar.

 

Ambos observaron la escena.

 

ID10 miró a un chocobo rojo, agachado entre los arbustos, comiendo tranquilamente. Empujó levemente a ID11 y señaló al ave con su pata.

 

ID11 asintió y se dirigió hacia el chocobo.

 

El ave se levantó.

 

Los chicos lo miraron.

 

ID10 vibró, como riéndose.

 

ID11 regresó a su posición junto a él.

Momentos después.



Motel a 2km del campamento de los Chocobros.

 

Las chicas regresaron al motel. Entraron todas a la habitación de Luna.

 

—¿¡Qué carajos fue eso!? —explotó Aranea—. ¿Qué hacían el príncipe y su mejor amigo haciendo eso?

 

Cindy estaba distraída… claramente pensando en el brazo de Prompto.

 

Iris le dio un codazo.

 

—¡Eh! ¿Acaso estabas…?

 

—¡Ah! Sí, sí —respondió Cindy saliendo del trance—. Eso me dejó sin palabras.

 

—Y mi tonto hermano mayor —añadió Iris—, estaba ahí como si nada, asintiendo, entrenándolos… porque hacían eso?

 

—¿Y Ignis? —dijo Aranea—. Estaba como… perfeccionándolo todo.

 

—Chicas… —dijo Cindy de pronto.

 

—¿Qué? —respondieron Iris y Aranea a la vez.

 

Cindy miró a Luna.

 

—Luna…

 

Iris y Aranea pensaron lo mismo al mismo tiempo.

 

Oh no.

 

Giraron lentamente la cabeza hacia ella.

 

No había indignación.

 

No había enojo.

 

Luna sonreía. Una sonrisa pícara, pensativa.

 

—Chicas… —dijo con una voz llena de travesura—. Tengo un plan…….

 

Iris, Cindy y Aranea se miraron entre ellas, sin saber qué esperar.

 

Luna levantó la vista… y miró directamente al lector.

Llevó un dedo a los labios, sonrió y guiñó un ojo.

 

Dejando claro que la próxima jugada aún estaba por revelarse.



Continuará…..


Temporada 3 próximamente.

Notes:

te gustaron la obra? no se olviden de comentar!

 

gracias por ver y nos vemos pronto!